Honor y gloria

CAPÍTULO XI

 

HONOR Y GLORIA

 

1.- El «Huáscar» no se rindió

2.- La primera tumba

3.- Despúes de Angamos

4.- Como recibió Prado la noticia.

      Cartas de pésame

5.- La colecta para nuevo barco

6.- El Infortunio y la Gloria

7.- Hombre de honor

8.- La tripulación heróica

9.- La corbeta «Unión» y el 8 de octubre

10.- Como informaron los diarios

11.- Otros reconocimientos y brindis por Grau

12.- El «Huáscar» en poder de Chile

13.- Piérola desconoce méritos de Grau

14.- Viuda de Grau recibe espada de Europa

                        15.- La muerte del coronel Gómez

 

 

Empuñadura de oro y de piedras preciosas que  damas peruanas en Europa regalaron a la viuda de Grau.

 

 

HONOR Y GLORIA

 

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1.- El “Huáscar” no se rindió

            Varios historiadores chilenos y entre ellos Jorge Inostrosa, dan la versión falsa de que el  “Huáscar” se había rendido. Este ultimo, llega a inventar la historia de que los artilleros ingleses se rebelaron temiendo por sus vidas y arriaron el pabellón nacional. Eso no es cierto.

Cuando el pabellón cayó por tercera vez a causa de que la metralla cortaba las drizas, los cañones del “Huáscar” siguieron disparando hasta  las 10.35 de la mañana, así lo narra el  “Corresponsal” del diario chileno“Mercurio”, el cual agrega que a las 10.55, el barco  cayó prisionero. En su narración el “Corresponsal “ no habla de rendición.

 

Sería innoble de nuestra parte desconocer, que los artilleros ingleses y otros tripulantes extranjeros que estaban en la sala de máquinas, no se hubieran portado a la altura de su deber, y que  estimulados, seguramente, por el valor de los tripulantes peruanos, también lucharon con valor hasta el final. En efecto, resultaron muertos los siguientes artilleros: Eduardo Perry, John Grand, John Backer, Samuel Vamisch, John Dunnet, Federico Meiggs y Enrique Vernesse. Fueron heridos, algunos de gravedad: James Anderson, Manuel Gorgiades, Michael Murphy, Eduardo Price, Henry Otto, George Harris, Daniel Mc Carthy, George Smith, John Lumly y John Price. En realidad, fueron pocos los que resultaron ilesos. Es por lo tanto un deber de todos los peruanos, recordarlos con gratitud y veneración.

 

La decisión tomada por Gárezon, el último comandante del “Huáscar”, en rápida reunión con los pocos oficiales que aún quedaban, fue la de hundir el barco, y para eso se ordenó se abrieran las válvulas. El jefe de máquinas, ingeniero Samuel Mac Mahón, de inmediato dio cumplimiento a la orden, pero para hacerlo fue necesario parar la máquina, lo que inmovilizó al barco y facilitó el abordaje, pues los barcos chilenos estaban cerca. Es decir, que el “Huáscar” no se detuvo para rendirse sino para hundirse y eso lo comprobaron los mismos chilenos pues cuando tomaron posesión del monitor notaron que se estaba hundiendo y presurosos bajaron de la cubierta para cerrar las válvulas, Si se hubieran demorado unos cinco minutos, el “Huáscar” se hubiera ido a pique irremediablemente

 

El escritor francés Charles Varigny escribió en 1879 el libro  La Guerra del Pacífico” que permaneció por mucho tiempo sin conocerse hasta que cuarenta años después fue traducido del francés al castellano. Varigny  escribió su obra en el propio escenario de la guerra.. En un pasaje de su narración del combate de Angamos dice: “ En la abierta tronera de la torre cayó un obús de 300 libras que estalló en la torrecilla matando al capitán Aguirre y a los sirvientes de piezas y desmontó uno de los cañones del «Huáscar», no quedando más que uno en estado de servicio. Era suficiente para proseguir la lucha.. Esta es dirigida ahora por el Capitán Carvajal. Nuevos tripulantes entran con él en la torrecilla, continuando el fuego  más lento pero sostenido hasta el momento en que un obús del «Cochrane» penetrando por la brecha abierta, hace estallar el blindaje, hiere a Carvajal y mata a los sirvientes. Eran las 11 y hacía dos horas que se combatía. El puente del «Huáscar”, inundado de sangre, la torrecilla sembrada de cadáveres, atestiguan el heroísmo de la lucha. Los mastileros no permitían utilizar las ametralladoras de las cofas, por lo tanto el «Huáscar» combatía con su única pieza de artillería y el teniente José Melitón Rodríguez, sostenía el ardor de los combatientes. Una descarga de fusilería hecha desde las cofas del «Cochrane», derribó al teniente sobre el puente” Luego dice Varigny: “A pesar de todo, toma el mando del «Huáscar» el teniente Pedro Gárezon. En vano el almirante chileno hace cesar el fuego y vota al agua las chalupas para lanzar a sus hombres al abordaje. Los últimos defensores del «Huáscar» los reciben a hachazo limpio  y a tiros de revolver y los arrojan al agua. Era su último esfuerzo. Una segunda tentativa de abordaje produjo mejor resultado. Los chilenos quedaron dueños del «Huáscar»............de la tripulación murieron 61 hombres, entre ellos los cinco oficiales de mayor grado, otros siete quedaron en estado agónico........El Senado Peruano votó en medio de las aclamaciones del pueblo, el siguiente decreto: Al ser llamado por lista a bordo de la flota nacional Miguel Grau; contestará el oficial de más alta graduación  a bordo: Presente en la mansión de los héroes

 

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2.- La primera Tumba

 

            Siendo las 5 de la tarde del mismo día 8 de octubre, el teniente Gárezon, último comandante del “Huáscar” hizo una minuciosa búsqueda en el camarote del  extinto contralmirante Grau. Sobre eso, Gárezon  redactó, once años más tarde, el 4 de setiembre de 1890, un Memorando con ocasión de la repatriación de los restos del contralmirante. El memorando dice:

 

Rebuscando los escombros dentro de la torre, encontré confundido con las astillas de madera y pedazos de fierro que allí existían al lado de estribor y como a la altura de un metro, un trozo de pierna blanca y velluda, sólo desde la mitad de la pantorrilla al pie, que estaba calzado con un botín de cuero, por la situación del botín conocí que se trataba de la pierna derecha, eso es todo lo que encontré de 4 a 5 de la tarde. Yo tengo la plena seguridad de que esos restos son del Comandante Grau: primero porque yo había estado sirviendo con él cinco años y lo conocía bastante; segundo porque en la torre de comando no estaba más que él y su ayudante Ferré; el cuerpo de éste se encontró íntegro  luego lo que en ese lugar encontré tenía que ser del contralmirante Grau.

 

Estos restos fueron entregados al teniente chileno José A Goñi, quien dispuso que fueran colocados en un depósito con Alcohol y conducidos a bordo del “Blanco Encalada”.

 

Algunos han dicho, que parte de los restos del contralmirante bien pudieron haber quedado confundidos entre los restos de tanto tripulante  muerto. Esta versión tiene su base  en dos cartas que los guardia marinas  Manuel Elías Bonnemaison y Carlos Tizón, enviaron a sus familias relatando el combate de Angamos y la muerte de Grau. Coincidiendo ambos, dicen que cuando estalló dentro de la torre donde estaba Grau, la bomba fatal, arrancó una pierna del comandante dejándolo muy mal herido, siendo llevado de urgencia a otra cámara, pero instantes más tarde otra bomba penetró por la popa del barco y en su trayectoria destrozó el cuerpo del contralmirante. Si esto fuera cierto, queda de todos modos la seguridad de que la pierna que identificó Gárezon era de Grau.

 

El 9 de octubre, el contralmirante Riveros, designó a Gárezon para bajar los restos de Grau a fin de que fueran sepultados en Mejillones. Sobre este encargo dice Gárezon: Yo envié en esa comisión al inteligente contador  peruano Juan Alfaro, y a su regreso me dio parte de que todos los cadáveres quedaban sepultados y que los restos del contralmirante Grau quedaban en una cajita, identificados con una cruz de madera con letras negras. La caja llevaba esta inscripción:

                                      

                                     MIGUEL GRAU

                              Huáscar 8 de Octubre 1879

                                  En paz descanse

Gárezon no hizo la mención a la mandíbula de Grau con dientes que tenían incrustaciones de oro y que se encontraron incrustados en la madera que enchapaba el camarote. No se refirió tampoco a la espada de Grau y al cuadro de Santa Rosa de Lima, omisión en que también incurrió  el periodista chileno Montt, pero éste sí se refirió  la espada, a la que calificó de elegante.

 

Grau era un fiel devoto de Santa Rosa y tenía colgado en la cabecera de su lecho, un cuadro de la Santa, pintado al óleo ex -profeso para él. No se sabe como lo adquirió, es decir, si fue un obsequio o lo mando hacer. La Santa  sostenía en su mano derecha no un rosario sino una pequeña ancla, lo que le da una particularidad especial. En la mano izquierda sostenía una corona de laureles y rosas y dentro de ella al Niño Jesús. De su cuello pendía una cadena con una cruz grande y en la cabeza tenía una corona de espinas. Vestía el hábito negro y blanco de la congregación de Santo Domingo. El cuadro estaba manchado con la sangre del contralmirante Grau y después de la acción de Angamos se le habían puesto inscripciones que decían “Monitor Huáscar” y “Octubre 8,  1879”, tenía, además, cinco perforaciones de bala, lo que es una muestra más de lo terrible que fue el combate.

 

La espada, no es la valiosa joya que las damas peruanas residentes en Europa, mandaron a confeccionar para Grau y que quedó terminada después de su muerte, por lo cual fue remitida en 1880 a su esposa doña Dolores Cabero de Grau.

 

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3.- Después de Angamos

 

            El “Huáscar”, llevado a rastras, y escoltado por los dos blindados chilenos, entró en la misma tarde del día 8, a la rada de Mejillones.

 

El historiador Inostroza dice: Al día siguiente, en el cementerio de aquel puerto, pobre y desolado, fueron enterrados los restos de los tres jefes del “Huáscar”. Les rindieron honores  los oficiales de toda la escuadra chilena; el Ministro de Guerra don Rafael Sotomayor; el General en jefe del ejército chileno, general Erasmo Escala y los batallones “Zapadores” y “Chacabuco”que estaban de guarnición en Mejillones.

 

Sobre la tumba del almirante peruano, se inclinaron el comodoro Riveros y el Ministro Sotomayor.

