Capítulo III

CAPITULO III

 

 

PERÚ: PAÍS EN LA MISERIA

 

 

·        Trágico suceso al empezar 1886

·        Muere Patricio Lynch

·        Proclamación del general Cáceres

·        Eusebio Merino Vinces, juez de paz

·        Disolución de la Compañía de Jesús

·        El Perú:  un país en la miseria

·        Las viejas deudas de Balta

·        Ferrocarriles y petróleo por deudas

·        Cipriano Coronel Zegarra, ministro de Justicia e Instrucción

·        Muere el coronel Ambrosio del Valle

·        Gavino Artadi se nacionaliza peruano

·        El cólera y la fiebre amarilla amagan

·        Los restos de los defensores en abandono

·        Inauguran el F.C. Paita a Piura

·        Reclamos de Ecuador

·        Reabren el Colegio San Miguel

·        Acusan al doctor Yarlequé de querer apoderarse de campos de Sullana

·        Examen en colegio de niños en Sullana

·        Hacendados obligados a componer caminos

·        Velorios y casamientos

·        Estatua  al cura Mori

 

 

Trágico suceso al empezar 1886

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Sin soldados chilenos que estuvieran hollando el suelo nacional; con la certeza de que el Héroe de la Breña símbolo de la dignidad nacional sería el próximo presidente constitucional del Perú, había un cierto renacer en las esperanzas para esta Patria exangüe.

 

En el departamento de Piura se había iniciado el ajetreo político.  Entre los candidatos para senadores y diputados había de todo.  Algunos eran personajes muy conocidos y de gran representatividad, pero otros eran personajes  de  segundo nivel.  No faltaron también los que fueron impuestos por las cúpulas políticas que a nivel nacional manejaban desde Lima los hilos de los acomodos tal como ha sucedido  en todo tiempo y lugar, no importando que fueran ilustres desconocidos. Tal el caso de Luis Felipe Villarán, abogado y jurisconsulto limeño de nota, al cual los piuranos no conocían, pero resultó elegido senador por Piura.

 

 

Al general Cáceres como candidato, no le salió ningún contendor.   El  iglesismo había sido como un suceso fugaz y  desapareció totalmente del escenario político.   Como único opositor, quedó el Partido Demócrata de Nicolás de Piérola sin atreverse a llevar candidato presidencial.

 

En medio de todo eso, y cuando la iniciación del nuevo año redoblaba las esperanzas, se produjo el primer accidente en la todavía  no inaugurada línea del ferrocarril que por entonces sólo llegaba hasta Sullana.  Un tren que conducía a un batallón de infantería descarriló a la altura de La Huaca el  3 de enero, resultando una gran cantidad de muertos y heridos.  En memoria de los que fallecieron se colocó una placa recordatoria en la iglesia próxima.

 

 

 

Muere Patricio Lynch

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Uno de los hombres más nefastos para el Perú, que constituyó un producto de la guerra, fue sin duda Patricio Lynch.  De ascendencia escocesa, había sido antes del conflicto enviado a Europa por su Gobierno para hacer adquisiciones navales.  Cuando estalló la guerra era capitán de navío y ocupaba el cargo de consultor del Ministerio de Guerra y Marina de Chile.  Fue comisionado por el Gobierno de su país para acompañar a embarcarse  a José Antonio de Lavalle en Valparaíso cuando retornó al Perú después de su fallida misión des paz en 1879.  En “Mi Misión en Chile en 1879 cuenta Lavalle lo siguiente:  “Hacía mis últimos arreglos de marcha, cuando se me presentó el capitán de navío  don Patricio Lynch, entonces  consultor del Ministerio de   Guerra y Marina, muy fino y bien educado caballero......manifestándome que tenía orden de S.E.  el Presidente de ponerse a las mías hasta mi salida de territorio chileno”.

 

Este tan ponderado caballero, se convirtió más tarde durante la guerra en el feroz depredador  que con su escuadra fue destruyendo, incendiando, saqueando, robando, los indefensos pueblos del norte del Perú, entre ellos Paita.  Posteriormente, fue el feroz jefe de ocupación de cuya presencia no pudimos librarnos, sino meses más tarde de firmado el tratado de Ancón  cuando en marzo de 1884 la Asamblea Constituyente lo ratificó.

 

Los mismos chilenos lo llamaban  El  Príncipe Rojo”, porque parecía sediento de sangre.

 

El 14 de mayo de 1886, se supo en Valparaíso por un cable llegado desde las islas Canarias de España, que el ya contralmirante Patricio Lynch, había fallecido repentinamente al bordo del “Cotopaxi”, cuando viajaba de Chile a España.  Su cadáver fue embalsamado y desembarcado en la isla  de Tenerife del archipiélago de Las Canarias, de España, situadas frente a las costas africanas.  Posteriormente los restos se enviaron a Chile en donde se le tiene como un héroe nacional.

 

 

 

Proclamación del general Cáceres

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En el departamento de  Piura y en el Perú entero el triunfo de Cáceres fue total y eso determinó también el triunfo de los senadores y diputados que lo apoyaban.

 

En Piura resultaron elegidos como senadores, el coronel Fernando Seminario Echandía, el doctor  Ricardo Wenceslao Espinosa y el jurisconsulto limeño Luis Felipe Villarán.  Como  diputados titulares Genaro Helguero, Nicanor Rodríguez, Félix Manzanares, Pablo Seminario y Augusto Vegas.  Como diputados suplentes, el doctor Manuel Yarlequé Espinoza, José Lama Arismendi, Julio Morales Cavero, Máximo Espinoza y Pedro Castro Araujo

El triunfo del coronel Fernando Seminario Echandía., el popular “gato” había sido arrollador dada su fidelidad a Cáceres.

Ricardo Wenceslao Espinoza era natural de Huancabamba. Había sido diputado por esa provincia en dos oportunidades, ministro  de Gobierno del Presidente Pardo y había desempañado importantes cargos en el Poder Judicial.

 

Luis Felipe Villarán, no era conocido en Piura, pero era un acaudalado e influyente personaje limeño adicto a Cáceres lo que permitió su inclusión en la lista de Piura.

 

Al iniciarse el año se había venido desempeñando como prefecto, Augusto Vegas que había sustituido al prefecto Federico Moreno, pero al ser elegido como diputado, fue reemplazado interinamente en el cargo prefectural por Francisco Antayo hasta que fue nombrado el comerciante Federico Ramos.

 

Reunido el nuevo Congreso, se expidió la ley del 2 de junio de 1886 que proclamó como presidente constitucional de la República a don Andrés Avelino Cáceres, como primer vice-presidente al coronel Remigio Morales Bermúdez y como 2do. vice-presidente a Aurelio Denegri.

