Capítulo IV

CAPITULO IV

 

UN SUBPREFECTO DE ARMAS TOMAR: PAITA

 

 

 

·        Incendio en convento de Colán

·        La invasión de moneda boliviana

·        Telégrafos y teléfonos

·        Se reabre la Corte Superior de Piura

·        Misión de Félix Coronel Zegarra en EE.UU.

·        Reaparece la fiebre amarilla

·        Construcción del ferrocarril de Piura a Catacaos

·        Sueldos de maestros.- Ficus centenarios

·        Subprefecto multa por no poner farol

·        Subprefecto multa y  arresta a ociosos

·        Se reabre la Escuela Náutica de Paita

·        Forman Guardia Urbana en Sullana

·        Las Juntas Departamentales

·        Complot en la cañonera “Lima”

 

 

Incendio en convento de Colán

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            Manuel Gómez Laines, que fuera amanuense del Concejo Provincial de Paita entre 1877 y 1890 narra que gran parte del archivo valiosísimo del puerto se encontraba amarrado en legajos y en completo abandono en un depósito, que él trató de ordenar con esmero, pero al llegar los invasores chilenos en 1880 y ocupar la casa municipal como  oficina de sus oficiales y como cuadra, destruyeron gran cantidad de valiosos papeles.  Sigue narrando Gómez, que él pudo salvar bastante documentación y la llevó a su casa, pero que en el pavoroso incendio del puerto de Paita en el año 1884 también se quemó su casa y se perdieron los documentos.

 

            Luego se refiere Gómez  Laines a un pergamino que contenía el acta de fundación del tambo de Paita, que se encontraba adherido a un pequeño misal, con letra grande de imprenta, impreso con tinta roja y negra y algunos grabados de imágenes  de tosca impresión.  El misal tenía taladrados sus folios por la polilla, con fecha borrosa....Obispado de Singueza.  También se encontraba  en un papel escrito “responsorio del padre Ostalaza de la Orden Dominicana”.

 

            Asegura Gómez Laines que todo esto se perdió en un voraz incendio que se produjo en Colán el año 1888 que destruyó una gran cantidad de casas y parte del convento.  El 15 de mayo de 1890 un voraz incendio destruyó 108 casas, entre ellas, la casa en que vivió Grau.

 

 

 

La invasión de moneda boliviana

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            En 1830 cuando el general Santa Cruz se posesionó de la presidencia de Bolivia, autorizó la  acuñación de moneda feble, es decir de baja ley y falta de peso.  Era lo que se llamaba una mala moneda.  Como los departamentos del sur del Perú comerciaban mucho con el país del sur, se produjo una verdadera invasión del feble boliviano, lo que se intensificó durante el período de la confederación Perú-Boliviana.  La moneda peruana en cambio era de plata (también había moneda de oro) de buena calidad y se canjeaba a la par, pero cuando había que hacer transacciones internacionales, no se aceptaba la moneda boliviana.  Así fueron pasando los años y la ciudad boliviana de Potosí se había convertido en el centro de la fabricación de la mala moneda.

 

 

            En 1847 el Perú y Bolivia celebraron el Tratado de Arequipa sobre relaciones comerciales y en dicho  tratado los bolivianos se comprometieron a ya no emitir moneda  feble.  No obstante que el mencionado tratado fue ratificado el 28 de enero de 1849 el país del sur siguió emitiendo moneda falsa, lo que se acentuó en 1853 durante el Gobierno del general Belzú.  Entonces el Gobierno Peruano  a cuyo frente estaba el general Echenique envió un ultimátum  a Bolivia, que entre otras cosas exigía el cese inmediato de la acuñación de la moneda feble, y el reconocimiento de una indemnización al Perú por la anterior moneda emitida sin el peso de ley y de baja calidad.  El presidente boliviano Belzú rechazó el ultimátum y se produjo un clima de guerra porque el Perú llegó incluso a ocupar el puerto boliviano de Cobija.

 

            El 19 de noviembre de 1853 el Gobierno de Echenique promulgó una ley  por la cual se autorizaba al Ejecutivo a retirar de la circulación la moneda feble boliviana en la forma y plazos que creyera conveniente.  Echenique no pudo llevar adelante el cumplimiento de esta ley porque fue derribado por el general Ramón Castilla.

 

            Durante el Gobierno de Castilla siguió rigiendo el sistema  bimetalista, es decir, que circulaban monedas de oro y de plata.

 

            En 1863 durante el breve Gobierno del general San Román, se dio el 14 de febrero la ley que establecía como unidad del sistema monetario peruano el sol, basado en el sistema decimal.

 

            El sol debía ser confeccionado con plata de 9 décimos fino, su peso sería de 25 gramos y el diámetro de 37 milímetros.

 

            El medio sol, de 12 gramos, 500 miligramos de peso y 30 mm, de diámetro.

            Un quinto de sol o peseta,  de 5 gramos de peso y 23 mm. de diámetro

            Un décimo de sol, dinero o real de 2 gramos 500 miligramos de peso y 18 mm. de diámetro.

            Un medio dinero, o medio real o simplemente medio, con l gramo 250 mm de peso y con un diámetro de 15 mm.

 

            Se  autorizó también la circulación de monedas de cobre de un centavo y de medio centavo.

