La Visión de Escaflowne II:
TENSHI NO YUME


Capítulo 5: Razones del Corazón.

 

Van sintió cómo el corazón le daba un vuelco al divisar la silueta del Crusade. Se le hacía muy rara la idea de volver a ver a Hitomi, casi no podía acabar de convencerse de que no era ningún sueño ni una ilusión. El joven maniobró el melef hasta que se posó grácilmente sobre el casco de la nave. El viento soplaba con fuerza, agitando frenéticamente las copas de los árboles. El Crusade volaba a unos diez metros del suelo, estrategia adoptada, según Van podía adivinar, para evitar colisiones contra las rocas flotantes que se extendían unos quince metros por encima de sus cabezas, semejantes a enormes guijarros en el río celeste.
El imponente dragón blanco adoptó la forma de un enorme guerrero de metal en un abrir y cerrar de ojos. Tras dejar a Escaflowne de rodillas, para evitar que con un vaivén pudiese caer de la nave, Van saltó de la cabina como impulsado por un resorte. Al llegar al suelo, la puerta que daba a la escotilla se abrió súbitamente.
Los ojos de los dos se cruzaron en unos momentos que les parecieron eternos. Las pupilas de Hitomi estaban anegadas en lágrimas, que intentaba contener; a Van le parecieron más verdes y hermosos de lo que los recordaba. Un segundo después los dos estaban fundidos en un abrazo; Hitomi prácticamente sollozaba en el pecho de Van, que le acariciaba el pelo protectoramente, sin poder ni querer soltarla. Ambos pudieron experimentar la misma sensación; habían sido las dos mitades de una unidad, y ésta no había estado completa hasta aquel momento.
"Van…" susurró Hitomi entrecortadamente, mientras con su mano derecha acariciaba la fría y aterida mejilla del joven. "No sabes cuánto te he echado de menos…"
"Hitomi"
Los otros tripulantes de la nave contemplaban la escena discretamente y en silencio. Allen sonreía, mientras Yukari miraba a su amiga con cariño. Podía entenderla perfectamente, y cogió a Susumu de la mano, refugiándose en él acto seguido. "Me alegro mucho por Hitomi" le susurró la joven a Amano. "Es el mismo muchacho, ¿verdad?"
El joven asintió. "Creo que hasta ahora no me había dado cuenta de lo desdichada que se veía a Hitomi en casa. Espero que recupere esa alegría que dejó en este planeta con ese chico" manifestó Amano en voz baja y pensativa.
La pareja se acercó a ellos con una sonrisa; Van había pasado su brazo por encima del hombro de Hitomi, a quien se veía radiante.
Al llegar junto a Allen y los demás, Van los saludó efusivamente.
"Me alegro mucho de verte, Allen. Muchas gracias por cuidar de Hitomi" dijo el joven mientras Allen le daba golpecitos amistosos en la espalda. Casi toda la tripulación del Crusade había salido para recibir al joven, que cruzó unas palabras con ellos amigablemente, como viejos compañeros de armas que habían sido; después unos tuvieron que acudir rápidamente al puente de mando, puesto que se les necesitaba allí para sortear unos riscos que se recortaban en el horizonte. Los otros se apresuraron a abrir la puerta de cargamento para que Van pudiese introducir el Escaflowne dentro.
Hitomi se acercó a sus dos amigos, perdidos y desorientados entre tantas palabras extrañas. La chica sonrió a Yukari y Amano mientras se disponía a hacer las debidas presentaciones.
"Van, estos son Yukari y Amano. Amano, Yukari, este es Van Fanel" dijo Hitomi con una sonrisa.
"¿No estaban contigo la primera vez que combatí al dragón?" preguntó Van, alargando la mano a la pareja, que la estrecharon con energía.
Hitomi asintió, traduciendo lo que decía Van.
