Capítulo IX

CAPITULO IX

 

 

PIURA DURANTE EL GOBIERNO DE PIÉROLA

 

 

·         Los municipios suministran fondos

·         Piérola marcha sobre Lima

·         El armisticio

·         Wenceslao Espinosa en Junta de Gobierno

·         Repercusión en Piura de los hechos de Lima

·         Reaparece “Nueva Era”

·         Endiosamiento de Piérola

·         La muerte del maestro Mariano Díaz

·         Cáceres es borrado del escalafón militar

·         Federico Blume transfiere derechos a la Peruvian

·         Fábrica de hielo en Piura

·         Cambio de autoridades

·         Creación de la Sociedad Recaudadora de Impuestos

 

 

 

Los municipios suministran fondos

ARRIBA

            En su primer Gobierno, Cáceres había implantado la descentralización administrativa y económica, lo cual debilitó económicamente al Poder Central.  Por lo tanto, éste no podía atender a los gastos de guerra en los diversos lugares del país por cuyo  motivo con fecha 23 de agosto de 1894 se dispuso que los Concejos Provinciales y las Juntas Departamentales, suministrasen fondos al Poder Ejecutivo para mantener el orden público.

 

            La disposición fue transmitida por cable a Paita, de tal manera que el prefecto Fernando Seminario Echandía de inmediato conoció la disposición y con fecha 29 de agosto hizo conocer a la junta departamental la disposición y remitió circulares a los municipios provinciales y éstos a su vez hicieron lo mismo con los distritales.

 

            Para que la medida fuera efectiva, el prefecto solicitó a los municipios provinciales y distritales un informe sobre el monto del presupuesto aprobado y las sumas que cada municipalidad requiere mensualmente para sus gastos más premiosos debiendo el resto ser enviado, en calidad de préstamo, que se empezaría a devolver tan pronto como la normalidad volviera al departamento.

 

            Demás está decir que todos los municipios se hicieron los chiquitos y enviaron informes de acuerdo a los cuales, ni siquiera tendían para atender a los gastos corrientes.  El prefecto entonces partió por lo sano y asignó a cada municipalidad una determinada suma que debía ser obligatoriamente cancelada a la presencia de un empleado de la Caja Fiscal que iba a ser enviado a cada lugar.

 

            De Sullana se cuenta que el 4 de setiembre llegó un empleado de la Caja Fiscal con un recibo por 500 soles para que fueran entregados de inmediato.  El alcalde Daniel Franco consternado llamó a los dos regidores y el tesorero para deliberar, pero el cobrador de la Caja Fiscal que llegaba acompañado de un pelotón de gendarmes le dijo con sorna:  Señores, son 500 soles o 500 latigazos en las ancas”.  Los señores ediles consideraron que Seminario Echandía que como todos los de la familia Seminario eran atrabiliarios, bien podían hacer cumplir la orden bajo la acusación de pro-montoneros.  Además se sabía que el uso del látigo, era el sistema más común de castigo que Seminario Echandía impuso en Piura cuantas veces fue prefecto y era  lo único a lo que temblaban los bandoleros.  Ante tan contundentes razones, los munícipes de Sullana entregaron los 500 soles de plata, no sin antes elaborar el acta correspondiente en la que manifestaban obedecían por acto de fuerza y para evitar problemas con la prefectura.  También pasaban la pluma al Concejo Provincial de Paita, del cual decían que con frecuencia habían cursado pedidos para que dieran instrucciones, pero no habían contestado.  Cabe suponer que el señor alcalde estaría pasando por los mismos problemas y no era del caso cargar también con los problemas ajenos.  Para evitarse problemas futuros, el síndico de gastos don Ezequiel  Agurto Gallo consideró prudente renunciar pretextando enfermedad.  En su lugar, fue nombrado don Eusebio Merino Vinces, que como ya se ha dicho en otra oportunidad era sobreviviente de las acciones de Arica, la Campaña de la Breña y también del Dos de Mayo.  Agurto Gallo entregó a Merino los fondos municipales que el 9 de setiembre de 1894 llegaban a 454,53 de moneda boliviana es decir fondos depreciados.  Por otra parte, la Escuela Talle Municipal, tenía en esos momentos un saldo en caja de 329,50 soles, esos sí de plata.  Merino Vinces se encontraba enfermo de una dolencia bronco-pulmonar que había contraído cuando secundó al general Cáceres en la Campaña de la Breña.  Esa dolencia evolucionaría a tuberculosis pulmonar, enfermedad difícil de curar en la época y que terminó por llevarlo a la tumba en 1898.

