-Maldición!
Hombre Topo, llevamos ya 2 días, casi tres tras el rastro, y no
veo a ni una sola persona ni mucho menos rastro de nadie, más
que el de nosotros mismos. Dime a que diablos estamos jugando!
-Señorita Merle, por favor tenga paciencia, si no recuerdo mal
contamos con permiso para una semana y le dije que los alcanzaríamos
en 4 días. Le suplico no sea tan desesperada.
Pero Merle estaba lejos de estar desesperada. Estaba muy triste.
No quería ni pensar en los líos en los que seguramente
estaba metida Hitomi por su culpa. Claro que cabía la
posibilidad de que estuviera con su amo Van pero, si no fuera así,
entonces que pasaría con ella?.
El hombre topo a su vez, perdía poco a poco la esperanza de
hallar a la señorita Hitomi. Avanzaban muy lento a comparación
del campamento. Y aún así, cuando los alcanzaran, era dudoso
que Hitomi estuviera totalmente segura. Pero había una cosa que
lo inquietaba sobre todo: Por los pocos rastros que iban dejando,
al parecer no había ni una sola mujer en el campamento, y no
dejaban la basura usual de un campamento nómada. -Por
favor, que no sean ladrones a los que estamos siguiendo...
Un olor a carne asada flotaba en el aire, combinado con el olor
de pinos y cipreses característico del bosque. Van miraba
pensativo la hoguera. Había entrenado mucho últimamente y tenía
confianza que en su próxima batalla con Dilandau, el peligroso
albino tendría bastantes problemas para poder vencerlo. Pero no
solo pensamientos bélicos ocupaban esa tarde su mente.
Extrañaba a su amigos, a la tripulación de la nave Crusade,
pero sobre todo, extrañaba ver a Hitomi y a Merle. Nunca se
cansaría de verlas pelear. Eran realmente graciosas, sobre todo
Hitomi cuando se enojaba finalmente.
Estaba por concluir su entrenamiento. Durante toda la semana había
permanecido solo, y, de haber sido el Van de antes, esto no le
hubiera afectado, inclusive lo habría disfrutado. Pero en algún
momento de los últimos meses había comenzado a cambiar. Tal vez
siguiera sin hablar mucho con las demás personas, pero ahora
disfrutaba genuinamente de la compañía. Realmente, esa chica
había cambiado todo su mundo.
Hitomi abrió lentamente los ojos. Estaba de nuevo en la tienda,
y ella estaba vestida con una funda de alguna tela rasposa (es
decir, un intento de camisón). Dilandau no se veía por ningún
lado, ni tampoco se oía ningún ruido.
Hitomi estiró los brazos y se paró. . Parecía un sueño lo que
había pasado entre ella y Dilandau. El final
perfecto para mi primer día de un entrenamiento.
Pero independientemente del placer físico, había habido algo más.
¿Identificación? ¿Compenetración?. No lo creo,
tal vez haya sido únicamente pasión Aún así le quedaban
dudas... dudas que temía responder. Porqué se había sentido de
esa manera cuando casi estaban en le cenit, ella había
sentido...ganas de que el la abrazara para siempre, ganas de que
el la besara y la acariciara siempre, pero sobre todo, ganas de
que el siempre la mirara de esa forma tan especial en que la miró
cuando estaban ya sentados en el suelo, cansados y
sudorosos. Cuando ella buscó su cara para un beso final
Dilandau la comenzó a ver fijamente, sin ninguna expresión que
lo delatara, de no ser por sus ojos. Tenía una mirada muy
intensa, como si quisiera grabar cada detalle de su cara y
descubrir cada uno de sus secretos. Hitomi se sintió atraída
a Dilandau como una vulgar polilla al fuego, al fuego contenido
en esas dos orbes rojas de emociones indescifrables.
De pronto Hitomi sintió un dolor como nunca lo había sentido.
Sentía como si la sangre en sus venas estuviera hirviendo
y la cabeza y el corazón le fueran a explotar. En su mente
todo era confusión: comenzó a oír gritos y risas histéricas.