 

            El  sol y las demás monedas de plata tenían   en un lado  el escudo nacional y la leyenda:  República Peruana-Lima 9 décimos fino, con la fecha de acuñación.

 

            En el otro lado el símbolo de la libertad representado por una dama sentada con la leyenda que decía Firme y feliz por la Unión.

 

            El sol de plata se uso hasta a mediados del siglo XX habiendo antes bajado su ley a 5 décimos fino.

 

            En 1864 el Gobierno del general Pezet se decidió a sacar de la circulación la moneda feble boliviana, para lo cual contrató con la casa Graham Rowe y Co. la acuñación de soles de plata a razón de 400 mil o 500 mil por mes hasta completar diez millones y sacar de la circulación ocho millones de feble.  La plata la daba el Gobierno del Perú.

 

            Al llegar el año 1866 se habían recogido 6 500 000 pesos feble bolivianos que fueron fundidos.  También se lograron retirar cuños fraudulentos que estaban en manos de acuñadores clandestinos peruanos y se acuñaron ocho millones de soles peruanos de plata.

 

            En 1872 seguían circulando en el Perú, junto con las monedas de plata otras de oro de cinco denominaciones.  La mayor tenía 32 gramos 258 mg. de peso con un diámetro de 35 mm.  Desde ese año se limitó las monedas de oro sólo a 2; una de 25 gramos de peso y la otra de sólo 5 gramos. A partir de ese año las monedas de oro dejaron de tener valor legal y se cotizarían de acuerdo al valor que le dieran los contratistas.  Quedó entonces la moneda de plata como la única con curso legal.  El Perú era un gran productor de plata y en el mercado mundial, este metal había bajado en forma apreciable, por  cuyo motivo se le pensó en dar uso interno en lugar de exportarla en grandes cantidades.  Esa fue también la época de la proliferación del billete bancario en el Perú.  Se inicia el período llamado de la “Orgía Financiera del Perú” y ante los negros nubarrones que anunciaban la crisis económica y financiera, fugaron hacia el extranjero 70 millones de pesos llevados por una docena de familias adineradas.

 

            Bien pronto la plata de los bancos no era suficiente para atender el canje de los billetes por cuyo motivo el Gobierno Peruano dispuso la inconvertibilidad del billete.

 

            Se inició entonces la emisión del papel moneda sin respaldo y la depreciación de los billetes de un sol.  En 1876 se canjeaba un sol de plata por billete y medio.

 

 

 

 

 

Billetes Bolivianos

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            Al iniciarse la guerra con Chile circulaba en el país monedas de plata, níquel y de cobre.  El 30 de junio de 1879 se emitió una gran cantidad de billetes de diversas denominaciones y en los departamentos del sur reapareció el peso boliviano.

 

            El 14 de enero de 1880, Piérola declaró al oro como moneda legal circulante.  En marzo de ese año se estableció como unidad monetaria el Inca de Oro  que nunca llegó a circular.  Como monedas menores se acuñaron en escasa cantidad “incas” de plata y se dio rso legal dentro del país a la libra esterlina.  El 28 de agosto del mismo año, se autorizó el cambio de impresión de “incas” de papel.  Los había de 1, 5, 20 y 100 incas.  Cuando terminaba el año 1880 y los ejércitos invasores amagaban Lima, circulaban incas de plata, incas de papel, billetes fiscales y títulos de la deuda pública.  En el sur, el feble boliviano.  Era el caos.

 

            La moneda boliviana desde 1830 no sólo había ingresado por efecto de las transacciones comerciales con Bolivia, sino también de contrabando.  En tiempos de Santa Cruz se detectó un cargamento de clavos que venía en barriles del altiplano, pero que en realidad contenían moneda feble.

 

            En 1860  una gran cantidad de moneda boliviana se fabricaba en Estados Unidos por cuenta de particulares tanto del Perú como de Bolivia para hacerla ingresar en forma fraudulenta.

 

            Las monedas se confeccionaban con aleaciones de estaño y de cobre, es decir de metales de bajísima cotización.

 

            En 1888 circulaba moneda feble en los departamentos de Piura y de Ayacucho. No se ha podido establecer la causa de este fenómeno estando el departamento de Piura tan distante de la frontera boliviana.

 

            Un caso muy especial sucedió en Sullana.  El 29 de octubre de 1888 se adjudicó  por remate público el ramo de Mojonazgo y Consumo al ciudadano Simón Morales  Palacios por la cantidad de S/. 217,60 mensuales en moneda de plata peruana.  Pero como la moneda que circulaba en el departamento era –sobre todo en Sullana- mayoritariamente boliviana, se autorizó al rematista a efectuar el cobro en los pesos de plata boliviana, pero como eran de más baja ley, al momento de hacer  el pago a la Tesorería del Concejo debería abonar 250 pesos, con un 15% de premio  adicional que debería abonar el señor Morales en moneda extranjera.  La situación llegó antes a tal extremo que también los libros de la Tesorería de la Municipalidad se llevaban en moneda boliviana, por cuyo motivo el prefecto por decreto del 25  de julio de 1888 ordenó que se hiciera la conversión a soles y por lo tanto la contabilidad se hiciera en moneda nacional.

