Capítulo VIII

CAPITULO VIII

 

 

LA SANGRIENTA GUERRA DE LOS SEMINARIO

 

·        Problemas con el Ecuador en 1893

·        Autoridades en 1894.  El clima electoral

·        Enfermedad y muerte de Morales Bermúdez

·        El coronel Borgoño asume la presidencia

·        Fernando Seminario depone al prefecto

·        La coalición y las elecciones

·        La guerra civil

·        La guerra de los Seminario

·        La toma de Huancabamba

·        La expedición exitosa de Teodoro Seminario

·        Teodoro Seminario en La Libertad

·        La montonera en Cajamarca

·        El combate de Anchalay

·        La muerte de Florentino Seminario Echandía

·        La fiebre amarilla en Paita

 

 

 

Problemas con Ecuador en 1893

ARRIBA

            El 25 de octubre de 189111, el Congreso Peruano había aprobado el tratado de límites  con el Ecuador, llamado García-Herrera, pero con sustanciales modificaciones que al variar apreciablemente la línea en la selva, los ecuatorianos no aceptaban.

 

            El presidente Morales Bermúdez consideró que el Congreso había extralimitado sus funciones por cuanto el Poder Legislativo sólo debía de aprobar o desaprobar los tratados que se le sometían, pero no plantear modificaciones que llevarían a negociaciones diplomáticas nuevas, que sólo eran potestad del Poder Ejecutivo.

 

            A pesar de eso, el canciller peruano se dirigió a la Cancillería de Quito el 7 de enero para solicitarle la revisión parcial del tratado, a lo que dicha Cancillería se negó.

 

            El Congreso del Perú al reinstalarse en octubre de 1893 con los tercios renovados, insistió en su sesión del 25 de octubre de 1893 en la aceptación del tratado con las modificaciones que habían propuesto en 1891.

 

            Esto se conoció de inmediato en Ecuador y se produjeron manifestaciones populares de protesta el 29 de octubre, siendo apedreado el   Consulado de Perú  en Quito,  el escudo arrancado de la pared y arrastrado por las calles.  Situaciones similares se produjeron en Guayaquil en donde había una numerosa colonia peruana que había logrado establecerse y conducía establecimientos comerciales, muchos  perdieron sus mercaderías a causa de los saqueos del populacho.  Muchos de ellos eran piuranos.

 

            Como lógica reacción, también en Lima grupos populares atacaron el 22 de noviembre los locales de la Legación y Consulado de Ecuador.

 

            Como ha sucedido siempre  años más tarde, las turbas ecuatorianas se habían lanzado a cometer los desmanes, después que el propio presidente de Ecuador, Luis Cordero lanzó un manifiesto a la nación, que contenía no sólo frases duras contra Perú, sino también hirientes.  Este mandatario que recién había  accedido al poder se encontraba en medio de la lucha a muerte de dos facciones antagónicas: los liberales y los conservadores.  Por otra parte, el gobernador de Guayaquil y gran amigo suyo José María Plácido Camaño, se había visto envuelto en un “affaire” internacional, cuando aceptó que Chile simulase que el crucero de su propiedad “Esmeraldas” apareciera como ecuatoriano para poderlo vender a Japón que estaba en guerra con China.  Como Chile se había declarado neutral en ese conflicto, quiso simular la venta, en la que Ecuador no ganaba nada, pero que hizo  sospechar que Camaño si lograba una suculenta comisión.  Se trataba entonces de desviar la atención pública.

            En Piura, Paita, Sullana y Tumbes, en donde había una gran cantidad de ecuatorianos no se produjeron manifestaciones populares ni desórdenes, pero en el ambiente se notó un total enfriamiento en las relaciones con los residentes del otro país, y un clima de gran tensión.  No se pasó a mayores situaciones, debido sin duda al hecho de ser muchas de las principales familias piuranas, originarias de Loja en donde aún tenían numerosos parientes.

 

            En 1894 el presidente Cordero estuvo acosado por rebeliones y motines en forma tal que en cierto momento se vio obligado a salir a las calles de Quito fusil en mano para conjurar las rebeliones, tal como lo señala el historiador ecuatoriano Oscar Efrén Reyes en “Breve Historia del Ecuador”.  En 1894 Cordero se vio precisado a renunciar y el 5 de junio de 1895 un golpe dado en Guayaquil, llevó al poder al general Eloy Alfaro, deponiendo a la Junta de Gobierno que había sucedido a Luis Cordero.

 

            En 1894 el Congreso de Ecuador, retiró su aprobación al texto original del tratado García-Herrera y dejó abiertas las negociaciones para llegar con el Perú a una enmienda del mismo.

 

            Como dato curioso, hay que anotar que en sesión del 4 de diciembre de 1893, la Municipalidad Distrital de Sullana, suprimió la Escuela de Niños Nº 1 a cargo de don Francisco Jiménez y la Escuela de Niñas Nº 2 a cargo de la señorita Emilia Antón, “por encontrarse el país movido por los asuntos del Ecuador”.  Pero antes se había  informado que los exámenes, habían demostrado poco éxito en los conocimientos de los estudiantes, sobre todo entre las niñas, a pesar del escaso número de alumnos.

 

            El 5 de junio, había renunciado a la Dirección de la Escuela de Niños Nº 1 don José Cardó y fue reemplazado por Francisco Jiménez con el sueldo de 70 soles, teniendo como auxiliar a Juan Francisco Gallo con 35 soles al mes.  En abril de 1895 se reabrió la Escuela de Niños y se nombró a Francisco Velásquez   con 50 soles al mes.

 

 

 

Autoridades en 1894.  El clima electoral

ARRIBA

            Al empezar el año 1894, los senadores tras la renovación del tercio parlamentario eran los siguientes: Titulares: Luis Felipe Villarán, Fernando Seminario Echandía y contralmirante Lizardo Montero.  Como Suplentes: José María Raygada, Pedro Castro Araujo y Manuel J. Cuadros.

 

            Como Prefecto, desde fines del año anterior, se tenía al general Justo Pastor Dávila.  Era éste un militar de prestigio, que había estado en la victoria de Tarapacá, luego en el Alto de la Alianza, en San Juan, en Miraflores y en la Breña.  No había descollado como gran estratega, pero sí de un valor a toda prueba, y sobre todo muy enérgico.                       

 

            El presidente Morales Bermúdez había convocado a elecciones para elegir nuevo presidente de la República y a los vice-presidentes.

 

            De inmediato se hicieron presentes en la arena política el Partido Constitucional que apoyaba nuevamente al general Cáceres.  La Unión Cívica que era una alianza entre el Partido Civil y el Grupo Parlamentario que seguía a Valcárcel y tenía poder en el Congreso y el Partido Demócrata que seguía fiel a Piérola, pero se encontraba en condición de impedido de presentar candidatos.  También aparece la Unión Nacional, partido muy radical formado por Gonzáles Prada, que fue integrado por un grupo de intelectuales, que sin embargo no llegó a las masas populares.

 

            En la Unión Cívica se disputaron la postulación a la nominación de la candidatura don Manuel Candamo conspicuo líder civilista y Mariano Nicolás Valcárcel que capitaneaba a la mayoría parlamentaria.  Ganó éste, y un fuerte grupo de civilistas descontentos, se desafiliaron de la Unión Cívica.  Este grupo político no había llegado a interesar a la masa electoral.

 

            En diciembre de 1893, el ministro Agustín de la Torre sostuvo comunicaciones con Piérola, para tantear la posibilidad de una unión electoral entre el Partido Demócrata y el Constitucional.  No se llegó a ningún acuerdo.

 

            En esos momentos el general Cáceres se encontraba en Europa sirviendo en una embajada y Piérola estaba en Chile en destierro a pesar de la ley de amnistía que se había promulgado, pero en la que no confiaba.

 

            Ante esa situación, el candidato lógico del Partido Constitucional volvía a ser el general Cáceres.  En marzo éste había retornado ya a Lima.

 

            Las elecciones debían de realizarse el 1º de abril y el tiempo apremiaba.

 

 

 

Enfermedad y muerte de Morales Bermúdez

ARRIBA

            El 23 de marzo de 1893, el presidente Morales Bermúdez se sintió repentinamente enfermo.  Del momento el presidente del Consejo de Ministros José Mariano Jiménez no consideró de riesgo la dolencia presidencial.  Pronto, sin embargo, se agravó y el día 27 los médicos dispusieron que tras de dictar su testamento, se aislara completamente al mandatario.  Lo había estado atendiendo el doctor Manuel Muñiz.  Se celebró una junta de médicos y el diagnóstico fue obstrucción intestinal.  El testamento  del presidente, mostró que vivía en medio de gran pobreza.  El 28  fue sometido a una operación quirúrgica por el  doctor Lino Alarco.

