CAPÍTULO VII

 

EL COMBATE DE IQUIQUE

 

1.- Parte de Grau sobre el combate

2.- Parte del Comandante Juan Guillermo Moore

3.- Los muertos y los heridos

4.- Despúes del combate

5.- Carta de Grau a Prado

6.- Carta a la viuda de Prat

7.- Carta a Montero

8.- Carta de la viuda de Prat a Grau

 

 

 

COMBATE DE IQUIQUE

 

(Arriba)

 

1.- Parte de Grau sobre el combate.

 

            Apenas llegó la escuadra peruana a Arica con el Presidente Prado, hubo una reunión de alto nivel a la que asistieron el contralmirante Lizardo Montero, Jefe de la Plaza de Arica y  los comandantes de los buques. Se tomó conocimiento oficial que los barcos chilenos “Esmeralda” y “»Covadonga»” se encontraban bloqueando el puerto de Iquique y se consideró una brillante oportunidad para destruirlos, designándose al «Huáscar»” con Grau y a la “Independencia” con More para tal misión, que se consideró fácil de llevar a cabo, por que los barcos chilenos eran de madera y los peruanos eran blindados. Pero las cosas no resultaron como se deseaban y fue un desastre peruano.

                     

La mejor forma de exponer lo que pasó en Iquique el 21 de mayo de 1879, es transcribiendo los partes oficiales de Grau y de Moore, comandantes de los dos barcos que tomaron parte en la acción

 

Parte del Comandante Grau.- Comandancia de la primera división naval, Al ancla Iquique, Mayo 1823 de 1879. Benemérito señor General, Director de la Guerra.- En cumplimiento de las instrucciones verbales recibidas de V.E. zarpé  en la primera noche del 20 del presente, con el monitor «Huáscar»  y la fragata “Independencia”, ambos buques pertenecen a la división naval a mi mando y mes es honroso dar cuenta a V.E.  de los acontecimientos que han tenido lugar en ella hasta la fecha. En la travesía del puerto de Arica al de Iquique, creí conveniente recalar a Pisagua, lo que verifiqué a las 4 h. 20 a.m.  del 21 con el objeto de inquirir algunas noticias relativas a la comisión que debía de realizar en Iquique. En efecto, supe por el capitán de dicho puerto, quien me mostró un telegrama del prefecto del Departamento de Tarapacá de fecha 19, en el que se comunicaba que la “Esmeralda”  la cañonera «Covadonga» y el transporte “La Mar”, buques de la escuadra chilena, hacían efectivo el bloqueo de Iquique.

 

Al aproximarse nuestros buques al puerto de Iquique, noté que efectivamente tres buques caldeaban, pronto pude reconocer entre ellos a la “Esmeralda” y a la “Covadonga», que se ponían en movimiento, tomando posiciones defensivas, a la par que salía del puerto un vapor con bandera norteamericana, probablemente el “La Mar” y se dirigía al sur. La anticipación con que hizo esta maniobra y la distancia de cinco millas a que se hallaba del puerto, teniendo en cuenta las diligencias consiguientes a su reconocimiento, me decidieron a dirigir  mis operaciones de preferencia  sobre los dos busques que antes le he indicado. Llegado el «Huáscar»  a los mil metros próximamente al norte, del fondeadero de los buques enemigos, mandé afianzar el pabellón  y ordené a la “Independencia” que venía por el norte, próximo a la costa y a cinco millas de distancia, se dispusiese para el combate.

Ocupaban entonces los mencionados buques posiciones a un cable o cable y medio de la playa, frente al lado N.  de la población, en orden de combate, la “Covadonga» por la popa del otro  y ambos con proa al N. de manera que estaban interpuestos entre nosotros y la población: eran las 8 h.20 m..a, m,. del 21

 

Trabóse el combate desde  este momento entre el «Huáscar» y los dos buques enemigos y 30 minutos después se unió  y rompió sus fuegos la Independencia, pero nuestros tiros no podían ser bien dirigidos, por  encontrarnos en la boca del puerto bajo acción de la mar, a la par que la puntería de los buques enemigos tenían por lo general buena dirección y elevación.

 

“La «Covadonga»”, después de la primera hora salió del puerto muy pegada a la isla que cierra la parte   occidental, y emprendió su retirada por la parte sur, barajándola muy próximo a la playa; en vista de lo cual ordené a la “Independencia”, a perseguirla, quedándome por consiguiente batiendo con el «Huáscar» a la “Esmeralda”.

