Leopoldo Sánchez Celis

Leopoldo Sánchez Celis

(1963-1968)

 

Leopoldo Sánchez Celis nació el 14 de febrero de 1916 en el municipio de Cosalá.

 

Muchos meses antes de las palabras mayores, Leopoldo Sánchez Celis ya era el bueno para Sinaloa. A pulso había ganado el derecho de ser el candidato a gobernador por su gran popularidad y sobrados méritos sirviendo desde joven al PRI y al pueblo sinaloense.

 

Sus cuatro opositores no llegaron a la meta final. Nunca le hicieron sombra, aunque por lucha y ganas de su parte no quedó. El cosalteco era demasiada pieza política para los que también la buscaban.

 

Calientes hasta morir anduvieron José María González Urtuzuástegui, director de la Lotería Nacional, que cifraba sus esperanzas en su amistad con el presidente Adolfo López Mateos; el licenciado Raúl Cervantes Ahumada, jurisconsulto guasavense de altos galardones; el doctor Fernando Uriarte, asesor de la Presidencia de la República y prestigiado profesionista, y Antonio Toledo Corro, compadre y amigo entrañable de Sánchez Celis.

 

A Polo no le importó que Chema, Raúl y Fernando, que no eran sus íntimos, tuvieran las mismas pretensiones que él, lo que le dolió hasta el alma fue que Toño, tonel que existían fuertes lazos afectivos y serios compromisos políticos, se brincara las trancas rompiendo el pacto establecido.

 

Sánchez Celis y Toledo Corro eran el uno-dos de la política sinaloense en 1962. Habían empezado su carrera simultáneamente en cargos de elección popular. Fueron compañeros en el Congreso Local en 1950-53 y aliados para tumbar al gobernador Enrique Pérez Arce.

 

Leopoldo era en ese entonces senador de la República, representando a Sinaloa; secretario de Acción Política del PRI, por parte del Senado, y precandidato natural al gobierno de Sinaloa.

 

Tanto en los altos círculos de la política nacional como aquí en su tierra, trabajaba tesonera y activamente para llegar a la ansiada candidatura. Era el gran favorito.

 

Preparando el terreno ya para esa época, Polo le había ganado a Leyva Velázquez la conducción de la Liga de Comunidades Agrarias, con Francisco Alarcón, y la CNOP, con Chuy Osuna Urtuzuástegui. Estaba moviendo sus piezas de ajedrez para lo que se venía.

 

Antonio Toledo Corro era presidente municipal de Mazatlán y había realizado durante dos años una labor espectacular, que le valió el titulo del “mejor alcalde mazatleco en su historia”. Su obra material no tenía paralelo. Fue el iniciador de la transformación urbanística del puerto en su viejo casco.

 

Pero no faltaron quiénes (principalmente el famoso grupo “33”, compuesto por los ricos dueños de medio Mazatlán) le comenzaron a endulzar y a cantar al oído que él tenía méritos suficientes para ser gobernador, que si él se lo proponía podría serlo y que mandara al diablo a su compadre Polo.

 

Toledo era el jefe en Sinaloa del grupo sanchezcelista. El hombre de todas las confianzas de Leopoldo. Habían sellado un pacto político: primero llegaría el senador al poder y enseguida él.

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