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Consejos Finales

La salud es, también en los viajes, el mayor bien individual que se posee. Sin ella se arruinan las ilusiones depositadas en las vacaciones, o en esa gran aventura que hay que hacer por lo menos una vez en la vida. El médico no es el responsable de la salud de uno, pues nadie puede sustituir la responsabilidad individual; parte de ella es la elección de un buen especialista que le asesore antes de comenzar el viaje al trópico, pero más importante es su actitud personal ante la propia salud.

Muchas de las infecciones que afectan a los viajeros se pueden prevenir mediante vacunas, profilaxis medicamentosa o medidas higiénicas personales. Las infecciones responden a ciertos esquemas de transmisión, que marcan las medidas a seguir para prevenirlas. Las enfermedades en los viajes son muy caras, en todos los sentidos.

No hay que engañarse: los certificados de vacunación que se exigen no son para proteger a los individuos, sino a los países. El viajero ha de cuidar de sí mismo. La inmunización pasiva mediante vacunas es una forma muy segura de prevenir un grupo de infecciones que pueden resultar graves para el viajero. Con una programación a tiempo en el calendario vacunal antes del viaje, se puede lograr una amplia cobertura de determinadas infecciones.

No todas las vacunas son empleadas de igual manera, sino que varían en función de los países que vayamos a visitar, las características del viaje y la actividad a desarrollar.

Las embarazadas y los niños pequeños tienen ciertas limitaciones a la hora de inmunizarse. Aquí es particularmente importante el consejo médico.

La decisión de la profilaxis del paludismo se debe seguir está en función de la duración del viaje, de los países que se vayan a visitar, de si son áreas rurales o urbanas, de la estación del año, del tipo de viaje y de la salud individual. La eficacia y toxicidad de muchos medicamentos contra la malaria hacen difícil la decisión óptima; cualquier caso, debe encontrarse con ayuda de un especialista. Sea la que fuere, es imprescindible llevar en el equipaje algún medicamento alternativo como tratamiento de reserva.

Las diarreas son la primera causa de enfermedad entre los viajeros, y algunas de ellas suponen un gran peligro para la salud. Los platos de mayor riesgo son los mariscos, las verduras poco cocidas, las ensaladas y la fruta sin pelar, el arroz recalentado, las bebidas no precintadas, el hielo y helados, la leche y sus derivados. Los hábitos que protegen de las diarreas son: el lavado y secado habitual de las manos, rechazar los platos y bebidas sospechosos (por atractiva que sea su apariencia), no tocar la comida con las manos sucias y cocerlo todo durante más de 15 minutos.

Antes de bañarse en el mar hay que tomar ciertas precauciones. Asegurarse de que no hay medusas en la zona ni anémonas, que tienen células urticantes y provocan irritaciones en la piel, ni corales, que producen dermatitis. Cuidado con las púas de los erizos de mar y los peces de aguas tropicales poco profundas (el pez piedra y el pez escorpión tienen espinas venenosas); aunque existen peces similares menos peligrosos en el Atlántico y el Pacífico oriental, los peces piedra propiamente dichos están confinados a la región Indo-Pacífica.

Recuerde no caminar descalzo, para prevenir ciertas micosis (hongos) y parasitosis.

Utilice calzado adecuado, especialmente en las zonas donde hay serpientes. Por las mañanas es prudente examinar el calzado y la ropa en busca de serpientes o escorpiones.

 
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