El bosque de
columnas estaba en sombras; la luna brillaba con toda su fuerza y
esplendor, convirtiendo todo lo que tocaba en plata. Del interior
de la construcción circular salía un débil resplandor
titilante; la enigmática sede del Oráculo estaba iluminada por
más de cincuenta cirios de color miel, cuya luz proyectaba
sombras fantasmales en la estancia. Frente al joven, que estaba
sentado en su trono de piedra ingrávido, estaba Arien, de
rodillas ante el pozo, sobre un mullido cojín de terciopelo.
La habitación estaba en silencio; el muchacho tenía los ojos
cerrados y respiraba tranquilamente, mientras que la mujer estaba
tensa, esperando una respuesta. De la ciudad llegaba una canción
solitaria, que el viento llevaba hasta el cerro donde moraba el
Oráculo. Éste empezó a abrir los ojos lentamente.
"Sólo te digo, princesa, que si le revelas más de lo que
debes a la muchacha, tus planes nunca se harán realidad"
declaró con voz oscura. Arien frunció el ceño, molesta por la
enigmática respuesta.
"¿Y qué es lo que no debe ser revelado?"
"Es una chica de buena voluntad. Si descubre tus oscuras
intenciones nos dejará, y el destino que deseas para el Pueblo
de Inacra nunca se hará realidad"
La princesa lo miró con rencor, furiosa con él por haber
calificado sus intenciones como "oscuras". Sin embargo
no dijo nada, sino que se limitó a asentir y a callar por unos
instantes.
"¿Conseguiré lo que me he propuesto?" inquirió
finalmente, un poco temerosa de que la respuesta fuese negativa.
No se había atrevido a formular antes la pregunta, puesto que
aquel joven resultaba imprevisible, y era uno de los pocos a los
que Arien no podía dominar. El silencio acabó por hacerse
insoportable a la mujer, que miraba con fuego en los ojos al
muchacho, que seguía impávido, con un rostro de mármol.
"Bueno, ¿qué?" insistió, con más orgullo del que
hubiese querido dar al tono de su voz. Ante la airada pregunta el
Oráculo sonrió.
"Princesa, ¿de qué te servirá saberlo? No todo está
escrito en las estrellas; hay cosas que son inevitables, pero
ésta depende de ti, de la habilidad con la que desarrolles tu
plan. Ya sabes que la joven Kanzaki cambió su destino, al igual
que el rey de Fanelia. Algunos destinos están envueltos en
bruma, porque aún no hay nada decidido. En esos casos, las
decisiones deben ser tomadas por nosotros, Arien"
La princesa refunfuñó; <Era de esperar> pensó con
irritación, <nunca responde como debería hacerlo. ¿Acaso no
soy su princesa? Debería asegurarme que voy a tener éxito,
porque no puede ser de otra forma>
Amano y Yukari estaban intentando chapurrear un par de palabras
mientras Allen los corregía con amabilidad. Hitomi se acercó
por detrás, bostezando con cansancio. Se acababa de despertar
tras una media hora de sueño, a la que había accedido después
de localizar por fin el paradero de Nozomi.
Yukari se volvió hacia su amiga con curiosidad. "Escucha,
Hitomi, ¿sólo hay una lengua en Gaea? Quiero decir, ¿qué
idioma estamos aprendiendo?" inquirió la chica. Hitomi se
encogió de hombros con sorpresa.
"Pues francamente, Yukari, no lo sé. Yo los entiendo
a todos igual de bien, pero no sé si hablan en la misma
lengua Un momento, se lo preguntaré a Van y a Allen"
declaró mientras se dirigía al joven rey de Fanelia, que estaba
enfrente del mapa, aún mirándolo con una cierta suspicacia.
"Van "
El chico se volvió prestamente. "¿Qué quieres,
Hitomi?"
"¿Habláis en Gaea todos la misma lengua?"
Van se quedó un poco sorprendido ante la pregunta, pero
respondió rápidamente.
"En toda Gaea no, pero hay algunos países que tienen una
lengua común, como por ejemplo Astria, Fanelia y los
alrededores. A pesar de que en cada lugar el acento varia un
poco, nos entendemos perfectamente. Pero para viajes a otros
países muy lejanos también existe una lengua que todo habitante
del planeta conoce, y que nos permite comunicarnos en esas
situaciones."
