Nozomi podía
oír el silbido del viento aullando a su alrededor, aunque en los
brazos de aquella figura se sentía extrañamente protegida y a
salvo de todo mal. <Irónico. Me acaban de raptar y me siento
segura con los secuestradores> pensó la chica cáusticamente.
No había conseguido ver la cara de los ángeles en todo el
trayecto; todo se le antojaba un sueño, puesto que no andaban ni
tampoco iban encima de ningún carro, y sin embargo Nozomi
sentía que se movían rápidamente. Incluso de cerca, la
identidad de sus raptores seguía siendo desconocida.
"¿Adónde me lleváis?" preguntó con voz serena. No
parecían querer hacerle daño. Aquél que la llevaba en brazos
respondió tras unos instantes de silencio. Su voz era
aterciopelada y vibrante.
"Pronto lo verás"
Al ver que no eran muy comunicativos, la chica se dedicó a
intentar ver por dónde pasaban. Inclinando la cabeza hacia la
derecha, pudo comprobar que, efectivamente, se movían; pero lo
que no se esperaba era que estuviesen haciéndolo a unos treinta
metros por encima del suelo. Ahogó un gemido con la mano.
"¡Estamos estamos volando!" murmuró,
estupefacta.
"Duerme ahora que puedes, muchacha" intervino una voz.
Ésta provenía de una silueta más esbelta, que volaba junto a
ellos. Ahora, cuando la luna iluminaba plenamente la escena,
Nozomi pudo ver claramente el bello par de alas blancas que
adornaban su espalda. Sin embargo, su rostro era un mar de
sombras.
"¿Sois ángeles? ¿Para qué me lleváis con vosotros? No
he muerto, ¿verdad?" inquirió Nozomi, un poco preocupada.
"Encontrarás respuestas cuando lleguemos a nuestro destino.
Duerme hasta que salga el sol, muchacha" repitió la voz.
Puesto que Nozomi estaba exhausta, y adivinaba ya que quedaban
pocas horas antes del amanecer, decidió acallar su curiosidad y
descansar cuanto pudiese.
Los rayos del sol de la mañana se filtraron por entre las ramas
de los altos árboles. Nozomi abrió los ojos lentamente; casi
esperaba escuchar a su madre llamándola para que bajase a
desayunar, y a su hermana mayor salir a trabajar. Pero se
encontró en brazos de alguien, alguien que la había
transportado durante toda la noche. Estaban atravesando un bosque
de árboles altísimos, que parecían formar una galería
tapizada de dorado. Se hallaban en un lugar que se había
detenido en el otoño, puesto que las hojas de la fronda tenían
todas ellas un bello color áureo.
En pocos segundos salieron del bosque, y ascendieron en una
corriente de aire. Nozomi entornó los ojos para ver lo que se
extendía a sus pies con más comodidad, demasiado cansada y
aturdida como para hacer alguna pregunta.
El panorama era increíble. Se encontraban en un valle cruzado
por un río de aguas límpidas, envuelto en la bruma a medida que
se perdía en la distancia. En la orilla izquierda del río se
elevaba un risco de piedra tapizada de arbustos y matorrales, que
parecía formar una escalera irregular y gigantesca. A la derecha
del río se elevaba un peñasco de pendiente abrupta, cuya cima
cubrían las nubes bajas.
En el risco escalonado Nozomi pudo ver, bañada en luz dorada,
una ciudad de edificios de piedra clara y frondosos jardines, que
parecían fundirse con la roca y nacer directamente de ella.
"Pronto llegaremos" dijo una de las figuras aladas.
