Danza de Pascola

Origen:

La danza de Pascola, tanto de mayos-yoremes como de yanquis-yoremes, es una de las danzas más interesantes, profundas y originales del noroeste de México. Revive la poderosa concepción de la naturaleza como deidad, ala que los antiguos rendían culto, representada en ritos y defendida hasta la muerte por los hechiceros de los pueblos. Existen desde antes de la llegada de los sépannosles los misioneros, al presenciar su entonces primitivo aspecto, horrorizados por los esquemas que presentaba, buscaron erradicarla de los gentiles por considerarla “altamente demoníaca”. Pero el enorme arraigo que por ella se tenía impido su desaparición del mundo indígena. El misionero tuvo que aceptar su interpretación integrada al nuevo concepto religioso, conservando la mayoría de sus elementos materiales, y lo más importante, manteniendo su razón ideológica. No olvidaron que el Juyya Annia seguía ahí, dominando el horizonte de la creencia, y lo colocaron con astucia alrededor de Jesucristo, la virgen y los santos. En lugar de eliminar los elementos que la caracterizaban, la Danza de Pascola prehispánica se enriqueció. Tomó todo aquello que creyó conveniente y lo integra perfectamente al modelo primitivo, seguramente, como la evidencia lo indica, con la complacencia del misionero jesuita, un “visto bueno” que muy en su interior debió haber sido de rechazo, pues hubiese       preferido su eliminación; pero las condiciones que presentaba el proceso de evangelización de los naturales de la región no era para que se determinaran prohibiciones de tajo. La pascola es hoy la danza líder de las fiestas yoremes. Es la que presenta mayores variaciones en su actividad y en relación a otras danzas que pudieran encontrarse a su alrededor, destacando la responsabilidad de sus intérpretes en las distintas etapas de una celebración. La pascola mayor es el hombre que ostenta el grado más alto dentro del grupo y muchas veces no es necesario ganarse el título en la comunidad por el hecho de contar con una edad avanzada o saber bailar en forma maravillosa, sino  más bien por demostrar sus dotes como orador, humorista y conocedor de las fracciones en que se integran las fiestas. Quizá de ahí resulte el metafórico significado de la palabra pascola (pajco’ol,a: “el viejo de la fiesta”), hombre experto y de profundo saber. Dentro de sus cualidades están la habilidad dancística y la fluidez de palabra. Ser un narrador que sabiendo diferenciar el momento, narre lo que conlleva un carácter ritual pero también lo cómico-anecdótico de la festividad en que se encuentre, así como saber llevar la dirección de los sucesos, los pasos a seguir en el desarrollo de los ceremoniales, guiando discretamente a sus compañeros, sobre todo a los que se inician en el oficio. El pascola es el danzante rodeado de la aureola mágica, su máxima característica, ya que representa imitativamente a un gran número de animales que va encarnando de acuerdo al son que sus músicos toquen, y manifiesta su amplio conocimiento sobre los sonidos y cosas de la naturaleza. En el desarrollo de la danza suelen gritarse frases de apoyo para animar y darle seguridad al danzante en turno, y cuando el son cesa, se enfrascan en pláticas de motivo cotidiano que van hilando improvisadamente, salpicada de gracia de desprenderse de sus lugares de observación. Los pascolas gustan de alternar con las demás danzas de la enramada venados y coyotes en una gran diversidad de acciones cómicas a las que llaman juegos, en donde involucran a los presentes haciéndoles blanco de sus bromas. El aprendizaje de la danza es por imitación de los mayores, los cuales hacen las indicaciones correspondientes sin ninguna ceremonia preliminar. También se dice que los bueno pascoleros hacen pactos con seres sobrenaturales en los lugares más recónditos del Juyya Annia, para colocarse entre los mejores y tener el poder del hechizo. La edad de su enseñanza es muy variada: mientras unos comienzan desde pequeños, otros inician a edad media o adulta.

