Al
abrir los ojos, Amano pudo ver a Hitomi de pie junto a un árbol,
evidentemente concentrada escudriñando los alrededores. En el
suelo, sentadas junto a él, estaban Yukari y Nozomi, cogidas de
la mano; la segunda había dejado de llorar, y en su lugar sus
ojos revelaban la turbación y el asombro que la embargaban.
"Nozomi, Yukari chan, ¿estáis bien?" preguntó Amano,
acercándose a las muchachas. Nozomi se limitó a asentir con la
cabeza. Yukari fue más expresiva.
"Amano, ¿qué fue eso? ¿No recuerdas haberlo visto antes?
Ese pilar de luz " Yukari alzó la mirada al cielo por
vez primera, y no pudo contener un gemido de sorpresa.
"¿Dónde estamos?" preguntó, señalando el cielo
nocturno con el dedo. Amano siguió el recorrido del dedo de
Yukari para tropezar con lo que ésta estaba señalando: un
planeta azul, envuelto en brumas blanquecinas, y junto a él un
astro más pequeño y níveo, que brillaba con una luz muy
familiar. "Eso es "
" es la Tierra" murmuró Amano, asombrado. Miró a
su alrededor, sintiéndose perdido. "¿Hitomi?"
"Amano, Yukari, Nozomi, no os preocupéis. Estamos en
Gaea" anunció Hitomi, volviéndose hacia ellos con una
sonrisa. Yukari la miró de arriba abajo, sin poder entender por
qué su amiga estaba tan tranquila en una situación como
aquella. Pero de pronto se dio cuenta de lo que acababa de decir
Hitomi: estaban en Gaea.
"¿El lugar al que viajaste, Hitomi? ¿Es aquí donde
vive?" preguntó Yukari atropelladamente.
"Sí." se limitó a decir la chica sonriendo al pensar
en Van. <Estoy de nuevo aquí, y esta vez será una visita
pacífica. Ya tengo ganas de ver a Van seguro que ha
cambiado mucho durante estos años y Merle, y Allen, y
Millerna > pensó Hitomi, emocionada. Podría volver a
ver a sus amigos, podría estar con Van De pronto la sarta
de preguntas provenientes de sus tres compañeros la sacaron de
sus sueños.
"Hitomi, ¿cómo hemos llegado aquí?" interrogaba
Yukari, sin salir aún de su sorpresa.
"¿Y cómo podemos volver?" inquiría Amano,
frotándose las manos a causa del frío de la noche.
"Lo más importante es el porqué de este viaje"
intervino Nozomi con calma, "¿tú habías estado aquí
antes, Kanzaki?"
Hitomi observó a Nozomi de hito en hito: la joven estaba
arreglándose un poco los pliegues de la falda del uniforme, para
luego sacudir el polvo del libro que aún sostenía entre sus
manos y guardarlo en una pequeña bolsa de mano. De repente la
chica se retorció de dolor, gimiendo y arrodillándose en el
suelo.
"¡Nozomi!" gritó Yukari, corriendo en su ayuda.
Hitomi y Amano se acercaron también, preocupados. Entonces
Hitomi entrevió lo que estaba causando el dolor de Nozomi: la
chica sostenía con la diestra su mano izquierda, en el anular de
la cual brillaba el extraño anillo de la muchacha.
"¡Me me quemo!" murmuró Nozomi entre gemidos de
dolor, "Sácamelo del dedo, ¡sácamelo!"
Hitomi se apresuró a hacer lo que la joven le decía. Pero al
tocar a Nozomi y el anillo, la chica se sintió mareada. Por
suerte el súbito zarandeo de Amano impidió que llegase a
desmayarse; todo había sido muy rápido. Rápidamente le sacó
el anillo a la chica, que salió de su dedo sin complicaciones, y
lo guardó en la bolsa de mano de Nozomi. "¿Te encuentras
bien?" preguntó Hitomi, turbada por el incidente.
"S-sí, gracias" murmuró la chica mientras se
incorporaba y asía bruscamente su bolsa de manos de Hitomi.
Aunque a ésta no le sentó muy bien la rudeza de su compañera,
decidió dejar el tema y centrarse en lo esencial: averiguar
dónde estaban.
Se encontraban en un claro, en el linde de un bosque frondoso; la
noche era clara, y la Luna de las Ilusiones brillaba con una
fuerza casi cegadora. Por un momento Hitomi se sintió
transportada a la primera vez que llegó a Gaea con Van, dos
años antes. Había aterrizado cerca de Fanelia, pero por lo que
ella recordaba, era evidente que el lugar en el que se
encontraban no era el reino de Van.