 

 

 

Telégrafos y teléfonos

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            En el departamento existía el cable desde muchos años antes de la guerra.  Era en realidad la única vía que nos unía al mundo exterior, al conectar a Paita con  el Callao.

 

            En cuanto al teléfono fue instalado en la ciudad de Piura en plena guerra, el año 1880 y el concesionario fue el señor Rafael Arredondo.  Se trataba de líneas simples con retorno por tierra.  Con el tiempo Arredondo fue extendiendo su red telefónica a las ciudades de Paita, Sullana, Morropón  y Chulucanas.

 

            En 1892 Arredondo transfirió sus acciones y derechos a don Emilio  Clark, el cual conectó las ya mencionadas localidades con las principales haciendas cercanas.  Este concesionario  continuó administrando el servicio hasta 1901 sin poder mejorarlo por falta de capitales.  Por entonces ya se había formado la Compañía de Teléfonos de Piura a la que transfirió sus acciones.

            En Piura antes de la guerra no se disponía de telégrafo, que sí lo  tenían otras localidades.  Durante la guerra con Chile, las líneas telegráficas en la zona de conflicto prestaron  importantes servicios.  Con la invasión, gran parte del incipiente sistema telegráfico peruano quedó malogrado.

 

            Desde el 16 de noviembre de 1886, el Gobierno del general Cáceres convocó a licitación para  implantar el servicio telegráfico en todo el Perú.  Por ley del 20 de noviembre de 1887 se confirmó la licitación,   autorizando al Ejecutivo a adoptar las disposiciones necesarias para reparar o mejorar los servicios existentes y ampliar la red telegráfica.

 

            Desde esa época se consideraba la inconveniencia de que fuera el Estado quien tuviera la administración de las nuevas líneas, y se planteaba la entrega del servicio al empresariado privado.  Esto dio la oportunidad para incluir la red telegráfica del sur, dentro del arreglo de la deuda externa con los bonistas que el Gobierno estaba por entonces discutiendo.

 

            Para un servicio descentralizado se consideraron  tres redes o zonas:

 

            La 1ra. que la constituían Lima, Palacio de Gobierno, Callao, Chancay, Huacho, Supe,    Barranca, Huarmey, Chincha, Pisco e Ica.

 

            La 2da. formada por Trujillo, Casma, Chimbote, Salaverry, Chocope, San Pedro, Eten, Chiclayo, Ferreñafe, Piura y Paita.

 

            La 3ra. zona, Arequipa, Mollendo, Camaná, Quilca, Moquegua, Ilo, Sama.

 

            Por decreto del 13 de agosto de 1888 la firma Bacigalupo y Cía  logró la buena pro para implantar el servicio telefónico en  Lima, es decir 8 años más tarde que en Piura.

 

            Hay que tener en cuenta que la primera transmisión de la voz a distancia lograda por Graham Bell el inventor del teléfono, se realizó en 1876, de tal manera que la implantación del sistema telefónico en Piura en 1880 era todo un récord.

 

            El servicio de alumbrado eléctrico en la ciudad de Lima se inaugura el 15 de mayo de 1886, circunscrito a un reducido sector del centro de la Capital, pues sólo se utilizaron 62 lámparas.  Antes se hacía el alumbrado a gas.

 

            Estaban todavía lejanos los años en que las ciudades piuranas se verían favorecidos con el alumbrado  eléctrico.  En las localidades de Piura, Sullana, Paita y otras se utilizaban como  combustible el kerosene.  En las noches de luna no funcionaba ese servicio.  El alumbrado domiciliario continuaba siendo el de velas o lámparas para kerosene.  La industria de velas era de tipo artesanal y casero, hasta el año de 1910 en que se funda en Catacaos una fábrica de velas, que en 1915 se trasladó a Piura dotada ya con moderna maquinaria inglesa.  Se utilizaba parafina resultante de la refinación del petróleo así como estearina procedente de las ballenas.  Esta fábrica fue de propiedad de la firma Woodman y  Cía.

 

 

 

Se reabre la Corte Superior de Piura

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            Durante la guerra con Chile, la Corte Superior de Piura había tenido frecuentes pero breves recesos, unos impuestos por ella misma ante la presencia de los invasores chilenos y en otras oportunidades por disposición del coronel Maximiliano Frías cuando desempeñaba las funciones de jefe político y militar.

 

            Cuando Iglesias se hizo cargo del poder, tras del tratado de Ancón, varias cortes superiores, entre ellas la de Piura fueron recesadas por razones de economía.  Es decir que desde 1884  no funcionaba.

 

            El Gobierno del general Cáceres, por indudable gestión de su ex –ministro de Justicia e Instrucción Félix Cipriano Coronel Zegarra, dispuso la reapertura de la Corte Superior de Piura el 23 de abril de 1888.

 

            Presidente de la Corte fue nombrado el abogado huancabambino Ricardo Wenceslao Espinosa que en esos momentos era senador de la República.

 

            En lugar de Espinosa ocupó el cargo de senador el suplente Francisco León y León.  Anteriormente, don Pedro Helguero había reemplazado al doctor Luis Felipe Villarán de tal manera  que en  1888 los  senadores por Piura eran:  el coronel Fernando Seminario Echandía, Pedro Helguero y Francisco  León y León.