Tipos de acompañamiento musical y desarrollo de la danza:

Entre los mayos, es la única danza que tiene dos tipos de acompañamiento musical. El primero se compone de un conjunto de dos violines y un arpa, renombrados instrumentos de procedencia europea y enseñados por los misioneros jesuitas a los indígenas. El segundo de los acompañamientos está conformado por una flauta de dos piezas o de ensamble con tres orificios y un tambor de doble parche, tocados por un solo músico. Los parches del membranófo son por lo regular de cuero de chivo mas es bien conocido entre los tampoleeros que si es de vientre de asno, su sonido y consistencia serán mucho mejor. Es indudable que el tambor es de procedencia prehispánica. La flauta, en cambio, encierra dos dudas. La primera, si es propia de las culturas precolombinas. Y la segunda, si, de existir, era tocada de manera simultánea, como ahora, con el tambor. Es una generalidad escuchar entre los músicos yoremes decir que su bacacusi (flauta) y su tampora(tambor) son los instrumentos más viejos que tienen y que de ahí se originaron muchas de las melodías que interpretan los músicos de violines y arpa, por lo tanto a los sones de flauta y tambor se ha dado en llamarlos “pascola antigua”, pero falta todavía comprobar si ello es cierto, ya que no se encuentran antecedentes fiables que lo comprueben ano ser por las tradiciones orales de los propios músicos indígenas. Los instrumentos son de manufactura propia sin incluir los violines que son comprados en el mercado citadino y condicionados al gusto del ejecutante.

Vestimenta:

El danzante inicia por colocarse una gran manta sobre el pantalón formado con ella una zapeta que remata en su ajuste final con dos sobrantes, uno a cada lado de la cintura al muslo, de modo que semejen triángulos o cuadrados imperfectos. Colocada la zapeta ciñen su cintura con una faja (buicosam) desde donde cae otra de mayor extensión dividida en dos, para sobreponer cada mitad en ambos muslos, amarrando los extremos arriba de las rodillas. Alrededor de las pantorrillas enredan los capullos de mariposa convertidos en instrumentos sonoros llamados tenábaris, con una extensión, para cada lado, de dos y medio a tres metros de largo aproximadamente. Para la cintura usan como idiófono una serie de cascabeles de bronce sujetos en cadenas o tiras de vaqueta pendientes de un cinturón a los que nombran coyolim.

 

Danza del venado

Origen:

El venado es una de las danzas mexicanas más conocidas en el mundo, pero paradójicamente de la que menos se sabe en cuanto a su origen ejecución, contexto y simbolismo. De manera lamentable, la danza ha sido proyectada en muchos sitios del planeta por lo ballets folclóricos que presentan una teatralización que diíta mucho de lo que en realidad sucede bajo las enramadas yoremes. “Que el animal representado deberá morir al final de la danza, porque sino habrá sido una ejecución incompleta. “Que al morir el venado salva a la etnia de la hambruna y por su ‘sacrificio’ su espíritu viajará al cosmos recorriendo el camino de las estrellas”. La Danza del venado la que más polémica levanta con relación al sentido de su origen y por supuesto de su ejecución. La cabeza de venado que porta el yaqui es un tanto más realista y la adorna con listones, el mayo sin embargo es muy variado en la forma final que da a la cabeza en su elaboración; de hecho, algunas son una mera figuración de la cabeza del animal, aunque los materiales piel y cueros siempre serán los verdaderos, y la dorna con flores blancas que tienen el mismo significado, como ya lo señalamos.

Ejecución del venado mayo en Sinaloa:

Muchos estilos interpretativos tienen la danza entre sus ejecutantes, de modo que después de haber observado detenidamente en acción a una considerable cantidad de ellos, he tomado lo más generalizado del proceso para hacer su descripción. Cuando uno de los sones va a dar inicio, el intérprete, desprovisto de la cabeza de venado (maasocobba), agita vigorosamente sus sonajas anunciándolo; este preliminar movimiento de sonajas también se considera un llamado a los músicos que de pronto podrían estar ausentes de su puesto, pero de no ser así de cualquier manera el danzante lo realiza para que los acompañantes dispongan y preparen sus instrumentos. Los músicos inician el son con un ritmo lento. El maasooyi’leero, con marcada parsimonia toma entre sus manos la cabeza animal y asumiendo seriedad hierática va ajustándola sobre la suya. Los músicos sin cesar el rasgueo de sus instrumentos, observan a intervalos y con discreción al que hará la danza. Ajustada la maasocobba, el danzante se asegura de que haya quedado bien firme, haciendo algunos movimientos corpóreos para corroborarlo ala vez que agita de nuevo las sonajas. El hombre se transforma e ignora en lo absoluto todo suceso a su alrededor. Un nervioso nada humano se apodera de su cuerpo. Se pasea sobre su territorio y no cesa la agitación sólida de sus sonajas, provocando que el ritmo de son aumente de velocidad. De pronto el cuerpo del danzante se queda quieto, de frente y a distancia del conjunto musical, sólo la cabeza mira a un lado y otro manteniendo el ritmo de las sonajas hasta que el canto irrumpe sonoro y el hombre transformado principia su maravillosa danza. El danzante, tomando el ritmo instrumental a través de sus sonajas que mueve uniformemente, dibujando círculos en el aire, abre la danza con un caminado suave que lo aproxima a los músicos, tocando la tierra con apoyos ligeros de sus plantas e imprimiéndoles a su cuerpo actitudes de expectación animal que ya no cesarán hasta finalizar el son.

