Capítulo V

CAPITULO V

 

EL CONTRATO GRACE

 

 

·        Piurano representa al Perú en Conferencia Panamericana

·        Agitados debates por Contrato Grace

·        Se aprueba el Contrato Grace

·        Apresan a hacendados Checa

·        Proyecto para derivar el Chira en 1889

·        Padrones electorales escondidos

·        Tweddle forma la London

·        Los 13 herederos socios de rica empresa

·        Tweddle intentó organizar empresa para construir F.C. al Marañón

·        Elecciones de 1890

·        Tratado García – Herrera

·        Llegan a Lima primeras reliquias de Grau

·        Morales Bermúdez asume la Presidencia

·        La Guerra Civil en Chile

 

 

 

Piurano representa al Perú en Primera Conferencia Panamericana

        

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El panamericanismo, que consistía en la unión de todas las repúblicas del continente, era un sentimiento fuertemente arraigado en toda América.  Esto se manifestaba en forma más intensa entre las naciones del grupo latino y en modo especial entre las que habían sido colonias de España.

 

            Bolívar en su famosa Carta de Jamaica de 1815 plantea la posibilidad de formar un gran estado con todas las ex –colonias de España.

 

            Cuando más tarde se inician las luchas por la independencia, el presidente de Estados Unidos Jacobo Monroe lanza su famosa frase:  América para los americanos.

            En junio de 1826 Bolívar tratando de llevar a la práctica su pensamiento, convoca al Congreso de Panamá.  Concurrieron la Gran Colombia, México, repúblicas centro americanas y Perú.  No concurrieron Argentina, Chile y Brasil, todas éstas fuera de la órbita de la influencia bolivariana.  Todo termina en acuerdos líricos y declaraciones amistosas que en la práctica no se cumplieron.

 

            En diciembre de 1847 se inaugura en Lima el llamado Congreso de Lima que funciona hasta marzo de 1848.  Concurren Perú, Bolivia, Ecuador, Nueva Granada (Colombia y Venezuela) y Chile.  Se firman convenios comerciales y consulares.

 

            En 1864 se realiza el II Congreso de Lima.  Asisten delegados de Bolivia, Ecuador, Perú, Guatemala y Venezuela (ya no existe  Nueva Granada y no concurre Colombia).

 

            En octubre de 1889, Estados Unidos convoca en Washington a la Primera Conferencia Panamericana para reunirse en Washington.  Asisten todos los estados libres de América con excepción de Santo Domingo.

 

            Por entonces era embajador del Perú en Washington, Félix Cipriano Coronel Zegarra, que por todo lo que se puede apreciar, gozaba de toda la confianza del presidente Cáceres.  Fue Coronel Zegarra el representante del Perú en tan importante evento internacional.  El día 2 de octubre se instaló la Asamblea y las sesiones se clausuraron el 19 de abril de 1890.  En esta conferencia, se creó la “Unión Internacional de Repúblicas Americanas”, que fue la antesala de la OEA u Organización de Estados Americanos que ahora funciona.  Como presidente de esa Asamblea fue elegido J.H.Blaine secretario de Estado de Estados Unidos y como vicepresidente, Coronel Zegarra.

 

 

Agitados debates por Contrato Grace

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            En las cámaras se había ido formando un grupo opositor de gran agresividad que tumbaron numerosos gabinetes ministeriales.  El Contrato Grace era el tema más debatido y lo que hacía más intensos los debates.  Como sucede siempre, el tema y la pugna se trasladó a la prensa de todo el país y también la opinión pública se dividió.

 

            Esa pugna también se hacía presente en Piura hasta donde iban a alcanzar los efectos del contrato, con el guano de las islas de Lobos y el ferrocarril de Paita a Piura que recién acababa de ser inaugurado.  Una muestra de la intranquilidad política fue el hecho de haberse cambiado tres prefectos que fueron:  Rizzo Patrón, Samuel Palacios y Pedro Ugarteche.

            El 1º de enero de 1889 se convocó a Legislatura Extraordinaria para discutir el Contrato Grace.  El doctor José María Quimper, el ex –ministro de Hacienda del general Mariano Ignacio Prado era uno de los líderes opositores que hacía uso continuo de la palabra con discursos que abarcaban hasta dos días.  Se resolvió por la Mesa Directiva a limitarle el uso de la palabra a un máximo de tres horas por sesión de la mañana y tres horas por sesión de la tarde.  El 31 de enero de 1889 Quimper habló seis horas.

 

            El 14 de febrero de 1889, treinta diputados dejaron de concurrir a sesiones para quitarle quórum a la Cámara de Diputados.  Fue necesario dar por terminado el período de sesiones.  La mayoría tomó un acuerdo, que fue dado a conocer al país bajo la forma de un manifiesto.  Se decía que por la inconcurrencia, los diputados de la minoría habían cesado en sus funciones y que debían reemplazarse por otros elegidos por los colegios electorales.  El 8 de abril se convocaron a elecciones en las provincias cuyas diputaciones habían quedado vacantes.  Por lo tanto, los treinta diputados ausentistas quedaron desaforados.  Ninguno era de Piura.

 

            Con las elecciones, el orden público no se alteró mayormente, pero se notaba una gran tensión en el ambiente político.

 

            En mayo de 1889 se reúne un nuevo Congreso Extraordinario con la Cámara de Diputados recompuesta.  No se trató en dicha legislatura del Contrato, que se dejó para la Legislatura Ordinaria que se inició el 4 de julio.  La oposición al Contrato quedó circunscrita a la prensa y a grupos políticos.  Pero en el nuevo Congreso no resultaron las cosas tan fáciles.  Se podían distinguir hasta tres grupos.  Unos que aceptaban el contrato tal como lo presentaba el gabinete.  Otro grupo que lo aceptaba pero previas modificaciones y otro grupo minoritario que lisa y llanamente planteaba que no fuera aprobado.   El líder de este último grupo era el acaudalado Manuel Candamo.

 

 

Se aprueba el Contrato Grace

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            El 25 de octubre de 1889 se aprobó el Contrato Grace mediante una Resolución Legislativa.  Todos los senadores y diputados piuranos votaron a favor.

 

            Por el contrato se daba por saldada toda la deuda externa que el Perú tenía con los tenedores de bonos –sobre todo ingleses- por los empréstitos contraídos por el presidente Balta y su ministro de hacienda Nicolás de Piérola, para construir ferrocarriles, muelles y otras obras.

 

            El Comité de Bonistas dejaba de funcionar y en su lugar se formaba por ellos mismos una compañía que fue la Peruvian Corporation Ltda.  que debía de asumir las actividades administrativas de los ferrocarriles que señalara el contrato.

