La Visión de Escaflowne II:
TENSHI NO YUME


Capítulo 4: La Ciudad de los Ángeles

 

Nozomi podía oír el silbido del viento aullando a su alrededor, aunque en los brazos de aquella figura se sentía extrañamente protegida y a salvo de todo mal. <Irónico. Me acaban de raptar y me siento segura con los secuestradores> pensó la chica cáusticamente.
No había conseguido ver la cara de los ángeles en todo el trayecto; todo se le antojaba un sueño, puesto que no andaban ni tampoco iban encima de ningún carro, y sin embargo Nozomi sentía que se movían rápidamente. Incluso de cerca, la identidad de sus raptores seguía siendo desconocida.
"¿Adónde me lleváis?" preguntó con voz serena. No parecían querer hacerle daño. Aquél que la llevaba en brazos respondió tras unos instantes de silencio. Su voz era aterciopelada y vibrante.
"Pronto lo verás"
Al ver que no eran muy comunicativos, la chica se dedicó a intentar ver por dónde pasaban. Inclinando la cabeza hacia la derecha, pudo comprobar que, efectivamente, se movían; pero lo que no se esperaba era que estuviesen haciéndolo a unos treinta metros por encima del suelo. Ahogó un gemido con la mano. "¡Estamos… estamos volando!" murmuró, estupefacta.
"Duerme ahora que puedes, muchacha" intervino una voz. Ésta provenía de una silueta más esbelta, que volaba junto a ellos. Ahora, cuando la luna iluminaba plenamente la escena, Nozomi pudo ver claramente el bello par de alas blancas que adornaban su espalda. Sin embargo, su rostro era un mar de sombras.
"¿Sois ángeles? ¿Para qué me lleváis con vosotros? No he muerto, ¿verdad?" inquirió Nozomi, un poco preocupada.
"Encontrarás respuestas cuando lleguemos a nuestro destino. Duerme hasta que salga el sol, muchacha" repitió la voz.
Puesto que Nozomi estaba exhausta, y adivinaba ya que quedaban pocas horas antes del amanecer, decidió acallar su curiosidad y descansar cuanto pudiese.

Los rayos del sol de la mañana se filtraron por entre las ramas de los altos árboles. Nozomi abrió los ojos lentamente; casi esperaba escuchar a su madre llamándola para que bajase a desayunar, y a su hermana mayor salir a trabajar. Pero se encontró en brazos de alguien, alguien que la había transportado durante toda la noche. Estaban atravesando un bosque de árboles altísimos, que parecían formar una galería tapizada de dorado. Se hallaban en un lugar que se había detenido en el otoño, puesto que las hojas de la fronda tenían todas ellas un bello color áureo.
En pocos segundos salieron del bosque, y ascendieron en una corriente de aire. Nozomi entornó los ojos para ver lo que se extendía a sus pies con más comodidad, demasiado cansada y aturdida como para hacer alguna pregunta.
El panorama era increíble. Se encontraban en un valle cruzado por un río de aguas límpidas, envuelto en la bruma a medida que se perdía en la distancia. En la orilla izquierda del río se elevaba un risco de piedra tapizada de arbustos y matorrales, que parecía formar una escalera irregular y gigantesca. A la derecha del río se elevaba un peñasco de pendiente abrupta, cuya cima cubrían las nubes bajas.
En el risco escalonado Nozomi pudo ver, bañada en luz dorada, una ciudad de edificios de piedra clara y frondosos jardines, que parecían fundirse con la roca y nacer directamente de ella.
"Pronto llegaremos" dijo una de las figuras aladas. Nozomi se volvió para averiguar de una vez por todas quienes eran sus secuestradores. A su lado volaba una chica alada, esbelta y de cabello rojizo, ataviada con una túnica blanca muy sencilla. Había otro más, que no había dicho palabra en todo el viaje, un hombre más mayor, de cabello plateado y alas aparentemente frágiles. Por fin Nozomi se atrevió a encararse con la persona que la llevaba en brazos. Era un hombre de cabello castaño dorado y ojos oscuros; tenía la piel tostada por el sol, y aunque Nozomi siempre había sido buena para adivinar la edad de la gente, nunca supo descubrir cuántos años tenía.
Al acercarse a la ciudad, todos los detalles se perfilaron con nitidez. Los seres alados descendieron al pie de una escalinata reluciente, que permitía el acceso al lugar. Nozomi por fin fue puesta en el suelo de nuevo, un poco temblorosa.
"¿Dónde estamos?" preguntó con inquietud.
"En Arkan, capital del reino de Inacra" respondió el hombre que la había llevado. "Síguenos"
La trémula chica subió las escaleras tras los tres atlantes [supongo que ya lo habían notado, ¿no? ^_^] mientras se empezaba a reunir gente entorno a los recién llegados. Muchos de ellos también lucían alas blancas en sus espaldas, y cuchicheaban con voces cantarinas, mirando a Nozomi de arriba abajo. Ésta, cohibida, se acercaba todo lo que podía a los demás, que saludaban calurosamente a la gente reunida.
No se atrevió a decir palabra hasta que llegaron ante una casa mayor que las demás, adornada con numerosas columnas y enredaderas. En el balcón de la casa Nozomi vio a una joven de porte majestuoso con los brazos apoyados en la balaustrada. Al ver que la comitiva se acercaba, la chica extendió sus alas y descendió suavemente al suelo para recibirlos.
Los tres acompañantes de Nozomi se arrodillaron respetuosamente ante la mujer, y la joven se quedó de pie, sin saber muy bien cómo reaccionar. La mujer que veía ante sí tenía el cabello oscuro y sedoso, y la piel nívea y tersa; sus ojos inteligentes eran de color escarlata, con un matiz rosado. La túnica que llevaba caía en elegantes pliegues hasta el suelo, dejando entrever unas bellas sandalias de correas plateadas. Su porte elegante y su expresión altanera revelaban que ocupaba un cargo de importancia en aquella ciudad.
La mujer sonrió, cogiendo de las manos a Nozomi.
"Querida, estamos muy contentos de que estés aquí" declaró con voz suave. "Soy Arien Hyade, princesa de Inacra. Sígueme, por favor. Debes estar muy cansada por el viaje"
La mujer cogió a Nozomi de la mano y la instó a seguirla al interior de la casa.