Hitomi se volvió hacia Yukari para explicarle todo aquello,
cuando súbitamente su colgante empezó a brillar; la chica
parpadeó un momento y se encontró en una ciudad llena de
jardines, bañada por el sol. Las calles, desiertas, de repente
se llenaron de personas que reían alegremente. La joven se
frotó los ojos con extrañeza, y cuando alzó la vista al cielo,
vio a un atlante de alas grises que volaba hacia una montaña
cercana, enfrente de la ciudad llena de risas. Al volver la vista
atrás, Hitomi pudo ver a una mujer alta y esbelta, de cabello
negro brillante y ojos rojizos, muy bella. Sonreía con malicia y
contento, mirado al ángel gris volar inseguramente sobre el río
que cruzaba el valle. Junto a la mujer había un hombre moreno,
pero Hitomi no le prestó atención; sus ojos se vieron atraídos
casi magnéticamente hacia la piedra que llevaba la mujer en sus
manos: un colgante, rojo y en forma de lágrima. Pero lo que más
sorprendió a la chica fue que la bella mujer la vio; sonriendo
triunfalmente, balanceó el colgante en su dirección, e Hitomi
comprobó con turbación que, al igual que el suyo, también
marcaba el tiempo de forma exacta, aunque no de la misma manera:
un segundo cada balanceo completo. La piedra empezó a brillar, y
la joven tuvo que cerrar los ojos para evitar ser cegada por la
brillante luz rojiza; al abrirlos de nuevo, Van la tenía cogida
por los hombros con fuerza. "¡Hitomi! ¿Estás bien?"
gritaba con preocupación. Allen, Yukari y Amano la habían
rodeado con expresión alarmada. La joven parpadeó un par de
veces, y miró a Van.
"Sí estoy bien"
"¿Fue otra visión?" inquirió el chico con prontitud.
Hitomi asintió, vacilante.
"Creo que sí pero ha sido extraño. La la mujer
de mi visión se dio cuenta de que yo estaba allí. Y tenía un
colgante muy parecido al mío"
Yukari apretó la mano de su amiga. "Hitomi, ¿qué ocurre?
¿Estás bien?"
En aquel momento se escuchó una voz de alerta. "¡Una nave
de la embajada de Chezario se acerca, capitán!" gritó
Gaddes.
Allen suspiró con satisfacción. "Vaya, parece que las
cosas van mejor de lo que esperaba"
"¿Por qué dices eso, Allen?" preguntó Hitomi con
curiosidad. El caballero se volvió hacia ella sonriendo.
"Hace un año que la princesa Eries se casó con el heredero
al trono de Chezario. Dentro de poco la van a coronar reina,
puesto que el rey del país ya es viejo. Así que, teniendo en
cuenta que las relaciones entre ambos países son casi
inmejorables, y que colinda con la Tierra de Nadie, quizás esta
nave nos podrá dar un poco de información sobre ese lugar, en
la que, según tú misma, se encuentra vuestra compañera"
La joven asintió, comprendiendo. Al cabo de poco tiempo se
encontraban cara a cara con diez enviados de Chezario para
recabar información sobre el origen de la nave, su estado y las
intenciones de sus tripulantes.
El joven que parecía llevar la voz cantante de todo aquello se
adelantó unos pasos para hablar con Allen. El resto de la
tripulación formaba en triángulo detrás de él, y Van, Yukari,
Amano e Hitomi estaban de pie junto a Allen, un poco separados.
"Mi nombre es Kailen Siying, Capitán de la Guardia Real de
Beygir, y hablo en nombre del rey de Chezario. ¿Quiénes sois y
qué queréis, viajeros de Astria?"
"Soy el Caballero Celeste Allen Schezar, y vengo con permiso
del heredero de Astria. Tan solo estamos de paso por Chezario;
nos dirigimos a la Tierra de Nadie"
El joven embajador abrió los ojos con asombro. "¿A la
Tierra de Nadie?"
Allen asintió con firmeza. "Allí se encuentra retenida una
persona que buscamos. ¿Tenemos vuestro permiso para proseguir el
viaje?"