 

            Los bonistas o lo que es lo mismo la Peruvian Corporation, explotaría por 66 años los siguientes ferrocarriles:  De Mollendo a Arequipa – de Arequipa a Puno; de Juliaca a Santa Rosa; de Pisco a Ica; de Lima a Ancón; de Chimbote a Suchiman; de Salaverry a Trujillo; de Pacasmayo a Guadalupe; de Trujillo a Ascope y de Paita a Piura.  Hay que hacer notar que este último F.C. estaba comprometido a Federico Blume por veinte años, de tal manera que los 66 años con la Peruvian se iniciarían al término del contrato con Blume.

 

            Se otorgaba también la cantidad de dos millones de toneladas de guano, más el 50% del guano de las islas de Lobos, después que se terminaran los compromisos que el Perú tenía suscritos con Chile por el tratado de Ancón.  Es decir que parecía que el guano de las islas de Lobos quedaba en el futuro enajenado por muchísimos años.

 

            Eso no era todo.  Los bonistas sacaron también dinero en efectivo, pues el Perú adquirió la obligación de pagarles 33 anualidades de 80 000 libras esterlinas cada una.

 

            No en el contrato, pero sí en fecha inmediata posterior, es decir por ley del 23 de noviembre de 1889 se autorizó la cesión de dos millones de hectáreas de tierras de selva para fines de colonización.  Las colonias no podían ser menos de cuatro y los colonos debían proceder del continente europeo.

 

            Los bonistas se comprometían por su parte a terminar el F.C. de Chicla a la Oroya y el de Santa Rosa a Maranganí y Sicuani.  No se les dio ninguna participación en la explotación de las minas del centro.

 

            Posteriormente la familia Grace, dejó su sede de Londres y se trasladó a Nueva York diversificando sus actividades.  En el Perú la Casa Grace tenía sucursales en todas las principales ciudades.    En Piura, las había en Piura, Paita y Sullana.  Eran propietarios de grandes haciendas, de minas, de líneas marítimas de transporte (y posteriormente aéreas), de fábricas de tejidos, de papel, de licores, de pinturas, de Bancos y de Compañías de Seguros.

 

 

 

Apresan a los hacendados Checa

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            Las disputas por las aguas de regadío, no sólo eran comunes en los afluentes del Alto Piura, sino que en mayor o menor grado se trataba de un hecho generalizado en todo el departamento.

           

            En noviembre de 1889 se produjo una de las tantas refriegas con numerosos heridos por arma de fuego, en una disputa de aguas en la Hacienda Sondor en la provincia de Huancabamba.  El sitio era agreste, lejano y frígido.  Desde enero de 1852 tenía Sondor la categoría de distrito, pero al decir del sabio Raimondi que lo visitó, “era un pueblo tristón”.

 

            Ubicado en la margen izquierda del río Huancabamba, sólo tenía unas cuantas quebradas, que surtían de escasa agua para las necesidades agrícolas y domésticas de la población.

 

            La policía de Huancabamba allanó la casa–hacienda de Sondor y capturó a los empleados y a los propietarios.    Eran estos don Alejandro y don Manuel Ignacio Checa, personas muy importantes de Piura.  De acuerdo al informe policial, se encontró en la casa-hacienda numerosas armas de fuego, lo que no era de extrañar por cuanto todos los hacendados  piuranos las tenían porque para su defensa contra los bandoleros y montoneros sólo disponían de ellos mismos.   Además los litigios de aguas se resolvían a tiro limpio.

 

            Los hacendados Checa con el correspondiente atestado fueron enviados a Piura, ciudad  en la que se armó gran revuelo.  El prefecto dispuso la libertad de los detenidos mientras se aclaraba la situación.

 

 

 

Proyecto para derivar el Chira en 1889

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            Tal como ya lo hemos informado cuando hemos tratado de la época republicana anterior a la guerra con Chile, en 1870 el presidente, coronel Balta, contrató los servicios del ingeniero Duval, para la irrigación del Medio y Bajo Piura dotándolo de aguas permanentes.

 

            Duval estudió las obras de ingeniería hidráulica de los tallanes cuyos restos aún se podían apreciar y llegó a la conclusión de que en época pre-hispánica existía un canal de derivación del Chira al Piura.

 

            Consideró por lo tanto que era técnicamente factible la construcción de un nuevo canal que lleve sus aguas a un  punto en donde ambos ríos están más cerca, es decir, a la altura de “La Obrilla”.

 

            Posteriormente, don Manuel Pardo, encomendó al ingeniero Alfredo Sears en 1874 que efectuase estudios más profundos.

 

            Sears se asoció con el ingeniero Manuel Viñas de tan grata recordación para el departamento de Piura y cumplió con su cometido, pero la crisis económica primero y la guerra con Chile más tarde, postergaron indefinidamente el proyecto.

 

            Sears sin embargo se afincó en el departamento y se dedicó a la agricultura.  En 1889 el citado profesional plantea al gobierno la posibilidad de ejecutar la obra por su cuenta y riesgo, bajo la forma de concesión, lo que le fue otorgado por el Gobierno del general Cáceres mediante Resolución Legislativa del 25 de diciembre del mismo año, que se supone contó con la aprobación unánime de la representación parlamentaria piurana.

 

            En la concesión se autorizaba la construcción de un canal de derivación del río Chira al Piura, para aprovechar los excedentes y almacenarlos en una represa que se haría a la altura de “La   Obrilla”.   Los excedentes se daban en el Chira en abundancia tal, los meses de verano,  que las aguas causaban daño a las poblaciones  y sembríos.

 

            También se buscaba de aprovechar por represamiento, las aguas del río Piura cuando ocasionalmente éste las tuviera en exceso en algunos veranos, pues como es conocido, el río la mayoría de veces no llegaba hasta al ciudad de Piura.

 

            El plan de irrigación trataba de dar riego seguro a todas las tierras en cultivo y ampliar el área agrícola, incorporando a la producción yermos arenales que por siglos nno habían dado ningún provecho.

 

            Sears  había logrado interesar en el proyecto a capitalistas ingleses que se habían comprometido a contribuir con fuertes aportaciones, ya que el proyecto era sumamente costoso y el Gobierno Peruano estaba en la imposibilidad económica de financiarlo.

 

            Para lograr la recuperación del capital y de los consiguientes intereses y tener una justa ganancia, el concesionario establecería un canon de agua.  Es decir que los agricultores comprarían el agua.

 

            Si hubieran propietarios de tierras que rehusaran el riego y prefiriesen tener las tierras sin producción, se facultaba a la empresa concesionaria a expropiarlas para irrigarlas por su cuenta.

 

            El problema radicaba en que de acuerdo a la legislación española sobre tierras y aguas, que databa desde 1756 y que no se había modificado, los agricultores no sólo eran propietarios de las  tierras, sino también de las aguas de riego.

 

            Es decir, que tras de más de sesenta años de haber cesado el coloniaje, aún regían en la República Peruana, Cédulas Reales.