 

            La inauguración post-guerra de la Corte fue un acontecimiento de gran trascendencia que contó con la presencia del prefecto Antenor Rizzo Patrón, de varios parlamentarios y de casi todas las autoridades departamentales.

 

            Ricardo Wenceslao Espinosa era un abogado y político de gran prestigio.  Hay que advertir que el doctor Espinosa Medina estaba desempeñando interinamente el cargo de fiscal de la Corte Suprema por impedimento del titular doctor José Araníbar.  Años más tarde asumiría la primera magistratura del país como presidente de la Junta de Gobierno que reemplazó al general Cáceres cuando Piérola hizo en 1895 su ingreso a Lima con sus huestes montoneras. Esta Junta  de Gobierno rigió los destinos del país  desde marzo hasta los inicios de setiembre de 1895.

 

 

 

Misión de Félix C. Coronel Zegarra en Estados Unidos

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            El 8 de noviembre de 1887 el general Cáceres había formado un nuevo Gabinete presidido por don Aurelio Denegri que era 2do. vice-presidente de la República, que entre otros tenía como ministro de Guerra al paiteño Elías Mujica y como ministro de Relaciones Exteriores o canciller a don Alberto Elmore.

 

            El principal objetivo de este Gabinete fue resolver el problema de la deuda externa para lo cual se estaba estudiando el planteamiento que Miguel Grace en representación de los bonistas ingleses había presentado al Gobierno Peruano.  El 26 de abril el canciller Elmore fue reemplazado por Isaac Alzamora.

 

            En el Congreso seguía discutiéndose en forma acalorada sobre la conveniencia o la inconveniencia de llegar a un acuerdo con Miguel Grace.

 

            Alzamora tan pronto como asumió el Ministerio de Relaciones Exteriores dispuso la toma violenta por parte del Estado de los ferrocarriles del sur que estaban en manos de particulares peruanos y extranjeros.  Esto motivó una airada protesta del embajador de Estados Unidos en Lima, señor Bilch, que salió en defensa de los intereses de ciudadanos norteamericanos y a esa protesta se unieron grupos poderosos de empresarios peruanos vinculados a los ferrocarriles. Alzamora creyó prudente no hacer lo mismo con el ferrocarril del centro, para evitar problemas mayores con EE.UU. envió a Washington una misión presidida por Félix Cipriano Coronel Zegarra, para explicar ante el Departamento de Estado, los motivos que había tenido el Gobierno del Perú para adoptar la decisión de estatizar la red ferroviaria del sur.  La misión de Coronel Zegarra fue exitosa y el Gobierno de los Estados Unidos desautorizó a su embajador que en breve fue removido.

 

 

 

Reaparece la fiebre amarilla

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            La fiebre amarilla que antes de la guerra con Chile había aparecido en diversas épocas en el departamento de Piura, hizo notar nuevamente su presencia a fines de 1888 no obstante todas las medidas sanitarias de precaución tomadas sobre todo en Paita, por donde se podía suponer iba a ingresar proveniente de Ecuador.  Iguales medidas se habían adoptado en Tumbes.

 

            En enero de 1890 se sabía de casos aislados pero con resultados fatales en Chulucanas, Morropón lo que hacía suponer que el mal había ingresado por la frontera de Loja y había encontrado ambiente propicio en el valle del Alto Piura en donde había cultivos de caña y se podían formar criaderos de zancudos..

 

            El 11 de enero de 1890, llegó de Piura a Sullana un padre misionero y por la tarde falleció atacado de fiebre amarilla.  Otro religioso que lo acompañaba también enfermó pero sobrevivió.

 

            La alarma cundió en Sullana y se encomendó al doctor Agustín Ruiz la campaña contra el mal.  Se recomendaron estrictas medidas de higiene en lugares públicos, mataderos, corrales y también en viviendas.

 

            El subprefecto de Paita, que siempre mostraba gran actividad, don Julio Octavio Reyes, sobre el mismo terreno dictó disposiciones.  Dispuso que el Municipio  Distrital de Sullana, enviase dos veces a la semana una información detallada de los casos y de las medidas anti-epidémicas que se tomasen.  Ordenó que todos los gobernadores dieran apoyo a la Municipalidad, la que en sesión del 16 de enero había acordado abocarse a combatir el mal y poner todos los recursos económicos necesarios en la lucha contra la epidemia.

 

            Parece que las medidas dieron  resultado, pues el mal no se propagó.

 

 

Construcción del ferrocarril Piura-Catacaos

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            A fines de 1888 se formó en Lima un sociedad anónima para construir un ferrocarril de trocha angosta entre las ciudades de Piura y de Catacaos.

 

            Los capitalistas eran  dos súbditos extranjeros naturales de Alemania, Roberto Tode y Christian Schreibmuller y otro natural de Ecuador, don Raymundo Canuto Ríos a los cuales se asociaron los empresarios peruanos Aurelio Pérez y Alejandro Guevara.

 

            En enero de 1889 dieron amplio poder a don Federico Moreno para que los representaran en Piura en todas las gestiones que se tuvieran que hacer ante las  municipalidades, entidades públicas y privadas y con particulares.

 

            La Municipalidad de Piura dio todas las facilidades necesarias para el tendido de la línea férrea de la estación en la plaza Grau  hasta el río.  Como no estaba abierta la avenida Grau en toda su extensión, la línea férrea solo avanzó una cuadra en esa avenida.