Vestimenta:

El venado emplea como elemento núcleo de su danza una cabeza de venado que, contrario a lo que se cree, no es una cabeza disecada en el sentido estricto de la palabra, sino hecha a partir del aprovechamiento de la parte frontal con cal y sal y expuesto al sol durante unos días. De la piel del animal se tiene el cuidado de conservar la oquedad de los ojos y las orejas en buenas condiciones para lograr un terminado completo. Después de cortar la parte útil, ésta se reduce hasta lograr el tamaño deseado que será muy inferior al natural aunque el animal haya sido pequeño, logrando el volumen con un relleno que puede ser desde un trozo de madera blanda muy liviana hasta aserrín o bien papel sólidamente compactado en todo su interior. La ornamenta puede o no estar adherida al cuero desde un principio, de cualquier manera el artesano la inserta de tal manera que pasa desapercibido el que no sean las originales del venado sacrificado; además siempre se buscan un tanto pequeñas para evitar el peso excesivo o, en su defecto, son recortadas. La cabeza se cose por la parte bajas desde donde principia el hocico terminada en lo que sería el cuello. Para que la cabeza animal asiente perfectamente sobre la cabeza humana se le adhiere una argolla de madera cosida en torno al cuello, amarrando ahí a su vez las tiras de vaqueta que servirán para afianzarla sobre el danzante. En la cuenca de los ojos son incrustadas dos bolas de chapopote: sin embargo, es más común el uso de un par de canicas de vidrio de color que realza la vivacidad de la mirada con la luz que reflejan. En el momento de la fiesta, la maasocobba es adornada con flores blancas de papel, que se supone forman parte del hábitat del animal, que en su andar por el monte quedaron insertadas en los cueros, además de emplearlas como alimento, razón por la que se coloca una de ellas en el hocico. También significan el compromiso por parte del oficio de cumplir cabalmente con la festividad para la que fue llamado a participar. El danzante se coloca alrededor de la cadera un cinturón del cual penden decenas de pezuñas de venado, que son amarradas a partir de correas de vaqueta. A diferencia del venado yaqui que en la mayoría de los casos ha sustituido las pezuñas del animal original por las de cerdo o cabra, entre los mayos de Sinaloa es aún posible observar gran número de cinturones confeccionados con pezuñas originales de venado de nombre común “venado cola blanca”, que aún trota por el monte a pesar de sus feroz cacería. A este cinturón se le conoce popularmente como “coyol de venado” de manera equívoca, el yoreme lo llama en su lengua rúj’utiriam. En sus manos porta un par de sonajas construidas con bule seco, arócosim en lengua mayo, aprovechando el fruto la parte grande y redonda y desechando el resto. En las piernas el maasoyo’iléero enreda un sarta de tenábaris de corta extensión. En cuanto a la ropa, el danzante viste con camisa y pantalón de manta a media pierna y como prenda distinta enreda en su cintura una extensión de tela a manera de falda que ciñe con un fajo negro o policromo, buicosam, en yoreme. Completa su atavío con un paliacate rojo al cuello y otro en la cabeza, que evita que la cabeza de venado caiga en los momentos de la danza.