 

            Como en el departamento de Piura, no había tierras de libre disposición o sin dueño particular sobre las cuales el Estado pudiera  reclamar derecho alguno, tampoco había río o quebrada que fuera de propiedad del Estado Peruano.

                       

            Como siempre había muchos hacendados que se creían dueños de las aguas de un río, afluente o quebrada, los litigios eran muy frecuentes.  Nunca se llegaba a un acuerdo para un reparto equitativo de las aguas y es por eso que los problemas se dilucidaban en agrias disputas que terminaban en reyertas y actos de violencia.

 

            Los hacendados del Alto Piura, se consideraban dueños de los afluentes y para evitar que “sus aguas” fueran a dar al río, colocaban tapas o represas.  Cuando posteriormente se dio el Código de Aguas, y la Constitución del Estado, los hacendados piuranos, llevados por la fuerza de la costumbre seguían colocando tapas e impidiendo que el caudal de agua llegase al Medio y al Bajo Piura.

 

            Por ese motivo, las tierras del Bajo Piura, tradicionalmente padecieron de sequía.

 

            Como es lógico suponer, los agricultores piuranos pusieron el grito en el cielo al conocer la Resolución Legislativa de Concesión.  Ellos alegaban que el Gobierno no tenía ningún derecho a disponer de tierras y aguas que les pertenecían.  A ellos se unió cierto sector de la prensa de Piura y de Lima, en una clara manifestación de xenofobia.  No se podía permitir el abuso de los “gringos” sólo por el hecho de que tenían plata.

 

            Encontraban intolerable los agricultores del Chira, que tomaran los concesionarios las aguas que les pertenecían a ellos, que eran los legítimos propietarios de las tierras.  Preferían que esas aguas de las crecientes del Chira, les malograsen los cultivos y causaran tremendos daños a ciudades como La Huaca, Arenal y Amotape, antes que los “gringos” las utilizaran para venderlas en irrigar el Medio y el Bajo Piura.

 

            Por otra parte, los agricultores piuranos, sobre todo los del Bajo Chira, en especial las comunidades, no consideraban justo que les vendieran el agua con un canon que consideraban caro.   No tenían en cuenta que iban a asegurar el riego permanente y por lo tanto producción de riqueza y bienestar para todos los hogares.  Tampoco tenían en cuenta que se trataban de incorporar a la agricultura tierras muertas que antes nunca habían producido por falta de agua.  Preferían que siguieran igual.

 

            Criterio sin duda estrecho y obtuso.  Las comunidades indígenas y los pequeños agricultores fueron azuzados por agitadores y les hicieron  temer despojos.  Los medianos y grandes agricultores, mejores instruidos, sí apoyaban el proyecto.

 

            La oposición era cerrada.  Lo lógico hubiera sido plantear alguna alternativa, pero no la hubo.  Se prefería seguir en la miseria sin posibilidades de hacer producir la tierra.

 

            Si los proyectos de Sears y Viñas se hubieran llevado adelante, se habría adelantado en casi un siglo la derivación del excedente de las aguas del Chira.

 

            Hay que imaginar lo que eso hubiera significado para Piura en producción de riqueza, de bienestar y desarrollo.

 

            En 1892, casi no se había podido adelantar nada en los proyectos de irrigación de tal manera que para aquietar los ánimos el Gobierno prefirió declarar que la concesión había caducado.

 

            Sears, refiriéndose a los agricultores del Chira, aseguraba que esperaban las épocas de inundación, para luego sembrar algodón sobre esos terrenos.  Cada planta de algodón producía por año 2 libras de algodón límpido (desmotado) y cada hectárea daba un rendimiento de 1 136 libras; y como la planta producía durante tres años lo que se obtenía por cada hectárea en esos tres años era 3 408 libras.  La cotización por entonces estable era de 18 centavos por libra, lo que significaba 613 soles con 44 centavos.  Ahora bien, los gastos por hectárea, según Sears  eran los siguientes:  a) limpiar y desaguar el terreno S/. 44,80;  b) sembrar S/.0,84;  c) regar y otros cuidados S/. 2,10;   d)  limpiar y podar después del 1er. año S/. 7,00;  e) recoger S/.6,80;  f) despepitar S/.54,53  y  g) transporte a la máquina S/.34,80.  Total gastos S/. 150,87.  La utilidad por hectárea en tres años era de S/. 462,57.  Como se puede apreciar, el despepitado o desmotado se hacía a mano y formaba parte de los costos de producción.  La cosecha era buena el primer año, pero bajaba en los otros dos.

 

 

Padrones electorales escondidos

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            El 28 de diciembre de 1889, el subprefecto de Paita envía al gobernador de Sullana la siguiente orden:  Haga las más prolijas investigaciones, para saber en poder de quien existen los libros electorales y ordene la captura de los que los retengan y sométalos a juicio criminal, como sustractores  de documentos”.

 

            Por ese tiempo el sistema electoral era indirecto.  El voto popular no ungía directamente a los parlamentarios ni presidentes de la República, sino designaba a los Colegios Electorales, o grandes electores, que eran los que decidían en última instancia.  El Padrón que se había perdido contenía los nombres de esos electores y como se puede apreciar, daba una gran ventaja para manipular la voluntad, al que pudiera guardar el padrón.

 

            El gobernador de Sullana se dedicó con ahínco a buscar donde estaban los libros, porque bien conocía que el subprefecto no admitía excusas.  Por fin, el 6 de marzo pudo llegar a establecer que los libros estaban entre don Lucas Barreto y don Belisario Daniel Lama.  Pero uno al otro se echaban la culpa y el atribulado gobernador no sabía que cosa hacer,  debido a que  ambos personajes eran personas muy principales de la localidad.  Decidió entonces comunicar la situación al subprefecto, el que de inmediato se constituyó a Sullana, se presentó ante Belisario Lama que era el que parecía tenerlos y no querer entregarlos y en el término de diez minutos, Lama hizo entrega de los libros en medio de explicaciones y excusas.

 

            No se sabe si contra Lama se iniciaría alguna acción, pero posiblemente no, dadas las explicaciones que proporcionó.

 

Belisario Lama era un personaje adinerado y tenía el negocio de transporte terrestre de pasajeros y cargas livianas con piaras de mulas. En el periodo de la guerra con Chile, presto importantes servicios  gratuitos,  transportando con sus piaras armamento  que llegaba del exterior a Tumbes y Máncora, y lo llevaba a Cajamarca. Tanto el coronel chileno Novoa como Carvallo los buscaron para sancionarlo, pero nadie les dio noticias de él.