 

            Los terrenos por donde debía de tenderse la línea, pertenecían a la Comunidad Indígena de Catacaos, que para tratar con don Federico Moreno  se hizo representar por el presidente de la Sociedad de Agricultura.

            El 25 de febrero de 1889 las dos partes llegaron a un acuerdo por el cual la Sociedad de Agricultura cedía a la empresa una faja de terreno de 10 metros de ancho por donde había de tenderse la vía y al final de ella o sea en la ciudad de Catacaos los terrenos que fuesen necesarios para las estaciones, casa de máquinas, almacenes, tornamesas, desvíos.  Esta cesión en realidad era una permuta pues a cambio la empresa se comprometía a abrir y establecer pozos surtidores de agua potable, uno en la plaza principal y otros en sitios que señalarían.

 En esta obra la empresa correría con la dirección técnica y los materiales y el pueblo de Catacaos con la mano de  obra.  Esta obra se hizo y quedó bajo administración municipal.  La empresa se comprometía a poner de su peculio un ingeniero para atender las obras y trabajos públicos municipales, sobre todo la apertura de canales de irrigación.  Como la empresa tendría que instalar una factoría, se comprometía como anexa a ella a hacer funcionar una escuela técnica, para enseñar a los hijos del lugar los oficios de carpintería, herrería y mecánica.  La empresa colocaría por su cuenta, los puentes que fueran necesarios sobre los canales.

 

            El ferrocarril prestó importantes servicios hasta el año 1938 en que por razones económicas dejó de funcionar.  Los dueños primitivos transfirieron sus acciones y derechos al Banco del Perú y Londres hasta el año en que éste  quebró pasando entonces a diversos dueños hasta que todo fue adquirido por don Eugenio Pérez.

 

 

 

 

Sueldos de maestros y ficus centenarios

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            El 10 de febrero de 1889 el Concejo Distrital de Sullana  discutió el pedido que había formulado el maestro de la Escuela de Niños Nº 1 señor José Cardó.  El concejal José Benito Vinces fue del criterio de hacer un aumento a todos los maestros sin que se hicieran excepciones, a lo que el alcalde Roberto Barreto se opuso explicando que el maestro Cardó también daba clases a niños de Instrucción Media.

 Se le observó sin embargo, que no estaba bien que por atender a un grupo reducido de alumnos tuviera que distraer tiempo y descuidar en consecuencia la atención que debía dedicar sólo a los alumnos de primaria que eran más numerosos.  Tras largo debate se acordó que al profesor Cardo se le pagaría 60 soles mensuales y a los demás 45 soles.  Posiblemente estas sumas no eran muy bajas si se compara con los sueldos de 55 soles que ganaban los maestros en 1930.  Otros acuerdos municipales fueron, abrir una escuela en Jíbito y otra en Huangalá,  asignando para el maestro de cada una 20 soles mensuales.  Aumentar el sueldo del amanuense municipal a 25 soles al mes.  Destinar 11 soles para atender el riego y abono de los jardines de la plaza principal, fijar en 18 soles mensuales los gastos de alumbrado público por el sistema de faroles y dotar de gorras distintivas a los empleados que hacían el servicio de celadores  y de policías.

 

            Se dio cuenta en sesión de haber recibido del Concejo Provincial de Paita un cajón conteniendo retoños de ficus para ser plantados en la plaza principal. Estos ficus son sin duda los que hasta la fecha, en 1989, es decir desde hace cien años  aún existen en el atractivo parque principal de Sullana, y de los cuales algunos ya han muerto por causa de las enfermedades.

 

            En esta sesión se dio permiso al maestro Cardó por cinco meses para que pudiera viajar a su patria, España.

 

 

 

 

Subprefecto multa por no poner farol en la puerta

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            En sesión del 27 de marzo del Concejo Distrital de Sullana, el regidor Gaspar Merino presentó una propuesta para el mejoramiento del servicio de alumbrado público.

 

            Se le oyó pero se tomó más bien el acuerdo de solicitar propuestas por medio de carteles que se colocarían en diversos lugares de la localidad.  Por entonces la municipalidad sólo alumbraba el perímetro de la plaza principal y una calle.  Para la iluminación del resto se había publicado una ordenanza por la cual cada vecino estaba obligado a poner un farol en la puerta de su casa, pero había muchos que se hacían los desentendidos y otros  retiraban los faroles a las 10 o a las 11 de la noche.  El subprefecto de Paita Julio Octavio Reyes fue informado de eso y trató de cerciorarse  en forma personal verificando que la denuncia era cierta, por cuyo motivo envió una comunicación al Alcalde, para que hiciera recordar a los vecinos la obligación de colocar el farol bajo amenaza de multa.

 

            Pero como el subprefecto no era persona que se concretaba a amenazar, un buen día recorrió las calles de Sullana de noche y constató a una gran cantidad de infractores a los que multó con veinte centavos.  Al cumplir su labor envió a la municipalidad  la  suma de 9,89  soles correspondiente a multas de 49 infractores.