Los árboles del santuario tenían las ramas desnudas; el crujido de hojas rotas indicaba que alguien se acercaba apresuradamente al lugar donde estaban enterrados los grandes reyes de Fanelia. Al acercase, Van ralentizó el paso; ante él reposaba el Dios Dragón de Fanelia: Escaflowne. El joven rey miró la gema que sostenía en su mano derecha, viendo en ella reflejada todo lo que había sucedido la primera vez que había despertado al dragón. Se encaramó ágilmente por él hasta que pudo introducir el energist en su lugar. El enorme melef pareció cobrar vida tras un largo letargo.
El rey saltó dentro de la cabina; el contacto familiar de todos los engranajes lo obligó a sonreír con satisfacción. Por fin Escaflowne podría ser un instrumento que llevase la felicidad, en lugar de ser un arma de guerra. En ese momento divisó una figura de pie en el linde del claro: era Merle. La chica gato había acudido a despedirlo.
"Vuelve pronto con Hitomi, Van" exclamó con una sonrisa. El joven rey asintió con la cabeza.
"Hasta pronto, Merle. Ocúpate de todo durante mi ausencia"
Sin más dilación, Van elevó al Escaflowne hacia el cielo, poniendo rumbo a Astria.

Nozomi suspiró, sentándose en una cómoda hamaca de tela blanca. Se encontraba en una especie de jardín interior, la "habitación de los invitados", según había dicho la joven que la había recibido. El patio era rectangular, con un pequeño jardincillo en el centro, y la hamaca de Nozomi estaba colgada entre la pared y una columna. La estancia no estaba completamente cubierta, puesto que el tejado no llegaba a cubrir la parcela central. En dos de las paredes se abrían amplios ventanales, que daban a un jardín exterior. En el centro de la estancia había una pequeña fuente, cuyas aguas eran tan claras que a Nozomi le entraron ganas de probarlas.
Según apreció Nozomi, las paredes de las construcciones en aquella ciudad estaban hechas de piedras de tonos marrones y ocres cálidos, y entre las piedras había numerosos huecos por los que se filtraba la claridad diurna. Pero lo más curioso era la extraña substancia que recubría los muros, semejante al cristal, y que se encargaba de obstruir las oquedades sin impedir el paso de la luz.
La joven princesa, Arien, le había dicho que dentro de poco volvería para atenderla y hablar de asuntos importantes, indicándole primero que podía moverse por la casa con toda libertad. También le había dejado una niña alada para que le sirviese de guía si se decidía a seguir su consejo.
A Nozomi, más que curiosear por la casa, lo que le apetecía era ir a ver la ciudad y enterarse de dónde estaba y de por qué la habían llevado allí. La chica no había tenido mucho tiempo de pararse a pensar, puesto que la emoción de la llegada, la caminata y el cansancio acumulado, y después el secuestro… vamos, que la joven aún no se había ubicado. Todo le parecía tan irreal que no le hubiese extrañado despertar y que todo hubiese sido un sueño, extraño pero un sueño al fin y al cabo.
Sin embargo, cuando la chica intentó salir fuera de la casa, la niña que habían dejado con ella se le opuso abiertamente.
"No debes salir de la casa" indicó suavemente, mientras abría los brazos barrándole el paso. "La Princesa Arien lo ha prohibido"
Nozomi se enfadó un poco. "¡Pero si me ha dicho que puedo ir donde quiera!"
"No, tan sólo dentro de la casa. No puedes salir fuera sin que la princesa esté contigo"
La joven bufó mientras se sentaba de nuevo en la hamaca, molesta. No le gustaba la sensación de sentirse prisionera en aquella bonita casa. "¿Cuándo volverá Arien?"
"Ha ido a discutir unos temas con el capitán de la guardia. Estará de regreso enseguida. ¿Quieres comer o beber algo?"
Nozomi titubeó. "Está bien, gracias"
La chica pensaba que la niña se iría para prepararle algo, pero ésta llamó a un chiquillo para darle la orden. Nozomi estaba frunciendo el ceño, fastidiada por no haber podido librarse de la vigilancia de su guardiana, cuando Arien entró en la estancia.
"Perdona por haberte hecho esperar. ¿Está todo a tu gusto?" preguntó la joven mientras se sentaba en un banco de mármol cerca de la fuente. La mujer rozó uno de los hilillos de agua con los dedos displicentemente, mientras sonreía a Nozomi.
"Sí, pero no me gusta que me tengan encerrada en una casa. ¿Por qué me habéis traído aquí?" inquirió la joven un poco bruscamente.
"No te enojes, querida Hitomi, ordené a la niña que no salieses para evitar que te perdieras. Y ahora precisamente te explicaré por qué estás aquí."
Nozomi parpadeó, extrañada. "¿Hitomi?" Arien sonrió, mientras se levantaba y se sentaba a su lado.
"Por cierto, ¿y tu colgante? Ah, no, se lo diste al rey de Fanelia, ¿no es así?" preguntó la mujer con retintín. Nozomi sacudió la cabeza.
"¿Hitomi? Querrás decir Nozomi… Me parece que os habéis equivocado de persona…" dijo la joven, con una sonrisa burlona. "Kanzaki venía conmigo, pero no tengo nada que ver con ella"
Arien rió, pensando que la chica la estaba engañando para que la dejasen libre. Pero al ver que Nozomi seguía mirándola sarcásticamente, dejó de sonreír. Su cara se volvió de piedra cuando se giró bruscamente y salió de la habitación. Nozomi no sabía si reír o callar, para evitar las iras de la frustrada princesa. Unos segundos más tarde pudo ver a través de las ventanas entrar a dos personas en el espléndido jardín exterior; una de ellas era la princesa de pelo oscuro, y la otra era el hombre moreno que la había secuestrado. Por la crispación de la mujer se adivinaba que lo estaba amonestando severamente. Nozomi los observó con curiosidad. El hombre no intentó justificarse, sino que simplemente agachó la cabeza y aguantó el chaparrón que se le venía encima. Cuando alzó la cabeza vio que Nozomi los estaba contemplando, pero no dijo nada. Tras la breve discusión [bueno, reproche sería más acertado ¬¬], los dos salieron de la vista de la joven para adentrarse en el vergel de enredaderas, árboles y fuentes. Cuando Nozomi se volvió descubrió que la chiquilla alada aún seguía con ella. Entornó los ojos con exasperación. <Ya estamos otra vez…>

