Capítulo XI: HUAYNA CÁPAC - APOGEO Y OCASO DEL IMPERIO

 

 

CAPITULO XI

HUAYNA CÁPAC – APOGEO Y OCASO DEL IMPERIO

 

                                              

 

1.        Llegada del Príncipe Huayna Capac al Norte.

2.      Los Tallanes se someten a Huayna Capac. Muerte de Huayna Capac.

3.      La Rebelión de Atahualpa.

4.      Discrepancias entre los Cronistas.

5.      Huáscar manda a llamar a los Curacas Tallanes.

6.        Dos españoles ante Atahualpa.- Su muerte

7.        La destrucción de Tumebamba.

8.        Las batallas de Tumbes y de la isla Puná.

9.        La guerra de Atahualpa contra los tallanes.

10.     La batalla de Concha-Huaila.

11.     Los tallanes convertidos en mitimaes y Yanaconas

GRAFICOS

       BIBLIOGRAFÍA

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LLEGADA DEL PRÍNCIPE HUAYNA CAPAC AL NORTE.

 

Según Garcilaso de la Vega, hacía ya dos años de que guerreaba Tupac Yupanqui contra el Rey de Quito y otras tribus de esa región y como la lucha iba a continuar por mucho tiempo, manda a llamar a su hijo Huayna Capac que estaba en el Cuzco. Este que a la razón tenia 20 años, llegó con 12.000 soldados utilizando el camino que su padre había construido en la sierra, es decir que pasó por Huancabamba, Caxas y Ayabaca. Mostró tanto valor e inteligencia en la guerra, el joven príncipe, que su padre resolvió dejarlo al mando de todo e ejército y regresar al Cuzco. Tres años necesitó Huayna Capac para vencer a los quiteños, otavalos, caranques y pastos. Luego de estas victorias retornó al Cuzco a dar cuenta a su padre de los éxitos logrados. Tupac Yupanqui sintiéndose morir, relató a su hijo y heredero, la tradición que los de Puerto Viejo, los Huancavilcas y los de Puná habían cometido contra sus capitanes a los que habían matado  y le encargó los castigase. El joven Huayna Capac, cumplió más tarde como emperador, la promesa hecha a su padre.           

 

El Cronista Agustín de Zárate, no se ocupa de  los Incas anteriores a Huayna Capac y sobre este es muy breve. Dice que salió del Cuzco al mando de un ejército para conquistar la provincia de Quito que estaba a más de 500 leguas del Cuzco.

 

En realidad lo que debió decir Zárate, fue que la expedición tenía por objetivo debelar una sublevación.

 

El cronista manifiesta que el Chimo-Capac, poderoso señor de los llanos que mandaba un extenso reino de más de 100 leguas, se había sublevado y el Inca tuvo que volver a someterlo y luego ejecutarlo, prohibiendo que en la costa los indios usasen armas. Dice Zárate que Huayna Capac permaneció en Quito y que al morir dejó ese reyno a Atabalipa (Atahualpa).

 

El Cronista Borregán relata que estando Huayna Capac tranquilamente en el Cusco, fue informado que los Chonos y los Guancavilcas se habían sublevado. En el relato que hace del recorrido de Huayna Capac con su ejército por la costa, no se refiere a ninguna sublevación de los Chimús, por que prefirió seguir el camino de la sierra para visitar Cajamarca, luego pasó a Huancabamba y de ahí a la región de Paltas (actual provincia de Loja). El grupo que seguía por los llanos evitó el desierto de Sechura y se internó por Caxas y de ahí continuaron por la sierra (Suyo) para bajar a Tumbes. El jefe de esta división de la costa mandó a llamar al Cacique de la isla de Puná. Luego se les unió el Inca que redujo otra vez a la obediencia a los Chonos y Guancavilcas, haciendo ejecutar a sus jefes. Se dirigió  entonces a Quito, llegando a sus conocimiento que el Jefe Otavalo que mandaba a los Carangas y Pastos estaba sublevado, al que tras una sangrienta batalla lo venció y lo hizo ejecutar. Fue tanta la mortandad que se tiñó con la sangre una laguna  a la cual se denominó desde entonces Yahuar-cocha. Tomó como concubina a una mujer de Otavalo con la que tuvo a Atahualpa. El Inca permaneció en Quito y en la provincia de los Cañaris resolvió fundar otra ciudad como Quito (Tumibamba). Tenía siempre a su lado a Atahualpa al cual le puso como ayo a Rumiñahui. Murió el Inca – según Borregán – de perlesía (sic).

