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CAPITULO VII

 

LOS CHILENOS SE VAN DE PAITA

 

 

·        Autoridades de 1892

·        La Inmaculada en Tumbes

·        Instrucción  militar para maestros

·        Periodismo

·        Colecta para rescatar Tacna y Arica

·        Llegan las madres de San José de Tarbes

·        Ley de Municipalidades

·        Los chilenos se van de las islas de Lobos

·        Construyen el Hotel Colón

·        El Centro Escolar Nº 21 de Piura.

·        El Centro Escolar Nº 31 de Ayabaca

·        “El Perú” de Middendorf

·        Se reactualiza el proyecto de ferrocarril de Paita al Marañón

·        Inauguran el “puente viejo” de Piura

·        El robo de Cardal

·        Instalan servicio de agua en Sullana

·        Construcción del Cementerio de Sullana

·        Camales para Sullana y Piura

 

 

 

 

Autoridades de 1892

ARRIBA

            El año 1892, el prefecto Benjamín Quimper había sido reemplazado por el doctor José Antonio Alarco; ambos eran de la capital.

 

            Como diputados después de renovado el tercio, estaban representando al departamento Nicanor Rodríguez, José Lama Arismendiz, José María Checa, Carlos Ubillús, Enrique Espinosa como propietarios y Manuel Raygada, Manuel Yarlequé como suplentes.

 

 Como senadores se tenía en calidad de propietarios a Francisco Eguiguren, contralmirante Lizardo Montero y  coronel Fernando Seminario  Echandía.  En condición de senadores suplentes: doctor Emilio Espinosa, Juan Ignacio Seminario y Federico León y León.

 

            Era presidente de la Corte Superior el doctor Federico Taboada, el doctor Emilio Espinosa seguía al frente de la Dirección del Colegio San Miguel en tanto no cumpliera funciones parlamentarias.

 

 

 

La Inmaculada en Tumbes

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            La tradición tumbesina según asegura doña  July Alvarado Reyes, narra que el 8 de diciembre de 1892, llegó a Tumbes procedente de Francia una bella estatua que representaba a la Virgen de la Inmaculada Concepción.  El barco que la trajo fue el bergatín “Magdalena” desembarcando en el llamado Puerto La Palizada, hoy Puerto Pizarro.

            Se asegura que por los años de 1880 llegó a Tumbes un empresario peruano de apellido Miranda, casado con una piadosa dama francesa llamada Hortensia, la que en agradecimiento de haber salido bien librados de las incursiones chilenas, encargó la confección de una imagen de la Virgen de madera.   Pero como la imagen resultó muy tosca y defectuosa, doña  Hortensia hizo el encargo de otra imagen a Francia de donde enviaron una estatua de cartón piedra de 1,20 de altura, y muy bien confeccionada.  La Virgen fue trasladada de La Palizada a Tumbes por canoa y arribó a un fondeadero que quedaba ubicado en lo que ahora es  calle Bolognesi.  Allí había un numeroso grupo de fieles que en procesión llevaron a la Virgen al templo matriz de San Nicolás de Tolentino reconstruido el año anterior.

 

            La devoción por la Virgen se extendió muy rápidamente no sólo en Tumbes, sino también en las poblaciones vecinas del sur de Ecuador de donde llegaban en gran número todos los años el 8 de diciembre y surgió así también la feria.

 

            En la década del 50 un sismo que tuvo por epicentro Ecuador, se sintió  con  regular intensidad en Tumbes y la estatua de la Virgen cayó de su altar y se rompió.  Esto fue motivo de congoja en el pueblo tumbesino, lo que motivó que doña María Peláez en representación de la feligresía tumbesina y el párroco Ricardo Arízaga Carrera solicitaran al diputado Vicente Peña Maceda, el envío de una nueva imagen, lo que de inmediato atendió en 1955 llegando una efigie de 1,40 metros de altura que es la que seguían venerando hasta fines del siglo XX.

 

 

Instrucción militar para maestros

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            Por circular de fecha 16 de febrero de 1892 enviada a todos los gobernadores, subprefectos y alcaldes provinciales; el prefecto del departamento dispone que la Guardia Nacional dé instrucción militar elemental a los maestros a fin de que conozcan como se efectúan los ejercicios y movimientos militares de orden cerrado y a pie firma como las situaciones de atención, descanso, vuelta a los lados y media vuelta.  De igual modo la forma de hacer la marcha acompasada en los desfiles y voces de mando.

 

            Se debía adiestrar en cada lugar a un grupo de maestros para que éstos a su vez transmitieran lo aprendido a sus compañeros, los que a su vez lo enseñarían a los alumnos, que habían mostrado muy mala presentación en las festividades cívicas.

 

            La Municipalidad de Paita había dispuesto en todo su territorio, que se adoptase como libro de lectura de las escuelas primarias, uno titulado “Apuntes Municipales” editado por don Luis Torres.  Cada ejemplar costaba 1,50  soles.  Era criterio de la Municipalidad de Paita que desde pequeños se debía de conocer todo lo relativo a los derechos de los ciudadanos en cuanto a las municipalidades y así también sus obligaciones como vecinos.

 

            La mayoría de las municipalidades distritales que eran las que dirigían la educación primaria  consideraron que eso constituía un atentado contra la libertad de educación y una imposición insufrible, fuera del aspecto económico porque en ese el tiempo el Libro de Lectura generalizado era el de “Mantilla” que costaba sólo cinco reales.