"¡Mirad, es el mar!" exclamó Yukari, a unos diez
metros de Hitomi.
"¿El mar?" preguntó ella, curiosa, mientras corría
al lado de su compañera. En efecto; se encontraban en un
acantilado, al pie del mar. El reflejo del cielo estrellado
fulguraba entre las olas, al vaivén de la brisa nocturna.
"En Gaea los inviernos también son duros "
comentó Hitomi, más para sí misma que para los demás,
frotándose las manos. Después de permanecer unos instantes en
silencio, la chica razonó en voz alta. "Si estamos en la
costa, el único país que conozco en Gaea que colinda con el mar
es Astria" declaró, mirando los acantilados a lo
lejos, intentando captar alguna luz que pudiese guiarlos.
Finalmente localizó un grupo de puntos brillantes cerca de la
costa, demasiado bajos y apretados para ser estrellas. Al verlos,
Hitomi tuvo esa conocida y extraña sensación; <Es por
ahí>
"Creo que debemos ir en esa dirección. Quizás esos puntos
de luz sean Palas Palas es la capital de Astria"
explicó a sus compañeros, que la observaban sin decir palabra,
demasiado impresionados para tomar la iniciativa. "¿Os
parece bien que empecemos a caminar?" propuso Hitomi,
mientras se ponía la chaqueta del chándal que usaba para
entrenar, tiritando de frío.
Ya que no hubo objeciones, los cuatro empezaron a bordear la
costa, teniendo cuidado de no pisar una roca en falso y dar un
salto a la eternidad.
<Esta es la aventura que esperaba> pensó Yukari, asiendo
la mano de Susumu con fuerza. Éste la miró, con una sonrisa
reconfortante. <Estoy junto a ti. No debes preocuparte>
parecía decirle a través de su mirada.
Mientras
andaban en silencio, Hitomi empezó a hacerse preguntas.
Comprendía perfectamente porqué había sido transportada a Gaea
la primera vez que viajó a aquella dimensión paralela, pero no
podía encontrar el motivo de ese segundo viaje.
<Quizás fuesen mis deseos de volver a verle. Últimamente
estaba un poco decaída, el invierno siempre me hace recordar>
sopesó con aire crítico. <Pero, ¿por qué hemos aterrizado
en este lugar? ¿Y por qué han venido Yukari chan, Amano, y
Nozomi?>
Todas ellas eran preguntas a las que la chica no conseguía
encontrarles una buena respuesta.
<Quizás Van ¡pues claro! ¡Van!> como si fuese la
salvación de todos sus problemas, Hitomi intentó establecer
contacto con el rey de Fanelia. Sin embargo, sólo pudo obtener
las sensaciones de Van. No era una cosa desconocida: cuando
pillaba a Van echando una siesta, éste le transmitía sus
emociones, y aunque Hitomi podía despertarlo, prefería dejarlo
descansar.
En esta ocasión necesitaba hablar urgentemente con él, no
podía esperar.
<¿Van? Despierta, por favor. Soy Hitomi. ¡Van! ¡Van!>
empezó la muchacha, tratando de sacar al joven de sus sueños.
Pero no respondía. Parecía estar en un letargo muy profundo.
<Si conseguí salvarlo de la muerte, ¿cómo es posible que no
pueda despertarlo ahora de una siesta?>razonó Hitomi,
extrañada. Intentó encontrar indicios que indicasen peligro
para Van, pero el caudal de sensaciones seguía fluyendo
ininterrumpidamente.
"¿Qué te ocurre?" preguntó Nozomi, situándose al
lado de Hitomi. "Pareces alterada. Sabes adónde vamos,
¿verdad?"
La chica se volvió a centrar en la realidad. Se giró para
encararse con Nozomi, que caminaba a su lado como si diese un
paseo por el campo. "Nozomi, ¿no estás asustada?"
tanteó la chica con precaución.
"No. Estoy feliz."
Hitomi la miró de hito en hito, sorprendida. "¿Feliz?
¿Sin saber dónde estás, ni cómo volver a la Tierra?"
Nozomi suspiró, mirándose las manos. "Mi vida en la Tierra
tiene poco valor."
Un silencio pesado cayó entre las dos estudiantes. Hitomi,
deseosa de romper el hielo, balbuceó un par de preguntas.