 

Dijo el primero: La muerte del almirante peruano don Miguel Grau, ha sido muy sentida en esta escuadra, cuyos jefes y oficiales, hacen amplia justicia al patriotismo y al valor del que fuera notable marino. ¡ descansad en paz Almirante Grau¡

 

Y agregó el Señor Sotomayor: Vengo de recibir un telegrama del gobierno de Chile, suscrito por todos los ministros del gabinete, en el que me piden guarde celosamente los restos del gran marino Almirante Grau, para devolverlos a su patria, cuando llegue el momento en que su pueblo lo reclame. ¡Almirante Grau, descansad en tierra chilena, con la seguridad de que se respetarán vuestros restos y nadie osará empañar vuestra destacada memoria.

 

El Almirante chileno Pedro Espinar, en su libro “El Monitor Huáscar” decía: “Las honras fúnebres fueron solemnes, asistiendo el Ministro Sotomayor, el General Escala, el Comodoro Riveros, los comandantes, oficiales marinería de la escuadra y los batallones Zepita  Chacabuco “; y  a continuación leyó el telegrama enviado por los Ministros chilenos Domingo  Santa María, Miguel Elías Amunátegui, Augusto Matte y José Antonio Gandarillas.

 

Corrigiendo lo dicho por el historiador chileno Inostrosa, lo cierto es que sólo fueron enterrados en Mejillones los restos de los dos jefes muertos Elías Aguirre y  José Melitón Rodríguez, pues los restos de Grau, fueron enviados el 14 de octubre a Valparaíso a bordo del blindado «Blanco Encalada», con una nota del Ministro Rafael Sotomayor, que decía: Señor Comandante General de Marina de Valparaíso.. Pongo a disposición de Vuestra Señoría, una pequeña caja conteniendo los restos que han podido ser habidos del ilustre contralmirante  de la Armada del Perú, don Miguel Grau. Ellos fueron encontrados al pie de la torre de mando del monitor «Huáscar» y su autenticidad ha sido reconocida por los oficiales peruanos que montaban ese buque. En Valparaíso el capitán de fragata Oscar Viel, que era amigo, compadre y concuñado de Grau, solicitó al gobierno chileno los restos de Grau, para guardarlos  en el mausoleo que su familia tenía en Santiago de Chile, lo cual se realizó el 26 de octubre.

 

Viel, era comandante de la Corbeta “Chacabuco”, padrino de un hijo de Grau y estaba casado con doña María Luisa Cabero, hermana de la esposa de Grau.

 

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4.- Como recibió Prado la noticia

 

            Mientras tanto, el Presidente Mariano Ignacio Prado Director General de la Guerra se encontraba atareadísimo en Arica. La forma como recibió la noticia de la muerte de Grau y la pérdida del “Huáscar” , la da a conocer en “1879”, Guillermo Thorndike, de esta manera:

 

El Capitán Yessup, echó una mirada al trozo de papel que le llevaba el telegrafista. Murmura una ácida maldición y a grandes trancadas atraviesa el patio donde resoplan ensillados caballos. Desapareció por un amplio pasadizo cubierto de baldosas. Antes de entrar a la Secretaría del general Prado, golpeó la puerta con los nudillos. ¿ Qué desea capitán? Al influyente Mariano Álvarez, Secretario del Supremo Director de la Guerra, le fastidió la interrupción. Yessup se limitó a decirle: Un telegrama urgente doctor. Alvarez, compuso sus  espejuelos y  leyó mientras Yessup permanecía de pie, frente al escritorio cubierto de documentos. ¿ Cuándo  llegó? -Hace cinco minutos.

 

Al general Prado lo mortificaba en esos momentos una violenta jaqueca. Dos veces cambió de médico sin que nadie pudiese curarlo del insomnio. Llevaba en la cabeza todas las órdenes, todos los movimientos de las fuerzas a su mando. Dicta cartas, instrucciones sin pausa. Amontona víveres, agua, municiones en escondites a lo largo del desierto de Tamarugal. Si no confiara en el Vicepresidente  La Puerta, a ratos podría sentirse abandonado por el Gobierno de Lima. Ni los pertrechos llegan en la cantidad solicitada, ni se consigue reunir fondos para adquisiciones importantes en Europa. El ojeroso Supremo Director, sonrió amargamente al Secretario.. Entre Mariano ¿ qué me trae de nuevo? Alvarez le extendió el telegrama. El General de División Mariano Ignacio Prado, héroe del 2 de Mayo, jefe supremo de los ejércitos aliados del Perú y Bolivia y dos veces Presidente de la República, leyó el mensaje como si se le atascara por los ojos. Su Secretario lo vio tambalearse en busca de la terraza. Gruñó horriblemente y se agarró la cabeza con las manos, como si fuera a explotar. Después cayó fulminado por una congestión cerebral.

 

La forma como Lima recibió la noticia de la muerte de Grau, la narra Mariano Paz Soldán en “Guerra de Chile contra el Perú y Bolivia”, de la siguiente manera:

 

Así perdió el Perú al mismo tiempo la única nave que podía detener la marcha del enemigo sobre el territorio de la patria, y al hombre de mar que con tanta gloria como hidalguía había sostenido la causa de la nación y los fueros de la humanidad. No obstante, este pueblo recogiéndose dentro de sí  mismo, y comprimiendo su hondo dolor, en vez de entregarse a los furores de la desesperación y ofrecer el triste espectáculo de su desbordamiento, como tan frecuentemente sucedía en Chile, sobrellevó su desgracia con aquella estoica resignación propia sólo de los espíritus superiores, y con aquella imponente majestad, que rebela la firmeza de las resoluciones en los propios, a la vez que infunde respeto a los extraños.

 

La pensión para la viuda

 

El historiador piurano  Juan Paz Velásquez se ha ocupado del pedido que se presentó en el Congreso el 25 de octubre por la representación piurana, para que se otorgase una pensión a la viuda e hijos del almirante  y otros beneficios a los demás tripulantes del «Huáscar».

 

El pueblo en todas sus clases, el Congreso y el Gobierno, se disputaban a porfía, el deber de manifestar su gratitud al héroe que entregó su vida en holocausto, para salvar el honor del pabellón nacional. A la viuda del ilustre marino, se le señaló una renta fija, sin perjuicio de obsequiarle una espléndida casa  (lo  que no sabemos si es que se llevaría a cabo) La renta debía producirle  lo bastante para la educación  de sus hijos, que algún día imitarían el ejemplo que les legara su padre.

 

La ley fue aprobada el 28 y de inmediato promulgada. Tenía 13 artículos y se le reconocía a los deudos de Grau una pensión equivalente al sueldo íntegro que tenía el Contralmirante. La ley fue firmada por el 1er vicepresidente de la Cámara de Diputados el huancabambino Dr. Ricardo Wenceslao Espinosa y por el Secretario, el abogado piurano  Dr. Víctor Eguiguren

En el Artículo 1º. Se concede a la viuda e hijos de Grau una pensión equivalente al sueldo que tenía el Contralmirante.

 

Se disponía en el artículo 2º,  que “a las familias de los demás jefes, oficiales , guarnición y tripulantes que hayan muerto en el Monitor «Huáscar», así como los aspirantes, se les concede por montepío, el  sueldo íntegro de la clase superior inmediata, considerándose como tal  para éstos últimos al de alfereces de fragata”.

 

A las viudas e hijos de los maquinistas, en su mayoría ingleses,  se les concedía como montepío el sueldo integro del haber que les había correspondido de acuerdo a ley.

 

Se dispone en el Artículo 4º,  habrá una nave  a la que se dará el nombre de “Contralmirante Grau y ante ella pasarán revista como presentes, todos los que perecieron, contestándose por el jefe más caracterizado: “muerto en defensa de la Patria  y vivo en la mansión de los héroes”

 

En el Artículo 10º de la ley se dispone que la educación profesional de los hijos de Grau y de los demás que fallecieron en Angamos, será costeada por el Estado”

 

Se disponía también en la ley, que  “el Ejecutivo hará que se practiquen  las diligencias convenientes al efecto de recoger los restos del Contralmirante Grau y los de los demás jefes, oficiales y tripulantes, y una vez trasladados a la capital, serán depositados en Mausoleo costeado por la Nación

 

Se disponía así mismo “ que en el lugar más público de la capital, se  erigiría  un monumento a Grau, en cuya parte superior se colocará la estatua del Contralmirante Grau,  con la siguiente inscripción:  La República del Perú, a su más heroico y abnegado defensor, Miguel Grau” y en la base se inscribirán los hechos  gloriosos que se hayan realizado, lo mismo que los nombres de los demás jefes, oficiales  tripulantes y guarnición del «Huáscar». Las dimensiones y demás particularidades  del monumento y de la estatua, serán determinadas por el Poder Ejecutivo”

 

A los sobrevivientes, se les otorgó una medalla en gratificación  por su valiente intervención patriótica el 8 de octubre de 1879, y además el ascenso efectivo a la clase  inmediata superior y a los aspirantes a la clase de alférez de fragata.

 

También se consideró en los beneficios al personal de sanidad y de administración. A los que por efecto de las heridas quedaron inválidos, se les otorgó un pensión de por vida, de la clase inmediata superior.

 

A los tripulantes y miembros de la guarnición del «Huáscar», aún que no hubieran resultado heridos, recibieron  tres sueldos extraordinarios y una bonificación permanente del 25 % sobre su sueldo.

 

El Lima a consecuencia del desastre de Angamos, vivía una aguda tensión política, con la renuncia del gabinete y la negativa del revolucionario Piérola a integrar el nuevo Ministerio. Con todo el Vice-presidente general La Puerta, encargado de la Presidencia y el Ministro de Guerra general  Manuel Gonzáles La Cotera, de Ayabaca, promulgaron la Ley.

Pero la derrota sumió al Perú en el caos y la pobreza. y  los heroes sobrevivientes tuvieron que enfrentar la miseria.

 

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5.- La noticia en Piura.- Se inicia colecta en Lima

 

En el departamento de Piura, las noticias  sobre los hechos heroicos de Grau, llegaban con cierta tardanza, y  a veces desfigurados. Cuando al fin se recibían noticias, la gente salía a las calles  regocijada y llena de orgullo  por tratarse del paisano.

 

Se puso tanta vehemencia en la transmisión de noticias, que muchas eran magnificadas y se hablaba de hazañas increíbles, y más tarde cuando las informaciones llegan en su exacta dimensión, había cierta decaimiento, pero siempre aparecía Grau engrandecido.

 

Cosa igual paso con relación a las primeras informaciones sobre el combate de Angamos. Como un reguero de pólvora, corrió la noticia de que Grau había hundido un acorazado chileno y la gente se volcó a las calles y cuando la verdad se abrió paso, se pasó súbitamente de la euforia a un estado de depresión colectiva.