Mientras la “Independencia” seguía su camino, y notando la inseguridad de nuestros tiros por la causa que he dicho antes, me decidí atacar a la Esmeralda con el espolón, pero informado por el capitán de corbeta y del puerto don Salomé Porras, y por el práctico del mismo don Guillermo Checle, quienes se encontraban a bordo desde el principio del combate, de que dicho buque estaba defendido  por una línea de torpedos en su delante, intenté dirigirme sobre el lado del sur, para desalojarlo de la zona en que maniobraba defendido. Más, observando a la vez, que se dirigía hacia el norte, saliendo por esa zona, cambié de propósito y goberné directamente. A medio cumplido de distancia detuve la máquina y la Esmeralda guiñando para evadir el golpe al costado, lo recibió por la aleta de babor en dirección muy oblicua; el espolón resbaló, su efecto fue de poca consideración, y quedaron abordados ambos buques, hasta que el «Huáscar», empezó su movimiento para atrás.

 

Embestí nuevamente con igual velocidad y la Esmeralda presentó su proa, evadiendo de esta manera nuevamente, los efectos del choque, sin embargo, estos dos golpes la dejaron bastante maltratada.

En ambas ocasiones, a la aproximación de los buques, y durante el tiempo que permanecieron muy cerca, recibíamos nutrido fuego de las ametralladoras que tenían establecidas en sus cofas, el de fusilería y muchas bombas de mano a la vez que descargas completas de artillería de sus costados. El blindaje protegió muy bien a nuestra gente de los efectos de tan certeros fuegos, muchos de los cuales chocaron en nuestra torre, y otros rompían algunas partes de madera o de fierro muy delgado, y permitía sostener igualmente nuestro fuego de cañón y de fusilería.

 

Finalmente emprendí la tercera embestida con una velocidad de 10 millas y logré tomarla por el centro; a este golpe se encabezó y desapareció completamente la “Esmeralda”, sumergiéndose y dejando a flote pequeños pedazos de cascos y algunos de sus tripulantes. Eran las 12 y 10 p.m. El comandante de es buque, nos abordó a la vez que uno de sus oficiales y algunos de sus tripulantes por el castillo y en defensa de este abordaje perecieron víctimas de su temerario arrojo. Inmediatamente mandé todas las embarcaciones del buque a salvar a los náufragos y logré que fuesen recogidos sesenta y tres, los únicos que habían vivido a tan obstinada resistencia.

 

No puedo prescindir de llamar la atención a V.E. hacia la sensible pérdida del teniente 2ª graduado don Jorge Velarde, para significar el noble comportamiento y arrojo con que este oficial conservó su puesto en la cubierta, al pie del pabellón hasta ser víctima de su valor y serenidad.

 

Terminado en el puerto de Iquique el salvamento de los náufragos y con ellos a bordo, me dirigí en demanda de la “Independencia” que estaba a la vista en la Punta denominada Gruesa, al sur de Iquique, con el intento de ayudarle al apresamiento de la “»Covadonga»”. Noté que ésta, desde que se apercibió del movimiento del «Huáscar», se alejó a toda fuerza con rumbo Sur, a la vez que la “Independencia”, algo recostada a una banda, permanecía en el mismo sitio. A medida que iba avanzando, pude claramente comprender que éste último buque estaba varado, y preferí continuar la persecución de la “Covadonga” durante tres horas, hasta que convencido que la distancia de 10 millas, que aproximadamente me separaba de ella, no podía estrecharla antes de la puesta del sol, creí muy conveniente desistir del empeño y volver en auxilio de la “Independencia”

 

Pude entonces apreciar, que la pérdida de la fragata era total y mandé a mis embarcaciones por la gente que había a su bordo, dando la orden de incendiar el buque.

 

Los detalles relativos a la pérdida de la fragata, los encontrará V.E. en el parte adjunto del comandante de dicho buque; este jefe con todos sus subordinados marchan en el “Chalaco” a ponerse a las órdenes de V.E.

 

Regresé al puerto de Iquique  y remití a tierra a los prisioneros  a órdenes del Señor  general en jefe del ejército, a los heridos  para su curación y a los cadáveres para su sepultura. Por considerarlo prudente, me volví a la mar con el fin de pasar la noche sobre la máquina, reconociendo las cercanías del puerto, y avisté en la madrugada al “Chalaco” que estaba en Pisagua. Me dirigí en demanda de él, e impuesto de su comisión, le ordené venir a cumplirla al puerto de Iquique, por creerlo así más conveniente.