 

            Durante la dolencia del presidente Morales Bermúdez, quien debió asumir el poder fue el primer vice –presidente Pedro Alejandrino del Solar, pero Cáceres decía que la situación que vivía el país eso resultaba inconveniente  y la guarnición de Lima deseaba al 2do. vice-presidente Justiniano Borgoño.

 

            El 1º de abril de 1894 falleció a las 5  de la tarde el presidente.  En ese día debieron celebrarse las elecciones, pero dada la situación de duelo nacional se suspendieron.

 

            Por los síntomas, hoy se podría decir que el presidente murió por una simple apendicitis, pero en esa época, la cirugía no había logrado los adelantos actuales.  Entre el vulgo corrió la versión  de que el paciente había sido envenenado.

 

            Al conocer el deceso presidencial, el primer vice-presidente del Solar, se dirigió a Palacio con ánimo de encargarse del poder, pero los edecanes se negaron a recibir órdenes de él.  El ministro de Relaciones Exteriores se negó igualmente a atenderlo y tras de llamar al prefecto  del Callao, coronel San Ramón, éste le comunicó haber recibido  orden de no atenderlo, sin querer decir quien las había dado.

 

 

 

El coronel Borgoño asume la presidencia

ARRIBA

            El coronel Justiniano Borgoño era el 2do. vice-presidente, pero había logrado durante la enfermedad del presidente el control de las fuerzas de policía, ejército y la marina.

 

            El Gabinete presidido por Jiménez  quiso sin embargo cumplir con el formulismo constitucional, y comunicó en forma oficial el deceso del presidente, presentando renuncia de los cargos ministeriales.

 

            Esto resultaba una ironía.  El primer vice-presidente Alejandrino del Solar, rechazó la comunicación manifestando  que había sido el propio Gabinete el que había impedido que durante la enfermedad del presidente hubiera asumido legal y constitucionalmente el mando supremo y que ahora no tenía la forma de hacerlo efectivo, por cuyo motivo debían de presentar su renuncia ante el 2do. vice-presidente coronel Borgoño.

 

            Eso eliminó  cualquier escollo que Borgoño hubiera tenido para acceder al mando, de tal modo que con el apoyo de Cáceres, asumió el cargo por los pocos meses que le faltaban al presidente Morales Bermúdez  para terminar  su  mandato.

            El 6 de abril el 1er. vice-presidente Alejandrino del Solar escribía a Borgoño y le decía que su régimen era ilegal.. Esto en buena cuenta servía para justificar cualquier  actitud  rebelde contra el nuevo Gobierno.

 

            Así lo entendió Borgoño y acusó a del Solar de estar conspirando y pretender alterar el orden y paz de la República.  A esto del Solar respondió con un manifiesto al país.

 

            Borgoño volvió a convocar elecciones, pero en esta vez eran generales y desatendiéndose del tercio, planteó la renovación total del parlamento, violando así nuevamente la Constitución.

 

            La muerte del presidente y los graves sucesos políticos que se estaban produciendo en Lima, crearon confusión en el resto del país.  Piura que había vivido momentos de tensión por los asuntos con Ecuador,  estaba a las puertas de una grave conmoción política.

 

            Se sabía que los Seminario adictos a Piérola habían viajado a Chile, para entrevistarse con el caudillo y preparar su retorno al Perú.  En Iquique el coronel Augusto Seminario Váscones y sus sobrinos Teodoro y Edmundo habían ofrecido al “Califa” iniciar la rebelión en Piura.

 

 

 

 

Fernando Seminario depone al prefecto

ARRIBA

El general  Justo Pastor Dávila, se encontraba perplejo ante la situación.  El podía ser un enérgico militar, pero en política se le presentaban situaciones frente a las cuales no sabía como actuar.  Mientras tanto en Lima se movía Fernando Seminario.

 

            Los rumores que corrían en Piura llegaron a Lima y se pensó que la única persona que podía conjurar la situación era el coronel Fernando Seminario Echandía.

 

            Este emprendió entonces precipitado viaje a Piura, sin cuidarse de tener los documentos listos y sin más ni más se presentó a la prefectura y comunicó a Pastor Dávila que se hacía cargo del mando y que los papeles llegarían más tarde.  El perplejo general no tuvo inconveniente en entregar la prefectura.

 

            Para poder disponer de todo el poder, Fernando Seminario fue también nombrado jefe militar del norte.   Eso le iba a permitir poner en jaque a sus belicosos parientes.

 

           

La coalición y las elecciones

ARRIBA

            Todos se dieron cuenta que tras de todas las disposiciones que dictaba Borgoño estaba la mano del general Cáceres que ambicionaba llegar por segunda vez  a la presidencia.  Así era en efecto, y sin duda eso fue muy lamentable porque empañó la imagen de Cáceres que al igual que Grau y Bolognesi, era considerado como un símbolo y el hombre que con su empecinado patriotismo y sin darse por vencido ante el enemigo, salvó el honor nacional.  ¡Error tremendo el haber pretendido por segunda vez el mando y manchar su nombre hasta entonces inmaculado, en las azarosas luchas políticas

            Todos los partidos se juntaron para enfrentar a Borgoño y a Cáceres y formaron la Coalición haciendo una serie de demandas encaminadas a preservar la libertad y pureza del sufragio cuya postergación se solicitó.

 

            Cáceres se lanzó como candidato presidencial teniendo como  1er.  vice-presidente al general César Canevaro, otro distinguido militar que había luchado heroicamente contra los chilenos y como 2º vice-presidente a Cesáreo Chacaltana.

 

            Las elecciones se celebraron de todas maneras, pero los partidos políticos de la coalición no presentaron candidatos de tal manera que Cáceres se presentó  como candidato único.  Eso le restó amplias simpatías populares y la abstención fue grande, lo cual desmerecía el triunfo de  Cáceres.

 

            La coalición nombró como presidente de ella a Piérola que aún estaba en Chile.

 

            Borgoño continuó en el Gobierno y el 10 de agosto de 1894 entregó el mando al general Cáceres, pero ya la guerra civil había sido iniciada en Sullana desde meses antes por el coronel Augusto Seminario y Váscones.

 

 

 

La guerra civil

ARRIBA

Parece que sólo se esperaba el pronunciamiento del coronel Seminario, para que de inmediato se produjeran pronunciamientos en otros lugares del Perú.

 

            Orestes Ferro se sublevó en Ferreñafe, Belisario Ravinez en el departamento de Cajamarca, Augusto Durand en Huánuco, en Pisco y parte de la provincia de Ica actuó Vicente del Solar.  En Lurín, Cañete y Chincha el coronel Felipe Santiago Oré.  En Arequipa se posesionó de la ciudad Amador del Solar y hasta en la frontera con Bolivia aparecen grupos montoneros.

 

            Prácticamente todos se reconocían como seguidores de Piérola y el único que mostró cierta autonomía fue Durand que se tituló “jefe superior de los departamentos del centro”.

 

            Es decir, que cuando Cáceres inició su segundo período, gran parte del país estaba sublevado en su contra, y obedecía a Piérola que se encontraba en Chile.

 

            Bien pronto el jefe de la coalición, iba a asumir el mando directo de la rebelión y ésta iba a entrar en una fase sumamente violenta y sangrienta.

 

 

La guerra de los Seminario

ARRIBA

            A fines de abril de 1894, don Augusto Seminario y Váscones y sus sobrinos Teodoro Seminario  León, así como los hermanos Ricardo, Felipe, Edmundo y Oswaldo Seminario Aramburú; se embarcan de incógnito en Paita rumbo a Chile con la ayuda de los hermanaos Pedro Víctor y Carlos Enrique Rubio Castellanos, naturales de Querecotillo.

 

            El destino del grupo era Iquique, donde iban a entrevistarse con don Nicolás de Piérola, jefe de la coalición opositora a Borgoño y a Cáceres.

 

            Los Seminario consideraban que el tiempo de las negociaciones y de las palabras ya habían pasado y que ahora sólo tocaba actuar.  En su temperamento, eso significaba hacer uso de las armas, siendo en tal sentido espíritus gemelos con Piérola que fue un eterno conspirador.