Morales Bermúdez había acompañado a Cáceres en toda la Campaña de la Breña

 

Al día siguiente, el nuevo presidente asumía el alto cargo en medio del desbordante entusiasmo de la multitud. El discurso del mandatario ante la representación nacional fue breve y reconocía que la situación en general era poco menos que catastrófica.  La banda presidencial le fue impuesta por Francisco Rosas, presidente del Congreso.  Luego seguido por una delirante multitud y pasando por varios arcos triunfales, el general Cáceres recorrió a pie el jirón de la Unión, desde la Plaza de la Inquisición hasta Palacio de Gobierno.  Desde los balcones, las damas le arrojaban flores y por las noches se quemaron fuegos artificiales.  El regocijo y los festejos duraron varios días.

 

En el resto del Perú donde la imagen de Cáceres era casi venerada, el entusiasmo fue igual o mayor.

 

En el departamento de Piura Cáceres tenía muchísimos partidarios.  En las sierras de Ayabaca, los montoneros de Eloy Castro, Merino y Carnero habían mantenido vivo el espíritu patriótico y de adhesión a  Cáceres cuando éste encarnó la resistencia y el honor nacional.  En la ciudad de Piura, era el barrio norte o mangachería, tradicionalmente cacerista, en donde se celebró en forma más  bullanguera el triunfo y la exaltación presidencial de Cáceres.

 

 

 

Eusebio Merino Vinces, juez de paz

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            Al iniciarse el mes de febrero de 1886, el Concejo Provincial de Paita, nombraron síndicos del Concejo Distrital de Sullana a Juan José Cornejo y a Eusebio Merino Vinces.

 

            La juramentación del primero se efectuó el 23 del mismo mes, pero no así con Merino, cuyo nombramiento fue impugnado por estar en esos momentos ejerciendo el cargo de juez de paz primero.

 

            Ínfimo cargo para un combatiente del morro de Arica y compañero de Cáceres en la resistencia de Breña, en los momentos mismos en que los pueblos aclamaban al general y que en breve lo llevarían a la máxima representatividad nacional.

 

 

 

Disolución de la Compañía de Jesús

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            Pocas congregaciones religiosas como las de los jesuitas, despertaron en reyes y en poderosos tantos recelos, por el poder económico y la ilustración que siempre tuvieron sus miembros.

 

            Cuando el poder español estaba ya por llegar a su término en América, fueron expulsados de estos territorios no obstante el catolicismo de los reyes de España.

 

            En la República, por ley del 20 de noviembre de 1855 se prohibió el establecimiento de la Compañía de Jesús en el Perú.  Sin embargo los jesuitas lograron fundar el Colegio de la Inmaculada, y para lograrlo nunca se identificaron sus fundadores como jesuitas.

 

            Al producirse la derrota de San Juan y Miraflores, el general Cáceres  herido fue a refugiarse al Colegio de la Inmaculada convertido en Hospital de Sangre.  Allí el superior de los jesuitas P. Gumercindo Gómez de Artecge lo curó y protegió alojándolo en sus propias habitaciones, para sustraerlo a los chilenos que lo buscaban afanosamente y cuando estuvo bastante mejorado le facilitó la huida de la sierra.

 

            El 23 de octubre, la Cámara de Diputados acordó por 65 votos contra 18 la disolución de la Compañía de Jesús en el Perú.  El 4 de octubre el Senado confirmó tal expulsión por una diferencia de sólo 4 votos y el 25 terminó el período de sesiones.

            Cáceres vetó la ley y la devolvió al Parlamento, pero los jesuitas en vista del clima hostil que se había creado estimulado por algunos periódicos y los grupos anticlericales, resolvieron recesar el colegio el día 26, y sus miembros pasaron a Ecuador, Bolivia y España.  Sólo unos pocos quedaron en  Lima, entregando el 31 de diciembre el local a la prefectura.

 

            Todo el problema se había producido por la publicación de una obra llamada “Historia Compendiada del Perú” escrita por el jesuita Ricardo Cappa, ex –marino en donde hace la apología del Coloniaje y ataca a los Libertadores.

 

            Quien inició el ataque con virulentos artículos fue don Ricardo Palma, le siguieron las Logias Masónicas Nº 5 y Nº 161 que publicaron un opúsculo y luego los anticlericales.

 

            El general Cáceres con todo su gran prestigio trato de aquietar los ánimos.  Su actitud no podía ser otra por cuanto la protección que él recibió entre el 17 y 21 de enero de 1881, no sólo lo salvó a él, sino que permitió la realización de la gloriosa jornada de la Breña.

 

            Año y medio más tarde, y como sucede con los limeños, ya todo se había olvidado y el Colegio La Inmaculada pudo volver a reabrir sus puertas en mayo de 1888.

 

            En Piura no había jesuitas, ni antes habían abierto conventos o escuelas o iglesias; pero algunos periódicos se ocuparon con profusión del asunto y se tornó tema del día.  En la ciudad había un fuerte grupo anti-clerical que atacó a los religiosos y se exacerbó el espíritu patriótico, pero en la mayoría de la población más pudo el arraigado catolicismo, y por tal motivo el criterio prevaleciente era que se había actuado con excesivo rigor.

 

 

 

El Perú: un país en la miseria

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            Para que se tenga una idea de la situación del Perú al terminar la guerra con  Chile damos lo expresado por el doctor Basadre en “Historia de la República del Perú”.

 

            Al empezar el período de la reconstrucción y durante varios años, la miseria pública y privada fue muy grande.  Hasta familias de la aristocracia solían pasar hambre; muchas de ellas ocultaban altiva y penosamente sus penurias.  El dinero se prestaba entonces al 1  ½ y al 2 por ciento de interés mensual y medraban los usureros y explotadores que se llevaban en hipotecas con retro-venta, propiedades que habían costado diez veces más.  La renta de 150 y 200 soles mensuales era considerada alta y había quienes sostenían una familia con 70 soles y empleados que ganaban 25 y 40 soles.  El dinero fiscal demoraba en el pago de los sueldos y no alcanzaba a abonar las listas pasivas (cesantes)......Hacia 1889 en Lima no transitaban sino cinco coches particulares y noventa coches de plaza estilo coupé (a tracción animal).  Considerábase  que  sólo habían quedado cuatro millonarios:  Sevilla (en Pacasmayo), Candamo, Oyague y Barreda.  Raro era ver en las calles a un hombre vestido con trajes nuevos y elegantes; y la gente decía que debía ser un extranjero.  En la juventud sólo tenían dinero, algunos estudiantes acomodados de provincias y quienes en raros casos estaban colocados en el alto comercio o en los mejores sitios de la caja fiscal.  Los matrimonios no eran frecuentes.  No todas las noches había funciones de teatro.  Sin embargo, la alegría popular exhibíase lozana en fiestas, como la Noche Buena en la Plaza de Armas, ...........De otro lado, en esferas distintas, el amancebamiento se había propagado en relación con épocas anteriores y exhibíase  la prostitución callejera, viéndose en la calle del chivato, a muchachitas de 18 años buscar a hombres y contentarse con una paga de cinco soles billetes, equivalente a 25 centavos de un sol de plata.  La pobreza de las masas llegaba a lo espantoso.  La capital con una población de 80 000 habitantes, tenía una mortalidad del 43 por mil.