Los cuatro se quedaron en silencio, sin saber cómo continuar. Yukari cogió a Amano del brazo alegremente. "Hitomi, nosotros nos vamos al puente con el capitán Allen; uno de los tripulantes nos está enseñando algunas palabras básicas para que podamos entendernos, así que vamos a practicar" indicó la chica con un guiño. "Además, estoy segura de que tendréis muchas cosas de que hablar"
Hitomi sonrió con gratitud. <Gracias, Yukari>
Pronto los dos jóvenes se quedaron solos de pie junto a la puerta de acceso a la nave. "Debo entrar al Escaflowne" declaró Van mientras miraba a Hitomi. La chica lo observó con dulzura: el joven tenía el pelo negro revuelto por el vuelo, y tiritaba casi imperceptiblemente bajo las ropas de abrigo que llevaba.
"Me alegro de volver a estar aquí contigo, y también de volver a ver a Escaflowne" musitó Hitomi. Era incapaz de dejar de sonreír; ya casi había olvidado el timbre cálido de la voz de Van, y la sensación de bienestar que le producía el mero hecho de estar junto a él. "Pero será mejor que entres el guymelef rápidamente… si no, cogeremos los dos un resfriado"
El chico saltó en la cabina de nuevo, exultante de gozo. Introdujo la enorme máquina en el hangar en unos instantes y descendió de nuevo para reunirse con Hitomi, que lo había seguido en sus maniobras.
Los dos jóvenes no necesitaban palabras para expresar todo lo que sentían; simplemente estaban agradecidos por estar de nuevo juntos.
"¿Cómo has estado, Van?" preguntó quedamente Hitomi mientras caminaban hacia los camarotes interiores del Crusade. Van sonrió con serenidad, pasándole a la chica el brazo por encima del hombro.
"No tan bien como ahora" dijo el rey con placer, "pero Fanelia ya vuelve a ser la que era. Por supuesto que la guerra ha dejado cicatrices que todavía no se han cerrado, pero poco a poco el país se está rehaciendo." Después de una pausa, miró a Hitomi. Por primera vez se fijó en los cambios operados en la joven. Van enredó sus dedos en el pelo de Hitomi con suavidad, con una mezcla de estupor, satisfacción y embobamiento. En el primer momento la chica se sonrojó, desconcertada y tímida. "Me… me alegro mucho" susurró algo retraída.
Al ver que su gesto incomodaba un poco a Hitomi, Van retiró su mano y cambió de tema.
"¿Y tú? Aunque me lo has contado mil veces, no me parece lo mismo que si te lo oigo decir" manifestó el chico.
"Bueno, he seguido con mi vida normal… no ha ocurrido nada extraordinario en estos años" exclamó Hitomi, "Eso, sin contar que acabo de regresar… Aunque me extraña, porque te regalé el…"
Al escuchar sus palabras Van extrajo el colgante de Hitomi, que estaba oculto entre los pliegues de la camisa, y lo sostuvo entre sus dedos. La piedra brilló con intensidad, y cuando la chica se percató de ello lo acarició con ternura. Van instó a Hitomi a proseguir con el relato. A decir verdad él también estaba un poco intrigado, puesto que creía que el contacto entre la Tierra y Gaea había sido posible tan sólo gracias al collar de Hitomi y al energist de Escaflowne.
"Qué extraño. ¿Y dices que han venido amigos tuyos de la Luna de las Ilusiones?" inquirió Van con interés. La chica asintió.
"Sí, tres… Pero lo que más me preocupa es que Nozomi, una de las chicas que vinieron, desapareció la noche que llegamos… y no pude ver a los asaltantes que se la llevaron. Sin embargo… me produjeron una sensación extraña, que creo haber sentido anteriormente"
"¿Cómo ocurrió?"
"Habíamos montado un pequeño campamento para descansar; nos habíamos encontrado con una chica, Jaira, que se había ofrecido a llevarnos en su carromato hasta Palas, y después había aparecido el hombre topo que, según nos contó después, había ido a visitar a un pariente. De pronto el fuego se apagó, y presentí peligro. Me escondí con Yukari en un agujero, y lo único que pudimos ver fueron unas siluetas borrosas, que parecían hechas de bruma, mientras la chica, Nozomi, gritaba. Creí oírla hacer algún comentario sobre su cabeza, y sobre ángeles, pero no podría asegurarlo… lo que sí pude percibir fueron las palabras, o quizás los pensamientos, de los secuestradores. Dijeron: "Esa debe ser la chica. Cojámosla y marchémonos". Unos instantes después el fuego volvía a estar encendido, pero Nozomi no estaba."