"Etoo Nozomi, ¿a qué instituto ibas antes de venir
al nuestro?" inquirió, sintiéndose un poco violenta.
"No vivía en Japón. Me mudé hace un año." Replicó,
un poco tajante.
"Debió ser difícil dejar todo lo que tenías para venir a
nuestro país. ¿Dónde vivías antes?"
"En Italia." Las respuestas de Nozomi eran tan secas
que no invitaban a seguir preguntando, pero Hitomi no se
amilanó.
"Ah, ¿sí? Yo nunca he salido de Japón bueno, sin
contar Gaea, claro" rió Hitomi. "¿Tu padre era
italiano?"
"No, pero mi padre era hijo de un inmigrante japonés y de
una italiana."
Sin perder de vista el risco del acantilado, se habían acercado
un poco al linde del bosque, dado que allí el frío no era tan
hiriente. Al no tener luz alguna, su visión se limitaba al
fulgor de la Luna de las Ilusiones y la Luna. A veces entre las
ramas parpadeaba una luciérnaga con su luz verdosa, que tornaba
las hojas en esmeraldas por unos breves instantes.
En aquel momento Nozomi se paró en seco. Yukari y Amano, que
iban unos metros por detrás de Hitomi y la otra chica, las
alcanzaron rápidamente.
"¿No oís eso?" preguntó Nozomi en voz baja, casi un
susurro. "Es un carro. Y viene hacia aquí."
Hitomi se paró a escuchar un momento. Pronto percibió, más que
escuchó, un carro destartalado, a unos trescientos metros de
donde se encontraban en aquellos momentos. Yukari las miró con
extrañeza.
"Hitomi, ¿lo oyes?" preguntó Amano quedamente.
"Sí. Dentro de poco estará aquí." dijo la chica con
tranquilidad.
"Escondámonos" sugirió Yukari. "Yo no me fío
nada de alguien que circula en un carro por un bosque perdido
después de que haya anochecido"
"No hará falta. No hay peligro" intervino Hitomi con
seguridad. No había sentido ninguna sensación de peligro en el
vehículo que se acercaba.
Y se quedaron en medio de los arbustos, esperando la aparición
del misterioso carromato. Éste no tardó mucho en aparecer.
Se trataba de un par de maderos con dos ruedas, tirado por un
animal macizo, parecido a un buey con franjas doradas y dos
cuernos diminutos, que semejaban de plata a la luz de las Lunas.
La pequeña carreta contenía una variada colección de objetos:
desde grandes jarras de barro cocido hasta cestas de paja
trenzada, pasando por frutos y alguna prenda de vestir algo
extravagante para el gusto de los cuatro amigos.
Sentada a horcajadas en el lomo del extraño animal se encontraba
una chica, que Hitomi calculó tendría unos 17 o 18 años como
máximo, como ellas. Su aspecto le era familiar en algunos
sentidos; la joven llevaba una blusa vieja de mangas anchas, y
una falda abierta por ambos lados. Calzaba botas, que le llegaban
un poco más abajo de la rodilla, de una piel muy desgastada,
tanto, que en algunos lugares había llegado a agujerearse. En su
muñeca izquierda lucía un brazalete, que adquiría destellos
plateados al ser tocado por la luz lunar.
Llevaba el pelo corto, más o menos como ella lo había llevado
cuando había conocido a Van, suelto en mechones rebeldes. Tenía
las orejas puntiagudas, y los ojos cerrados. Se podía ver
perfectamente que el cansancio había podido con ella, y que se
había quedado dormida involuntariamente. Sin embargo, lo que le
llamó la atención a Hitomi fue su piel: presentaba un hermoso
rayado negro. <Debe ser de la misma raza que Merle, Naria y
Eriya> pensó la chica.
"¡Es una chica tigre!" exclamó Yukari, alborozada.
En ese momento la joven despertó precipitadamente.
"¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?" gritó, nerviosa.
Rápidamente se llevó la mano a la bota izquierda, para extraer
de ella un puñal de acero.
"¡No, tranquilízate! ¡No queremos hacerte nada!"
intervino Hitomi rápidamente.
"Nos hemos perdido, y intentábamos llegar a a la
capital, ¿no es así, Hitomi?" añadió Nozomi, poniéndose
al lado de la otra chica.
Yukari se acercó a ellas con Amano. "¿Entendéis lo que
está diciendo?" preguntó Amano, extrañado y sorprendido.