"Caballero Celeste Allen Schezar, te doy permiso para escoltar a Hitomi y a sus compañeros a Fanelia" dijo Dryden solemnemente. "Bueno, ahora ya está formalizado. Espero que volváis lo antes posible para poder tener una buena charla. Las conversaciones de los cortesanos no son para mí" explicó el hombre con voz confidente. "Y dale recuerdos de mi parte a Van, Hitomi. Hace mucho que no lo veo"
La chica sonrió, asegurando que se lo comunicaría.
Salieron del palacio lo más rápido que pudieron. Serena había ido a avisar a la tripulación del Crusade para que estuviese a punto, y el hombre topo se había sumado a la expedición. Yukari y Amano se quedaron mirando la nave con asombro, mientras Hitomi les explicaba atropelladamente todo lo que le había pasado en aquella nave. Le traía tantos recuerdos…
La chica tigre, que hasta aquel momento se había mantenido junto al grupo, se detuvo en seco, temblorosa. Hitomi la animó.
"¡Jaira, vamos! ¿Qué pasa?"
La joven no contestó. Miraba el Crusade con turbación. "No… no me gusta volar"
Hitomi se le acercó alegremente. "¡Pero si la tripulación del Crusade es excelente! No nos pasará nada, te lo aseguro" aseveró la chica con seguridad. Pero Jaira movió la cabeza, dubitativa.
"Preferiría no tener que subir"
"¡Oh, vamos! Nosotros estaremos contigo" replicó Hitomi. Pero Jaira seguía en sus trece. Finalmente Hitomi desistió, y fue a plantearle el problema a Allen.
"No puede quedarse en Palas, sola. No tiene a dónde ir" murmuró el caballero, pensativo. "Vaya un contratiempo…"
Serena se acercó a los dos animadamente. Se podía ver que disfrutaba rodeada por toda la tripulación y en pleno ajetreo. La chica se había cambiado su vestido por un pantalón y una camisa ancha que parecían muy cómodos.
"¿Qué ocurre, hermano?" inquirió al ver las caras de los presentes. Al explicarle la situación, Serena se quedó muda un buen rato, absorta en sus pensamientos. Al final suspiró con resignación.
"La única solución que le veo es que alguien se quede con ella, porque no sabemos el tiempo que tardaremos, y no la conocemos de nada…" Después, viendo que su hermano era reacio a dejar a alguien con ella, sonrió con conformidad. "Tranquilo, Allen, ya me quedaré yo. Al fin y al cabo, he viajado muchísimas veces con el Crusade, puedo prescindir de un viaje por una vez.
A Allen no le gustó mucho la idea. "Pero Serena, no quiero dejarte sola" declaró el caballero protectoramente.
Serena sonrió. "Ya no soy una niña, Allen, sé cuidar de mí misma. No me pasará nada"
"No me gusta la idea" insistió el joven.
"Allen, no podrás protegerla siempre" intervino Hitomi con suavidad, posando su mano en la espalda de Allen.
El hombre acabó por acceder a regañadientes. Antes de partir, pudo ver a Serena despidiéndose de la tripulación. Sin embargo no se le pasó por alto el tierno abrazo que dedicó a Gadeth, mientras Jaira se excusaba repetidas veces por las molestias.
Finalmente el Crusade se elevó por los aires, rumbo a Fanelia.