 

 

Subprefecto arresta y multa a ociosos

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            Don Julio Octavio Reyes, no sólo era un diligente subprefecto paiteño, sino que parecía haberle puesto la puntería a Sullana, y estaba decidido a hacer trabajar a las autoridades .Por entonces era prefecto de Piura  don Pedro Ugarteche.

 

            En diciembre de 1889, se dirige al alcalde del Concejo Distrital para pedirle que se sirva darle el nombre del Rematista del Ramo de Chicha para hacerlo comparecer al despacho subprefectural y darle estrictas órdenes de notificar a los conductores de chicherías, picanterías y demás lugares de diversión, cuya lista debería darle, para que sólo funcionen los sábados, domingos y feriados, pero no en días de trabajo y el que así lo hiciera sufriría arresto y pena de multa.

 

            En Sullana al igual que en otros lugares, y también como aún ahora se practica, no se trabajaba el lunes por la tarde, porque prolongaban las jaranas del domingo, por cuyo motivo lo llamaban “domingo chiquito”.

 

            El 22 de abril de 1890 el subprefecto al hacer un recorrido por las calles de Sullana pudo constatar que varios establecimientos estaban vendiendo bebidas.  El señor Reyes dispuso la clausura de dos locales, arrestó a 8 individuos y dispuso que pagasen una multa de cuatro soles fuertes.  En esas labores el subprefecto se hacía acompañar de dos soldados.  Pero parece que alguno de los detenidos tenían sus padrinos y estos acudieron al alcalde y éste a su vez pidió  al gobernador que sacara a los presos, a lo que accedió previo pago de una multa de un peso boliviano.

 

            El asunto llegó a conocimiento del subprefecto, que ni corto ni perezoso remitió al alcalde Roberto Barreto una enérgica nota que entre otras cosas decía:

 

            “Como la extirpación de la vagancia y vicios  no se puede castigar sino con fuertes penas, he resuelto desde hoy que las multas por embriaguez en los días de trabajo sean de cuatro soles fuertes, que las hará efectiva la autoridad política quien en su oportunidad las pondrá a disposición del Concejo.  Conviene que los penados pasen cuatro o cinco horas arrestados aún cuando paguen la multa, que es lo que se acostumbra en todas partes.   Hacer lo que Ud. ha hecho ayer, no es sino alentar la vagancia, pues con el desembolso de un sol feble, no sufre sino una peña levísima y espero que Ud. que se encuentra animado de mi mismo propósito, no podrá menos que aceptar mi indicación.”

 

 

Se reabre la Escuela Náutica de Paita

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            La Escuela Náutica de Paita, que tantas vicisitudes había sufrido y  que aún tenía que sufrir hasta nuestros días, con funcionamientos breves y esporádicos, volvió a abrirse en el año 1889.

 

            Con el fin de asegurar su funcionamiento,  dotándola de  rentas, y también para que contara con un plantel adecuado de estudiantes, el Concejo Provincial de Paita con circular de fecha 23 de abril, enviado a los concejos distritales, solicitaba se levantara una colecta voluntaria, que permitiera a los hijos de cada localidad, seguir la gloriosa carrera de marinos.  Es decir, que cada localidad debía de financiar una especie de beca.

 

            Los jóvenes paiteños herederos de las virtudes marineras de sus ancestros los tallanes tenían una inclinación natural por la carrera de la marina, ya que el mar era su elemento natural.

 

            En la historia nacional, hay una gran cantidad de jóvenes paiteños que se formaron en la Escuela Náutica de Paita, y más tarde no sólo alcanzaron altos rangos en la marina nacional, sino también tuvieron destacada actuación en los hechos en donde el mar, fue la primera línea de frontera en donde se defendió la soberanía nacional.

 

 

Forman Guardia Urbana en Sullana

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            El subprefecto de Paita don Julio Octavio Reyes al que nada se le escapaba, dispuso el 9 de junio de 1889, que el Concejo Distrital de Sullana formase una Guardia Urbana,  para vigilar el orden y garantizar la vida y propiedades del vecindario especialmente de noche.

 

            Decía don Julio  Octavio, que no obstante la importancia que ya tenía Sullana, tan sólo había cuatro soldados que no eran suficientes para asumir las múltiples responsabilidades, y que por tal motivo una gran cantidad de forajidos no sólo infestaba los caminos del  distrito, sino que llegaban a penetrar a la ciudad para cometer sus desmanes, en vista de no haber forma de enfrentarlos.

            En la época a que se refiere el subprefecto de Paita, había en efecto una gran cantidad de bandoleros que asaltaban  a los viajeros que confiadamente se aventuraban  a cruzar solos los caminos.  Es por tal motivo que se había vuelto costumbre de juntarse en especie de caravanas cuando las jornadas por hacer eran largas o también como hacían muchos hacendados, que tenían a sueldo a bandoleros, los que en cierta forma les brindaban protección, al mejor estilo de los pandilleros de las décadas de 1920 y 1930  en Chicago y Nueva York.

 

            No se tiene información de la forma como fue atendida la demanda de la primera autoridad, pero si se conoce que cuando menos por algún tiempo se restablecieron en Sullana, los “serenos”, tal como los habían en las principales ciudades en   época de la Colonia y los primeros años de la República.

 

 

 

 

Las Juntas Departamentales

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            La Constitución Española de Cádiz de 1812 había creado para España y para las colonias las juntas departamentales, tomadas de la legislación francesa.  Se trataba sin duda alguna del más serio intento de descentralización que  hasta entonces se había intentado.