Las dos chicas los miraron, desconcertadas. "¿Vosotros
no?"
La pareja negó con la cabeza. "Cuando vino aquel guerrero
tampoco pudimos entender lo que decía, y sin embargo tú sí
podías comunicarte con él" dijo Amano. "Después
olvidé el suceso, pero lo que ha dicho la chica se parece mucho
a las palabras de aquel muchacho, según creo recordar"
Mientras los cuatro discutían acerca del misterio, la joven
conductora empezó a ponerse nerviosa. "¿Quiénes
sois?" repitió, vacilante. Hitomi se volvió hacia ella con
una sonrisa.
"Soy Kanzaki Hitomi. Estos son mis amigos, Amano Susumu,
Uchida Yukari y Tenshô Nozomi. ¿Y tú, quién eres?"
La chica apretó el puñal, sin acabar de decidir cómo actuar.
Se removió encima del extraño buey, incómoda.
"Me llamo Jaira" declaró en actitud algo desafiante.
"Sentimos haberte asustado, Jaira. Nos hemos perdido por
este bosque, ¿podrías decirme dónde estamos?" preguntó
Hitomi amablemente.
La joven pareció relajarse un poco ante la actitud de las cuatro
personas ante ella. Al principio había pensado que serían
bandidos que querían saquearle el cargamento, pero por lo visto
no iban armados, y no iban vestidos como forajidos. <Ahora que
caigo, ¡qué cosas más extrañas llevan puestas! ¿De dónde
serán?>
"Estamos en Astria, en el Bosque de las Leyendas. Palas
está en aquella dirección. ¿Es allí a dónde os
dirigís?" preguntó con curiosidad, guardando su arma en la
bota.
Hitomi suspiró, aliviada. Se volvió a Yukari y Amano, que
solicitaban traducción de lo que estaba pasando.
"Dice que estamos en Astria, y que íbamos en la dirección
correcta, ¿no?" tradujo Nozomi, pidiendo la confirmación
de Hitomi con la mirada. Ésta asintió, aliviada. Al menos ahora
no estaban perdidos, no del todo. Se volvió de nuevo para mirar
a la joven, aún sobre el buey.
"Señorita Jaira, querríamos pedirle un favor: ¿podría
llevarnos a Palas, por favor?" solicitó Hitomi con voz
cansada. "Estamos cansados de andar, y al llegar a Palas
estoy segura de que podría conseguir pagarle el servicio"
dijo, pensando en pedirle prestado un poco de dinero a Allen al
llegar a la capital.
"No me llames señorita" rectificó Jaira con voz
triste. "Pero sí, si podéis pagarme quizás os lleve. Pero
tendréis que tener cuidado con la mercancía: no puede romperse
ni una brizna de paja."
"Muchísimas gracias" dijo Nozomi, mientras informaba a
Yukari y a Amano de lo que pasaba. Éstos se inclinaron ante
Jaira, intentando manifestar su agradecimiento, aunque un poco
inseguros.
"De acuerdo, subid a la carreta. Pero alguien tendrá que ir
en el pescante para vigilar que los arreos de Nur no se
desenganchen."
Nozomi se ofreció a vigilarlos, mientras los otros tres se
acomodaban entre los cachivaches del carromato.
"No será un viaje en el Shinkansen, pero será mejor que
andar toda la noche" dijo Yukari con voz cansada. Amano le
pasó un brazo por la espalda, y la chica se arrebujó contra
él. Al verlos, Hitomi sintió unos leves celos; alzó la vista
al cielo, preguntándose qué pasaba, porqué no podía despertar
a Van de su sueño.
Dos
horas después del encuentro con Jaira, los ocupantes del carro
se encontraban exhaustos. Yukari había caído dormida entre los
brazos de Amano, u éste también cabeceaba. Hitomi sentía cómo
los párpados se le cerraban. En cambio Nozomi no daba señales
de cansancio: estaba conversando con Jaira, que parecía muy
animada. Desde atrás Hitomi podía oír fragmentos de la
conversación, aunque el cansancio la estaba venciendo y ya no
prestaba atención al coloquio.
"Así que esclava?" dijo Nozomi, mirando a Jaira
con simpatía. Ésta suspiró.
"Sí. Mis padres me vendieron cuando era muy pequeña a Sir
Zakro. Desde que tengo uso de razón estoy a su servicio.