Nozomi se volvió para averiguar de una vez por todas quienes
eran sus secuestradores. A su lado volaba una chica alada,
esbelta y de cabello rojizo, ataviada con una túnica blanca muy
sencilla. Había otro más, que no había dicho palabra en todo
el viaje, un hombre más mayor, de cabello plateado y alas
aparentemente frágiles. Por fin Nozomi se atrevió a encararse
con la persona que la llevaba en brazos. Era un hombre de cabello
castaño dorado y ojos oscuros; tenía la piel tostada por el
sol, y aunque Nozomi siempre había sido buena para adivinar la
edad de la gente, nunca supo descubrir cuántos años tenía.
Al acercarse a la ciudad, todos los detalles se perfilaron con
nitidez. Los seres alados descendieron al pie de una escalinata
reluciente, que permitía el acceso al lugar. Nozomi por fin fue
puesta en el suelo de nuevo, un poco temblorosa.
"¿Dónde estamos?" preguntó con inquietud.
"En Arkan, capital del reino de Inacra" respondió el
hombre que la había llevado. "Síguenos"
La trémula chica subió las escaleras tras los tres atlantes
[supongo que ya lo habían notado, ¿no? ^_^] mientras se
empezaba a reunir gente entorno a los recién llegados. Muchos de
ellos también lucían alas blancas en sus espaldas, y
cuchicheaban con voces cantarinas, mirando a Nozomi de arriba
abajo. Ésta, cohibida, se acercaba todo lo que podía a los
demás, que saludaban calurosamente a la gente reunida.
No se atrevió a decir palabra hasta que llegaron ante una casa
mayor que las demás, adornada con numerosas columnas y
enredaderas. En el balcón de la casa Nozomi vio a una joven de
porte majestuoso con los brazos apoyados en la balaustrada. Al
ver que la comitiva se acercaba, la chica extendió sus alas y
descendió suavemente al suelo para recibirlos.
Los tres acompañantes de Nozomi se arrodillaron respetuosamente
ante la mujer, y la joven se quedó de pie, sin saber muy bien
cómo reaccionar. La mujer que veía ante sí tenía el cabello
oscuro y sedoso, y la piel nívea y tersa; sus ojos inteligentes
eran de color escarlata, con un matiz rosado. La túnica que
llevaba caía en elegantes pliegues hasta el suelo, dejando
entrever unas bellas sandalias de correas plateadas. Su porte
elegante y su expresión altanera revelaban que ocupaba un cargo
de importancia en aquella ciudad.
La mujer sonrió, cogiendo de las manos a Nozomi.
"Querida, estamos muy contentos de que estés aquí"
declaró con voz suave. "Soy Arien Hyade, princesa de
Inacra. Sígueme, por favor. Debes estar muy cansada por el
viaje"
La mujer cogió a Nozomi de la mano y la instó a seguirla al
interior de la casa.
Los árboles del santuario tenían las ramas desnudas; el crujido
de hojas rotas indicaba que alguien se acercaba apresuradamente
al lugar donde estaban enterrados los grandes reyes de Fanelia.
Al acercase, Van ralentizó el paso; ante él reposaba el Dios
Dragón de Fanelia: Escaflowne. El joven rey miró la gema que
sostenía en su mano derecha, viendo en ella reflejada todo lo
que había sucedido la primera vez que había despertado al
dragón. Se encaramó ágilmente por él hasta que pudo
introducir el energist en su lugar. El enorme melef pareció
cobrar vida tras un largo letargo.
El rey saltó dentro de la cabina; el contacto familiar de todos
los engranajes lo obligó a sonreír con satisfacción. Por fin
Escaflowne podría ser un instrumento que llevase la felicidad,
en lugar de ser un arma de guerra. En ese momento divisó una
figura de pie en el linde del claro: era Merle. La chica gato
había acudido a despedirlo.
"Vuelve pronto con Hitomi, Van" exclamó con una
sonrisa. El joven rey asintió con la cabeza.
"Hasta pronto, Merle. Ocúpate de todo durante mi
ausencia"
Sin más dilación, Van elevó al Escaflowne hacia el cielo,
poniendo rumbo a Astria.