 

            A fines de mayo, los viajeros estuvieron de vuelta, y nuevamente los hermanos Rubio, los recibieron de incógnito tomando más precauciones que para la partida pues el coronel Fernando Seminario Echandía nuevo prefecto de Piura ya tenía más que sospechas de las andanzas de sus parientes.

 

            Para los recién llegados el saber que su pariente estaba sólidamente sentado en el sillón prefectural fue una mala noticia.  En forma un tanto sombría, Teodoro Seminario León,  dijo:  Mientras mi tío “el Gato”, esté en la prefectura, jamás podremos tomar Piura.   Y así fue.

 

            Paita no era el  lugar propicio para iniciar el pronunciamiento de tal manera que por tren se dirigen a Sullana, y tras de algunos días de preparativos reúnen un grupo de 50 hombres y el 18 de junio de 1894, lanzan el grito de rebelión desde su campamento levantado a un costado del cementerio en el lugar en donde hoy se encuentra la localidad de Bellavista.

 

            En realidad, el complot de Sullana lo inició Oswaldo Seminario  Aramburú, al cual daban apoyo su hermano Felipe y Juan Lindo, un personaje que unas veces actuaba como montonero y en otras oportunidades como bandolero, pero que era un hombre valiente a toda prueba.  El día 16 su tío el coronel  Augusto estaba en Tambogrande. El día 16 hizo un convocatoria a la población, pero era ésta tan pequeña y el lugar tan  poco estratégico que se pensó en Sullana, espléndidamente ubicada.

 

            Fue Lindo el que en lenguaje crudo y franco habló a los congregados en el cementerio de Sullana , y para estimularlos, decidió hacer casi solo una incursión sobre la misma ciudad..  A caballo y con gran audacia, avanzó hasta la plaza de armas, sin sombrero y con la cabeza cubierta con un pañuelo, mientras que a manera de estandarte hacía flamear un gran pañuelo azul, símbolo de los demócratas.  El ingreso a la ciudad lo hizo dando vivas al Partido Demócrata y mueras al Gobierno y tal fue la sorpresa y las pocas fuerzas disponibles, que nadie lo enfrentó.

 

            Retornó al cementerio y se resolvió que el coronel Felipe Seminario tomase la ciudad, mientras que un contingente al mando de Baldomero Meléndez, debía hacer un rodeo para unirse a fuerzas que debían atacar Catacaos.

 

            El coronel Felipe y Lindo se apostaron cerca de la estación del ferrocarril de Sullana, en espera del tren de Piura, que llevaba el contingente de relevo de la guarnición de Paita y a la vez trasladar del puerto a Piura el subsidio de 25 000 soles que enviaba el Gobierno Central.  Al frente de la pequeña fuerza gobiernista estaba el mayor Álamos.  Como siempre el tren hizo un alto a las 8:30 de la mañana y los rebeldes atacaron por sorpresa a los desprevenidos soldados, no obstante lo cual la lucha duró hora y media.  Hasta el conductor del tren de apellido Gálvez  intervino en la lucha pero murió.

Algunos solados huyeron, otros fueron tomados prisioneros y unos pocos se unieron a los rebeldes.

Álamos fue apresado y llevado ante un Consejo integrado por los hermanos Seminario, el coronel Domingo Coloma y el hijo de éste Hernán Coloma.  Como por lo declarado por Álamos se esperaban más soldados, los revolucionarios resolvieron trasladar el cuartel general al otro lado del río.  El número de rebeldes se engrosó prontamente.  Entonces sintiéndose más fuertes, decidieron ocupar la ciudad de Sullana como centro de operaciones, lo cual se logró y  fue celebrado con festejos.  A los pocos días se anunció que gente armada llegaría de Piura  por tren, lo cual fue una falsa alarma, pues n llegó ninguna tropa a Sullana. Como guardador de los 25.000  soles quedó Oswaldo Seminario

 

            Mas bien, el que llegó desde Tambogrande,  fue del coronel Augusto Seminario y Váscones que asumía la conducción del movimiento- El coronel Augusto  llegó con su hijo el coronel Teodoro Seminario León, un hombre sumamente arrojado y audaz.

 

            Como los contingentes revolucionarios eran ya numerosos se decidió la toma de Querecotillo y la de Paita  capital de la provincia, como acciones inmediatas. Sullana por el momento fue centro de operaciones.

 

            En realidad, Paita no obstante ser capital de provincia no se encontraba con fuerzas suficientes para resistir, por cuyo motivo el subprefecto Julio Octavio Reyes, creyó prudente abandonarla.  Era éste natural de Huancabamba y había estado enfrentando muchos problemas que le creaban los partidarios de Piérola capitaneados por los hermanos Rubio; en forma tal que cuando Reyes dejó el puerto, prácticamente el mando político pasó a poder del pierolista  Carlos Rubio.

 

            El Gobierno de inmediato envió tropas a Paita por mar, las que tras deponer a las autoridades rebeldes del puerto, tomaron el ferrocarril y se dirigieron  a Sullana.  Ante tan comprometedora situación, Oswaldo Seminario huyó al Ecuador con el dinero, pero pocos días más tarde apareció en Tambogrande con un grupo montonero y tras de poner cupos a los hacendados avanzó hasta Morropón.

 

            Don Augusto Seminario que en Miraflores había luchado con el grado de coronel se auto-proclamó jefe político y militar del norte. Considerando la importancia estratégica de Sullana la volvió a ocupar cuando las tropas gobiernistas  siguieron a Piura.  Dio grados militares a sus principales colaboradores  y a sus sobrinos los hizo de golpe y porrazo “coroneles” asignándoles el mando de los batallones en formación.

 

            Otra de las medidas que tomó, fue la de  destituir a su primo el coronel Fernando Seminario y Echandía de la prefectura y nombrar en su lugar como prefecto en campaña a Juan Baldomero Meléndez, que como era dable suponer, sólo tuvo un cargo decorativo, porque no se pudo hacer efectivo.

 

            La primera misión de guerra que recibió el nuevo “prefecto”, fue llevar a Querecotillo, 400 soles en moneda de plata fina, para entregar al señor Columbos que estaba esperando con gente armada adicta a Piérola, en Querecotillo.  Para cumplir con la misión se le dio una escolta de diez hombres, pero había que atravesar el río Chira y en un viraje brusco, la

 

 talega que contenía el dinero fue a dar al fondo del río que en esa época  estaba desusadamente profundo y torrentoso.  Muy poco dinero fue el que se logró rescatar de tal manera que al llegar el “prefecto” Meléndez a Querecotillo, hizo prevalecer su autoridad iniciándose con un cupo de cinco soles que impuso a la población.  Mal principio sin duda, pero no había otro camino.

 

            Bien pronto los montoneros pierolistas se vieron engrosados en su número en tal forma que creyeron ya podían iniciar campaña.

 

            Los montoneros durante seis días estuvieron controlando Sullana, tiempo en el que asumieron la cobranza de mojonazgo y consumo cuyo rematista era el italiano José “Pepo” Figallo y también hicieron uso de la balsa sin pagar cuyo rematista era don José Nole. Cuando se fueron, los dos rematistas se apersonaron ante el alcalde don Daniel Franco para que les hicieran una rebaja en los pagos que debían hacer al   Concejo, a lo que se accedió.

 

            Una de las arbitrariedades que se habían cometido durante el corto mandato del coronel Borgoño, fue la disolución del personal edil nombrado por voto popular y su reemplazo por una Junta de Notables designada a dedo, precedente nefasto que en el siglo siguiente seguiría por muchos años el presidente Leguía.

 

            La Junta Municipal de Sullana estaba formada por el alcalde Daniel Franco y dos regidores  que actuaban como síndicos:  Aníbal Castillo y Manuel Ramos.

 

Los revolucionarios envalentonados con las noticias que recibían de adhesiones de diversos pueblos, dividieron sus fuerzas en tres partes.  Una pequeña debía incursionar  sobre  Paita.  Otra mayor al mando de Ricardo Seminario Aramburú actuaría sobre Tambogrande, Morropón y toda la región del Alto Piura.  La tercera más numerosa seguiría el camino de Francisco Pizarro para conectarse con los rebeldes de Lambayeque y Cajamarca y estaría al mando del coronel Teodoro Seminario .La 2da y 3ra, fuerza salieron juntas de Sullana, hasta Salitral en el Alto Piura. Allí cada una siguió diverso rumbo.