Cada latido de su corazón resonaba como un golpe de
tambor. Su visión se empezó a teñir de rojo y advirtió
que las cosas, la tienda, todo se iba cayendo hacia un lado-no,
ella era la que caía, en cámara lenta, veía pasar todo. Sintió
muy lejanamente el golpe en su costado al caer al suelo, y en ese
momento comenzó a oír una voz extraña, que nunca creía haber
oído en su cabeza- ¿o era la suya?-. Parecía estar diciendo
encantamientos y hablando en una lengua extraña.
Sentía como si hubieran pasado horas, y la voz seguía entonando
su misterioso cántico. Poco a poco Hitomi entendió el
significado de las palabras:
Las palabras se repetían una y otra vez cada vez más rápido,
envolviéndola como en un torbellino...
Dilandau se había salido un rato de la tienda, para reflexionar.
Realmente nunca se hubiera imaginado que iba algún día a lograr
sentir...preocupación o cariño por alguien, y menos una
chica...aunque esta chica fuera lo más parecido a alguna amiga
que alguna vez se hubiera encontrado, y lo irónico era que esta
chica era nada más y nada menos que ... la mujer de Van.
Una pequeña sonrisa diabólica se asomó a sus labios.
Ah Van, como me gustaría que hubieras visto lo que
pasó, tu pequeña e inocente chica de la luna fantasma
degollando dulcemente, torturando y aprendiendo mis artes,
defendiéndome en el campo de batalla ... pero sobre todo
gimiendo y sudando mientras Dilandau Albatou la penetraba.
Esta vez comenzó a reírse mucho más fuerte. Mataría por ver
la cara que hubieran puesto el hermoso y dorado caballero
Schezard y el valiente Van Fanel si los hubieran visto. Bueno,
no solo mataría por eso...
De nuevo su pensamiento regresó a Hitomi. No solo le causaba
orgullo el ahora tenerla como un soldado más bajo su comando-un
sanguinario y disciplinado soldado, por cierto- sino que ahora
había descubierto su parte ardiente y apasionada. Mientras más
descubría de ella, más entusiasmado estaba por descubrirla cada
vez más. Estaba seguro que no cualquier imbécil en este mundo
podría conseguir una chica como ella. Hábil con la espada, con
un humor muy fuera de lo común, decidida y disciplinada, con el
gusto y ganas de aprender a matar, cruel, y claro, sin mencionar
lo hermosa que era.
No sabía como se sentía por ella en ese momento. No solo
la deseaba, sino que verdaderamente se preocupaba por ella. No
podía soportar la idea de que conviviera con los demás
soldados, y mucho menos de que la hirieran en batalla. Mientras
lidiaba consigo mismo si algún día dejaría que ella
participara en batalla comenzó a oír sus palpitaciones que
sonaban como eco en su cabeza. Sus rodillas comenzaron a ponerse
débiles y su visión se fue tiñendo de rojo. Eran ya varias las
veces que se había sentido parecido, sin embargo, cada vez
que ocurría era aterrador. No podía hacer nada más que
acurrucarse en el suelo y esperar a que cesaran los cánticos en
su cabeza como si fuera un niño asustado. No había manera de
defenderse, ni siquiera sabía de que defenderse, maldita sea.
Comenzó a sentir ese dolor que le era familiar, como si su
cuerpo entero estuviera ardiendo, como si todos sus órganos
estuvieran a punto de reventar. Los extraños cánticos
comenzaron a sobresalir del infierno de voces que había en su
cabeza, todos gritándole órdenes o insultos. De nuevo esas
palabras familiares...
Dentro de él se empezó a formar una rabia como la que sentía
cuando sus planes o sus hombres le fallaban, como cuando le daban
órdenes... como cuando Van dañó su hermosa cara. Su mano
acarició inconscientemente su mejilla derecha, mientras el resto
de su cuerpo temblaba.