Van se sumió en sus pensamientos, intentando obtener de la información proporcionada por Hitomi algún dato que pudiese revelar la identidad de sus atacantes. Sin embargo no pudo hacerse una idea de quiénes podían ser.
"Van, háblame de ese pueblo de atlantes que me mencionaste hace unos días…" solicitó Hitomi, que intuía que podía estar relacionado, si no con el secuestro, al menos sí con su visión. Las mejillas del joven se sonrojaron casi imperceptiblemente.
"Bien, hace unos meses llegó a Fanelia una delegación de atlantes. Decían venir de un país llamado Inacra, cerca de Astria, con buena voluntad. La mujer que los lideraba, la princesa Arien, me explicó un poco la historia del país…" llegado a ese punto, Van titubeó, pero la firme mirada de la joven a su lado lo convenció para que prosiguiera. "Bueno, la princesa Arien quería… sellar un pacto con Fanelia. Me propuso casarme con ella"
Hitomi se quedó estupefacta; aunque ya sabía que Van había rechazado la oferta, no pudo por menos que sentir un peso oprimiéndole el pecho, considerando con horror la posibilidad de ver casado a Van con otra persona. Al ver el efecto que habían causado sus palabras en la chica, el rey de Fanelia apretó afectuosamente la mano de Hitomi. "La rechacé, ya lo sabes."
"¿Pero por qué quería casarse contigo?" barbotó la joven, sintiéndose estúpida en el momento de formular la pregunta. <Qué tonta soy…pues porque Van es el rey, por supuesto… Y un rey debe casarse y tener una reina a su lado…> pero no pudo seguir pensando en aquella idea, porque se daba cuenta que el puesto de Van no le permitía seguir siempre los dictados de su corazón.
"La princesa Arien argumentó que, perteneciendo ambos al mismo pueblo, sellar esa alianza era imprescindible para su país y muy beneficioso para Fanelia por numerosas razones. Estaba convencida de que un rey atlante debe tener una reina que sea también descendiente del Pueblo del Dios Dragón, y de que éramos… la pareja perfecta" declaró Van en tono pensativo. "Bobadas"
Sintiéndose de repente invadida por la inquietud, Hitomi se arrebujó en su abrigo. <Entonces quizás mi visión tenga algo que ver con todo este asunto…>

Nozomi aún se sentía cohibida al moverse por la ciudad de edificios blancos y majestuosos. La comitiva que la precedía se internó por las amplias y soleadas calles de la ciudad, plagada de pasos elevados, miradores y jardines, en dirección a una construcción que se alzaba en el risco oriental de la ciudad, al borde del Cañón de Azur. Estaba a unos veinte minutos andando desde la mansión de Arien, donde la joven se alojaba, tiempo más que suficiente para admirar el elegante trazado de la ciudad y los miles de atlantes que volaban de un lado a otro con fluidez.
Al llegar al pie de la construcción, la chica la miró de arriba abajo, extasiada, rememorando su niñez en Italia al contemplar las esbeltas columnas de capiteles con delicadas volutas de mármol. Al ver su maravillada expresión, una de las atlantes que integraba el séquito guía se acercó a ella. La joven tenía el cabello rubio, que le caía en bucles suavemente sobre los hombros, y unos dulces ojos azules.
"Es bonita, ¿verdad?" dijo dirigiéndose a Nozomi; "Es el corazón de nuestro pueblo; aquí nuestros investigadores han conseguido grandes avances en muchos campos de la ciencia. Gracias a ellos la ciudad es como es" explicó la atlante con satisfacción.
