Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO II

Se prepara la Conquista

 

01.- Antecedentes.

02.- Pasan los años y se gana experiencia.

03.- El contrato.

04.- El imperio del Sol.

05.- Los españoles en Paita.

06.- Pizarro y las capullanas.

07.- Honores y mercedes

08.- Francisquillo y Fernandillo.

09.- Juanillo de puerto Viejo.

10.- Contrato para la conquista

 

03.- El Contrato     

Los tres socios resolvieron formular un contrato, de tipo mercantil para acometer la gran empresa. Dos socios  como pobres que eran  ponen su trabajo, esfuerzo y el riesgo de sus vidas, y el tercero socio pone el dinero. Las utilidades se distribuirían  por partes iguales. Los españoles de la época, tan amigos de las cuestiones legales, hicieron el contrato con las formalidades del escribano y para que no faltase nada, decidieron recurrir a Dios y ponerlo como testigo. Por eso comulgaron los tres de una misma hostia. Muchos aseguran que Pizarro no pudo firmar el Contrato por estar  en esos momentos ausente de Panamá. Por lo tanto  su firma fue imitada..

El texto del contrato lo estamos dando aparte.

Los socios prepararon un segundo viaje, pero en esta oportunidad, el gobernador Pedro Arias Dávila no estaba dispuesto a dejar salir a los expedicionarios en vista de las muchas bajas tenidas en el primer intento. Al final, accedió pero siempre que otro capitán más compartiera el mando de la expedición con Pizarro. Se asegura que sin conocimiento de Pizarro, pero sí de Luque se llegó a la transacción de nombrar a Almagro, capitán. Cuando esto lo supo Pizarro se disgustó mucho pero lo disimuló. Salieron entonces los dos capitanes el 10 de marzo de 1526 rumbo al sur en dos barcos con 160 hombres. Como piloto tenían a Bartolomé Ruiz, que condujo la expedición hasta la zona del río San Juan, lugar hasta donde había llegado antes Almagro, en la región central de la costa colombiana. Allí desembarcaron y encontraron algunos pueblos indígenas, apropiándose de una regular cantidad de oro.

Se decidió que Almagro en uno de los barcos volviese a Panamá con el oro para obtener más abastecimiento y gente, mientras que el piloto Ruiz con el otro barco seguía explorando hacia el sur. Este marino cruzó la línea equinoccial y llegó hasta la bahía de Atacames ubicada en la actual provincia ecuatoriana de Esmeralda.             

En alta mar, Ruiz vio a lo lejos un barco de apreciables dimensiones con una vela latina que viajaba de sur a norte. Su alarma fue grande porque creyó que otro navío hispano les había ganado la delantera, pero al acercarse su sorpresa fue mayor al comprobar que se trataba de una gran balsa tumbesina tripulada por 15 indios jóvenes y dos mujeres que transportaban una gran cantidad de pieles, telas, vestidos, objetos de oro y plata para comerciar. Era la primera vez que los españoles veían el uso de velas en barcos indios, así como también se asombraron de una balanza ordinaria de gran precisión. Aparte de eso tuvieron una información más cierta del gran imperio de los Incas.    

Con relación al origen de los tripulantes de la balsa y de su número, los historiadores no se han puesto de acuerdo. Mientras que Juan José Vega, y antes Julio Tello, dicen que provenía de Salango o Salangone, pueblito situado frente a la isla del mismo nombre, en la costa ecuatoriana del Mantas por lo que no llama la atención que quien más haya defendido esta tesis sea el historiador ecuatoriano Emilio Estrada. Otros afirman que eran de Tumbes, como Mendiburo al hacer la biografía del piloto Ruiz, Eudoxio Ortega en “Historia General del Perú”, Carlos Romero en “Revista Histórica del Perú”, Gustavo Pons Muzzo, Rubén Vargas Ugarte en I Tomo de “Historia del Perú Antiguo”, José del Busto Duthurburu en “Historia Interna del Perú” que llegó asegurar que “los tallanes y los indios de Puná eran los únicos que usaban velas latinas”. También Raúl Porras Barrenechea en su obra “Pizarro”, Clemente Markam en “Historia del Perú”, Guillermo Prescott, el cronista Cieza en la  “Tercera Parte de la Crónica del Perú” y el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes en “Breve Historia General del Ecuador”. Lo mismo reconocen otros historiadores ecuatorianos.