 

 

Periodismo

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            El año 1892  empezó a circular en Piura la “Revista Norte”.  Su director propietario era el coronel Maximiliano Frías, “el macho Frías”, que tanto manejaba el fusil como la pluma.  Se asoció con su pariente Celso Garrido Lecca (p), iniciando una dura y fustigante labor de crítica y oposición  al régimen del coronel Morales Bermúdez, que hizo extensiva a las autoridades departamentales y a la representación parlamentaria piurana.

 

            En Huancabamba circulaba desde fines de 1887 un pequeño periodiquito llamado “El Atomo” que editaba el ciudadano ecuatoriano que ejercía la docencia en Huancabamba, don Miguel Piedra.  Era literario y salía manuscrito en unos pocos números, pero ante la aceptación que tuvo, lo hizo imprimir en la Imprenta Ramos de Piura.

 

            En Paita salía “El Constitucional” que tenía como director a Benjamín García que en años posteriores había editado otros periódicos como  “El Fonógrafo”.  Tenía como redactor principal a don Julio Octavio Reyes, que había sido subprefecto de la provincia durante el Gobierno del general Cáceres.  Por el mismo nombre del periódico se conocía su tendencia política y por lo tanto era de apoyo al régimen.

 

            En la ciudad de Piura circulaban varios órganos de prensa.  Uno de los más importantes fue “La   Industria” que se había fundado en 1890 y no era un periódico político sino completamente independiente.  Se trataba de un semanario informativo que tuvo bastante aceptación.

 

            En forma esporádica venía circulando desde 1877  “El Progreso”.  El año 1892 aparece “La Integridad” y en el mismo año “La Tunda” que contó con la pluma incisiva y mordaz del escritor Enrique López Albújar, opositor al régimen que hacía blanco de sus sátiras destructoras a los personajes políticos nacionales.  Apoyó en forma decidida a Nicolás de Piérola y en los años turbulentos que siguieron, se excedió.

 

            El grupo contrario adicto al Gobierno no sabía que hacer ante el ataque de López Albújar y para hacerle frente apareció “La   Contra-Tunda”.  Como eso no fuera suficiente, el coronel Fernando Seminario Echandía, que era senador, dispuso su arresto.

 

 

Colecta para rescatar  Tacna y Arica

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            El tratado de Ancón  disponía que tras de 10 años de tener Chile en posesión las provincias de Tacna y Arica, se haría un plebiscito entre sus habitantes para determinar con quien deseaban quedarse.  Es decir se aplicaba el principio de libre determinación.  El país ganador, pagaría al otro 10 millones de pesos chilenos de plata.

 

            Chile suponía dos cosas:  1º que en diez años tenía tiempo suficiente para chilenizar las dos provincias y 2º que el Perú quedaría tan postrado que aún en caso de ganar, no podría pagar tan elevada suma como lo eran los diez millones.

 

            Al acercarse la fecha en que debía hacerse el plebiscito, Chile se dio cuenta que había fracasado en su plan de chilenización.  Pensó evitar el plebiscito y ofreció pagar al Perú los diez millones y otras ventajas pecuniarias por las dos provincias, pero el Perú se negó.  Posteriormente elevó la oferta a catorce millones y después a veinte millones, pero el Perú no obstante su gran necesidad de dinero rechazó con decisión y entereza la oferta.

 

            Pero la fecha se aproximaba y no se disponía del dinero.  Fue entonces en que en todo el país se levantó una colecta Pro redención de las provincias cautivas.

 

            En el departamento de Piura, en agosto de 1891 se fundaron sociedades pro Tacna y Arica en todas las capitales de distrito.

 

            En agosto de 1892, la prefectura dispuso que todos los fondos recolectados, fuesen remitidos directamente a la tesorería de la Municipalidad de Lima.

 Lo cierto es que no se supo a uanto ascendió la colecta, ni el uso que se le dio.

 

 

 

Llegan las madres de San José de Tarbes

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            Doña Josefina Escudero de Eguiguren era una muy distinguida e instruida dama piurana que estaba casada con su primo  el hombre público don José Francisco Eguiguren Escudero que serían padres del gran tribuno Luis A. Eguiguren Escudero.

 

            Doña Josefina se proyectó hacia una intensa labor social y eso la llevó a trabajar activamente secundando las labores de la Beneficencia que tenía a su cargo el Hospital de Belén el cual había venido muy a menos y casi no prestaba servicios.

 

            Desde 1890 hacía gestiones y aprovechando los entroncamientos familiares con los Escudero del sur de Ecuador entra en contacto con la Congregación de las Madres de San José de Tarbes y con el apoyo de su esposo que era senador de la República, logra que en 1891 una delegación de religiosas de esa congregación viniera a Piura y asumiera la Organización del Hospital, para luego quedarse definitivamente.  Las presidió la madre Basilide.

 

            El año 1892 fue de trabajo intenso para las religiosas, pero en diciembre de 1892 estuvieron a punto de abandonarlo todo, cuando el día 9 al inspeccionar las instalaciones en donde debían de alojarse de inmediato encontraron que no se habían hecho los arreglos necesarios, pues deseaban ciertas comodidades.  Doña Josefina las increpó diciéndoles: “Madres, ¿Ustedes visten el hábito para servir o para buscar comodidades?”.  Luego prosiguió: “Ustedes tienen el corazón pequeño para hacer la caridad y nosotros lo tenemos más grande para servir a la humanidad”.

 

            Es que doña  Josefina, así como sabía ser  dulce, cariñosa y generosa también era enérgica.  Las monjitas se quedaron.

 

            En 1902 ampliando su labor social, establecieron una escuela gratuita de niñas que se llamó “Escuela de San José de Tarbes” y funcionó en habitaciones anexas del mismo Hospital de Belén, frente a la plaza de armas  en donde se levantó más tarde el Hotel de Turistas.