Nozomi suspiró, sentándose en una cómoda hamaca de tela
blanca. Se encontraba en una especie de jardín interior, la
"habitación de los invitados", según había dicho la
joven que la había recibido. El patio era rectangular, con un
pequeño jardincillo en el centro, y la hamaca de Nozomi estaba
colgada entre la pared y una columna. La estancia no estaba
completamente cubierta, puesto que el tejado no llegaba a cubrir
la parcela central. En dos de las paredes se abrían amplios
ventanales, que daban a un jardín exterior. En el centro de la
estancia había una pequeña fuente, cuyas aguas eran tan claras
que a Nozomi le entraron ganas de probarlas.
Según apreció Nozomi, las paredes de las construcciones en
aquella ciudad estaban hechas de piedras de tonos marrones y
ocres cálidos, y entre las piedras había numerosos huecos por
los que se filtraba la claridad diurna. Pero lo más curioso era
la extraña substancia que recubría los muros, semejante al
cristal, y que se encargaba de obstruir las oquedades sin impedir
el paso de la luz.
La joven princesa, Arien, le había dicho que dentro de poco
volvería para atenderla y hablar de asuntos importantes,
indicándole primero que podía moverse por la casa con toda
libertad. También le había dejado una niña alada para que le
sirviese de guía si se decidía a seguir su consejo.
A Nozomi, más que curiosear por la casa, lo que le apetecía era
ir a ver la ciudad y enterarse de dónde estaba y de por qué la
habían llevado allí. La chica no había tenido mucho tiempo de
pararse a pensar, puesto que la emoción de la llegada, la
caminata y el cansancio acumulado, y después el secuestro
vamos, que la joven aún no se había ubicado. Todo le parecía
tan irreal que no le hubiese extrañado despertar y que todo
hubiese sido un sueño, extraño pero un sueño al fin y al cabo.
Sin embargo, cuando la chica intentó salir fuera de la casa, la
niña que habían dejado con ella se le opuso abiertamente.
"No debes salir de la casa" indicó suavemente,
mientras abría los brazos barrándole el paso. "La Princesa
Arien lo ha prohibido"
Nozomi se enfadó un poco. "¡Pero si me ha dicho que puedo
ir donde quiera!"
"No, tan sólo dentro de la casa. No puedes salir fuera sin
que la princesa esté contigo"
La joven bufó mientras se sentaba de nuevo en la hamaca,
molesta. No le gustaba la sensación de sentirse prisionera en
aquella bonita casa. "¿Cuándo volverá Arien?"
"Ha ido a discutir unos temas con el capitán de la guardia.
Estará de regreso enseguida. ¿Quieres comer o beber algo?"
Nozomi titubeó. "Está bien, gracias"
La chica pensaba que la niña se iría para prepararle algo, pero
ésta llamó a un chiquillo para darle la orden. Nozomi estaba
frunciendo el ceño, fastidiada por no haber podido librarse de
la vigilancia de su guardiana, cuando Arien entró en la
estancia.
"Perdona por haberte hecho esperar. ¿Está todo a tu
gusto?" preguntó la joven mientras se sentaba en un banco
de mármol cerca de la fuente. La mujer rozó uno de los hilillos
de agua con los dedos displicentemente, mientras sonreía a
Nozomi.
"Sí, pero no me gusta que me tengan encerrada en una casa.
¿Por qué me habéis traído aquí?" inquirió la joven un
poco bruscamente.
"No te enojes, querida Hitomi, ordené a la niña que no
salieses para evitar que te perdieras. Y ahora precisamente te
explicaré por qué estás aquí."
Nozomi parpadeó, extrañada. "¿Hitomi?" Arien
sonrió, mientras se levantaba y se sentaba a su lado.
"Por cierto, ¿y tu colgante? Ah, no, se lo diste al rey de
Fanelia, ¿no es así?" preguntó la mujer con retintín.
Nozomi sacudió la cabeza.
