Costumbres
En
el interés de que se conozca el entorno étnico y cultural en que nacen, crecen
y se desarrollan los niños y niñas de la Costa Atlántica de Nicaragua, y con
el propósito de que se comprenda mejor
el sistema ancestral de las formas de vida
que por herencia se les va inculcando a la niñez y la adolescencia en cuanto a
la preservación de sus identidades y valores, propios de las culturas
existentes en las Regiones Autónomas, es que se presenta el tema relacionado
con las principales características culturales de las etnias, tomando en
consideración que éstas difieren
culturalmente de la población restante del país.
Por
lo tanto, para conocer bien los problemas y situación de los niños y las niñas,
es necesario interiorizar un poco en las vidas y tradiciones de sus comunidades,
a fin de comprender mejor las actitudes, hábitos e idiosincrasia de la niñez y
la adolescencia de las diferentes etnias de la Costa Atlántica.
Viviendas y aldeas.
Las
villas o aldeas se construyen por lo general junto al agua, ya sea el mar, las
lagunas o los ríos, que constituyen los principales medios de comunicación.
Para prevenir el peligro de las inundaciones estas villas o aldeas se
ubican a menudo en las riberas más altas de los ríos.
Las
viviendas se construyen de materiales perecederos que consisten en cuatro postes
de madera dura, sobre los que se apoya un techo muy encumbrado y bien revestido
de hojas de palma o zinc metálico, y tienen forma rectangular en su mayoría.
La mayoría de las viviendas y chozas están provistas de tabancos, cierta clase
de desván o de rudo ático, inmediatamente debajo del techo, formado por un
tinglado de cañas hendidas de bambú, dispuestas entre las vigas y levantado
unos 7 pies sobre el piso, se sube por medio de una escalera que consiste en un
tronco de árbol con muescas. En el tabanco se almacena comida, pero también se utiliza
como dormitorio.
También,
cuenta con un fogón que se prepara sobre el piso, de barro plano, ligeramente
levantado para evitar la humedad, lo constituyen tres rajas de leña colocadas
como formando una “Y” pero sin tocarse, en cuyo centro queda un espacio
libre para el fuego.
En los lugares donde las etnias han tenido contacto con los extranjeros se nota
una mejoría en sus casas, con la adición de paredes laterales y la presencia
de un piso de bambú o de tablas de madera.
Este último se levanta unos tres pies sobre el terreno.
Pueden encontrarse en ocasiones paredes de barro como una innovación
llevada por los mestizos y los garífunas.
En las viviendas o chozas más modernas existen una puerta y varias ventanas
enmarcadas por varillas de bambú u otro material parecido.
Las habitaciones indígenas están divididas por lo general en dos
aposentos de desigual tamaño; el más grande sirve de sala y cocina, mientras
que el pequeño se usa como dormitorio.
Los productos de la huerta se depositan generalmente en el suelo o se ponen en
el tabanco o encima de las mesas; pequeñas repisas se suspenden del envarillado
para mantener la comida cocinada, carnes o frutas, fuera del alcance de los
insectos rastreadores y trepadores que infestan las habitaciones.
Debajo
del techo se ven varios implementos, para pesca y cacería, ensartados entre el
tramado o embrocados sobre ganchos; otros
objetos que se observan en el envarillado son: bolsas con hollín de pino,
botellas con achiote o con aceite de cabello, y pequeñas calabazas con
perdigones para la caza.
Utensilios domésticos.
Producción
de fuego: las varillas de acero y
pedazos de pedernal, que fueron los primeros artefactos introducidos para
encender el fuego, han sido reemplazados por los cerillos o fósforos
manufacturados; para activar las llamas se atan juntas una docena de plumas
largas, generalmente de pavo o gallinas, formando un abanico.
Agarraderas:
se usan agarraderas de bambú o tenacillas ocasionales para extraer del
fuego el plátano asado, la yuca o cualquier comida sacada de las brasas; otras
agarraderas se fabrican de una pequeña especie de palmera o la caña danta.
Morteros:
grandes morteros de madera se utilizan para moler granos o frutas, con la
ayuda de un duro majador del mismo material.
El metate o piedra de moler para la molienda de maíz y de cacao y para
machacar frutas y bayas, suele encontrarse en casi todas las viviendas, y
consiste en una piedra de río natural, plana y con una mano de piedra redonda y
gastada por el agua.
Utensilios
de cocina: las vasijas de barro con
pequeñas patas se encuentran en cada vivienda, pero han sido reemplazados por
peroles de hierro o aluminio como objetos de cocina.
Para sacar los recipientes del fuego, las etnias utilizan varitas con
ganchos en las extremidades, que se insertan en las orejas o argollas de las
vasijas.
Grandes jícaras, con una pequeña perforación
con anchura suficiente para insertar un dedo, constituyen recipientes de agua
comunes, la tapa es un pedazo de "olote" (mazorca de maíz
desgranada); también, se utilizan
canutos de bambú para acarrear agua.
Las bebidas fermentadas se almacenan en vasijas de barro o toneles de madera.
Los guacales sirven de platos, tazas y vasos en los hogares indígenas y
étnicos; se fabrican del jícaro que se corta en dos mitades removiendo la
pulpa con sus semillas. Perforando
dichos guacales con pequeños agujeros se obtienen coladores.
Tazones sin agarraderos y cuencos de madera son
fabricados a mano utilizando la caoba y otros tipos de madera.
Otros utensilios que se usan son: cestos de raíces fibrosas cuelgan de
los techos conteniendo cucharas grandes de madera, batidores para cacao y
palitos de guabul (nombre de árbol tropical) que son fabricados con madera de
cedro, caoba, níspero y palo de rosa. Rayadores
metálicos se ven con frecuencia. Las
hojas ásperas de un arbusto y las de los bejucos se emplean para fregar
trastos, son conocidas como “raspa guacal”, “hoja-chigüe” o “yahal”.
Otros
implementos: el machete es el fiel
compañero de trabajo y de viaje, y el principal implemento en la casa, el jardín,
el huerto y el monte. Los indígenas
son muy diestros en el uso de las hachas en los cortes de madera; las mujeres aún
manejan muy bien el hacha, sobretodo, para conseguir la leña del hogar.
Las “azulas” son muy comunes y se les utiliza en la fabricación de
canoas y otros objetos de madera, se usan de la misma manera que la empleada por
los ensambladores y carpinteros; este implemento es posiblemente de la época
postcolombina.
En cada vivienda hay un azadón que lo usan en el campo, para
limpiar el terreno de hierbas y malezas que crecen frente a las habitaciones; el
azadón es de reciente introducción. El
cuchillo largo forma parte hoy de los utensilios caseros de los indígenas y demás
etnias de la Costa Atlántica.
El trapiche es un molino primitivo empleado por las etnias para exprimir el jugo
de la caña de azúcar usando rodos de madera y un torniquete manuable; el
trapiche es común en las regiones circundantes al Mar Caribe.
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