 

            Cuando el Perú proclamó su independencia, se consideraron las juntas departamentales en la Constitución de 1823.  En la práctica empezaron a funcionar tarde y en lo legal fueron suprimidas en 1826.

 

            La Constitución de 1828 las restableció y les reconoció numerosas atribuciones sobre todo de fiscalización.  Se aseguraba que eran el primer paso a los proyectos de los posibles parlamentos federales del futuro, porque más que todo eran cuerpos políticos y deliberantes,  que por carecer de rentas propias se tornaron inoperantes y pesados a causa de su excesivo burocratismo.

 

            La Convención de 1834 las suprimió y volvieron a aparecer en 1856.  En 1860 el Congreso puso en debate la existencia misma de las juntas departamentales el 3 de Octubre y ningún diputado hizo uso de la palabra para defenderlas, por cuyo motivo se pasó a votación y se acordó su supresión con sólo cinco votos en contra.

 

            La guerra con Chile había causado tantos destrozos, que no se sabía por donde empezar en las tareas de reconstrucción.  Hacerlo desde Lima resultaba imposible y lo era también restablecer el normal funcionamiento de todo el aparato del Estado.

 

            En agosto de 1886 los diputados Arturo García, Hildebrando Fuentes,  José María Gonzáles y Antonio Lorena, presentaron en el Parlamento un proyecto de descentralización fiscal.

           

            El proyecto se aprobó el 13 de noviembre  de 1886.  El presupuesto de la República en materia de Ingresos y de Gastos se dividió en dos Pliegos: los Generales y los Departamentales.

 

            Los ingresos para el Presupuesto General serían derechos aduaneros, importación y exportación.  El Impuesto de los Timbres.  Las rentas de ferrocarriles y correos.

 

            Los gastos generales nacionales serían los que  correspondían al sostenimiento del Poder Legislativo.  Todas las Oficinas Centrales o Ministerios del Poder Ejecutivo, los gastos de Palacio de Gobierno, Ejército, Marina, Tribunal Mayor de Cuentas, Corte Suprema, Correos y Telégrafos, servicio de la Deuda Externa e Interna, el presupuesto eclesiástico.

 

            Todos los demás ingresos serían departamentales como las contribuciones personal, predial, patente, serenazgo,  alcabala, herencias y donaciones, papel sellado, rentas del arrendamiento de salinas, impuesto a la sal, rentas de los conventos.

 

            La renta personal la pagarían sólo los varones mayores de 21 años y hasta los 60  y sería un pago semestral, de un  sol de plata en la sierra y dos soles de plata en la costa.

 

            Los gastos departamentales eran:  los que demandarían el funcionamiento de los servicios de la administración pública, cortes superiores y juzgados, la Instrucción Primaria en la parte que no lo pudieran hacer los concejos provinciales y distritales, sostenimiento de la Policía, conservación de caminos, gastos de las beneficencias.

 

            Presidiría las Juntas Departamentales el prefecto del Departamento y estarían integradas por un delegado de cada provincia que  sería nombrado por el respectivo Concejo Provincial.  Esto era aplicable a los departamentos de Piura, La Libertad, Cajamarca, Loreto, Ancash, Lima, Junín, Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cuzco, Puno y Arequipa.  En los departamentos de pocas provincias como Amazonas y Huánuco se designarían dos delegados por provincia, lo mismo que Lambayeque y Tacna. En los casos del Callao y Moquegua, cuatro delegados por la única provincia.

 

            Los Presupuestos Bienales de las juntas debían ser enviados para su revisión al Ministerio de Hacienda y de allí a las cámaras para su aprobación.  Por ley del 25 de octubre de 1857 se determinaba la forma como funcionarían tales presupuestos.

 

            Las Juntas Departamentales estaban ya funcionando en 1888.

 

 

Complot en la cañonera “Lima”

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            Cuando el Perú perdió al "Huáscar" trató desesperadamente de recomponer su marina y efectuó diversos contactos con naciones extranjeras para adquirir barcos de guerra.  Uno de los acuerdos más serios se ajustó con Alemania para la entrega de dos barcos de guerra recién construidos.  Cuando la operación estaba ya para culminar, Chile reclamó la neutralidad del Imperio alemán y los barcos se inmovilizaron en el puerto de Kiel.

 

            Al terminar la guerra, el Perú recibió un barco y otro le fue entregado en compensación para saldar  deudas existentes.  A la nueva cañonera se le puso por nombre “Lima”, tenía 1790 toneladas, con un desplazamiento de 77,7 metros de largo y 10,30 metros de ancho, su navegar era de 14 nudos por hora y su armamento consistía en dos cañones de 152 m. y dos ametralladoras.  No era por lo tanto un barco muy poderoso.  Su tripulación debía constituirse con 10 artilleros y 20 grumetes.

 

            Apenas llegó la cañonera al Callao, los políticos contrarios a Cáceres y seguidores de Piérola trataron de sublevar a la tripulación.   Fueron arrestados los oficiales navales Juan Manuel Raygada, Demetrio Sacco,  Manuel Miranda y Bernabé Carrasco así como un grupo de civiles.  A estos presos políticos se les confinó en el cuartel de San Francisco de Paula.  Los civiles fueron enviados a la “Independencia”.