 

            El 31  de mayo de 1897 la Municipalidad de Piura, autorizó a la Congregación a fundar un colegio de niñas, que se llamó colegio  Nuestra Señora de Lourdes que empezó a funcionar con 25 alumnas en la 6ta. cuadra de la calle Lima, en la amplia casa de la señora Cortés.

 

 

Ley de Municipalidades

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            Cuando los españoles conquistaron el Perú, establecieron a la usanza de España y de Europa, los Cabildos que se encargaron de administrar la vida de las  ciudades  que se estaban fundando, de administrar justicia y ejercitar el gobierno local.  Ellos sirvieron para afianzar el poder colonial en su primera etapa.

 

            El primer cabildo que se estableció en el Perú y en América del Sur, fue el de San Miguel de Tangarará, cuando se fundó la ciudad de San Miguel, siendo su primer  alcalde el capitán Blas de Atienza.

 

            Con el correr de los años los cabildos fueron perdiendo facultades ante la gran cantidad de autoridades civiles, militares y políticas que se hicieron cargo de todo el aparato estatal colonial.

 

            Por Real Cédula del 15 de setiembre de 1802 se restituyó a los cabildos gran parte de sus fueros,  para dar por la vía municipal una mayor autonomía a las colonias, pues incluso se llegó a implantar la votación secreta de los vecinos para designar a los componentes de los cabildos.

 

            Los Cabildos llegaron a transformarse en focos de ideas separatistas y se convirtieron en los abanderados de la revolución de la independencia.  Los llamados Cabildos  abiertos fueron los medios de consulta de la voluntad popular en esa época de la lucha por la independencia y en los primeros años de la república.

 

            El Estatuto Provisional del 8 de octubre de 1821 dado por San Martín no se hizo problema en cuanto a los Cabildos y dispuso siguieran igual como en la colonia, pero que la elección de ellos tenía que hacerse necesariamente por votación popular y que todas las poblaciones por pequeñas que fueren tendrían una municipalidad  compuesta cuando menos por un alcalde, dos síndicos y dos regidores.  Estos podrían llegar como en Lima a un máximo de 16.  La elección sería indirecta, por colegios electorales de parroquia, con renovación semestral del 50%.

 

            Las atribuciones de los cabildos de San Martín eran:  Policía de Orden, Policía de Instrucción Primaria, Policía de Beneficencia, Policía de Seguridad y Salubridad, Policía de Comodidad, Ornato y Recreo.  Además se hacían cargo de las contribuciones, de promover la agricultura e industria y ejercerían funciones de Juzgados de Paz.  El cargo municipal exigía cuando menos 25 años de edad, ser ciudadano, ser natural del pueblo o tener 10 años de vecindad, tener probidad comprobada, no ser empleado de la Hacienda Pública.

 

            La Constitución centralista y autoritaria de Huancayo del 10 de noviembre de 1839 suprimió las municipalidades y las juntas departamentales.

 

            Se restablecieron el 9 de diciembre de 1853, como el “primer escalón de la administración civil”.  Pero los alcaldes provinciales o distritales serían nombrados a dedo por el prefecto y subprefectos respectivamente.  Eran pues agentes del Poder Ejecutivo y habían perdido autonomía.

 

            La Constitución del 13 de octubre de 1856, restituyó a las municipalidades su autonomía y facultades.

 

            El 1º de diciembre de 1865 se promulgó la Ley Orgánica de Municipalidades.  Debían existir municipios en toda población mayor de mil habitantes.  En localidades menores se designarían agencias municipales.

 

            En la ley del 9 de abril de 1873 con el Reglamento de la Administración Pública, se consideró la existencia de concejos departamentales, provinciales y distritales.  Su renta principal era el 75% de la contribución predial rústica, urbana, industrial y patentes, multas y arbitrios.

 

            Los concejos provinciales tendrían 20 miembros como mínimo.  La Junta Directiva Municipal se integraría con el alcalde, teniente alcalde,  síndicos e inspectores.  Este sistema rigió hasta la guerra con Chile.

 

            El 13  de noviembre de 1886, el Gobierno del general Cáceres da la  ley de Descentralización  Fiscal.  Los concejos  provinciales se elegirían por cuatro años, renovables cada dos años.  La descentralización fiscal tenía como objetivo sistematizar la recaudación y la inversión de las rentas departamentales para su mejor administración.  Se creaban juntas departamentales presididas por el prefecto e integradas por delegados provinciales elegidos por las municipalidades provinciales cada  cuatro años.

 

            Desde el año 1891 se propuso en las cámaras un proyecto de Ley Electoral Municipal, pero en 1892 las comisiones parlamentarias  elaboraron un proyecto sustitutorio, que se aprobó el 14 de octubre  de 1892, y que constituía una nueva Ley Orgánica de Municipalidades con 158 artículos en donde se reglamentaba el régimen, la administración, composición, sistema electoral y facultades de las municipalidades.

 

            Para ser elegido concejal se requería ser mayor de edad, saber leer y escribir y ser vecinos de la provincia o distrito.    La elección sería por sufragio directo y lo podían ejercer los vecinos peruanos y extranjeros mayores de 21 años, o casados, que supieran leer y escribir, que tuvieran alguna propiedad raíz y los alumnos de las universidades aún cuando no tuvieran 21 años.

 

            Las elecciones se harían cada dos años el 1º de diciembre y la mesa receptora de sufragios se instalaría en la plaza principal distrital.  En caso necesario se podían instalar otras mesas en otras plazas.  Durarían tres días.  Se votaba por alcalde, teniente alcalde, dos síndicos y  regidores o inspectores.