            

De acuerdo a la versión del Cronista Anello de Oliva, Huayna Capac ascendió al trono a los 16 años. En Quito se enamoró de la hija del Rey Guayasa. El gobierno del Cusco, lo había encargado a sus hijo Huáscar cuando este tenía 20 años y fue entonces que emprendió la marcha a los llanos y a Quito. En la hija de Guayasa tuvo a Atahualpa. Murió a causa de bubas, pero antes de fallecer dejó el Gobierno de Quito a su hijo Atahualpa. La versión más generalizada es que ascendió al trono a los 30 años y antes hubo un regente.

 

El Cronista Antonio de Herrera, dice que Huayna Capac preparó una expedición hacia el Chinchaysuyo con un ejército de 200.000 hombres. Luego a Cajamarca en donde descansó, luego prosiguió y venció a los Chachapoyas. Puso orden en Caxas, Ayabaca y Huancabamba, pero no insistió en dominar a los caníbales de Guayaquil y de Porto-Viejo. Estuvo en Tomebamba donde hizo levantar suntuoso edificio y siguió a Quito. Después bajó a la costa pacificando Tumbes y la Puná. Pasó pacíficamente por los valles del Chira y Chimo. De acuerdo a la versión de este cronista, , Caxas, Ayabaca y Huancabamba, se habían sublevado.

 

El Cronista Juan Santa Cruz de Pachacutec, narra que Huayna Capac murió de una epidemia de sarampión que atacaba como caracha. Sintiéndose mal, el Inca mandó hacerse una casa de piedra en donde se refugió y murió. Su cadáver fue extraído a los ocho días medio podrido, siendo sin embargo embalsamado y llevado al Cusco.

            

El Cronista Martín de Murúa relata que al salir Huayna Capac del Cusco, dejó a cargo del gobierno a un hermano bastardo Sinchi Roca (y no a Huáscar como afirma Anello de Oliva). Cuenta que al partir al Norte, llevó consigo a su hijo Atahualpa (con lo cual quiere decir que este era cusqueño, lo que también  dicen otros cronistas ). Cuando Huayna Capac llegó a Quito encargó la guerra contra los sublevados de Pasto y contra los Caraquis, a varios de sus generales, pero los ejércitos del Inca sufrieron grandes descalabros y al intervenir casi pierde la vida pero al final, tras de grandes esfuerzos logró vencerlos haciendo gran matanza de ellos tiñendo con su sangre la laguna que llamó desde entonces Yahuaroocha. Según Murúa, el Inca murió en Quito de calentura, pero también menciona otra versión según la que habrían sido las viruelas lo que lo mataron en Pasto, relatando que para huir de la epidemia se encerró bajo tierra en unos edificios de piedra.

 

Miguel Cabello de Valboa, relata que Huayna Capac subió al trono siendo muy joven por cuyo motivo tuvo un regente. Coincide con Murúa de que encargó el Gobierno del Cusco a su hermano Sinchi Roca cuando tuvo que salir con el ejército para debelar la sublevación del norte. Igualmente dice que llevó con él a Atahualpa cuya madre había muerto. También relata lo duro y cruenta de la lucha contra los de Pasto y los Caraquis y el riesgo en que estuvo de perder la vida. Este cronista no informa de que murió el Inca. La guerra contra los Pastos pudo ser en 1515.                   

 

El Cronista Guaman Poma, dice que Huayna Capac en el norte conquistó a los Cañaris, cayambis, sicchos, pastos y Chachapoyas. Asegura que murió de sarampión y de viruela y que Atahualpa era un hijo bastardo tenido en una mujer de Chachapoyas. También relata que al verse próximo a morir se encerró en una casa de piedra, ordenando que no se publicara su muerte.