 

            La fuerza rebelde destinada a Paita fue puesta a las órdenes de Ignacio Coronado, pero fueron detenidas por las fuerzas de la Guardia Nacional comandadas por Baltasar Navarro Zevallos, que desde el año anterior estaban bajo su mando movilizadas por el conflicto con Ecuador.  El segundo jefe era don Eduardo Reusche

 

Los montoneros se retiraron, para más tarde con refuerzos insistir al mando del “mayor” Vélez, que en esta oportunidad enfrentaron a fuerzas llegadas de Lima y desembarcadas en Paita.  La acción se desarrolló en Amotape en la llamada batalla del Fuerte, y aún cuando le fue mejor a los rebeldes, no fueron resultados decisivos.

 A mediados de julio, Teodoro Seminario pasó a Tambogrande y luego a Lambayeque.

 

Mientras tanto, el prefecto Fernando Seminario se encontraba bien armado en Piura disponiendo las acciones de guerra y cuidando el orden interno, pues con frecuencia se producían sangrientas reyertas en la ciudad entre grupos antagónicos.

 

El barrio norte o de la mangachería en donde predominaba gente mulata y bravía era en su mayor parte seguidora del general Cáceres y de don Fernando Seminario y Echandía, pero algunos sectores próximos al cementerio obsequiado por el marqués de Salinas, eran fieles a don Augusto Seminario y Váscones.  También las gentes de la gallinacería o del barrio sur eran seguidoras   de  éste último.

 

Con frecuencia en la plazuela de la Tina,  llamada más tarde de la Cruz del Norte y ahora Escudero, fueron campo de batalla de los dos grupos antagónicos.  La mangachería cacerista tenía como líder a una mujer: la famosa “Chava Albán” a quien secundaba don Joaquín Ramos Varillas padre de don Enrique del Carmen Ramos.

 

 

Como partidario de don Augusto destacaba don Manuel Cardoso, vecino de la calle del Playón, hoy Arequipa que al igual que su hermano don Joaquín Cardoso, eran personajes de palabra elocuente y fácil, conductores de multitudes.

 

En la plaza de armas se producían los encuentros entre los barrios del norte y del sur, obligando a la intervención de la Guardia Nacional.

 

Entre los que se adhirieron a la causa del pierolismo se contó al joven ingeniero recién llegado del extranjero Enrique Coronel Zegarra, que de ese modo militó en filas contrarias a las de su hermano Félix  Cipriano, gran devoto del general Cáceres.

 

La prensa piurana no contribuía a aquietar el ambiente.  Don Enrique López Albújar empieza a publicar “La Tunda” que como su nombre lo indica, hacía víctima a todo el mundo de su estilo satírico y mordaz, del que tan diestro fue don Enrique.  De los alfilerazos no se libró siquiera el “machote” Frías director de “La  Revista Norte”, publicación más medida y seria.  Como era imposible que este órgano de prensa dado el nivel que tenía se enfrascara  en polémicas con “La Tunda”, consideró conveniente el coronel Maximiliano Frías, editar un periodiquito de la misma tendencia que “La  Tunda” y le puso “La Contra Tunda”.

 

Fastidiado el prefecto de los problema que creaban los dimes y diretes de los dos periódicos, dispuso el arresto de Enrique López Albújar, y así lo mantuvo hasta el año siguiente en que triunfó Piérola.

 

Otro joven que se plegó a las fuerzas montoneras, fue Darío de los Santos Rubio, hermano de Pedro y Carlos.  Era sin embargo Darío de diferente temperamento, ya que se trataba de un inspirado poeta y escritor que recién se había casado con una dama piurana doña Francisca Arellano.  Parece que Darío estuvo en las fuerzas que los montoneros enfrentaron en La Huaca a las tropas del orden y cayó prisionero, siendo de inmediato embarcado al Callao y allá permaneció preso en el Real Felipe hasta que Piérola entró en Lima en 1895.

 

 

 

Toma de Huancabamba

ARRIBA

El contingente más fuerte de fuerzas montoneras bajo el comando de Teodoro Seminario León y de Ricardo Seminario Aramburú, se dirigieron a Tambogrande al que tomaron, luego a Morropón y a todos los pueblos del Alto Piura a los que dominaron. 

Allí aumentaron el contingente de sus tropas.  Los grupos de merodeadores, medio bandidos y medio comuneros comandados por Carmen Domador que andaba siempre a la defensiva de Eloy Castro, que lo perseguía con saña por la muerte de su padre, el hacendado de Poclús. Esos fugitivos se plegaron a los revolucionarios.

 

A la altura de Salitral las dos fuerzas montoneras se dividieron.  Las que estaban al mando del coronel Teodoro Seminario, siguieron rumbo a Ñaupe para entrar a Lambayeque y las del coronel Ricardo Seminario se internaron rumbo a Huancabamba.  A su paso tomaron la hacienda Congoña a cuyo propietario Manuel Odar Oliquen, impusieron un cupo de diez mil pesos.

 

Sobre la forma como fue tomada por asalto la ciudad, hace un relato el padre Justino Ramírez en su obra “Huancabamba”.

 

Los montoneros aparecieron por Quispampa y tras de atravesar al río Huancabamba aparecieron ante la ciudad que no tenía medios de defensa.  De tal manera que sin mayor resistencia la tomaron el 3 de julio de 1894.

 

Pudieron comprobar sin embargo que la población no les era adicta, por cuyo motivo la desocuparon a los cuatro días, tras de poner onerosos cupos a la población e inclusive saquearla para mantener a las fuerzas y resarcirse en parte del gasto que había significado la operación.  De la caja municipal extrajeron 549 soles  con 26 centavos que todo lo que el tesorero Daniel Garrido les pudo entregar.  El padre Justino Ramírez afirma que Ricardo Seminario sacó 50 000 soles por los cupos, pero el mismo jefe rebelde declaró años más tarde que había logrado nada menos que 20 arrobas de plata.

 

La acción sobre Huancabamba, salvo el efecto psicológico que podría causar, no cumplía ningún plan táctico.  La ciudad era una población aislada y su conservación no tenía ningún valor estratégico, de tal manera que las fuerzas de Ricardo Seminario retornaron al Alto Piura, y lo único que lograron fue que la población se pusiera en contra de la causa de Piérola.

 

 

La expedición exitosa de Teodoro Seminario

ARRIBA

Al pasar por Ñaupe, se unieron  a las fuerzas montoneras de Teodoro Seminario, grupos de bandoleros que tenían como campo de acción todo el Alto Piura hasta las pampas de Olmos.

 

            El negro “Lindo”, Abraham Cuestas y otros bandidos que andaban prófugos del mayor Ugarte por el asesinato del hacendado de Bigote don Juan Elera  (Crimen de Cardán). Otro tanto sucedió con un famoso bandido llamado el “Negro Arce”  hombre de gran fuerza física y ágil como un felino, largo y carate, según descripción que de él hiciera don Enrique López Albújar- Estos bandidos  creyeron que les venía de perlas enrolarse en las fuerzas montoneras.

Teodoro Seminario tomó a este bandido de guardaespaldas hasta el año 1895 en que al triunfar Piérola la montonera se desactivó y el negro fue licenciado.  Poco después fue capturado en Catacaos, pero la guardia que lo custodiaba, dice que al intentar escapar, se le aplicó la ley de la fuga, es decir dos tiros que lo mataron, en el sitio llamado Cruz Verde, donde lo enterraron.

 

            Olmos cayó fácilmente y sin resistencia en manos de Teodoro Seminario y engrosó sus fuerzas.

 

            Al llegar a Motupe salió a darle la bienvenida, un viejo guerrillero que durante la guerra con Chile había apoyado al Héroe de la Breña.  Se trataba del coronel de guerrillas Juan Orozco que se les unió acompañado de su hijo Emilio.

 

            Orozco gozaba de mucho aprecio en la región, y siendo un hombre de valor a toda prueba, era contemporizador, respetuoso de la ley y del derecho ajeno.

 

            Otro contingente que recibió Teodoro Seminario, fue el de José Rivadeneira con 20 hombres armados a caballo.  Se trataba en realidad de la famosa banda de Ñaña.

 

            Con gran desenfado el bandido se presentó ante Teodoro como el comandante del “Batallón Escobas”.  El coronel Orozco, que era un hombre honrado trató de disuadir a Seminario, para que no aceptase a semejante gente, pero el jefe montonero necesitaba de gente de guerra y no podía ser puntilloso en cuestiones de moral.

 

            En Jayanca encontraron a las fuerzas de Orestes Ferro, parte de cuyo contingente había partido hacia Cajamarca para unirse a las fuerzas del coronel Belisario Ravinez más conocido como “el ruco” y del teniente coronel Manuel Melgarejo, llamado “el cholo”.  Ferro se unió a Seminario.