 

            Las municipalidades seguían controlando la instrucción primaria que debía ser gratuita.

 

            La  ley no se pudo poner en práctica de inmediato en cuanto a la aplicación del sistema electoral y en la legislatura de 1893, se dispuso que las elecciones en esa oportunidad se hicieran por el sistema indirecto usando de los colegios electorales ya conformados para las  elecciones políticas.

 

            Por razones de conveniencia política, en diciembre de 1893 se designaron a dedo Juntas de Notables, con municipios adictos al régimen del  Gobierno del coronel Remigio Morales Bermúdez.  Apoyado por el Partido Constitucional.

 

            De esa forma se impuso el sistema de burocratizar y politizar los Municipios de lo que años más tarde se valió Leguía para desnaturalizar el sistema municipal y para imponer  por muchos años el sistema de Junta de Notables, hasta el primer Gobierno del arquitecto Fernando Belaúnde Terry en que se restablecieron los municipios autónomos elegidos por voto popular.

 

 

 

Los chilenos se van de Islas de Lobos

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            En virtud del tratado de Ancón,  los chilenos estaban facultados para explotar hasta un millón de toneladas de guano de las islas del litoral.

 

            En diciembre de 1892 tras culminar una serie de negociaciones entre Chile y el Perú, éste devolvió las  covaderas de Huanillos, Punta  de Lobos, Pabellón de Pica y las islas de  Lobos ubicadas frente a las costas del departamento de Piura.

 

            Los chilenos para administrar la explotación de las islas de Lobos, montaron una oficina en Paita con funcionarios civiles.  Naturalmente que el comportamiento de estos empleados, fue completamente diferente al de los soldados invasores, feroces y asesinos de la guerra.  En cierta forma los paiteños olvidaron el origen de esas gentes y el motivo de su presencia en el puerto y les tributaron un trato cordial.

 

            La  situación económica y hacendaria del Perú, continuó siendo muy difícil y no pudo pagar las anualidades de 80 000 libras esterlinas a la Peruvian Corporation como se había pactado en 1889 al aprobarse el contrato Grace, lo cual mortificó sobremanera a la Peruvian que se negó a pagar los impuestos a que estaba obligada.  El Perú tuvo que hacer un gran esfuerzo y entregó a la Peruvian Corporation  300 000 libras esterlinas por sumas pendientes y además les dio la explotación de las islas guaneras que había dejado Chile.

 

            Los chilenos no dejaron las islas de puro buenos, sino para no verse complicados en el problema enrevesado de la liquidación de la deuda externa del Perú, con parte de la explotación del guano, conforme a los términos del tratado de Ancón.

 

            Con todo lo anteriormente expuesto, la Peruvian Corporation puso otra cara.

 

 

 

 

Construyen el Hotel Colón

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            En 1892    don Ignacio Tassara, construyó un edificio de dos pisos en la ciudad de Piura, en la esquina de las calles  Arequipa y Callao, destinado a hotel.

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De acuerdo al periodista Juan Alvarado Cuyes, cuando en 1905 falleció Tassara, el hotel quedó en manos de doña Teresa Berrú, su empleada, que asumió la administración, por cuanto la esposa y dos hijos de Tassara hacía mucho  tiempo que se habían ido a España y no pusieron ningún interés en reclamar la propiedad.

 

            Doña Teresa encargó la administración del hotel por breve tiempo a don Heliodoro Calle y en 1907 a don Vicente Rázuri.  Era éste  un personaje abierto, buen conversador, fantasioso, culto, al que cariñosamente le llamaban “Lata” por ser un inventador.  Don José Vicente, desde que se hizo cargo del hotel, destinó una mesa especial que llamó      Mesa de los Cónsules, para hacer tertulia.  Allí acudían los políticos, los personajes importantes de la ciudad y los que llegaban.  Se hablaba de todo, como últimas noticias, “bolas” que circulaban, chistes, también se cerraban negocios y  no pocas veces se conspiraba.  Don José Vicente logró dar gran prestigio al Hotel Colón, que por muchos años fue el mejor de la ciudad hasta que se construyó el Hotel de Turistas.  Por el año 1938, se hizo cargo del hotel don Francisco Irazola que lo condujo una década, tras de lo cual se suscitó una acción judicial por su propiedad, habiendo fallado la Corte Suprema por su entrega a la Beneficencia Pública de Piura, con la cual siguió funcionando hasta 1983 en que las lluvias y el tiempo obligaron primero a la inutilización de los altos y después de todo el edificio.  En octubre de 1996 fue demolido.

 

 

El Centro Escolar Nº 21

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            El año 1892  era alcalde de Piura don Carlos Schaefer Shon, y la municipalidad de acuerdo a ley  sostenía varias escuelas primarias en la ciudad.

 

            Había sin embargo una que destacaba nítidamente por la vocación del maestro que la dirigía.  Era la Escuela Municipal1 a cuyo frente se encontraba don Ignacio Sánchez.

 

            Haber tenido como maestro a don Ignacio, fue después un timbre de orgullo para los piuranos de la época.  Al frente de la escuelita, estuvo Sánchez hasta el 4 de diciembre de 1905.  En esa fecha ocurrió su muerte.  Sus alumnos, que fueron muchos y que ocupaban lugares expectantes en Piura, quisieron honrar la memoria del maestro y fue así como de inmediato se iniciaron gestiones para dar el nombre de “Ignacio Sánchez”  a la escuela municipal a que había dedicado tantos años de su vida.