Arien no tardó mucho en regresar junto a Nozomi. Más calmada, su faz volvía a presentar esa apariencia dura e imperturbable que la caracterizaba. Nozomi, por consejo de la niña que estaba a su servicio, había tomado un baño rápido y se había puesto su uniforme de nuevo, aunque sin la chaqueta. Aunque cuando había llegado a Gaea el frío era tan intenso como el del invierno de Japón, Inacra estaba resguardada de las inclemencias del tiempo, disfrutando de un clima suave, casi de primavera. Por eso Nozomi podía pasearse en camisa y sin las medias tranquilamente.
"Siento mucho el malentendido, señorita Nozomi. No era nuestra intención desviarte de tu ruta" empezó a decir la princesa suavemente. Nozomi la miró sarcásticamente. "¿De verdad? ¿Y para qué queréis a Kanzaki, si puede saberse? Quizás os pueda ayudar"
Aunque en realidad la chica sabía que no era cierto, quería enterarse de alguna forma del motivo de tanto revuelo. Al fin y al cabo, que la hubiesen secuestrado en vano no le parecía justo. Ya que estaba allí, al menos se enteraría de por qué.
La mujer de pie enfrente de ella la miró, sin acabar de decidirse a contárselo o no. Finalmente tomó una decisión con una sonrisa astuta.
"Será un gran placer, Nozomi, puesto que te has visto envuelta en todo esto sin tener la culpa de nada" dijo, mientras se sentaba en el banquito de mármol junto a la fuente, y la otra joven hacía lo propio en la hamaca. "Verás, queríamos comentar con tu… compañera Hitomi un par de temas que conciernen al bienestar de la ciudad de Inacra. Aunque… aunque quizás tú también podrías colaborar" declaró la princesa pensativamente. "Nozomi-san, ¿te gustaría atravesar la frontera que separa a los humanos de los ángeles? Nosotros te podríamos ofrecer esa posibilidad"
La chica se quedó muda de asombro. Cada vez entendía menos lo que estaba pasando a su alrededor. <Primero me secuestran; después me encierran en la casa pensando que soy Kanzaki, y esta mujer se irrita muchísimo porque se han equivocado. ¿Y ahora me quieren ayudar jugando a ser dioses?> pensó la chica con una mezcla de ironía y desconcierto.
Entonces la mujer prosiguió con voz suave. "Querida Nozomi, sé que puedes oír los pensamientos de la gente"
Aquí la joven se sobresaltó si cabe aún más. "¿Cómo sabes eso?" preguntó precipitadamente. No le gustaba sentirse desprotegida, y con aquella mujer Nozomi tenía la impresión de que no podía esconder nada.
Arien sonrió apaciblemente. "El capitán de la guardia me lo comunicó. Es un poder extraordinario, que incluso entre nosotros no se encuentra fácilmente. Sólo en la antigüedad, perdidos entre las brumas del tiempo, se recuerdan aún casos de este tipo" explicó. "Por eso, Nozomi, te ofrezco la posibilidad de unirte a nosotros"
La chica la miró con desconfianza. "¿Por qué debería hacerlo?"
"Porque estás sola, y no hay nada que te impulse a dejarnos. No quieres volver con tu familia porque no eres feliz allí, y este viaje ha sido la respuesta a tus deseos. Te uniste a una persona con grandes poderes, que algunos de nosotros querrían para sí, y ella ha sido el puente entre la Luna de las Ilusiones y Gaea. Sé que odias tu poder, pero yo puedo enseñarte a convivir con él. Cuando te unas a nuestro pueblo podrás penetrar en los misterios de la mente" manifestó la princesa con tono fluido y convincente. Nozomi se sentía a la vez fascinada y atemorizada. "¿…Cómo sabes todo eso de mí?" preguntó, temblando. Arien sonrió para calmarla.
"No tengo tus poderes, pero hay alguien entre nosotros que también puede penetrar en los misterios del alma de las personas"
Al ver que Nozomi no se acababa de decidir, la princesa se levantó, tomándola de la mano. "Querida, acompáñame. Antes de forzarte a tomar una decisión, deberás visitar el Omphalos [léase Ómfalos]"
Nozomi se dejó guiar, abstraída en sus propios pensamientos. Salieron de la casa rápidamente. Delante de ésta había un bonito parterre repleto de flores y arbustos. Los moradores de la ciudad paseaban, charlaban y reían entre ellos. Había grupos de niños jugando a carreras, y sobrevolaban las calles lo más deprisa que podían hasta que alguna madre los detenía y los reconvenía dulcemente.
El hombre moreno que Nozomi ya conocía les salió al paso. Como si ya supiese lo que debía hacer, cogió a Nozomi en brazos de nuevo y extendió sus alas. Arien hizo lo propio, y los tres se elevaron, cruzando la ciudad y el río que discurría a sus pies, en dirección al risco opuesto. A medida que se elevaban, ante los ojos de Nozomi fue apareciendo una edificación construida en un amplio llano en la ladera del peñasco.
