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INTRODUCCIÓN
EL TERRITORIO que
actualmente conforma el que se ha definido para la nueva provincia de
Marga-Marga, estuvo poblada desde antiguo. A pesar de que no se dispone de mayores
noticias al respecto, la arqueología ha determinado la existencia de
antiguas culturas desde los primeros tiempos de la historia humana en
América y en Chile.
Piedras de tacitas,
piedras horadadas, cerámicas y enterratorios característicos de diversas
fases o estadios culturales han sido encontrados en diferentes lugares de
la provincia.
En general, puede
decirse que el valle del estero de Limache fue un área de transición entre el
valle de Aconcagua, donde se desarrolló la cultura de igual nombre, y los
valles transversales menores situados al sur. Pero también fue lugar de
transición en relación con el extenso valle del río Maipo, del que le
separaba la cuesta de La Dormida, la que no hubo de ser obstáculo, ya que
el camino inkaico que la trasponía es testimonio de la preexistencia de
caminos o senderos que comunicaban ambos valles.
Desde la costa,
ocupada por poblaciones dedicadas mayormente a actividades relacionadas con
el mar, como la recolección de mariscos, la caza de aves y alguna
agricultura menor que se daba en ciertos lugares apropiados para ello,
llegaba a los valles interiores productos tales como pescados, mariscos,
conchas y algas marinas secas, a cambio de maíz, papas, cerámica y tejidos.
Las poblaciones de la
costa, debido a las características naturales del país, no contaban con
poblaciones permanentes, sino que deambulaban por la costa o sus
inmediaciones en perpetua busca de su sustento. Aparentemente, durante el
invierno debieron establecerse a alguna distancia de la costa,
probablemente en lugares abrigados donde levantaron toldos de cueros de
lobos marinos o enramadas, desde donde salían en busca del sustento que
necesitaban, aparte de lo que pudieran haber guardado del verano anterior
en la forma de pescados, mariscos y algas secados al sol principalmente.
En los valles
transversales de la provincia, como en los otros situados más al sur, los
excedentes de la producción agropecuaria debieron ser guardados para
asegurarse un buen paso del invierno, cuando solamente podrían practicar
alguna cacería y beneficiarse del ganado que tuvieran. Los caseríos
pikunche, construidos a base de quinchas de ramas revocadas con barro, no
han dejado restos identificables. A veces se ha logrado determinar algún
sitio de ocupación humana debido a restos de cimientos de época más tardía,
seguramente de influencia inkaica, o bien por el hallazgo de algunos
instrumentos líticos como piedras de moler y cerámica de uso cotidiano. La
mayor cantidad de restos hallados provienen de cementerios o sepulturas
aisladas, como en El Belloto, donde se localizó un enterratorio con restos
de fines del período qhichwa.
Etnografía y Etnología
Si bien la ciencia
prehistórica ha propuesto la existencia de poblaciones de cazadores y
recolectores en tiempos muy temprano, hacia 10.000 años antes del presente,
basados en algunos restos arqueológicos hallados en la zona, pero
principalmente en puntos alejados de la misma, como, por ejemplo, San
Vicente de Tagua-Tagua, puede decirse que los primeros habitantes de la
provincia llegaron a ella desde el Norte, en oleadas sucesivas, las
primeras de las cuales solamente habrían pasado en su viaje hacia el sur
del país.
Los más antiguos
restos arqueológicos de la zona consisten en piedras horadadas, piedras de
tacitas y algunos monumentos megalíticos de los cuales ya no quedan
vestigios, sino apenas los testimonios de quienes los vieron, a fines del
siglo XIX, antes de que fueran destruidos por la mano del hombre moderno.
Al tiempo de la
conquista kitchwa, puede decirse que los habitantes de la provincia
pertenecían a la etnia pikunche, hablante del mapudungún, y que se
encontrarían establecidos por el norte hasta el valle del río Choapa y algo
más arriba algunos grupos quizá hayan llegado por emigración o por traslado
en tiempos tardíos, tras la conquista inkaica del territorio.
Topónimos tales como
Olmué, Quilpué, Pelumpén, Lliu-Lliu, Levo, por ejemplo, son de origen
pikunche, en tanto que Marga-Marga proviene del kitchwa.