El historiador Hermann Buse, en el Tomo II, Volumen 2 de “Época Prehistórica” de la Colección “Historia Marítima del Perú”, dedica desde la página 424 hasta la pagina 442 a demostrar que la balsa era de Tumbes, bajo los títulos: “La Balsa que encontró Bartolomé Ruiz”, “La referencia a Salango”, “La Balsa era de Tumbes y portaba cultura Incaica”.

Estrada se apoya en la llamada Relación Sámano Xérez, que fue la versión que copió Juan Sámano, secretario de Carlos V de un documento de Xérez existente en la biblioteca de Viena. En la mencionada relación se dice que la balsa era de Calangane.          

Cieza de León dice: “Y navegando su camino otro día, a ora de nona, vieron venir por la mar una balca tan grande que parecía un navío y arribaron sobre ella con la nao y tomárosla con quinze o veyte indios que en ella venían vestidos con mantas, camisetas y en ávito de guerra; y dende a un rato vieron otras quatro balcas con jente. Respondieron quellos eran de Tumbez, que salían a dar guerra a los de la Puná que eran sus enemigos y así lo afirmaron las lenguas que traían. Como emparejaron con las otras balcas, tomároslas con los yndios que venían en ellas, haziéndoles entender que no los detenían para los tener cautivos ni para los detener, sino para que fuesen juntos con el a Tumbez”.

Los españoles que al mando de Pizarro quedaron en San Juan sufrieron muchas penalidades porque en los alrededores no habían alimentos y los indios les eran hostiles. A causa de enfermedades murieron muchos, y otros más por los ataques a flechazos de los naturales.

El retorno de Ruiz a San Juan alentó a los expedicionarios, y más todavía la llegada de Almagro con 40 soldados y abastecimientos. El gobernador Pedro Arias había sido reemplazado con Pedro de los Ríos que con ciertos titubeos permitió la salida de Almagro. Los dos socios y el piloto Ruiz, partieron en los dos barcos al sur y desembarcaron en la isla del Gallo, tras un descanso allí de dos semanas continuaron hasta la Bahía de San Mateo donde desembarcaron y por tierra llegaron al pueblo de Tacamez que al principio los recibió bien. Consideró conveniente Almagro retornar a Panamá para buscar más abastecimientos y refuerzos, pero Pizarro le enrostró de estar buscando lo más fácil y cómodo mientras él pasaba penalidades suscitándose una agria discusión, proponiendo entonces Almagro quedarse y que Pizarro fuera a Panamá pero éste rehusó. Al final se convino en el viaje de Almagro, debiendo esperar Pizarro en la isla del Gallo para evitar ataques de los indios. Entre los expedicionarios había mucho desánimo y la mayoría quería regresar y costó mucho trabajo a los socios y al piloto Ruiz convencerlos de permanecer en la isla, los que en total eran unos 80. Pizarro quedó con un navío, pero al mes lo envió a Panamá para que fuera reparado y sirviera a Almagro en el transponte de gente y abastecimientos. Fue en este barco, que escondido en un ovillo de algodón fue enviado un memorial con quejas a la esposa del gobernador que terminaba con la siguiente cuarteta:

                        Pues Señor Gobernador,

                        mírelo bien por entero,

                        que allá va el recogedor

                        y aquí queda el carnicero.

El gobernador de los Ríos montó en cólera. Se pudo establecer que en las dos expediciones habían muerto nada menos que 180 hombres y que de los 80 que habían quedado en la isla del Gallo, 30 estaban en muy mal estado de salud y con riesgo de morir. También se hacía  conocer en las quejas que no menos de 500 indios auxiliares llegados con los expedicionarios habían muerto, dato éste de mucha importancia, pues la historia sólo toma cuenta de los españoles que se embarcaron, que enfermaron o murieron..

Se abrió una investigación, y la misma evacuó pronto un informe expresando que la expedición no debía abandonarse, y más bien convenía enviar un refuerzo de gente, pero  había que dejar en libertad a los que querían retornar a Panamá y recoger también a los enfermos. Para cumplir todo lo anterior el gobernador, envió a la isla del Gallo una embarcación con el capitán Tafur. Este fue también portador de dos comunicaciones, una de Almagro y otra de Luque en donde lo animaban para que no desistiera en ninguna circunstancia y le ofrecían que pronto acudirían con refuerzos. Pizarro tras discutir con Tafur, se dirigió a la playa y delante de todos los expedicionarios, exclamó señalando hacia el sur: allá se va la riqueza y luego apuntando al norte dijo: por allá se va a Panamá a ser pobre. El que sea buen castellano que elija.