"El Omphalos…" murmuró la chica en voz baja.
Pronto los dos atlantes y Nozomi aterrizaron en la explanada. Estaban en una avenida columnada y pavimentada, cuajada de árboles. Entre las columnas discurría un riachuelo de aguas extrañamente doradas, que provenían de una grieta en una enorme roca junto al final de la senda. Junto a ella se alzaba una construcción circular, columnada y de dimensiones considerables. Las columnas trazaban tres círculos concéntricos, y después se accedía a través de un arco al interior de la enigmática edificación.
"Rigel [pronúnciese Riguel ^^], tú esperarás aquí" ordenó Arien al hombre, mientras éste depositaba a Nozomi en el suelo cuidadosamente. El atlante se inclinó respetuosamente, acatando la voluntad de la mujer. Después ella se volvió hacia Nozomi.
"Ahora vas a enfrentarte con tu pasado, Nozomi. Aquí tomarás la decisión correcta, y espero que decidas quedarte con nosotros para ayudarnos a hacer realidad nuestro deseo de crear un mundo mejor" declaró. "Pero en el Omphalos deberás entrar sola. Sin embargo no debes preocuparte; no hay nada que pueda hacerte daño"
Después de esas palabras Arien dio un empujoncito a Nozomi en la espalda, incitándola a entrar en el edificio. La chica, haciendo acopio de valor, se dirigió allí con pasos firmes. <Sea lo que sea, necesito saber cómo han podido hacerlo. Cómo han sabido todos mis secretos>
Aunque en el fondo tenía miedo, el orgullo le impedía colver atrás con aquella princesa altanera y su sumiso súbdito.
Así que se adentró entre las columnas y las enredaderas, que filtraban una luz teñida de verde entre aquel bosque de pilastras. Al llegar al arco que servía de acceso, apartó la fina cortina de seda blanca con cautela. Comprobó con sorpresa que el interior no era tenebroso ni oscuro como era de esperar. Una rayo de luz que provenía de una abertura en el techo caía sobre una esfera de cristal, que se encargaba de reflejarla e iluminar generosamente la estancia.
Nozomi bajó los escalones cautelosamente; aquella disposición le recordaba a los anfiteatros que había visto en su niñez, cuando aún vivía en Roma. En el centro de la estancia había una oquedad de forma ovalada, oscura, y Nozomi comprobó con sorpresa y un poco de angustia que, flotando en una especie de ingravidez, había un trono de roca un metro por encima del abismo. Encima de él estaba sentado un joven envuelto en una túnica blanca, con los ojos cerrados. En sus manos refulgía una vara con una extraña gema en uno de sus extremos. Cuando la chica estaba a medio camino del centro de la habitación, el hombre abrió los ojos lentamente, pero de sus labios no escapó ni un solo sonido. Siguió a Nozomi con la mirada hasta que la chica llegó al borde del abismo y se detuvo, frotándose las manos nerviosamente. Al ver que el joven seguía sin decir nada, la joven se atrevió finalmente a romper el silencio.
"¿Eres tú el que puede adivinar el pasado de la gente?"
El hombre se tomó su tiempo para contestar. "No. Yo tan sólo observo los destinos de las personas"
Su voz era pausada y agradable; Nozomi pensó que hacía que pareciese más mayor de lo que aparentaba con su aspecto. Sin embargo la chica no quería dejarse intimidar y entrar en el juego de la princesa, así que fue directa al grano.
"Bien, según parece tengo que tomar una decisión aquí dentro… "
"Sí"
"¿Acaso sabes tú cuál es la decisión correcta?" inquirió la muchacha con suspicacia.
"Yo sé cuál es la única solución posible"
Nozomi calló, un poco cohibida ante la seguridad con la que se expresaba el joven.
"¿Quiénes sois? ¿Qué queréis de mí?" inquirió con voz temblorosa. "¿Esto no es un sueño?"
"Somos los últimos atlantes, los vestigios del legendario Pueblo del Dios Dragón. La princesa Arien desea que te unas a nosotros, porque cree que eres digna de ello. Siempre lo ha considerado un gran honor" explicó el hombre. "Y ten por seguro que esto es un sueño. Es tu sueño, hecho realidad"
Nozomi abrió los ojos, sorprendida. <¿Mi sueño?>
La sala quedó en silencio. Sólo se escuchaba la agitada respiración de la joven. Poco a poco la chica se fue calmando, mientras tomaba una determinación.
Al cabo de un rato Arien vio cómo Nozomi salía del lugar. Su cara se veía animada por una luz extraña; la princesa sonrió para sí, saboreando el triunfo que significaba un nuevo paso hacia la realización de su proyecto.