 

            La guerra civil había alterado toda la vida de la nación.  Se inició un proceso de inflación a causa del desabastecimiento de artículos de primera necesidad, pues las comunicaciones entre departamento y departamento estaban cortadas, los campos de cultivos abandonados y lo poco que se producía era consumido por las fuerzas en campaña de uno u otro bando, casi siempre sin pagar.  Las importaciones y las exportaciones bajaron y también las transacciones comerciales, es decir existía un estado de recesión.  Se suspendió el pago de la deuda externa, se aumentaron los impuestos pero los contribuyentes veían la forma para no pagar y a los empleados de la administración pública se les debían varios meses de sueldos.  Como el Gobierno no tenía dinero para comprar plata a los mineros, no se acuñaron monedas finas, sino centavos de cobre, y se pagaban altas sumas con ellos, lo  que creaba graves problemas.  En el departamento de Piura como hemos dicho, se mantenía la mala moneda boliviana, completamente depreciada.

 

 

 

Piérola marcha sobre Lima

ARRIBA

            Cuando la guerra civil estaba en todo su fragor, Piérola se decidió dejar el destierro de Chile para ingresar de incógnito al Perú.  Toda la oposición lo había nombrado jefe de la coalición, por cuyo motivo el Gobierno había dispuesto vigilancia en los pueblos del sur como Ilo y Mollendo por donde se suponía podría llegar el jefe rebelde.

 

            Piérola en Iquique había recibido a varios conspiradores peruanos entre los cuales estaban don Augusto Seminario y Váscones y sus sobrinos y posteriormente el joven Guillermo Billinghurst, nacido precisamente en Iquique, con el cual se decidió que era llegado el momento en que Piérola se trasladase al Perú.

 

            Don Jorge Basadre relata que Billinghurst consiguió una chalupa de 6 metros de largo, de un poco más de un metro de ancho, sin quilla y que se impulsaba por el trabajo de dos remeros y de una vela latina, como la usada por los tallanes.

 

            Se suponía que con ella, se iba a arribar a la primera playa peruana.  Con todo, la embarcación le pareció a Piérola muy pequeña y débil y le preguntó entonces a Billinghurst: “¿Ud. se embarcaría allí?.  La respuesta fue:  Yo no, pero yo no quiero ser el regenerador del Perú”.

 

            El 19 de octubre de 1894 a las 9 de la noche se embarcó Piérola en la chalupa con dos tripulantes, uno italiano y otro peruano, que iban como remeros.  Además el oficial de marina Bernabé Carrasco y Enrique Bustamante.  El proyecto fue, no la de arribar a la primera playa peruana, sino a Pisco.  Era sin duda una empresa de locos.

 

            Se navegó pegado a la costa y a la intemperie 300 millas marinas durante 107 horas, es decir 5 días para arribar a la costa del departamento de Ica el 24 de octubre.  Durante ese tiempo casi nadie durmió a bordo y tuvieron que hacer frente a las frías noches y al ardiente sol del día.  Demacrados y extenuados arribaron los cinco hombres a una playa cercana a Pisco y cuando horas más tarde los marineros del transporte de guerra “Constitución “ la encontraron abandonada, no imaginaron que allí había llegado el jefe rebelde desde Chile.

            El lugar preciso del desembarco fue en la Bahía de Caballas en la desembocadura del río Ica.  Allí el jefe de una garita lo reconoció pero le prestó ayuda para que se internase siguiendo el cauce del río Ica hasta sus nacientes, después San José de los Molinos y cruzar luego la pampa arenosa hacia el norte hasta Humay sobre el río Pisco.  El territorio cruzado pertenecía a hacendados que sabía eran sus  contrarios, pero otros lo ayudaron.  En el valle de Pisco estaba activa la montonera de Vicente del Solar que actuaba por cuenta del ex –vicepresidente Alejandrino del Solar.  Este grupo rebelde, no era precisamente pierolista y el motivo de la rebelión era el haber sido despojado del mando presidencial que constitucionalmente le correspondía a la muerte de Morales Bermúdez.  Del Solar accedió a unirse con Piérola y entonces avanzaron hacia la ciudad de Chincha en donde ingresaron el 3 de noviembre de 1894 en medio de aclamaciones de la población y de repiques de campana.  ¡Qué diferente al ingreso de los montoneros Seminario en la región del norte!

 

            En Chincha, lanza   Piérola un manifiesto a la Nación y se autonombra “Delegado Nacional”.

 

            El conocimiento que se tuvo en Lima de la cercana proximidad de Piérola, cayó como una bomba, porque aún  se le suponía en Chile.  En el resto del Perú, la causa pierolista tomó nuevos bríos.

 

            De Chincha le fue fácil trasladarse a Cañete, al sur de Lima, en donde actuaba  el montonero coronel Oré.  Asumió el mando de las fuerzas rebeldes y  pasó a las sierras de Huarochirí para dominar el ferrocarril central como años antes lo había hecho Cáceres.  Piérola despachó grupos incursores hasta Matucana, pero la audacia le costó caro, pues fueron tomados prisioneros su hermano Amadeo, jefe del Estado Mayor  revolucionario y el ministro de Guerra rebelde Pedro Pablo Arana del Gabinete en Campaña que había organizado.  Todo esto sucedía en enero de 1895 cuando en Piura, los montoneros estaban inmovilizados.