 

El cronista de Noticias Cronológicas, cuenta que Huayna Capac ascendió al trono en 1481 a los 30 años de edad (está en cuanto a esto en desacuerdo con otros cronistas que aseguran fue emperador muy joven). En 1486 – siempre según Noticias . Cronológicas – sale del Cusco con un ejército de 40 mil hombres, rumbo a Quito en donde tomó como concubina a la hija mayor del extinto rey de Quito de la que tuvo a Atahualpa, y otros hijos. En 1487 bajó a la costa donde estuvo dos años sometiendo a diversos valles y regresó a Quito en donde permaneció otros dos años para regresar una vez más a la costa con un ejército de 50.000 soldados para sujetar a los pueblos restantes. En 1492 en momentos en que se descubre América, retornó al Cusco tras seis años de ausencia y de allí pasó a Chile. En 1498 sale nuevamente a la costa norte del Perú con 50 mil soldados, pasó por el territorio Tallán y llegó a Tumbes y desde ahí intentó un asalto a la isla Puná teniendo un descalabro, siguió luego por la costa de Guayaquil pero en 1502 estaba una vez más recorriendo la costa desde Tumbes hasta Chincha. En 1506 estaba el Inca en el Cuzco, de donde salió en 1514 una vez más a Quito y llegado a esta ciudad hizo llamar a su primogénito Huáscar, para pedirle que tuviese a bien se le permitiera adjudicar el reino de Quito a su hermano Atahualpa, a lo cual accedió el Príncipe Huáscar. Al año siguiente, estado el Inca en Tumibamba, supo que había gente extraña por la costa norte de su imperio y en 1523, después de haberse bañado en una laguna contrajo una calentura que le causó la muerte, a los 72 años de edad y 42 de reynado.

                  

Cieza de León, cuenta que Huayna Capac salió con gran celeridad del Cusco, visitando a Jauja, Pachacamac y Cajamarca, luego pasó a los llanos de la costa y la recorrió hasta Tumbes en este puerto “se había hecho una fortaleza por su mandato, auque algunos indios dicen ser más antiguo este edificio; y por estar los moradores de la isla de Puná, diferentes con los naturales de Tumbes, les fue fácil a los capitanes del Inca, que a no haber estas guerrillas y debates locos, pudiera ser que se vieran en trabajo. De manera que puesta en término de acabar, llegó Guaynacapa, el cual mandó edificar templo del sol junto a la fortaleza de Tumbes y colocar en él número de más de doscientas vírgenes, las más hermosas que se hallaron en la comarca. Y en esta fortaleza tenía Guaynacapa su capitán o delegado con cantidad de mitimaes y muchos depósitos llenos de cosas preciadas con copias de mantenimiento para sustentación de los que en ella residían y para la gente de guerra que por ahí pasase”.       

 

Desde Tumbes, Huayna Capac dirigió la guerra contra los Huancavilcas y mandó un ultimátum a Tumbala señor de la Isla de Puná para que llegase hasta Tumbes y le rindiera vasallaje. El cacique simuló ceder y envió una delegación con regalos y presentes al Inca, invitándolo a pasar a la Isla para ahí agasajarlo. Aceptó Huayna-Capac la invitación y en la isla fue agasajado por el cacique mientras este secretamente, tramaba con indios de la costa una conspiración para matar a todos los imperiales. Tras de esta aparente  cordial recepción, parte del contingente del Inca se embarcó en balsas para recorrer la costa norte, mientras que Huayna Capac retornaba a Tumbes. Los balseros arrojaron al mar a los orejones que iban en la balsas, los que se ahogaron porque no sabían nadar y luego los indios de Puná iban por más cusqueños a la isla, repitiendo la operación de ahogamiento. Huayna Capac hizo entonces una tremenda represión empalando y ahogando a gran cantidad de indios y dejando un Gobernador en Tumbes se fue a Quito.             

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LOS TALLANES SE SOMETEN A HUAYNA CAPAC.

 

Cuenta Garcilaso que un año después de ascender al trono imperial, el Inca Huayna Capac sale del Cusco con un ejército de cuarenta mil hombres y con dirección a Quito y que fue entonces que tomó como concubina a la hija del extinto rey de Quito, a la que sacó de un Accllahuasi o Casa de las Escogida. En ella tuvo a Atahualpa y otros más.

