Antes de transferir el poder, el
Partido Nacional quiere mutilarlo.
Está tratando de negociar
una
especie de trueque por el que cedería el
derecho
a gobernar el país conforme a su
estilo a cambio
del derecho de
impedir que los negros lo gobiernen
al estilo de los negros.
Allister Sparks, periodista sudafricano .
La reconciliación significa que quienes han estado en la parte perdedora de la
historia deben poder apreciarla diferencia cualitativa que existe entre represión
y libertad, para ellos, eso significa que la libertad se traduzca en estar bien
abastecidos de agua potable y en disponer de electricidad con sólo apretar un
interruptor; en poder vivir en un hogar digno
y trabajar en un buen empleo; en
poder
enviar sus hijos a la escuela y en disfrutar de una sanidad accesible.
Lo que quiero decir es que ¿de qué sirve haber hecho esta transición si no
aumenta y mejora la calidad de vida de estas personas? Si no se consigue esto,
el
derecho al voto es inútil.
Arzovispo Desmond Tutu, presidente de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación
de Sudáfrica,2001
.
En enero de 1990, a la edad de setenta y un años. Nelson Mandela empezó a escribir en su barracón carcelario una nota para sus seguidores en el exterior. Con ella pretendía zanjar el debate sobre si los veintisiete años que había pasado entre rejas habían debilitado el compromiso del líder con la transformación económica del Estado del apartheid en Sudáfrica. La nota sólo contenía dos frases y sentenció la cuestión de una vez por todas: “La nacionalización de las minas, la banca y los monopolios es la política del ANC [Congreso Nacional Africano], y cualquier cambio o modificación de nuestras opiniones en este sentido es del todo inconcebible. El empoderamiento económico de los negros es una meta que suscribimos y promovemos sin reservas y, en nuestra situación, el control estatal de ciertos sectores de la economía es inevitable”.La historia, pues, no estaba tan acabada como Fukuyama había declarado. En Sudáfrica, la mayor economía del continente africano, parecía que aún había personas que creían que la libertad también incluía el derecho a reclamar y redistribuir las ganancias obtenidas ilegítimamente por los opresores.
Esa creencia constituía la base de la política del Congreso Nacional Africano desde hacía treinta y cinco años, más concretamente, desde que así se expuso en su declaración de principios fundamentales : el Freedom Charter (o “ Estatuto de libertad “). La historia de la elaboración de dicho estatuto forma ya parte del folclore sudafricano y por un buen motivo. El proceso se inició en 1955, cuando el partido envió a 50.000 voluntarios a los * townships (Suburbios urbanos segregados racialmente donde se confinaba a la población de color durante la era del apartheid en Sudáfrica) y las localidades rurales. La misión de estos voluntarios era recoger las “demandas de libertad “de las personas de a pie: la idea que éstas tenían sobre cómo debía ser el mundo después del apartheid , cuando todos los sudafricanos disfrutaran de los mismos derechos. Las mencionadas “ demandas ” fueron escritas a mano en trozos diversos de papel: “ que se den tierras a las personas que no las tienen “, “ unos salarios que den para vivir y una jornadas laborales más cortas “, “una educación obligatoria y gratuita, con independencia del color, la raza o la nacionalidad “, “ derecho a vivir donde uno quiera y a desplazarse libremente “, y muchos otros deseos por el estilo. Los dirigentes del Congreso Nacional Africano sintetizaron las peticiones recopiladas en un documento final y éste fue oficialmente adaptado el 26 de junio de 1955 en el Congreso del Pueblo celebrado en Kliptown, un township ubicado a modo de colchón de protección entre los barrios de los residentes blancos de Johannesburgo y el masificado hervidero de Soweto. Según el relato que el propio Nelson Mandela hizo de la histórica reunión de Kliptown, “se leyó el estatuto por apartado, ante las personas allí congregadas en inglés, sesotho y xhosa. A la conclusión de cada apartado, los asistentes exclamaban su aprobación con gritos de “ ¡ Afrika ¡ “ y “¡ Mayibuye ¡ “. La primera reivindicación desafiante del Freedom Charter es clara y explícita: “ ¡ Qué el pueblo gobierne ¡“