 

            Tan pronto se conoció la llegada de Piérola al Perú y su marcha sobre Lima, los montoneros Seminario, deliberaron y consideraron que la lucha decisiva se iba a dar en la capital.  Para unirse al caudillo, viajaron Edmundo, Felipe y Oswaldo Seminario Aramburu.  Piura estaba perdida para los rebeldes.

            En Lima se consideró que dado el carácter impulsivo de Piérola éste se iba a lanzar en forma temeraria sobre la capital, pero eso no pasó.  El estratega alemán coronel Pauli que estaba a sus órdenes pensó otra cosa.

 

            El coronel Pauli organizó las fuerzas montoneras de Piérola como un verdadero Ejército, dotándolo de un Estado Mayor, de jerarquías y formó batallones y compañías.  A esas fuerzas Piérola pomposamente las llamó “Ejército Nacional” y se componía de dos mil hombres, cuyo armamento era heterogéneo.

 

            Para enfrentarlas, Cáceres tenía 4 000 soldados bien disciplinados en Lima, pero el sentimiento siempre voluble de los limeños, en esta oportunidad ya no acompañaba al glorioso héroe de la Breña, sino al audaz y carismático revolucionario.

 

            El 16 de marzo de 1895 se movieron las fuerzas de Piérola sobre Lima y al amanecer ya estaban en sus proximidades.  En Palacio, Cáceres había sabido de antemano este movimiento y había tomado disposiciones.

 

            Los rebeldes atacaron desde tres partes y a las 9 de la mañana del domingo 17 cuando ya se había luchado cinco horas; Piérola que observaba la acción desde un promontorio dijo:  “La victoria es nuestra” y montando en su caballo blanco ingresó con un grupo por la puerta de Cocharcas.  A su costado iba Edmundo Seminario Aramburu, y un poco más tarde los hermanos  de éste, Felipe y  Oswaldo.

            Pero la victoria no estaba cercana, pues la lucha demoró tres días.  En algunos lugares como la Plaza del Teatro se produjo una verdadera mortandad.  Se luchó calle por calle y la población se plegó a los rebeldes.  Desde los tejados y por las ventanas actuaban como francotiradores contra las tropas de Cáceres usando fusiles de la guerra con Chile que tenían guardados.  Pero a los revolucionarios las municiones se les habían agotado y en realidad la lucha se estaba inclinando a favor del Ejército.

 

            Fue en esos momentos en que intervino el nuncio apostólico en representación del Cuerpo Diplomático y visitó al presidente en Palacio para solicitarle que pusiera fin a la lucha.  El general Cáceres le replicó que la lucha cesaría en breve porque ya tenía dominada la situación.  El nuncio con gran franqueza le contestó:  General, a Ud. lo odian hasta las piedras y no vale la pena que derrame más sangre humana, porque aún cuando venza, ya no podrá gobernar”.

 

            Las palabras del nuncio causaron gran impacto en Cáceres que suponía era querido por el pueblo.  En ese estado de confusión, llamó a su amigo Luis Felipe Villarán, senador por Piura,  y le pidió un consejo.  Este le hizo ver la necesidad de cesar la lucha.

 

 

El armisticio

ARRIBA

            Por intermedio del Cuerpo Diplomático se pactó un armisticio de 24 horas para enterrar a los muertos y recoger a los heridos.  En las calles de Lima habían regados por todas partes como mil personas muertas, no todas combatientes y empezaban a descomponerse llenando el ambiente de un creciente hedor.  Nadie se atrevía a recogerlos porque las balas perdidas silbaban por todas las calles.  Lo  mismo  pasaba con los heridos a los que ni la Cruz Roja podía socorrer, porque las plazas y calles se habían convertido en campos de batalla.

 

            Al cesar la lucha en forma temporal por el armisticio, se establecieron los primeros contactos para cesar definitivamente el combate.   Se prorrogó entonces el armisticio que firmaron por una parte Luis Felipe Villarán  como representante del general Cáceres y por la otra parte Enrique Bustamante Salazar, el compañero de Piérola en la travesía marítima.

 

 

 

Ricardo Wenceslao Espinosa en Junta de Gobierno

 

            ARRIBA

Los dos representantes, contando con las más amplias facultades, resolvieron poner fin a la lucha sin vencedores ni vencidos.  Los dos ejércitos contrarios se retirarían a las afueras de Lima y se formaría una Junta de Gobierno, que convocaría de inmediato a elecciones.  Los grados y clases militares se respetarían, lo mismo que todos los actos administrativos de Cáceres.  Se evitaría ejercer cualquier tipo de venganza.