 

Asegura Garcilaso que de Quito bajó el Inca a los llanos, llegando al valle Chimú. Para que este hubiera sido posible, en el relato de Garcilaso, tuvo Huayna Capac que haber utilizado el camino de la sierra, es decir de Ayabaca a Caxas y a Huancabamba para llegar a Cajamarca como lo hacía entes, para de aquí bajar a la costa. Sólo se entiende que desde Chimú intimara rendición a los habitantes de Chacma (Chicama) y Pacasmayo. Estos resolvieron de inmediato someterse a los Incas y según Garcilaso, con el ejemplo de aquellos valles, hicieron lo mismo otros ocho que hay entre Pacasmayo y Tumpiz, que son Zaña, Colque (Collique), Cintu, Tucmi (Túcume), Sayanca (Jayanca), Mutupi (Motupe), Puchiu (Poechos) y Sullana. En la conquista de los cuales gastaron dos años, más en cultivar las tierras y sacar acequias para el riego, que no en sujetarles, porque los más, se dieron de muy buena gana. En este tiempo mandó el Inca a renovar su ejército, tres o cuatro veces, que como unos viniesen, se fuesen otros, por el riesgo que de su salud los mediterráneos tienen andando en la costa, por ser esta tierra caliente y aquella fría”.

 

El relato de Garcilaso de la Vega, nos muestra que los yungas de la costa norte no se sometieron tan fácilmente a los Incas y tampoco lo habían estado con el Gran Chimú. En efecto, la caída de este reino o mejor dicho de su núcleo central que era Chanchán y el valle de Moche, no significó la caída automática de todos los valles del norte que formaban la federación. Fue necesario que Tupac Yupanqui fuera avanzando con sus ejércitos y les intimara rendición uno a uno, lo que lograba sin lucha en la mayoría de lo casos (no en todos), dejando gobernadores para afianzar sus conquistas. Contra los curacazgos de Pabur, Colán y Amotape, el Inca tomó sangrientas represarías por haber resistido a sus ejércitos.

 

El hecho que más tarde, Huayna Capac tuviera que volverlos a conquistar, significa que estos pueblos yungas, poco a poco fueron aflojando sus lazos de dependencia con respecto al Imperio, y que continuaban con su deseo de autonomía y libertad que tanto amaban.

 

Reconoce Garcilaso que los dos años que necesitó Huayna Cápac para afianzar su poder en la costa norte, la mayor parte lo hizo en labor de colonización y afianzamiento, construyendo canales y ampliando las áreas de cultivo, pero también parte en acciones de sometimiento a la fuerza, aunque en la mayoría de los casos (no en todos) logró la subordinación sin lucha .

 

En la zona Tallán de Piura, Garcilaso menciona como valles aparte Poechos y Sullana, pero más bien se ha de haber tratado de dos comunidades distintas. Dentro de la denominación de Sullana posiblemente estaban comprendidos Marcavelica, Tangarará y Amotape o Motape. Cosa de interés, es que desde l.571 en que escribía sus Comentarios Reales, el cronista Garcilaso, ya la región de Sullana era conocida con esa denominación .

 

El ejército incaico, formado por hombres de la sierra, se vio afectado por el clima y también por los zancudos de los valles de Pacasmayo, Lambayeque, del Chira y de Tumbes y el paludismo debió hacer estragos en los cuzqueños, que tuvieron que hacer relevos masivos cada cierto tiempo .

  

Con todo parece que Sullana, con sus bellezas naturales atrajo la atención del Inca, y aparte de eso proveía de recursos para mantener al ejército. Era en esa época un lugar estratégico como lo es ahora; pues de Poechos habían caminos transversales que comunicaban la gran vía de la costa con la de la sierra .

 

Por tal motivo, luego de colonizar la zona Tallán, el Inca volvió a Quito en donde estuvo dos años construyendo edificios y palacios. Luego por los caminos de la sierra llegó otra vez a Sullana sin pasar por Tumbes y con 40.000 hombres acampó en el rico valle del Chira. Los de Tumbes se habían sublevado contra el Inca y por tal motivo, desde Sullana el Inca les envió mensajeros para que escogieran entre la paz o la guerra. Dice Garcilaso de los tumbesinos que  “eran gente más regalada y viciosa que toda la demás que por la costa de la mar hasta allí habían conquistado los Incas. Traía  esta nación por divisa, en la cabeza un tocado como guirnalda que llaman pillu”. Según Garcilaso los tumbesinos respondieron de buena gana que le obedecerían y recibirían como señor y que lo mismo hicieron otros valles de la costa como Chunana, Chintuy, Collonche y Yacuall, que ahora  no se han logrado ubicar. El cronista Sarmiento, defiere de Garcilaso y cuenta que hubo mucha resistencia de los tumbesinos, que el Inca aplastó con encarnecimiento especial. Huayna Cápac puso en Poechos un Apu como gobernador con jurisdicción en lo que ahora son los departamentos de Tumbes y Piura. Fue así como los Tallanes recién tuvieron unidad política. Cuando Atahualpa invadió el Imperio puso como Gobernador  militar en Poechos a Maizabilca .