Los pikunche formaban
grupos de parientes consanguíneos cercanos. Su unidad básica era la
muchilla, que correspondía a una familia bajo la autoridad del jefe de
familia. La unidad principal era el kawin o kavi, bajo la autoridad de un
lonko (“cabeza” y, por extensión, “principal” o “jefe”). Aparentemente
nunca conformaron una unidad política amplia, salvo los casos en que algún
lonko, tras exitosas empresas de guerra, lograba imponerse a sus vecinos.
Solo en casos especiales, de fuerza mayor, y sobre todo cuando tenían que
enfrentarse a un peligro común, se unían varios grupos y elegían, pero
solamente durante el tiempo necesario, a un jefe guerrero en la persona del
toki. Pasado el peligro, cada cual volvía a lo suyo.
Se ignora
absolutamente el gentilicio usado por los antiguos habitantes de los
territorios de la provincia, como se ignora el que se daban los que
habitaban en el resto de la Zona Central de Chile.
Al menos, la historia
no ha registrado ni ha conservado ningún gentilicio propio. Basados en
estudios diversos, se ha determinado que en realidad las poblaciones
antiguas que habitaban el territorio nacional extendido al sur del río
Choapa y que hablaban mapudungún, la “lengua de la tierra”, la “lengua
general de Chile” de los cronistas españoles, no usaban sino la designación
de “mapuche”, esto es, “gente de la tierra”, queriendo decir, al aplicarse
este gentilicio a sí mismos, que ellos eran los habitantes originales y
autóctonos de un determinado lugar. Cada grupo se auto designaba “mapuche”,
y a los demás los designaban de acuerdo a su ubicación geográfica:
pikunche, si vivían al norte de ellos; williche, si vivían al sur; puelche,
si estaban situados al oriente; si
habitaban al poniente.
Solamente se sabe que
los qhichwa designaron purumauka
(“gente alzada”, “gente levantisca”, esto es, “rebeldes”) a las gentes que
habitaban desde la Angostura de Paine al sur. Pero se trata solamente de
una designación peyorativa aplicada a gentes que no se pueden diferenciar
de las que habitaban al norte del río Maipo.
Posteriormente, los
españoles designaban a los habitantes del país de acuerdo al lugar donde
habitaban —los indios de Pico,
con referencia a los habitantes de la zona de Melipilla—, de un jefe
principal —los indios del cacique
Huechuraba— o por el español al que habían sido encomendados —los indios de Marina de Gaete—, pero no
registraron ningún gentilicio genérico.
Por convención, se ha
extendido la costumbre de designar pikunche
—gentes del Norte, norteños— a los habitantes aborígenes del sector del
territorio nacional comprendido, también convencionalmente, entre los ríos
Choapa e Itata. A los que habitaban entre el Itata y el Toltén se les llama
mapuche —gente de la tierra—, en
tanto a los que habitaban entre el Toltén y el seno de Reloncaví se les
llama williche —gente del Sur,
sureños—.
Territorialidad
LOS ORÍGENES
históricos de la Provincia de Marga-Marga se encuentran en la antigua
división administrativa aplicada por la administración inkásica en Chile
luego de su conquista e integración al Tawantinsuyu, cuando el valle de
Aconcagua estuvo dividido en dos distritos administrativos. El primero,
comprendía todo el territorio aguas arriba de las puntillas de El Romeral y
La Calavera, y estuvo, a fines de la dominación inkaica, bajo la administración
del lonko Michimalonko. El segundo distrito estaba conformado por el
territorio del valle situado aguas abajo de las mencionadas puntillas, y
estaba bajo la administración del lonko Tanjalonko, a quien se señala a
veces como hermano y otras veces como tío de Michimalonko. Pero todo el
territorio desde el río Choapa hasta el río Maipo estaba bajo la
administración de un kuraka con sede en Chillellox, que corresponde a la
actual Quillota. Al tiempo del Descubrimiento de Chile, el kuraka de esta provincia
qhichwa era Kilakanta o Quilicanta. Quillota, como centro administrativo
inkaico, contaba con dependencias relacionadas con la administración
política, así como con las dependencias necesarias para efectos militares
y, asimismo, con templos dedicados a la adoración del Sol y de la Luna, y
con depósitos de alimentos y almacenes donde se acopiaba la producción
textil y de cerámica de la zona.