 

            Villarán y Bustamante propusieron que la Junta de Gobierno estaría formada por cuatro personas.  El doctor Ricardo Wenceslao Espinosa y Luis Felipe Villarán en representación del general Cáceres.  Por el lado de Piérola Enrique Bustamante y Elías Malpartida.  Reunidos éstos, eligieron  como presidente de la Junta a uno de los más conspicuos personajes del Partido Civil, don Manuel Candamo.  Como secretario de la Junta se nombró al abogado piurano Ricardo Arana.

            Una de las primeras labores de la junta fue la de habilitar algunas dependencias públicas como hospitales para recibir a los cientos de heridos.  La Cruz Roja  que durante el conflicto perdió dos miembros, trabajó en forma infatigable y todos los médicos de Lima fueron movilizados.   Para sepultar  tanto cadáver se abrieron fosas comunes.

 

            La Junta de Gobierno hizo una labor de administración de los asuntos públicos desde marzo hasta el 8 de setiembre de 1895.

 

            Arequipa seguía sublevada y sólo recibía órdenes de los del Solar, pues suponían que no era la junta sino don Pedro Alejandrino del Solar, el ex –despojado 1er. vicepresidente  de Morales Bermúdez  el que debía asumir transitoriamente el poder.

 

            Por otra parte en Puno y en Huanta y Ayacucho en donde el general Cáceres tenía tantos seguidores  sumamente devotos, no aceptaron el cambio de cosas.

 

            Don Pedro Alejandrino del Solar había estado fuera de Arequipa cuando se produjo el armisticio de Lima y el nombramiento de la junta, y después dijo que ignoraba el giro de la situación.  Sin embargo fueron necesarias varias delegaciones de Lima, incluso una presidida por el mismo Piérola para convencerlo de aceptar a la junta y evitar mayores males al país.

 

            Ricardo Wenceslao Espinosa Medina había nacido en Huancabamba en 1837 y en el Convictorio Carolino optó el grado de Bachiller en Jurisprudencia en 1860.

 

            Era sobrino del general Miguel Medina y actuó como su asistente en el combate del Dos de Mayo.  En 1868 es elegido diputado por Huancabamba oponiéndose al contrato Dreyffuss patrocinado por el ministro de Hacienda   Nicolás de Piérola.  En 1874 fue ministro de Gobierno y Policía.  El clima de Lima le hizo daño y se enfermó de tuberculosis por cuyo motivo en estado sumamente postrado llegó a Piura.  En dos años se repuso y en 1876 vuelve a ser elegido diputado por su provincia, pero acababa de ser nombrado presidente de la recién abierta Corte Superior de Piura por cuya razón sirvió  en ella un año y retornó luego al Congreso.  En 1879 era Presidente de la Cámara de Diputados, por cuanto el presidente, el paiteño capitán de navío Camilo Carrillo había acudido  a organizar la defensa en el sur, contra Chile.  Luego volvió a la Corte Superior de Piura y al ser suprimida ésta en 1883 por Iglesias, se traslada a la sierra a conducir una pequeña parcela.  En 1886   es elegido Senador por Piura y en 1891  Vocal de la Corte Suprema.  De allí pasó a ser miembro de la Junta de Gobierno.

 

 

 

Repercusión en Piura de los hechos de Lima

 

ARRIBA

            En febrero de 1895 el Prefecto coronel  Fernando Seminario Echandía, se tenía que multiplicar para mantener el orden dentro de la ciudad de Piura y fuera de ella.

 

            Los Seminario Váscones y los Seminario Arámburu, que eran numerosos en Piura  alentaban la resistencia sorda e interna contra su pariente  el prefecto y en eso se veían estimulados por las noticias llegadas de Lima y de otras partes del país.

            Las numerosas haciendas de los Seminario, servían de refugio y amparo a las partidas de los montoneros.  Sólo en la zona de Tambogrande no sucedía tal cosa por cuanto allí los predios eran de los Franco Echandía y allí tenían mucha gente armada.

 