 

            Bien pronto sin embargo, Cáceres que no  quería  tener problemas políticos dispuso su libertad, lo que se llevó a cabo en los primeros días de noviembre de 1889.

 

            El diario “El Comercio” de Lima, el día 13 de noviembre de 1889  informaba que en ese día  habían sido puestos en libertad  tanto el pierolista piurano  Augusto Seminario, como sus sobrinos y los señores  José María Echenique y su sobrino del mismo nombre, por disposición expresa del presidente de la República general Cáceres.

 

            Don Augusto y sus sobrinos darían mucho que hablar seis años más tarde cuando sublevaron todo el norte del   Perú.

 

            Cuando terminó la guerra con Chile circulaban soles de plata y soles de papel.  Los invasores se llevaron casi toda la plata en moneda y dejaron los papeles.  Nadie quería los billetes de papel y se cotizaban generalmente de 25 a 1.

 

 

El Papel Moneda

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            Cáceres para hacer posible la aceptación de la moneda de papel, dispuso por Resolución Suprema del 11 de setiembre de 1886 que se podían aceptar con su valor nominal hasta el 10% de pagos en billetes  que se hicieran en las aduanas.  También el Gobierno pagó a los empleados de la administración pública con papel moneda lo que era una verdadera estafa pues luego tenían que canjearlos a los exportadores o importadores con moneda metálica sufriendo  fuertes rebajas.

 

            Posteriormente se fue señalando determinada cotización para los billetes que se entregaban en las aduanas.  Todos los billetes recolectados se incineraban.

 

            Los importadores y exportadores se beneficiaron grandemente con esta disposición porque adquirían los billetes a precios muy bajos.

 

            El 14 de mayo de 1887, se   autorizó a las oficinas públicas de recaudación de todo el país aceptar hasta el 50% del pago en billetes por concepto de cancelación de impuestos.

 

            Los billetes eran aceptados con ciertas  resistencias en los departamentos de Lima, Callao, La Libertad, Lambayeque, Ancash, Ica Junín y Huánuco.

 

            El resto de departamentos lo rechazaban.  En los de Piura, Cajamarca, Ayacucho, Cuzco y Arequipa preferían la moneda boliviana.  Era el mal menor.

 

            En noviembre de 1887 se pagaban 26 billetes por un sol de plata.  Eso creó una situación de pánico en el campo monetario.  Las importaciones aumentaron por el uso del billete que  era aceptado en las aduanas, en un volumen del 50% de los pagos.

 

            En el curso del año 1888 se dieron diversas disposiciones legales encaminadas a establecer que los pagos aduaneros y de impuestos deberían hacerse en moneda metálica y el 19 de abril se autorizó la acuñación de moneda fraccionaria.

 

            Estos cambios monetarios causaron la ruina de muchas familias, porque era la moneda que generalmente podían manejar los pobres y que vieron de la noche a la mañana bajar su valor.  Es decir se produjo y acentuado proceso inflacionario con  relación al billete.

 

            En Piura, Cajamarca, Ayacucho y Arequipa, la desvalorización del billete, hizo que las monedas extranjeras, sobre todo la boliviana tuviera mejor aceptación.  En estos lugares circulaban las pesetas y los cuartos bolivianos. Las gentes llamaban a las  pesetas bolivianas, arañas.

 

            Para operaciones menudas, las gentes se ingeniaron en encontrar valores fraccionarios a las arañas, partiéndolas por la mitad tal como se hizo años más tarde con los centavos de cobre o “gordos”.  En Piura, preferían en las transacciones las monedas bolivianas partidas a las monedas de cobre peruanas.

 

            Por ley del 25 de octubre de 1887, el Gobierno dispuso que fuera retirada de circulación la moneda partida de los departamentos de Cuzco, Puno y Apurímac, y para reemplazarla, se autorizó la acuñación de moneda fraccionaria de plata por un monto de 300 mil soles.  En la práctica, el disponer sólo en determinados departamentos el retiro de la moneda partida o astillada como se llamaba, no surtió efecto porque de los departamentos colindantes se producían nuevas invasiones de moneda.

 

            Nueva disposición monetaria se dio el 30 de setiembre de 1889, para retirar de todo el Perú las monedas astilladas o partidas.  En Piura y en Cajamarca, se permitió el canje a la par de las monedas bolivianas de igual ley.

 

            En realidad, la plata peruana era de mejor calidad  que la de Bolivia y de México y logró fama internacional.  Por tal motivo, en varios países de América el sol peruano de plata también circulaba  con mucha aceptación, y como se le daba premio, se producía una huída hacia el extranjero, lo que creaba problemas de falta de numerario en el Perú.

 

            En agosto de 1889, Ecuador celebró un convenio con el  Perú para que se acuñasen en la Casa de la Moneda de Lima dos millones de sucres de plata, de peso y ley idénticos a los soles de plata peruanos.  Esto favoreció las transacciones del departamento de Piura y de Tumbes, con Ecuador y del uso indistinto de las dos monedas.

 

            Con el tiempo, la moneda boliviana o es decir las “arañas” fueron siendo lentamente desplazadas por los sucres.   Eso duró hasta 1920.

 

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