"¿Por qué tengo que ir allí?" inquirió Nozomi con curiosidad. Tras su visita al oráculo, Arien no había querido esperar demasiado, así que tras un breve tiempo de descanso había mandado a Nozomi a aquel lugar.
"Allí se te concederá el Don" dijo la atlante misteriosamente. "Tienes mucha suerte, porque eres la primera que tiene ese honor. Seguro que Anshar le dijo a Arien cosas muy importantes sobre ti…"
Nozomi enarcó las cejas. "¿Quién es Anshar?
"El Oráculo, por supuesto"
Nozomi asintió, distraída, aunque en aquellos momentos estaba más interesada por el edificio en el que acababan de entrar que por lo que le decía la chica a su lado. Siguió a la procesión en silencio por amplios corredores, a cuyos lados se abrían innumerables puertas cubiertas tan solo con cortinas blancas, que ondeaban con la brisa.
Después de unos minutos llegaron a un ala del edificio en la que las paredes se volvían inmaculadamente blancas. El arco que daba acceso a aquella sección tenía una inscripción que Nozomi no se paró a leer. El séquito de nueve atlantes que la había acompañado hasta allí se detuvo; el capitán de la guardia, Rigel según Nozomi recordaba, le indicó a la chica con un gesto de la mano que entrase.
Nozomi asintió, insegura. Dio un par de pasos vacilantes, hasta que se decidió a entrar y apartó la cortina a un lado, que después volvió a caer con elegancia, ocultando a la recién llegada a la vista del grupo de atlantes.
"Esperemos que el experimento salga bien…" murmuró Rigel con voz ronca. La rubia atlante lo miró con afecto;
"Estoy segura de que así será"

Allen, Yukari, Amano, Hitomi y Van estaban sentados alrededor de una mesa de caoba. Dado que ya hacía muchas horas que no comían nada, el caballero celeste había sacado un barril de agua y un par de frutos secos que conservaba para ocasiones como aquellas. Yukari, que tenía mucha hambre, se llevó a la boca tres frutos de aspecto quebradizo, delicado, pero que sabían estupendamente. Hitomi la miró con afecto. <Yukari… Debes de echar muchísimo de menos a tu familia… como yo la primera vez>
Pero estaban allí sin saber muy bien por qué, intentando resolver los problemas que iban apareciendo desde su llegada a Gaea. Van puso su mano sobre la de Hitomi, que se giró, un poco sorprendida.
“Entonces, ¿quieres que busquemos a vuestra compañera?” inquirió el joven con vehemencia. La joven sonrió, reconociendo en sus palabras al Van impulsivo de siempre.
“No podemos dejarla allí donde se encuentre, tenemos que rescatarla… quizás le hayan hecho daño” musitó la chica, sintiéndose de repente culpable de lo que le había ocurrido a Nozomi.
“Bien, pero ¿cómo sabremos dónde buscar?” intervino Allen con la serenidad que lo caracterizaba. Hitomi tragó saliva. <No pasará nada malo… no voy a leer el futuro, al fin y al cabo>
“Podría intentar encontrarla yo… usando el colgante” sugirió la joven. Van la miró de reojo. <¿Estás segura de que quieres hacerlo, Hitomi?>
La chica sonrió, como asegurándole que estaría bien. El chico extrajo el colgante de debajo de su camisa y se lo sacó, para entregárselo a Hitomi. Ésta pudo sentir que ahora aquella piedra contenía algo de Van; todos los sentimientos del muchacho hacia ella estaban contenidos en la gema del colgante.
Sin que se lo hubiesen pedido, Allen sacó un enorme mapa que ocupó toda la mesa. Amano y Yukari se apresuraron a retirar el agua y los frutos secos para que no se derramasen mientras Hitomi cerraba los ojos, sosteniendo el colgante entre sus dedos y concentrándose en él.
<Nozomi, ¿dónde estás?>
Van observaba a Hitomi con confianza. <Seguro que si Merle estuviese aquí haría algún comentario…> pensó el joven, mientras recordaba las peleas de la chica gato con Hitomi. <No se van a reconocer la una a la otra cuando se encuentren> pensó, divertido.
