Placeres Culposos

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Placeres Culposos

Placeres Culposos
César Sánchez Torrealva
Editorial Zignos, 2006

 

Desde los años 90 (y mucho antes también), la narrativa en el Perú, ha tomado diversos matices que la han llevado a alcanzar una muy interesante calidad y también una total experimentación de otros temas, lenguajes y hasta la aplicación de casos de la vida cotidiana que podrían salirse definitivamente de la ficción narrada, para convertirse en un retrato de toda una sociedad decadente y en total putrefacción sistemática.

 

Placeres Culposos (editorial Zignos, 2006) del joven escritor César Sánchez Torrealva (Lima, 1981), nos presenta desde sus primeras páginas a una Lima, post fujimorita, una sociedad donde la "apariencia", es una máscara quemada en los rostros deformes que tratan de escapar de su destino. Su narrativa denota una fuerte introspección sin tapujos de toda una sicología que va más allá de un pensamiento posmoderno o cosmopolita. Su lenguaje se hunde en la cotidinidad, para luego profundizar en elementos más populares como la jerga, acercando al lector (cualquiera sea éste) a darse de lleno con un contexto qu, como ya lo dije, no es para nada extraño, pues, en eso radica todos los móviles. La frustración de lo no-obtenido, que poco a poco cada uno de los personajes inmersos en la droga, el sexo, infidelidad, la corrupción o el asesinato, asienten y toman como suyo, como algo "normal", una salida entre tanta frustración.

 

La historia gira en torno a lo que se podría denominar una novela policial, pero que al inmiscuirse más en la trama, se puede notar sin ninguna duda cómo los temas comunes en una novela policial, desaparecen casi por completo para dar inicio a una serie de hechos que nos muestran sin restricciones, los problemas de toda una sociedad escupida en corrupción. Toni Ruiz, un detective de quinta, a través del cual se teje la intriga; un matrimonio de edad madura, donde el amor ha quedado ahogado por el cliché, la inercia de ya no encontrar nada más que cuerpos flácidos y arrugados por la edad, un montón de nada; un gigoló arribista y una atractiva conductora de un programa infantil, la cual encarna esa hipócrita que muchos medios de comunicación nos quieren vender (es decir, una cara bonita, un trasero firme, palabras hermosas y cortas, un bailecito por aquí y por allá, pero nada más); y por último, un dueño de canal que se ve cercado por la corrupción, el fiel reflejo de lo que se vivió y quizá se sigue viviendo en el Perú de los años 90.

 

En la contratapa, Oswaldo Reynoso escribe: "No es simplemente el relato o la intriga de una novela de aventura policiaca, porque cuando el contenido de una novela negra es profundo se introduce en los problemas fundamentales del ser humano; ese tratar de descubrir el futuro y las diferentes relaciones que se presentan en la vida, y eso lo hace César, y lo hace con talento; y no es exageración, yo no tengo la costumbre de exagerar."

 

Este libro que es el segundo de la trilogía "Lima Ilegal" (Precedida por Días desiertos en el 2004) es pues una muy intrépida e interesante obra que nos demuestra  desde una visión descarnada y por momentos chocante (pero verosímil, créanme) los "ampays", los "vladivideos", la ciudad hecha un asco para comercializar carne, bailes porno, la prostitución, la corrupción desarraigada, los diarios chicha, canales comprados, la gente que camina sacándose el cerebro, para tirarlo al tacho de basura mientras se siente placer, un placer culposo, hasta darnos de lleno con un escritor que ha vivido la soledad de esta ciudad de una u otra manera, una realidad que sólo sirve para reírse o callar eternamente hasta explotar.

 

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Revista Literaria Remolinos