 

En cuanto a la reposición del “Huáscar”, la Municipalidad de Lima encabezó una suscripción popular, y no quedó rico, ni pobre, ni de mediana fortuna, hombre, ni mujer, anciano, niño, empleado, ni industrial, individuo, ni corporación que no entregara su óbolo para contribuir a la reposición del nuevo “Huáscar”, que llevara el nombre de su  inmortal  jefe, el contralmirante Grau. En breves días se reunió la enorme suma de doscientas mil libras  esterlinas y salió un comisionado a Europa para realizar el deseo de todo el pueblo del Perú.

En vano pretendieron los diaristas y otras gentes de Chile, hacer creer que el “Huáscar” se rindió, ¡ No, mil veces no¡ El “Huáscar” no arrió su bandera, aun cuando ya no tenía jefes, y estaba sin timón, yéndose a pique. Él, fue abordado y tomado a viva fuerza; el valiente Pedro Gárezon, con revólver en mano se entregó prisionero haciendo notar que hasta ese momento el pabellón peruano se ostentaba soberbio, aunque vencido, en su puesto de honor.

 

La pérdida del “Huáscar”, cambió por completo las operaciones de guerra, dejando al enemigo en toda libertad de trasladar su ejército al punto de la costa del Perú, que más le conviniera.

 

Cartas de pésame

 

Doña Dolores Cabero recibió cartas de pésame de diversos lugares del Perú y del extranjero, entre ellas una de los jefes y oficiales de la marina de <guerra de Chile. No se conoce si la viuda de Prat le envió alguna.

 

Dos cartas más recibió de Chile. Una de su hermana  Maria Luisa Cabero de Viel, esposa del capitán de corbeta Oscar Viel,  y otra carta de este marino que era comandante de la corbeta “Chacabuco”.Viel era compadre de Grau, por haber sido padrino de su hijo Ricardo Grau Cabero, que más tarde moriría trágicamente en Chanchamayo en 1899.

 

Fue intermediario en la entrega de estas cartas, el empresario naval inglés Geoge Patrie que en 1869 había entregado a Grau el comando  de uno de los mejores barcos de la Compañía Inglesa de Vapores. Patrie que continuaba sirviendo  la ruta del Pacífico, había estado en Valparaíso, y allí los Viel le habían entregado un sobre y unos bultos para Dolores Cabero Viuda de Grau, Lima. El sobre contenía una carta de pésame del comandante Viel y otra de María Luisa, la  que le enviaba también un cheque de cien libras esterlinas, que para la viuda del contralmirante, le cayeron muy bien , por que estaba pasando por dificultades económicas, que en forma disimulada  y con benevolente complicidad del chino Francisco, cocinero de los Grau Cabero, solventaban las hermanas de Grau y el coronel Manuel María Gómez casado con Dolores, la hermana  mayor de Grau. En la carta María Luisa le decía lo siguiente:

 

Imagino Dolores que estarás sufriendo privaciones a consecuencia de esta guerra tan inhumana. Olvida por favor que soy chilena desde que me casé con Oscar y acepta lo poco que te envío con el capitán Patrie. Antes que nada soy tu hermana y faltaría gravemente a mi amor por ti y por mis sobrinos, si no me preocupara la suerte que puedan correr. Oscar y yo, ponemos a tu disposición nuestra fortuna. Aquí en Valparaíso hay casa para Ustedes y cuanto puedan necesitar. Tu conoces la admiración,  la amistad y el cariño  entrañable que Oscar profesaba a tu difunto esposo. Sería una verdadera felicidad y un gran honor que vinieran a vivir con nosotros. Avísame si estas de acuerdo para arreglar pasajes y salvoconducto a través de la Legación británica.

Pero la viuda del contralmirante Grau, no podía aceptar ninguna hospitalidad en territorio enemigo y prefería pasar  las estrecheces y vicisitudes  del resto de los peruanos, Por eso, con mucha delicadeza, pero también muy firmemente, no aceptó la oferta de su hermana,

 

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6.- El Infortunio y la Gloria

 

El 29 de octubre, es decir,  21 días después del combate de Angamos, salió de Antofagasta un ejército chileno de 10.000 hombres, 900 caballos y 36 cañones, en 15 barcos transporte. Su rumbo era el puerto peruano de Pisagua, se iniciaba así la invasión del Perú.

 

 En el mismo día se celebraron honras fúnebres por Grau en la Iglesia Catedral de Lima, las que estuvieron a cargo del Arzobispo de Lima Monseñor José Antonio Roca y Boloña. Al acto asistieron la viuda de Grau y sus hijos, autoridades políticas y militares, el cuerpo diplomático, batallones del ejército de reserva (que formaron en la plaza), delegaciones de la Marina, tripulantes de los buques de guerra norteamericanos  “Alaska” y “Onward” que se encontraban en la bahía del Callao y una abigarrada multitud que rebasó la capacidad de la Catedral.

 

La oración fúnebre a la memoria del contralmirante Grau estuvo a cargo del Arzobispo, que no obstante, de lo prolongada de la misma, se expresó con voz clara y brillante, en la siguiente forma:

 

El Infortunio y la Gloria se dieron una cita misteriosa en las soledades del mar, sobre el puente de la histórica nave, que ostentaba orgullosa, nuestro inmaculado pabellón, tantas veces resplandeciente en los combates.

 

El Infortunio batió sus  negras alas, y bajo de ellas, irguióse la Muerte, para segar en flor preciosas vida, y esperanza risueña de la Patria.

 

Empero, cuando aquella consumaba su obra de ruina, apareció la Gloria, bañando con su purísima luz el teatro de este drama sangriento; y a su lado se alzó la Inmortalidad para ceñir, presurosa, con inmarcesibles coronas, las altas frentes que no se doblegaron ante el peligro y mantuvieron siempre frescos los laureles, con que las ornara la Victoria.

 

A ti, Patria mía, les ofrecieron en esa hora suprema. A ti los enviaron las piadosas manos de aquellos héroes, antes que las tornaran inamovibles el hielo de su improvisada tumba,  A ti los devolvieron como una herencia de honor, que hará fecundo tu gran corazón, hoy recientemente probado por la pérdida de tan buenos hijos, y hoy doblemente esforzado por su grandioso ejemplo.

 

Enjuga pues, tu maternal llanto y mira extática a los que murieron por ti. Asómbrate al contemplar esa pléyade  de bizarros defensores de nuestra honra, de nuestra integridad territorial, del equilibrio americano, de la Justicia amenazados por un enemigo que sólo fía en la fuerza material para ultrajarnos; y que despliega esa fuerza, incomparablemente mayor que la de nuestra nave sacrificada, no se adueña de ella sino pasando sobre cadáveres y disputando al abismo un casco roto y ensangrentado, pobre trofeo de tan efímero triunfo.

 

Asómbrate al recordar esa lucha, en la que nuestros enemigos son gigantes por el poder de su flota, y nuestros marinos, gigantes por la grandeza del corazón. Doce cañones formidables que montan dos naves poderosas, sin que contemos las otras bocas de fuego de las que les acompañan, y que también amenazan con el estrago y la muerte, disparan sin cesar sobre un pequeño barco, que sólo tiene dos buenos cañones para responderles.

 

Y, no obstante, nuestra nave es fortísima, es superior, es invencible, por el esfuerzo y bizarría de los que la tripulan. Miguel Grau que es su alma, ha comunicado a sus dignos compañeros el sagrado fuego que lo devora, y se lanza con ellos, como un león acosado, contra los que le dan caza, acometiéndoles con sus terribles dentelladas.

 

Más, ¡ay¡ el león cayó, derribado por los proyectiles enemigos; y cayeron en rededor de él todos los que vivían de su vida. El alma del «Huáscar» voló al cielo, a la patria de los inmortales y se llevó en pos de sí tantas almas que se identificaban con ella por el valor indomable, por la audacia temeraria, por la incontrastable serenidad, por el amor patrio llevado hasta el delirio; por el heroísmo, que los convirtieron en brillante guirnalda de soles para ceñir la frente del Perú, irradiar sus destellos sobre el mundo, romper la niebla de los tiempos, y decir a la Historia: Escribe y llora...Escribe una acción heroica y llora el valor desgraciado.

 

A nosotros toca, Señores, honrar la memoria de esos mártires del honor nacional, y grabar sus nombres en nuestras almas, aun antes que en el mármol y en el bronce, que los darán a conocer a las generaciones futuras. A nosotros toca ofrecer por ellos, no una, sino muchas veces,  el adorable sacrificio de esa víctima inmaculada, que acaba de inmolarse sobre el altar, y cuyos infinitos merecimientos  les alcanzarán la Visión Divina, único premio digno de su valor heroico.

 

Ese amor le inspiró el hecho generoso, que se impone a nuestra admiración  profunda y a nuestra gratitud eterna. y ese hecho traza al Perú una senda de gloria que debe de recorrer hasta su término. Admiración y gratitud; imitación del heroísmo de ahí, señores, las grandes lecciones que se desprenden del combate en que sucumbieron noblemente el ilustre Contralmirante don Miguel Grau y sus compañeros de infortunio y de gloria.

 

En la mísera, tristísima condición a que se ve reducida la naturaleza humana, desde que se manchó con la primer culpa, nada grande, nada glorioso puede hacer, sino por la inmolación más o menos costosa de si misma. Es una ruina, señores,  y no puede ostentar un hermoso monumento, sino quedando sepultado debajo de él.

 

Nuestro adorable Redentor, que vino a reparar esta ruina, dijo de sí propio “En verdad, en verdad os digo, que si el grano de trigo que cae en la tierra no muriese; él sólo queda: más si muriese, mucho fruto lleva. y si yo fuese alzado de la tierra (en la cruz) todo lo atraeré a mí mismo”.........................

 

Al Perú, nación cristiana y generosa, no le han faltado nunca hombres extraordinarios, destinados a la expiación para el engrandecimiento de la Patria. En la época de nuestra emancipación del coloniaje, los hubo en gran número y la independencia del Perú, ya es un hecho que cuenta más  de medio siglo; hoy se abre una nueva era y en su primera página resplandecen los nombres del Contralmirante Grau  y sus abnegados compañeros.

De Grau, señores, que se identifica  con ellos en la gloria y en el infortunio, porque los escogió con ojo certero, para la grande empresa que su alma aún más grande, asumiera junto con el mando de la histórica nave, esperanza halagüeña de la Patria, objeto de la expectación y de la simpatía universal, fantasma aterrador de nuestros enemigos. No separaré, pues, a los que veo estrechamente unidos en el momento supremo de tribulación y de honor para el Perú: La Justicia no me lo perdonaría; y la sombra del generoso Contralmirante, se alzaría severa delante de mí, para pedirme cuenta de ese arbitrario divorcio.....................