Yukari no se cansaba de observar al joven rey de Fanelia. Aquel era el chico que había hecho sufrir tanto a Hitomi, y que la había hecho, al mismo tiempo, tan feliz… Pero al ver lo que su amiga se disponía a hacer, se quedó asombrada; nunca había visto a Hitomi usar ese tipo de poderes, puesto que en la Tierra su compañera se había limitado a leer el Tarot.
“¿Qué está haciendo?” susurró la muchacha a Amano, que también estaba pendiente de Hitomi.
“No estoy seguro, creo que es algo relacionado con Nozomi”
Pasó un cuarto de hora, y sin embargo la chica no había conseguido descubrir aún el paradero de la desaparecida. Van suspiró, mientras Allen le pasaba su pañuelo a Hitomi para que se sonara.
“Hitomi, ¿cómo lo hiciste para encontrarme a mí cuando caí en las garras de Zaibacher?” preguntó Van.
“Eh.. bueno, creo que hicimos lo mismo que ahora…” dijo la chica en tono pensativo, “… no, espera. Tuvimos que conseguir una cosa que hubiese sido tuya. ¿No tenemos nada que Nozomi pudiese tocar, o tener?” preguntó, mirando a Yukari y a Amano. Éstos menearon la cabeza negativamente.
“Nada que yo sepa. Estaba muy celosa de sus cosas…” declaró Yukari. “¿Qué pasará si no tenemos nada suyo?”
Hitomi no quiso pensar en ello; estaba cansada, empezaba a tener sueño y le dolía la cabeza.
Allen le pasó el brazo por los hombros. “Hitomi, descansa. Después ya la seguirás buscando. Se nos ocurrirá algo, seguro”
La chica asintió con fatiga. Pero después meneó la cabeza, como si quisiese ahuyentar el sueño. “No, tengo que seguir buscando… Puede ser que funcione lo mismo si pensamos en un objeto que le perteneció, aunque no lo tengamos con nosotros. Yukari, Amano, ¿podríais ayudarme? Necesito que penséis en Nozomi. Pero no sólo en ella, sino en los sentimientos que despierta en vosotros…”
Yukari asintió, trémula, mientras ponía su mano sobre la de Hitomi. Amano la imitó, sintiéndose un poco estúpido.
"¿Por qué haces esto, Kanzaki? ¿Cómo la vas a encontrar?" inquirió el chico.
"No sé cómo… pero puedo hacerlo. Con mi colgante he localizado varias veces personas y lugares de esta forma" explicó Hitomi; "Pero bueno, ahora necesito que os concentréis… esto puede llevar tiempo"

Allen dejó el camarote para ir a ver cómo iban las cosas en el puente de mando. Había sido una jornada llena de emociones. Y las primeras que debía poner en orden eran las suyas. Hitomi había vuelto. Examinó cuidadosamente lo que sentía por la chica ahora; ¿era aquel sentimiento que lo había impulsado a besarla en el puente años atrás? ¿Había estado enamorado de Hitomi realmente? ¿Y ahora, qué? Sabía que, fuese lo que fuese, tendría que renunciar a ella porque amaba a Van.
"¡Eh, capitán! ¿Hitomi ya ha descubierto a dónde nos dirigimos?" preguntó Gadeth.
"Tenemos que esperar un poco para eso" replicó Allen mientras apartaba de su mente todo pensamiento que estuviese relacionado con Hitomi.
Se sentó en un paquete embalado con un papel tosco y rugoso. En efecto, tendrían que esperar. Para saber a dónde iban , pero también para saber a qué atenerse.
Un rato más tarde Van entró en el puente. "Allen, pon rumbo a la frontera de Cesario con Daedalus. Hitomi la ha encontrado" manifestó, mientras señalaba el punto exacto en el mapa que había colgado en una de las paredes. Allen asintió, empezando a gritar órdenes para enderezar el rumbo eficazmente. Van dio la vuelta para irse, pero Allen lo detuvo.