Los antecedentes territoriales de la
actual provincia de Marga-Marga pueden rastrearse, al menos, hasta los
tiempos finales del Tawantinsuyu, cuando Tanjalonko fue designado por la
autoridad inkaica como gobernador del valle inferior del Aconcagua, lo que
en la práctica equivalía a decir todo el valle del Aconcagua aguas debajo
de las puntillas de El Romeral y La Calavera, hasta el mar. Por el norte,
el límite estaba constituido por la mitad inferior del cordón de El Melón.
Por el oriente, el límite estaba constituido por el cordón llamado
comúnmente Cordillera de la Costa y que va separando las cuencas del estero
de Til-Til y de Puangue, por el este, de las cuencas de los esteros
Limache, Marga-Marga, Casablanca y del Rosario, por el oeste. Al sur, el
límite lo constituye un cordón que desprendido desde el cordón anterior se
dirige al poniente y forma la cuesta de Ibacache. Por el poniente, el
límite de la jurisdicción de Tanjalonko lo constituía el mar, desde
aproximadamente la desembocadura del estero de Catapilco (o un cordón un
poco más al sur) hasta el cordón que limita por el mediodía la cuenca del
estero del Rosario.
Todos los valles
situados al poniente de la llamada Cordillera de la Costa, en el tramo
entre los ríos Aconcagua y Maipo, estaban bajo la administración del lonko Tanjalonko.
Se ha sugerido que
esta división territorial estaba basada en una realidad étnico-política
encontrada por los qhichwas al momento de la conquista, aunque otros
especialistas consideran que fue un arreglo creado por la administración
inkaica para introducir un equilibrio de poder en la zona, ya que el
distrito interior del valle de Aconcagua sería más poderoso en atención a
su población y recursos que el aledaño a la costa, donde existían amplios
terrenos, como la zona entre los esteros Marga-Marga y de Quilpué, cuyas
características lo hacían improductivo para los pikunche y donde, al
parecer, desde tiempo inmemorial solamente se practicaba la caza de wanaku
cuando las condiciones climáticas permitían buenos pastos en la primavera.
La administración
inkásica se preocupó de organizar todos los territorios que conformaban su
Imperio en base a los valles, porque en ellos estaba la base de la
producción agropecuaria, base de la riqueza del Estado. En el territorio
actualmente llamado Chile, desde el extremo norte hasta la Angostura de
Paine, no existe en la realidad geográfica algo como la llamada Cordillera
de la Costa, debido a la presencia de los valles transversales, los que
nacen de la Cordillera de los Andes y toman dirección al mar, y por cuyo fondo
discurren los ríos existentes. En el sector que se extiende entre los dos
últimos valles transversales, los conformados por las cuencas de los ríos
Aconcagua y Maipo, en tanto, se asiste a un fenómeno ya enunciado en la
provincia de Choapa: la existencia de un cordón que, desprendiéndose de la
Cordillera de los Andes, culmina en alturas ostensibles desde donde se
descuelga un cordón principal en dirección sur-suroeste. Se trata de la
formación orográfica que se da en llamar Cordillera de la Costa, pero que
tiene una breve extensión. Desde este cordón principal se desprenden
cordones menores que toman direcciones hacia el poniente y hacia el
oriente. Las quiebras y fragosidades que descienden hacia el oriente son
tributarias del río Maipo. Las quebradas que nacen de los cordones que se
dirigen al poniente, en tanto, forman valles transversales menores que
desaguan casi todos directamente al mar, como es el caso del estero
Marga-Marga. El estero de Limache, en tanto, desagua en el río Aconcagua.
Pero desde el estero de Limache hasta el estero de Rosario, en la parte
meridional de la comuna de Casablanca, una serie de valles de variada
extensión e importancia, transversales, conforman una realidad geográfica
que la administración quechua solucionó mediante el adscribirlos a la
jurisdicción inmediatamente adyacente por el norte, es decir, el valle
inferior del Aconcagua. Por eso es que Tanjalonko y los otros lonkos
aliados en la rebelión pikunche liderada por Michimalonko que concluyó con
la destrucción de la incipiente aldea de Santiago, el 11 de septiembre de
1541, pudo atrincherarse en una pukará situada en las fragosidades
orientales de la cuesta de Zapata, obviamente porque esa fortificación
pertenecía a la jurisdicción de Tanjalonko. Lo mismo puede decirse de la
preponderancia de Tanjalonko en lo que se refiere a los sucesos
relacionados con el estallido de la rebelión en Marga-Marga y en la cual,
aparentemente, Michimalonko no tuvo una presencia determinante.