Con su espada trazó una raya en la arena. En tropel los soldados pasaron al lado de los que deseaban retornar. El primero que decidió continuar con Pizarro fue el piloto Bartolomé Ruiz, al que siguieron Cristóbal de Peralta, Nicolás de Rivera, Pedro de Candia, Domingo de Soraluce, Francisco de Cuellar, Alonso de Molina, Pedro Alcón, García de Jerez, Antón de Carrión, Alonso Briceño, Martín de Páez, Juan de la Torre y Martín Trujillo. Con Pizarro quedaron 13, ya que Ruiz regresó en el barco de Tafur llevando instrucciones de Pizarro a Almagro. Esos hombres son conocidos en la Historia como los “Trece de la isla del Gallo”, los "Trece de la fama"

Días más tarde, Pizarro utilizando una canoa se trasladó con su puñado de gente a la isla de la Gorgona 25 leguas más al norte, por ser más segura y saludable. Allí estuvieron 7 meses, tiempo que fue necesario para lograr convencer al gobernador Ríos de permitir que el piloto Ruiz y Almagro retornase en apoyo de Pizarro. En la isla los españoles fueron auxiliados por una capullana.

Cuando los socios se volvieron a juntar, al regresar Almagro con nuevos refuerzos, resolvieron incursionar con el barco recién llegado hacia el sur. Llegaron al golfo de Guayaquil, visitaron Tumbes, siguieron hasta el río Santa y recogieron noticias ciertas de la existencia del fabuloso imperio de los Incas, lo cual hizo que los dos socios se reafirmasen en los propósitos de conquistar ese fabuloso país.

Antes de seguir avanzando, con el relato, hay que advertir que la Historia en una injusta discriminación, sólo menciona a los 13 españoles blancos como los únicos que quedaron solitarios y abandonados en la pequeña isla del Pacífico. No es así. Allí también quedaron los cinco tallanes tripulantes de la balsa tumbesina, un esclavo negro y varias decenas de indios centro americanos auxiliares.

De ahí en adelante, cuando se hable del número de combatientes, o de muertos en las luchas, o de los vecinos que fundaron ciudades; la contabilidad sólo funcionará para los blancos conquistadores.

Los negros, desarraigados de su mundo africano, separados de su familia y de todo lo que le era querido, sólo serán considerados como una “cosa”, no obstante lo cual y a pesar de su anonimato, fueron factor importante en la conquista, y en las guerras civiles y tuvieron a su cargo las más duras faenas. Para ellos el trabajo extenuante, el trato brutal y los mayores riesgos compartidos con los indígenas auxiliares y al final de todo, el olvido de la historia. Para el blanco sería el poder, la gloria y la riqueza; los hábitos de Santiago, las espuelas doradas, los marquesados, mariscalatos y los escudos de nobleza. Los negros serian llamados piezas de ébano, y se contarían como parte del patrimonio, tanto como se tenían caballos o vacas.

El padre Vargas Ugarte, expresa que también quedaron en la isla del Gallo, el bachiller Gonzalo Hernández y el franciscano Juan de los Santos.

Cieza de León, asegura que el incidente de la isla del Gallo, fue en septiembre de 1527, lo cual es contradicho por el general Manuel de Mendiburu, que manifiesta fue mucho antes.

Contrato de Panamá

 

EL CONTRATO DE PANAMÁ

 

Para iniciar la conquista de las tierras que llamaban del Perú, los tres socios: el clérigo Hernando de Luque y los capitanes Francisco Pizarro y Diego de Almagro, firmaron el 10 de mayo de 1526, firmaron un contrato al estilo de una empresa mercantil, donde se comprometían a repartir las ganancias por partes iguales..Luque financiaría la expedición con dinero del Licenciado Gaspar Espinoza.

 

 

 

 

Los tres socios

 

LOS TRES SOCIOS COMULGAN

Tras firmado el contrato para la conquista del Perú, el clérigo Hernando de Luque, ofreció una misa en la que los tres socios: Luque, Pizarro y Almagro, comulgaron de una misma hostia, lo que equivalía poner a Dios como testigo.

La misa se celebró en el templo de Panamá.

 

Segundo viaje

SEGUNDO VIAJE

Después del Contrato, los socios, con la oposición de Arias Dávila,  iniciaron el 10 de marzo  de 1526, un segundo viaje en dos barcos. Al llegar al Río San en el actual límite entre Colombia y Ecuador, se resolvió que Almagro regresara Panamá por víveres, mientras el piloto  Bartolomé Ruiz exploraba con el otro barco, los mares del sur.