 

Después de estos sucesos, según unos cronistas y antes, según otros, es que se produce la represión de los huancavilcas sublevados y el castigo de los mismos. Los que no fueron muertos tuvieron que sufrir la extracción de tres dientes incisivos superiores y otros tres inferiores, quedando así desdentados, pero más tarde la generalidad de la población, como reto se quitó los mismos dientes. Luego se produce el sometimiento de la isla Puná y la traición de los balseros. Muchos cronistas aseguran  que Huayna Cápac mando matar al cacique Túmbala de la Puná de tal manera que el Cacique del mismo nombre que recibió a Pizarro, sería posiblemente se hijo, ya que por otra parte estos sucesos pasarían en el año 1.500.

 

El cronista Antonio Vásquez de Espinosa en  su obra Compendio y Descripción de las Indias Occidentales,  publicada en 1.628, narra que Huayna Cápac también tuvo que someter por la fuerza y reducir a la obediencia a los reyezuelos de Chicama, Pacasmayo, Saña, Chiclayo, Lambayeque, Huayanca (Jayanca), Reque, Motupe, Olmos, Catacaos, Colán y otros .

 

Según el relato de Agustín de Zárate, una vez más se sublevó el Chimú–Cápac, al que califica de rebelde contumaz, por lo cual después de vencerlo, lo mandó a matar. Este Chimú Cápac  sería Guamán Chumu, al que seguiría Anco – Coyuch que habría prometido vasallaje y obediencia al Inca .

 

Bernabé Cobo, dice que Huayna Cápac mató a 5.000 tallanes y desparramó sus corazones por toda la región, prohibió a los tallanes tener armas y desterró a varios miles  a Abancay, no obstante que era región serrana muy fría.

 

Si bien Huayna Capac, es considerado en la Historia como uno de los más grandes Incas y que durante su reinado el Imperio alcanzó su máxima extensión, fue también un Inca sanguinario y feroz, que no titubeaba de matar a miles de personas. El cronista Garcilaso de la Vega, ha tratado de disimular esta crueldad.

 

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LA REBELIÓN DE ATAHUALPA.

 

Las guerras que sostuvieron Atahualpa y Huáscar por el poder, tuvieron profunda repercusión en el territorio tallán, porque muchas de las acciones de guerra se realizaron en los ahora departamentos de Piura y Tumbes. También fueron tallanes los primeros peruanos que los españoles tomaron para enseñarles su lengua y les sirvieran como intérpretes, algunos de los cuales como Felipillo jugaron papel protagonista en los hechos de la conquista.

 

Sobre el lugar de nacimiento de Huáscar no hay duda alguna, ni tampoco de quien era su madre. Se trata sin duda de un hijo legitimo de Huayna Capac. Sobre el lugar de nacimiento de Atahualpa, no hay precisión y algunos cronistas dicen que nació en el Cuzco, mientras que otros le dan por cuna el reino de Quito y aun hay discrepancia sobre este lugar. Tampoco se sabe con precisión quien fue su madre, y de lo único que existe seguridad, es de que se trata de un hijo bastardo, que sin embargo era muy querido por su padre. Del mismo Huayna Capac, no hay seguridad donde haya nacido pues algunos aseguran fue Tumebamba el lugar de su cuna.

 

Tampoco están de acuerdo los cronistas en que si realmente Atahualpa heredó el reino de Quito por haberlo así dispuesto su padre antes de morir. Algunos suponen que solo fue una especie de gobernador o regente, que gobernaba en nombre del verdadero Inca al cual desconoció más tarde por instigación de un jefe cañari, según unos y por intrigas de su ayo Rumiñahui, según otros.