 

Ninguno de nosotros ignora la última expedición del histórico Monitor a la costa enemiga. Si esa expedición fue aconsejada por la prudencia o la temeridad; si era mayor el riesgo que el provecho que de ella pudiéramos prometernos, si el glorioso bajel había perdido poco o mucho en sus condiciones náuticas; si el esforzado contralmirante  preveía inminente el peligro, o se halagaba con un resultado feliz; si hubo tristes o risueños presentimientos: no lo sé; ni he sido parte en averiguarlo; ni creo posible descubrirlo en estos momentos de indignación y de dolor; ni me parece patriótico escudriñar estas cosas; ni echar miradas retrospectivas en la hora de la  catástrofe, que demanda al Perú, unión, concordia, serenidad, abnegación y constancia para reponerse de un momentáneo quebranto, y lidiar sin tregua por el triunfo de la Justicia, que es norte de las aspiraciones de dos grandes pueblos aliados......................

 

Después de un viaje de varios días hacia los puestos enemigos, y de haber visitado algunos de ellos, sin que ocurriese nada digno de mencionarse, a excepción de un bajel de comercio que fue enviado a nuestro puerto principal; y cuando nuestros bizarros marinos regresaban al de su partida, apareció en el horizonte el humo que despedían varias naves de guerra; y desde ese momento comenzó el terrible drama, cuyo recuerdo entorpece mi lengua, nubla mi mente y desgarra mi corazón.. Perseguido nuestro monitor por una división de la escuadra chilena, a cuya cabeza se hallaba uno de sus más fuertes blindados; hace indecibles esfuerzos por esquivar un encuentro que tiene que serle funesto.

 

El verdadero valor es prudente, y no se expone a un sacrificio estéril; sólo cuando es inevitable la lucha desproporcionada, o la deshonra; opta por la lucha, fiando a Dios providente el triunfo de la causa que defiende con fuerzas materiales exiguas. Tal fue, señores, la conducta de los primeros mártires, durante los tres primeros siglos de persecución que afrontó la Iglesia. No se expusieron a una muerte segura (salvo muy raros casos de divina inspiración); y se separaron en los bosques y en los desiertos, firmes en su fe y constantes en la resolución de sacrificarse por ella, siempre que el señor les manifestase su divino decreto por el curso de los acontecimientos.

 

Más, cuando no podía evitar el martirio sino por la apostasía; cuando su fe era puesta en ineludible prueba, entonces valerosos, serenos, impávidos, desafiaban los tormentos y la muerte, en cumplimiento de un deber sublime, y con la esperanza de que su sangre generosa derramada, fuera fecunda semilla de nuevos héroes.

 

Premia ahora, Dios mío, la caridad del valiente marino y sus esforzados compañeros, que salvaron, vistieron y alimentaron a los náufragos del “Esmeralda”, tornándose mansísimos corderos después de haber peleado como leones en las mismas aguas en que nuestros náufragos eran asesinados por los disparos de un bajel enemigo; en las mismas aguas  que contemplaron  sucesivamente el bombardeo e incendio de la inerme Pisagua, el fuego mortífero hecho sobre convoyes de mujeres y de niños y el bombardeo nocturno de Iquique, en el que perecieron niños y mujeres que dormían; todo esto, Dios mío,  precedido y seguido de la hospitalidad caballeresca, cristiana dispensada a los náufragos de Chile, que se rindieron al «Huáscar» con el grito de “!Viva el Perú, generoso¡”

 

Mira Dios, que el Perú y Bolivia se han unido sólo para defender su dignidad e integridad territorial ultrajada la una, violada en parte la otra, en provecho de intereses materiales, mezquinos, egoístas, que ya han hecho vestir de luto a las familias de uno y otro bando.

¿ Darás acaso el triunfo al injusto agresor? ¿Quién puede penetrar Señor, tus juicios que son abismos de abismos, ni recorrer tus caminos que son los caminos de la humana prudencia? Sabemos tan solo que abates para ensalzar,  que castigas para corregir o regenerar; y que si el impío llega a exaltarse como el cedro de Líbano, un momento después en un volver de ojos desparece como la débil arista que arrebata el huracán. Sabemos que Tú, mortificas, que hundes en el sepulcro y sacas luego de él a los que ya contemplábamos como su abandonada presa. Estamos pues, en tus manos adorables y por recia que sea la prueba, la soportamos con valor y con resignación cristiana; nos humillaremos bajo de Tu mano poderosa y esperaremos a la sombra de tus alas.

 

Después de cerca de dos horas de lucha desesperada, y, me atrevo a decir, por sus condiciones únicas en los fastos de la marina universal, lucha en la que nuestro débil monitor hizo prodigios de arrojo y de pericia, después que cayeron uno tras otros los jefes y aun los oficiales que se sucedieron en el mando de aquella gloriosa nave; cuando ya ésta no era sino una ruina flotante cubierta de cadáveres y heridos, dominó la fuerza, preponderó el número, y el bajel destrozado, que consagró la sangre de los ilustres mártires de la Patria, fue presa del vencedor.

 

Miguel Grau, señores, era un guerrero cristiano. Hombre de fe, toda su confianza la cifraba en Dios. A El atribuía el buen éxito de sus arriesgadas empresas. Lo alababa como el Profeta-Rey David y si hubiera tenido en sus manos el arpa sagrada,  le hubierais oído repetir”Bendito sea, el Señor, mi Dios en cuya escuela he aprendido el arte de pelear y vencer a mis enemigos”.

 

De allí nacía su imperturbable serenidad en medio de los mayores peligros, que imponía la confianza de los que lo obedecían, y lo dejaba en actitud de aprovechar todas las ventajas de su pericia, aun en aquellos momentos en lo que lo recio y arriesgado del combate, suele desconcertar a los espíritus de mejor temple.

 

La tranquilidad de su conciencia, dulcísimo fruto de una vida honesta, del ejercicio constante de las virtudes morales y cívicas, del cumplimiento austero del deber, de su inquebrantable resolución de sacrificarse por la Patria, resolución que demostró, recibiendo con especial fervor  los Santos Sacramentos, y haciendo sus disposiciones últimas, antes de salir a campaña, - la tranquilidad de conciencia- repito mantuvo su espíritu sereno, aun en el momento que vio inevitable la destrucción de su gloriosa nave, forzada a combatir con elementos tan superiores a los suyos; esa tranquilidad lo acompañó en la primera escena del sangriento drama (La única que contempló) y en la que su valor heroico secundado por los oficiales y tripulantes más bizarros, hizo prodigios, arremetiendo con el ariete para destrozarla a una de las naves  poderosas que le hacía mortíferos disparos y cuando estaba a punto de asestar el golpe de gracia, que ya había sido esquivado por el rápido girar del enemigo. Una bomba fatal rasga los aires, se estrella y destroza el busto del ínclito guerrero, arrebatándolo de su puesto, entre nubes de humo y entre arreboles de gloria ¡Así murió el fuerte, el valeroso, el invencible Grau¡

 

De su modestia sólo diré que había inventado un dulcísimo artificio para sustraerse a la alabanza, a que lo condenaban sus hazañas. Todo el merecimiento lo atribuía al «Huáscar», es decir, a sus valerosos compañeros ¡Noble irradiación de gloria, que partiendo de una ilustre cabeza, vestía con sus resplandores a los miembros de un cuerpo tan unido a los lazos del valor y de la fraternidad cristiana¡

 

Y la modestia y la fraternidad le hicieron aplazar el uso de las insignias de alta clase con que la Representación Nacional del Perú, quiso premiar en parte, sus altos méritos. No le parecía haberse hecho acreedor a tanto, y aguardaba  mejor ocasión para justificar lo que reputaba premio anticipado; ni quería tampoco abandonar  el mando de la nave, a cuyos generosos tripulantes le unían tantos recuerdos y tan íntimo afecto..

 

Nada faltaba, pues, Señores, a ese hombre  extraordinario: dulzura y energía, prudencia, pericia y valor, hombría de bien y civismo, entusiasmo y constancia; todo lo tenía. Aun la gloria circundaba ya su cabeza con aquella aureolo luminosa con que rodea a los héroes, y la Fama veloz pregonaba  por doquier sus hazañas. Una sola cosa hacia falta a su genial grandeza; y la halló antes de morir para que su grandeza fuese cabal. No le faltaba señores,  sino el último perfeccionamiento con que el infortunio pone realce a la virtud ¡ Y la catástrofe de Mejillones ha dado los últimos toques al esplendoroso cuadro de su vida ¡ ¡ Y ha envuelto en una onda de luz imperecedera, en una misma gloria, el bizarro Contralmirante y a sus dignos compañeros¡

 

Míralos Patria mía ¡míralos en lo alto, heridos y muertos por hacerte grande. Admira la grandeza de sus almas y agradece eternamente  el sacrificio de sus vidas.

 

Victimas generosas sacrificadas en el «Huáscar». Vuestra inmolación  heroica, es una lección elocuente, que el Perú no olvidará jamás. Vuestros nombres pasarán de una a otra generación; y cuando los pronuncien los que nos sucedan, se estremecerán en sus entrañas por la gratitud, por la admiración, por la indignación santa que despierta vuestro martirio. Habéis caído para levantar al Perú a inconmensurable altura; sobre vuestros restos inanimados, se asientan los cimientos del nuevo edificio de su grandeza; los brazos de los que sobreviven levantarán sus muros, y el cielo le pondrá digno remate. Habéis caído abandonando  la profunda sima que separa a las naciones aliadas de la que ayer era su hermana y hoy es su rival, su irreconciliable enemiga. Vuestra sangre, como la de Abel, acusa a los que la han vertido en la contienda más escandalosa que haya presenciado América.. Será semilla de mártires. Esa sangre hará resbalar al enemigo para que caiga después de que ha caído  moralmente por la injusticia de su causa. Os ha inmolado la codicia; os ha sacrificado la envidia, os ha muerto el odio gratuito. Las sombras de Bolivar, Sucre, La Mar, San Martín, Necochea y demás próceres de nuestra independencia, se levantan airadas para pedir a Dios la vindicta de esa noble sangre.

