Roy Dávatoc
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1.- Huída

 

Después de lo efímero
sólo me queda el hueco infaltable en el costado,

-es decir, al lado derecho de mi cuerpo-

y un repentino bostezo
de aliento amargo,

-como el de mujer abandonada-

porque te llevaste el grito ahogado
de la sal de mi cuerpo

y un adiós que tiene traje de vacío.

 

 

 

 

 

 

2.- Anormalidad

 

Sospecho de tu rival

-hasta de mi sombra-

que deduce tus silencios,
que habla con tu cuerpo y tus piernas
y advierte el deseo;
y advierto también mi deseo

-y esta vez no es de sexo
sino de rabia por lo carnal-


de comerte a besos
y beberte en una copa

-a sorbitos y pausadamente-

y saber de tu olor y el mío,
y volver carne nuestros nombres
y temblar de miedo como locos
y volar en un instante
y alcanzar la gloria
y ser almas
y llegar al cielo
y agradecerle a Dios
y prenderle una vela
y empezar de nuevo.

 

 

 

 

 

 

3.- Acción y reacción

 

Si no fueran las doce y diez
y no hubiera tanta bulla en las calles,
estuviera llorando con tus recuerdos
y dando puñetazos a las sábanas
por el silencio que dejas en mi cama;
pero debo despertar
y meterme a la ducha
sin masturbarme,
sin añorar la noche de tragos
ni recordar los gemidos de mi corbata,
sin extrañar siquiera tu olor a cloroformo
y alistar mis cuadernos
para irme a estudiar.

 

 

 

 

 

4.-Interés

 

Me conviene olvidarte un poco
porque en las noches te reclamo,
sólo en las noches,
porque las mañanas las desprecio;

-y las detesto también-


y en vez de amarte
nacen mis quejas
y mi angustiosa risa.

 

 

 

 

 

 

5.- Inverosímil

 

Lo romántico y lo patético
es que te amo cuando nos embriagamos,
amo la lujuria que desatas antes de amanecer,
amo el vacío que llenas en mi cama,
el silencio que rompes de mi alcoba
y la voz que le das a mi almohada.

Amo

-y sin mentirte-

las frases huecas de despedidas
que ahora extraño y no supe amar….

 

© Roy Dávatoc

 

 

Roy Dávatoc. Resido en Lima pero no recuerdan cuando nací exactamente –ni mes ni fecha- y dicen que fue en el año 1981 entre los meses Abril-Mayo- cerca de un convento en un lejano pueblito de Perú, en el norte -Jaén-Cajamarca-. Siempre me gustó jugar con las palabras y me animo a escribir –volcadamente- hace unos meses. Apenas he concursado una vez y no he ganado. Participo en foros virtuales y trabajo actualmente un poemario llamado "El hígado y el lápiz de Prometeo" con la colaboración de un poeta mexicano, Juan Carlos Mejía Córdoba.

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