 

Atahualpa tuvo la ventaja de heredar el mando de un ejército bien entrenado en la guerra y muy buenos generales que habían acompañado a Huayna Capac. El cronista Bernabé Cobo, es el que más insiste en que Atahualpa se rebeló y se apoderó de Quito por instigación de sus generales, pues no heredó ese territorio. Por eso fue que su hermano el Inca Huáscar le ordenó comparecer ante él en el Cuzco, lo que fue desacatado por el rebelde, con lo cual se encendió la guerra. Según Pedro Sarmiento de Gamboa, durante la guerra de Huayna Capac contra los Pasatos, el joven Atahualpa se portó tan cobardemente que su padre lo reprendió, pero para otros el retirarse del campo de batalla fue un pretexto para no ir al Cuzco y quedar en Tumebamba, pues desde entonces ya abrigada deseos de apoderarse de Quito a la muerte de su padre que estaba ya anciano. El nombre Atahualpa, quiere decir gallina (hualpa) según unos, pero según otros, significa gallo. En cualquier caso se trata de un ave nativa.       

 

Contando con la complicidad de un jefe de los cañaris, trató Atahualpa de ganarse la adhesión de la población y soldados de esa región, pero no pudo lograrlo, y antes bien fue capturado por ellos y entregado al General Atoc, fiel de Huáscar. Otros cronistas como Cieza de León expresan más bien que Atoc dio una batalla a Atahualpa, lo venció y lo capturó. Sea como fuere, el rebelde logró huir de la prisión hacia Quito jurando odio eterno a los cañaris y a su gran ciudad Tumebamba. No falta algún cronista que asegure de que entre Atoc y Atahualpa no se realizó ninguna batalla, sino una entrevista en el curso de la que el rebelde capturó a traición al General cusqueño, lo mandó a matar y con su piel hizo un tambor.     

 

Se considera sin embargo que hubo una primera batalla en la que Atoc venció y capturó a Atahualpa y luego este fugó, se rehizo y enfrentó nuevamente al general cuzqueño y en esta oportunidad lo venció y ajustició. Luego tropas del Inca que estaban en bracamoros a las órdenes Huanca Auqui, atacaron a Atahualpa cerca a Tumebamba y lo derrotaron pero no lo aniquilaron, permitiendo así que nuevamente se rehiciera.   

 

La batalla de Cusibamba fue una gran victoria para Atahualpa y los restos del ejército de Huanca Auqui se retiraron precipitadamente a Cajamarca, pasando velozmente por Ayabaca, Caxas y Huancabamba, en donde cundió la zozobra.

 

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DISCREPANCIAS ENTRE LOS CRONISTAS.

 

Muchas y profundas discrepancias hay entre los cronistas españoles que relataron los acontecimientos  relacionados a la guerra entre Huáscar y Atahualpa, no obstante que se trataron de hechos casi recientes con relación a la llegada de los conquistadores.

 

Pedro Gutiérrez de Santa Clara, dice que Atahualpa quiere decir Gallo Fuerte y no gallina, como lo aseguran varios más. Según este cronista ante una invitación de Huáscar para que lo reconociera como único y legítimo Inca, le contestó altaneramente, que el Reino  de Quito era herencia de su madre. Esto también daría la filiación de Atahualpa. Este cronista está de acuerdo de que en Tumebamba se dieron dos batallas, una de las cuales ganó el ejército de Huáscar y la segunda fue victoria de Atahualpa.

 

Para el cronista Agustín de Zárate, Atahualpa no se sublevó contra su hermano, sino más bien se apresuró a enviarlo al Cuzco una embajada dándole a conocer la muerte de Huayna Capac, y le ruega que le deje la Gobernación del Reino de Quito, al mismo tiempo que le hace recuerdo de que ese territorio fue de su madre y su abuelo paterno el Siri. Huáscar le contestó que le daría una  Gobernación en otro lugar pero no en Quito. Eso motivo la rebelión de Atahualpa.

 

Según Juan Diez de Betanzos, al morir el Inca Huayna Capac, concibió Atahualpa la idea de ir con una gran cantidad de gente al Cuzco, pero los Cañaris que eran vecinos de los Ayahuacas, no lo dejaron pasar, por cuyo motivo hubo una refriega en Tumebamba, como resultado de la cual cae prisionero Atahualpa, pero logra huir.           

 

Anello de Oliva, relata que Atahualpa se decidió desde el principio a enfrentar a su hermano y forma un ejército de tres divisiones, bajo comando de él, de Chalcuchima y Quisquiz. En Tumibamba se da una primera batalla contra un ejército formado por cañaris, paltos y yungas al mando del general Yupanqui, siendo derrotado Atahualpa tras de tres días de lucha, y siendo apresado, logra huir.