Creo creo que mis padres no tenían dinero alguno, y
pensando que me iba a morir de hambre, me vendieron a Zakro. Al
menos esos es lo que él me contó" dijo Jaira, pensativa.
"Aunque me gustaría saber si es verdad lo que dice"
En aquel momento Nozomi pareció tomar una determinación.
"Jaira, si quieres yo puedo decirte si es cierto o no. Pero
tendrás que llevarme ante él, ¿de acuerdo?"
Jaira se quedó mirando a la chica con los ojos como platos.
"¿Puedes saberlo? ¿Cómo?"
Nozomi tragó saliva, como si le costase continuar.
"Bueno no lo sabe casi nadie pero a veces puedo
leer el pensamiento de la gente."
La chica tigre la observó con interés, como invitándola a
proseguir.
"Solo me ocurre cuando estoy muy triste, o muy excitada, o
bien cuando me concentro muy intensamente" prosiguió
Nozomi.
"¡Vaya, es fantástico!" dijo Jaira, dándole
palmaditas en la espalda. "¡Qué suerte!"
Nozomi la miró tristemente, y negó con la cabeza. "No. Te
equivocas [ya sé q esa es la frase de Hitomi, pero la tentación
era demasiado grande ^^]. No es más que una fuente de
infelicidad"
Jaira la miró, sin saber qué decir o cómo reaccionar. Nozomi
prosiguió.
"Es mucho mejor no saber qué piensa la gente. Así no te
enteras de lo hipócrita que es. A veces sus pensamientos
duelen ¡A veces me inundan tantas voces que creo que me
voy a volver loca!" gimió, agarrándose la cabeza entre las
manos. Después miró a Jaira con tristeza. "No, no es un
don. Es una maldición, y no sé por qué pesa sobre mí. ¡No es
justo!"
En aquel momento el buey de Jaira, Nur, se detuvo bruscamente.
Extrañada, la joven chica tigre bajó de su montura para
comprobar la causa de su súbita parada. Era un agujero en el
suelo, precisamente por donde tenía que pasar la rueda.
"¿Qué ocurre?" preguntó Hitomi, que se había
despertado con el zarandeo del carro.
"Un agujero en el suelo. No podemos pasar" dijo Jaira,
suspirando con resignación.
Hitomi, desperezándose, miró al lugar que señalaba Jaira con
la mano, exasperada. Un gran agujero, practicado en la zona
derecha del camino, impedía el paso de su vehículo.
"¿Quién habrá hecho este hoyo?" preguntó Nozomi con
extrañeza. Entonces vio un resplandor entre los matorrales.
Bajando rápidamente del pescante, extrajo de entre la maleza una
pala de metal vieja y cubierta de polvo.
"Mirad" les dijo a las demás, alzando la herramienta
para que la pudiesen ver bien. "Alguien ha hecho este
agujero con esta pala"
Hitomi empezó a reír súbitamente. Los otros se la quedaron
mirando, sin comprender qué pasaba.
"¡Pues claro! Es el hombre topo!" explicó Hitomi, al
entender por fin de qué iba la cosa. "Seguramente se
equivocó de dirección al cavar, y llegó aquí. Si buscamos un
poco tal vez lo encontremos"
Jaira se removió, inquieta. "Pero, Hitomi, ese hombre topo
es un criminal" añadió, turbada y nerviosa ante el posible
peligro de perder su mercancía. Si no conseguía beneficios por
ella en Palas, su amo se enfadaría muchísimo con ella.
"No hay problema, lo conozco. Nos ayudó una vez a Van y a
mí a llegar hasta Escaflowne, en la fortaleza de Allen"
explicó Hitomi. Nozomi se la quedó mirando, perdida entre tanto
nombre desconocido. "Sin embargo, creo que si está por
aquí, será él el que nos encuentre; tiene un especial olfato
para encontrar cosas de valor" dijo Hitomi, recordando la
primera vez que se encontró con él en el bosque, dos años
atrás.
En efecto, unos diez minutos después de haber hecho un pequeño
fuego de campamento, el hombre topo hizo su aparición. Al ver a
Hitomi, sonrió de oreja a oreja.
"Ya has vuelto, niña terrícola" le dijo, mientras
cogía una fruta de las manos de Hitomi. Ésta intentó
protestar, pero estaba contenta de ver a alguien que la conocía,
así que no se quejó.
Jaira seguía mostrándose recelosa, pero como Hitomi y Nozomi
parecían muy tranquilas, se limitó a no decir nada y a engullir
un par de gusanos que había asado.