Aparentemente, en
cada valle existía una autoridad local que obedecía las instrucciones del
administrador inkásico, el que, a su vez, era responsable ante el kuraka
que residía en Quillota.
El Camino del Inka
Desde Quillota partía
al Sur un camino oficial, conocido generalmente, como otros similares, con
el nombre de Inka Ñan, “Camino del Inka”.
Este camino pasaba por San Pedro y cruzaba el portezuelo al sur para
entrar en el valle del estero de Limache, desde donde continuaba en
dirección sur-suroeste para entrar en el valle de Marga-Marga por lo que
ahora es Peñablanca, subiendo por el Cajón de Levo, y continuando casi al
pie de la serranía en dirección al sur, hacia el estero Marga-Marga, desde
donde remontaba el cordón de Las Palmas y entraba en Acuyo por el sector de
Lo Orozco, continuando siempre muy cerca de las serranías y cordones de
cerros hacia el sur, para alcanzar a la Cuesta de Ibacache, desde donde
descendía al valle del Maipú por el sector de Melipilla. Desde aquí el
Camino del Inka se dirigía hacia el valle del Mapocho, por un lado, y, otro
ramal, se dirigía al sur, a las provincias levantiscas de los purumauka. En
el valle de Casablanca, se le conocía como “el Camino de los Polleros”, por
la puya que usaban los guerreros inkaicos que usaban este camino.

Mapa del área de Quillota hacia 1550,
mostrando el Qhápaq Ñan o Camino del Inka. El camino principal venía del
Norte, desde el valle de La Ligua alcanzando a Puchuncaví y de ahí a
Pucalán, para cruzar los cerros que separan las cuencas de Puchuncaví y
Aconcagua por el portezuelo de Chilicauquén y bajar por la quebrada del Ají
hasta Boco, desde donde alcanzaba al pueblo de Chillellox, origen de la
actual ciudad de Quillota, donde residía el kuraka o gobernador inkaico, y
donde había edificios administrativos, del culto y almacenes, así como
dependencias militares y otras relacionadas con la administración imperial
del Tawantinsuyu. Desde ahí, un ramal avanzaba valle arriba para entroncar
con el camino principal que venía por el interior, al pie de la cordillera,
desde el valle del Choapa, pasando por Alicahue, el valle del estero de Los
Ángeles y que, luego de traspuesto el valle de Aconcagua, avanzaba hacia
Colina, el valle del Mapocho y del Maipo, para cruzar luego la Angostura de
Paine y descender hacia el valle del Cachapoal y las provincias
meridionales. Subiendo por el valle del Aconcagua, el camino del Inka
cruzaba la Cordillera y descendía a las pampas de Quyu.
El valle del estero
Pelumpén, esto es, lo que ahora son Olmué y Limache, fueron importantes
debido a la producción agrícola sobre todo. El maíz, las papas, los
zapallos, los porotos, el ají, fueron la base de la economía local desde
tiempos inmemoriales, pero bajo la administración kitchwa los excesos de la
producción fueron usados tanto para el adelanto de la conquista, es decir,
para suministrar bastimentos a los ejércitos que luchaban en el sur contra
los purumauka y contra los mapuche por el control de la zona del Maule,
como para el sustento de las guarniciones militares estacionadas en los
varios pukará que jalonaban el territorio hasta el Maule. Asimismo, parte
de esos excedentes servían para la manutención de los viajeros que
utilizaban los caminos inkaicos, generalmente chaski, oficiales de la administración
o viajeros particulares (los que debían estar debidamente autorizados).
También se guardaba parte de los excedentes de la producción para
situaciones de contingencia. De todos modos, la administración inkaica se
preocupaba de tener siempre a cubierto las necesidades de todas las
personas como parte de su acción local.