 

Actualmente me ocupo de hacer carbón, tomándolo del “Chalaco”, de tierra  y de una lancha del enemigo, con el fin de continuar dando cumplimiento a las instrucciones de V.E. Al terminar cábeme la satisfacción de asegurar a V.E.  que todos los individuos de la dotación del “Huáscar» que me están subordinados, han cumplido con su deber.

 

Todo lo cual tengo el honor de elevar a conocimiento de V.E. para los fines a que haya lugar. Dios guarde a U. Miguel Grau

 

 

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2.- Parte del comandante Juan Guillermo Moore

 

            El Comandante de la fragata “Independencia”, Juan Moore envió el siguiente informe, a Grau.

 

Iquique, Mayo 22 de 1879. Señor Capitán de Navío, Comandante General de la Primera División Naval. S.C.G. En cumplimiento  de las órdenes recibidas por Ud. zarpé del puerto de Arica el día 20 del presente mes a 8 p.m. me aguanté sobre la punta de Pisagua para esperarlo, por haber entrado a dicho puerto.

 

A las 4 a.m. me puse en movimiento, siempre en convoy, a poca distancia de la costa haciendo dar toda fuerza a la máquina hasta las 5 h. 30 a.m. que estuvimos a la vista del puerto de Iquique, demorando en ese momento el “Huáscar” como a dos millas por la proa.

 

A las 7 h. 30 a.m.  se avistaron dentro del puerto, y muy pegados a la costa, tres buques a vapor, que reconocidos, resultaron ser los buques chilenos, corbeta de guerra “Esmeralda”, cañonera “Covadonga” y un transporte.

 

Como el buque al mando de Ud. se dirigiera hacia la parte sur del puerto, seguí recorriendo la costa del norte para encerrar a los enemigos la bahía.

En esta aplicación hicieron rumbo al sur; pero encontrando que les cerraba el paso la salida del “Huáscar”, regresaron, gobernando la “Esmeralda” hacia el norte. En este momento el buque de Ud. inició el ataque haciendo el primer disparo sobre la “Covadonga” y mandé romper los fuegos de la “Independencia” sobre la corbeta “Esmeralda” y aprovechándose de esta circunstancia, el transporte hizo rumbo al sur navegando con toda la fuerza de su máquina.

 

Empeñado así el combate y viendo que el “Huáscar” cambiaba su proa dirigiendo sus tiros a la “Esmeralda”, y que la “Covadonga” trataba de fugar pegándose a la isla, goberné en la misma dirección a fin de impedírselo, no pudiendo conseguir mi objeto, porque al llegar a la altura  de la isla, la “Covadonga” la había rebasado, pegándose mucho a las rompientes, y obligándome a seguirla.

 

Comprendiendo que ese buque ponía en práctica el único medio que podía emplear por su propio calado, traté de ganarle el barlovento para obligarlo a salir afuera, o retroceder. Esto último lo conseguí en la primera caleta de la bahía de  Cheurañate, por lo cual puse proa al norte, haciendo fuego con el costado del estribor, pero la  “Covadonga” volvió a dirigirse al sur, metiéndose de caleta en caleta y tuve que continuar el combate siguiendo al buque enemigo, que barajaba la costa metiéndose entre las rompientes y en fondo insuficiente para la “Independencia”, maniobrando en distintas direcciones.

 

Habían transcurrido desde entonces más de tres horas de combate y viendo lo incierto de los tiros de nuestros cañones, por falta de ejercicio, pues toda la tripulación era nueva, y el efecto que producían las ametralladoras  y nutrido fuego de fusilería, que el enemigo hacía sobre la dotación de la fragata, que se encontraba sobre cubierta, en gran parte por haberse estrechado tanto la distancia, acometí con el espolón por dos veces, cuando la circunstancia me lo permitía, pero encontrando poco fondo, tuve que retroceder, lo que dio tiempo al enemigo para ganar el sur.

 

Resolví por tercera vez embestirla con el ariete, pegándome a la Punta Gruesa, para impedirle la salida de la bahía estrechándola en la última caleta, cuando los sondajes repetidos marcaban de ocho a nueve brazas de agua, y siendo limpia la bahía según las cartas. En este momento, notando que se pegaba más a las rompientes de la punta, ordené poner la caña a babor para poder rebasarla y atacar así con ventaja por el otro lado, lo que no pudo realizarse con la rapidez necesaria por haber sido en ese momento heridos tres timonéles, por el fuego nutrido de ametralladoras y fusilería, que el enemigos nos hacía desde las cofas, mandé dar atrás con toda l fuerza de la máquina contando durante todo este tiempo los timoneles el mismo sondaje anterior, es decir de nueve brazas de agua.