Amano
miró el palillo repleto de larvas ensartadas y cocidas con algo
de asco. Pudo comprobar que a Yukari le pasaba lo mismo, ya que
no se decidía a dar el primer bocado a pesar del hambre que
tenía.
Dejando la comida a un lado sobre una hoja de árbol bastante
grande, que estaban usando como plato, observó a las cuatro
personas que discutían y hablaban fluidamente ante él. Hitomi y
Nozomi hablaban en japonés, pero los otros dos se expresaban en
un idioma que no se parecía a ninguno de los que Amano
conociera. Y, sin embargo, las dos partes parecían entenderse
perfectamente. Suspiró, sintiéndose desplazado. No podía
intervenir en ninguna conversación con los habitantes de aquel
lugar, y ello lo ponía incómodo. Supuso que Yukari también lo
estaría, aunque procuraba no manifestarlo.
Elevando los ojos al cielo, pensó en la Tierra. Perdidos en
aquella dimensión paralela de la que solía hablar Hitomi, a
cada instante que pasaba ansiaba volver. Por suerte Yukari estaba
con él. La chica lo miró, sonriendo. Masticaba con algo de
repugnancia uno de los gusanos.
"Bueno, no están tan malos" comentó. "Come
alguno, Amano, si no vas a morirte de hambre"
Él declinó la oferta amablemente, diciendo que Hitomi no había
dicho que en Gaea sobreviviese a base de gusanos, así que
esperaba que al llegar a Palas pudiesen comer algo mejor.
"Oye, Yukari chan, ¿por qué estamos aquí?" preguntó
Amano, dejando vagar su mirada por el pequeño campamento
improvisado. "¿Por qué no podemos entender lo que están
diciendo?"
Ella suspiró, encogiéndose de hombros. "No sé por qué
nos hallamos aquí, Amano, pero doy gracias de que estés
conmigo." Yukari hizo una pequeña pausa. " Hitomi chan
podía entender a aquel guerrero la primera vez que lo vio y
nosotros no. Siempre sentí que ella era especial, así que
supongo que por eso puede entenderlos. Nosotros solo somos
personas normales, Amano" declaró, reflexiva. "Pero se
la ve muy contenta y animada, ¿no te parece? Quizás haya echado
de menos esto. Al fin y al cabo, dijo que tenía muy buenos
amigos, ¿verdad?"
Súbitamente el fuego se extinguió. Jaira gruñó, sacando el
arma de su bota: no hacía ni una pizca de aire.
Un silencio pesado cayó sobre ellos; en esos momentos un viento
huracanado empezó a soplar con fuerza, levantando hojas secas y
arrancando alguna ramita de los árboles circundantes.
Hitomi lo sintió; peligro, una amenaza latente para ella. Sin
acabar de pensar en lo que hacía, cogió la mano de Yukari y
corrió hacia donde su instinto le decía que estaba el agujero
del hombre topo. Por supuesto el susodicho también se encontraba
allí, guarecido de cualquier eventualidad que pudiese
presentarse.
"¡Amano!" gritó Yukari, asustada. Podía sentir una
fuerza que le oprimía el pecho, desconocida pero muy intensa.
Se escucharon gritos y gemidos. Hitomi sintió como un profundo
poder mental la invadía; pero también pudo sentir a Nozomi.
La chica estaba muy asustada, acurrucada junto al buey y Jaira.
Ésta blandía el puñal hábilmente, intentando averiguar
quienes eran sus atacantes. De pronto Nozomi gritó, llevándose
las manos a la cabeza y cobijando ésta en el espeso pelaje del
animal. "Son son ángeles" susurró, casi entre
lágrimas. "Parad esto ¡parad esto!" gimió.
"La cabeza me va a estallar "
Se escucharon palabras en el viento. No eran exactamente
palabras, quizás eran pensamientos, pero el caso era que Hitomi
podía oírlos claramente.
<Esa debe ser la chica. Cojámosla y marchémonos, deprisa>
<Bien>
Jaira se sintió proyectada con violencia al suelo. Se golpeó la
cabeza contra un pedrusco, aunque no perdió el conocimiento por
completo. Entre las ráfagas de aire pudo ver a dos figuras
oscuras que se alzaban como efigies perfectas de niebla, sombras
oscuras aladas que sostenían entre sus brazos a una figura
desmayada, que parecía pequeña comparada con aquellos seres.