 

            Hasta aquí lo que dice Basadre.  Por otra parte Margarita Guerra, continuadora de la Historia General del Perú del padre Vargas expresa:  Las consecuencias de la guerra fueron muchas y en todo orden de cosas.  La guerra sacudió a la sociedad peruana   desde sus raíces, pero la secuela que dejó, hasta hoy nos ha marcado con un sello de pesimismo....Este complejo  venía de cosas tangibles:  la derrota y el aniquilamiento físico y moral que postró al país.  Físico, por la ruina en que quedaron los planteles educativos, museos, los archivos, las ciudades, las haciendas, etc. y moral por el aislamiento en que vivimos en los años de la contienda, sin voces de censura (exteriores) por la guerra destructiva a la que nos sometieron y por las dificultades para coordinar nuestros propios esfuerzos de defensa.  Sin embargo, el epílogo de todo ese desastre fue la suscripción del  tratado  de Ancón, bajo condiciones muy duras y cláusulas a cumplir  a largo plazo y de oscura interpretación.

            Basadre, en lo  anteriormente transcrito se refiere sólo  a Lima.  La situación en el resto del país  era igual o peor.  En la sierra central y del sur que había sido escenario de luchas y de la acción depredadora de los invasores,  las familias vivían en condiciones infra-humanas.    En la costa, los ingenios y fábricas, fueron destruidas con la expedición depredadora de Lynch.  El Tratado de Ancón  no sólo nos mutiló territorialmente afectando lo más sagrado  que era la soberanía nacional, sino que nos arrebataron una de las  riquezas más saneadas y que alimentaban el Presupuesto Nacional, y como si ello fuese poco, se reservaron la administración de la riqueza del guano que era lo único que nos quedaba, hasta completar la explotación de un millón de toneladas, de cuya venta deducidos los gastos, el 50% sería para Chile y el otro 50%  para pagar a los acreedores del Perú.

 En virtud de esa cláusula las islas de Lobos ubicadas frente a la costa de los departamentos de Piura y Lambayeque siguieron siendo explotadas por varios años por los invasores y tuvimos que tolerar en Paita una oficina comercial chilena que hacía el control.

 

            La Guerra del Pacífico, para la que se preparó Chile con mucha anticipación, no sólo le permitió una expansión territorial que le dobló el territorio a expensas del Perú y Bolivia, sino que el Tratado de Ancón  estaba destinado a satisfacer las exigencias de los políticos y de la prensa chilena que demandaban dejar al Perú en un estado de aniquilamiento tal, que no volviera a levantarse jamás.

 

 

Las viejas deudas de Balta

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            Cuando en 1868 Balta asumió el poder encontró al Perú en una muy difícil situación económica, no obstante la gran riqueza del guano.

 

            Balta nombró como ministro de Hacienda al joven Nicolás de Piérola, el cual puso a la venta dos millones de toneladas de guano, que interesó a la casa judío-francesa “Dreyfus Hermanos”.

 

            La familia Dreyfus había hecho su fabulosa fortuna en el Perú.  En 1844 había llegado a Lima Augusto Dreyfus de sólo 17 años.  Otros dicen que el arribo fue en 1857 a los 30 años de edad.  El 5 de julio de 1869 Piérola celebró contrato con la casa Dreyfus tras vencer tremenda oposición parlamentaria.  Recibía al firmar el contrato dos y medio millones de soles y pagos mensuales de 700 mil soles hasta completar un total de 73 millones soles.  De esa manera el Perú dejó de estar en manos de consignatarios  a los que se les pagaría anualidades de cinco millones de soles.

 

            Pero Balta y Piérola no se contentaron con este contrato que saneaba la economía y daba recursos al fisco para atender sus necesidades más importantes; sino que se trato de aprovechar la oportunidad y el 19 de mayo de 1870 se hizo otro contrato con la misma casa, este era ya un empréstito por 59 600 000 soles para la construcción de un ferrocarril del Callao a La Oroya.  Luego se hace otro empréstito el 19 de julio de 1871 por 75 millones de soles para otros ferrocarriles.

 

            Es decir, que Balta y Piérola endeudaron al Perú en forma tal que lo llevaron a la quiebra, de lo que se aprovechó Chile para hacernos la guerra.

            El Gobierno había contratado con Enrique Meiggs la construcción del ferrocarril del Callao a La Oroya en noviembre de 1869.  Con este audaz ingeniero trabajaron los ingenieros Blume, Malinowsky y Hill.  El primero vendrá posteriormente a Piura para construir el F.C. que partiría de Paita.  En 1875 se había avanzado hasta Chicla (Provincia de Huarochirí).  Había llegado al poder  don Manuel Prado y Meiggs contrató con él la construcción de un ferrocarril de la Oroya a Cerro de Pasco por cuenta del audaz empresario, a cambio de la explotación de las minas de Cerro de Pasco y del derecho a extraer 200 mil toneladas de guano, así como la explotación del ferrocarril de Lima, La Oroya, Cerro de Pasco cuando estuviera concluido.  Don Enrique Meiggs falleció ese mismo año el 30 de setiembre.  Por entonces Dreyfus se negaba hacer nuevos contratos con el Perú.

 

            Cuando en diciembre de 1879 Nicolás de Piérola depuso al presidente interino general La Puerta, de inmediato abrió negociaciones con la Casa Dreyfus, las cuales terminaron en la firma de un acuerdo suscrito el 7 de enero de 1880.  De acuerdo al contrato, el Perú reconocía a Dreyfus un adeudo de 4 008 000 libras esterlinas, es decir un 60% más de lo que esta firma pretendía un año antes.  Fue pues nefasto el trato permanente de Piérola con los judíos franceses y el resultado fue que el Perú quedó aniquilado en 1883 al terminar el conflicto y los Dreyfus convertidos en unos de los capitalistas más sólidos de Francia.  El diario “El Comercio” que se atrevió a denunciar en enero de 1880 los tratos, fue clausurado por orden de Piérola.

 

            Los sucesores de Meiggs habían vendido a Miguel Grace sus acciones y derechos.  El 26 de febrero de 1885, éste ajustó un acuerdo con el Gobierno de Iglesias, comprometiéndose el empresario a terminar la línea férrea de Chicla a Cerro de Pasco a cambio, Grace obtenía el arrendamiento de toda la línea y el arreglo de la deuda que le tenía el Perú.

 

            Pero el 26 de octubre de 1886 el Congreso aprueba una ley desconociendo los actos administrativos de Piérola y de Iglesias.  Fue necesario promulgar un mes más tarde el 26 de noviembre, una ley especial exceptuando a la Grace y a otras de sus efectos.  Simultáneamente a todo esto, Miguel Grace había sometido a consideración del Gobierno de Cáceres, un proyecto para librar al Perú de la enorme deuda de 50 millones de libras esterlinas por los empréstitos de Balta-Piérola.