 

En este instante, y cuando tocaba con el ariete a la “Covadonga” se sintió un gran choque y quedó detenida la fragata. El golpe había sido sobre una roca que no está marcada en la carta, pues se encuentra al norte del último bajo que aparece en ella.

 

Por consecuencia de este choque, se llenó completamente de agua el buque, se apagaron los fuegos y suspendiéronse las calderas, hasta la caja de humo; y en segundo y tercer choque se inundaron completamente las otras secciones. El buque cayó sobre su costado de estribor, entrando el agua por las portas de la batería. No obstante esta desgracia, al pasar la “Covadonga” por el costado de estribor haciéndonos fuego con su artillería, nuestros cañones contestaron cuando el agua casi los cubrían, continué el fuego con las ametralladoras de las cofas y con la tripulación que mandé subir a cubierta, armada de rifles y revólveres, hasta que se agotaron las municiones que no podían ser repuestas, pues el buque estaba inundado casi por completo, como lo digo anteriormente. La Covadonga seguía haciendo fuego de cañón ya a mansalva y una de cuyas bombas rompió el pico de mesana donde estaba izado el pabellón. Inmediatamente mandé poner otro en otra driza. Después del choque mandé a sondar todo el contorno del buque marcando  la sonda por todos los lados de cinco y media a seis brazas; lo que prueba que la roca en que chocó la fragata es aislada y a distancia de los arrecifes de la punta.

 

Cuando me convencí de que todo esfuerzo por salvar el buque era infructuoso, ordené que se prendiera fuego a la santabárbara, orden que bajó a cumplir el oficial encargado de ella, pero ya era tarde, pues el agua a torrentes entraba a bordo, lo  impidió. Siendo casi toda la tripulación de hombres que no están acostumbrados  al servicio de buques de guerra, embarcados pocos días antes de nuestra salida del Callao,  fue imposible evitar que se arrojasen al agua, corriendo el riesgo de perecer ahogados; mandé arriar todas las embarcaciones para mandar la gente a tierra, haciendo colocar en la primera  a todos los heridos, yendo cada bote a cargo de dos oficiales para que regresaran por el resto de gente.

 

En el último mandé al 2ª Jefe comandante Raygada para que organizara la gente en tierra, e hiciera regresar algunas embarcaciones que hubieran llegado a tierra, lo cual no pudo verificar, pues  las rompientes las destruyeron todas al llegar a la costa. Sin embargo, casi  toda la tripulación estaba ya salvada, quedando sólo conmigo a bordo cerca de 20 personas, entre ellas los Tenientes  Primeros Graduados don Pedro Gárezon y don Melchor Ulloa y el 2ª don Alfredo de la Haza, el Alférez de Fragata don Ricardo Herrera, el Guardia Marina don Carlos Elespuru, el corresponsal de “El Comercio” don José Rodolfo del Campo, el Dr. Enrique Basadre y el Primer Maquinista don Tomás Wilkins con su segundo, Más tarde se aproximó a nosotros el buque al mando de Ud. y mandó tres embarcaciones para trasbordarnos a los que aún quedábamos en la fragata, lo que no hice hasta no prender fuego al buque, inutilizando los cañones y arrojar al agua las armas que no podían servir.

 

Adjunto a Ud. una relación de los muertos y heridos habidos en la fragata a mi mando durante el combate.

 

Réstame sólo poner en conocimiento de Ud. que todos los jefes, oficiales  y tripulación del buque se han comportado dignamente, mostrando valor y serenidad en todo el combate, sin separarse un solo instante de los puestos que tenían señalados.

 

Al 2ª Jefe le tenía encargado, recorrer todo el buque durante el combate, al tercer jefe el cuidado de las baterías, y como quedara fuera de combate a los primeros disparos del enemigo, ordené que la reemplazara el Capitán de Fragata don José Sánchez Logomarcino que se encontraba en el fuerte como Jefe de la Columna Constitución, que hasta ese momento permaneció a mi lado, junto con el Teniente 1ª don Narciso García y García, el oficial de señales don Fortunato Salaverry y mi ayudante el Teniente 2ª don Enrique Palacios.

No concluiré, sin manifestar a Ud. que uno de los últimos tiros de rifle del enemigo, mató súbitamente al Alférez de Fragata Guillermo García y García uno de los más inteligentes oficiales de marina, Dios guarde a Ud.  Juan G. More.