Tras unos momentos de deliberar, Kailen se volvió hacia los
viajeros con tranquilidad.
"Tenéis permiso para proseguir. Y tomando en consideración
vuestro rango, identidad y procedencia, estáis invitado a
visitar el país cuando queráis. Seguro que nuestra princesa se
alegrará de la visita de astrianos a Chezario"
Poco después el Crusade proseguía su viaje, cuyo destino estaba
cada vez más cerca.
Arien y Nozomi estaban sentadas junto a una fuente; estaba
anocheciendo, y el cielo estaba teñido de bellas tonalidades
púrpuras y doradas. El agua que se deslizaba por la fuente de
alabastro refulgía como oro líquido, salpicando ligeramente la
túnica de Nozomi.
"¿Por qué necesitáis ayuda?" preguntó de pronto la
joven mirando al cielo; "Aún no entiendo por qué me
estáis haciendo todo esto"
Arien rió con placer mientras bañaba su mano izquierda en las
aguas de la fuente. A un gesto suyo, una niña se acercó con un
manto de color marfil y se lo colocó por encima de los hombros.
Nozomi tembló un poco a causa de la fría brisa que venía del
norte. Aunque allí el invierno fuese muy suave, no por ello
dejaba de hacer frío. La chica se arrebujó en su propio manto
de color gris brillante, mirando a la mujer con ojos
interrogantes. Ésta suspiró, viendo que Nozomi no estaba
dispuesta a quedarse sin una respuesta.
"Verás, querida, nuestro Pueblo, que ahora también es el
tuyo, es una civilización odiada y temida. Somos el Pueblo del
Dios Dragón, los Escogidos, y a causa de nuestro poder también
somos temidos. Aunque nosotros fuimos los que dimos forma a Gaea,
este bello planeta, sus habitantes se volvieron en contra de
nosotros. Nos convertimos en el Pueblo Maldito, los Perseguidos;
todos los de nuestra raza se dispersaron, se mezclaron con los
humanos y intentamos vivir como ellos, olvidando nuestros
orígenes. Tan sólo algunos grupos de nuestra raza sobrevivieron
unidos, ocultos, y no han vuelto a tener contacto con los que nos
dispersamos"
"¿Malditos? ¿Por qué? ¿Qué hicisteis?" interrogó
Nozomi con interés.
"Desear un mundo mejor" suspiró la mujer con tristeza.
"Nuestra raza tiene el Don del Deseo; tiempo atrás
decidimos moldear la realidad acorde a nuestros sueños, pero el
Poder se volvió contra nosotros, y nuestra civilización quedó
destruida. Por eso somos temidos, por eso se nos acusa de haber
reducido nuestra bella tierra a cenizas"
Nozomi calló, sumida en sus pensamientos; la historia era
triste; destrucción total. En aquel momento escuchó algo; era
un lamento solitario, un sollozo ahogado entre el crepitar de las
llamas. La chica levantó la cabeza, desorientada, intentando
averiguar de dónde procedía aquel sonido. " ¿no lo
oyes?" preguntó en un susurro a Arien. Ésta la miró,
perpleja. En Inacra el único sonido que se podía percibir era
el de las fuentes y los trinos de los pájaros; movió la cabeza
negativamente, observando con atención y asombro el
comportamiento de la chica.
El sollozo se empezó a multiplicar en la cabeza de Nozomi; ya no
era una sola voz, sino que había cientos de voces que lloraban,
tejiendo con su llanto un cántico afligido y desesperado. La
joven se tapó las orejas, intentando no escuchar los lamentos de
aquella gente. Las palabras se deslizaban entre sus pensamientos
sin que ella pudiese hacer nada para evitarlo. Poco a poco el
torbellino de voces y llantos se fue haciendo más y más
intenso, más rápido, y Nozomi gimió; ya no oía nada más que
no fuesen aquellos sollozos y súplicas. En ese momento sintió
cómo Arien le daba la mano; abrió los ojos, y vio que la mujer
entrelazaba sus dedos entre los suyos, apretándolos con fuerza.
Nozomi pudo sentir los ánimos que le estaba dando en aquellos
momentos la princesa, y se sintió agradecida. Fue entonces
cuando empezó a entender lo que decían aquellas voces; se
lamentaban por una tierra perdida: Atlantis.