 

            En 1854 había llegado al Perú un irlandés William Russell Grace  y rápidamente gracias a su visión financiera se convirtió en un potentado, fundando en 1865 en Nueva York  la firma W.R. Grace mundialmente poderosa.  Es decir que el Perú resultó siempre una tierra de promisión para los extranjeros.

 

 

Ferrocarriles y petróleo por deuda

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            El Perú debía la enorme suma de 51 millones de libras esterlinas por capital e intereses, por concepto de los dineros solicitados en préstamo desde la época de Balta para construir los ferrocarriles, muelles y otras obras públicas.  No tenía como pagar esa deuda.  Los tenedores de bonos que eran especialmente ingleses, se reunieron en una forma de comité.

 

            Miguel Grace que ya había logrado firmar con el Gobierno Peruano un contrato para solucionar el problema de la deuda que éste tenía con Meiggs, fue el que en el mismo mes de octubre de 1886, en nombre del comité de bonistas, presentó al Gobierno de Cáceres una propuesta para  cancelar totalmente la deuda a cambio de ciertas concesiones, las que en resumen eran las siguientes:

 

a)      Durante 75 años, el Comité constituido en una empresa, administraría y explotaría todos los ferrocarriles del Estado, con  sus estaciones y material rodante; con la obligación de conservarlos, repararlos y hacer estudios de ampliación.

b)      Por el mismo número de años, el Comité explotaría las minas de cinabrio de Santa Beatriz en Huancavelica y por su cuenta (de la Grace) construiría una línea férrea de Huancavelica a Ica.

c)      La explotación del petróleo de Piura que fuera de libre disposición.

d)      La explotación y exportación sin derechos aduaneros del carbón de la zona de Chimbote, Huaraz, Recuay.

e)      Los yacimientos de guano que no estuvieran comprometidos con el Tratado de Ancón  también quedaban comprometidos.

f)        La concesión para navegación a vapor en ríos y lagos navegables.

g)      Ocho concesiones en la selva, para colonias agrícolas de 450 mil hectáreas cada una.

h)      La recaudación de la aduana de Mollendo.

 

Como se puede apreciar, la propuesta de Grace, comprometía la explotación de la naciente riqueza del petróleo y también al ferrocarril de Paita-Sullana-Piura que recién sería inaugurado un año más tarde, es decir en 1887.

 

            Señala también la propuesta  de Miguel  Grace, el inicio de intensos debates que durante tres años embargaron la atención del Perú, y comienza así mismo la penetración del capitalismo inglés, pues la Casa Grace originalmente tuvo su centro de operaciones en Londres.

            Por esa fecha, ya los Estados Unidos se habían convertido en una gran potencia mundial, por estas razones y por los informes que el embajador norteamericano envió desde Lima;  en Washington fue mal vista la propuesta inglesa de Grace.

 

            En el Gabinete de Cáceres, la propuesta fue vista con simpatía, pero la prensa de  Lima estaba dividida.  El Periódico “El Sol” de Carlos Paz Soldán de tendencia cacerista, fue uno de los contrarios al tratado.

 

            El ex –ministro del general Prado, el doctor José María Quimper fue un furibundo opositor al tratado, lo mismo que Arnaldo Márquez y otras destacadas personalidades.  Para ellos, la propuesta contenía cláusulas leoninas, depresivas, humillantes y peligrosas y hasta se vio en él la mano oculta de Chile, deseoso de consumar la ruina del Perú.  Los Grace habían adquirido de los herederos Meiggs las acciones y derechos que tenían por una insignificancia y ahora se querían apoderar de todo el país.

 

            Ante esta situación Grace dulcificó la propuesta y en diciembre de 1886, presentó una enmienda al Gobierno.  De acuerdo a la misma, en lugar de ser por 75 años el usufructo de los ferrocarriles sólo sería por 66 años. Al firmarse el contrato, la firma Grace se comprometía a entregar al Gobierno Peruano 200 mil libras esterlinas en 20 mensualidades.

 

            De la firma del contrato con la Grace, nos ocuparemos más adelante cuando tratemos los sucesos del año 1889.

 

 

Cipriano Coronel Zegarra ministro de Justicia e Instrucción

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            El 20 de noviembre de 1886 renunció el Gabinete que presidía José Araníbar, a sólo mes y medio de juramentado.  La causa de la renuncia fueron discrepancias con el presidente Cáceres en cuanto a la elaboración del presupuesto.  Volvió a ser nombrado para presidir un nuevo equipo ministerial don Pedro Alejandrino del Solar que se reservó el Ministerio de Gobierno.  Para Relaciones Exteriores se nominó a Cesáreo Chacaltana, para Guerra y Marina  a Rufino Torrico, en Hacienda iba Manuel Irigoyen y el piurano Félix Cipriano Coronel Zegarra, como ministro de Instrucción y de Justicia.

 

            A poco de asumir sus funciones el nuevo Gabinete, entro en receso el Congreso de tal manera que durante ocho meses laboró con cierta tranquilidad, tiempo que le permitió a Coronel Zegarra para dar en 1887 un notable re-impulso a la educación que durante la guerra, había sufrido tanto.

 

            A poco de reanudarse las actividades del Congreso, empezaron las dificultades con el Gabinete, en forma tal que el ministro de Hacienda, Manuel Irigoyen, renunció el 16  de agosto de 1887, es decir al día siguiente de leer su Memoria ante el Congreso.  El 20  del mismo mes renunciaron también por solidaridad Coronel Zegarra, Chacaltana y Torrico.  El 22 se declaró la crisis política, con la renuncia total de todo el equipo ministerial.

 

            De inmediato el presidente Cáceres, nombró como primer ministro y ministro de Hacienda a don Mariano Alvarez.  Nuevamente se incluyó a Coronel Zegarra en este gabinete, que tuvo vida muy corta pues el 9 de setiembre “por motivos de salud” presentó su renuncia Mariano Alvarez.

 

            Cáceres  designó entonces como presidente del Consejo de Ministros a Carlos Elías y volvía a figurar Coronel Zegarra, pero esta vez como ministro de Hacienda.  Una vez más la tiranía parlamentaria obligó al nuevo ministro  a renunciar el 29 de octubre.

 

            Ante esa situación, Cáceres con el fin de mantener la armonía entre el Ejecutivo y el Legislativo, propone a éste que someta a su consideración a un grupo de personas para conformar un nuevo Gabinete, pero tampoco se logró avanzar.  Dice el historiador Basadre, que si las cámaras hubieran accedido al pedido del presidente Cáceres se hubiera instaurado en el Perú, el Gobierno Parlamentario.

 

            Como la administración no podía quedar al garete, el general Cáceres nombró provisionalmente un Gabinete en base a los directores de los diversos portafolios que duró del 4 de octubre al 8 de noviembre de 1887.