            Teodoro Seminario había encargado a uno de sus parientes Odar Benalcázar que al mando de un grupo montonero merodease por los alrededores de Piura.  De esa forma cortaba todas las comunicaciones de Piura con el interior, extendiendo sus correrías desde las Vegas de Ocoto a los despoblados de Cardo Mocho y de Locuto.  Así estaban las cosas en la primera quincena de marzo, y el prefecto Seminario Echandía envió a uno de sus parientes, para que al mando de un pelotón eliminase al grupo montonero merodeador.  En esa situación estaba cuando en la prefectura se tuvo conocimiento de la tregua de Lima y el prefecto quiso cumplirla en Piura ordenando al grupo expedicionario el retorno a la ciudad.  Por otra parte, Teodoro Seminario tuvo el mismo conocimiento y por lo tanto  hizo conocer a su pariente jefe del grupo montonero que suspendiera las acciones ofensivas.  Fue así como los dos grupos rivales se encontraron y portando banderas blancas se acercaron para fraternizar.  De repente, de las fuerzas montoneras partió una descarga cerrada que hirió gravemente al jefe de la tropa del Gobierno y a varios soldados.  El causante fue uno de los bandoleros incorporados a la montonera de Teodoro Seminario, que tenía cuentas pendientes personales con el jefe contrario.  No podía por lo tanto dejar pasar la oportunidad de desobedecer una tregua que no se consideraba obligado a acatar.  El jefe del grupo montonero fuera de llamarle duramente la atención nada pudo hacer para castigar a Isidro Villar, que así se llamaba el heridor, por cuanto la mayor parte de la tropilla la formaban bandoleros a las órdenes directas de Villar.  En el mismo lugar, el grupo bandolero se separó  para reiniciar su acción al margen de la ley por los campos piuranos, vida a la que dedicó dieciséis años hasta que fue capturado por su propia víctima y fusilado.  El resto del grupo montonero y los soldados, habiendo fraternizado ingresaron pacíficamente en la ciudad de Piura.

 

            Celebrada la tregua de Lima, reapareció en Piura don Augusto Seminario y Váscones y de inmediato se dirigió a la prefectura para hablar con su primo.  Largas pláticas tuvieron los dos jefes antagónicos.

 

            Era cosa sabida en Piura que don Augusto con frecuencia ingresaba de incógnito a la ciudad y que el prefecto lo sabía, pero de por medio estaban los lazos de sangre y muchos parientes que trataban de hacer menos tirantes las relaciones políticas.

 

            Se acordó la libertad de López Albújar y que por unos días y para facilitar la transferencia, se hiciera cargo de la prefectura el secretario de la misma, don Julio Octavio Reyes, el enérgico ex –subprefecto de Paita.

 

            Posteriormente el cargo debía ser asumido por el coronel Francisco García León.

 

            Era este personaje un militar y político de altos merecimientos que en 1872 fue diputado por Piura, luchó en San Juan y Miraflores, respaldó a García Calderón y marchó al destierro con él permaneciendo preso en Chile hasta el fin de la guerra.  Fue ministro de Iglesias y luego comandante general del Norte.  Diputado en 1884.  Cuando en 1895 asume la prefectura tenía avanzada edad.

 

            Al igual que en otras oportunidades, el coronel Fernando Seminario Echandía se expatrió a Guayaquil.  Allá se le unió más tarde su ex –secretario Julio Octavio Reyes y otros personajes piuranos que habían apoyado la política del general Cáceres, entre ellos el doctor Manuel Yarlequé Espinosa que había sido diputado suplente por Piura.

 

            La Junta de Gobierno de Lima, convocó a elecciones el 14 de abril de 1895.  Como único candidato se presentó don Nicolás de Piérola.  Para la 1ra. y 2da. vice-presidencia si se presentaron más candidatos.  La primera vicepresidencia fue ganada por don Guillermo Billinghurst sobre Pedro Arana y la segunda vicepresidencia la obtuvo el coronel Augusto Seminario y Váscones sobre el prestigioso político Augusto Durand.  Fue un triunfo masivo.

 

            Las elecciones fueron indirectas por el sistema de colegios electorales. Había 5 184 grandes electores en todo el Perú y de ellos concurrieron 4 410 habiendo votado por Piérola 4 150.  Es decir que casi no hubo oposición y se muestra también el alto grado de popularidad que había alcanzado el caudillo revolucionario.

 

            En Piura todo el poder político pasó a los seguidores de Piérola, en especial a la otra rama de los Seminario.

 

            Como senadores fueron elegidos el coronel Augusto Seminario y Váscones, don Víctor Eguiguren y el ingeniero Enrique Coronel Zegarra.

 

            Como diputados,  Edmundo Seminario Arámburu, Oswaldo Seminario Arámburu, César Cortés Sarrio, Enrique Espinosa y Ricardo Rossel.  Como suplentes Simón Carrión, Pedro Galup, David Merino, Felipe Adrianzén y Miguel Feijóo.

 

            Por si fuera eso poco, el coronel Augusto Seminario y Váscones, asumió también la prefectura de Piura y el mando militar de la región.

 

            Como se puede apreciar la familia Seminario había establecido un control de la región desde hacía tiempo.  Era un nepotismo en que dinastías rivales pero de la misma sangre se disputaban el poder envolviendo al departamento en luchas interminables.  Se estaba  jugando al sube y baja, pues unos años gobernaba un clan y en otros años el clan contrario.