 

Las naciones de Sud América se conmueven hondamente al contemplar el drama sublime de vuestro inesperado martirio y elevan a Dios sus votos para que se restablezca el imperio de la Justicia, y enseñe a vuestros victimarios que una sola gota de vuestra noble sangre vale más que los tesoros que ambicionan y que las lindes del Derecho tienen un baluarte invisible que no se traspasa impunemente por ningún pueblo de la tierra. Mientras que nosotros rogamos a Dios por vuestro eterno descanso, y damos reverente culto a vuestra memoria, rogad vosotros por   esta Patria que tanto habéis amado para que dé a nuestras huestes la victoria, y al Perú que siga vuestras huellas, y conserve gloriosa la tradición de vuestro heroísmo. Descansad en paz.

 

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7.- Hombre de Honor

 

            El historiador Percy Cayo, en “La Guerra con Chile” dice: “Chile festejó su victoria respetando al enemigo. Como en ningún otro caso, esa celebración no fue de insulto al enemigo, Grau había logrado ganarse el respeto no sólo del Gobierno, sino del pueblo adversario al que nunca quiso causar más daño que el estrictamente necesario. Desde entonces Grau ha quedado como la víctima más gloriosa de esa infausta guerra y sus cualidades de hombre de bien y marino eficaz, le han dado, como a ningún otro, una dimensión americana y mundial”.

 

El diario “La Patria” de Santiago titulaba un editorial: “El Mar está libre”. El “Boletín” órgano del  Ministerio de Guerra de Chile, decía “El principio del fin”. y seguía expresando: “El terror de los mares, el fantasma de nuestras costas, la eterna pesadilla, el «Huáscar», en una palabra, acaba de caer.......Miguel Grau- la primera gloria del Perú, el héroe de cien medallas, el osado aventurero.......La noticia de la muerte de Grau produjo en Santiago, honda impresión. Sencillamente afortunado o valiente en realidad, Grau era considerado entre nosotros como hombre de honor.”

 

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8.- La tripulación heróica

 

            De acuerdo  la revista tomada por el contador Juan Alfaro, el mismo día 8 de octubre, la tripulación asignada al “Huáscar” era la siguiente:

 

ESTADO MAYOR: Comandante General de la 1ª División Naval, contralmirante don Miguel Grau (m); Secretario, Capitán de Fragata don Manuel Carvajal (h); Comandante de las guarniciones, Sargento Mayor don José Ugarteche (h).

OFICIALES DE GUERRA; Segundo Comandante, Capitán de Corbeta don Elías Aguirre (m); Teniente 1ª don Diego Ferré (m); Tnte.1ª don Pedro Gárezon; Tnte.1ª don José Melitón Rodríguez (m); Tnte.2ª don Enrique Palacios (m); Tnte. 2ª don Gervasio Santillana (m); Tnte.2ª don Fermín Diez Canseco  (h); Alférez de Fragata don Ricardo Herrera (h); Capitán de Infantería Mariano Bustamante (h); Capitán  de Infantería Jefe de la Columna Constitución, don Manuel Arellano (paiteño).

OFICIALES MAYORES; Cirujano Mayor, doctor Santiago Tabarra Renovales, hijo de piurano (h); Cirujano doctor Felipe Rotalde; Contador don Juan Alfaro; practicante de medicina don José Canales (h).

 

ASPIRANTES; don Carlos Tizón Seminario (pìurano), don Manuel Villar (h), don Grimaldo Villavicencio (h); don Federico Sotomayor (h); don Manuel Elías Bonnemaison (h); don Domingo Valle Riestra.

 

MAQUINISTAS; Primer maquinista Ing. Tomas Juan Wilkins, Ing. Samuel Mac Mahón, Segundo, Ing. Tomás W.Hughes, tercer don Ricardo Tenemann, cuarto don Henry Lewer, don Ernesto Molina, don Agustín Mc Collum, ayudante de máquina don Augusto Matheus.

 

OFICIALES DE MAR.- Primer contramaestre don Nicolás Dueñas (m); condestable don Williams Mc Carthy (h); Williams Leonard (h); Segundo Contramaestre don José Zeledón (m); buzo don Hilario Morales, primer guardián don Tiburcio Ríos (m);  Federico Noguera(m); primer carpintero Luis Landa (h); segundo carpintero Ckesse Leves (h); Ignacio Martínez (paiteño);  primer calafate  don José del C. Gómez (h); herrero don Williams Michel (h); maestro de víveres Manuel Mejía; despensero Rafael Hurtado; cocinero de segunda cámara José Salas (m), cocinero de equipaje Eduardo Ford (h); mayordomo de primera cámara Manuel Pineda (m); boca-fragua don Ramón Tejeda; cabo de luces Andrés Riglos.

 

ARTILLEROS DE PREFERENCIA CONTRATADOS.- James Anderson (h); George Mathison, Atanasio Bayosopolos (h); Manuel Gorgiades (h); Roberto Rundle, Williams Burns; Francisco  Mazé; John Grand (m); Eduardo Perry (m); Manuel Panay (h); Michael Murphy(h), Eduardo Price  (h); Henry Otto (h); George Harris (h); John Baker (m); Alberto Avenel (m);Alfred Strand; Daniel Mac Carthy (h), John Devine (h); George Smith (h); James Dobines; Charles Bex; John Dunnet (m); Alberto Huerta; Federico Meiggs(m); Samuel Vamisch (m).

 

ARTILLEROS DE PREFERENCIA.-Atanasio Coyaleras (m); Tomás Proaño; Trelles; José Gómez; Francisco Spiel John Price (h); John Lumky(h); José del C. Hernández (m); Julio Felipe (m); Julio Pablo (h); John Henry Hill; Enrique Vergnesse (m).

 

ARTILLEROS ORDINARIOS.-Eleodoro Dávila; Tomás Salazar (h); Faustino Colán (paiteño) (h); Angel Quesquén; Henry Smith; Juan Chunga (piurano).

 

MARINEROS.- Aniceto Rivas; Pedro Unánue (m); Máximo Rentería (paiteño); Nicolás Bonilla; José Suárez; Santos Beltrán; Tomás Estévez;  José Velásquez; Mariano Portales; Tomás Godos (Paiteño); Aparicio Robles; Juan Manuel Cruz; José Aniceto; Mercedes Carrasco; José Félix Torres (h); Andrés Araujo (Tumbesino); Jacinto Medina (piurano); Manuel Maldonado; José Calvo; Pedro Rodríguez (h).

 

GRUMETES.- Franciscio Aguilar; Dámaso León (h); Arturo Masías; José Mantilla (m); Manuel Franco; Williams Norris; Saturnino Mejía (m);  Nemesio Alberto Medina (piurano) Miguel Valcarcel (h); Basilio Rocarado; José Contreras; Juan Sifuentes; Enrique Ramirez;.

 

CABOS FOGONEROS.- Jojn Johnson; James Mac Carthy; Adolfo Mayer.

 

FOGONEROS.- Alexander Monroe; Manuel Verdesoto; Edward Grand; Joseph Chambers; Gregorio Alzamora; John Danovaro; Ramón Galicia; John oon, Cármen Vásquez; Apolinario Salazar; Tomás Furton; Bruno Gómez; Lino Urías; John Kaley; Andrés Mc Call; Manuel Balbino; Isidro Alcibás (m); José Antonio Guerra; George Williamson.

 

CARBONEROS.-Alexander Herton; José Morales, Toribio Astudillo; Juan Dávila (h);Nieves Espinoza; Cipriano Gómez; Williams Martín , José Vallesillas; Gavino Noé.

 

COLUMNA CONSTITUCIÖN: Soldados.- Segundo Calderón; Basilio Chávez;José Cortés; Juan Chunga (piurano); José Menchola, Quiterio Gallardo (m); Clemente Luna; José Estrada; José Rivera; Juan Villarreal (m);Darío Sanjinez; Modesto Ruidías Paiteño) (h); Vicente Jimenez (m); Isidro Orué (h); Manuel Aguila, Isidro Quiroz.

 

BATALLON AYACUCHO Nª 3.- Clases.- Sargento Primero Francisco Retes (h); Sargentos Segundos Miguel Salazar (h); Apolinario Galiano, Silverio  Choquinza. Cabos Primeros Justo Payva, Manuel López. Cabos Segundos Anacleto Alarcón (h);Fidel Calvo(h); José María Esteban.Corneta, José Vargas. Tambor, Agustín Salas.

 

Soldados, Faustino Falconí; Mariano Zegarra (h); Mariano Unga, Pablo Soto; Fidel Talavera (h); Mariano Vilcahuman (h); Pedro Zevallos; Manuel Borja (h); Benito Beltrán ; Víctor Vargas; Guillermo Barrios (h); Ambrosio Fernández (h); José Calderón (h); Narciso Castillo; Celestino Valdivia (h); Francisco Gutierrez (h); Tomás Flores; Hipólito Beltrán (h).

 

Los muertos que se señalan en esta relación no es muy exacta, por que fueron más. Los que en la relación aparecen como heridos, muchos fueron  graves, pues algunos murieron; ya que los chilenos dicen haber enterrado a  31 en Mejillones. Cuatro se arrojaron al mar cuando el monitor fue abordado y perecieron. El escritor francés Charles Varigny que estuvo en el escenario de la lucha, dijo que los muertos fueron 61. En realidad, los muertos y heridos fueron 78 sin contar los ahogados, es decir, más de la tercera parte del  “Huáscar”.

 

 

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9.- La Corbeta “Unión” y el 8 de Octubre

 

            El historiador Jorge Basadre en “Historia de la República del Perú”, dice que el comportamiento de la «La Unión» y de su comandante Aurelio García y García, dio origen a apasionados comentarios  encontrados.

 

Menciona una carta del teniente Pedro Gárezon, último comandante del “Huáscar” fechada el 13 de enero de 1880, es decir, tres meses después del combate de Angamos. En la carta decía que cuando se vieron los humos de los tres primeros buques chilenos, la “Unión”, con arrojadas y hábiles maniobras  logró acercarse al enemigo y llamar sobre sí la atención llevando a esos buques hacia el sur, lo que facilitó que el “Huáscar” se dirigiera al norte, pero al aclarar el día los chilenos se percataron de su error y dejaron de perseguirla y  «La Unión” optó por ponerse entre los tres barcos chilenos y el monitor, navegando juntos hasta que por el otro lado aparecieron los otros tres buques chilenos. Sigue diciendo Gárezon: “Entonces la “Unión” se aproximó más a nuestro costado de estribor a distancia de estar casi al habla, sin que yo como oficial de derrota y señales  y que me hallaba al lado del malogrado e inolvidable  contralmirante Grau, recibiese de él ni de nadie a bordo, órdenes respecto de señales, las que por lo tanto, ni entonces, ni antes, ni después se le hicieron de ningún género a la “Unión”. Ambos buques procurábamos salir de la emboscada que fuerzas poderosísimas nos habían armado, esto es la verdad y lo que el deber, el honor y las conveniencias nacionales  prescribían hacer”.