 

            Aurelio Denegri fue el nuevo presidente del Consejo de Ministros y en el Gabinete figuraba el paiteño Elías Mujica.  Este nuevo equipo pudo mantenerse más de un año.

 

           

Muere el coronel Ambrosio del Valle

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            El 4 de noviembre de 1886 murió en Lima el coronel Ambrosio del Valle, que en 1876 había sido prefecto de Piura, de grata recordación.

 

            Se le consideraba como un militar de antigua y buena escuela, muy cultivado y de amable trato, en forma tal que se hizo siempre apreciar por superiores y por subordinados.  Amigable y de espíritu muy abierto, fue senador por Lima en 1870  y posteriormente,  diputado por Huarochirí.

 

 

Gavino Artadi se nacionaliza peruano

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            El diario “El Comercio” de Lima del 8 de noviembre de 1886 trae la noticia de un grupo de súbditos españoles y de italianos, cuyos trámites de nacionalización se habían iniciado desde 1884.  Entre los primeros se mencionaba a don Gavino Artadi.

 

            Artadi era capitán de una barca de carga inglesa llamada “Elsa” que poco antes de la guerra con Chile hacía la travesía en la costa sudamericana del Pacífico.  En uno de esos viajes debía hacer escala en la isla Lobos de Afuera, y luego se dirigió a Paita en busca de provisiones y de agua potable.  En el tranquilo puerto permaneció algunos días y rápidamente hizo amistades, conociendo a una jovencita de la que se enamoró.  Artadi continuó haciendo viajes de  Panamá al Callao pero siempre haciendo escala en Paita en donde se pasaba varios días hasta que el 9 de abril de 1881 en plena guerra con Chile se casa con Felizcar Vásquez, natural del puerto.

 

            Artadi se identificó totalmente con la causa del Perú y presto importantes servicios en la defensa nacional piloteando el barco “José Romero” en que transportaba las armas que de Panamá llegaban a Máncora en diversos navíos y de esa caleta deben de ser llevadas a un puerto al norte de Lima, labor que con mucho riesgo, pues tenía que sortear a la escuadra chilena, efectuó Artadi.  Lo más destacable es que el marino español no hizo negocio con esos viajes y los pagos sólo cubrían  estrictamente los costos.  Al terminar la guerra se estableció definitivamente en Paita y fundó la Casa G. Artadi dedicada al comercio de cabotaje.

 

            Con otro extranjero, Nicolás Taiman, dotó a Paita de un servicio de agua potable, con  cañerías siendo el primero del departamento.  Construyó entre la playa y la plaza de armas el famoso Hotel Pacífico, uno de los primeros de la costa norte, el que se incendió en 1945 y construyó la línea de tranvía a tracción animal que unía los extremos del Puerto, es decir desde la Punta a la Estación del Ferrocarril y funcionó hasta la década del 40.

 

 

El cólera y la fiebre amarilla amagan

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            En diciembre de 1886 se tuvo conocimiento en Lima, de que el cólera en Chile y la fiebre amarilla en Ecuador, habían estallado en forma epidémica y estaban haciendo numerosas víctimas.

 

            De inmediato el Gobierno Peruano dio diversas disposiciones para evitar que tales epidemias se propagasen al Perú.  Sobre todo en los puertos las medidas fueron muy estrictas.  Por tal motivo la capitanía de Paita, la subprefectura y demás autoridades, tomaron medidas extremas, lo que permitió que el cólera no ingresara y que la fiebre amarilla demorase varios años para hacer su aparición en el departamento, en donde llegó a causar estragos.

 

            El doctor Oscar Miró Quesada en “Enfermedades Evitables”, hace la historia del cólera que fue en el pasado uno de los grandes azotes de la humanidad.  Su origen parece remontarse a miles de años en la India.  A principios del siglo pasado había reaparecido con gran virulencia y entre 1817 y 1829 había matado a tres millones de personas en la India.  En marzo de 1832 cuando París tenía un millón de habitantes, apareció en esa capital, matando 18 mil personas en pocos días y 100 mil en el resto de Francia.

 

            En 1849 volvió a aparecer en la India y se propagó a Persia, en cuya capital, la ciudad de Teherán, de 60 mil habitantes mató a 12 mil.  Luego saltó a Europa y en Francia mató a 110 mil.

 

            En el mundo reaparece en 1853, 1865 y 1886.  A fines de 1883 el célebre doctor Koch, descubridor del microbio de la tuberculosis, estaba haciendo estudios en el Cairo de una epidemia de cólera que había estallado en esa ciudad, y pudo anunciar al mundo que la temible enfermedad era transmitida por un microbio espirilo que denominó vibrión colérico.

            El contagio se produce en dos o tres días y la muerte era antiguamente, el final casi lógico e inmediato.

 

            En 1886 el cólera había estallado en Chile.  Desde diciembre, el Perú no permitía que barcos que llegan de ese país que desembarcasen  pasajeros, ni carga.  El 20 de ese mes llegó al Callao el vapor “Washington”, pidiendo un aprovisionamiento de carbón y de víveres siendo atendido por 16 lanchones, las que quedaron en cuarentena fuera de la bahía.

 

            El 7 de enero de 1887 llegaba al Callao el vapor “Colombia” con 27 sacas de correspondencia.  Se trasladó un médico a bordo con un equipo que fumigó dichas  sacas y sometió a pasajeros y tripulantes a minucioso examen, no detectándose ningún caso sospechoso. El “Colombia” se había cruzado con el “Washington” en el puerto ecuatoriano de Mantas y en este lugar, de este barco se transbordaron al primero algunos pasajeros que querían desembarcar en el Perú.  Se asegura que haciendo el “Colombia” la travesía de norte a sur, dejó en puertos intermedios a varios pasajeros burlando de esa forma el control.  Un cable de Santiago, daba cuenta de haberse presentado en esa ciudad 80 nuevos casos de los cuales 15 habían sido fatales.  El 11 de enero de 1887 decía otro cable que 130 casos se habían presentado en Quillota y ya había 30 muertos.  Durante los meses de enero y febrero el cólera siguió fuerte en Chile.

 

            El  19 de febrero de 1887 el Gobierno Peruano tuvo una noticia muy alarmante, que llenó de pavor a los piuranos.   El cólera había aparecido con inusitada fuerza en Guayaquil y hasta ese momento se habían producido 536 casos con 291  muertos.  De eso se ocupó en forma extensa “El Comercio” de Lima.  Demás está decir que las precauciones se redoblaron en Tumbes y en Piura.

 

            Gracias a las medidas profilácticas tomadas, en esa oportunidad el cólera no atacó al Perú, ni en el resto del siglo y tampoco en la primera parte de esta  centuria, pero fue en febrero de 1991 en que apareció en todo el país causando muchas víctimas incluso en nuestro departamento, pero la mayor parte de los afectados lograron sobrevivir.