 

 

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3.- Los Muertos y Heridos

 

            En el “Huáscar” resultó muerto de tres balazos el teniente Jorge Velarde y hubieron 7 heridos, entre ellos Pineda, el mayordomo de Grau en la “Independencia”, entre los oficiales, resultó muerto el alférez de fragata Guillermo García y García  a quien le penetró una bala de ametralladora por la cabeza y le salió por la tetilla derecha, causándole una muerte instantánea. El tercer jefe, capitán de corbeta  Ruperto Gutiérrez, fue herido en la sien izquierda, en la cabeza y en el brazo izquierdo.

 

En la Columna Constitución del Callao, tuvo un muerto que fue el sargento  1ª y cabo de cañón, Manuel Carrillo. Fueron heridos el subteniente Luis Ballesteros con balazo en la cara; el soldado Manuel Landa con balazo en una pierna; Francisco Chávez al que le volaron un brazo y herido en una pierna; el soldado Juan Cárdenas, herido en los dos pies; Domingo García, herido en la cara; José del Carmen Heredia, herido en un pie; Luis Betancour, herido en un brazo.

 

Miembros de la guarnición: Soldado Elías Gutiérrez muerto; soldado Manuel Silva, ahogado; soldado Manuel Huamán, muerto; cabo Julio Salas, herido; soldado Nolberto Domínguez, herido y Antonio Urquino, herido.

 

Miembros de la tripulación: marinero Federico Navarrete herido cuando colocaba en un mástil el caído pabellón. Navarrete cayo al mar y de allí fue rescatado por un marino que se arrojó a salvarlo. Fueron heridos los marineros:  Jacinto Santa Cruz, José Pereira, Pablo Polivián, Fabricio García, José Arias, James Herly con quemaduras con agua de la caldera, tres timonéeles  y el marino francés Schofield, cuando colocó en el palo trinquete, la bandera que había caído una vez más, fue herido en un brazo y cayó sobre cubierta. También fueron heridos tres timoneles.

 

 

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4.- Después del combate

 

            El desarrollo del combate en sus dos escenarios había sido presenciado por la población y la guarnición de Iquique que se volcó a la playa, Los cañones del fuerte  dispararon continuamente contra los dos barcos chilenos y hasta algunas falúas con rifleros incursionaban audazmente en las proximidades de la “Esmeralda”

 

Cuando el 2ª Jefe de la “Independencia” capitán de navío Toribio Raygada, llegó a las playas de Iquique, el Jefe de Estado Mayor de esa guarnición, el coronel  Belisario Suárez lo arrestó considerándolo culpable y en un momento de ofuscación, trató de fusilarlo, lo que fue impedido por el coronel Andrés A. Cáceres, Jefe del Batallón Zepita..

 

Grau hizo enterrar a Prat, con honores en el cementerio de Iquique y desembarcó a los 63 tripulantes chilenos de la “Esmeralda” que fueron salvados. El Comandante en Jefe de la Guarnición, el general Juan Buendía se opuso a eso, y tuvo un altercado con Grau, que al fin hizo valer su criterio, pues no podía llevar en su barco hasta Arica a los náufragos enemigos. Grau había dado un trato muy cortés a los oficiales  rescatados del naufragio y el teniente 1ª Luis Uribe Orrego, exclamó en la playa: Viva el Perú generoso. En el combate y en el naufragio de la Esmeralda”, murieron cien hombres, en su mayoría ahogados al ser arrastrados por la succión cuando el buque se hundió con su bandera al tope.

 

Grau, aprovechó que el transporte “Chalaco” había llegado a Iquique, para trasladar a él a los 250 hombres de la tripulación de la “Independencia” y en camarote aparte al comandante More en calidad de detenido, con una custodia para evitar que intentara quitarse la vida, como ya lo había pretendido.

 

En la tripulación de la “Independencia” habían dos primos hermanos del chileno  Carlos Condell de la Haza cuya madre Manuela de la Haza era paiteña. Se trataba  del tnte. 2ª Alfredo de la Haza y del aspirante Arturo de la Haza. Por otra parte, Antonio de la Haza, era contralmirante y se desempeñaba como  Comandante General de la Marina del Perú. Era pues tío de Condell. Todos los De la Haza eran paiteños. No se descarta que Condell hubiera nacido en Paita y que llevado a   Chile muy pequeño, fue inscrito allí. El comandante de la Covadonga era Condell.