Yukari se llevó las manos a la boca. Su cara estaba mortalmente pálida a causa del mareo. Amano le daba golpecitos en la espalda mientras Hitomi se iba a conseguir una bolsa de papel.
Ya llevaban un par de horas volando, y aunque el primer tramo del viaje había sido tranquilo, hacía tan solo una media hora habían entrado en un campo de rocas flotantes, y la tripulación del Crusade tenía que hacer bruscos cambios de dirección para evitar chocar con alguna.
"¡Ya estoy aquí!" gritó Hitomi mientras entraba a la carrera en la estancia, agitando un trozo de papel que había plegado hábilmente. Una sacudida hizo que la chica tropezase y cayese de bruces al suelo, mientras la improvisada bolsa de papel volaba por los aires. Amano la cogió al vuelo y se la dio a Yukari apresuradamente.
Hitomi se frotó el brazo izquierdo mientras se sentaba en el suelo. <Van, ¿dónde estás ahora?>
<Hace una hora que atravesé la frontera con Astria. Creo que pronto llegaré a las Montañas de Kinnon. ¿Y vosotros?>
<Estamos atravesando un campo de piedras flotantes. Voy a indicarle a Allen el rumbo a seguir> dijo Hitomi.
<Bien>
Gritando un "Ahora vuelvo" a sus dos amigos, la chica se dirigió al puente de mando.
"Hola, Hitomi" saludó Allen, pasándole un brazo por encima de los hombros.
"Allen, Van viene hacia aquí; dice que está cerca de las Montañas de Kinnon"
El caballero Celeste asintió en silencio; acto seguido gritó un par de órdenes a su tripulación.
Hitomi cerró los ojos. <No tengo el colgante de mi abuela, pero… pero quizás no lo necesite para encontrar a Van. Tal vez pueda hallarlo sola> pensó. Concentrándose con todas sus fuerzas, experimentó de nuevo aquellas sensaciones que ya había olvidado, hasta que por fin sintió claramente el rumbo que debían tomar.
"Allen, es por allí" indicó apresuradamente. El hombre se limitó a no hacer preguntas y a seguir los consejos de Hitomi. Ya sabía por experiencia que en esos temas la chica era infalible.