 

            Dio la casualidad, que dos días después de su muerte, el Gobierno del presidente don José Pardo, dio la Ley de Instrucción, de acuerdo a la cual se introducía una reforma a fondo en la instrucción y ésta pasaba a ser responsabilidad del Estado y no de las municipalidades.

 

            De acuerdo al nuevo sistema, la Escuelita Municipal Nº 1 de Piura paso a llamarse Centro Escolar Nº 21 “Ignacio Sánchez” y el flamante director de Instrucción Primaria don Juan Manuel Polar, no sólo accedió al pedido de dar el nombre del nuevo plantel al que lo había prestigiado, sino  que dispuso que en la calle Cuzco se construyese un nuevo y amplio local.

 

            El nuevo edificio, uno de los mejores en su época en el norte del Perú fue construido por el ingeniero Julio Ginocchio Alburqueque e inaugurado en julio de 1907.

 

            El ala derecha de este local no se pudo terminar, por impedirlo una propiedad particular que no se pudo expropiar.  Fue recién en 1933, cuando fue Comisionado Escolar de Piura don Gustavo Moya Jiménez, que se logró completar todo el frente que abarcó toda la cuadra, se levantaron nuevos pabellones de aulas, se mejoraron los patios de recreo y los baños.

 

            Cuando se tuvo que abrir la avenida Sánchez Cerro, fue necesario mutilar el local, que perdió de esa forma su ala izquierda, presentando la frontera que hasta hoy en 2008 tiene.

 

 

El Centro Escolar Nº 31 de Ayabaca

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            En la ciudad de Ayabaca y pueblos colindantes existieron  escuelas para niños desde el tiempo de la Colonia sostenidas por las comunidades.  Posteriormente y hasta la terminación del siglo pasado, la municipalidad sostuvo dos escuelas, una para varones y otra para mujeres.

 

            La Escuela Municipal Nº 1 para varones, fue fundada el 1º de marzo de 1888. Cuando el presidente Prado dispuso por ley en diciembre 6 de 1905, que todas la escuelas municipales pasaran a control del Estado, la escuelita municipal tomó el nombre de Centro Escolar Nº 31 de Varones, y así funcionó durante 50 años convirtiéndose en una especie de “Alma Mater”  de la colectividad ayabaquina que por sus aulas pasaron en su casi totalidad.

 

            En noviembre de 1945, se le puso el nombre de Hildebrando Castro Pozo, conservando su numeración, pero el 16 de noviembre de 1958, en base a la Resolución Ministerial Nº 17485 y para adaptarla a la nueva reforma educativa pasa a llamarse Escuela Urbana Pre-vocacional de Varones “Hildebrando Castro Pozo”.  Desapareció así el nombre tan querido de Centro Escolar Nº 31.

 

            Por último, en 1971 se le da la denominación de Escuela Primaria de Menores Nº 15019 “Hildebrando Castro Pozo”.

 

            Sin embargo, para los miles de ex-alumnos que pasaron por sus aulas y que treinta años más tarde estaban desparramados por todo el departamento, siguió siendo siempre el querido Centro Escolar Nº 31.

 

 

“El Perú” de Middendorf

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            En 1893 fue publicada en Alemania, una obra de tres tomos llamada “El Perú” de alto valor científico, por el médico Ernest Middendorf, que posteriormente publicó otros  tomos más dedicados a la arqueología y a las lenguas antiguas del Perú.

 

            Middendorf estuvo en tres oportunidades en el Perú a lo largo de 25  años.  En 1860 llegó a Arica como médico de una empresa extranjera.  Allí tomó gran interés por el pasado histórico peruano.  Regresó a Alemania su patria y retornó en 1865, instalándose en Lima siendo médico del presidente Balta, así como del general Prado y de Meiggs.  En 1871 regresó nuevamente a Alemania y retornó  al Perú en 1876.

 

            Inició una serie de viajes por todo el país, estudiando la geografía, la historia, las riquezas naturales, costumbres y tradiciones.  Estuvo varios días en Paita.  En otros viajes hizo estudios de arqueología y de las lenguas aborígenes de la costa norte.  Ni la situación de guerra lo detuvo, pero cuando los chilenos se fueron, pudo entre 1885 y 1888 intensificar sus viajes.  En el último año visitó en forma bastante detenida el Departamento de Piura y puso especial atención en las tierras rojas de Tambogrande.

 

            El científico alemán consideró que se trataba de un riquísimo yacimiento de hierro, coincidiendo en ese sentido con las opiniones que en años anteriores había dado el ingeniero Alfredo Duval, cuando al trazar la ruta del ferrocarril de Paita al Marañón que se le había encomendado conjuntamente con los de irrigación, fue de opinión que dicha vía pasara por la localidad de Tambogrande que suponía era un emporio de mineral de hierro.

 

            En 1892 don Federico Moreno que años anteriores había sido prefecto de Piura, tomó también interés por el mineral de hierro de Tambogrande.

 

            En 1893 cuando una vez más se puso en el tapete el proyecto del ferrocarril de Paita al Marañón, los técnicos  Wakulsi y Findley se ocuparon una vez más del hierro de Tambogrande.

 

            Pero posteriormente, don Mariano Ibérico en su obra “Geología del Perú”, asegura que no se trata de una mina de hierro, sino de cobre.  Sería un gran depósito de mineral de cobre de tipo volcánico Kuroko.  Habría también zonas de mineralización polimetálica.  Dice Iberico que durante mucho tiempo se le consideró como un yacimiento de hierro, por tener en su superficie un extenso manto de hematita, pero que posteriormente se ha podido comprobar la invalidez de esa suposición, puesto que no se trata de una mina de hierro, sino  que es un depósito transportado, separado de la masa principal de sulfuros por lutitas y rocas volcánicas.