 

 

Tweddle forma la London

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            Dueño ya Herbert Tweddle de las extensas tierras de la Brea y Pariñas con toda la enorme riqueza petrolera contenida en su seno por haberla comprado a Genaro Helguero, procedió en el año de 1889 a formar en Londres, a una empresa que llamó “London Pacific

Petroleum Co.” con un capital de 250 000 libras esterlinas, de las que suscribió y pagó acciones por un monto de 200 000 libras esterlinas, y puso al público en oferta acciones por 50 000 libras esterlinas.

            El pago de sus acciones lo hizo con el aporte de la Brea y Pariñas, que esa era la nueva cotización que el empresario inglés daba a las tierras que había  comprado en tan solo dieciocho mil  libras esterlinas.  ¡Qué tal negocio!

 

            En 1890, aparece otro inglés, el capitalista William Keswick, que toma las acciones que se estaban ofertando de la London.

 

            En el mismo año, Tweddle transfirió todos sus derechos a William Keswick que de esa forma se convirtió en propietario único de la London.  Es decir, que Tweddle en sólo un año hizo todas las operaciones de compra y venta y quedó con una suma fabulosa en libras esterlinas.

 

 

 

 

Los 13 herederos socios de rica empresa

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            Pero Herbert Tweddle no era hombre que hiciera las cosas a medias. Al mismo tiempo que había estado tratando con don Genaro Helguero, lo hacía con los sucesores de Diego Lama, herederos de  la no menos extensa hacienda de Máncora.  Le interesaba la zona inmediata al norte de Quebrada Honda, donde estaba la caleta de Lobitos.  La arrendó por 60 años pagando en bonos.

 

            Tweddle tampoco explotó Máncora, sino que la hizo objeto de sus negocios especulativos en forma tal que parte de sus derechos los vendió a Keswick y otra parte al consorcio “The La Brea Sindícate”.

 

            Los herederos Lama se vieron envueltos en las argucias legales de los empresarios ingleses y como tenedores de los bonos nada sacaron y más bien con el correr los años hasta perdieron la propiedad de las ricas tierras.

 

            Cuando en 1960 se reactualizó el problema de la Brea y Pariñas, los descendientes de los antiguos herederos quisieron reivindicar sus derechos pero nada sacaron,  a pesar que los 60 años de arrendamiento se habían vencido en 1948.

            En 1890 aparece otro empresario inglés en el panorama petrolero peruano.  Se trataba de Alexander Milne que con el tiempo se iba a convertir también en un potentado internacional.  Milne fundó la “South American Petroleum” que adquirió el derecho de explotar el área de Lobitos, pero hizo muy poco hasta 1901 en que formó “The Peruvian Sindícate”.

 

Milne se enriqueció en el Perú y creó una “casa fuerte” que tenía sucursales y agencias en varios lugares de la república.

En el departamento de Piura, tenia sucursales en la ciudad de Piura, en Sullana y en Paita.

 

 

 

           

 

Tweddle intentó organizar empresa para construir F.C. al Marañón

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            La inauguración del F.C. de Paita a Piura reactualizó la idea del ferrocarril de Paita al Marañón que desde 1843 había imaginado y estudiado el paiteño Rudecindo Garrido.

 

            En 1866, el ingeniero nórdico Juan Guillermo Nystrom fue contratado para que  hiciera por cuenta del Gobierno, un estudio sobre los ferrocarriles de penetración y recomendó el de Paita al Marañón.

 

            Dos años más tarde, el sabio Raimondi que recorrió la sierra piurana consideró también que el ferrocarril era factible y que en Huarmaca había un paso de 2 186 por el cual podía pasar el ferrocarril de la cordillera occidental de los Andes.

 

            El ingeniero Alfredo Duval que fuera contratado para hacer el estudio sobre irrigaciones en el departamento de Piura también hizo en 1872 un estudio sobre la posibilidad de tender esta línea.

 

            En 1888 el arqueólogo alemán Ernest Middendorf, pensó no sólo en la posibilidad de un ferrocarril de Paita al Marañón, sino de una bifurcación parra llegar a la frontera con Ecuador a la altura de Macará.  Este proyecto bien merecería reactualizarse como parte de los planes de desarrollo regional.

 

            En 1889 Herbert Tweddle, que estaba interesado en la explotación del petróleo de la costa del departamento de Piura, también se dejó ganar por el entusiasmo ferroviario.

 

            Era Tweddle como buen británico un hombre emprendedor e inquieto para el cual nada resultaba imposible.  Fue así como encargó al Ingeniero Sam Scold, hiciera el estudio de factibilidad de una línea férrea de Paita al Marañón.

 

            El diputado por Piura doctor Carlos Carrasco Távara en un bien fundamentado pedido que hiciera en su Cámara en mayo de 1987 buscó de reactualizar el proyecto ferroviario, presentando un documentado estudio de todos los proyectos  y planes que desde hace casi siglo y medio se han venido presentando, lo cual demuestra que en el corazón de todos los piuranos la idea del ferrocarril al Marañón permanece latente.

 

            Scold presentó a Tweddle su informe en Talara el 26 de noviembre de 1890 y consideró tres rutas alternativas.  La primera pasando por Bigote y llegando a Huancabamba; la segunda pasando por Bigote y llegando a Tamborapa y la tercera por Huarmaca.  Aún planteaba otra más por Santa Lucía.

            Tweddle se entusiasmó tanto con la idea, que él mismo resolvió recorrer la ruta del paso por Huarmaca.  Para eso comprometió en la expedición al ingeniero Víctor Eguiguren y al ingeniero Enrique Coronel Zegarra que hacía tres años había retornado a Piura tras de haber trabajado en las obras de un ferrocarril en Ecuador y junto con Meiggs en el ferrocarril central.  Era por lo tanto un conocedor.  También fueron de la partida el ingeniero norteamericano Scott y el corresponsal del periódico más importante del mundo el “Times” de Londres que acreditó en la empresa a Mr. Thompson.

 

            En 1894 y en 1895 cuando Víctor Eguiguren fue Senador, planteó en su Cámara  el proyecto.  Para el ingeniero Enrique Coronel Zegarra, el proyectado F.C. se convirtió en la  pasión de su vida y cuando después fue parlamentario y ministro, trató de hacer realidad el ferrocarril a la Selva.

 

            Fue sin duda la contra-propuesta del explorador Antonio Mesones Muro de que el ferrocarril se hiciera partiendo de Eten, lo que perjudicó al gran proyecto.

 

            Herbert Tweddle  a diferencia de Grace, Milne, Dreyfus y otros que hicieron en el Perú sus inmensas fortunas habiendo llegado pobres, era un empresario inglés con muchos recursos económicos.  Además terminó por radicarse en Lima y formar hogar en nuestra patria, habiendo sido su hijo Herbert Tweddle Valdeavellano uno de los pioneros de la aviación, que en 1920 con un débil avión Curtis hizo el primer vuelo de Lima a Tumbes.