"¿Hitomi? Querrás decir Nozomi Me parece que os
habéis equivocado de persona " dijo la joven, con una
sonrisa burlona. "Kanzaki venía conmigo, pero no tengo nada
que ver con ella"
Arien rió, pensando que la chica la estaba engañando para que
la dejasen libre. Pero al ver que Nozomi seguía mirándola
sarcásticamente, dejó de sonreír. Su cara se volvió de piedra
cuando se giró bruscamente y salió de la habitación. Nozomi no
sabía si reír o callar, para evitar las iras de la frustrada
princesa. Unos segundos más tarde pudo ver a través de las
ventanas entrar a dos personas en el espléndido jardín
exterior; una de ellas era la princesa de pelo oscuro, y la otra
era el hombre moreno que la había secuestrado. Por la
crispación de la mujer se adivinaba que lo estaba amonestando
severamente. Nozomi los observó con curiosidad. El hombre no
intentó justificarse, sino que simplemente agachó la cabeza y
aguantó el chaparrón que se le venía encima. Cuando alzó la
cabeza vio que Nozomi los estaba contemplando, pero no dijo nada.
Tras la breve discusión [bueno, reproche sería más acertado
¬¬], los dos salieron de la vista de la joven para adentrarse
en el vergel de enredaderas, árboles y fuentes. Cuando Nozomi se
volvió descubrió que la chiquilla alada aún seguía con ella.
Entornó los ojos con exasperación. <Ya estamos otra
vez >
"Caballero Celeste Allen Schezar, te doy permiso para
escoltar a Hitomi y a sus compañeros a Fanelia" dijo Dryden
solemnemente. "Bueno, ahora ya está formalizado. Espero que
volváis lo antes posible para poder tener una buena charla. Las
conversaciones de los cortesanos no son para mí" explicó
el hombre con voz confidente. "Y dale recuerdos de mi parte
a Van, Hitomi. Hace mucho que no lo veo"
La chica sonrió, asegurando que se lo comunicaría.
Salieron del palacio lo más rápido que pudieron. Serena había
ido a avisar a la tripulación del Crusade para que estuviese a
punto, y el hombre topo se había sumado a la expedición. Yukari
y Amano se quedaron mirando la nave con asombro, mientras Hitomi
les explicaba atropelladamente todo lo que le había pasado en
aquella nave. Le traía tantos recuerdos
La chica tigre, que hasta aquel momento se había mantenido junto
al grupo, se detuvo en seco, temblorosa. Hitomi la animó.
"¡Jaira, vamos! ¿Qué pasa?"
La joven no contestó. Miraba el Crusade con turbación.
"No no me gusta volar"
Hitomi se le acercó alegremente. "¡Pero si la tripulación
del Crusade es excelente! No nos pasará nada, te lo
aseguro" aseveró la chica con seguridad. Pero Jaira movió
la cabeza, dubitativa.
"Preferiría no tener que subir"
"¡Oh, vamos! Nosotros estaremos contigo" replicó
Hitomi. Pero Jaira seguía en sus trece. Finalmente Hitomi
desistió, y fue a plantearle el problema a Allen.
"No puede quedarse en Palas, sola. No tiene a dónde
ir" murmuró el caballero, pensativo. "Vaya un
contratiempo "
Serena se acercó a los dos animadamente. Se podía ver que
disfrutaba rodeada por toda la tripulación y en pleno ajetreo.
La chica se había cambiado su vestido por un pantalón y una
camisa ancha que parecían muy cómodos.
"¿Qué ocurre, hermano?" inquirió al ver las caras de
los presentes. Al explicarle la situación, Serena se quedó muda
un buen rato, absorta en sus pensamientos. Al final suspiró con
resignación.
"La única solución que le veo es que alguien se quede con
ella, porque no sabemos el tiempo que tardaremos, y no la
conocemos de nada " Después, viendo que su hermano era
reacio a dejar a alguien con ella, sonrió con conformidad.