Al cabo de poco menos que una hora, todos los presentes en el puente de mando del Crusade pudieron verlo. Un puntito de luz se acercaba a gran velocidad hacia ellos; a medida que se acercaba, todos [menos Yukari y Amano, claro] pudieron reconocer la familiar silueta de un guymelef blanco, en forma de dragón, que había luchado a su lado durante la Gran Guerra.
Hitomi no pudo evitar sonreír con júbilo, deleitándose en la silueta que pilotaba con pericia el enorme melef, tan conocida y añorada. <Van>

Continuará...




Notas de la autora: Wenas... Ya lo sé, la reunión se está haciendo rogar, pero ya prometo que en el siguiente capítulo por fin van a juntarse de nuevo [no se crean, yo tb espero el momento con impaciencia ^^]. Por fin he empezado a explicar un poco todo lo de Nozomi [al fin y al cabo el capítulo se llama La ciudad de los ángeles, ¿no?], pero no se crean, todavía hay mucho, muchísimo, q descubrir... Ya sé q muchos se estarán preguntando q qué hace una nación constituida por atlantes cuando en teoría Van y Folken eran los únicos... [les aseguro q Van e Hitomi, q son los únicos q de momento saben algo sobre eso, están igual de sorprendidos ^^U]. Pero tranquilos, q las explicaciones llegarán a su debido tiempo. Ahora es más divertido dejarlo en el aire, así como tb la razón por la q querían secuestrar a Hitomi aunque les saliese el tiro por la culata, o cómo sabían dónde hallarlos [bueno, eso está claro, ¿no? Tener un Oráculo en casa debe ser muy práctico...]
Ahora sí q termino... para cualquier sugerencia, comentario, duda, pregunta, insulto o tomatazo escriban a ryuu_angel@hotmail.com, correo abierto las 24 horas del día, y prometo contestar lo antes posible [o al menos intentarlo, pq soy un poquitín vaga ^^U...]
¡Hasta pronto! ^_-
Oh, sí, una cosa más... ¿quieren q en las notas incluya un avance del siguiente capítulo, o prefieren q no? Mándenme su opinión a donde ya saben, y muchas gracias por adelantado.




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