 

            Milne había llegado al Perú en 1875, pobre como la mayor parte de los extranjeros que llegaron con el ánimo de hacer fortuna trabajando.  Con Roberto Murdoch adquirió un rudimentario molino de piedra en el Callao, y así nace la Compañía Molinera Santa Rosa.  La guerra con Chile fue sin duda un grave contratiempo para Milne pero su indeclinable esfuerzo le  permitió rehabilitarse y en 1895 adquirió en el extranjero una moderna planta de molienda de trigo.

En 2007 el alcalde de Paita,  Torres Vega, ha actualizado el proyecto del F.C. Paita al Marañón, paralelo a la carretera Bi oceánica.

 

 

Las elecciones de 1890

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            Desde que arrancó el año 1890 empezó a agitarse el ambiente político.  Cáceres como gobernante estaba en la plenitud de su prestigio, y si la constitución lo hubiera permitido y él lo hubiera deseado, habría logrado fácilmente la reelección.

 

            Tres contendores se disputaron la presidencia de la República.  Como candidato del Partido Constitucional, que antes apoyó a Cáceres, fue propuesto don Francisco Rosas. Por el Partido Demócrata don Nicolás de Piérola y mucho tiempo después fue lanzado a la arena política el coronel Remigio Morales Bermúdez, que hasta el momento se había desempeñado como vice-presidente del general Cáceres.

 

            Morales Bermúdez estaba aureolado por su comportamiento heroico al lado de Cáceres en la Campaña de la Breña, y era también el candidato que el presidente Cáceres deseaba como sucesor.

 

            Piérola organizó comités en todas las capitales de departamento y en Piura los cuadros dirigentes del pierolismo estaban integrados por don Augusto Seminario y Váscones con sus sobrinos.

 

            Desde enero de 1890 los pierolistas organizaron manifestaciones públicas que contaron con las garantías de las autoridades; pero cuando los Constitucionales  con su candidato Francisco Rosas, programó un desfile en Lima el 30 de marzo, fue atacado por grupos de choque pierolistas a los gritos de “¡Abajo la argolla, mueran los blancos!”.

 

            A esa actitud intemperante del pierolismo, se agregó el de su prensa y en especial su órgano oficial llamado “El País”.

 

            Se impugnó la candidatura de Piérola en base a la ley del 26 de octubre de 1886 que declaró nulos los actos de la dictadura de Piérola y del Gobierno de Iglesias, a los que se les declaraba civil y moralmente responsables.

 

            Hasta ese momento, no se había intentado llevar ante los tribunales a Piérola a pesar de que desde hacía varios años estaba en Lima, pero bastó que su candidatura  a la   presidencia de la República fuera oficializada para que se acordasen de la ley de octubre de 1886, y no sólo se impugnase su candidatura, sino que se le llevara simultáneamente ante el fuero civil y militar.  Esa situación, así como la detención contra Piérola el 5 de abril y la clausura de “El País” crearon un estado de conmoción en todo el territorio.

 

            En Piura se produjeron enfrentamientos entre los seguidores de Augusto Seminario y Váscones, contra los grupos adictos del  coronel Fernando Seminario Echandía que en esta oportunidad contaba con el reforzamiento de personalidades de prestigio como el contralmirante Lizardo Montero y don Francisco Eguiguren, todas vinculadas al Partido Civil.

 

 

 

Tratado García - Herrera

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            La madre del niño-rey de España, Alfonso XII, en su condición de Regente había aceptado el papel de árbitro en la cuestión de límites entre el Perú y Ecuador.

            Pero en octubre de 1888, Ecuador propuso que los dos países nombrasen un representante para trazar una línea divisoria en base al tratado de 1829 y que en caso de que no se llegase a un  acuerdo sobre determinados territorios, sería sobre ellos en que se recurriría al arbitraje.           

 

            El Perú aceptó el trato  directo y nombró a Arturo García y Ecuador al Ministro Pablo Herrera.  El 28 de octubre de 1889 se iniciaron las reuniones y se terminaron el 2 de mayo de 1890.  Los dos representantes tenían en realidad la esperanza de lograr un tratado definitivo de límites.

 

            La línea era la siguiente:  Se iniciaba en la boca de Capones del Estero Grande de Santa Rosa, seguía por la desembocadura del río Zarumilla y por todo su trayecto hasta sus nacientes.  Luego cortaba el río Tumbes para alcanzar al Alamor, hasta su confluencia con el  río Chira seguía aguas arriba de este río hasta su unión con Macará, Calvas o Espíndola hasta su origen.  Luego siguiendo la cima de la cordillera hasta alcanzar el río Canchis en su parte más septentrional.  Sigue el Canchis hasta alcanzar el río Chinchipe cuyo curso sigue aguas abajo en territorio cajamarquino hasta la confluencia de este río con el Marañón.  Continúa río abajo del Marañón hasta el punto donde recibe las aguas del río Pastaza, remonta el río Pastaza hasta el punto donde éste se junta con el Pinches.  Si sigue el curso aguas arriba de este río en un trecho de tres leguas de donde se traza una recta hasta alcanzar los orígenes del  río Manta  del que sigue su curso hasta entrar al Curaray Grande continúa por este río hasta llegar al Napo prosigue por el Napo hasta donde se le une el río Payaguas, remontaba a este río para luego pasar al Cobuya siguiendo por éste hasta llegar al Putumayo, por el cual seguía hasta la frontera con Brasil.

 

            El tratado García-Herrera favorecía al Perú en la parte de Tumbes-Piura, no sólo porque se reconocía la peruanidad definitiva de Tumbes, sino también por convertir al río Alamor en todo recorrido como límite, cosa que no ocurre ahora porque prácticamente todo ese río pasa por territorio que se reconoce como de Ecuador.

 

            Pero donde el Perú salía tremendamente lesionado era en la región de la selva amazónica.  Al llegar la frontera hasta el río Marañón, todo el curso de los ríos Santiago y Morona quedaban en territorio ecuatoriano.

 

            La provincia de Jaén en Cajamarca quedaba definitivamente reconocida como peruana pero la mitad de la actual provincia de San Ignacio iba a quedar al otro lado de la frontera.

 

            Ecuador sacaba tremenda ventaja en la parte de Maynas.  La mitad de la extensa provincia que se conoce como Bagua en el departamento de Amazonas, quedaba al otro lado de la frontera.

 

Lograba un valioso acceso a la parte navegable del Putumayo, y lógicamente incorporaba a su territorio la extensa zona comprendida entre los ríos Putumayo y Caquetá, que en ese tiempo y hasta el año 1930 también disfrutaba Colombia.

 

            Con el tratado García-Herrera, el Perú hubiera dejado de limitar al Norte con la República de Colombia, porque en su lugar hubiera estado Ecuador.

 

            El Gobierno de Ecuador aceptó de inmediato el tratado que casi doblaba su extensión territorial, y aún así se hizo el sacrificado en aras de la paz, pues su pretensión era tener como límites el Marañón, desde Chinchipe hasta su unión con el Ucayali.