"Tranquilo, Allen, ya me quedaré yo. Al fin y al cabo, he
viajado muchísimas veces con el Crusade, puedo prescindir de un
viaje por una vez.
A Allen no le gustó mucho la idea. "Pero Serena, no quiero
dejarte sola" declaró el caballero protectoramente.
Serena sonrió. "Ya no soy una niña, Allen, sé cuidar de
mí misma. No me pasará nada"
"No me gusta la idea" insistió el joven.
"Allen, no podrás protegerla siempre" intervino Hitomi
con suavidad, posando su mano en la espalda de Allen.
El hombre acabó por acceder a regañadientes. Antes de partir,
pudo ver a Serena despidiéndose de la tripulación. Sin embargo
no se le pasó por alto el tierno abrazo que dedicó a Gadeth,
mientras Jaira se excusaba repetidas veces por las molestias.
Finalmente el Crusade se elevó por los aires, rumbo a Fanelia.
Arien no tardó mucho en regresar junto a Nozomi. Más calmada,
su faz volvía a presentar esa apariencia dura e imperturbable
que la caracterizaba. Nozomi, por consejo de la niña que estaba
a su servicio, había tomado un baño rápido y se había puesto
su uniforme de nuevo, aunque sin la chaqueta. Aunque cuando
había llegado a Gaea el frío era tan intenso como el del
invierno de Japón, Inacra estaba resguardada de las inclemencias
del tiempo, disfrutando de un clima suave, casi de primavera. Por
eso Nozomi podía pasearse en camisa y sin las medias
tranquilamente.
"Siento mucho el malentendido, señorita Nozomi. No era
nuestra intención desviarte de tu ruta" empezó a decir la
princesa suavemente. Nozomi la miró sarcásticamente. "¿De
verdad? ¿Y para qué queréis a Kanzaki, si puede saberse?
Quizás os pueda ayudar"
Aunque en realidad la chica sabía que no era cierto, quería
enterarse de alguna forma del motivo de tanto revuelo. Al fin y
al cabo, que la hubiesen secuestrado en vano no le parecía
justo. Ya que estaba allí, al menos se enteraría de por qué.
La mujer de pie enfrente de ella la miró, sin acabar de
decidirse a contárselo o no. Finalmente tomó una decisión con
una sonrisa astuta.
"Será un gran placer, Nozomi, puesto que te has visto
envuelta en todo esto sin tener la culpa de nada" dijo,
mientras se sentaba en el banquito de mármol junto a la fuente,
y la otra joven hacía lo propio en la hamaca. "Verás,
queríamos comentar con tu compañera Hitomi un par de
temas que conciernen al bienestar de la ciudad de Inacra.
Aunque aunque quizás tú también podrías colaborar"
declaró la princesa pensativamente. "Nozomi-san, ¿te
gustaría atravesar la frontera que separa a los humanos de los
ángeles? Nosotros te podríamos ofrecer esa posibilidad"
La chica se quedó muda de asombro. Cada vez entendía menos lo
que estaba pasando a su alrededor. <Primero me secuestran;
después me encierran en la casa pensando que soy Kanzaki, y esta
mujer se irrita muchísimo porque se han equivocado. ¿Y ahora me
quieren ayudar jugando a ser dioses?> pensó la chica con una
mezcla de ironía y desconcierto.
Entonces la mujer prosiguió con voz suave. "Querida Nozomi,
sé que puedes oír los pensamientos de la gente"
Aquí la joven se sobresaltó si cabe aún más. "¿Cómo
sabes eso?" preguntó precipitadamente. No le gustaba
sentirse desprotegida, y con aquella mujer Nozomi tenía la
impresión de que no podía esconder nada.