 

            Los hermanos Edmundo, Ricardo, Oswaldo, Carlos y Felipe Seminario Arámburu, eran hijos de Manuel Seminario y Váscones, a su vez hermano de Augusto y de Juan.  Hijo de este último fue el famoso coronel Teodoro Seminario León, que no obstante sus grandes méritos militares no obtuvo cargo político al terminar la guerra civil.  Tenía Teodoro una hermana llamada Elisa que se casó con Pablo Seminario Echandía, que a su vez  era hermano del famoso “Gato”, el coronel Fernando.  Es decir, que entre los Seminario había un entrecruzamiento de lazos familiares que revitalizaban los vínculos de sangre.

 

            Don Víctor Eguiguren Escudero, fue secretario de la Junta de Gobierno de Candamo y de allí le fu fácil postular para senador.  Era soltero.

 

            César Cortés Seminario era amigo personal de Piérola.  Hijo de don Alejandro Cortés Romero que fuera prefecto de Piura en 1884 y fundador de la Negociación Agrícola Pabur con los hermanos Seminario Arámburu.

 

            El ingeniero Enrique Coronel Zegarra se había educado en Estados  Unidos y vivido en el extranjero hasta 1887 habiéndose vinculado a Piérola.  Su hermano Félix Cipriano, un brillante abogado, fue devoto del general Cáceres y había sido su ministro.

 

            Don Enrique Espinosa, era un prestigioso abogado huancabambino.  También fue de ese lugar don Felipe Adrianzén.

 

            El coronel Fernando Seminario y Echandía era un hombre de muchos recursos económicos de tal manera que en Guayaquil puso una casa comercial en la cual dio trabajo a muchos desterrados piuranos.  En el puerto ecuatoriano entró en sociedad con otro peruano don Víctor Samuel Hernández y editaron el diario “La Nación” en el cual trabajó como cronista el doctor Manuel Yarlequé Espinosa.  Como este último hiciera algunas duras críticas al Gobierno de Piérola, la cancillería peruana presentó su queja al Gobierno de Quito y éste dispuso la clausura del periódico.  Pero el espíritu pertinaz de los desterrados los llevó a editar un semanario de pequeño formato titulado “El Grito del Pueblo”.

 

            Durante todo el Gobierno de Piérola, permaneció el coronel Fernando Seminario en el destierro y recién en 1901 retornó para ponerse al frente del Partido Constitucional.

 

 

Reaparece “Nueva Era”

ARRIBA

            En 1880 apareció por muy breve tiempo el periódico “Nueva Era”.  En abril de 1895 nuevamente circula por las calles de Piura para sostener la causa pierolista y en forma específica la candidatura de Edmundo Seminario Arámburu a una diputación.  Tuvo como director a Alberto Loli Arnao, siendo su principal redactor Manuel Cardoza Mesones, consumado pierolista que durante la gestión prefectural del coronel Fernando Seminario, había mantenido en la ciudad de Piura latente la adhesión de las masas a Piérola, pues era hombre de fácil palabra, habiendo demostrado en el periódico que era también un gran polémico de acerada pluma.

 

            “Nueva Era” apareció primero como diario en los meses previos a la elección, pero logrado el triunfo de Edmundo Seminario y de sus hermanos, así como de su tío el coronel Augusto en las curules, ya el interés decayó y entonces fue espaciando su aparición, transformándose en un semanario, luego salió en forma quincenal y por último sólo de vez en cuando hasta que dejó de aparecer.

 

            En Piura seguían circulando “La Revista Norte” del coronel Frías y también “La Unión” que llevaba 5 años de fundado y tenía como propietario a don Eduardo Reusche que al aparecer era de tendencia civilista, pero que posteriormente tomó partido por la causa del prefecto Fernando Seminario.

 

 

 

Endiosamiento de Piérola

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            Aún antes de ser Piérola proclamado presidente del Perú, las loas a su persona se multiplicaron, con el beneplácito del jefe revolucionario que era muy adicto a ese tipo de alabanzas.

 

            En mayo de 1895 era director de Correos el capitán de navío Camilo Carrillo Martínez, un marino paiteño que había destacado en todos los campos de la actividad humana, es decir como militar, como político y como científico, pues era nada menos que socio fundador de la Sociedad Geográfica de  Lima y presidente del Instituto de Oceanografía.

 

            Carrillo dispuso la impresión de estampillas con la efigie de Piérola de 1 centavo, color violeta; 2 centavos, color verde; 5 centavos, de amarillo; 10 centavos,  azul; 20, de naranja; 50, de índigo y un sol, de color rojo.

 

            Por su parte también la Casa de Moneda acuñó medallas con la imagen de Piérola las que tuvieron gran demanda.