 

Grau siguió al sur para tratar de cumplir con la misión que el Presidente Prado habìa encomendado en Arica a los dos barcos peruanos, mientras que el transporte “Chalaco” partió hacia dicho puerto. En la playa y en el muelle se había reunido una airada muchedumbre que lanzaba gritos hostiles contra More, por lo cual el Almirante Lizardo Montero que estaba al mando de la guarnición, envió soldados para protegerlo. Los tripulantes de la “Independencia” desembarcaron sin novedad y leales a su comandante, lo aclamaron lo que reconfortó al desgraciado marino. También los marinos de la guarnición lo trataron con deferencia. El Presidente Prado, ordenó que de inmediato se le sometiera a Juicio y se nombró al Capitán de Navío Juan Fanning para presidir el tribunal. El 8 de Agosto, Prado anuló todo lo que se había avanzado y dispuso se abriera nueva sumaria, .En Octubre, la esposa de Moore, doña Carmen Medina, objetó la demora en el Juicio y que se hubiera realizado en Arica  en lugar de hacerlo en el Callao. More siguió n Arica hasta Junio de 1880 y cuando los chilenos intimaron la rendición de la plaza al Coronel Bolognesi, More estuvo entre sus defensores, muriendo heroicamente en el Morro.

 

En Iquique el periodista Modesto Medina,  relató en el diario “ El Comercio” de ese lugar los pormenores del combate y contó que en los  momentos en que Grau salvaba a los náufragos de la “Esmeralda”, en el otro extremo de la bahía, Condell disparaba sobre los náufragos de la “Independencia”. Medina también encomió el valor de Prat y que el barco chileno se había hundido con la bandera al tope. Otro hecho que se conoció, fue la acción temeraria de Prat, cundo se produjo la primera embestida del “Huáscar” con su espolón. El capitán chileno se encontraba en la toldilla de su barco y cuando las dos naves se aproximaron, saltó a la cubierta del “Huáscar”, espada en mano, mientras gritaba ¡ Al abordaje!, orden que por el ruido existente sólo fue oída por el sargento  Juan de Dios Aldea, que lo siguió. La tripulación del “Huáscar” al ver dos marinos chilenos en la cubierta del barco, los atacaron  y el marinero Portales le disparó a Prat un balazo en la cabeza, el marinero Portales le disparó a Prat un balazo en la cabeza, derribándolo sobre la cubierto y luego aplastó su cráneo a culatazos. Eran las 11 y 45 El sargento Aldea fue gravemente herido, siendo atendido. Los marinos peruanos no supieron que se trataba del comandante del otro barco y Grau no tuvo conocimiento del hecho, sino mucho más tarde, ordenando el levantamiento del cadáver y hacer una relación de sus efectos. En el segundo intento de atacar con el espolón, el teniente  chileno Ignacio Serrano y 12 marineros, saltaron a la cubierta del “Huáscar”, donde se trabó una lucha con los marineros peruanos provistos de hachas siendo todos ultimados. Prat tenía 31 años al momento de morir.. Los chilenos consideraron mucho el valor de este marino, y lo convirtieron en el héroe máximo de su país.

 

La causa profunda de la pérdida de la “Independencia” y de la tardanza del “Huáscar” de terminar con la “Esmeralda” se debió, a la baja calidad combatiente de los tripulantes. Se trataba de fleteros del Callao que a última hora fueron enrolados, sin haber hecho ningún ejercicio de tiro y desconociendo totalmente  las reglas de disciplina a bordo, que en el “Huáscar”, sólo el carácter de Grau pudo imponer. En cambio los marinos chilenos estaban bien adiestrados y sus tiros fueron siempre muy certeros.

 

 El resultado final de Iquique, fue que el Perú perdió su mejor barco que era una fragata blindada de 2.004 toneladas y Chile una vieja corbeta de madera de 850 toneladas.

 

 

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5.- Carta de Grau a Prado

 

            El historiador Jorge Basadre, en “Historia de la República del Perú”  se refiere a una carta personal y privada que Grau envió al Presidente Prado, con su opinión y apreciaciones sobre el combate de Iquique. Para Grau, la acción de Iquique fue un desastre. Justifica la demora en echar a pique a la “Esmeralda” y usar tardíamente el espolón, por el temor a los supuestos doce torpedos semi-sumergidos que según versión del Capitán de Puerto de Iquique;  capitán de corbeta Porras, protegían a la “Esmeralda”.

 

Culpa la pérdida de la “Independencia “ a la indisciplina de su tripulación y a su falta de pericia y de entrenamiento de los artilleros. Luego dice: “Esta es la pura verdad, como le será fácil a Ud. poder corroborar si se informa privadamente de todo lo que ha pasado en ese buque, desde antes y después del combate.”