A los pocos segundos habían desaparecido, y con ellos el viento.
El fuego de la hoguera se volvió a encender solo, prendiendo en
las ramitas secas con un crepitar agradable. Sin embargo, todo el
cargamento de Jaira estaba esparcido por el suelo, roto y
maltrecho. La chica tigre se arrodilló, con los ojos anegados en
lágrimas. " Todo este trabajo ¡para
nada!"
Yukari salió rápidamente de sus escondite, buscando
desesperadamente a Amano. Éste estaba de pie, mirando las llamas
de la fogata.
"¿Estás bien?" barbotó la chica con preocupación.
Amano asintió quedamente, sin acabar de librarse de la
sensación de que todo aquello había sido un sueño.
"¿Qué fue eso?" preguntó el chico, sin salir de su
asombro.
Jaira se encogió de hombros, indicando que era la primera vez
que le pasaba algo así en Gaea.
Sin embargo Hitomi se sintió presa de un mal presentimiento.
"Nozomi " murmuró. "¡Nozomi!" gritó
mientras salía del agujero.
Pero la chica no estaba. Se la habían llevado.
Van
se revolvió en sueños. Desde que había hablado con Hitomi ya
hacía tres noches, cada vez que cerraba los ojos le invadían
sueños extraños, que lo turbaban hasta límites insospechados.
Aquella vez estaba en el Escaflowne. Estaba de nuevo frente a
frente con el Oreades, en el santuario de Fanelia. Al
desencadenarse la batalla, Van casi creyó estar de nuevo en la
Gran Guerra. Pero esa vez no había ningún Scherezade para
ayudar a su contrincante. Mientras combatían se sucedieron e
día y la noche, llovió y lució el sol. Súbitamente el Oreades
desapareció. Van podía sentirlo cerca, pero no llegaba a
adivinar dónde estaba exactamente. Un instante antes de
averiguar, gracias al método de Hitomi, la posición exacta del
guymelef, pudo sentir cómo el arma de su oponente se dirigía
hacia su pierna. Lo esquivó rápidamente, pero no pudo librarse
de un pequeño corte cerca del tobillo. Esto pareció enfurecer a
Escaflowne. De pronto Van se sintió arrastrado a un combate
frenético, en el que él ya no era el que dirigía a Escaflowne,
sino éste el que decidía la batalla.
Asistió con horror a su pérdida de control sobre el guymelef,
comprobando que no podía dominarlo. El Oreades yacía en el
suelo, con el brazo cercenado y la capa de la invisibilidad
inoperante. El Dios protector de Fanelia alzó la espada,
resuelto a acabar con aquello. Van intentaba detenerlo con
desesperación. <¡Escaflowne!>
Repentinamente los pensamientos de Hitomi se deslizaron en su
mente.<Confía en ti, Van. Puedes hacerlo. Yo te ayudaré>
<Que confíe en mi> pensó el joven, recordando haber
escuchado aquella frase no hacía mucho. Sin embargo, el hecho de
que Hitomi lo estuviese apoyando parecía darle fuerzas.
Centrándose en el Escaflowne, Van rememoró la vez en que Hitomi
y él habían conseguido dominar al melef, en la fortaleza de
Zaibacher. Sintió como los engranajes del dragón se disponían
a asestar el golpe. No podía detenerlo. El arma se abalanzó
sobre el Oreades, inexorable. Van hizo un esfuerzo sobrehumano
para detener en el último momento el brazo ejecutor. Después
sólo quedó el silencio. Van abrió los ojos, jadeando a causa
del agotamiento, temeroso de encontrarse con su fracaso. Pero
allí estaba el Oreades, intacto, a unos pocos centímetros de la
espada de Escaflowne. Van salió de la cabina del piloto
velozmente, y se dirigió al melef caído. Al abrir la cabina
para averiguar contra quién había estado luchando, se
despertó.
La luz del sol estaba empezando a invadir la estancia, poco a
poco. Desde su balcón se apreciaban las formas verdes y
frondosas de las copas de los árboles del jardín. Junto a su
cama había, como cada mañana, un jarro de agua fría y una
jofaina. Los sonidos del pueblo ya se dejaban escuchar levemente,
como un rumor. De entre todos ellos, Van escuchó la dulce
melodía de una flauta, una de las que llevaban los pastores de
las montañas.