Esa palabra inundó los sentidos de la joven. El asfixiante
llanto se detuvo, y Nozomi se quedó aturdida, escuchando aún el
eco de aquella revelación: Atlantis.
No supo cuánto tiempo había pasado cuando por fin se dio cuenta
de que la princesa estaba a su lado, sosteniendo todavía su
helada mano. La princesa le sonrió con dulzura, como si quisiese
darle a entender que comprendía lo mal que lo había pasado.
Después, con voz suave, se atrevió a preguntar qué era lo que
había ocurrido. Nozomi se humedeció los labios.
"Eran voces, cientos, miles de voces que lloraban. Al
principio no los entendía, pero al final, cuando me has dado la
mano, he podido comprender lo qué decían"
"¿Y que era lo que te decían, Nozomi?" preguntó la
princesa, que aunque estaba asombrada y sorprendida no quería
demostrarlo.
"Atlantis. Lloraban por Atlantis"
Arien soltó la mano de la chica con brusquedad. Nozomi se
volvió hacia ella, extrañada. "¿Qué ocurre?"
"Atlantis era el nombre del país del Pueblo del Dios
Dragón, la civilización que fue destruida y olvidada, condenada
a la maldición. "
Nozomi calló, sin saber cómo reaccionar. Después prosiguió
con suavidad.
"Arien, ¿por qué buscabais a Hitomi?
La princesa parpadeó, turbada interiormente; la pregunta la
había pillado por sorpresa.
"Bueno, Hitomi Kanzaki tiene un gran poder que no sabe
utilizar. Queríamos enseñarle a desarrollar sus capacidades,
así como tú vas a hacerlo, para pedirle que se una a nuestra
causa. Sin embargo la chica parece estar poseída por un lado
oscuro que la impulsa a predecir destrucción y caos, y por eso
queríamos atraerla hacia la rectitud y la bondad"
<Bueno, no me ha quedado nada mal> pensó la mujer con
alivio, al tiempo que sonreía encantadora y convincentemente. La
mirada suspicaz de Nozomi se volvió un poco más confiada.
"¿Y por qué la queríais capturar durante la noche?"
continuó la joven.
"El Oráculo había predicho que era la única forma de
conseguir que viniese, puesto que ella no quiere salir de esa
espiral de destrucción y oscuridad. Por su culpa, aunque fuese
involuntaria, por supuesto, se desencadenó la Gran Guerra en
Gaea, que dejó en la ruina a muchos países, y que se cobró
miles de víctimas inocentes"
Nozomi la miró con horror, sin acabar de creer lo que le estaba
diciendo. ¿Hitomi, culpable de todo aquello?
"No me lo creo. Kanzaki es una buena chica, nunca haría lo
que tú estás diciendo"
Arien la miró con una sonrisa; "¿Acaso la conoces muy
bien? Es muy buena chica, pero hay que salvarla de sus instintos
agresivos y oscuros; sin embargo, ella no quiere salir de allí.
Si quieres, te llevaré a la Gran Biblioteca de Inacra, para que
veas los anales de la Gran Guerra, que sucedió hace unos dos
años. "
La chica bajó la mirada, con los ojos llenos de dudas.
"Desearía ver esos anales, y consultarlo con alguien más
que no fueses tú" declaró con atrevimiento. Arien la miró
con irritación, viendo que la joven dudaba de sus palabras. Sin
embargo se reprimió y dio unas palmadas; a los pocos segundos
apareció Rigel, el moreno capitán.
"Tráeme los Anales de la Gran Guerra, y deprisa"
ordenó Arien con voz autoritaria; tras una pausa sonrió con
malicia y añadió: "Trae también al viejo Diyar; a Nozomi
le gustará conocerlo "
El capitán se inclinó sumisamente y, extendiendo sus alas,
alzó el vuelo con elegancia y rapidez. Nozomi lo siguió con la
mirada, admirando su fluido vuelo. Al ver la admiración que se
reflejaba en los ojos de la chica, Arien sonrió.