 

Cuando Grau llegó a Iquique, en forma presurosa el capitán de puerto;  Porras abordó al “Huáscar”, conducido por una falúa impulsada por 6 remeros. Durante tres horas, el “Huáscar” cambió disparos  con la “Esmeralda”. Ese fue un tiempo perdido, con el agravante que los artilleros chilenos tenían mucho mejor puntería que los artilleros peruanos. Cuando Grau se convenció que los torpedos enemigos no existían y se decidió a utilizar el espolón, solo le bastó una hora para hundir a la nave enemiga. lo que se produjo a las 12 y 10 Esas tres horas en que cambió disparos resultaron fatales, pues bien pudo haberse reunido a la “Independencia” mucho antes y evitar el desastre. En el combate, un balazo arrancó la gorra del capitán de fragata Ezequiel Otoya el 2ª del “Huáscar”.

 

 

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6.- Carta a la Viuda de Prat

 

            Toda la nobleza de Grau, se refleja en la Carta que envió a  doña Carmela Carvajal Viuda e Prat, en la que elevándose por sobre las pasiones de la época, pondera el arrojo de su ocasional contrincante el marino chileno, y le envía a  la atribulada esposa, la espada del marino muerto, que bien pudo conservar como trofeo de guerra. La carta dice:

Monitor “”Huáscar””

Al ancla, Pisagua, Junio 2 de 1879.

 

Dignísima señora:

 

            Un sagrado deber me autoriza a dirigirme a Ud. y siento profundamente que esta carta, por las luchas que va a rememorar, contribuya a aumentar el dolor que hoy justamente debe dominarla. En el combate naval del 21  próximo pasado que tuvo lugar en las aguas de Iquique entre naves peruanas y chilenas, su digno y valeroso esposo, el Capitán de Fragata don Arturo Prat, comandante de la Esmeralda, fue como Ud. no lo ignorará, víctima de su temerario arrojo en defensa y gloria de la bandera de su patria., Deplorando sinceramente tan infausto acontecimiento  y acompañándola en su duelo, cumplo con el penoso y triste deber de enviarle las para usted, inestimables prendas que se encontraron en su poder y que son las que figuran en la lista adjunta. Ellas servirán, indudablemente, de algún pequeño consuelo y por eso me he anticipado a remitírselas. Reiterándole mis sentimientos de condolencia, logro señora, la oportunidad para ofrecerle mis servicios, consideraciones y respeto con que me suscribo de usted señora, afectísimo y seguro servidor.  Miguel Grau

 

Los objetos que se encontraron en el cadáver de Prat fueron materia de un inventario ejecutados por el Oficial de Detall y enviados a la viuda del marino chileno.

 

Inventario de los objetos encontrados al capitán de fragata don Arturo Prat, comandante de la corbeta chilena “Esmeralda”, momentos después de haber fallecido a bordo el monitor “Huáscar”

 

Una espada sin vaina, pero con sus respectivos tiros.

Un anillo de oro de matrimonio

Un par de gemelos y dos botones de pechera de camisa, todos de nácar.

Tres copias fotográficas, una de su señora, y las otras dos probablemente de sus niños.

Una reliquia del Corazón de Jesús, escapulario de la Virgen del Carmen y medalla de la Purísima.

Un par de guantes de preville

Un pañuelo de hilo blanco, sin marca

Un libro memorando

Una carta cerrada y con el siguiente sobre escrito: Señor Lassero, Gobernación Marítima de Valparaíso. Para entregar a   don Lorenzo Paredes.

 

Al  ancla, Iquique, Mayo 21 de 1879

El Oficial de detall

Pedro Rodríguez Salazar

 

 

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7.- Carta a Montero

 

            El escritor sullanero Luis Humberto Delgado, en su libro  “Estampas de la Guerra Perú y Chile, 1879” da a  conocer una carta que supuestamente habría  enviado Grau, el 22 de mayo, es decir, al día siguiente del combate de Iquique a su amigo el contralmirante Montero. En la misma decía Grau que  consideraba conveniente el viaje del Presidente Prado a  Europa para adquirir barcos y hasta se ofrecía acompañarlo. También expresaba la opinión de Grau en el sentido de que Iquique habìa sido una victoria. Esa acción, como todos sabemos fue un verdadero desastre para la armada peruana, no obstante el brillante comportamiento de Grau. Este ya había enviado una carta al Presidente Prado opinando en el mismo sentido, es decir que había sido un desastre. .La carta dice:

 

Iquique 22 de Mayo 1879

Señor Lizardo Montero

Lima

 

 

Querido paisano y amigo.

 

            Te escribo estas letras después del victorioso combate en que hundimos a la Esmeralda. La escuadra peruana ha cumplido su deber con el “Huáscar”.