            Pero no sólo era el cólera lo que preocupaba a los peruanos y en especial a los piuranos.  En Ecuador había aparecido otra enfermedad terrible: la fiebre amarilla.

 

            Esta enfermedad al igual que el paludismo se transmite por la picadura de un mosquito o zancudo que inocula un microbio aún no  descubierto.  Es una dolencia de clima tropical y los españoles la sufrieron cuando descubrieron América.   En La Habana murieron en 1906 por esa epidemia 1 385 enfermos.  Antes en 1900 las   víctimas fatales habían sido 300.  El año 1903 la dolencia mató a 275   personas en Río de Janeiro.

 

            El 7 de enero de 1887 el cónsul del Perú en Guayaquil, envió un cablegrama a Lima informando que había fiebre amarilla en Guayaquil y que el vapor “Ilo” que había  partido de ese puerto rumbo al Callao, llevaba patente sucia.  De inmediato las autoridades peruanas comunicaron a la capitanía de puerto de Paita, la situación del “Ilo” de tal manera que cuando el barco se presentó en esta bahía, fue de inmediato puesto en cuarentena.

 

            Ante las medidas tomadas por el Gobierno Peruano  que prácticamente restringían el comercio  con Ecuador, la gobernación  de Guayaquil envió a Lima el 8 de enero un cablegrama destinado al ministro Plenipotenciario de Ecuador en nuestra capital, que decía:

“Fiebre amarilla endémica existe, pero no epidémica”.  Firmaba el gobernador del puerto.

 

            Indudablemente que la zona del Guayas con sus pantanos era propicia para la existencia en forma endémica del paludismo y de la fiebre amarilla, pero en esta oportunidad, era el comienzo de una terrible epidemia.

 

            La Compañía Inglesa de Vapores, dispuesto que ninguna de sus naves recibiera pasajeros provenientes de barcos en cuarentena.

 

            El 11 de enero de 1887, el vapor “Ilo” llegaba al Callao a las 4 p.m. y la Junta Suprema de Sanidad lo declaró en cuarentena, al conocer que a bordo se encontraba nada menos que Fray José María Masiá obispo de Loja, atacado de fiebre amarilla.

 

            En febrero, no sólo la fiebre amarilla había atacado Guayaquil, sino también el cólera  que como ya hemos dichos había causado 291 muertos.  Un telegrama del cónsul peruano en el puerto ecuatoriano decía: “Guayaquil 18 de febrero.  Ministro de Relaciones Exteriores Lima.  Fiebre recrudece. Casos fatales.”         

 

 

Los restos de los defensores al abandono

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            Estando próximo a cumplirse seis años de las batallas de San Juan y Miraflores, es decir el 8 de enero de 1887, el diario “El Comercio” de Lima se ocupaba y condolía de que al cumplirse un nuevo aniversario de los infortunios bélicos que tuvieron por escenario las puertas de Lima, era necesario hacer recordar a la ciudadanía y a las autoridades, un deber sagrado que por desgracia se había olvidado.  Se refería el diario decano a la gran  cantidad de huesos  de los que habían luchado y dado heroicamente  la vida para defender la ciudad de Lima, así como el honor nacional, sobre los cuales el invasor tuvo que pasar para llegar a la ciudad.  Decía “El Comercio” que esos huesos para vergüenza de todos, seguían allí abandonados en lo que había sido la larga línea de defensa.

            No tiene nombre sin duda el egoísmo de los limeños de esa época, que en una muestra de abandono moral, habían dejado que las aves de rapiña hicieran primero festín de esos héroes y que posteriormente los agentes naturales los convirtieran en osamentas desparramadas y abandonadas para vergüenza de los que no supieron defender a la Patria.

 

            Entre esos cúmulos de huesos, habían los que correspondieron a miles de jóvenes provincianos que sin preparación militar de ninguna naturaleza, fueron a convertirse en carne de cañón para defender la capital.  Entre ellos cientos de piuranos que quedaron allí cubiertos por el olvido.  El P.J. Pamplona Alta de  San Juan de Miraflores, fue la tumba de esos piuranos  que fueron en el Batallón Piura y no retornaron jamás.

 

 

Inauguran ferrocarril Paita – Piura

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            Por fin el domingo 10 de abril de 1887, pudo terminarse el tendido de la línea férrea de la parte que restaba entre Sullana y Piura, del ferrocarril que se iniciaba en Paita.

 

            Fue un día de gran fiesta para Piura.  No obstante de haber construido el ingeniero Federico Blume una amplia y confortable estación frente a la Plaza Grau; las autoridades y gran cantidad de público se dirigieron a las afueras de la población para dar la bienvenida al primer tren.  La comitiva oficial estaba encabezada por el prefecto (nuevo)   don José María Rodríguez.

 

            La culminación de la obra con sus 97 kilómetros de vía principal y 8 kilómetros  de vías auxiliares se debía sin duda alguna a la perseverancia de su constructor Federico Blume, el que también buscó la financiación de su terminación.  El 30 de setiembre de 1886 el Gobierno Peruano había celebrado con Blume un contrato, en el que entre otras cosas se estipulaba que explotaría el ferrocarril durante veinte años, sin estar obligado a pagar ningún impuesto.  Por eso, cuando más  tarde el Gobierno suscribió contrato con los Grace, debió hacer la salvedad que primero se tenía que cumplir el convenio con Blume en lo que se refería al ferrocarril Paita-Piura.  Sin embargo Blume entró en tratos con la Peruvian Corporation Limitada, que era la empresa que representaba a los bonistas acreedores del Perú y le transfirió todos los derechos.

 

 

 

 

 

Mapa de locura

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            Esta es la interpretación  que hacen en Ecuador de la Real Cédula de 1563.  De ser así la situación sería la siguiente:  a) Ecuador sería el país más extenso de América del Sur.  b) Colombia y Perú tendrían la mitad de su actual territorio.  c) Todo el Amazonas con todo el Ucayali serían sólo de Ecuador, desde sus nacientes.  d) Esto haría que las fronteras de Ecuador llegasen un poco al norte del Cuzco.  e) Tumbes, Ayabaca, Jaén, todo el departamento de Loreto, parte de Amazonas, San Martín serían de Ecuador. Todo el departamento de Ucayali sería de Ecuador.

 

            Este mapa ha sido reproducido de otro  que aparece en “Breve Historia del Ecuador” por Oscar Efrén Reyes, en el Capítulo “Origen de la Nación Ecuatoriana”.

 

 

 

 

 

 

 

 

Reclamos de Ecuador

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            Al conocerse en Ecuador que Miguel Grace entre los puntos que había propuesto al Gobierno Peruano para saldar la deuda con los bonistas había una cláusula referente a colonizar tierras de selva  en Loreto; la vecina república, en diciembre de 1886 presentó un reclamo en el sentido de no poderse efectuar trato de ninguna naturaleza sobre tierras que aún estaban por deslindar.  Para presionar al Perú, volvió Ecuador a actualizar en junio de 1887 el proyecto que tenía en 1857 de cancelar su deuda externa con los ingleses, entregándoles tierras ubicadas en el Alto Amazonas de las que el Perú estaba en posesión por ser parte de nuestro territorio.  La intentona de 1857 había dado origen a la intervención del Ejército Peruano con Castilla que se posesionó de Guayaquil, y que más tarde lo desocupara en forma voluntaria en 1859.