"Aún no has usado tus alas, ¿verdad? Si te apetece, tras
cerciorarte de que mis palabras son ciertas podrías ir a dar un
paseo Tampoco has visitado las Llanuras del Viento, y son
un espectáculo muy bonito si quieres le diré a Rigel que
te acompañe"
A Nozomi se le iluminaron los ojos ante la perspectiva de poder
volar. Aún no había podido hacerse a la idea de que tenía
alas, ya que había perdido el conocimiento en aquella sala
extraña, el mero recuerdo de la cual le producía escalofríos.
Pero la princesa de aquel pueblo no había ganado aún su
confianza, y por eso no expresó su emoción en voz alta, sino
que se limitó a asentir con vigor.
Poco después apareció el moreno capitán, pero esta vez llegó
de improviso, moviéndose como un gato entre los árboles y
arbustos del jardín en el que se encontraban. Sostenía entre
sus manos un rollo de material de aspecto translúcido y fibroso,
atado con una cinta de color marfil. Ésta llevaba un bordado en
caracteres atlantes, que Nozomi leyó sin dificultad:
"Historia de Gaea; volumen 4114".
<Vaya, pues sí que tiene historia este lugar > pensó
la chica con asombro, observando cómo Rigel desplegaba el rollo
diestramente con una mano, mientras enrollaba el otro extremo con
la otra. Sus ojos inquisitivos buscaban una sección en especial;
cuando la encontró, miró a Arien con ojos dóciles.
"¿Deseas que lo lea en voz alta, princesa?"
La mujer se limitó a mover la mano con displicencia, ante lo
cual la expresión del hombre se tornó ligeramente amarga; no
obstante, empezó a leer.
" Amarillo, Vigesimoprimera Luna. El rey de Fanelia Van
Slanzar de Fanel emprendió el ritual neChezario para acceder al
trono de su país. Siguiendo al dragón, se vio extrañamente
transportado hasta la Luna de Las Ilusiones. Allí conoció a
Hitomi Kanzaki, junto a otros dos habitantes de aquel lugar. Tras
la victoria del joven y la obtención del núcleo enegist, por el
poder contenido " Rigel titubeó unos momentos, para
después proseguir con más aplomo; "en dicho material los
dos fueron transportados de nuevo a Gaea"
Aprovechando la pausa de Rigel, la mujer matizó algunos
detalles.
"Este es, ahorrando detalles que conocemos aunque ahora los
hayamos omitido, el primer encuentro de Hitomi con el rey de
Fanelia. Puesto que ella estuvo aquí durante más de un mes, y
dado que nuestros anales dan una explicación muy detallada de
todo lo que ocurrió, no sólo alrededor de tu amiga, sino
también en el resto de Gaea, creo que te interesaría que
fuésemos directamente a algunos pasajes concretos "
Rigel enrolló el pergamino, y extrajo otros dos de entre los
pliegues de su manto. Pero en estos documentos no tuvo que buscar
el punto exacto, puesto que en los rollos cristalinos ya había
unas cintas de colores que eran el equivalente a los puntos de
libro.
"La niña Hitomi fue reprendida por Merle, la acompañante
del rey de Fanelia, por leer y predecir el futuro acorde a sus
deseos y emociones. Con el poder de Hitomi, dichas predicciones
acababan por hacerse realidad" leyó Rigel con voz
aterciopelada. En unos momentos cambió a otro punto del rollo
con destreza; "La princesa Millerna de Astria solicitó a la
chica Hitomi que le leyese el futuro con el Tarot" el
capitán hizo una pausa para explicar algunos hechos anteriores;
"Aunque no tenga el punto aquí, Hitomi fue reprendida por
haber hecho infelices a los que la rodeaban por egoísmo y falta
de conocimiento. Fue también duramente advertida, con una severa
prohibición en todo lo referente a usar su poder, puesto que
inevitablemente conduciría a la muerte y el sufrimiento. Y, sin
embargo, acabó por seguir prediciendo un futuro triste"
Tras ese breve apunte, Rigel prosiguió con su lectura.
"Vaticinó un futuro de destrucción y problemas,
infortunios y caos" Saltó unos párrafos, y continuó.