 

            Los montoneros enrumbaron a Ferreñafe que era una ciudad importante.  En 1876 don Nicanor Carmona con don Ricardo Salcedo, habían formado una empresa y construido un moderno ingenio para beneficiar arroz, que llamó “Ingenio del Pueblo”.  Durante la guerra con Chile organizó de su propio peculio el batallón “Ferreñafe” que dio apoyo al general Cáceres en la campaña de la Breña.  Cuando los chilenos invadieron Lambayeque, respetaron el molino Carmona.

 

            El 16 de julio, los montoneros entraron a Ferreñafe y el comandante Ñaña incendió el ingenio arrocero y dispuso el saqueo de la ciudad por el “Batallón Escobas”.  Fue sin duda una acción repudiable y un baldón para las fuerzas montoneras que se comportaron en Ferreñafe peor que los chilenos.  Se supone que la destrucción del ingenio fue una acción premeditada y consentida por el coronel Teodoro, porque don Nicanor Carmona en esos momentos se encontraba en Lima llamado por el general Cáceres, para proponerle que asumiera el Ministerio de Hacienda, que aceptó.  Fue Carmona uno de los personajes lambayecanos de mayor prestigio, que sirvió en muchos cargos públicos y trabajó en forma esforzada por el progreso de ese departamento.  Además se le impuso un cupo de  3 000 soles, a Agustín Torres 600 y quemaron la casa de José Rosario Cabrejos.

 

            Teodoro Seminario no se atrevió a atacar ni a la ciudad de Lambayeque ni a la de Chiclayo, en donde el prefecto de Lambayeque coronel Hildebrando Fuente, conjuntamente con el jefe de la plaza, coronel José Mavila, habían formado una fuerza de defensa muy respetable que se componía de tropas de línea y por grupos montoneros integrados en su mayoría por los más famosos bandoleros de la región.  Entre los bandidos enrolados se puede mencionar “Señorote”, “El Pistolero”, “Guanilo” y “Sambambé”.

 

            Era Sambambé un gran organizador del bandolerismo y estableció sus predios desde Morropón hasta Motupe y Jayanca.  Nadie le disputaba tan extenso territorio.  No se trataba de un matón, ni bandido vulgar.  Se le pinta como un verdadero “Caballero del Delito” al decir de López Albújar y el que justifica el nombre de esa obra.  Su nombre era Juan de la Mata Martínez, y había encontrado una forma más decente, si cabe la expresión, de lograr dinero:  vendía protección. Todos los hacendados del Alto Piura y de Olmos a Jayanca le eran tributarios.  Tenía por costumbre pedir prestado dinero a los hacendados, que como es natural jamás se preocupó en devolver. Era su método en lugar de acudir a la violencia.  No era la primera vez que se enrolaba en una montonera, pues cuando el sullanero Rudecindo Vásquez en tiempos del primer Gobierno del general Prado, atacó y tomó Piura, ofreció a Vásquez que no habría saqueos y así fue.  Los bandidos de Sambambé se portaron en la ciudad mejor que muchos soldados de línea.

 

            Sambambé comandaba en 1894 un centenar de hombres decididos que se colocaron en los accesos de Lambayeque y Chiclayo.  Ñaña sabía bien que era Sambambé un tremendo obstáculo en el avance, y eso que constituía la primera línea de defensa.

 

            Teodoro Seminario consideró más prudente rebasar las dos ciudades y dando un gran rodeo  fue a caer sobre la ciudad de Guadalupe el 19 de julio.

 

            El comisario rural de Pacanga, capitán Montoya, llegó a todo galope a la ciudad de San Pedro para anunciar que los montoneros habían llegado a esa población con un gran ejército  y que avanzaban sobre Guadalupe.  Eran las 5 de la tarde y de inmediato se dispuso la defensa de la ciudad.

 

 

 

Teodoro Seminario en La Libertad

ARRIBA

            Nunca pensó el prefecto de La Libertad, Sánchez Logomarcino, que Teodoro Seminario con sus fuerzas montoneras se apareciese tan de repente en el departamento a su mando y por tal motivo, las fuerzas de Guadalupe sólo estaban destinadas a mantener el orden y dominar acciones subversivas menores.

            Por tal motivo, las fuerzas sólo se componían de treinta hombres, de los que 25 eran del Regimiento “Libres de Trujillo” cuyo grueso se encontraba acantonado en la capital departamental.  El mayor Muñoz que los mandaba se decidió a cumplir con su deber, sabiendo de antemano que no había esperanzas de salvar la ciudad.  Lo secundaba el subprefecto Lama.

 

            Distribuyó a sus fuerzas entre la casa de Bernardo Goyburu que dominaba los accesos de la ciudad y las torres de la iglesia.  Los cinco policías, se atrincheraron en su cuartel dominando la calle de La Ladrillera.

 

            Los montoneros con gran algazara y disparos al aire, se acercaron a Guadalupe a las 9 de la noche, por el lado de la estación del ferrocarril.  Los montoneros en número de 200 irrumpieron por cuatro calles.  La tropa del Gobierno luchó valientemente hasta las 6 de la mañana en que se le agotaron las municiones, y teniendo varios muertos y heridos, se rindieron.

 

            Teodoro Seminario invitó a los sobrevivientes a incorporarse a la montonera tras de lanzarles una arenga.  El jefe de los vencidos rechazó la oferta con gran entereza y respondió al jefe rebelde:  Puede Ud. fusilarnos si desea, pero nosotros no cambiamos de bandera”.

 

            Teodoro Seminario era sin duda alguna un valiente y un hombre de honor, y sabía reconocer el mérito donde existía, por eso al recibir la respuesta que él también hubiera dado, no se inmutó y les  respondió:  Son Uds. unos valientes y merecen respeto y consideración, quedan Uds. prisioneros, con  sus vidas garantizadas y bajo palabra de honor”, tras lo cual abrazó uno a uno a los soldados de los “Libres de Trujillo”.  A Guadalupe se impuso un cupo de 19 000 soles.

 

            Toda esta información la da don José Vicente Rázuri en “Anecdotario Norteño”.

 

            Al igual que en Ferreñafe, el “Batallón Escobas” se dedicó al saqueo, empezando por la casa de don José Bernardo Goyburu, a la cual después incendiaron.  Lo mismo hicieron con la vivienda de don José Dolores Rázuri.  Luego saquearon las tiendas comerciales y en forma violenta entraban en las viviendas se llevaban lo que deseaban y pretendían abusar de las mujeres.  La  hacienda La Calera de Goyburu fue saqueada.

 

            El coronel Orozco se presentó ante Teodoro Seminario para dar cuenta del vandalismo y protestar por esos actos que desmerecían a la revolución.

 

            La misma protesta presentaron los lambayecanos Pedro José Brito, Roberto Luna, Pedro Ríos, y otros que se les habían unido recientemente.

 

            Esa situación y el contraste que representaba la tropa leal al Gobierno, que tras de pelear heroicamente había mostrado lealtad a la causa que defendían hizo meditar a Teodoro Seminario y ofreció dar una solución pronta.

 

            Esa solución, no era otra que las que  podrían llamarse al estilo de Teodoro, rápidas y violentas.   Ñaña se había sentenciado él mismo.  Fue así como Teodoro llamó a uno de sus lugartenientes, el danés Tomas Marky, uno de los que también desaprobaba la conducta del bandido Rivadeneyra.    Le hizo conocer que  Ñaña estaba avergonzando a la revolución con sus robos y saqueos, existiendo una general protesta por lo que había hecho  con la amplia residencia de don José Goyburu, persona muy estimada en la localidad, ¡de tal manera que hazlo fusilar!.

 

            Marky consideró que fusilar a un bandido como Ñaña era mucho honor y que había que matarlo como un perro rabioso y tomó sobre sí la orden de matarlo, porque siendo Ñaña un hombre peligrosísimo no podía dejar el encargo para que otro lo ejecutase.

 

            Se dirigió entonces Marky a la casa de Goyburu, o mejor dicho de lo poco que quedaba en pie de ella y en donde se había alojado al “Batallón Escobas”.  Y así, sin más ni más, lo llamó y le pegó un certero tiro, diciendo:  De  parte de Teodoro”.

 

            El “Batallón Escobas”, quedó automáticamente disuelto, porque los bandidos sabiéndose culpables de muchas cosas, consideraron más prudente alejarse lo más pronto y distante posible, pues sabían que  con Teodoro Seminario no se jugaba nadie.