 

Para Martín de Murúa, al morir Huayna Capac, de inmediato envió Atahualpa una embajada al Cuzco reconociendo a Huáscar como Inca, pero este en las ceremonias de los funerales de su padre, da la preferencia a los Hanan Cuzco, desairando a los Hurin Cuzco, lo que es el principio o por mejor decir,  el ahondamiento de la rivalidad entre los dos clanes. En el Cuzco, un tío de Huáscar llamado Chuquis Huamán conspira para matarlo, pero ante el temor de ser descubierto se adelanta para acusar al resto de los conspiradores ante el Príncipe Tito Atauchi, y salir bien parado. Mientras tanto en Quito, el Cacique de los Cañaris, Ullco Colla aconseja a Atahualpa a desconocer la autoridad de su hermano y luego a éste envía embajadores denunciando que Atahualpa quiere sublevarse. Es decir que este cañari intrigante trataba de encender la guerra. A una delegación pacifica que llega al Cuzco en nombre de Atahualpa, se la maltrató por orden de Huáscar. Los chismes del jefe cañari habían surtido efecto.

   Un poco antes había formado Huáscar un ejército para combatir a los Chachapoyas, a cuyo mando puso a Tito Atauchi y al traidor Chuquis Huamán que muere en una celada de los Chachapoyas pero Tito logra al fin triunfar con un refuerzo llevado por el General Mayta Yupanqui.

 

Para Guamán Poma, el Inca Atahualpa fue hijo de una mujer de Chachapoyas. Para el autor anónimo de “Noticias Cronológicas”, Atahualpa fue hijo de la Princesa quiteña hija del Siri, pero el nacimiento se produjo en el Cuzco.

 

Cabello de Valboa, afirma que Huayna Cápac dejó el trono a su hijo Ninán Cuyuchi  que estaba en Quito, pero que murió poco tiempo después que su padre, y como seguía en línea de sucesión Huáscar, se le eligió. Para hacer cumplir su voluntad, dejó Huayna Cápac a cuatro nobles orejones, como albaceas.    

 

El cadáver se remitió al Cuzco con una delegación numerosa que la presidió el grupo de Albaceas. Todo hace presumir que el cortejo fúnebre pasó por Ayabaca y Huancabamba que eran ciudades en la ruta del gran camino de la sierra. En Quito quedó una pequeña guarnición al mando del gobernador cuzqueño Igal Tupac, cuya suerte posterior no se conoce. En diversos lugares del reino, las escogidas tropas de Huayna Cápac  estaban al  mando de oficiales del grupo Hurin Cuzco. Esto último no lo dice Cabello de Valboa, pero si recalca que al partir el cortejo hizo promesa de que no desampararía esas provincias donde había nacido y muerto su padre. En efecto de acuerdo a algunos cronistas, Huayna Cápac había nacido en Tumebamba.

 

Antes que el cortejo fúnebre entrara al Cuzco, se enteró Huáscar que no llegaba con él su hermano Atahualpa y montó en cólera. Entonces mandó a dar tormento a los cuatro albaceas. Eran estos nobles orejones del grupo Hurin Cuzco, Esa actitud de Huáscar creó pánico en  la delegación y muchos regresaron a dar cuenta a Atahualpa. La separación entre los Hanan – Cuzco huascaristas y los Hurin – Cuzco se hizo profunda (esto no lo dice Cabello).

 

También Cabello de Valboa relata la conspiración de Chuquis Huamán y su muerte en una celada de los  Chachapoyas, así como la derrota de éstos a manos de  Tito  Atanchi  y de Mayta Yupanqui.

 

El cronista cuenta que Atahualpa envió a Huáscar una embajada felicitándolo por este triunfo, pero que el Inca trato mal a los embajadores. Coincide también con otros cronistas en cuanto a las intrigas de Ullco Colla el Jefe de los Cañaris para que se sublevase Atahualpa  y con detalles narra las aventuras de la nueva embajada de  Atahualpista al mando de Quillaco Yupanqui y de los amores de éste con una princesa cuzqueña.

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HUÁSCAR MANDA A LLAMAR A LOS CACIQUES TALLANES.         