Su visión era totalmente roja, y en su mente resonaban una y
otra vez esas palabras Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
No sentía nada más que odio y una rabia ciega por todo lo que
le rodeaba
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Nada tenía sentido, solo el hacer sentir a los demás cuánto
los despreciaba, hacerles sentir que él era superior...
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Regresarles por triplicado todo las humillaciones que el había
pasado
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Todas las demás personas le eran ingratas y lo habían
manipulado a su antojo para después dejarlo olvidado
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Tendría que meter en sus débiles y estúpidas mentes la
semilla del terror
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Todas las imbéciles criaturas de todos las malditos reinos habrían
de recordarlo para siempre, odiarlo, porque el odio es el único
sentimiento que perdura para siempre en el corazón humano...
Sangre...Muerte...Destrucción...Furia...Venganza...Dominio...Odio
Se puso de pie lentamente y comenzó a dirigirse a la tienda.
Al llegar a la cabaña, Hitomi aun no salía de esta, porque se
estaba terminando de cambiar de ropa. Dilandau sin avisar se metió,
y se quedó parado en la puerta, con una de sus sonrisas de
completa demencia.
Hitomi se sorprendió de verlo ahí adentro
-Qué no te enseñaron modales?. No ves que me estoy vistiendo?,
le dijo juguetonamente. Él no le contesto, y entonces ella notó
que la mirada en él había cambiado. Tenía la impresión de
haberle visto esa mirada antes, pero...cuando?
-Qué ocurre?, que sucede comandante?. Creyó que estaba de mal
humor y recordó que a el le gustaba muchísimo el respeto y esa
sería lo más apropiado para dirigirse a él.
Dilandau seguía sin contestar, y no le apartaba la mirada. Su
expresión era fría y como de rabia reprimida. No era esa mirada
con la cual Hitomi quisiera que la viera.
Hitomi siguió vistiéndose, solo le faltaba abotonar su blusa,
y Dilandau bajo la mirada, notando que el sostén sobresalía. De
nuevo recordó a Hitomi gimiendo en el bosque, pero esta vez no
lo recordó con ternura.
-¿Porqué me ves así? Dijo Hitomi al notar como la veía
fijamente.
No lo hubiera dicho, ya que de inmediato Dilandau arrugó las
cejas y apretó los puños.
-Dilandau, que pasa? Dijo Hitomi dando un paso a donde estaba él.
Dilandau entonces reaccionó y por fin hablo:
-CÁLLATE!!!. le vociferó.
Hitomi se quedo muda y paralizada, sabía que Dilandau no
era una persona muy tranquila o muy dulce, pero nunca se imaginó
que reaccionara así con ella. ¿Acaso había hecho algo mal?
Se empezó a acercar a ella sin apartar la mirada de sus pechos,
levemente sonrió y de un rápido movimiento puso sus manos en
los hombros de la chica. Hitomi reacciono aventándolo...grave
error.
-Estúpida! musitó Dilandau entre dientes, mientras que empezó
una vez mas a acercarse a ella. Su mirada no cambiaba, y Hitomi
se puso muy nerviosa al ver que una vez mas se dirigía a donde
ella estaba. ¿Pero que era lo que pasaba? Quería contarle
acerca de la espantosa pesadilla que había tenido pero de pronto
el entró más agresivo que nunca, viéndola de manera que
pareciera que con el solo pensamiento la violara. Hitomi de
pronto perdió el control, y le gritó
-Si te acercas un maldito paso más no respondo.
-Vaya vaya!, así que la chica se pone ruda eh?, Dilandau se burló
de ella. Qué me harás?, Qué le harás a el Capitán mas
sanguinario y despiadado?, Dilandau soltó una pequeña risa ante
la cara de Hitomi y decidió seguir torturándola un poco más.
-Veamos, si doy un paso mas que ocurrirá?. Dilandau dio
el paso...
-Te lo advertí! Hitomi le soltó un puñetazo, sin embargo el
golpe no fue difícil de detener. Dilandau tapó el golpe
con la palma de su mano.
A esto le llamas golpe?¿Qué acaso no te he entrenado bien?