Arien sonrió apaciblemente. "El capitán de la guardia me
lo comunicó. Es un poder extraordinario, que incluso entre
nosotros no se encuentra fácilmente. Sólo en la antigüedad,
perdidos entre las brumas del tiempo, se recuerdan aún casos de
este tipo" explicó. "Por eso, Nozomi, te ofrezco la
posibilidad de unirte a nosotros"
La chica la miró con desconfianza. "¿Por qué debería
hacerlo?"
"Porque estás sola, y no hay nada que te impulse a
dejarnos. No quieres volver con tu familia porque no eres feliz
allí, y este viaje ha sido la respuesta a tus deseos. Te uniste
a una persona con grandes poderes, que algunos de nosotros
querrían para sí, y ella ha sido el puente entre la Luna de las
Ilusiones y Gaea. Sé que odias tu poder, pero yo puedo
enseñarte a convivir con él. Cuando te unas a nuestro pueblo
podrás penetrar en los misterios de la mente" manifestó la
princesa con tono fluido y convincente. Nozomi se sentía a la
vez fascinada y atemorizada. "¿ Cómo sabes todo eso
de mí?" preguntó, temblando. Arien sonrió para calmarla.
"No tengo tus poderes, pero hay alguien entre nosotros que
también puede penetrar en los misterios del alma de las
personas"
Al ver que Nozomi no se acababa de decidir, la princesa se
levantó, tomándola de la mano. "Querida, acompáñame.
Antes de forzarte a tomar una decisión, deberás visitar el
Omphalos [léase Ómfalos]"
Nozomi se dejó guiar, abstraída en sus propios pensamientos.
Salieron de la casa rápidamente. Delante de ésta había un
bonito parterre repleto de flores y arbustos. Los moradores de la
ciudad paseaban, charlaban y reían entre ellos. Había grupos de
niños jugando a carreras, y sobrevolaban las calles lo más
deprisa que podían hasta que alguna madre los detenía y los
reconvenía dulcemente.
El hombre moreno que Nozomi ya conocía les salió al paso. Como
si ya supiese lo que debía hacer, cogió a Nozomi en brazos de
nuevo y extendió sus alas. Arien hizo lo propio, y los tres se
elevaron, cruzando la ciudad y el río que discurría a sus pies,
en dirección al risco opuesto. A medida que se elevaban, ante
los ojos de Nozomi fue apareciendo una edificación construida en
un amplio llano en la ladera del peñasco.
"El Omphalos " murmuró la chica en voz baja.
Pronto los dos atlantes y Nozomi aterrizaron en la explanada.
Estaban en una avenida columnada y pavimentada, cuajada de
árboles. Entre las columnas discurría un riachuelo de aguas
extrañamente doradas, que provenían de una grieta en una enorme
roca junto al final de la senda. Junto a ella se alzaba una
construcción circular, columnada y de dimensiones considerables.
Las columnas trazaban tres círculos concéntricos, y después se
accedía a través de un arco al interior de la enigmática
edificación.
"Rigel [pronúnciese Riguel ^^], tú esperarás aquí"
ordenó Arien al hombre, mientras éste depositaba a Nozomi en el
suelo cuidadosamente. El atlante se inclinó respetuosamente,
acatando la voluntad de la mujer. Después ella se volvió hacia
Nozomi.
"Ahora vas a enfrentarte con tu pasado, Nozomi. Aquí
tomarás la decisión correcta, y espero que decidas quedarte con
nosotros para ayudarnos a hacer realidad nuestro deseo de crear
un mundo mejor" declaró. "Pero en el Omphalos deberás
entrar sola. Sin embargo no debes preocuparte; no hay nada que
pueda hacerte daño"
Después de esas palabras Arien dio un empujoncito a Nozomi en la
espalda, incitándola a entrar en el edificio. La chica, haciendo
acopio de valor, se dirigió allí con pasos firmes. <Sea lo
que sea, necesito saber cómo han podido hacerlo. Cómo han
sabido todos mis secretos>
Aunque en el fondo tenía miedo, el orgullo le impedía colver
atrás con aquella princesa altanera y su sumiso súbdito.