 

Al terminar Gárezon su carta, expresaba: “Lamentar pues, como con justicia se hace la pérdida irreparable del “Huáscar” y acusar a «La Unión” que ninguna ayuda podía darnos, porque no corrió igual fin desgraciado, es algo ilógico y que solo podrá explicarse por un acto de irreflexible exaltación patriótica al frente de sucesos tan trascendentales”

 

El mismo comandante Aurelio García y García, solicitó ser sometido a un sumario indagatorio, lo que se hizo y el Consejo de Oficiales generales que vio el caso, expidió sentencia el 17 de mayo de 1880. Se hizo constar que la “Unión”, procedió estrictamente de acuerdo con las instrucciones impartidas por el Presidente Prado, Supremo Director de la Guerra, de no trabar combate con fuerzas superiores y que en ningún momento recibió García y García  ordenes del contralmirante Grau, de alterar esas órdenes. Por unanimidad de votos se absolvió a García y García de toda responsabilidad.

 

Sin duda alguna sirvió mucho para la absolución de García y García, la presentación del Acta de la Junta de Guerra que celebró con sus oficiales, cuando los barcos chilenos trataban de darle caza en Angamos.. El acta dice:

 

“El señor comandante general de la división, hizo presente que en vista de la necesidad en que se había encontrado el «Huáscar» de aceptar el terrible y desigual combate que sostenía en esos momentos con los blindados chilenos y de la caza que al mismo tiempo emprendía el resto de la escuadra sobre la «Unión», deseaba proceder con el mayor acierto a fin de salvar su responsabilidad: que los jefes allí presentes expresaran libre y francamente su opinión respecto de la manera como debía procederse, ya fuera en el sentido de que se librara combate con los dos buques que en ese instante eran los que seguían a la corbeta, o bien porque se hiciera todo lo posible para salvar el buque, no comprometiéndolo inútilmente puesto que seria necesario batirse  con todos los buques enemigos, que venían en auxilio de los dos ya citados; y por último, que expresaran si en su concepto, el resultado de este encuentro, cualquiera que él fuera, podría influir en manera alguna en la suerte del «Huáscar». Agregando que la discusión era libre, a fin de poder formular, de acuerdo a una conclusión definitiva.

Formulose por todos los miembros de la Junta;  diversas consideraciones, y resolvieron, en definitiva, y por unanimidad:

 

1ª.-Que en el caso de que se estrecharan las distancias con las naves enemigas, de tal modo que pudieran éstas ofendernos con sus fuegos, se trabara combate, cualquiera que fueran las consecuencias y el número de aquellas.

 

2ª.- Que perdido su convoy por los buques enemigos, se batiera a éstos en detall, pero que entre tanto no ocurriera ninguna de estas emergencias, se continuara la derrota que seguía la corbeta, y con la cual se había salido del centro de la escuadra enemiga, sin que ésta lo pudiera impedir.

 

Así mismo fueron unánimes en acordar que nada podía influir en la suerte del Huáscar, lo que ocurriese con los otros buques de guerra.

 

Terminada esta acta firmaron los presentes:   Aurelio García y García, Nicolás Portal, Juan Salaverry, Emilio Benavides, Gregorio Pérez, Leopoldo Flores Guerra “

 

«La Unión” con otro comandante prestó después del combate de Angamos invalorables servicios a la causa peruana. El capitán de navío Aurelio García y García, siguió prestando servicios en otros cargos, estuvo en las Batallas de San Juan y Miraflores y llegó a cvvvvvvvcontralmirante.

 

 

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10.- Como informaron los diarios

 

“El Comercio”

 

El 9 de octubre en su editorial decía: “ El cable transmite una noticia que por su gravedad y trascendencia no nos ocultamos, pero que debemos de tener suficiente valor para recibir resignados, con tanta tranquilidad como sea posible sin anonadarnos...... El laconismo con que se transmite esa noticia es horrorosa....Pero mientras salimos de tan terrible ansiedad, el patriotismo aconseja resignación y firmeza y fe en los destinos de la República.”

 

Poco a poco fueron llegando nuevas informaciones del terrible suceso y “El Comercio” fue dando en nuevas ediciones, más noticias sobre Angamos, el “Huáscar” y la muerte de Grau, que el público leía anonadado.

 

En la tercera edición del día 9 de octubre, “El Comercio” decía en su editorial: “ Los telegramas de Arica que hemos publicado en nuestra edición anterior,  apenas permiten dudar de la pérdida del “Huáscar”. Una sola esperanza nos resta, y confiamos en que el Dios de las naciones, que tan poco propicio se nos ha mostrado esta vez, quiera que no sea defraudada esa esperanza: la que el monitor peruano haya sucumbido gloriosamente y sin que tengamos que lamentar otras víctimas que aquellas absolutamente indispensables para realizar el cruento sacrificio que la Patria ha exigido de los tripulantes del Huáscar. No perdamos tiempo en peligrosas recriminaciones, en lamentaciones estériles. No miremos atrás, miremos adelante. ¡ Que los desastres del pasado, en vez de inspirarnos desaliento, nos retemplen y den fuerzas para buscar en el porvenir las compensaciones que el honor y los intereses nacionales exigen”.

 

El Peruano

 

Al llegar la «Unión» a Arica llevó la noticia del combate, pero sin conocer su desenlace.  De Arica se hicieron el jueves 9 varios telegramas

Arica 9, a las 4.20 a.m. Ayer regresando el «Huáscar» y la «Unión», fueron aconchados por dos divisiones de la escuadra chilena 8.30 a.m. «La Unión», perseguida por tres buques, se retiró  viendo hasta las 10 a.m. combate  «Huáscar», «Cochrane», «Blanco Encalada».

Arica 9, a las 10.45 a.m..- Ayer a las 10.a.m. ha tenido lugar un combate entre el «Huáscar», «Cochrane» y «Blanco Encalada» en Mejillones de Bolivia. Probablemente el «Huáscar» haya sido completamente derrotado. Mando la Unión

 

“Herald” de Nueva York, del 10 de Octubre.

 

“No se necesita haber estado al lado del Perú en la infortunada guerra de Sudamérica para lamentar que el gallardo “Huáscar”, haya sido capturado por los chilenos. Algo que parecía buena suerte, pero que probablemente no era sino competencia en su manejo, ha colocado a este buque repentinamente  entre los más famosos que han surcado las aguas americanas. Ninguna empresa era demasiado grande ni demasiado pequeña para él.. Que mantenga su antigua reputación ahora que se halla en otras manos, es muy dudoso, porque comandantes tan hábiles como Grau no hay muchos.”

 

“Tribuna” de Buenos Aires, 11 de octubre.

 

“Grau murió, pero no ha muerto en la memoria de los argentinos, el nombre de ese gran titán de los mares. El “Huáscar”, la pesadilla de la escuadra chilena, Grau la pesadilla de los chilenos  inseparables eran el navío y el Contralmirante. La estrella polar de Grau era la Victoria, y antes de rendirse prefería la muerte.

Cruzaba en su imaginación una idea que pudiera en la practica dar buenos resultados a sus planes y sin titubear la aceptaba por más peligrosa que encontrara para realizarla ¡ ¡Antofagasta¡ ...gritó un día y se dirigió allí donde los buques chilenos se habían estacionado....En la oscuridad se deja ver un resplandor, era la alarma que cundía. El rayo de la guerra fulminaba tremendo sobre los buques chilenos y la corona de la victoria vino a posarse sobre las sienes de Grau. Hechos como éste pueden citarse muchos, consumados por el intrépido marino. Honor a él....Gloria eterna a los vencidos de Mejillones, el pueblo argentino que ha seguido con la simpatía más entusiasta los hechos gloriosos de Grau, quiere dedicar a su memoria el postrer tributo.”

 

“Times” de Londres, 10 de octubre

 

El “Huáscar”, es un buque histórico figurando en todos los combates navales en el curso de la guerra: ha bombardeado las poblaciones chilenas (sólo las fortificadas), perseguido y capturado buques transporte y ha sido por varios meses el terror de las costas chilenas. Al mando de un hábil y valiente oficial y tripulado por hombres excelentes, el “Huáscar” ha sido siempre un formidable adversario.

 

“Estrella” de Panamá, 11 de octubre

 

La noticia de la captura del «Huáscar» anunciada ayer 10, de Londres por cables, causará dolor en muchos pechos, hasta en los que simpatizaban con Chile. El denodado buquecito parecía tener vida encantada por la impunidad con que había llevado a cabo numerosas  y arriesgadas empresas a que con frecuencia lo llevaba su valiente comandante. Por otra parte, su comandante  el valeroso Contralmirante Grau había logrado la admiración de todos, sin exceptuar la de los enemigos menos obcecados. No dejaba en pos de sí poblaciones indefensas incendiadas, ni destruía vidas y propiedades innecesariamente; su conducta ha sido siempre la de un marino pundonoroso y la de un cumplido caballero. Puede decirse que hasta ahora el «Huáscar» ha sido el protagonista en la campaña de una y otra parte y el único elemento de actividad en la historia de la guerra.

 

“Bien Público” de Montevideo.

¡Grau¡..no es necesario enumerar la luminosa cadena de sus heroicidades, que ejecutó solo, contra vapores y baterías enemigas, con toda la grandeza y modesta majestad del héroe. La luz que iluminaba, será una luz inmortal.

 

 

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11.- Otros reconocimientos y brindis por Grau

 

            El escritor chileno Gonzalo Bulnes,  hermano del coronel Bulnes, capturado por Grau en el transporte «Rímac», escribió lo siguiente: Miguel Grau fue un gran marino que sacó todo el provecho posible del pequeño y glorioso barco que regía. Sus correrías tienen a menudo sello de audacia, siempre de inteligencia y destreza........exasperó al contendor y perturbó seriamente sus planes, y gracias a su valerosa actividad detuvo por dos meses la invasión exterminadora que aguardaba a las puertas de su patria......El «Huáscar» contuvo el avance de las fuerzas chilenas desde agosto hasta fines de octubre, proporcionando al Perú un tiempo precioso y último para adquirir elementos navales o para conseguir alianzas. Grau enalteció el nombre de su país y envolvió en un marco de grandeza el fin del poder naval del Perú.

 

Jacinto López, historiador venezolano, dijo: Con el «Huáscar», Grau hizo la campaña en la Guerra del Pacífico, retardando él sólo la invasión de su patria por las hordas de la conquista.....La portentosa nave peruana, burló y humilló cien veces a la flamante escuadra enemiga, imponderablemente superior en cañones, en corazas, en artilleros, en fuerzas veteranas en elementos de toda clase y en poder combatiente.