 

Danza de matachines

Origen:

En cuanto a la estructura danzaría, mucho se ha dicho sobre su procedencia europeos, la cuales indiscutible, lo mismo que otras danzas mexicanas catalogadas en el mismo género. La palabra matachín nació en Italia a mediados del siglo XVI. El mattacinoo, como la raíz italiana indica, era el comportamiento de un bufón enmascarado, algo loco, excedido en sus actos y lenguaje. Los matachines “son niñerías y juguetes que los extranjeros traen para sacar dinero de la gente vulgar y popular”. Para 1611, año del primer diccionario de la lengua llamado Tesoro de la lengua castellana, ya se define a los matachines como danza de remiscencia guerrera, en donde Miguel Covarrubias los describe como “personajes que danzaban armados y por este estrago de matarse unos a otros, los podemos llamar matachines”. Para 1734, el mismo diccionario nos proporciona la siguiente definición: “hombres disfrazados ridículamente con carátula y vestido ajustado al cuerpo desde la cabeza a los pies y alternando las piezas de que se conoce como un cuerpo amarillo y otro colorado. Forman una danza entre cuatro, seis u ocho, que llaman de matachines, y al son de un tañido alegre, hacen diferentes muecas y dan golpes con espadas de palo y vejigas de vaca llenas de aire”.

Matachines yoremes:

Un número elevado de danzas con el nombre matachines prevalecen en México. Mestiza o indias, con variantes en su nombre que va desde natachiinim entre los yoremes, matachines entre los pueblos con filiación náhuatl y matachines entre otros en donde el solo hecho de observar sus evoluciones coreográficas, vestuario y accesorios, las delatan en muchos momentos, semejantes a las existentes en la vieja España u otras naciones europeas. En los asentamientos indígenas del norte de Sinaloa, al instituir los misioneros jesuitas las distintas fiestas religiosas y estructurarla diversidad de formas de culto a las imágenes católicas, debieron también “reinventar” su danza de matachines, propia al medio y apta para ser dedicada al “verdadero Dios” y así, entre otros propósitos, destituir el arraigo que los naturales tenían por sus danzas vernáculas; Los matachines se deben a la iglesia de su pueblo y por ningún motivo, por poderoso que sea, la danza abandona una festividad calendárica. Tiene la danza dos festividades obligatorias, Navidad y Año Nuevo, y actividad está ofrendada al Niño Jesús y la Virgen María.

 

Desarrollo de la danza:

De nueva cuenta vamos a ubicar la figura básica de los matachines que se colocan ante el altar para sí entender de manera mas clara cómo los danzantes realizan sus pisadas y los movimientos coreográficos que efectúan con ellas; éstos se componen, grosso modo, de giros, pisadas fuertes realizadas con toda la planta del pie, caminados rítmicos y caravanas. Por las formas de los pasos y las combinaciones que realizan, pueden catalogarse se ejecución entre las danzas de regular complicación. Los sones se ven comandados íntegramente por el monarca mayor. Él es quien diseña el secuencial de pisadas que habrán de intervenir y por su cuenta decidirá el momento para las evoluciones coreográficas que se denotan sencillas. Cuando se cuenta con un monarca segundo, éste realiza las pisadas del mayor, con la diferencia de que la inicia con el pie contrario y respecto a las filas: la del lado izquierdo se subordina al monarco principal y la derecha al de segundo grado, dando resultado un seguimiento cruzado. Aunque existen preparaciones claves que indican los cambios de pasos y movimientos, no deja de ser una tarea complicada tanto para el monarc9o segundo como para el resto de los matachines; él sigue acertadamente cada uno de los secuenciales que el monarca mayor impone. Las mudanzas o evoluciones coreográficas, muy limitadas como lo mencioné, consisten, en número mayoritario, en recorridos que las filas realizan a paso natural rumbo a la cruz que se encuentra en la parte alta de la figura básica. Mientras que las filas inician su caminado hacia fuera, en sentido contrario, lo monarcas los hacen por dentro de ellas. Al arribar los matachines a la cruz, uno a uno baja sus palmas e inclinan levemente su cuerpo en un acto rápido de opleitesí al sagrado elemento y retornan a su puerto de partida para estructurar otra serie de pasos fuertes. Otro de los movimientos más repetidos es el acercarse de frente al compañero que se tienen del lado contrario. Levantando sus palmas, nuevamente a paso caminado, se colocan hombro con hombro y sin detener la marcha giran mutuamente tratando de no perder esa colocación, bajando la palma al realizar y subiéndola al retomar a sus lugares.

Vestimenta:

Los matachines asisten a sus festividades donde deberán bailar con su ropa de uso ordinario. No les identifica un pantalón o una camisa de confección especial que los señales como danzantes, y acorde a lo investigado, tampoco en otros tiempos lo tuvieron.