El Qhápaq Ñan o Camino del Inka, en su
tramo entre Quillota y la cuesta de Ibacache. Descendiendo desde el
portezuelo de la Cuesta Vieja de Chilicauquén a través de la quebrada del
Ají, llegaba a Boco, desde donde cruzaba el río para dirigirse a Quillota,
seguramente en un punto inmediato a la Cancha de Santa Ana. El Camino del
Inka avanzaba hacia el sur-suroeste, valle abajo, y cruzaba el cordón de
San Pedro un poco más debajo de la localidad actual del mismo nombre, para
descender a Los Laureles, en el valle de Limache, desde donde se dirigía a
Queronque, para luego tomar hacia el sur por el cajón de Levo, desde donde
se asomaba al valle de Quilpué, para continuar por la parte alta del valle
hasta el portezuelo de El Recreo, desde donde descendía al valle del estero
Marga-Marga. Avanzando en derechura, cruzaba el río y tomaba la ribera
meridional del mismo para alcanzar al punto en que más tarde existió el
pueblo de San José de Marga-Marga, seguramente el sitio donde se levantaba
un tampu e instalaciones relacionados con la explotación aurífera del
sector. Desde aquí, el Camino subía por la quebrada inmediata y luego de
trasponer el portezuelo, descendía hacia las tierras de la posterior
hacienda de Lo Orozco, para dirigirse, casi en derechura, hasta el estero
de Casablanca, cerca de la localidad actual de Las Dichas, desde donde
empezaba a torcer al sureste, pasando por las nacientes de los esteros de
El Membrillo, Lo Orrego, Lagunillas y del Rosario, para trasponer
inmediatamente el portezuelo de Ibacache y comenzar a bajar hacia el valle
del río Maipo.
La Rebelión de los Lonko
Regresado Almagro al
Perú, la situación política de la zona se tornó muy grave. Michimalonko
logró hacerse con la dignidad de toki al momento que se decidió la rebelión
contra el dominio inkaico, anacrónico ya, según pudieron entender los
pikunche de las noticias que obtuvieron de los españoles y de los yanakona
que los acompañaban. El kuraka Quilicanta fue atacado y, a pesar del apoyo
del lonko del valle de La Ligua, habría sido derrotado por las fuerzas
pikunche, viéndose obligado a retirarse, con los restos de las tropas que
le permanecieron leales, a Colina, donde se encontraba otro de los
principales centros administrativos kitchwa.
La guerra que ocurrió
debió haber sumido a todos los valles no solamente en la guerra sino en un
enfrentamiento muchas veces fratricida y que debió haber mermado bastante
la población pikunche.
Aparentemente,
Tanjalonko y Michimalonko lograron unir sus fuerzas y conformar un poderío
capaz de vencer y expulsar de su territorio a las fuerzas de ocupación
qhichwa, a pesar de que estas contaban con el apoyo decidido y efectivo del
kuraka del valle de La Ligua, así como con el apoyo efectivo de la gente
del valle del Mapocho.
En lo que se refiere
al territorio de la provincia, la rebelión pikunche significó un cambio
drástico, porque se dejó de trabajar los lavaderos de oro de Marga-Marga y
longos locales de la confianza del lonko Tanjalonko asumieron el control de
los territorios abandonados por la administración inkaica.
Según parece, es en
estos momentos cuando son destruidas y desaparecen las instalaciones qhichwa
en los valles de Marga-Marga y de Acuyo (Casablanca) relacionadas con la
extracción de oro y la administración territorial. Las pukará inkaicas de
Limache, Marga-Marga y Acuyo fueron arrasadas luego de la derrota y
expulsión o exterminio de las guarniciones qhichwa establecidas. Lo mismo
ocurrió con los tampu, los que no solamente fueron abandonados, sino
destruidos.
Obviamente,
Michimalonko aprovechó al máximo los conocimientos bélicos que obtuvo de
Gonzalo Calvo de Barrientos, el primer español que arribó al valle de
Aconcagua, pero que se regresó al Perú con la expedición de Almagro que
regresó al Cuzco decepcionada por la pobreza del país.

Los pikunche
construyeron varias fortalezas en la Zona Central, sobre todo en la zona
comprendida entre la Cordillera de El Melón y la Angostura de Paine. En algunos
casos se trataba de reconstrucciones hechas sobre las ruinas de los
anteriores pukará inkaicos, y mayormente con muros formados por empalizadas
fuertemente unidas. En la mayor parte de los casos, los pikunche utilizaron
las estrategias militares aprendidas del español Calvo de Barrientos, que
fue huésped de la administración inkásica y que, según se sabe, enseñó y
entrenó a las fuerzas del lonko Michimalonko.