 

           En Piura y Tumbes se recibió el tratado con tranquilidad porque en nada cambiaba la situación existente y más bien en cierto grado la mejoraba, pero en Loreto no pasó igual.  Iquitos era todavía una pequeña ciudad, pero en ella se realizaron manifestaciones de protesta y sus representantes parlamentarios lograron que un grupo de destacados oradores de sus cámaras se opusieran.

 

Como era de suponer, el Congreso de Ecuador aprobó el tratado, y lo mismo hizo al fin y al cabo el del Perú, pero introduciendo en el mismo sustanciales modificaciones lo que en la práctica equivalía a rechazarlo.

 

            La propuesta peruana, planteaba que una vez llegada la línea limítrofe al punto donde la  Quebrada de San Francisco vertía sus aguas en el río Chinchipe, se trazaría una recta hasta llegar al Pongo de Manseriche.  Luego continuaría con una línea imaginaria hacia el norte siguiendo el rumbo de la Cordillera Oriental hasta llegar al río Putumayo.  Con esto, los ríos Santiago, Morona y Pastaza en su curso inferior quedaban en territorio peruano.

 

            Otra modificación fue en el sentido de que tras seguir la línea por la vertiente del Cururay hasta su unión con  el Napo, remontara a este río hasta sus nacientes, en lugar de pasar al Putumayo.  Con esto, se cerraba el acceso de Ecuador al río Putumayo.

 

            Por último, planteaba el Congreso del Perú, en caso de no aceptar estas modificaciones el Gobierno de Ecuador; que fueran entonces  en concreto los puntos a someter al arbitraje del Rey de España.

 

            Colombia protestó por el tratado por cuanto pretendía la zona comprendida entre los ríos Putumayo y Caquetá.  Se conocía  que en Colombia circulaban mapas donde llevaban las fronteras del Perú hasta el Putumayo, pero jamás se había producido un reclamo oficial.  El tratado García-Herrera sirvió para que un país más,  Colombia, apareciera pretendiendo  territorios nacionales.

 

            La cuestión de límites  con Ecuador  se volvió a empantanar.

 

 

Llegan las primeras reliquias de Grau

ARRIBA

 

            Cuando el cuerpo del gran almirante Miguel Grau fue destrozado por la acción de la artillería chilena en el Combate de Angamos, pocos fueron los despojos mortales que quedaron diseminados o incrustados en los restos de las paredes de la cabina de mando.  Casi todo su cuerpo, al igual que su alma inmortal, volaron hacia el infinito.

 

            Cuando los marinos chilenos llegaron al destruido monitor "Huáscar" uno de sus primeros afanes fue la de dar con el paradero de los restos del gran marino peruano.

 

            Cuando sólo pudieron encontrar unos trozos sanguinolentos de carne y de huesos, se hizo formar a la marinería chilena, presentar armas y tocar funerala en homenaje al comandante muerto.

 

            El 9 de octubre de 1879, los restos de Grau, así como de sus oficiales que habían muerto heroicamente el día anterior en Angamos, fueron enterrados en el pequeño cementerio de Mejillones.  El acto en tan desolado paraje fue desarrollado dentro de un marco de gran solemnidad.  Casi toda la marinería chilena participante en la acción, desembarcó y formó conjuntamente con los efectivos de dos regimientos chilenos que conformaban la guarnición de ese puerto.  Presidieron la ceremonia el ministro de Guerra de Chile, don Rafael Sotomayor y el general en jefe del Ejército Chileno, general de

división Erasmo Escala.

 

            Los restos de Grau estaban contenidos en una pequeña urna herméticamente cerrada y ante ellos el comodoro de la escuadra chilena, contralmirante Galvarino  Riveros dijo: “La muerte del Almirante Peruano don Miguel Grau, ha sido sentida en esta escuadra, cuyos jefes y oficiales hacen amplia justicia al patriotismo y valor del que fuera notable marino.  ¡Descansad en Paz Almirante Grau!”.

 

            Luego el ministro de Guerra dijo:

 

            “Acabo de recibir un telegrama del Gobierno de Chile, suscrito por todos los Ministros del Gabinete, en el que se me pide que guarde celosamente los restos del gran marino, almirante Miguel Grau, para devolverlos a su Patria, cuando llegue el momento en que el pueblo los reclame.  ¡Almirante Grau, descansad en tierra chilena con la seguridad de que se respetarán vuestros restos y nadie osará empañar, vuestra destacada memoria!”.

 

            Cuando los restos de Grau fueron  guardados en la urna, los propios oficiales peruanos sobrevivientes del "Huáscar" reconocieron la autenticidad de los mismos.

            La esposa del almirante Grau, tenía una hermana, doña Manuela Cabero que era casada con el marino  Oscar Viel, capitán de fragata y comandante de la fragata “Chacabuco”.  El destino hizo  que los concuñados tuvieran que  comandar barcos en escuadras adversarias, pero felizmente en ningún momento les llegó la oportunidad de tener que enfrentarse a cañonazos, como sin duda alguna lo habrían hecho por su deber de marinos, si las circunstancias lo hubieran requerido.

 

            Grau mantenía con la familia Viel, vínculos de amistad, y con frecuencia escribía a su cuñada Manuela Cabero  que vivía en Santiago, lamentándose de una guerra que consideraba fratricida.

 

            Oscar Viel, era hijo del general Benjamín Viel, personaje chileno muy  importante  que poseía un mausoleo familiar en el cementerio de Santiago.  Allí fueron a reposar los restos del gran  Almirante.

 

            El general Viel había tomado especial interés en rescatar los restos iniciando gestiones ante el Gobierno de su país.  Este dispuso que el comandante en jefe de la Escuadra Chilena cumpliera tan delicada misión y fue así como el acorazado chileno “Blanco Encalada” se encargó de transportar la urna que estaba en Mejillones y entregarlas en Valparaíso a la autoridad marítima de ese puerto que a su vez puso el pequeño cofre a disposición del Ministro.

 

            Parece sin embargo que posterior a la recolección inicial de restos, se encontró un trozo de tibia del almirante, la que igualmente fue guardada y posteriormente entregada a las autoridades chilenas.

 

            En Mejillones quedaron los otros compañeros de Grau; Elías Aguirre, Diego Ferré y Melitón Rodríguez.

 

            El general Cáceres que había tenido rol protagónico en la guerra con Chile, desde que inició su Gobierno tuvo en mente la recuperación de los restos de los heroicos marinos del "Huáscar".

 

            El presidente del Consejo de Ministros, Carlos Elías, nombró una comisión que fue integrada por los ex –oficiales del "Huáscar" Melitón Carvajal, Pedro Garezón y además por el coronel Manuel de la Torre y el mayor Enrique Lapeire.  Luego se unió el coronel Justiniano Borgoño.