 

Danza de los coyotes

Origen:

La danza de los coyotes es una de las danzas mayo más próxima a extinguirse sino se promueve, desde la etnia, su pronta reintegración a la fiesta que pertenece. La raíz del problema se debe a que el músico, considerado oficial para la festividad, el señor Macedonio Cortés, murió motivo por el cual el conjunto de danzantes se dispersó para abrazar otras actividades en sus fiestas tradicionales. Pero existen aún otros conocedores del repertorio musical como el señor Víctor Ibarra, avecindado en el poblado de Juan José Ríos, Guasave, de edad muy avanzada, que en otras actividades es cantador de venado y médico tradicional. La danza de los coyotes es exclusiva del Centro Ceremonial de San Miguel Zapotitlán; en ninguna parte de la región mayo sinaloense hay antecedentes de haber existido una danza con el esquema de los coyotes; tampoco del lado mayo sonorense, y no es sino hasta en los pueblos yaquis donde volvemos a encontrarla, ahí sí de manera vigente, aunque no para cualquier fiesta y con formados interpretativas que la emanan a la versión que tienen los yoremes de San Miguel. La danza se acompaña por un solo músico que toca un tambor de doble parche percutido a tiempos dobles. Las piezas musicales se denominan sones y contienen del bimembrasnófono, exactamente en un a de la perforaciones de aro que evitan que el sonido se ahogue. Las letras aluden a la vida del coyote: hábitat, formas de sobré vivencia y su relación con otras especies.

Vestimenta:

Los danzantes visten ropa ordinaria o de blanco total según su acuerdo. Portan como principal accesorio una piel de coyote que cubre su espalda desde la cabeza, sujetada de la frente con una tira de tela de color que a su vez lleva piezas de concha nácar sobrepuestas. La piel se decora con un buen número de plumas cosidas a todo lo largo y éstas pueden ser águila, zopilote o en su defecto de pavo. La parte de piel que cubre la cabeza del danzante lleva del mismo plumaje, sólo que es colocado de manera más vistosa, rematando el frente con una pluma más larga y erecta. A todo en conjunto lo denomina penacho. En la mano izquierda portan un arco con poca pronunciación, algo grueso y largo mientras que en la diestra llevan una tira de carrizo a la que le han practicado un o dos cortes transversales y sirve para llevar el ritmo de la danza al chocarlo sobre el arco.

La danza dentro de la festividad:

Para poder presentarse con su actividad, primeramente los danzantes deben ser enganchándose por el alpéeres yohue de la Semana Santa, su principal celebración. Los intérpretes llegan el viernes por la noche a la iglesia, donde danzan hasta el amanecer del sábado. Luego de concluir el ceremonial denominado Corrida de la Gloria, los coyotes pasan al interior de la enramada donde continúan con sus sones, alternando ahora con las danzas de pascola y venado, y lo mismo que estas dos últimas, descansan por la noche y prosiguen el domingo hasta terminar la festividad. Antes de empezar la danza se hacen tres agujeros en el piso asignado para su ejecución, donde al llegar los danzantes, que también son siempre tres, colocan sus arcos y ahí permanecen cuando están inutilizados. Los coyotes bailan siempre en línea horizontal existiendo grados distintivos para el desarrollo de la danza. El que se coloca al medio se denomina guo’iyohue y es quien pone los movimientos correspondientes a cada son, mientras los de sus lados los siguen en todo, poseyendo gran habilidad pues deben ser muy uniformes en sus evoluciones. La danza se caracteriza por su sencillez y picardía, componiéndose de pasos ágiles como caídas suaves de un pie al otro, brincos sobre los dos pies un tanto laterales, medias vueltas, corridilla de frente y retroceso, realización de sus pisadas en cuanto posición corporal les permita su habilidad, etc. Los danzantes, cuando van bailando, mueven la cabeza constantemente de un lado para otro llevando sus ojos muy abiertos con expresión facial cómica. El torso y pierna flexionadas y manteniendo el arco en dirección frontal sin interrumpir el chasquido del carrizo sobre lo mismo.

 

 

 

Fuente de información

Bibliografía del Libro

URIARTE Gabriel, 2001, Sinaloa Yoreme, México, Difocur