El Descubrimiento
Según las noticias de
que se dispone, una maña de invierno de 1536, Diego de Almagro, establecido
en las dependencias inkaicas de Quillota, se dirigió a la costa vecina,
arribando a una mansa ensenada donde se encontraba la nao San Pedro, bajo
el mando del piloto Alonso de Quintero, de quien el lugar tomó nombre.
Disponiendo las medidas del caso para que la nao prosiguiera rumbo al sur,
Almagro se dio a la tarea de explorar las tierras vecinas. Volviendo hacia
el interior, tomó el Camino del Inka, cruzando los fértiles campos del
valle de Limache, para subir enseguida en dirección sur-suroeste y cruzar
por la parte alta de lo que ahora es Peñablanca, para entrar luego al valle
del Marga-Marga, donde se lavaba el oro con tal perfección, que el cronista
llega a decir que el laboreo se realizaba “como si españoles entendieran en
ello.” Pero encontró el Adelantado que el oro que se extraía de dichos
placeres no alcanzaban a cubrir los gastos que implicaba. Subió la cuesta
en dirección al sur, siempre siguiendo el camino del Inka, cruzó el
portezuelo y descendió, cruzando los campos de la antigua hacienda de Lo
Orozco, para enseguida avistar el amplio valle de Acuyo.
Sin embargo, el
Adelantado no se detuvo aquí si no lo suficiente para descansar, y continuó
su viaje al sur, siguiendo el llamado Camino de los Polleros, para luego
trasponer la cuesta de Ibacache y descender hacia las tierras del valle del
Maipo, donde encontró mitimaes en próspera actividad en Talagante.
Continuando su exploración, se asomó a la Angostura de Paine y, tal vez,
haya recorrido algo de las turbulentas tierras del Cachapoal, para
enseguida regresar al valle de Chile, esto es, Quillota.

Diego de Almagro, el descubridor
oficial de Chile, aunque no fue el primer español en llegar a estas
tierras. Antes de él lo hicieron varias expediciones oficiales, como la de
Hernando de Magallanes y dos españoles por lo menos ya vivían en este
territorio. Antón Cerrada en territorios costeros de la actual provincia de
Choapa, y Gonzalo Calvo de Barrientos en el área de Quillota. Pero Almagro
fue el primero en venir a Chile con una expedición organizada ex professo
para descubrir y conquistar el país.
Y todo quedó en paz
en las tierras de los valles de Limache y de Marga-Marga.
Fue solamente a fines
de 1540, cuatro años después, que los pikunche de la región volvieron a ver
una hueste española avanzando por el Qhápaq Ñan. Esta vez era la expedición
de Pedro de Valdivia quien arribó desde Puchuncaví, pasando por las
serranías y el portezuelo de Chilicauquén, al pueblo de Quillota. Desde
aquí, los españoles continuaron al sur avanzando por la misma ruta que
anteriormente practicaría Almagro, pasando por Marga-Marga, donde nadie
parece encontrar nada extraordinario, y continuando hacia el valle de Acuyo
y el valle del Maipo, luego de salvar la cuesta de Ibacache.
La Conquista española
Aparentemente, las
huestes de Almagro no se llevaron una muy buena impresión de este
territorio y seguramente nunca estuvieron en el valle de Marga-Marga, ya
que de lo contrario habrían tenido alguna clase de interés en los lavaderos
de oro.
Almagro pudo haber
pasado cerca o por las inmediaciones de los lavaderos de oro de
Marga-Marga, pero no fue informado de su existencia, ni pudo obtener
información de los funcionarios inkaicos locales. Es posible que los
administradores locales del Tawantinsuyu pensaran que la rebelión planeada
en el Perú por la población qhikwa, particularmente por la clase dirigente
apoyada en la clase guerrera, tendría éxito y que los españoles, divididos,
serían fácil presa del ejército inkaico. Por lo tanto, y seguramente
sabedores de la suerte corrida por el tributo que Almagro se apropió en
Tupiza, habrían querido salvaguardar esa fuente de oro, la que, como es
bien sabido, era consideraba propiedad exclusiva del Sapa Inka, a quien se
la enviaban como algo consagrado a su persona. Recuérdese que el oro tenía
un valor muy diferente para los qhichwa y que no representaba riqueza
material, sino que tenía un sentido y valor religioso.