"¡Van!"
El chico se paró en seco y Allen prosiguió; "¿Cómo está Hitomi?"
"Cansada. Ha sido necesario emplear mucho tiempo para encontrar a la chica desaparecida, y han tenido que concentrarse mucho"
Después Van se volvió hacia el mapa colgado, y señaló el punto indicado. Allen se acercó al joven. Con extrañeza comprobó que Van era casi tan alto como él; por un momento había olvidado que los tiempos de la Gran Guerra ya habían pasado, y que el chico había crecido.
"Es extraño… Hitomi dice que la chica se encuentra aquí…" dijo Van pensativamente, trazando círculos con el dedo alrededor del lugar, "Es la Tierra de Nadie"
Allen frunció el ceño, desconcertado. Aquel lugar había sido territorio neutral durante siglos, no había nada en aquella zona. ¿Cómo era posible que la chica desaparecida estuviese allí?

Arien se frotó las manos, impaciente. Los pliegues de su túnica se mecían al vaivén de la brisa mientras esperaba a que los eruditos le diesen alguna noticia. Aquel momento era muy importante para ella, si conseguía su propósito podría hacer realidad su sueño.
El moreno capitán de la guardia, Rigel, estaba arrodillado a su derecha, con la cabeza baja. Cuando la mujer se volvió hacia el edificio blanco, él se atrevió a levantar la vista, con los ojos brillantes. "Saldrá bien, princesa" dijo en voz baja y tranquilizadora. Arien se volvió hacia él con una mirada de desdén.
"Por supuesto que sí. He trabajado mucho para que sea así"
Rigel aguantó el chaparrón con resignación. Después de un momento de silencio, prosiguió en voz baja. "¿Sigues enojada conmigo porque no traje a Hitomi Kanzaki, princesa?" tanteó con abatimiento. La mujer de ojos de dragón no respondió de inmediato.
"…Quizás" Después de otro silencio que al hombre se le hizo interminable, Arien continuó; "Pero esta chica tiene algo especial; el Oráculo manifestó que tenía alguna clase de poder que sería muy beneficioso para nuestro Pueblo, si se ponía de nuestra parte" suspiró. Tras un silencio breve, la altiva princesa frunció el ceño con rabia; "¡A veces ese joven me pone de los nervios! ¿Por qué siempre tiene que hablar en clave? Ya sé que es pariente tuyo, pero permitirle ser el guardián del Destino fue un error; ¡ese es un privilegio destinado a las mujeres!"
Rigel calló, sabiendo que cuando se ponía de mal humor lo mejor era no llevarle la contraria. Cerró los ojos y respiró profundamente el aroma de las flores de los jardines de la ciudad. Todo aquello aún le parecía un milagro, un sueño que no podía ser cierto.
En aquel momento Arien levantó la vista al cielo con impaciencia; una comitiva integrada por cinco personas volaba hacia ese pequeño jardín auxiliar, desde la cúpula de experimentación. Rigel se puso de pie, situándose detrás de la mujer. Tres de los recién llegados eran ancianos, y las otras dos eran atlantes jóvenes.
"Princesa, le informamos de que el experimento ha sido un éxito. Creemos que podremos controlar el proceso a la perfección con el siguiente sujeto de prueba. Messara ya ha redactado la descripción detallada del proceso" anunció uno de los ancianos, mientras la joven que vestía de verde le entregaba con deferencia una delicada lámina de aspecto quebradizo.
Arien la tomó bruscamente; "Habéis tardado mucho" se limitó a decir. "No podemos permitirnos el lujo de gastar tanto tiempo en una sola persona" gruñó secamente. Los ancianos se apresuraron a hacer una reverencia para disculparse.
"Lo sentimos mucho; el proceso ha seguido un camino diferente del que esperábamos. Los miembros han salido de inmediato, pero no hemos podido evitar que se oscurecieran ligeramente. Aún estamos trabajando en ello, princesa, debéis disculparnos"
La mujer los miró con altivez; después pareció olvidar su irritación y sonrió. "Tranquilos, habéis hecho un buen trabajo. ¿Está la chica despierta?"