 

            Teodoro Seminario tomó San Pedro de Lloc donde impuso un cupo de 10 000 soles, pero evitó Pacasmayo en donde había una concentración de tropas del Gobierno al mando del coronel piurano Valeriano Rubio.  Esas fuerzas sumaban más de 350 efectivos y se integraban por los “Carabineros de Lima Nº 4”,  “Batallón Junín Nº 2” y “Huamachuco Nº 6”.

 

            Seminario hizo un rodeo en torno a Pacasmayo y cayó sobre Trujillo que estaba desguarnecido, tomándolo los primeros días de agosto de 1894.  Dada la importancia de la ciudad se trataba sin duda de un espectacular triunfo.  Luego los montoneros tomaron Salaverry mientras el prefecto Sánchez Logomarcino, se retiraba con las pocas fuerzas que tenía al sur.  Era éste un capitán de navío con muy buena foja de servicios.

La toma de Trujillo causó sensación en Lima, y el nombre de Teodoro Seminario se hizo muy conocido.

 

            En Trujillo Teodoro Seminario lanzó una proclama que firmó como coronel de caballería y jefe político y militar del norte.  Se declaró seguidor de Pedro Alejandrino del Solar, que fuera 1er.Vice-presidente del extinto presidente  Remigio Morales Bermúdez al que según su criterio correspondía ejercer la presidencia.  Tomaba pues una posición de defensa de la Constitución.

 

            El Gobierno dispuso que fuerzas de Chiclayo al mando del coronel Vivanco, se unieran a las de Valeriano Rubio y rescataran Trujillo ocupado por 600 montoneros.

 

            Valeriano Rubio se embarcó en Pacasmayo y fue a unirse a las fuerzas del prefecto Sánchez Logomarcino y se aprestaron a operar sobre Trujillo.

 

            Esto y los pedidos de Ravinez para que ocupara Cajamarca, decidieron a Seminario a dejar Trujillo a mediados de agosto y no exponerse a un enfrentamiento en el que podía resultar perdedor.  Seminario tomó el camino de la sierra, llevándose la imprenta “El Porvenir” para editar proclamas.  Tras él salieron los coroneles Mavila y Vivanco.

 

            Mientras tanto, las montoneras del coronel Augusto Seminario estaban en Motupe, inmovilizadas por fuerzas de Chiclayo que lo hostilizaban. Fallaron por lo tanto en su intento de unirse a las fuerzas de Teodoro Seminario

 

            En Tumbes, en el mismo mes de agosto, exiliados peruanos en Ecuador prepararon una montonera y ocuparon la ciudad al mando de Gonzalo Tirado, pero fuerzas salidas de Paita rescataron la ciudad y la montonera se desorganizó retornando al Ecuador.

 

            Los revolucionarios se vieron alentados con la noticia de que Piérola había desembarcado con armas en el sur del Perú a fines de octubre.

 

            Mientras tanto, el 10 de agosto el Congreso proclama a Cáceres como presidente.

 

 

La montonera en Cajamarca

ARRIBA

            Ante la posibilidad de que Teodoro Seminario desistiera de seguir en Trujillo y regresara a Lambayeque para capturar Chiclayo, el prefecto lambayecano Hildebrando  Fuentes y el jefe militar, coronel José Mavila, acordaron que el comandante Juan Muro  se trasladase a Reque y estableciera en ese lugar una primera línea de defensa para cortar el paso a Teodoro Seminario.

 

            El comandante Muro se trasladó con sus fuerzas al sur de Chiclayo, con el Batallón de Sambambé llamado “los Angelitos” y alguna tropa de línea.

 

            Hombre importante en la tropa de bandidos era Víctor Espinosa.  Se trataba de un mayoral de la hacienda Tumán de los Pardo, los que lo habían convertido en su hombre de confianza.  Espinosa era un hombre de buena presencia, gran guitarrista, valiente y con don de mando.  Supo crear un pequeño ejército para defender la hacienda y no había bandolero que osara ingresar a esos predios, en forma tal que los bandidos prefirieron tenerlo de amigo.  Ese trato frecuente con gente al margen de la ley, le quitó muchos escrúpulos a Espinosa, en forma tal que en algunas ocasiones también se comprometía cuando se trataba de atacar otras haciendas de Lambayeque o del Alto Piura.

 

            Entre Sambambé y Víctor Espinosa se repartían el mando de “Los Angelitos”.  En Reque estuvieron esperando a Teodoro Seminario que nunca llegó porque estuvo guerreando en Cajamarca.

 

            La “guarnición” de Reque si tal puede llamarse, distraía su ocio con jaranas o jugando a los naipes o haciendo incursiones a los campos de los alrededores bajo el pretexto de hacer exploración para evitar sorpresas del enemigo.  Demás está decir que siempre se robaban los incursionistas una gallina o un cabrito de los corrales o se “olvidaban” de pagar el consumo de comida  y de bebida;  pero Sambambé y el mismo comandante Muro, consideraban que esos eran pecados veniales de los muchachos que después de todo se estaban jugando la vida, para salvar a Reque y a Chiclayo de las montoneras de Teodoro Seminario a las que el “Batallón Escobas” había dado mala fama.

 

            La montonera de Teodoro Seminario, ingresó a la sierra por Otuzco y llegó a Cajabamba, siguiendo a San Marcos con intención de entrar a la capital departamental.

 

            Desde meses antes se mantenía sublevado en Hualgayoc, el coronel Belisario Ravinez Perales y el teniente coronel Manuel Melgarejo.

 

            Ravinez con su hermano Eudocio, había luchado en el Morro Solar y después contribuyó con su propio peculio a organizar las fuerzas que en San Pablo, lograron una victoria contra los chilenos.  En esas acciones de guerra lo acompañó su hermano Eudocio Ravinez Perales.

 

            El teniente coronel Melgarejo se encontraba muy resentido con el régimen de Cáceres, por cuanto la ley del 29 de octubre de 1886 le desconocía sus grados militares.

 

            Cuando Ravinez y Melgarejo supieron el avance de Teodoro Seminario, se movilizaron hacia San Marcos y en el sitio llamado El Azufre, se le unieron.  En ese mismo lugar, estaban las fuerzas del Gobierno esperándolos al mando del coronel Vivanco, mientras   que en la ciudad de Cajamarca el prefecto Federico Abril trataba de organizar más fuerzas, lo que no logró por falta de tiempo.

 

            El choque entre las fue5rzas gobiernistas y los montoneros fue sangriento.  Vivanco dejó parte de su parque en poder de los contrarios, pero pudo salvar el resto de sus fuerzas y retirarse a Trujillo.

 

            Teodoro Seminario con Ravinez y Melgarejo ocuparon la ciudad de Cajamarca y se nombró como jefe político al  coronel Ravinez.  Era setiembre de 1894.

 

            Mientras tanto el prefecto de La Libertad, Sánchez Logomarcino con las fuerzas  que había recibido de Lima y las que había logrado tomar de otros lugares formó un regular ejército con el cual se dirigió a Cajamarca con ánimos de rescatarla del poder de Seminario.

 

            Todo hacía suponer un choque muy sangriento, por cuyo motivo el obispo de Chachapoyas viajó a Cajamarca para convencer a Seminario a dejar la ciudad y evitar una carnicería en la lucha de calle por calle.  No se sabe si Teodoro Seminario fue convencido por monseñor Francisco Solano Risco o si es que consideró que más convenía a sus planes hacerlo así, pero el hecho concreto es que accedió.

 

            Proyectó entonces Teodoro Seminario  retroceder hacia el norte hasta Hualgayoc para llegar a Bambamarca y de allí seguió a Chota, Cochabamba, Huambos e ingresar a Lambayeque (Carhuaquero) por Chongoyape y avanza  hasta Pátapo cerca de Chiclayo, donde estaba el capitán de navío Sánchez Logomarcino con 800    hombres.

 

            Hizo  sólo parte de la ruta planeada.  Todo fue bien hasta llegar a Chota en donde la población fue ganada por el párroco Francisco de Paula Grozo, para que hicieran resistencia a la montonera, para lo cual contó con el apoyo de Marcos Bernasconi Novoa.  La localidad fue tomada pero los rebeldes sólo permanecieron breve tiempo en ella, pues Teodoro Seminario decidió cambiar el itinerario y desviarse más al sur para ingresar a Lambayeque por Oyotun.

