Alejandro R

Alejandro R. Vega

(1925-1928)

 

El gobernador Alejandro R. Vega, que sucedió al período constitucional inconcluso del general Ángel Flores.

 

Fue electo para el cuatrienio 1924-1928, en una fría e intrascendente campaña que no motivó ni conmovió al pueblo.

Vega tuvo como opositor al coronel Guillermo Nelson, prestigiado revolucionario nativo de Mazatlán, que no fue “gallo” contra la aplanadora que en su contra le armó el general Ángel Flores, quien todavía era en Sinaloa el hombre fuerte de la política, antes de la debacle que sufrió en su febril aventura buscando la Presidencia de la República.

 

Don Alejandro era un ilustre desconocido en Sinaloa pues la mayor parte de su vida la pasó en Sonora. Cuando el movimiento de Agua Prieta, el general Flores lo trajo consigo y bajo su protección tuvo su primera probadita de gloria: lo nombró “Agente de Gobierno”, un título raro que representaba e igualaba al de gobernador.

 

Aquí se quedó a la expectativa el pariente de los Redo, listo y dispuesto a “sacrificarse por el pueblo”. Vega fue por segunda vez designado gobernador interino y finalmente ascendió a gobernador constitucional, lo cual le correspondía, si se quiere, a otros sinaloenses con más méritos y prestigio.

 

Pero así es y será siempre la política y Sinaloa tuvo que cargar con ese pesado lastre.

 

Choix fue la cuna de Alejandro R. Vega (3 de abril de 1879-1945). Era hijo de familia de buen y bien vivir, de las llamadas “primera de primera”, en ese afán todavía de los choicences de diferenciar a las clases sociales.

 

Vega, dicen los que lo conocieron, fue un hombre de baja estatura, tez blanca, simpático en su trato, buen conversador, dicharachero y le caía  bien a la gente; menos, ¡claro!, a quienes no lo podían ver ni en pintura.

 

Le encantaba la tandariola, el pisto y el sexo opuesto. No le hacían las “crudas”, pues seguido se desvelaba hasta altas horas de la noche, y después de un breve baño y ligero refrigerio, daba el ejemplo a sus subordinados de estar en su mesa de trabajo a la primera hora de oficina.

 

Por lo amistoso y carismático tenía amigos de a montón; pero por su carácter un tanto arbitrario, poco diplomático en su trato oficial, se había echado encima muchos enemigos políticos de ambiciones desmedidas, quienes lo trajeron durante su régimen por la calle de la amargura.

 

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