De acuerdo a los
cronistas, la primera vez que los españoles reconocen el territorio de la
provincia de Marga-Marga es cuando, tras una batalla librada en el valle de
Aconcagua, en territorios del toki Michimalonko, donde los españoles
resultan victoriosos, para librar su vida, el toki ofrece a Valdivia no
solamente una cantidad de oro que tiene en su poder, sino también los
lavaderos de Marga-Marga, situados hacia las cabeceras del estero del mismo
nombre.

Pedro de Valdivia es
considerado, con justeza, el Conquistador de Chile. A fines de 1540 llegó a
Quillota y desde allí siguió el Qhápaq Ñan hacia el suroeste, atravesando
el valle de Limache para descender hacia las tierras altas de Peñablanca y
seguir por el mismo camino hacia el sureste, atravesando el estero
Marga-Marga y subiendo hacia el portezuelo de Lo Orozco, para descender
enseguida hacia las tierras de Acuyo y alcanzar el portezuelo de Ibacache,
desde donde bajó hacia el valle del Maipo, donde finalmente se estableció y
fundó la ciudad de Santiago de la Nueva Extremadura, la que no pasaba de
ser una mera aldea pajiza similar a las de los pikunche y mitimaes de la
zona, que situó en un sitio ya ocupado por una aldea inkaica junto al
Camino del Inka.
Se despacharon hacia
tal lugar un piquete de soldados y de yanakona. Los exploradores arribaron
al lugar, seguramente siguiendo el Inka Ñan, donde encontraron evidencias
de la explotación aurífera y tuvieron algunos encuentros hostiles con los
pikunche comarcanos en varios puntos.
Vueltos al campamento
español, se convinieron los términos en que se realizaría la explotación de
tales lavaderos, con brazos proporcionados por los pikunche, los que serían
supervisados por un destacamento español compuesto por conocedores de la
explotación minera y soldados, asistidos por una buena cantidad de
yanakona.

Máxima extensión de la antigua Estancia
de Quillota, propiedad de Pedro de Valdivia. En general, esta Estancia
correspondía a los territorios de la jurisdicción de Tanjalonko. Esta
estancia produjo grandes cantidades de bastimentos y provisiones para la
mantención de la gente que trabajaba en los lavaderos de oro del estero
Marga-Marga, así como para contribuir al aprovisionamiento del ejército.
Cuando se descubrieron los ricos lavaderos de Quilacoya, en el sur,
Valdivia entregó esta enorme estancia (aunque bastante disminuida en la
realidad por otras mercedes y encomiendas concedidas por su propia
iniciativa y porque Valdivia nunca ejerció los derechos que se atribuyó en
las tierras del valle de Aconcagua propiamente tal, ni en el área de
Puchuncaví) al más tarde primer obispo de Chile, el
bachiller Rodrigo González Marmolejo. Le concedió "las sementeras y comidas, y los caballos, ovejas, arados y
herramientas de minas y fragua y las minas que tengo en el río Malga-Malga,
donde sacaba oro con mis cuadrillas". Estas minas y la estancia
de Acuyo se conocían también con el nombre de minas y estancia de Quillota.
(Biografía de Rodrigo González de Marmolejo en “Formación de la Sociedad
Chilena”, Tomás Thayer Ojeda, tomo II, páginas 89-103; Santiago, 1941.).
Las antiguas
dependencias inkásicas existentes en las vecindades de las faenas, en
Marga-Marga, fueron reocupadas y aparentemente reparadas para poder
usarlas.
A objeto de asegurar
la explotación del territorio y la sumisión de los pikunche, Valdivia
determinó asignarse los territorios antiguamente pertenecientes al lonko ,
con los cuales se formaría la Estancia de Quillota, que desde comienzos de
la Conquista de Chile fue propiedad de Pedro de Valdivia, y abarcaba la
mitad inferior del valle del Aconcagua, todo el valle de Pelumpén (Limache
y Olmué), el valle de Marga-Marga (Quilpué y Villa Alemana) y las tierras
de Acuyo (Casablanca), extendida desde la Cordillera de El Melón (desde las
puntillas de El Romeral y La Calavera aguas abajo), por el Norte, hasta la
Cuesta de Ibacache, por el Sur; y desde la llamada Cordillera de la Costa,
por el Oriente, hasta el mar.