 

 

 

La muerte del maestro Mariano Díaz

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            Don Mariano Díaz era un ciudadano ecuatoriano, que por los años de 1848 se afincó en Catacaos dedicándose de inmediato a la docencia.  Su espíritu de sacrificio y la gran vocación de servicio, así como el decidido apoyo que siempre prestó a los indígenas para evitar que fueran víctimas de abuso, le granjeó el aprecio general de la población que en 1866  lo hizo su alcalde.  En ese cargo se preocupó de construir locales escolares, canales de riego e iniciar la construcción del cementerio y del hospital.  Don Mariano retornó luego a la docencia y prestó amplia colaboración al doctor Yarlequé Espinosa en aquello de crear escuelas en Catacaos.  Entre ambos hombres se produjo una total identificación en cuanto a tareas por realizar a favor de la comunidad y también en sus ideas y pensamiento.  Eso lo llevó al maestro Díaz a ser un devoto del general Cáceres.  Cuando éste cayó  y en la Municipalidad de Catacaos se colocó a personal pierolista, el maestro Díaz fue destituido el 30 de junio de 1895.  Don Mariano que ya estaba enfermo, se vio de la noche a la mañana privado hasta de lo elemental para su  diario sustento, pero el golpe moral fue mayor y el 5 de agosto del mismo año fallecía causando consternación su deceso en la comunidad cataquense.

 

 

Cáceres  es borrado del escalafón militar

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            El Congreso se instaló con sus nuevos representantes el 15 de agosto de 1895 y uno de sus primeros actos fue computar los sufragios de los colegios electorales para proclamar a Piérola como presidente, a Billinghurst como 1er. vicepresidente y al coronel Augusto Seminario y Váscones como 2do. vicepresidente.

 

            El 2 de setiembre es decir cuando la Junta de Gobierno aún estaba rigiendo los destinos del país, el Congreso dio inicio al debate de sanciones contra los funcionarios que habían servido en el Gobierno de Borgoño y en el segundo Gobierno de Cáceres.  También se pedía la nulidad de todos los actos administrativos.  Es decir que se volvía a recurrir en las venganzas y excesos que se cometieron en ese sentido cuando Cáceres recién inició su primer Gobierno, y merecieron las más duras críticas de los que ahora estaban en el poder.  Por otra parte se violaban los términos del armisticio que había puesto fin a la sangrienta lucha en las calles de Lima y que al cesar, estaban llevando la mejor parte las tropas del Gobierno de Cáceres.

 

            Por entonces ya el general Cáceres se había exilado en Buenos Aires, pero su esposa doña Antonia Moreno de Cáceres y su hija Zoila Rosa, más tarde gloria de las letras peruanas, eran constantemente hostilizadas.

 

            En las dos cámaras, los proyectos de sanciones dieron origen a debates ardorosos pero por fin el 19 de diciembre se resolvió dar una ley de amnistía, de la que fueron exceptuados el general Cáceres y el coronel Borgoño, a los que se les borró del escalafón militar, así como a todos los que habían servido como ministros bajo el gobierno de dichos jefes militares.

 

            La medida era sin duda totalmente absurda, puesto que Cáceres como militar era sin duda alguna un benemérito a la Patria y eso era imposible de ser borrado.  Muy diversa era su actuación desde el plano de su actividad política, que era lo criticable.

 

 

Federico Blume transfiere derechos a la Peruvian

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            Cuando antes de la guerra con Chile se terminaron los estudios de la construcción del ferrocarril de Paita a Piura y del muelle fiscal de Paita, la buena pro de la licitación fue otorgada al ingeniero Federico Blume por S/.19.450.00.

 

            Las obras se iniciaron recién en 1872 y el ferrocarril fue terminado el 10 de abril de 1887 fecha de su inauguración.  Como Blume había financiado esta terminación, como compensación se le reconoció el derecho a explotar la línea por veinte años.

 

            Cuando el Perú contrató la cancelación de la deuda externa con la Grace, comprendió también al ferrocarril Paita-Piura entre las líneas ferroviarias que serían explotadas por la Peruvian Corporation por 66 años.  En el caso específico de este ferrocarril ese nuevo plazo se iniciaría a contar a partir de la expiración del plazo de la anterior.concesión.

 

            Blume sin embargo entró en tratos con la Peruvian para transferirle sus derechos lo que aprobó el Gobierno Peruano el 11 de enero de 1894.  De esa forma la Peruvian pudo continuar con la construcción del muelle fiscal o de fierro que era como se le conocía en Paita y el 25 de noviembre de 1895 el muelle entró en servicios.  El año 2000 en el mismo lugar había un espigón de atraque.

 

 

Fábrica de hielo en Piura

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            En 1895 don Antenor García, fundó en Piura la Casa García y Co. para instalar una fábrica de hielo.  Era la primera fábrica que se instalaba en la ciudad y por mucho tiempo hasta atendió a las necesidades de las poblaciones cercanas.

 

            Dado el éxito logrado, bien pronto amplió los rubros a una fábrica de aguas gaseosas que por muchas décadas fue la más importante del departamento y también una fábrica de mosaicos.