 

            Cuando las fuerzas revolucionarias llegaron a Oyotun en territorio lambayecano, las guarniciones de Chiclayo y de Reque se pusieron en estado de alerta.

 

            Allí pudo enterarse que las tropas del prefecto de La Libertad no habían continuado el avance, por cuanto más convenía defender Trujillo ante el progreso de las fuerzas revolucionarias de Piérola en el frente limeño.

 

            Teodoro Seminario que ya había organizado a su tropa militarmente, dispuso que el coronel Ravinez y teniente coronel Melgarejo con los batallones “Cajamarca” y “Vengadores” se dirigieran a marchas forzadas hacia la ciudad de Cajamarca que estaba prácticamente desguarnecida.  El relato de estos hechos aparece en la obra titulada “Diccionario Histórico Geográfico de Cajamarca” del doctor Carlos Burga Larrea.

 

            Pero el prefecto de Cajamarca, Federico Abril, había reorganizado algunos grupos dispersos de fuerzas del Gobierno y con ellos dio batalla a Ravinez y a Melgarejo pero no pudo impedir que estos tomasen la capital de Cajamarca.

 

            Setiembre de 1894 fue un mes de gran actividad revolucionaria en el norte del país.

 

            Al iniciarse dicho mes, el coronel Fernando Seminario Echandía que venía desempeñando el cargo de prefecto de Piura y jefe militar del Norte, renunció a este último cargo, para dejar al Gobierno en libertad, de plantear una nueva estrategia, pues el escenario de las acciones montoneras ya no era Piura, donde Seminario Echandía controlaba la situación, sino el departamento de Lambayeque.

 

            Como nuevo jefe militar del Norte fue nombrado el coronel Justiniano Borgoño con mando sobre los departamentos de Piura, Lambayeque, La Libertad, Ancash, Cajamarca y Amazonas.  Justiniano Borgoño era un valiente militar que había tenido una actuación muy meritoria en la guerra con Chile.  Desembarcó en Eten y de inmediato asumió el mando de 800  soldados que tenía el capitán de navío Sánchez Logomarsino entre Chiclayo y alrededores.

 

            Desde Pátapo, Teodoro Seminario incursionó con 150 soldados sobre Pimentel y lo tomó.  Borgoño envió en su contra al coronel Mavila con 60 soldados y el 23 de setiembre se produjo un sangriento encuentro en que Seminario tuvo 12 muertos  y numerosos heridos, además de perder parque y un buen número de montoneros como prisioneros.  Entre los muertos figuraba Alipio  Seminario, hermano de Teodoro. Parecía que la suerte le estaba volviendo las espaldas al valiente Teodoro seminario.

 

            A fines de octubre, las fuerzas revolucionarias se concentraron en Ferreñafe en donde eran hostilizadas por Juan Muro.

 

            Hasta entonces, la revolución había dejado más de 1.700 muertos en la forma siguiente:

 

            Piura ..................................... 200                  Apurímac ............................   300

            Lambayeque y Trujillo ........    300                  Puno......................................250

            Ancash................................... 150                  Sama ....................................  50

            Oroya.....................................            150                  Huacho.................................. 80

            Matucana..............................  100                  Cañete...................................200

 

            Además 300 inválidos.

 

            Por entonces Piérola avanzaba desde Pisco hacia Lima y grandes grupos de montoneros asediaban Lima desde Ancón, Huacho, Matucana y Mala.

 

            El 7 de diciembre de 1894, montoneras al mando de Pedro Ríos toman San Pedro y otros grupos merodean Trujillo.

 

            El 18 del mismo mes, Teodoro Seminario vuelve a tomar Guadalupe derrotando al capitán Manuel Montoya al que hizo buen número de prisioneros.  Además captura al gobernador de Chepén,  Juan Arancibia.

 

            Ante esta situación el coronel Borgoño decide iniciar una contra-ofensiva, y el 21 de diciembre sus fuerzas se abren en abanico desde Chiclayo y atacan Pátapo, San Pedro y Guadalupe, obligando a un repliegue general de los montoneros hasta Chongoyape.  Borgoño pudo entonces trasladar su cuartel general en la localidad de Lambayeque y prepararse para una nueva ofensiva, ya que en Trujillo las cosas andaban mejor al ser derrotados los montoneros en Ascope.

 

            Ante esta situación tan comprometedora, el coronel Ravinez que estaba en posesión de la ciudad de Cajamarca, adoptó las disposiciones necesarias para un eventual repliegue de Teodoro Seminario sobre dicha ciudad.

 

            Pero, Seminario decidió más bien volverse a Piura para unirse a sus parientes que enfrentaban al prefecto Fernando Seminario Echandía.

 

            En diciembre, la situación en el norte del Perú  era la siguiente:  la ciudad de Cajamarca estaba en poder del rebelde coronel Ravinez, mientras que la campiña estaba ocupada por fuerzas del gobierno.  Toda la provincia de Trujillo estaba libre de montoneros, al igual que Pacasmayo, Guadalupe y San Pedro.  En el departamento de Lambayeque, los montoneros se replegaban por el norte con dirección al departamento de Piura.  En éste último, el prefecto Seminario Echandía dominaba la situación, salvo pequeños núcleos en el Alto Piura y en la frontera con Ecuador.  Desde el 27 de setiembre el prefecto de Piura había comunicado a Lima que la montonera que encabezaban en la sierra Felipe y Ricardo Seminario Arámburu, habían sido derrotadas y cruzaron la frontera, siendo desarmados en La Chorrera, Ecuador.

 

            A fines de diciembre, una vanguardia montonera se desplazaba del departamento de Lambayeque a Huancabamba, en Piura.  Eran 150 hombres al mando de Luis Castillo y Alberto Seminario.  Les salió al encuentro el subprefecto, comandante Vicente Vilchez al mando de 40 hombres y rechazó a la montonera tras seis horas de combate que terminó al llegar la noche.

 

            Los rebeldes habían atacado la ciudad serrana por dos puntos.  Uno al mando de Gamarra trataban de ingresar por el cementerio viejo y los hermanos José y Luis Castillo Muro buscaban hacerlos por la playa del puente.  Entre los defensores se contaba a Félix Manzanares, Eudolio Chumacero, Edmundo Ramírez Guerrero, Narciso Contreras, Max Elera y otros.  En la refriega murió Gamarra, pero los atacantes no se retiraron y todo hacía suponer que volverían a atacar al amanecer. Fue entonces que hizo su aparición una hueste cacerista al mando de Eloy Castro que puso en fuga a los atacantes que al llegar a Pomahuaca se disolvieron.

 

            En Cajamarca, las fuerzas leales al mando del coronel Wenceslao Vecorena y de los comandantes Gustavo Gálvez y Ricardo Cacho ocupaban la campiña de Cajamarca y constantemente amagaban la ciudad.  Ravinez decidió darles batalla y ésta se produjo el 14 de enero de 1895 a sólo 15 kilómetros de la capital departamental.  Los resultados fueron imprecisos pues los gobiernistas no se retiraron del terreno.

 

            En Piura, Lima y Cajamarca, circulaban letrillas a las que se ponían tonadas de moda y cantaban los coalicionistas.  Así tenemos:

 

                        Si en Piura y en Trujillo

                        Seminario ha triunfado

                        Ravinez y Melgarejo

                        Cajamarca han ocupado.

                        ¡Canario...canario!

                        ¡Viva el guapo Seminario!

 

            Luego con la inolvidable e inmortal melodía del vals de “La Reina de España”, se cantaba lo siguiente:

 

                        Si ese tuerto bandido muriera

                        Y si muriese también la Melón,           

                        el Perú levantara la frente

                        que le cubre ignominia y baldón.

 

                        Pero ven y verás

                        y verás y verás

                        y verás  y verás prenda mía

                        el Gobierno de don Nicolás.

 

                        ¡Viva Piérola gritan los pueblos!

                        Con Oré, Seminario y Durand,

                        se han unido el Civil y el Demócrata

                        por la Patria y por la Libertad.

 

            La pasión política en todo tiempo ha sido irreverente. “El Tuerto”, era el apodo que se le daba al héroe de la Breña.

 

            Cáceres había perdido el ojo en una acción militar de la que nada tenía que avergonzarse.  Fue en la toma de Arequipa con las fuerzas de Castilla en e 1858 ciudad que fue defendida heroicamente por Vivanco.  En esa acción Cáceres salió gravemente herido y casi  pierde la vida, pero a poco se produjo el conflicto con Ecuador y de inmediato se enroló en el ejército.  La “Melón” era el sobrenombre que se le daba a doña Antonia Moreno de Cáceres, dignísima dama merecedora sin duda de todo respeto.