 

 

Se reactualiza  proyecto de ferrocarril al Marañón

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            Desde que el año 1843 ese gran visionario como lo era  el paiteño Rudesindo Garrido lanzó la idea grandiosa de la construcción del ferrocarril de Paita al Marañón, el proyecto se ha ido actualizando de tiempo en tiempo.

 

            Parece que la idea no morirá nunca, y que pronto se convertirá en una hermosa realidad.

 

            En 1893, Eulogio Delgado, volvió a poner en el plano del debate público el ferrocarril al Marañón cuando en un informe presentado a la Sociedad Geográfica de Lima, dijo lo siguiente:  “Al considerar una ruta interoceánica,  no hay tampoco que perder de vista la de Paita al Marañón, que cruzaría la cordillera en su parte más baja, con terrenos para el cultivo de cereales, de que tanta necesidad tenemos en la costa y la región amazónica, y en los cuales se pueden establecer extensas  colonias europeas.  Esta ruta parece la más corta de todas, entre el Pacífico y el Atlántico y desarrollaría a la vez un vasto territorio de feraces tierras y de variadas producciones en todo su trayecto, no costando tal vez más de lo que costaría la prolongación del Ferrocarril Central a Providencia.  Actualmente, pende de la Resolución del Congreso, la concesión pedida para la construcción de esa línea”.

 

            Casi un siglo más tarde, el 13 de mayo de 1987, el diputado por Piura, Carlos Carrasco Távara volvía a poner sobre el tapete en su Cámara, el viejo proyecto del Ferrocarril de Paita al Marañón, reactualizando los planteamientos de Eulogio Delgado y del inolvidable Rudesindo Garrido.

 

 

Inauguran “Puente Viejo”: 1893

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            El 7 de abril de 1891, la fuerte creciente del río Piura, había arrastrado al fuerte puente de madera que se había construido pocos años antes con parte de los fondos provenientes del legado del pintor Merino.

 

            La necesidad de la vía se hizo sentir en forma intensa en la vida de los pueblos y de los negocios de tal manera que de inmediato los piuranos se movilizaron  para reemplazar al destruido puente.  Aleccionados sin embargo por lo sucedido, en esta oportunidad se buscaba la construcción de un puente metálico.

 

            Fue la casualidad; diligente y sabiamente aprovechada por un joven agricultor piurano, lo que permitió la pronta solución del problema.

 

            En octubre de 1891, es decir sólo seis meses más tarde de la lamentable pérdida, llegaron  a Piura, dos viajeros-turistas ingleses, los señores H. Tahbone y C.T. Findlay,   que se alojaron en la residencia del súbdito británico don Robert Temple, que por entonces era gerente de la Casa Duncan Fox. 

Amigo de Temple era el joven agricultor piurano Miguel Checa Checa, el que por tal motivo conoció a los viajeros, con los que tuvo largas pláticas, acompañándolos a conocer la ciudad y sus alrededores.  Dio la hermosa casualidad que los visitantes eran representantes  de una poderosa firma inglesa constructora de puentes metálicos de tal manera que los dos ingleses tomaron interés técnico en lo del puente y poniendo manos a la obra hicieron mediciones y cálculos, y sin más estudios técnicos consideraron que podían reponer el puente.  Ahora venía la cuestión de la financiación.  Pedir en ese tiempo un sol al Estado era como dejar el proyecto a que durmiera el sueño de los justos, dada la falencia de la Caja Fiscal.  Actuó entonces la iniciativa privada.

 

            Don Miguel Checa, estaba casado con doña Victoria Eguiguren Escudero, que era hermana del joven abogado José Francisco Eguiguren Vocal de la Corte Superior de Piura (desde el 17 de noviembre de 1891), senador suplente; de Víctor, prestigioso abogado y del ingeniero Vicente.  Todas personas muy adineradas.  Todos ellos dieron  respaldo a su cuñado para ver que el proyecto se hiciera realidad.

            Llevaron la iniciativa ante el prefecto de entonces (1891), don José María Rodríguez Ramírez, que era el presidente de la Junta Departamental y acogió el proyecto.  El 22 se convoca en domicilio de Miguel Checa a una reunión a la que concurren sus cuñados y además los señores Genaro y Francisco Helguero, Juan Ignacio Seminario Echandía y Francisco León Seminario.  Ante ellos hicieron una exposición los señores Findlay y Tahbone.

 

            Fueron sinceros al decir a los asistentes que no tenían facultades para tratar con entidades gubernamentales de tal modo que la Junta Departamental, no podría actuar.  Ante esa situación, el gerente de la casa Duncan Fox, don  Robert Temple, expresó que esa casa fuerte británica asumía la responsabilidad de la financiación de la obra.

 

            Fue así como se giraron letras por 70 000 soles cada una por la casa Duncan Fox que don Miguel Checa aceptó.  Para amortizar el valor de las letras, se estableció el pago del peaje.  No pocos problemas se tuvieron que enfrentar porque el peaje no siempre cubría el valor de las letras vencidas.  De todos modo se pudo ir cumpliendo hasta el año 1901 en que tocó cancelar la última letra de 12 000 soles, lo que se hizo con la intervención del señor Checa, de don Carlos Schaefer y del nuevo gerente de la casa Duncan Fox, don Juan Atkins.

 

            Todo entonces fue muy rápido.  Las estructuras  metálicas fueron llegando a lo largo del año 1892 y los ingenieros peruanos Carlos Viñas, Enrique Coronel Zegarra, Vicente Eguiguren Escudero, Teodoro Elmore, Teobaldo Elespuru y Emeterio Pérez, trabajaron afanosamente para armar y montar las estructuras hasta que al fin tomó la forma de un hermoso y fuerte puente, que no sólo se constituyó en vital vía de comunicación, sino  también en una obra de ornato y de solaz para Piura.