"Durante la boda de la Princesa con Dryden Fassa, las
predicciones de Hitomi se hicieron realidad"
Nozomi calló; las duras palabras de los anales estaban empezando
a hacer mella en su ánimo. Tampoco podía decir que conociese
mucho a Hitomi, puesto que no se habían tratado demasiado. Sin
embargo Yukari no le caía mal, y sabía que era una gran amiga
de la joven Kanzaki
Viendo las dudas en sus ojos, Arien hizo un gesto a Rigel con la
mirada. Éste comprendió el mensaje, y desapareció por unos
segundos, para reaparecer con un hombre vestido de blanco, maduro
sin ser viejo, aunque se lo veía muy desmejorado. Se apoyaba en
el fuerte brazo del capitán, que lo observaba comprensiva y
benévolamente.
La mujer avanzó hacia él con los brazos abiertos.
Mi querido Diyar, estoy muy contenta de que hayas venido.
Junto a mí tengo a Nozomi, una chica que viene de la Luna de las
Ilusiones querría que nos relatases tu experiencia con la
otra chica que vino a Gaea, Hitomi Kanzaki
El hombre miró a los ojos de Nozomi penetrantemente, como si su
mente estuviese poseída por la locura. Pero el fuego que lo
abrasaba pareció ceder un poco, y su respiración se hizo más
pausada. Con voz cascada, aunque no por ello débil, el hombre
empezó su relato.
Diyar este es el nombre que me han dado aquí. Quise
olvidar el mío, que me traía amargos recuerdos. Yo servía al
Gran Emperador de Zaibacher, el Supremo Señor Dornkirk. Mi
Señor deseaba encontrar la fórmula para poder crear un mundo
nuevo, hermoso, sin guerra ni violencia, sin matanzas ni
envidias. Para ello nos encargó a nosotros, sus leales
servidores, que capturásemos al único obstáculo que impedía
la realización de ese gran y maravilloso sueño: un
dragón las palabras salieron de sus labios en un murmullo
ronco, resentido; Éste dragón era el causante de las
desgracias de nuestra bella tierra. Y lo conseguía gracias a una
chica terrícola que estaba con él: se llamaba Hitomi
Kanzaki.
El hombre tenía odio en su voz cuando pronunció ese nombre;
Nozomi se estremeció involuntariamente.
Ella fue la causante de la muerte de nuestro Emperador, un
gobernante bueno y magnánimo con nuestro pueblo. Por su culpa el
sueño de ese mundo perfecto no pudo hacerse realidad
El jardín quedó en silencio por unos momentos; incluso los
numerosos pájaros que revoloteaban entre las ramas parecían
haber enmudecido de repente. Nozomi no sabía qué decir, ni
cómo reaccionar ante el odio que el hombre parecía emitir.
Arien se dio cuenta de la incomodidad de la joven y sonriendo
guió al encanecido Diyar y a Rigel fuera del claro del jardín,
dejando a Nozomi sola con sus pensamientos.
El timbre de la puerta resonó en las escaleras; Kanzaki Sachiko
se apresuró a abrir la puerta, dejando a su marido al cargo de
preparar el té. Todos los padres de los muchachos desaparecidos
habían aceptado la invitación, sin saber qué otra cosa podían
hacer. Al menos encontrarían consuelo en otras personas que se
encontraban en su misma situación de desesperanza y tristeza.
Frotándose las manos ateridas entraron en la casa Natsuki y
Kojiro Amano, los padres de Susumu.
Los Uchida llegarán un poco tarde anunció Natsuki
mientras saludaba educadamente a Sachiko. Me dijeron que
antes tenían que acompañar a la niña pequeña para dejarla con
la canguro
La voz del padre de Hitomi sonó desde la cocina.
¡Sachiko, el té está listo! ¿Quieres que prepare algo
más?
La mujer dejó a los invitados en la sala, mientras iba a ayudar
a su marido a colocar el té en la tetera, sacar las tazas y
colocar un par de dulces de arroz en una bandeja.
El timbre no estuvo ocioso mucho tiempo; al cabo de pocos minutos
anunciaba la llegada de los padres de Nozomi, y poco después los
Uchida hicieron su aparición. Pronto se encontraban todos
reunidos en torno a la mesa, bebiendo su té a sorbitos mientras
la madre de Yukari explicaba los últimos intentos para encontrar
a la chica. Cuando estaba a punto de romper a llorar, Sachiko
tomó la palabra pausadamente.
