Carlos Yusti

Volver a crítica Literaria

 

Por: Pablo J. Fierro C.
pablofie@gmail.com

 

Dentro de la decencia literaria, la prosa más refrescante, más digerible, de quienes pueblan la escena valenciana –por no mencionar otros ámbitos donde se proyecta- la ofrece un personaje llamado Carlos Yusti.

Más allá de cualidades académicas -o rebuscamientos intelectuales- que tal vez no le falten pero que no soy el indicado para ponderar, este señor, quien por el bagaje de datos que suministra en sus ensayos y manuscritos en general revela la presencia de un gran lector, conoce la alquimia del encantamiento verbal, y la ejerce con aventajados niveles de eficiencia. En cierto momento, en el que a mi juicio se impulsó como comunicador a un estadio de mayor sintonía con el público y con la vida, decidió que las rigurosidades técnicas no son variables que revistan mayor compromiso y desde entonces sus entregas adolecen de una revisión obsesiva; por ejemplo en uno de sus recientes ensayos, sobre un tal Gergory Corso (1), puede leerse: "Ya al final de su vida se fue convirtiéndose en un sosegado señor con aspecto de profesor jubilado". (Subrayado nuestro). En general, la calidad de su esencia temática, la carnadura humana, así como la sobria filigrana (para decirlo en términos que usa con frecuencia) que despliega para abordarla trascienden en gran proporción los descuidos de sintaxis o sencillamente ortográficos que a veces obstaculizan el discurrir uniforme de la lectura. Lo que sin dudas viene determinado, no por escasez de criterio o conocimientos para solventarlo, sino por una condición filosófica que Yusti asoma en un escrito sobre Ionesco (2): "Hay en este planteamiento toda una gran metáfora de la libertad y la afirmación personal contra la desfiguración horrible que produce la mayoría. Ionesco era un existencialista informal con el humor de alto vuelo que buscaba decapitar la frase hecha, el refrán y sobre todo esa conciencia rectilínea del individuo convencional, que vive metido hasta el cuello en una sordidez de trivialidad absurda y sin salida". (Subrayado nuestro). Esto no deja, hay que decirlo, de entrar en contradicción con la sugerencia que en "El Sídrome Aristimuño" (3) Yusti hace a cierto tipo de escritores: "Les vendría bien leer las anotaciones de Gustave Flaubert en torno a los avatares que padeció para escribir algunos de sus libros. Para Flaubert colocar una coma, terminar una página, escribir una escena era un torturante suplicio".

Yusti (aunque el procesador de Word insista en cambiarlo a Yuste, palabra que ni siquiera está en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española) escribe con desparpajo, con un acentuado sabor a irreverencia, que lo ubica en un interesante contexto de inconformidad; situación que a mi entender contribuye a reforzar la conexión semiológica que logra con quienes enfrentan su escritura, ya que la moneda corriente es lo acartonado, lo lineal, en definitiva lo aburrido.

No conozco personalmente a Yusti, pero creyendo como Richard Bach que "los lectores ven detrás de las máscaras de los escritores" (Puente al infinito), me atrevo a decir que, con todo y sus tremendismos literarios, expone en sus páginas lo que yo diría es la mejor de sus características: una mirada crítica que apuesta por lo humano; un tenaz ejercicio didáctico para el intelecto y para el corazón; especialmente para el corazón, ese estimulante para la justa convivencia, esa ladilla en las bolas de la guerra.

 

 

Notas:
1, 2 y 3: http://www.ficcionbreve.org/ensayo.htm 

 

© Pablo Fierro

 

 

 

Pablo Fierro. Nace en Caripito, Edo. Monagas, Venezuela, el 24 de marzo de 1959. Pintor, diseñador gráfico y escritor. Autor del libro "Juanín escucha voces" así como de diversos artículos y relatos publicados en diferentes diarios y revistas impresas y digitales de Venezuela y Argentina (Diario El Carabobeño, El Espectador, Tiempo Universitario, Sol de Margarita, Letralia, Ficciónbreve, El Benemérito, Diarioweb -Santiago del Estero- etc.).

Atrás

Revista Literaria Remolinos