El joven saltó de la cama para lavarse, pero descubrió que, en
su tobillo derecho había un pequeño corte, por el que manaba un
hilillo de sangre. <¿Eh? ¿Cómo es posible?> pensó,
extrañado.
También observó que el colgante que pendía de su cuello
brillaba esa mañana con una luz extraña. <¿Tendrá algo que
ver con que Hitomi me ha ayudado esta noche?>
Repentinamente deseoso de contactar con ella, intentó hablarle,
pero comprobó con extrañeza que la chica estaba durmiendo.
<Qué raro. A estas horas ya suele estar levantada
Bueno, lo intentaré más tarde>
Habían
viajado toda la noche. Gracias a la red de pasadizos
subterráneos del hombre topo, habían conseguido llegar a Astria
poco antes del amanecer, exhaustos. Yukari se apoyaba en Amano
para seguir andando, sintiéndose desfallecer. Hitomi animaba a
Jaira a continuar; la pobre había perdido toda su mercancía, lo
que significaba que no podía volver con su amo si quería
conservar la salud. Para compensarla, Hitomi le aseguró que
conseguiría el dinero que costaban todos sus artículos, aunque
en realidad prometía cosas que no podía aseverar a ciencia
cierta, ya que no tenía ni un yen. Además, tampoco creía que
los yenes sirviesen de mucho en Gaea; por lo que recordaba, allí
se usaban gidarus.
Finalmente el hombre topo se paró un momento. "Sí, aquí
es. Esta es la mansión Schezar"
Hitomi se sintió agradecida, ya que no podía dar un paso más.
Llevaba ya más de 24h sin dormir ni descansar, y el cansancio
hacía mella en su ánimo. <Nozomi, ¿dónde estás?> se
interrogaba Hitomi, preocupada por la suerte de su compañera. No
había percibido ningún indicio que indicase que la chica no se
encontrase bien, pero ello no impedía que estuviese intranquila.
Los tres amigos y Jaira se sentaron en el suelo mientras el
hombre topo excavaba el túnel para llegar a la superficie. Ya
habían perdido la cuenta de las horas que llevaban andando, de
las magulladuras que los cubrían o del hambre que tenían.
Involuntariamente, Hitomi se quedó dormida, con la cabeza
apoyada en el hombro de Amano. Al otro lado del joven estaba
Yukari, también adormilada.
Cuando Hitomi abrió los ojos de nuevo, el rostro sonriente de
Allen apareció encima de ella.
"Allen " murmuró, cansada pero feliz de ver a su
amigo. Éste se llevó el dedo a los labios, indicando silencio.
"Descansa, querida Hitomi. Serena y yo os hemos preparado
alojamiento aquí. Cuando os sintáis con fuerzas ya nos lo
explicaréis todo."
Hitomi se limitó a asentir, ya medio dormida. Allen la cogió en
brazos y la entró por el agujero practicado por el hombre topo.
Tras recoger a Yukari y a Jaira de la misma forma, y después de
que Amano hubiese entrado por su propio pie [ya rendido, como es
natural], Allen cubrió el agujero con un arcón de madera, y
instaló, con la ayuda de Serena, a cada uno de sus inesperados
invitados.
"Hermano, ¿ella es Hitomi?" preguntó la chica rubia
quedamente, señalando a la chica dormida.
"Así es. Pero tendremos que esperar un poco para enterarnos
de lo que ha pasado."
Continuará...
Notas
de la autora: ¡Hola de nuevo! Vaya, parece que las cosas ya se
están empezando a liar... ¿Qué serán esas figuras que han
raptado a Nozomi? ¿Y por qué? ¿Qué pinta ella en todo este
embrollo? Bueno, la chica es un personaje muy importante [aunque
mis protas siguen siendo Hitomi & Van + cía], pero para
saber de qué va todo tendréis que esperar un poco. Procuraré
ir introduciendo a los personajes poco a poco, pq si no tendría
que estar escribiendo líneas argumentales paralelas, y no tengo
tanta moral ^^U [ni tiempo tampoco]. Por el momento, sigo en :ryuu_angel@hotmail.com, así q espero sus
críticas, comentarios, sugerencias o cualquier cosa q se les
ocurra. Ah, una cosa más: como soy española y en el doblaje de
la serie hay diferencias, hay detalles en la historia que varían
un poco [aparte de las diferencias por dialecto]; por ejemplo, la
Luna de las Ilusiones en lugar de la Luna Fantasma, y otras cosas
así. Espero q no les importe ^_^.