 

            La referencia a la unión del civil y del demócrata, alude a la alianza de ambos partidos dentro de la coalición.  Se trataba de partidos totalmente diferentes en cuanto a composición e idearios.

 

 

El combate de Anchalay

ARRRIBA

            Los Seminario  Arámburu estaban sólidamente posesionados con sus montoneras del Alto Piura en donde sus familiares tenían numerosas haciendas que les permitían sostener a su gente.

 

            Teodoro Seminario, en diciembre de 1894 se les unió y asumió el comando de la montonera en Piura.  Llegaba aureolado por la campaña que había realizado en los departamentos de Lambayeque, La Libertad y Cajamarca, en forma tal que su nombre era conocido en el país entero.  Había dado muestras de una gran capacidad táctica y de estratega y en modo alguno el grado de coronel le resultaba ancho.

 

            Entre los comuneros, campesinos y gente del pueblo, su nombre tenía como un efecto mágico.  Es lo que ahora se llama tener carisma, y eso no obstante su origen aristocrático.

 

            Pero el jefe de las fuerzas contra-montoneras en la sierra,  era nada menos que Eloy Castro, hombre también valeroso a toda prueba, conocedor del terreno, muy querido por sus seguidores y que ponía en la causa, no sólo pasión política sino el deseo aún no totalmente satisfecho, de vengar la muerte de su padre asesinado en Poclús. Fue así como iba dando muerte a todos los que intervinieron en el crimen.  Eso lo había jurado solemnemente y estaba decidido a cumplirlo.  Faltaba uno de los principales actores del drama de Poclús, que era Carmen Domador, refugiado en la montonera de los Seminario.

 

            En Jaguay Negro al este de Suyo, se produjo una refriega entre los dos bandos y salió vencedor Castro, pero siempre las victorias no eran decisivas y los restos de fuerzas vencidas se retiraban y volvían a rehacerse.

 

            Las huestes de los Seminario se internaron con dirección a la frontera y en Anchalay levantaron su campamento y concentraron todos sus efectivos.

 

            Anchalay es una región propicia para el pastoreo.  Está al norte del distrito de Jililí en la margen izquierda del río Calvas en el punto donde vierte en él sus aguas la quebrada de Anchalay.  Dista de la ciudad de Ayabaca unos 35 kilómetros.

 

            Los gobiernistas no contaban con tantos efectivos como los montoneros, pero tenían a su favor a la población de Ayabaca y sobre todo el factor sorpresa que se preparaban a dar.  Para lograrlo mejor dividieron a sus pocas fuerzas en tres grupos para atacar en diversas direcciones en un movimiento con pinzas que haría suponer a los montoneros rebeldes  que tenían mayores fuerzas.

            Por el sur avanzaron 50 soldados de línea al mando de los sargentos  Hilarión Gálvez, Pedro Pozo y José Chuquimarca.

 

            Por el lado oeste, atacaron los grupos contra-montoneros a cargo de Eloy Castro, Félix Manzanares, los hermanos Carlos y Jacinto Pasapera, Eduardo Merino y Tomás Carnero.  Ellos partieron de Sicchez.  Esta segunda fuerza era casi igual a la primera en número.

 

 Un grupo menor, lo haría por otro frente al mando de Daniel Calle Cedano, Manuel María Castro y Baltazar Correa.

 

            La sorpresa surtió efecto, y tras una breve resistencia, la montonera se desorganizó a causa del avance temerario de Eloy Castro hacia el grupo en donde había distinguido a Carmen Domador, el que temiendo por su vida abandonó el campo y pasó prontamente el río Calvas refugiándose en el Ecuador.  Eso marcó el inicio del desbande.

 

            Los caceristas victoriosos no estaban sin embargo en condición de poder perseguir a los vencidos, que se retiraron nuevamente hasta el Alto Piura.

 

            La acción de Anchalay, significó un gran triunfo psicológico, pues los montoneros de los Seminario no podían tomar la iniciativa en el departamento y lo que es peor, se opacaba la larga cadena de triunfos del coronel Teodoro Seminario.

 

            El escritor Jorge Moscol Urbina, narra que las fuerzas del coronel Augusto Seminario y Váscones con las de sus sobrinos, se encontraban descansando en las invernas de Anchalay, cuando les cayeron sorpresivamente las fuerzas gobiernistas comandadas por Eduardo Merino y por los hermanos Eloy y Manuel María Castro, los tres ayabaquinos.

 

            Agrega Moscol, que después del primer choque y cuando el triunfo de los caceristas parecía asegurado, los vencidos se rehicieron y contra-atacaron a un grupo que se había separado del grueso.  Fue entonces cuando Daniel Calle, con sólo 14 hombres, va en auxilio de los atacados haciendo que el joven estudiante sanmiguelino Baltasar Correa, toque el clarín ordenando el ataque.  Los montoneros creyeron que la carga de la gente de Calle, era del escuadrón del coronel Tapia que estaba en las proximidades y huyeron en desorden.

 

            La hacienda Anchalay hacía poco había pertenecido a don Ricardo Ríos, el que la había vendido a los hermanos Teodoro y Víctor Núñez.

 

            Anchalay estaba situada a unas ocho leguas de Ayabaca.

 

            Los montoneros vencidos, se dividieron en dos grupos.  Uno pasó la frontera con Ecuador y el otro se replegó sobre el Alto Piura, buscando la protección de las haciendas de los Seminario, sobre todo Pabur, en donde acampó Felipe Seminario Arámburu.

 

 

La muerte de Florentino Seminario Echandía

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            El prefecto Fernando Seminario Echandía atacó a su pariente Felipe en Pabur y lo derrotó.  En su repliegue, la diezmada fuerza montonera llegó a Tambogrande, que estaba desguarnecido, pues Ignacio Seminario Echandía que había estado días anteriores con un pequeño grupo de gente, la había desocupado. Como lugarteniente de Felipe Seminario llegaba Ignacio Coronado (el derrotado en Paita) acompañado del bandolero Ordóñez.  Era Coronado un hombre violento y temperamental y fue así como al capturar la población apresó al gobernador Gervasio Palacios Arámburu y a Florentino Seminario Echandía, hermano del prefecto, hombre pacífico, que no se metía en política y que administraba la hacienda La Isla.  Coronado se irritó porque no le dieron información de  Ignacio Seminario cuya captura deseaba y mal aconsejado por Ordóñez que quería cobrarse una vieja cuenta, dio orden de que los dos prisioneros fueran fusilados frente a la Iglesia en presencia del pueblo consternado y horrorizado, que apreciaba mucho a las víctimas.

            Cuando el prefecto supo los hechos, fue en persecución de los montoneros de Felipe, pero éstos huyeron a tiempo.

 

            Roberto Carrión Palma, sobrino  de Florentino, trasladó el cadáver de su tío a Piura, siendo velado en la prefectura y sepultado en la Iglesia de San Francisco.

 

            Poco después terminó la guerra civil, por acuerdo al que llegaron Cáceres y Piérola en Lima, pero en Piura había corrido mucha sangre y los odios seguían.

 

            La muerte de Florentino Seminario y de Gervasio Palacios, fueron verdaderos asesinatos y constituyeron un trágico y doloroso epílogo de las pugnas fratricidas de los Seminario.

 

            El mismo año de 1895, cuando ya Cáceres no estaba en el poder, Pablo Seminario Echandía, hermano de Florentino, enjuició a su pariente Felipe Seminario Arámburu, iniciándose un largo proceso judicial que duró cinco años y concitó la atención pública, pero como siempre ocurre en estos casos, quedó en nada.

 

            Con el Gobierno de Piérola, Felipe Seminario fue diputado entre 1897 y 1901, es decir que tenía poder político.  Años más tarde se suicidó en París.

 

 

Fiebre amarilla en Paita.

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            Como los males no llegan solos, desde los primeros meses del año de 1894 se detectaron algunos casos de fiebre amarilla en Paita.  La alarma cundió en toda la provincia.  Como no se conocía ninguna forma acertada de profilaxis, la municipalidad del puerto dispuso que se quemase alquitrán en las esquinas, método que cuando menos surtió efecto, lo que se supone ahuyentó a los mosquitos que ahora se sabe son los portadores del mal.  En las demás poblaciones de la provincia, en especial las ubicadas en el valle del Chira, como Arenal, La Huaca y Sullana se dispuso lo mismo.  No se conocieron de otros casos.

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