Así que se adentró entre las columnas y las enredaderas, que
filtraban una luz teñida de verde entre aquel bosque de
pilastras. Al llegar al arco que servía de acceso, apartó la
fina cortina de seda blanca con cautela. Comprobó con sorpresa
que el interior no era tenebroso ni oscuro como era de esperar.
Una rayo de luz que provenía de una abertura en el techo caía
sobre una esfera de cristal, que se encargaba de reflejarla e
iluminar generosamente la estancia.
Nozomi bajó los escalones cautelosamente; aquella disposición
le recordaba a los anfiteatros que había visto en su niñez,
cuando aún vivía en Roma. En el centro de la estancia había
una oquedad de forma ovalada, oscura, y Nozomi comprobó con
sorpresa y un poco de angustia que, flotando en una especie de
ingravidez, había un trono de roca un metro por encima del
abismo. Encima de él estaba sentado un joven envuelto en una
túnica blanca, con los ojos cerrados. En sus manos refulgía una
vara con una extraña gema en uno de sus extremos. Cuando la
chica estaba a medio camino del centro de la habitación, el
hombre abrió los ojos lentamente, pero de sus labios no escapó
ni un solo sonido. Siguió a Nozomi con la mirada hasta que la
chica llegó al borde del abismo y se detuvo, frotándose las
manos nerviosamente. Al ver que el joven seguía sin decir nada,
la joven se atrevió finalmente a romper el silencio.
"¿Eres tú el que puede adivinar el pasado de la
gente?"
El hombre se tomó su tiempo para contestar. "No. Yo tan
sólo observo los destinos de las personas"
Su voz era pausada y agradable; Nozomi pensó que hacía que
pareciese más mayor de lo que aparentaba con su aspecto. Sin
embargo la chica no quería dejarse intimidar y entrar en el
juego de la princesa, así que fue directa al grano.
"Bien, según parece tengo que tomar una decisión aquí
dentro "
"Sí"
"¿Acaso sabes tú cuál es la decisión correcta?"
inquirió la muchacha con suspicacia.
"Yo sé cuál es la única solución posible"
Nozomi calló, un poco cohibida ante la seguridad con la que se
expresaba el joven.
"¿Quiénes sois? ¿Qué queréis de mí?" inquirió
con voz temblorosa. "¿Esto no es un sueño?"
"Somos los últimos atlantes, los vestigios del legendario
Pueblo del Dios Dragón. La princesa Arien desea que te unas a
nosotros, porque cree que eres digna de ello. Siempre lo ha
considerado un gran honor" explicó el hombre. "Y ten
por seguro que esto es un sueño. Es tu sueño, hecho
realidad"
Nozomi abrió los ojos, sorprendida. <¿Mi sueño?>
La sala quedó en silencio. Sólo se escuchaba la agitada
respiración de la joven. Poco a poco la chica se fue calmando,
mientras tomaba una determinación.
Al cabo de un rato Arien vio cómo Nozomi salía del lugar. Su
cara se veía animada por una luz extraña; la princesa sonrió
para sí, saboreando el triunfo que significaba un nuevo paso
hacia la realización de su proyecto.
Yukari se llevó las manos a la boca. Su cara estaba mortalmente
pálida a causa del mareo. Amano le daba golpecitos en la espalda
mientras Hitomi se iba a conseguir una bolsa de papel.
Ya llevaban un par de horas volando, y aunque el primer tramo del
viaje había sido tranquilo, hacía tan solo una media hora
habían entrado en un campo de rocas flotantes, y la tripulación
del Crusade tenía que hacer bruscos cambios de dirección para
evitar chocar con alguna.