 

            Gobernaba en ese tiempo Chile, el escritor y diplomático José María Balmaceda que prestó amplias facilidades a la Comisión. El presidente chileno en el orden político hacía frente a una cerrada oposición en forma tal que presa de gran depresión se suicidó al año siguiente, en 1891.

 

            Fue necesario disponer que los restos de Elías Aguirre, Diego Ferré y Melitón Rodríguez fueran trasladados de Mejillones a Santiago. Igual los de  Jorge Velarde.

 

            La entrega dio origen a una emotiva y solemne ceremonia, en la que no sólo se quiso demostrar el respeto que se tenía por los muertos, sino también el reconocimiento de sus virtudes heroicas de marinos.  Al mismo tiempo se buscaba presentar a Chile con una imagen de buena voluntad y de amistad hacia el Perú.

            En la ceremonia estuvo presente el presidente Balmaceda, sus  ministros y una escolta militar.  Esta última acompañó al cortejo hasta la estación del ferrocarril a Valparaíso.  En el puerto, el crucero “Esmeralda” de la marina de Chile hizo disparos de cañón saludando la llegada de los restos.  En la bahía de Valparaíso se encontraba la cañonera “Lima” recién adquirida y el transporte “Santa Rosa”.

 

            Mientras se hizo el traslado de los féretros del puerto a los barcos peruanos, el crucero “Esmeralda” hizo disparos de cañón cada cinco minutos.  Luego este mismo barco, escoltó hasta el Callao a la flotilla peruana, llevando a su bordo a una Comisión chilena presidida por el obispo de Serena,  monseñor Florencio Fontecilla.

 

            Al llegar la flotilla al Callao, el fuerte hizo los disparos de salva.  Por dos días el 13 y 14 de julio de 1890, estuvieron velándose los restos de los cinco marinos, mientras miles de silenciosos hombres y mujeres acudían a rendir emocionado homenaje de los que habían dado su vida por la Patria.

 

            El 15 de julio, los féretros fueron trasladados por ferrocarril a Lima. La ceremonia oficial se realizó en la Plaza de la Exposición.

 

            La comisión enviada a Chile, no sólo trabajó en recuperar los restos de los oficiales del "Huáscar", sino también de los caídos en las batallas de Tarapacá, San  Francisco, Alto de la Alianza y Arica, lugares que se encontraban todos en poder de Chile.

 

            Al mismo tiempo que la comisión presidida por Melitón Carvajal actuaba en Chile, otros  grupos  recorrían internamente el territorio nacional y de esa manera se reunieron en Lima los oficiales muertos en la batalla de Huamachuco, entre ellos los restos de Leoncio Prado.

 

            En total pasaban de un centenar los féretros, pero había un tremendo olvido.  A muy corta distancia y expuestos a la intemperie, existía el enorme osario de los caídos en la defensa de Lima en las jornadas de San Juan y Miraflores.    Eran miles, y entre ellos centenares habían sido piuranos que partieron de su hogar para no regresar jamás.

 

            En la Plaza de la Exposición, estaban todos los ministros, parlamentarios, los representantes del cuerpo diplomático, altos  dignatarios, contingentes militares, la Universidad, Escuela de Ingenieros, colegios, instituciones culturales, compañías de bomberos, empleados de la administración pública, ex –combatientes de las diversas acciones de guerra, delegaciones provinciales, delegaciones de colonias extranjeras radicadas en el Perú, y un enorme gentío.

 

            Cuando Carvajal hizo entrega de los restos, expresó: La Comisión que presido, cumple con entregar los restos que hemos tenido el honor de recoger y conducir.  Estos no  son muertos,  porque viven y vivirán eternamente en nuestra historia, en nuestras tradiciones, en la memoria y en la gratitud nacional; porque sus despojos simbolizan, uno a uno, los episodios siempre desventurados pero siempre honrosos de una desgraciada guerra, porque su recuerdo, dándonos la clave de nuestros desastres, servirán de lección a las generaciones futuras y será fecunda simiente de cordura y acierto;  y porque en fin, sus espíritus allí, en las regiones inmortales  en que se encuentran, velan por la ventura de la Patria”.

 

            Se organizó a continuación una larguísima y lenta procesión que demoró varias horas en llegar al Panteón de Lima.  Al llegar a la  Plaza de Armas, el presidente Cáceres salió al encuentro del cortejo, y rindió a los despojos de los héroes un emotivo homenaje.  A las 6 p.m. llegó al Panteón.  Los restos de Grau y de sus 4 oficiales fueron  colocados en la tumba del mariscal Ramón Castilla en forma provisional.  Los demás féretros fueron ubicados en los lugares pre-establecidos por la Beneficencia.  Don Miguel Candamo era el presidente de ella, al recibir al pie del mausoleo del mariscal Ramón Castilla los restos de los marinos del "Huáscar", pronunció una breve oración fúnebre en los siguientes términos: “Benditos sean y bendita sea la memoria de los que así murieron.  Aquí descansarán en paz, en tierra  agradecida, aquí vendrán los herederos de su nombre  a  regar con sus lágrimas la loza que los cubra;  aquí recibirán el homenaje de todo un pueblo, que vivirá orgulloso con la grandeza de Grau; y conservará siempre en su memoria y en su corazón, el recuerdo de las hazañas con que iluminaros su nombre  los hijos del Perú, cuyos tristes despojos vamos a sepultar”.

 

            Los días 15 y 16 fueron declarados de duelo nacional.  En los edificios públicos, la bandera peruana se izó a media asta con un  crespón   negro.  El mismo crespón se veía en casi todas las puertas de los domicilios limeños.  Asimismo, en los balcones se colocaban mantos negros.   Las campanas de las iglesias doblaban incesantemente y todo eso daba al ambiente un aire de tragedia.

 

            El féretro de Grau fue conducido en hombros de su hermano, el capitán de navío Emilio Díaz Seminario; por el contralmirante Lizardo Montero, su amigo entrañable y codepartamentano; por el contralmirante Antonio A. de la Haza, natural de Paita; por el capitán de navío Camilo Carrillo, natural de Paita; por el capitán de navío  Joaquín Guerra; por el capitán de navío, natural de Paita Arístides Aljovín; por el capitán de navío, piurano, Amaro Tizón y por el capitán de navío, paiteño, Antonio de la Guerra, que se alternaron también en llevar las   cintas.

 

El día 16 se oficiaron a las 11 de la mañana honras fúnebres en el Templo de la Merced por monseñor Juan Antonio  Roca, que pronunció un bello sermón. La iglesia presentaba un imponente aspecto. Frente al altar mayor se había armado un sitio muy especial.La nave del templo lucia grandes crespones negros que pendían del techo. A este acto concurrió el presidente Cáceres, su Gabinete, las corporaciones oficiales, deudos, compañeros de armas de los fallecidos, la delegación chilena, y diversas delegaciones cuya cantidad de miembros se limitó a no más de cinco personas.  Fuera del templo una enorme multitud seguía los oficios religiosos.