Diciendo esto, Dilandau comenzó a apretar su muñeca haciendo
que Hitomi gritara del dolor.
- Así...si, vamos ...SUFRE!. Dilandau apretaba cada vez más,
sintiendo placer al ver como Hitomi se retorcía de dolor.
-Ya estoy junto a ti, mas cerca de esto creo que no se puede ...
¿Y qué me hiciste?, nada, absolutamente NADA. Dilandau cada vez
estaba más y más excitado. Este juego del gato y el ratón era
realmente excitante.
-Suéltame! Maldito loco, dijo Hitomi desesperada, pero por
los gestos de Dilandau parecía como si le hubiera dicho
halagos, ya que este sonrió. Después fijó de nuevo su atención
en los senos de Hitomi, y mientras lo hacía se chupó los
labios, como si se estuviera anticipando el banquete que le
seguiría.
Con la otra mano Dilandau empezó a tocar los senos de Hitomi,
haciendo que ella le soltara un rodillazo, mas para el no era de
peligro, ya que una vez mas obstruyó el golpe.
Dilandau aprovechó que ella había abierto las piernas y metió
su pierna izquierda en medio de las de ella, comenzando a rozar
su entrepierna con la rodilla.
Hitomi no creía estar viviendo eso no podía ser posible.
Si Dilandau quería tener sexo con ella de nuevo solo lo hubiera
dicho, pero esta vez Dilandau se comportaba de una manera extraña....como
si la odiara.
Jalándola del brazo y golpeando sus piernas Dilandau la
tiró, quedando Hitomi boca arriba, y se abalanzó sobre
de ella. Con movimientos bruscos le quitó la blusa y le bajó el
sostén. Comenzó a lamerle el pecho derecho y el izquierdo a
tocarlo. Hitomi trató de moverse, pero no pudo, ya que Dilandau
la tenía inmóvil con su propio cuerpo. Dilandau pareció no
darse cuenta de los esfuerzos de Hitomi, y mientras Hitomi
luchaba el con su mano derecha acariciaba la entrepierna de
Hitomi. Entonces reparó en como Hitomi comenzó a ponerse
furiosa, y decidió seguir provocándola diciéndole con tono
burlón:
-Que pasa Hitomi, aún no estas húmeda.
Hitomi por mas que intentaba zafarse no podía lograrlo, siguió
forcejeando un rato más, ganándose únicamente las burlas de
Dilandau. Ella siguió sin rendirse y en un momento de suerte
logró cambiar posiciones con Dilandau, quedando ella encima de
él. Dilandau quedó callado, realmente pareció tomarle por
sorpresa ese movimiento, pero antes de que pudiera reaccionar
Hitomi le escupió en la cara.
-¿Crees que soy cualquiera para que llegues y me tomes?
Dilandau entrecerró los ojos y su labio superior se curveó
un poco.
-Nunca... te atrevas.... ni se te ocurra...volver a hacer
...eso.... ¿¡ENTENDISTE PERRA?!. Dilandau estaba fuera de sí,
y dio un golpe en la cara de Hitomi, abriendo su labio inferior.
Hitomi entonces reaccionó, y fue cuando se dio cuenta de su
situación, y del error que había cometido así que hizo lo único
que se le hubiera ocurrido a cualquier persona desesperada, y
empezó a gritar.
-Grita todo lo que quieras, nadie te oirá, ¿olvidas que estamos
en medio del bosque?. Dilandau le dijo con voz baja y
peligrosamente suave. Ella lo recordó, no había nadie por
ahí, era imposible que alguien la escuchara. Hitomi comenzó
esta vez a desesperarse. ¿Qué podía esperar de Dilandau? Y
ella alguna vez supuso que le importaba.
La histeria comenzó a apoderarse de ella. Comenzó a sentir esa
mezcla de emociones que lo único que hacían era imposibilitarte
para poder pensar claramente. No sabía si odiarlo, rogarle, o
seguirle la corriente.
-Dilandau, por favor, para....... y Dilandau solo se reía de
ella
-Dilandau suéltame, maldito enfermo, esta no es forma de
tratarme!.