"¡Ya estoy aquí!" gritó Hitomi mientras entraba a la
carrera en la estancia, agitando un trozo de papel que había
plegado hábilmente. Una sacudida hizo que la chica tropezase y
cayese de bruces al suelo, mientras la improvisada bolsa de papel
volaba por los aires. Amano la cogió al vuelo y se la dio a
Yukari apresuradamente.
Hitomi se frotó el brazo izquierdo mientras se sentaba en el
suelo. <Van, ¿dónde estás ahora?>
<Hace una hora que atravesé la frontera con Astria. Creo que
pronto llegaré a las Montañas de Kinnon. ¿Y vosotros?>
<Estamos atravesando un campo de piedras flotantes. Voy a
indicarle a Allen el rumbo a seguir> dijo Hitomi.
<Bien>
Gritando un "Ahora vuelvo" a sus dos amigos, la chica
se dirigió al puente de mando.
"Hola, Hitomi" saludó Allen, pasándole un brazo por
encima de los hombros.
"Allen, Van viene hacia aquí; dice que está cerca de las
Montañas de Kinnon"
El caballero Celeste asintió en silencio; acto seguido gritó un
par de órdenes a su tripulación.
Hitomi cerró los ojos. <No tengo el colgante de mi abuela,
pero pero quizás no lo necesite para encontrar a Van. Tal
vez pueda hallarlo sola> pensó. Concentrándose con todas sus
fuerzas, experimentó de nuevo aquellas sensaciones que ya había
olvidado, hasta que por fin sintió claramente el rumbo que
debían tomar.
"Allen, es por allí" indicó apresuradamente. El
hombre se limitó a no hacer preguntas y a seguir los consejos de
Hitomi. Ya sabía por experiencia que en esos temas la chica era
infalible.
Al cabo de poco menos que una hora, todos los presentes en el
puente de mando del Crusade pudieron verlo. Un puntito de luz se
acercaba a gran velocidad hacia ellos; a medida que se acercaba,
todos [menos Yukari y Amano, claro] pudieron reconocer la
familiar silueta de un guymelef blanco, en forma de dragón, que
había luchado a su lado durante la Gran Guerra.
Hitomi no pudo evitar sonreír con júbilo, deleitándose en la
silueta que pilotaba con pericia el enorme melef, tan conocida y
añorada. <Van>
Continuará...
Notas de la autora: Wenas... Ya lo sé, la reunión se está
haciendo rogar, pero ya prometo que en el siguiente capítulo por
fin van a juntarse de nuevo [no se crean, yo tb espero el momento
con impaciencia ^^]. Por fin he empezado a explicar un poco todo
lo de Nozomi [al fin y al cabo el capítulo se llama La ciudad de
los ángeles, ¿no?], pero no se crean, todavía hay mucho,
muchísimo, q descubrir... Ya sé q muchos se estarán
preguntando q qué hace una nación constituida por atlantes
cuando en teoría Van y Folken eran los únicos... [les aseguro q
Van e Hitomi, q son los únicos q de momento saben algo sobre
eso, están igual de sorprendidos ^^U]. Pero tranquilos, q las
explicaciones llegarán a su debido tiempo. Ahora es más
divertido dejarlo en el aire, así como tb la razón por la q
querían secuestrar a Hitomi aunque les saliese el tiro por la
culata, o cómo sabían dónde hallarlos [bueno, eso está claro,
¿no? Tener un Oráculo en casa debe ser muy práctico...]
Ahora sí q termino... para cualquier sugerencia, comentario,
duda, pregunta, insulto o tomatazo escriban a
ryuu_angel@hotmail.com, correo abierto las 24 horas del día, y
prometo contestar lo antes posible [o al menos intentarlo, pq soy
un poquitín vaga ^^U...]
¡Hasta pronto! ^_-
Oh, sí, una cosa más... ¿quieren q en las notas incluya un
avance del siguiente capítulo, o prefieren q no? Mándenme su
opinión a donde ya saben, y muchas gracias por adelantado.