 

            En esos momentos era presidente del Consejo de Ministros Pedro Alejandrino del Solar, que tenía como ministro de Justicia e Instrucción a Félix Cipriano Coronel Zegarra y como ministro de Relaciones Exteriores a Cesáreo Chacaltana.  Este último planteó que las cosas se dejaran tal como estaban en uno y otro lado para abocarse de inmediato a ajustar un tratado definitivo de límites.

 

            Las conversaciones se iniciaron en Quito y como se llegó a la conclusión de no poder llegar a un acuerdo en forma directa se planteó buscar una decisión arbitral.

 

            Fue así como el ministro del Perú en Quito don Emilio Bonifaz y el canciller de Ecuador Modesto Espinosa, firmaron en Quito un convenio el 1º de agosto de 1887 por el cual ambos gobiernos acuerdan someter su litigio al arbitraje del rey de España cuyo fallo sería inapelable.  Sometido a conocimiento de los congresos de Perú y Ecuador, el Convenio Bonifaz-Espinoza, fue aprobado.  Pero el rey de España era un bebé recién nacido el 17 de mayo de 1886, hijo póstumo de Alfonso XII que había muerto muy joven consumido por la tisis.  En la minoría de edad del rey, gobernó España como regente su madre, la archiduquesa de Austria Maria Cristina.

 

            Esta por ser una extranjera, por falta de experiencia y por ser muy joven resultaba la persona menos indicada para decidir un asunto tan delicado como la disputa de fronteras.  Por eso no se avanzó mayormente a pesar de que fueron presentados por ambas partes voluminosos alegatos.  Ecuador, en base a la Cédula Real dada por Felipe II el 29 de agosto de 1563 que creaba la Real Audiencia de Quito hacia la historia de sus pretensiones a partir de esa fecha.  La mencionada Real Cédula decía:

 

“En la ciudad de San Francisco de Quito, en el Perú, resida otra nuestra Audiencia y Cancillería Real, con un Presidente, cuatro Oidores que también sean Alcaldes del Crimen, un Fiscal, un Alguacil Mayor, un Teniente  del Gran Canciller y los demás Ministros y Oficiales necesarios, y tenga por distrito la ciudad de Quito; y por la costa hacia la parte de la ciudad de los Reyes, hasta el puerto de Payta exclusive y por la tierra adentro hasta Piura, Cajamarca, Chachapoyas, Moyobamba y motilones exclusive; incluyendo hacia la parte susodicha los pueblos de Jaén, Valladolid, Loja, Cuenca, Zamora y Guayaquil, con todos los pueblos que estuvieran en sus comarcas y se poblaren; y hacia la parte de los pueblos de la Canela y Quijos tengan los dichos pueblos con los demás que se descubrieren, y por la costa hacia Panamá hasta el puerto de Buenaventura inclusive, y la tierra adentro a Pasto, Popayán, Cali, Buga, Chapanchica, Guarchicona, porque los demás lugares de la Gobernación de Popayán son de la Audiencia del Nuevo Reyno de Granada con la cual y Tierra Firme parten términos por el Septentrión y con la de los Reyes con el Mediodía, teniendo al Poniente al Mar del Sur y al Levante provincias aún no pacificadas ni descubiertas.”

 

Las pretensiones de Ecuador de Tumbes, Jaén y Maynas, nacen de esta Cédula que de ser tomada en cuenta significaría que Ecuador por el norte podría pretender más de la mitad del territorio colombiano.  Después de esta cédula, vinieron muchas modificaciones de tipo territorial hasta el momento en que las naciones americanas proclamaron su independencia de España, y se aplica entonces el principio de Uti possidettis (tal como lo poseéis) para los límites fronterizos.

 

La Real Cédula de 1563 se da cuando aún estaban en formación los nuevos territorios, pues sólo habían pasado 31 años de la llegada de Francisco Pizarro y San Miguel del Villar de Piura aún no había sido fundada.  De acuerdo al criterio ecuatoriano y a la Real Cédula de 1563, su territorio debió ser tan extenso o más que el actual de Brasil, y ese planteamiento se hace con el fin de aparecer como víctima y que sacrifica más de la mitad de su territorio  en  aras de la armonía continental.

 

 

 

Reabren el Colegio San Miguel

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Uno de los más graves males que causó la guerra con Chile, fue el desquiciamiento total de la educación pública.

 

El Gobierno de Cáceres tuvo el gran mérito de darle impulso tanto en su nivel primario, como secundario y superior.  El primer ministro de Justicia e Instrucción Luis Felipe Villarán, que también era senador por Piura, fue el iniciador de todo ese proceso al expedir un decreto del  Reglamento General de Instrucción Pública de 347 artículos, especie de  Ley General de Bases de la Educación Pública.

De acuerdo a este reglamento, la instrucción primaria sólo se impartiría en tres años y estaría bajo el control de las municipalidades.  Tenía el carácter de obligatoria  con fuertes sanciones para padres o apoderados negligentes.  El reglamento sólo tuvo vigencia dos años, pues el Congreso celoso de sus prerrogativas dio en 1888, con sólo 24 artículos.  En la práctica resultó que los municipios provinciales no tenían recursos para sostener las escuelas por cuya razón se acudió a los concejos departamentales, robusteciendo las facultades de éstos.

 

El otro ministro de Instrucción y Justicia, Félix Cipriano Coronel Zegarra siguió la política de su antecesor y fue así como se abrieron muchos colegios secundarios que habían estado cerrados por la guerra.  Entre otros se puede mencionar al de la Libertad de Huaraz, la Independencia de Arequipa, San Juan de Chota, San José de Chiclayo, Colegio Moyobamba.

 

El Colegio San Miguel de Piura se reabrió en 1887 con el carácter de particular y se confió la dirección al doctor Emilio Espinosa, que se encontraba desempeñando la subprefectura de Paita.  Los chilenos habían utilizado el local de la calle  Libertad como su cuartel en las dos cortas oportunidades que estuvieron en la ciudad de Piura, pero fue tiempo suficiente para destruir los laboratorios, archivos y el local.

 

El doctor Espinosa era médico de profesión y como tal había actuado en Huancabamba como médico titular en 1873.  Siendo estudiante de medicina participó en el combate del Dos de Mayo. Entre 1876 y 1879 es elegido diputado suplente.  Al estallar la guerra se enrola en la Sanidad Militar y participa en la batalla de Miraflores en uno de los reductos.  Concurre al Congreso de Chorrillos en 1881 y en 1886 es nombrado subprefecto de la provincia de Paita.