Los cinco negaron con la cabeza. Una de las jóvenes, la que le había dado el informe a Arien, respondió por todos. "No, princesa; se ha desvanecido durante la operación. ¿Deseas verla?"
La mujer asintió, desplegando sus alas con gracia y alzando el vuelo con Messara y Rigel, que las seguía de cerca.

Nozomi abrió los ojos de repente; los recuerdos aún eran muy vívidos, y se repetían insistentemente en sus agitados sueños. Miró a su alrededor; se encontraba acostada en un suave colchón de color azulado. En torno al tálamo árboles y arbustos se mezclaban exóticamente, mientras que detrás de ella había unas escaleras que llevaban a un arco cubierto por las omnipresentes cortinas nacaradas.
A unos metros del colchón había una celosía por la que trepaba un jazmín. Nozomi cerró los ojos y inspiró profundamente; sin embargo percibió los pensamientos de otra persona tras el enrejado. La chica se incorporó a la defensiva.
"¿Quién está ahí?" gritó con irritación.
De detrás de la celosía salió con porte majestuoso la princesa de aquel Pueblo extraño. Sonreía con placer, mientras en sus manos sostenía una joya de tonalidad rojiza.
"¿Cómo te encuentras?" inquirió, tendiéndole a Nozomi una mano para que pudiese levantarse con comodidad. La chica así lo hizo, para descubrir que su uniforme de instituto había desaparecido. En su lugar ahora llevaba puesta una túnica parecida a las que llevaban las mujeres de aquella ciudad, cuyos pliegues caían elegantemente hasta el suelo. Sin embargo aquello no le acabó de convencer; era como si estuviese perdiendo una parte de su identidad. Se volvió hacia la princesa con furia.
"¿Y mi ropa? ¿Qué habéis hecho con ella?" preguntó airadamente. La mujer la miró con tranquilidad.
"Quedó rota. La hemos guardado" explicó pausadamente Arien, mientras ajustaba uno de los broches del vestido. "Escucha, Nozomi, te estoy ofreciendo un hogar. Eso no significa que tengas que renunciar al anterior, tan sólo quiero decir que aferrarse al pasado trae inevitablemente tristeza"
Nozomi la escuchó en silencio. <Mamá… papá… > Se llevó las manos a los ojos para contener las lágrimas que ya pugnaban por escapar a su control. "¿Qué me estás diciendo entonces? ¿Qué me quede aquí para siempre? ¿Qué renuncie al pasado, a volver a mi casa? ¡No voy a hacer eso! ¡Yo no pertenezco aquí, esto es una locura! ¿Qué me habéis hecho?"
Arien sostuvo a la temblorosa muchacha entre sus brazos como una hermana mayor. Acariciándole el pelo, intentó reconfortarla.
"No. No tienes por qué quedarte aquí siempre. Tenemos que encontrar la forma de devolverte a tu casa, pero el Oráculo predijo que para poder volver antes tienes que cumplir una misión. Yo te ofrezco la posibilidad de potenciar tus poderes; aprender a controlarlos, y a usarlos para una buena causa. Mi Pueblo te necesita; no desatiendas sus ruegos, por favor."
Nozomi dejó de temblar. Se separó de la mujer con vergüenza, y la miró a los ojos. "¿Qué soy ahora?"
"Eres una atlante"

Michiyo Tenshou se frotó las manos con impaciencia, mientras su esposo le ponía una humeante taza de té en las manos. La mujer miró la bebida sin fijarse en ella, y los ojos se le llenaron de lágrimas. "¿Dónde puede estar, Mamoru? Ya hace un par de días que no sabemos nada de ella, y la policía no la encuentra por ninguna parte…" susurró Michiyo con voz entrecortada; después, sin poder evitarlo, empezó a sollozar convulsivamente, ocultando su cara en el pecho de su marido. Éste la abrazó con cariño, palmeándole la espalda pausadamente.