Hitomi decidió seguir luchando y empezó a golpearle la espalda,
darle bofetadas, pero él seguía acariciándola inmutablemente.
Dilandau, que se excitaba mas al verla luchando por escaparse, le
fue levantando el camisón. Aún no se quitaba de encima de ella,
y de esa manera, tomó las pantaletas y se las arranco, y
riéndose las puso frente de su cara. Burlándose, le preguntó:
-Los conoces?
De repente Dilandau se puso de pie, Hitomi al ver esto, trato de
ponerse de pie ella también, pero él la empujó de forma que
ella quedara boca abajo. La tomó de los brazos, y se quitó el
fajo con dificultad ya que Hitomi trataba de soltársele. Después
de unos momentos de forcejeo logró amarrarle los brazos a Hitomi
a la espalda, inmovilizándola.
Hizo que se pusiera de rodillas, se desabrocho el pantalón y
saco su miembro, y comenzó a pasárselo por la cara, diciéndole:
-Ves esto?, LO VES???, pronto estará dentro de ti.
La tomo de el cabello, advirtiéndola que si hacia algo que no le
agradara no dudaría en matarla. Sosteniendo la cara de Hitomi
con la mano izquierda, comenzó a acercarle su miembro, con la
mano derecha lo estaba dirigiendo, primero lo paso por su frente,
fue bajando, y al llegar a su boca, lo pasó por sus labios.
-Lámemelo!.
Hitomi se opuso y Dilandau se enojó aún más.
-Maldita sea, ya me estás cansando! le gritó y le dio una
bofetada.
Hitomi cayo al suelo, quedando con las piernas abiertas. ¡Qué
vista tenía Dilandau!. Observó deleitado como Hitomi
estaba ya húmeda, y como su respiración se había acelerado.
-¿No me digas que tú también ya estas excitada?. ¿Me
deseas?,le dijo Dilandau en un tono suave y seductor.
Dilandau simplemente no pudo resistirse al espectáculo de
Hitomi, amarrada, sudando, con las piernas abiertas, y viéndolo
de una manera muy angustiada. Así que se puso de rodillas y
empezó a masturbarse viéndola. Estiró uno de sus brazos
tomando un pie de ella, y trató de acariciar su pierna, pero
Hitomi le pegó en el estómago con su pierna.
-¿No entiendes verdad estúpida?. Agarro ambos pies de Hitomi, y
los fue levantando, dejándolos en sus hombros. Se acercó a su oído,
y le murmuró dulcemente:
-Haré que te vengas como nunca lo has hecho, te haré mía
cuantas veces quiera y tenga ganas...
Cuando acabó de murmurarle en el oído, y después de dirigirle
una mirada llena de malicia, comenzó a dirigir su pene hacia la
entrepierna de ella, le introdujo un poco, y soltó una pequeña
risa.
-Mmm...esta tan caliente ahí adentro Hitomi. Alguien más esta
excitada...
Comenzó a penetrarla poco a poco. Pero pronto ya no pudo
contenerse más tiempo, y fue entonces cuando perdió casi
completamente la razón. La penetraba con salvajismo, sus manos
estaban ocupadas tocando sus senos y caderas, la recorría toda,
le lamía toda el cuello y cara, mordía sus oídos, mientras le
murmuraba cosas:
-Tu piel y tu aroma me hacen sentir tan maldita sea excitado...
Nunca te voy a dejar ir Hitomi ... Eres mía ...
De pronto surgió una idea en la mente de Dilandau, así que se
apartó de ella, y la puso una vez mas de rodillas. Ya estando así,
se puso atrás de ella, la empujó haciendo que se golpeara la
cara contra el suelo, de manera tan fuerte que Hitomi
comenzó a sangrar por la nariz, y la volvió a penetrar en
esa posición, ahora tocando y apretando sus nalgas.
Dilandau disfrutaba en montar a Hitomi pero no era suficiente, aún
faltaba algo...
-Hitomi, alguna vez te han penetrado por atrás?