 

            Don Antenor fue hijo del coronel don Francisco García León y de doña Mercedes León de Bustamante e Irrazábal.

 

 

Cambio de autoridades

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            Don Augusto Seminario y Váscones no permaneció mucho tiempo en el cargo de prefecto de Piura por cuanto  ya no tenía razón de ser por haber sido elegido senador .

 

            Desde el sillón prefectural había  tenido controlado el proceso electoral y por otra parte el departamento había quedado pacificado.  El único problema preocupante era la existencia de bandas de asaltantes de caminos y de haciendas como consecuencia lógica de la desactivación de las montoneras en donde habían logrado  momentáneo refugio gran cantidad de bandidos.

 

            En cuanto a los principales opositores o voluntariamente se habían desterrado al Ecuador, o habían entrado en un período de quietud y retornado a sus labores habituales.  Entre ellos se encontraba el empecinado Eloy Castro que se refugió en sus inexpugnables serranías poniendo un alto a la iniciativa que hasta ese momento había tenido en la lucha.  Augusto Seminario consideró que más convenía dejarlo tranquilo en Ayabaca a Castro sin entrar en mayores provocaciones.

 

            Como el coronel Augusto había pasado a ser un político de notoriedad nacional, su presencia en Lima era necesaria como senador y como vicepresidente de Piérola.

 

            En su lugar fue nombrado don Samuel Palacios que también estuvo breve tiempo y renunció entregando el mando prefectural a don Benjamín Vega el que estuvo en un breve interinato de 24 horas mientras don Guillermo Nickles asumía la prefectura.  Todos estos hechos pasaban en octubre de 1895.

 

            En Huancabamba también hubo un récord en el cambio de subprefectos el año 1895 lo que revela a las claras la cambiante situación política.  Los subprefectos fueron Vicente Vílchez que resistió y rechazó la acometida de los montoneros Castillo.  Fue reemplazado por Carlos Ubillús cuando asumió el poder la Junta de Gobierno en Lima y estuvo hasta el 16 de  agosto, fecha en que ya había sido proclamado presidente don Nicolás de Piérola pero aún no había asumido el mando.  A continuación desempeñaron el cargo subprefectural Carlos Viñas y José Arcelles.

 

            Para los cargos de alcalde nombrados a dedo ocurrió otro tanto en Huancabamba.  Al frente de la comuna estuvieron los siguientes:  Florencio Olave, Eliseo Vegas y Felipe Adrianzén.  Este último posiblemente homónimo del diputado.

 

 

Creación de la Sociedad Recaudadora de Impuestos

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            La recaudación de impuestos a cargo de diversas entidades estatales, se había tornado muy engorrosa y desordenada.  Se pensó entonces en unificar el sistema haciendo participar en las acciones, al interés no sólo público sino también al privado.  Para proponer el sistema más adecuado se dio el encargo a la Cámara de Comercio de Lima.  Esta presentó un proyecto por el cual se creaba una sociedad anónima que se encargaría de recaudar por cuenta del Estado los impuestos sobre alcoholes, tabaco, opio, timbres y otros que pudieran crearse.  La entidad se llamaría Sociedad Recaudadora de Impuestos S.A. cuyo capital sería de S/.1 000 000 formado por 10 000 acciones de S/:100,00 cada una.  Se trataría de una entidad de accionariado difundido como se diría ahora, pues se trató de ofrecerles a todos los peruanos.  Para Lima y Callao, se reservó un poco más de la tercera parte de las acciones pues su pusieron a la venta del público 3 550 de ellas.

 

            Para los departamentos de Piura, Ancash, Arequipa, Cuzco, Ica, Junín, La Libertad, Loreto y   Puno  se  pusieron  a la venta 450 acciones en cada uno,   lo que hacía un total de

4 050 acciones.

 

            En otros departamentos seguramente con menor importancia económica en esos tiempos se puso a la venta 300 acciones.   Eran estos Cajamarca, Lambayeque y Huánuco, lo que hacían 900 acciones.

 

            Por último para Amazonas, Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Moquegua y Tacna, 250 acciones en cada uno, totalizando 1500 acciones.

 

            De las 10 000 acciones puestas en venta sólo 645 quedaron sin ser vendidas, las que fueron puestas a remate en Lima.

 

            El 13 de diciembre de 1895 se dio la ley creando a la Sociedad Recaudadora de Impuestos y en julio del año siguiente (1896) presentó la sociedad su primer balance.  Dado el éxito logrado, en diciembre de 1897 se dobló el capital.

 

            Con el tiempo, esta entidad se convirtió en la Caja de Depósitos y Consignaciones, Departamento de Recaudación, para posteriormente estatizarse y convertirse en el Banco de la Nación en el primer Gobierno del arquitecto Belaúnde

 

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