 

- El diario “El Heraldo” de Valparaíso, escribía el 25 de febrero de 1889, sobre el brindis que por Grau, hizo el marino argentino Manuel Barraza en una fiesta de marinos chilenos y argentinos. Dice el diario chileno:

 

Habíamos guardado silencio, acerca de un incidente que ocurrió en el Club Valparaíso, por respeto a nosotros mismos, pero ya que él ha salido de los linderos de la conversación, no podemos resistir a transcribir un suelto que acerca de ese suceso encontramos en un diario de Santiago, “El Independiente”

 

Decía, pues, que el cónsul argentino ofreció una comida a la oficialidad de la cañonera a la cual no asistieron los jefes de nuestra Marina que habían sido invitados, pero a la cual concurrió el Comandante General y oficiales.

 

En ella se gastaron las mismas cariñosas atenciones, la misma franca cordialidad, la misma fraternidad abierta que siempre han encontrado nuestros huéspedes desde que entraron por primera vez en aguas chilenas, al fondear en Punta Arenas, y que han encontrado después en Talcahuano y en Valparaíso. Cuando se retiraron de la mesa del Cónsul, uno de los presentes propuso ir a vaciar la última copa de champaña al Club Valparaíso, el centro social más escogido tal vez de nuestra ciudad.

 

Aceptada la invitación, se dirigieron todos al club, donde los marinos argentinos fueron presentados a los que allí estaban y donde se les atendió con la misma galantería, mientras se preparaba rápidamente la cena. Una vez en el comedor y llenadas las copas de champaña, el caballero chileno, propuso vaciarlas en homenaje a un guerrero americano que simbolizaba la fraternidad de Chile y la Argentina, y cuyo nombre glorioso, que vivirá siempre en la historia y en el corazón de los dos pueblos, sería perpetuo lazo de unión para ambos: en homenaje al general San Martín.

 

Como se ve, ningún recuerdo podía ser más cortés ni más oportuno en aquellos momentos en que se festejaba a oficiales de guerra argentinos. Se evocaba una gran figura de una epopeya común a Chile y aquella república (Argentina), y se colocaba así, en momentos de expansión y de afecto, a chilenos y argentinos a la luz fraternal de una gloria común.

 

Levantóse para contestar el brindis, uno de los marinos argentinos, y pidió una copa por otra figura inmortal de la historia americana, por un héroe legendario, cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente, por un marino que debió alumbrar al mismo océano en la reciente guerra del Pacífico, por uno de esos guerreros sublimes, ante los cuales el sentimiento de nacionalidad desaparece para dejar sólo en el alma el sentimiento de admiración..

 

Todos veían ya  brillar a flor de labios del marino argentino el nombre de Prat, y con la copa levantada esperaban que fuera pronunciado ese nombre  augusto y querido, para dar expansión a los sentimientos generosos del entusiasmo y la fraternidad..

 

El marino argentino, continuó diciendo: por un héroe eminentemente americano, por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar, debemos de tomar como ejemplo y como modelo; Señores, por Miguel Grau.

 

Difícil sería pintar la impresión que causaron estar palabras; una bomba que hubiera caído en medio de la sala, no hubiera producido un movimiento igual de estupor.

Las copas volvieron a caer llenas sobre la mesa y pasado el primer momento de asombro, que casi no había dejado lugar a la indignación, circuló naturalmente por los asientos un aire amenazador, duramente reprimido por el hidalgo sentimiento de encontrarse los ofendidos dentro de su propia casa.

 

El mismo comandante argentino, quedó sorprendido de la inesperada salida de su oficial y notando la impresión desastrosa que sus palabras habían producido, trató de salvar aquella situación imposible y dijo: Señores, mi compañero se ha equivocado sin duda; poco habituado a los nombres, ha confundido seguramente el de Grau con el de Prat; su intención ha sido pedirnos una copa por Arturo Prat.

 

La explicación no era excesivamente aceptable, pero el autor del brindis, se encargó de poner en claro las cosas:

 

      No Señores, insistió, he dicho Miguel Grau y no me he equivocado, mi intención ha sido una copa por Miguel Grau.

 

Aquello pasó de los límites de lo posible. Con secas y breves frases de protesta, todos se retiraron de la sala. Era el único camino que quedaba, si no quería darse a esa absurda escena un desenlace sangriento. La cadena de la hospitalidad ató muchos brazos que en otras circunstancias, se habrían levantado como el rayo en pos de la ofensa.

 

Como se puede apreciar, aún existía en Chile  sentimiento contrario al Perú,  y las heridas de la guerra no se habían cicatrizado, ni aún ante la evocación de Grau, el marino generoso, que había concitado en 1879 la admiración de los mismos chilenos.

 

Un año más tarde, con ocasión de la repatriación de  los restos de Grau y de los heroicos oficiales del «Huáscar» al Perú, menudearon en Chile las expresiones de alabanza para esa gran figura que fue Miguel Grau

 

 

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12.- El «Huáscar» en poder de Chile

 

            El «Huáscar» fue llevado a Valparaíso donde los chilenos, pusieron mucho ahínco en reconstruirlo de tal manera que a los pocos meses pudo entrar en servicio, dotado de poderosos cañones.

Después vino la invasión del Departamento de Tarapacá y la Batalla de San Francisco.-

 

En febrero de 1880, era Arica una plaza fuerte artillada y allí estaba la sede del comando de las fuerzas peruanas al mando del contralmirante  y general  ayabaquino Lizardo Montero. Contribuía a la defensa por mar del puerto de Arica el monitor “Manco Capac” que era como una batería flotante pues era lentísimo en el navegar y no desarrollaba más de una milla por hora, pero tenía un potente cañón de 500 libras. El barco estaba al mando del comandante José Sánchez  Logomarsino. También se encontraba en Arica el capitán de navío Juan More ( o Moore) esperando la terminación del juicio que se le había instaurado por la pérdida de la Independencia  en mayo de 1879 en Iquique.

 

El 25 de  febrero, hizo su aparición en la rada de Arica el «Huáscar» enarbolando el pabellón chileno y la «Magallanes». Al mando de esta flota estaba  el capitán de fragata Manuel Thompson, que estaba a bordo del «Huáscar». Como comandante de la «Magallanes» estaba Carlos Condell, el mismo que atacó a la “Independencia”, cuando ésta, encalló en Iquique, bajo el mando de Moore.

Thompson notificó el 27 de febrero   que iniciaba el bloqueo de Arica y empezó a cañonear el tren que en esos momentos salía  para Tacna, el que tuvo que guarecerse tras una loma. Los dos barcos chilenos se pusieron a  una distancia hasta donde no podían llegar los disparos del «Manco Capac» y de las baterías de tierra. En esa situación, Moore solicita al contralmirante Montero que le confíe momentáneamente el mando del «Manco Capac», para atacar a los chilenos,  para lo cual el monitor tenía que salir mar afuera. Ante la incredulidad de todos, Moore logró que el monitor desarrollara 7 millas por hora, y pudo así salir al encuentro de los chilenos y se trabó en  combate El «Huáscar» recibió un tiro que le removió una plancha de su blindaje y se retiró del combate.  A las 11 a.m. los dos barcos chilenos volvieron a la lucha y el “Huáscar» recibió otro certero cañonazo que  le causó la muerte del aspirante  Eulogio  Goicochea y otros dos tripulantes y nueve heridos, entre los que se encontraban el 2do. comandante  Emilio Valverde y el teniente 2do. Tomás Pérez.  En esta situación Thompson ordenó atacar con el espolón al «Manco Capac» y se dirigió a toda máquina sobre dicho barco y cuando estaba a 200 metros de distancia, otro tiro del «Manco Capac», se llevó el palo de mesana donde estaba el pabellón chileno y mató a Thompson. En su investida, el «Huáscar» pasó a  50 yardas del «Manco Capac» Eran las 2.30 p-m. Otros tiros del «Manco Capac» cayeron  sobre la «Magallanes» de los que tres fueron al casco y le causó un muerto y varios heridos, así como daños apreciables. El combate siguió hasta las 3.30 en que las naves chilenas se retiraron. El barco peruano llegó hacer once disparos y los chilenos más de cincuenta.

 

El Jefe de la escuadra chilena ordenó después que Carlos Condel asumiera el mando del «Huáscar». Chile ha considerado a Thompson como uno de sus héroes de la Guerra del Pacífico, pero era un oficial inepto y borracho.

 

El Jefe de la flota chilena, dispuso que en represalia, Arica fuera bombardeada por los blindados «Cochrane», el «Blanco Encalada» y crucero “Angamos” a partir del 29 de febrero hasta el 4 de marzo inclusive y tres veces por día. Los barcos chilenos se ubicaron a 6.000 metros de distancia, fuera del alcance de las baterías de tierra.

 

Posteriormente el «Huáscar» se sumó al resto de la escuadra chilena para poner bloqueo al Callao, pero nunca más fue el barco audaz y valeroso de antes. Era como un ente sin alma y es que esa alma fue Grau.

 

 

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13.- Piérola desconoce méritos de Grau

            El 21 de diciembre de 1879, aprovechando Nicolás de Piérola el viaje del Presidente Mariano Ignacio Prado a Estados Unidos, para comprar barcos, se apoderó del Gobierno y se declaró Dictador.

 

Piérola era un empecinado complotador que desde hacían diez años no había omitido recurso alguno para apoderarse de la Presidencia de la República. Para combatir una de sus revoluciones se tuvieron que emplear los fondos destinados a comprar dos blindados, que de haber sido adquiridos, Chile no se hubiera atrevido a declararnos la guerra. Grau que era un empecinado defensor de la Justicia y de la Constitución, se le tuvo que oponer constantemente el campo de batalla y en  la actividad política desde el Congreso, cuando el héroe fue diputado.

 

Piérola como nuevo gobernante descuidó totalmente la atención del Ejército del Sur, y no autorizó al ejército que había en Arequipa, a unirse a las fuerzas de Montero; de tal manera que cuando se dio el 26 de mayo de 1880, la Batalla del Alto de la Alianza, los ejércitos aliados de Perú y Bolivia fueron derrotados.