"Querida, la noche pasada hablé con mi abuela, Dice que sabe dónde está Nozomi"
La mujer se incorporó rápidamente, sin saber si creer o no lo que le decía el hombre. Éste prosiguió.
"Dijo que no tenemos que preocuparnos, que puede oír a Nozomi y que está bien"
Michiyo miró a su marido con el ceño fruncido, creyendo que le estaba tomando el pelo. Mamoru se encogió de hombros. "Bueno, mi madre siempre ha sido así de rara. Una vez mi hermana se perdió cuando estábamos de viaje, y no sé cómo mi abuela nos indicó exactamente su paradero, diciendo que podía oír su miedo. Quizás pueda hacer eso con Nozomi…" dijo, poniendo él mismo la afirmación en duda con un titubeo. Michiyo meneó la cabeza.
"La abuela siempre ha estado un poco loca. Lo que necesitamos es que la policía encuentre a Nozomi, y deprisa."
De pronto sonó el teléfono. Michiyo se enjugó los ojos enrojecidos, mientras le indicaba a Mamoru con un gesto que cogiese él el aparato.
Unos minutos después el hombre colgó el auricular.
"Era Sachiko Kanzaki, la madre de otra de las desaparecidas. Nos invitaba a su casa, puesto que mañana van a reunirse todos los padres de los alumnos desaparecidos. ¿Quieres que vayamos?"
Michiyo se frotó los brazos vigorosamente, mientras apuraba el té que quedaba en la taza. Asintió cerrando los ojos. "Quizás así consigamos encontrar algo en lo que no habíamos reparado"

Continuará...




Notas de la autora: he he... ahora es cuando me matan por no haber incluido un beso ^^U... Lo siento mucho, de verdad, yo tb soy de las q casi asesina al guionista cuando vi la despedida de la parejita [un abrazo de nada, y hala, a la Tierra T_T]. Sin embargo, me comprometo a q se besen antes de q termine el fic, ¿vale? Ade+, Van es demasiado tímido como para admitir abiertamente sus sentimientos, y a Hitomi le pasa otro tanto, así q las situaciones entre esos dos prometen ser, cuando menos, muy divertidas [para nosotros, claro... para los pobres, muy embarazosas, jejeje xD]. Y quiero q se besen en un lugar más romántico q no sea el hangar del Crusade, ¿no les parece? Se merecen un poco de ambiente, y por supuesto, que estén solos los dos... [y sin darme cuenta les estoy avanzando lo q va a pasar dentro de unos diez capítulos o así... es q no tengo remedio ^^U...]
Y, por otro lado, tenemos el contrapunto....han convertido a Nozomi en una atlante. ¿Q cómo lo han hecho? Bueno, eso ya lo verán más adelante, no se preocupen pq tb está controlado ^^, pero el misterio es por qué lo han hecho... ¿q se llevará entre manos Arien? Hehehe... *eso es un secreto*
Pero ahora ya sabemos dónde está Inacra, y tb q está pasando con lo padres de los desaparecidos [por supuesto q no podía olvidarme de ellos, q pobres...]
Oh, y se me olvidaba... tb sabemos por fin q quería Arien de Van... ¡¡casarse!! ¿Se imaginan ya por qué la mujer quería secuestrar a Hitomi...? Menos mal q nuestro ryuujin preferido es fiel a Hitomi ^^
Más tarde quizás les haga notar un detalle que aparece en este capítulo, pero eso será mucho más adelante... sin embargo, léanlo con atención, porque hay alguna q otra pista sobre lo que se va a descubrir después.
¿Q tal los personajes nuevos? Espero q les caigan bien, les he tomado mucho cariño ^^, poco a poco voy a ir incluyendo más dibujos en la galería, a medida q tenga tiempo de hacerlos.
¿Dudas, comentarios, críticas, tomatazos, sugerencias, amenazas, curiosidad...? Ya saben dónde me pueden encontrar: ryuu_angel@hotmail.com




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