 

La situación del Perú después de estos sucesos no es desesperada, pero es apremiante. En reciente correspondencia de Lima, me impongo de las dificultades de los enviados peruanos en Europa para comprar barcos de guerra. Se me dice que sus gestiones no inspiran confianza y que se pide con urgencia la presencia del Presidente Prado para garantizar los préstamos y atender los armamentos de mar y tierra que exige la guerra.

 

Yo te ruego hablar con el Presidente Prado y mostrarle esta carta. Es el momento de asumir una situación ahora que Chile después de perder la Esmeralda, necesita tiempo para reponerse.

Así como los buques chilenos me han buscado inútilmente desde el 5 de Abril que estalló la guerra y al encontrarme han sufrido un golpe fatal, puedo perfectamente seguir dando la impresión de estar perdido en el mar y mientras tanto dejar el Pacífico y  marchar a Europa con el Presidente Prado con el fin de que firme los empréstitos al Perú y regresar con barcos que sirvan para ponernos en igualdad de fuerzas con Chile. Tengo la seguridad de que pasarán varios meses para que Chile se reponga. El Presidente Prado ha dado mil muestras de su patriotismo y puede darnos una más, viajando al extranjero sin que el enemigo sospeche.

 

Estoy seguro de tus gestiones y te saluda y abraza tu compañero y hermano. Miguel Grau

 

 

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8.- Carta de la viuda de Prat a Grau

 

            Dos meses más tarde de la fecha de la carta  que Grau envió a la viuda de Prat, ésta le contestó, agradeciéndole en los siguientes términos:

 

Valparaíso 1º de agosto de 

 Miguel Grau.

Distinguido señor.

 

            Recibí su fina y estimada carta  fechada a bordo del monitor “«Huáscar»” en 2 de junio del corriente año. En ella, con la hidalguía  del caballero antiguo, se digna Ud. acompañarme  en mi dolor, deplorando sinceramente la muerte de mi esposo;  y tiene la generosidad de enviarme las queridas prendas que encontraron sobre la persona de mi querido Arturo; prendas  para mí de valor inestimable por ser, o consagradas por su afecto como los retratos de mi familia o consagradas por su martirio, como la espada que lleva su adorado nombre.

 

Al proferir la palabra martirio, no crea Ud. señor, que sea mi intento culpar al Jefe del «Huáscar» la muerte de mi esposo. Por el contrario, tengo la conciencia de que el distinguido jefe, que arrostrando el furor de innobles pasiones sobre excitadas por la guerra, tiene hoy el valor, cuando aún palpitan los recuerdos de Iquique, de asociarse a mi duelo y de poner muy alto el nombre y la conducta de mi esposo en esa jornada, y que tiene aún  el más raro valor  de desprenderse de un valioso trofeo, poniendo en mis manos una espada que ha cobrado un precio extraordinario por el hecho mismo de no haber sido jamás rendida; un jefe semejante, un corazón tan noble, se habría, estoy cierta, interpuesto, a haberlo podido, entre el matador y su víctima, y habría ahorrado un sacrificio tan estéril para su patria, como desastroso para mi corazón.

 

A este propósito, no puedo menos de expresar a Ud. que es altamente consolador, en medio de las calamidades que origina la guerra, presenciar el grandioso despliegue de sentimientos magnánimos y luchas inmortales, que hacen revivir en América las escenas de los hombres de la epopeya antigua. Profundamente reconocida por la caballerosidad de su procedimiento hacia mi persona y por las nobles palabras con que se digna honrar la memoria de mi esposo, me ofrezco muy respetuosamente, de usted atenta y afectísima. S.S. Carmela Carvajal de Prat.

 

Sobre el combate de Iquique, hay que reconocer, que la “Esmeralda” era un barco relativamente débil de madera y con poca artillería, pero los artilleros chilenos estaban largamente entrenados y tenían muy buena puntería lo que no ocurrió con los artilleros peruanos.

 

La “Esmeralda” no se rindió y se hundió con la bandera al tope y con mucho personal a bordo, los que en gran número murieron por el efecto de succión.

 

Cuando el «Huáscar» alcanzó al barco enemigo con el espolón, hubo un momento en que  la cubierta del monitor se incrustó en la nave enemiga, y según algunas versiones, por efecto del golpe, Prat que estaba en lugar próximo fue impelido bruscamente a la cubierta del «Huáscar» que era mucho más baja. Eso hubiera significado que, no habría habido en Prat una acción voluntaria, lo que le quitaría mérito. Por nuestra parte la consignamos, por tratarse de una versión muy difundida, pero no la avalamos.