 

            El puente resistió las tremendas avenidas de aguas de los años 1925 y 1926, así como el excepcional aluvión de 1983;  pero para esa época ya se encontraba con necesidad de mucho reforzamiento, motivo por el cual el tránsito fue limitado.

 

            Por fin, en un aciago día, el 26 de agosto de 1981, un pesado camión pretendió pasar en forma subrepticia, y el puente se derrumbó.  Poco tiempo después fue reemplazado por otro, que en 1988 fue arrastrado por el   río Piura.

 

            Con posterioridad, se levantaron otros dos puentes sobre el río Piura como prolongación de las avenidas Sánchez Cerro y Bolognesi, tomaron el nombre de esas vías.  El puente metálico no tenía nombre propio (que bien pudo tenerlo dado su origen) pero los piuranos lo bautizaron como “el puente viejo”.  En 1995 se construyó el llamado cuarto puente en la parte norte.

 

 

El robo de Cardal

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            A los años que siguieron a la guerra con Chile, la situación en el Perú y también en el departamento de Piura, aún no había salido del estado de casi anarquía en que se había vivido con el principio de autoridad totalmente roto.

 

            Los hacendados del Alto Piura, que se consideraban en base a la añeja ley de aguas, propietarios de los afluentes que pasaban por sus haciendas, colocaban “tapas” para represar las aguas, surgiendo de esa forma sangrientas reyertas que se resolvían a tiro limpio, sin importar ni la amistad, ni   los vínculos de parentesco.

 

            Fue así como entre don José María Seminario Váscones hacendado de “Monte de los Padres” y su hermano Juan Seminario Váscones, hacendado de San Martín   había un interminable   pleito por las aguas.

 

            Ambos hermanos se disputaban también la posesión de la hacienda “Talandracas”.

 

            Uno de los grandes males de la época era la existencia de bandoleros que asaltaban a los viajeros y también a las casas-haciendas aisladas.  Cuando fue prefecto el coronel Fernando Seminario Echandía casi erradicó al bandolerismo, pero al dejar éste la prefectura, los bandidos reaparecieron.

 

            Don Juan Seminario y Váscones tenía como a uno de sus capataces jefes de cuadrilla a un negro, borrado por la viruela al que por feo le habían puesto el mote de “Lindo”, buen manejador del puñal y de la carabina, instrumentos que imponían la ley del más fuerte en el despoblado.  Así se formó en la escuela de la violencia y por la costumbre de apropiarse del ganado del hacendado de “Monte de los Padres” terminó por hacer lo mismo con el ganado de otros.

 

            El año 1891, los hermanos Seminario habían resuelto sus diferencias por “Talandracas” y la justicia peruana había reconocido que era de propiedad de quien la tenía, es decir de don José María que además en ese sentido contaba con el apoyo de la familia.

            La presencia de “Lindo” en la hacienda “San Martín”, vino a ser un estorbo  para el hacendado de ella y lo licenció.  De esa forma el bandido, que en apariencia vivía del sueldo de capataz, ya no tuvo más remedio que dedicarse por entero al bandolerismo.

 

            A fines de 1892 una banda compuesta por el negro “Lindo”, Abraham Cuestas, Bernabé Baca, el Zambo Morales y un bandido de Lambayeque conocido como “Fiñico” y media docena más de bandidos, resolvieron atacar la Hacienda Bigote en el caserío de Salitral.  A principios de 1893 se produjo entonces el famoso robo de Cardal en cuya acción fue asesinado el administrador señor Juan Elera.  Los bandidos alzaron con un cofre de alhajas y varios talegos de dinero.

 

            El coronel Byrne jefe de la policía de Piura, encargó al sargento mayor José Ugarte que estaba en esos momentos al mando del Escuadrón Escolta, acantonado en la localidad de Morropón, que de inmediato tratara de dar con los bandidos pues en Piura la noticia causó tremenda conmoción.  Ante la orden telegráfica el mayor Ugarte que era  piurano y muy bien relacionado, salió de inmediato con unos pocos soldados tras los bandidos y lo hizo en forma tan acelerada que logró capturar a varios de los participantes, entre ellos a uno que llamaban Enrique y parecía ser uno de los cabecillas.

 

            Ugarte dispuso el fusilamiento de Enrique, pero ofreció perdonarle la vida si relataba todos los pormenores del robo. Así lo ofreció Enrique, pero parece que en el asunto no sólo estaban comprometidos los bandidos, en forma tal que mientras Ugarte hacía los preparativos para remitir a los bandidos a Piura, Enrique y la mitad de los presos pudieron huir gracias a ayuda exterior.

 

            Eso constituyó un borrón para la foja de servicios de Ugarte que se había mantenido muy meritoria y el escritor Enrique López Albújar que trata este caso en su obra “Caballeros del Delito”, asegura  que la recaptura del bandido Enrique se le tornó una obsesión.  Fue así como Ugarte preparó una emboscada, y en una noche de verano muy lluviosa que convirtió los caminos en lodazales intransitables, partió Ugarte hacia el punto donde estaba el bandido y tras de pasar el río Piura a nado a la altura de Buenos Aires, en momentos en que estaba de bote a bote, siguió galopando hasta que al amanecer llegaba a las cercanías de Ñaupe, en donde estaba Enrique al que tomó por sorpresa y capturó.  Lo sometió a interrogatorio y el mayor Ugarte  pudo conocer que cerca estaba “Fiñico  y otro participante en el crimen, pero “Fiñico” se enfrentó a la fuerza pública y sucumbió.