Este vasto territorio
incluía los lavaderos de oro de Marga-Marga y las ricas tierras agrícolas
de Limache y Olmué.
A objeto de
comunicarse con el Perú, se determinó la construcción de una nave en un
astillero que se improvisó en la desembocadura del estero de Viña del Mar,
obviamente en las inmediaciones del sitio donde ahora se encuentra el
Casino de Viña del Mar, junto a la antigua laguna que formaba el estero en
su desembocadura, o en su inmediatez. Algunos han dicho que el astillero
habría estado ubicado en la desembocadura del río Aconcagua, lo que ha
merecido reparos de muchos de los especialistas.
La ambición de los
españoles fue una de las causas del éxito de la rebelión protagonizada por
los pikunche de la provincia en contra del dominio hispano, que ya les
causaba demasiados problemas y amenazaba definitivamente su forma de vida.
La rebelión comenzó
en los lavaderos de oro de Marga-Marga y en el astillero, siendo muertos
todos los españoles y la mayoría de los yanakona, salvándose solamente
Flores, abuelo de la tristemente famosa Quintrala, y un negro llamado
Valiente, solamente gracias a las herraduras de sus caballos, que les
pusieron a salvo y les llevaron con la desgraciada noticia a la aldea de
Santiago.
La Colonia
Durante la Colonia,
el territorio provincial perteneció al Partido (o, Corregimiento) de
Quillota, con capital en la misma villa. Originalmente, el territorio del
Partido era el mismo que el de la antigua Estancia de Quillota que fue
propiedad de Pedro de Valdivia.
Sin embargo, con el
tiempo, el territorio se fue ajustando a las realidades propias y
cotidianas.
Los primeros decenios de la Independencia
La suerte de la
provincia estuvo determinada, en los vaivenes del camino hacia la
Independencia nacional, absolutamente determinada por la actitud de los
dueños de la tierra, quienes, obviamente, eran realistas, y lo continuaron
siendo hasta bien corrido ya el siglo XIX. Y, después de realistas, la
mejor opción era la de ser conservadores, y ellos formaron el núcleo activo
y dominador del partido Conservador en los decenios siguientes y hasta la
actualidad, según corresponda. Los terratenientes, dueños de haciendas e
hijuelas, y quienes tenían su lealtad puesta en la monarquía española
debido a múltiples razones, fueron el núcleo de la resistencia a la
Independencia nacional, y enviaron a sus peones e inquilinos a la guerra en
contra de la República.
Después de la batalla
de Maipú, que sellaría la Independencia nacional en el campo de batalla,
restos del ejército realista se refugiaron en las áreas más inaccesibles de
la provincia, como en Colliguay, desde donde realizaban montoneras contra
los valles situados en las vecindades del territorio donde se encontraban
asentados.
Finalmente,
derrotados y diezmados, consiguieron el apoyo de hacendados locales para
retirarse hacia el norte, librándose una de las últimas acciones en
Catapilco, pero produciendo efectos sobre la población del valle inferior
del Aconcagua y de otras áreas de la provincia.

Mapa parcial de la
Provincia de Valparaíso, en el Atlas de la Historia Física y Política de la
República de Chile, Claudio Gay, París, 1854. La provincia de Valparaíso
aparece dividida en dos departamentos, Quillota y Casablanca. Marga Marga y
Coypue (Quilpué) aparecen dentro del territorio de Casablanca, en tanto que
Colliguay está dentro del territorio del Departamento de Santiago, y
Limache y Lliu Lliu aparecen dentro del territorio del Departamento de
Quillota.

Reproducción
parcial del mapa de Pissis. Muy parecido al anterior, Quilpué y Placilla
aparecen dentro de la jurisdicción del Departamento de Casablanca, en tanto
que Limache Olmué y Alvarado aparecen conformando un Departamento de
Limache, junto con Concón y Tabolango.

Mapa de a
principios del siglo XX, que muestra la máxima extensión alcanzada por el
antiguo Departamento de Limache, conformado por los antiguos municipios de
Limache, San Francisco de Limache, Olmué y Quilpué.
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