No te apures más, Suzumi. Estoy segura de que Yukari está
bien declaró con voz serena. Después le pasó un pañuelo
a su amiga, y miró detenidamente a cada uno de los presentes.
Tras inspirar profundamente, empezó a hablar.
Lo cierto es que os he reunido a todos aquí con un
propósito concreto empezó, algo titubeante. Su
esposo la cogió de la mano, sonriendo; Sachiko se sintió
reconfortada, y prosiguió. Quizás Yukari te comentara, ya
hace dos años, que Hitomi había desaparecido
misteriosamente
Uchida Suzumi parpadeó con extrañeza, intentando recordar.
Sí me comentó que no había ido a clase, y que
soñaba con ella insistentemente, pero después me dijo que
estaba enferma, y no le di mayor relevancia
Hitomi no estaba enferma. Simplemente, no estaba
declaró Sachiko. Exceptuando a su esposo, que ya compartía el
secreto, todos los demás se quedaron mirado a la mujer,
atónitos, sin acabar de creer lo que les estaba diciendo.
¿Quieres decir como ahora? balbuceó Michiyo,
la madre de Nozomi. Sachiko asintió con solemnidad. ¿Y
volvió? se atrevió a preguntar en un susurro, temerosa.
Sí. Volvió, cambiada, pero regresó. No me llegó a
contar todo, exactamente todo lo que le había pasado, pero me
contó que había viajado a una dimensión paralela, a un lugar
desconocido: Gaea
El padre de Nozomi se alteró al escuchar esa palabra
¡Gaea! susurró, sin salir aún de su sorpresa.
Michiyo se acercó a él; ¿Qué ocurre, Mamoru? ¿Conoces
ese nombre?
Sachiko no se dio cuenta de lo que pasaba, así que prosiguió.
Mientras estaba allí, Hitomi se comunicaba conmigo en
sueños, aunque al volver ella me dijo que no lo recordaba. Ahora
me está pasando lo mismo; sueño con mi hija, y me dice lo mismo
que hace dos años: ha vuelto a Gaea
¿Eso quiere decir que Susumu también está allí?
preguntó la madre del joven con incredulidad.
Oh, vamos, Sachiko, no digas tonterías declaró
Kojiro, mi hijo no se ha ido a ninguna dimensión paralela,
que ni siquiera existe. Les ha pasado algo distinto. ¡Los han
raptado, los han matado, pero no me intentes decir que han sido
abducidos por los alienígenas! exclamó con enfado. Su
mujer rompió a llorar ante las duras y crudas palabras del
hombre, y Suzumi, la señora Uchida, se llevó las manos a la
boca, negándose a creer que alguien hubiese podido dañar a
Yukari.
Sachiko se incorporó para calmar al excitado señor Amano.
Kojiro, tienes que creerme. Sucedió una vez, y ahora ha
vuelto a suceder. No debes preocuparte por Yukari, porque está
bien con Hitomi y Amano
Michiyo Tenshou dirigió una mirada llena de dudas hacia la
señora Kanzaki. No les quedaba prácticamente nada más.
Sachiko empezó con un hilo de voz,
¿Nozomi está con ellos?
No terminé de entender a Hitomi en lo referente a ese
punto; me dijo que sí se había ido con ellos, aunque no
comprendí muy bien el resto
Mamoru abrazó a su mujer protectoramente. Hoy mismo
llamaré a la abuela. Quizás ella sepa algo de todo esto
le susurró al oído. Michiyo se limitó a asentir, demasiado
cansada para buscar otra solución menos descabellada a su
juicio.
Hitomi estaba en el puente de mando, prácticamente sola. Ya
hacía muchas horas que había oscurecido, y sin embargo no
podía conciliar el sueño. Tan solo Kio y Reeden no se habían
marchado a dormir, puesto que el primero debía pilotar la nave,
y el segundo era el encargado de que su compañero no se
durmiese. Por eso se entretenía en tararear canciones conocidas
mientras Kio lo coreaba alegremente, intentando vencer el sueño.