 

El viernes 28 de mayo de 1880, Piérola creó La Legión del Mérito, mediante un Decreto Supremo, que fue firmado por él y por su Secretario de Marina y Guerra Manuel Villar. Disponía también que se abriese  el Gran Libro de la República, y que en su primera página se inscribiera el combate de Pacocha, ocurrido en mayo de 1877 cuando Piérola tras de rebelarse y apoderarse del «Huáscar», fue declarado pirata por el Gobierno Peruano y se enfrentó a dos buques de guerra  ingleses  en   Pacocha. Esto  como  es  fácil  imaginar,  era  un  exceso  de  jactancia  y presunción, muy comunes en el Dictador.. Se instituyó la Cruz de Acero de Primera Clase de la Legión, para quienes se hubiesen hecho notar por acciones eminentes de valor o pericia militar, en mar o en tierra. La Cruz de Acero de Segunda Clase, se otorgaba  al mérito distinguido individual  y la Tercera Clase, al mérito distinguido obrado colectivamente. Acompañaba a la Cruz de Primera Clase, una pensión mensual vitalicia de quinientos Incas, nueva moneda de Piérola, que aún  no se había acuñado por que no había oro. Sólo cinco peruanos podían por el momento disfrutar de esa máxima condecoración. A los de Segunda Clase se les otorgaba además,  una pensión mensual de  doscientos Incas, y  se limitaban a cincuenta los condecorados. Para los premiados con Cruz de Tercera Clase, la pensión sería de cincuenta Incas, y no había límite para el número de condecoraciones a otorgar.

 

Se creaba, además,  el Gran Consejo de la Legión al Mérito, encargado de llevar el Gran Libro de la República. En el Libro se anotarían los hechos heroicos y notables así como el nombre de sus protagonistas. El 28 de julio de cada año, debía ser leído, las copias del contenido del libro y los escolares debían de aprenderlo de memoria..

 

Por el combate de Angamos, se otorgaron cruces de Primera Clase al capitán de corbeta Elías Aguirre  y al teniente 2ª Enrique Palacios. Se otorgó Cruz de Segunda Clase al contralmirante Miguel Grau y de Tercera Clase al Jefe de Estado Mayor Melitón Carvajal.

 

Al coronel Isaac Recavaren, se le otorgó Cruz de tercera Clase, así como al comandante Villavicencio,  de la corbeta  « La Unión», lo mismo que a sus oficiales y tripulantes, que habían roto el bloqueo de Arica y realizado otras valerosas acciones.

 

Al teniente 2ª José Gálvez  se le otorgó Cruz de Segunda, como a Grau y a su ayudante  Ugarte la Cruz de Tercera. El 24 de mayo, es decir, días antes Gálvez al mando de la lancha torpedera “Independencia” hizo volar su lancha, junto con la “Janequeo” lancha torpedera chilena de mayor calado. Como consecuencia resultó Gálvez con muy graves quemaduras siendo hecho prisionero por otro barco chileno, mientras que Ugarte pereció.

 

En la fundamentación para dar la Cruz de Primera se consideró a Palacios, como el comandante del Huáscar después de Aguirre lo que no correspondía a la realidad. Por ignorancia, o con intencionalidad no se consideraron condecoraciones para Ferré, Melitón Rodríguez y Pedro Gárezon. Debemos decir, en honor a la verdad, que Enrique Palacios, tuvo un comportamiento heroico, hasta el estoicismo.

 

Cuando el mencionado Decreto Supremo fue publicado, se levantó una general ola de indignación por la postergación que se hacía de Grau y el olvido de varios de sus heroicos oficiales. Todo por innobles sentimientos de revancha de Piérola. Pero el escándalo fue mayor cuando el día siguiente, el 29 de Mayo fue declaró feriado nacional en recuerdo del combate de Pacocha ocurrido en 1877.. También se mandaron a fundir dos modelos de medallones, que  se repartieron, En uno figuraba Piérola con  uniforme de mariscal y con la banda presidencia.l  En el otro medallón aparecía el rostro del capitán de navío Germán Astete que fue el que mandaba al «Huáscar» en Pacocha. Es decir que una fracasada intentona de armas, se elevaba a la categoría de gran efemérides nacional.. Con ocasión de la fecha se realizaron grandes festejos en Lima y ciudades importantes del país. Por la noche, Piérola brindó una suntuosa cena a 99 personas en el Hotel Francia, que con Piérola eran 100. Afuera, en la plaza de Armas, retreta, fuegos artificiales y otros festejos. Es decir, circo para el pueblo.

 

La gente sensata casi no tuvo tiempo para indignarse, porque el 29  ya llegaron a Lima los primeros rumores de que habíamos sido derrotados en el Alto del Alianza. Luego muy rápidamente se conoció  que en esa batalla,  habían sido aniquilados los ejércitos regulares de Perú y Bolivia.. Al amanecer del día 30, cuando aún los efectos de la bebida no habían desaparecido en los 100, los barcos chilenos que bloqueaban el Callao, dispararon 21 cañonazos, celebrando el triunfo del Alto de la Alianza y la toma de Tacna. Después vendría, la Batalla de Arica.

 

 

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14.- La Vda. de Grau recibe espada de Europa

 

            A fines de 1880, cuando  todo el sur del Perú a partir de Moquegua y Tacna estaban en poder de los chilenos y éstos se aprestaban a dar su golpe contra Lima, Doña  Dolores Cabero Vda. de Grau recibió una artística y costosa espada adquiridas por colecta de damas peruanas radicadas en Europa.

La comunicación con la cual se enviaba la espada, fue la siguiente:

 

París, Agosto 10 de 1880.

A la Señora Viuda de Grau.- Lima.

Señora.

 

            Las peruanas residentes en Europa, para quienes la ausencia y la distancia no han servido sino para acrecentar, si cabe,  el dolor que les causan las desgracias de su Patria, habían organizado una suscripción con el objeto de ofrecer a vuestro digno esposo, un testimonio de su profunda y sincera admiración por las glorias nacionales debidas a su pericia, bizarría y heroísmo, émulo de  Nelson, Churruca y de Gravina.

 

Desgraciadamente, la muerte que nada respeta y que a veces se complace en arrebatar a la Patria en peligro, el apoyo de sus mejores, más leales y valerosos hijos, vino en hora nefasta a tronchar harta prematuramente la vida del esclarecido marino, que ha inmortalizado las aguas del Pacífico con sus legendarias proezas y su mejor estoicismo.

 

Ese infortunio nacional, cuyo eco ha llegado hasta el fondo de nuestras almas, nos ha privado de la dulce satisfacción, que nos hubiera proporcionado, el ver entre las valerosas manos de vuestro malogrado esposo, la espada de honor, que en nuestro legítimo orgullo de peruanos, le teníamos destinada como  símbolo del temple acerado de su espíritu y de la firmeza de su esforzado, noble, cuanto generoso  corazón.

 

Pero ya que la Providencia en sus inescrutables designios no ha permitido que se cumplan todos nuestros patrióticos deseos, las que suscriben, en nombre de todas sus asociadas y en el suyo propio, os suplican, señora,  que os dignéis aceptar la espada que una muerte tan gloriosa, no permitió a vuestro esposo, esgrimir en defensa de la Patria; y esperan, además, que la conservéis como gajes de nuestra admiración y respeto hacia la memoria del insigne repúblico, cuya irremediable pérdida, llora con vos la Patria reconocida, y cuyo extraordinario heroísmo el mundo entero proclama..

 

Recibidla señora,  y transmitidla a vuestros amados hijos, como un modesto, pero elocuente testimonio de los triunfos conquistados por su valeroso y venerable padre..

Con sentimientos del más acendrado afecto, tenemos el honor de suscribirnos vuestras atentas amigas y obsecuentes servidoras.

 

Juana de Goyeneche, Clotilde de Candamo, Luisa de Canevaro, M.C. de Bryce, Carmen de Goyeneche, Josefa de Goyeneche, María de Althaus, Luisa de Dreiffus, Amalia de Barreda, Augusta de Marco Del Pont, Rosa y Josefa Barreda, Josefa de Cisneros, Francisca de Canevaro,  Virginia de Herren, Juana A de Dammert, Jesús de Paredes, Manuela de Iturregui; Juana de Zelaya, Josefa de Corzo, María del Solar, Pina de la Barreda, Josefina Debarbiere  y Vila de Olano.

 

La espada era una verdadera joya. La hoja estaba confeccionada en acero toledano. La empuñadura de oro había sido ejecutada por el orfebre francés  Mauricie Forment, con profusión de labrados y repujados. El arco de la empuñadura lo conformaba un ángel apoyado en ramas de laurel y con las manos sosteniendo una  corona de olivo. Entre la empuñadura y la hoja, hay un escudo peruano y un sol radiante. Una argolla sirvía para amarrar en ella una cintilla con los colores patrios. La empuñadura estaba esmaltada y tenía perlas engastadas.

 

En la actualidad se encuentra en el Museo Naval del Perú en una muy segura bóveda de cristal, pues su valor espiritual y material es  muy alto. Una réplica de ella está en la Casa Museo Grau de Piura.

 

 

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15.- La muerte del coronel Gómez

 

            El coronel Manuel María Gómez, era un caballero trujillano, casado con Dolores Grau Seminario, la hermana mayor del contralmirante Grau, quien lo estimaba mucho. Al estallar la guerra, el coronel Gómez se encontraba en situación de retiro, pero cuando en enero de 1881 el enemigo se acercó a Lima, de inmediato se enroló en las fuerzas que defendían a la ciudad. Como puesto de combate se le asignó el reducto Nª 2.

 

La defensa de Lima tuvo como primera línea de combate a San Juan donde el día 13 se libró una primera acción de armas, y la segunda y última línea de defensa estaba ubicada en Miraflores, donde se habían construido siete reductos. Entre reducto y reducto, fueron ubicados soldados que habían pertenecido al ejército regular

 

En el extremo derecho, apoyándose en el acantilado, había una fuerza de 320 soldados. Luego venía el Reducto Nª 1  al mando de don Manuel Lecca que actuaba como coronel.. A continuación venía una División de Ejército al mando del coronel Andrés Avelino Cáceres, que estaba compuesta entre otros cuerpos, por  el Batallón Guarnición de la Marina, al mando del capitán de navío Juan Fanning, También estaban allí, los restos del Batallón Piura, sobrevivientes de la batalla de San Juan. Venía luego el Reducto Nª 2, junto a la línea del tren Lima-Chorrillos, que era defendido por el Batallón de Reserva    4, de  300  hombres  que  estaban  al  mando  del  coronel  Ramón  Ribeyro. Después  se encontraba ubicada la División del Centro al mando del coronel Belisario Suárez y a continuación  estaba el Reducto Nª 3 defendido por 280 al mando del abogado, improvisado coronel, Narciso Colina.. Luego venían otros cuatro reductos más y otras fuerzas y al extremo izquierdo la reserva de 4.000 hombres al mando del coronel Juan M. Echenique.

 

El coronel Ramón Ribeyro, era en realidad un abogado, y magistrado que se desempeñaba como profesor en la Universidad de San Marcos y había sido años antes Vicepresidente de