 

Ruiz y la balsa tallan

RUIZ Y LA BALSA TALLÁN

 

En el segundo viaje  de Pizarro, realizado  en marzo de 1526, partieron dos barcos, y llegaron hasta la desembocadura del río San Juan. Allí desembarcó temporalmente Pizarro y envió al piloto  Bartolomé  Ruiz en un barco a explorar la costa sur.  Cuando ya había navegado bastante y estaba en alta mar, pudo apreciar Ruiz, que a lo lejos se veía una barca grande con una vela latina. El marino español se sobresaltó mucho al pensar que otros españoles se les habían adelantado en la empresa de conquistar el Perú, porque bien conocía que los indios usaban pequeñas balsas sin velas. Pero su asombre fue mayor, cuando al acercarse, vio que era una gran balsa india  con vela tripulada por 20 nativos hombres y mujeres. Hay algunos historiadores que aseguran que la balsa era ecuatoriana, pero la mayoría  de cronistas e historiadores afirman que era   de Tumbes. . El cronista Cieza de León, dice que cuando Ruiz preguntó a los indios su procedencia, “respondieron  que ellos eran de Tumbes que salían a dar guerra a los de la Puná que eran sus enemigos”. Luego se acercaron otras  4 balsas más.

Balsa tallan

 

Balsa tallán

BALSA TALLÁN

 

Los tallanes fueron gente muy marinera. En sus balsas usaban velas pues conocían la dirección de los vientos.

Por el norte avanzaban hasta Colombia y por el Su hasta el Imperio Chimú.

Llevaban cargas hasta de 20 toneladas.

La balsa que mostramos es el tipo mayor y hasta contaba con un ambiente para protección de los navegantes. Disponía de una gran vela latina.

 

Francisco Pizarro en la isla del Gallo

FRANCISCO PIZARRO EN LA ISLA DEL GALLO

 

Mostramos una copia del óleo del pintor J, Lipiani que se encuentra en el Museo Nacional de Historia.

El episodio ocurrió durante el segundo viaje.

Se muestra a Pizarro en actitud retadora frente al Capitán Tafur al momento de iniciar el violento diálogo. En el cuadro aparece todos los españoles tras de Pizarro, pero momentos después cuando el Conquistador, forzó una definición, casi se quedó sólo, con solo 13, que después el Emperador ennobleció. Bastó que uno se fuera al campo de los que deseaban regresar a Panamá, para que en tropel hicieran lo mismo casi todos. Lo que pasa es que el miedo es contagiante. No se crea que Pizarro, solo se quedó con los 13 españoles. También habían indios nicaragüenses y negros esclavos, pero la contabilidad de la historia es segregacionista. Solo cuenta a los blancos.

Isla del Gallo

Isla del Gallo

La isla del Gallo está situada frente a la costa central de Colombia. Como tenía pocos recursos para sostenerse, Pizarro se trasladó a otra isla más al norte  llamada La Gorgona y allí espero a Almagro

 

 

 

 

 

 

 

 

Pizarro vivió varios meses primero en la isa del Gallo y luego en la isla de la Gorgona

Pedro de Candia en Tumbes

Después del episodio de la isla del Gallo, Pizarro con los refuerzos y barcos que le envió Almagro, siguió su viaje al sur y al pasar por Tumbes hizo desembarcar a Pedro de Candia.

Lo hizo con armadura completa lo que impresionó a los indios y el disparo del arcabuz, los llenó de temor y le dijeron Hijo del Trueno, o sea una especie de semi dios.

Candia hizo un elato exagerado de la importancia de Tumbes para animar al Conquistador.

 

La Capullana

LAS CAPULLANAS

 

Pizarro en su segundo viaje tuvo contacto con varias capullanas.

Este gráfico es una versión de Martínez  Compañón hecha en 1783 o sea muchos años después de las capullanas prehispánicas.

No coincide con la versión del cronista fray Reginaldo Lizárraga.

En la actualidad en Sullana, se tiene un ceramio único, encontrado en el caserío Vista Florida que representa a una mujer principal o capullana con el ropaje que bien pudo ser el usado en invierno

 

Capullanas reciben a Pizarro

CAPULLANAS RECIBEN BIEN A PIZARRO

En su segundo viaje Pizarro al recorrer las costas del Imperio. fue bien recibido por cuando menos tres capullanas, que le ofrecieron festejos y regalos.

 

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