La joven sonrió al escucharlos; la luna brillaba con fuerza, y
la masa boscosa que discurría bajo el Crusade parecía estar en
calma. Dirigiendo los ojos al horizonte, Hitomi entrevió unas
llanuras, cuya vegetación se movía y se rizaba rítmicamente
con el suave viento de la noche. Se sintió invadida por una
profunda paz interior; aún no se había planteado qué tenía
que hacer allí. ¿Para qué había venido? ¿Cómo podría
volver? Cuando se formuló esa pregunta, la chica abrió sus ojos
verdes, que había cerrado poco antes, intranquila. De nuevo
volvía a tener ante ella la horrible decisión que la obligaba a
escoger entre el planeta que la había visto crecer, la Tierra, y
el que la había visto enamorarse, Gaea. <Van > pensó
con amargura; <¿Tendré que separarme de ti otra vez,
después de haberte echado tanto de menos ?>
Por supuesto, Hitomi pensaba que las cosas serían sencillas;
rescatar a Nozomi, y ya estaría. Gaea estaba tranquila, no
había otro imperio de Zaibacher que combatir no tenía nada
que hacer allí. Amar, quizás, pero nada más.
De repente, la chica se sintió transportada, como en sus
visiones, a un lugar más allá de los peñascos y las llanuras
plateadas; una ciudad que ya había visto antes, que refulgía en
la noche con una luz extraña, entre verdosa y dorada. Sintió el
palpitar de algo bajo aquella tranquilidad, un sentimiento que se
agitaba con inquietud entre la calma.
La voz de Allen la sacó de aquella visión momentánea.
Puedes descansar un rato, Reeden, yo me encargo de hacer la
guardia anunció el caballero. Reeden se ajustó el
pañuelo rojo a la cabeza con soltura, y se echó a dormir en un
rincón; cayó en un profundo sueño minutos más tarde.
Al ver que Hitomi estaba también en el puente de mando, Allen se
acercó a ella.
¿Qué haces levantada tan tarde, Hitomi? Deberías estar
durmiendo, como los demás
La chica rió, divertida. El hombre la miró, sin saber a qué
atenerse.
No has cambiado nada, Allen suspiró con
satisfacción; ¿Cómo está Serena? ¿Sabe ya ?
Allen meneó la cabeza, vacilante. Le he contado una parte
de la verdad pero aún no la sabe toda. Aunque su aspecto
pueda engañar a primera vista, se ha vuelto una mujer con una
gran fuerza de voluntad. Al principio tenía miedo de separarme
de ella, puesto que seguía teniéndole pánico a la soledad.
Poco a poco se fue independizando de mí, pero sigue sin gustarme
la idea de dejarla si le pasase algo, yo
No le ocurrirá nada. Allen. Ya ha crecido, y va superando
sus problemas, ¿no?
El hombre asintió. Después de una pausa, miró al suelo,
reflexionando en voz alta; La verdad es que no sé si
tenía esperanzas de encontrarla de nuevo Y, si así era,
nunca me había planteado preguntarme cómo sería ella después
de tantos años. El único recuerdo que tenía de ella era el de
una chiquilla dulce, un poco traviesa, dócil y complaciente.
Ahora hay algo que ha cambiado. Es muy dulce conmigo, pero
también es rebelde. Hay veces en que no la entiendo Creo
que las mujeres son demasiado complicadas."
Hitomi sonrió ante las palabras de su compañero. "Bueno,
vosotros tampoco nos lo ponéis nada fácil " replicó
la chica. Allen se encogió de hombros, sin querer darle más
vueltas al asunto.
" Sin embargo, aún hay algo que me preocupa sobre ella.
Después de ver que me había convertido en un Caballero Celeste,
me pidió que empezase a adiestrarla en combate. Dice que quiere
saber defenderse sola, y que yo esté orgulloso de ella. No
obstante
No obstante temes que así pueda volver a convertirse en
Dilandau, ¿no es eso? declaró Hitomi. El joven asintió
en silencio. Allen, creo creo que debes confiar en
ella. Sé que no deseas que viva anclada en su pasado, sino en el
futuro, y la mejor manera de hacerlo es tratarla como lo que es,
sin miedo a que recuerde lo que fue
Allen miró los claros ojos de Hitomi, con su firme confianza en
los demás. De nuevo la chica estaba allí en el momento
necesario, con las palabras necesarias.
¿Sabes, Hitomi? Tú también sigues siendo la
misma