Hitomi estaba ocupada tratando de mantener el equilibrio, así
que no le contestó. Mientras Dilandau la penetraba ella sentía
como sus mejillas estaban empapadas de todas las lágrimas que
había ya derramado, además del todo el dolor que ya sentía de
sus caderas hacia abajo.
Dilandau abrió bruscamente el trasero de Hitomi, haciendo que
ella reaccionara gritando de dolor una vez más.
-Por fin reaccionaste, dijo Dilandau, sin dejar de penetrarla.
Hitomi empezó a mover sus caderas haciendo que el miembro de
Dilandau se saliera.
-Vaya vaya, parece ser que alguien es tímida...
Dilandau comenzó a hacer círculos con la punta de su dedo medio
en Hitomi.
-Dilandau, por favor, por ahí no, ya me lastimaste
bastante.
-No lo creo Hitomi, tu nunca puedes terminar de lastimar a
alguien a menos que esté muerto.
Dilandau tomó su pene y penetró a Hitomi de un solo empujón.
Hitomi gritó muy fuerte. Sintió como se desgarraba su interior,
y lejos de sentir placer, solo experimentó un dolor, como si la
fueran a partir en dos mitades.
Dilandau confundió su grito con uno de placer, y exclamó
alegremente:
-No pretendas que no estas gozando, quieres hacerte pasar
como inocente pero tu eres igual que yo. Mírate! no eres
mas que una cualquiera, una zorra. Y ahora solo por diversión
seguiré castigando tu trasero.
Dilandau cada vez se perdía más y más. Lo volvía loco
las sensaciones de esta nueva posición, combinada con lo
caliente y estrecho del trasero de Hitomi. Ella estaba
cerca de desmayarse. Inconscientemente se estaba mordiendo el
labio, pero de manera tan fuerte que la sangre de su boca,
combinada con la de su nariz, escurría de su cara y caía por su
brazos, y al suelo, formando un pequeño charco.
Dilandau ya no pudo contenerse mas, debía acabar. El sentía
como estaba apunto de venirse, y al sentir eso aceleró mas la
penetración, con una de sus manos en los pechos de Hitomi,
acaricio sus pezones, y con la otra acariciando la entre
pierna de Hitomi notando como ésta estaba más húmeda de lo que
el la había notado, de hecho, estaba muy mojada escurriendo
de... pero antes de que pudiera fijarse bien, lo golpeó el
orgasmo, con una intensidad que hizo que se arquease
completamente hacia atrás, su vista se nubló mientras sentía
como su semen salía.
Se salió de Hitomi y se cayó tambaleándose. Sus piernas
estaban débiles y temblaban. Había sido un placer increíble.
Cuando su cabeza dejó de dar vueltas notó como Hitomi no hacía
ningún ruido, ni se movía.
-No me digas que tu no lo disfrutaste porque....
Dilandau nunca terminó su oración. Por fin se había dado
cuenta del estado de Hitomi.
La tormenta que sentía en su interior, las voces, su odio, todo
desapareció, tan repentinamente como había llegado. Y vio con
horror como sus manos estaban llenas de sangre...pero esta vez de
una sangre preciosa para él.
-¡Hitomi! No, maldición, que hice, no... Hitomi!
Hitomi estaba desmayada. La sangre les escurría tanto en el
pecho y brazos como por sus piernas, y se encontraba con
los ojos en blanco.
Dilandau comenzó a temblar. No se podía dar el lujo de
perderla. La única mujer interesante que había conocido, la
mujer que había logrado arrebatarle al enemigo, la única que se
parecía a él...
El mundo pareció carecer de sonidos de un momento para otro para
los oídos de Dilandau. Solo pudo oír murmullos en su cabeza,
murmullos que hablaban de guerras, venganzas y muerte, murmullos
que le recordaban su ansia de apreciación... y su soledad,
soledad que Hitomi había venido a llenar.
-NOOOOO!!!!!!! Dilandau se incorporó, y tras vestir a Hitomi y
vestirse el, la cargó, dirigiéndose a toda prisa al guymelef.