 

            En 1906 don José Pardo mandó a construir la Cripta de los Héroes y el 8 de setiembre de 1908 se inauguró.  Allí fueron   trasladados los restos del gran almirante. En una imponente ceremonia.

 

            El 20 de marzo de 1958, Chile devuelve otras reliquias, parte de las cuales se encuentran en la Casa Museo Grau de Piura..

 

            En la base de Talcahuano se encuentra apontonado como museo flotante el "Huáscar", expuesto a hundirse en cualquier momento, como que ese tiene que ser su final.  Lo lógico sería hundirlo con honores en Angamos.

 

 

Morales Bermúdez  asume la presidencia

ARRIBA

            El 13 de abril de 1890, se realizaron la elecciones nacionales con dos candidatos presidenciales:  don Francisco Rosas y el coronel Remigio Morales Bermúdez.

 

            Durante el  Gobierno de Cáceres se había restablecido la Constitución de 1860, la misma que duraría hasta 1919.  Esta carta constitucional, establecía el período presidencial en cuatro años y la no reelección inmediata.  Las reuniones del Congreso serían bienales y habría una renovación de sus integrantes por tercios.

 

            Cada provincia debía de contar cuando menos con un diputado y adicionalmente uno más (titular y suplente) por cada 30 000  habitantes.  Cada departamento de acuerdo a la densidad de su población tendría de 1 a 4 senadores titulares y otros tantos suplentes.

 

            La elección se hacía en forma indirecta por los colegios electorales, que los habían en las provincias y en los distritos.  Las actas de los colegios electorales eran enviadas al Congreso, que las abría, escrutaba, calificaba y proclamaba al candidato electo.

 

            En 1890, las cámaras revisaron las actas de los colegios electorales por separado y al hacer la calificación dieron  resultados diferentes.  Para el Senado el ganador era Rosas y para la Cámara de Diputados el ganador fue el coronel Morales Bermúdez.  Eso pasaba por cuanto en el Senado la mayoría estaba conformada por civilistas, mientras que en la Cámara de Diputados eran seguidores de Cáceres.  Para terminar con el problema se nombró una Comisión de Cómputo, que dio 2 899 votos de colegios electorales para Morales Bermúdez; 1 315 para Francisco Rosas.  Como votos viciados se tuvieron 52 votos para Gonzáles Prada y 24 en blanco o viciados.

 

            El dictamen fue aprobado por el Congreso reunido en sus dos Cámaras por 79 votos contra 65, lo que equivalía a la elección de Morales Bermúdez.  Como primer vicepresidente Alejandrino del Solar y como 2do.  el coronel Justiniano Borgoño.

 

            Los vencidos aceptaron los resultados y Rosas tuvo la elegancia de felicitar a Morales Bermúdez.  La transmisión del mando se realizó el 10 de agosto.

 

 

Guerra Civil en Chile

ARRIBA

 

Cuando el presidente de Chile José Manuel Balmaceda, presidía los actos para  el solemne envío de los restos de Grau al Perú, estaba sin duda muy lejos de imaginar que dentro de poco enfrentaría serios problemas políticos que terminarían con su muerte.

 

Era Balmaceda de pensamiento liberal y anti oligárquico  y se propuso antes de terminar su gobierno, llevar adelante un plan muy ambicioso de obras públicas.

Para tal fin planteó la necesidad de aumentar los impuestos de exportación del salitre  que se producía en los territorios arrebatados a Perú y Bolivia.

La explotación la seguían haciendo  empresarios extranjeros sobre todo ingleses, entre los que destacaba  como mas poderoso  John North.

Desde hacia bastante tiempo Balmaceda  mantenía una situación muy tirante con el Congreso, lo que se agravó a fines de 1890. cuando el presidente hizo conocer que deseaba dejar un sucesor. Grupos conservadores y hasta la misma iglesia pasaron a engrosar la oposición.

El 7 de enero de 1891, Balmaceda lanzó una proclama al país., que fue respondida por congresistas refugiados en  la escuadra.

El 7 de enero el capitán de navío Jorge Montt, se sublevó con la mayor parte de la escuadra surta en Valparaíso. Partieron hacia el norte donde también se habían declarado en rebelión, Tarapacá, Antofagasta y Atacama, antiguas provincias peruanas y bolivianas.

Los barcos que zarparon, fueron los acorazados “Cochrane” y “Blanco Encalada”,  el nuevo crucero “Esmeralda”, la corbeta O’Higgins  y la  “Magallanes”.

Del ejército  las guarniciones en el norte también se sublevaron bajo el mando del ya coronel Estanislao del Canto, el sanguinario represor de las guerrillas peruanas de la sierra central.

La toma de los puertos de Iquique, Piragua,  y Caldera dieron origen a luchas sangrientas. Luego se tomó Dolores , Pozo Almote y Calama; lugares todos donde se desarrollaron sangrientos combates en la Guerra del Pacífico..

Montt creó una Junta de Gobierno que fue reconocida por Inglaterra pero no por Estados Unidos.

Continuaron apoyando a Balmaceda los generales Amugátegui y Barbosa que estuvieron en las batallas de San Juan y Miraflores y los marinos Juan José La  Torre que fue comandante del “Cochrane” en Angamos,  también Oscar Viel y Toro, el concuñado de Grau y el almirante William Rebolledo.

El 21 de abril de 1891, el acorazado “Blanco Encalada” fue hundido por las lanchas torpederas “Condell” y “Lynch” frente a Caldera. En el desastre murieron 11 oficiales y 171 tripulantes. El “Blanco Encalada” estuvo en Angamos.

Los rebeles con armamento inglés pudieron organizar un ejército de 10.000 hombres con el que desembarcaron cerca de Valparaíso. a las órdenes de Del Canto que logró dos decisivas victorias en Concón y Placilla.

Ante esa situación, Balmaceda dimitió el 29 de agosto de 1891 y entregó el mando al general Manuel Baquedano, el mismo que intimó rendición a Bolognesi en Arica.

Balmaceda se refugió en la Embajada de Argentina y el 19 de setiembre, o sea al siguiente día de haber terminado su mandato, se suicido.

Del Canto fue ascendido a general.

Quizá podría pensarse que el Perú pudo aprovechar la situación para recuperar cuando menos Tacna y Arica y hasta se podría contar con la ayuda de Bolivia que en la guerra no sufrió nada y aún no había firmado ningún tratado de paz con Chile; pero lo cierto era que  el Perú se encontraba en una situación económica muy precaria, y militarmente seguía en inferioridad de condiciones. Chile tenía por recibir de Europa dos poderosos navíos.

 

 

 

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