 

            Cuando el negro “Lindo” supo que Ugarte estaba tras de él, se hizo humo y no reapareció sino hasta el año 1894 para integrar la montonera del que llamaba “niño Teodoro”.

 

 

Instalan servicio de  agua en Sullana

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            El 15 de mayo de 1893  el Gobierno aprobó el contrato suscrito entre la Municipalidad Distrital de Sullana y don Arturo Goddard para dotar de agua a Sullana por el sistema de cañerías.   Ahora la Municipalidad debía de dar a la empresa el terreno adecuado en donde ubicar los tanques de almacenamiento y el mismo estaba ubicado en la calle  Bolívar y era de propiedad de doña Juana Querevalú y ante la oposición de ésta, el   solar fue declarado de necesidad  pública   y se inició el expediente de expropiación.

 

            El 18 de mayo de 1893, la Municipalidad de Sullana celebra un contrato con el vecino Ismael Agurto, por el cual éste cede por diez años en forma gratuita, los terrenos que fueron necesarios, para la colocación de la bomba que debía succionar el agua del río para llevarla a los tanques de almacenamiento.  El terreno que se necesitó fue de veinte varas de  frontera.

 

            El 18 de junio, doña Juana y doña Casimira Querevalú, llegan a un acuerdo con la municipalidad y le venden el terreno de la calle Bolívar de siete varas de frontera por veinte de fondo para colocar los tanques de agua.  Recibe por el terreno 70 soles.

 

            Ya el tendido estaba hecho, de tal manera que  los trabajos se aceleraron y el 28 de julio, el alcalde Roberto Barreto no quiso esperar más y declaró por inaugurado el servicio de agua potable de  Sullana.

 

            En realidad el agua que se brindaba no estaba sometido a ningún proceso, pero de todos modos constituía un gran avance en cuanto al servicio, pues la ciudad de Piura sólo dispuso del servicio parcial de cañerías en el año  1901.

 

            La primera cláusula del contrato entre Goddard y la municipalidad, decía:  Me obligo a formar una empresa, para extraer del río toda el agua que necesitan sus moradores y venderla a un centavo de sol de plata peruana por cada diez galones de cinco litros cada uno.  El punto de donde extraiga el agua, será dentro de la población, el que más convenga a la Empresa y en ese punto, ni ahora, ni durante todo el tiempo del contrato, costará nada a la empresa, concediéndola el Honorable Concejo Provincial”.

 

            La empresa Goddard se comprometió a dar agua a una  pila o fuente con surtidor que la municipalidad compraría para colocar en la plaza de armas de Sullana. Este deseo ciudadano se cumpliría casi cien años mas tarde.

 

            La Municipalidad de Paita se hizo representar en la ceremonia por don Pedro Rubio, con un mensaje que decía: “Es la ciudad de Sullana, la que va a la vanguardia de las demás de esta provincia, impulsada por el Honorable Concejo  que dignamente preside Ud.,la hija mimada del Concejo  Provincial”.

 

Construcción del cementerio de Sullana

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            El 4 de diciembre de 1893, el Concejo Distrital de Sullana, vota una partida de cien soles para ayudar a la construcción del panteón en la parte norte de la ciudad, para lo cual se había creado una Junta de Construcción, cuyo presidente era el cura párroco Juan José Hidalgo y su Tesorero el ciudadano alemán doctor José Arens Kauser.

 

            El señor Arens Kauser que había sido director del Colegio San Miguel, fue un verdadero filántropo pues se suscribió con un aporte de cien soles, suma apreciable para la época y además para evitar la paralización de los trabajos, prestó 400 soles sin intereses.

 

            Como si fuera poco, el doctor Arens en un impromptus de generosidad llegó a ofrecer terminar la obra con su propio peculio, pero las incomprensiones lugareñas evitaron que ese desprendido gesto se materializara.

 

            Con todo el dinero anteriormente mencionado, se emprendió la construcción del cerco perimétrico con adobe.  Ya antes se habían levantado con el mismo material varios cuarteles funerarios.

 

            El  19 de noviembre de 1893, la Municipalidad de Sullana estuvo de duelo por haber fallecido su alcalde propietario don Roberto Barreto. No lo pudo suceder el alcalde accesitario don Pedro  Sandoval por encontrarse también muy mal de salud y en efecto, el 29 de agosto del siguiente año también moría.  Por consiguiente quien tomó las riendas de la municipalidad sullanera fue el  inspector-regidor Aníbal Castillo.

 

            En junio de 1894, el cementerio de Sullana, fue punto de reunión para las montoneras que organizaron don Augusto Seminario Váscones y sus sobrinos, dándose así comienzo a uno de los años más conmovidos y sangrientos en la historia de Piura.

 

 

“Camales” en Sullana y en Piura

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            El 26 de mayo de 1891, don Carlos E. Rubio, propone al Concejo Distrital de Sullana la construcción de un “camal” para la matanza de reses, cabritos, cerdos y otros animales cuya carne era alimento de consumo humano.  En sesión de concejo se acordó nombrar una comisión presidida por el inspector de Abrevaderos y Lugares de Detención don Aníbal Castillo para que estudiase el asunto.

 

            El “camal” consistía simplemente en una pampa, hacia donde se abría un canal para evacuar los desperdicios al río.  Por esa época funcionaba también en Piura un “camal” en idénticas condiciones a cargo del concesionario Santiago Sánchez Morote y recién en 1900 María José Chiriboga, construyó un local más aparente.

 

           

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