 

Estudió primero en la escuela de Lancáster de Piura, después en el Colegio San Miguel y luego en el Colegio La Unión de Loja. En 1862 ingresa a la Escuela de Medicina de Lima y estuvo en la batería “Pichincha” en el Combate del Dos de Mayo. Fue declarado Benemérito a la Patria. Se titula en 1870 y ejerce 3 años en Lima, siendo luego nombrado  Médico Titular de Huancabamba.

 

Para sostener al plantel recién reabierto  se crea un gravamen de cinco centavos por cada botija de chicha que se elaborase en el departamento de Piura.  En 1889 el plantel vuelve a adquirir su carácter de estatal continuando don Emilio Espinosa que rigió a la institución educativa hasta el año 1895, época en que subió al poder don Nicolás de Piérola el que lo subrogó por ser cacerista.

 

 

Acusan al Dr. Yarlequé de querer apoderarse de campos de Sullana

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El alcalde del Concejo Distrital de Sullana, don Roberto Barreto, presentó en sesión, una acusación contra el doctor Manuel Yarlequé Espinosa de pretender apropiarse de los campos de Sullana.  Informó que  en el diario “El Comercio” de Piura, había aparecido un aviso judicial en el que se hacía el denuncio de unos terrenos baldíos, que abarcaban gran parte de los llamados campos de Sullana.

 

El concejo distrital en sesión del 15 de setiembre de 1887, comisionó al síndico Ezequiel Agurto, para que en representación del concejo presentara ante el juez de Primera Instancia de Piura, la correspondiente oposición, y que de igual modo se entrevistara con el prefecto que por entonces eran don Antenor Rizo Patrón.

 

En sesión del 9 de diciembre, el síndico Agurto Gallo informó que había cumplido con hacer lo dispuesto por la asamblea municipal.  Por los resultados se pudo establecer que la pretensión del doctor Yarlequé quedó en nada.

 

“El Comercio”, era un periódico mercantil que había aparecido en 1870.  Su larga duración se debía sin duda a que no había aparecido por eventualidades políticas.

 

Los sullaneros siempre han considerado que los campos de sembríos temporales eran de propiedad municipal, desde que el Congreso de Huancayo en 1839 hizo tal reconocimiento, poniendo fin de esa forma al permanente litigio entre los pobladores de la ciudad y el hacendado vecino de La Capilla,  don José de  Lama.

 

 

Exámenes en colegios de niños en Sullana

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En 1888 funcionaban en Sullana  la Escuela de Niños Nº 1 dirigida por don José Cardó y la Escuela de Niños Nº 2 a cargo de la maestra Elisa de Rojas.  Como se trataban de escuelas municipales, en sesión del 1º de marzo por acuerdo de sesión se dispone que los exámenes se realicen entre los  días 16 al 18 del mismo mes, de 2 a 5 p.m. y de 8 a 11 p.m.  Como se puede apreciar, los niños estudiaban en los meses en que el calor era más intenso, y los exámenes se prolongaban hasta en horas altas de la noche.  El Jurado estaba conformado por los señores  Pedro Hernández, Juan José Hidalgo, José Arens, Agustín Ruiz, Eulogio Zagal y Ambrosio Espinosa, es decir una serie de personalidades de la localidad.

 

Don José Arens había  llegado de Alemania en 1872 para servir de profesor en el Colegio San Miguel del cual más tarde fue director.  Era doctor en Filosofía y durante varios años residió en Sullana, como alto funcionario del ferrocarril Paita-Piura.

 

Anteriormente los exámenes se realizaban entre los meses de marzo a mayo, pero el año 1888 el Concejo Municipal Distrital resolvió que se efectuasen en lo sucesivo en el mes de Diciembre.  Los niños en la primera quincena y las niñas en la siguiente.

 

 

Hacendados  obligados a componer caminos

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Fue preocupación del   subprefecto de Paita don Julio  Octavio Reyes que todos los caminos de su extensa circunscripción estuviesen en buen estado.  Para tal fin impartió estrictas disposiciones a los municipios de Paita y Sullana para que obligaran a los hacendados, chacareros y simples comuneros a contribuir en la buena conservación de los caminos, ya sea con trabajo personal, o poniendo gente pagada con su propio peculio o proporcionando el dinero para que algún jornalero lo trabajara. 

 

El Subrefecto de Paita se adelantaba por muchas décadas a la famosa Ley Vial dada durante el gobierno de Leguía.

 

El 16 de mayo el subprefecto conminó al Municipio de Sullana y le dio dos meses de plazo para hacer cumplir las disposiciones al término de las cuales, la primera autoridad política provincial y el alcalde de Sullana debían hacer una inspección de verificación de puentes y caminos para constatar su buen estado.  La Municipalidad de Sullana trató de hacerse la desentendida pero el subprefecto insistió y el 18 de julio en nueva comunicación señala por sus nombres a los hacendados y chacareros que estaban obligados a prestar su contribución para que se pusiera especial atención en el camino de Sullana-Querecotillo.  Concretamente se debía poner gente a trabajar con palas, picos, barretas y rastrillos durante tres días.

 

 

Velorios y casamientos

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Una broma macabra le debió parecer al  vecino de Sullana don Parcemón Castillo y a su joven consorte, cuando al acudir a casarse el 18 de febrero de 1888 a la Iglesia Matriz de Sullana, encontraron que en el sagrado recinto se velaba el cadáver de un hombre adulto rodeado de una gran cantidad de compungidos parientes y relacionados.  Como sea se efectuó el acto religioso en medio de los comentarios y críticas.  Entre los que se encontraban el gobernador y el alcalde.

 

Era costumbre llevar los cadáveres a la iglesia en donde se velaban durante varias horas hasta que llegaba el momento del entierro.  Los deudos debían de pagar derechos por entierro, por velorio, por omisión de la misa pro-pópulo, aparte de limosnas voluntarias.

 

El alcalde decidió entonces cursar una comunicación para pedir a la parroquia tomase las medidas del caso y dispusiera lo conveniente para que los velorios no pasaran de las 11 de la mañana.

Con el tiempo las iglesias construyeron velatorios aparte.

 

 

 

Estatua  al cura Mori

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Desde 1887 el doctor Manuel Yarlequé Espinosa, natural de Catacaos y diputado suplente por Piura, había iniciado una colecta para levantar una estatua al bachiller Juan Alonso de Mori Alvarado, cura párroco de Catacaos de grata recordación que desde 1641 luchó tenazmente por devolver a los indios las tierras que les habían sido arrebatadas.  Además reconstruyó el templo de San Juan Bautista, organizó las cofradías y desarrolló una intensa labor social.

 

La estatua de fino mármol blanco fue obra del escultor cuzqueño Antonio Robles y se colocó en la plaza de armas de la ciudad de Catacaos en una ceremonia de mucha concurrencia y de gran solemnidad el año de 1888.

 

 

 

 

 

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