 

Ante el temor de que los yungas del norte se plegaran a la causa de Atahualpa, mandó Huáscar a que comparecieran ante él en el Cuzco a los caciques tallanes y Chimús .

 

Este episodio es relatado por Cabello de Valboa, que afirma se dio un plazo fijo  para que fueran a la capital del Imperio Efquen Pissan o Falen Pisan señor de los valles de Lambayeque, tercer hijo de Ilen  Pissan. Este al llegar al Cuzco conoció a una paisana suya llamada Chestan Xesfuin, joven hermosa que había sido llevada formando parte del cortejo fúnebre de Huayna  Cápac y que era doncella de la reina viuda, esposa del extinto Inca. Se casaron y con la intervención de la madre de Huáscar, lograron de éste, autorización, para retornar a la Costa. Cuando viajaban a Lambayeque, nació el hijo de ambos al que se puso por nombre Cuzco Chumbi. Todo hace suponer que durante la ausencia de Efquen Pissan otro anterior hijo llamado Xecffuin Pisan  se hizo proclamar curaca, para lo cual mandó a matar a sus demás hermanos. Cuando llegaron los españoles, este curaca – que como todos los yungas odiaba a Atahualpa – salió a recibirlos, pero  sus enemigos del lugar con otros atahualpistas, se complotaron y asaltaron la caravana, quebrándole las piernas y los brazos, al curaca  pese a lo cual en litera y en medio de dolores continúo el viaje. Ya en presencia de los españoles les ofreció contingentes de soldados lambayecanos. Pero sus enemigos no se habían dado por vencidos y en un segundo ataque a su campamento, lograron quemarlo vivo. Le sucedió en el curacazgo del valle de Lambayeque el hijo de Efquen Pisan y de Chestan  Xesfuin, es decir Cuzco Chumbi, el cual se sometió a los españoles y al igual que sus padres fue bautizado con el nombre de Pedro.

A éste, ya en los comienzos del Virreinato, su hijo Martín Farro Chumbi, heredó el cacicazgo, más nominal que real.

 

También se supone que concurrieron a la cita del Cuzco, caciques tallanes de  Piura y Tumbes pero la historia no ha transmitido sus nombres. Sin embargo, parece que no obstante los estragos que hizo la altura y clima de la sierra, que mató a muchos curacas expedicionarios, logró Huáscar que los tallanes se inclinasen a su favor  y en contra de su hermano Atahualpa..Cabe suponer que algunos curacas, muy resentidos con los incas del Cuzco, por el trato cruel que les dio Huayna Capac, no concurrirían al Cuzco como los de Amotape y Pabur.

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LLEVAN A DOS ESPAÑOLES ANTE ATAHUALPA Y SON SACRIFICADOS.

 

Narra el cronista Cabello de Valboa, que los indios llevaron ante la presencia de Atahualpa a dos soldados españoles, llamados Rodrigo Sánchez y Juan Martín que Almagro y Pizarro, habían dejado no lejos de Tumbes. Estos soldados un tiempo más tarde fueron sacrificados en un templo situado a dos leguas de Quito, al Dios  Viracocha Pachacamac.

 

Hay que hacer notar sin embargo, que nunca Pizarro y Almagro hicieron juntos ningún viaje de Panamá al Perú.

 

Fue en cambio Pizarro, el que después del episodio de la Isla del Gallo- o sea en el segundo viaje-  prosiguió luego en un barco de Bartolomé Ruiz, su viaje hasta la costa de Santa, y fue tomando contacto con los naturales a lo largo del litoral. En el retorno de este segundo viaje, dejó en Tumbes a Alonso Molina uno de los 13 valientes que cruzaron la raya en la isla del Gallo y también quedó un marino apellidado Ginés, que no estaba entre los trece  y que seguramente formaba parte de la tripulación del barco que piloteaba Ruiz. De estos dos, no se supo con precisión  lo que pasó.  

 

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LA DESTRUCCIÓN DE TUMEBAMBA

 

Primero Tupac Yupanqui y más tarde Huayna Cápac, habían puesto especial esmero en embellecer la ciudad de Tumebamba, la capital de los Cañaris. Fue para ambos un sitio preferido de residencia.

 

La gran mayoría de los cronistas españoles están de acuerdo en asegurar que después de la primera batalla de Tumebamba que perdió Atahualpa en donde cayó preso, este huyó y reunió un nuevo ejército y en le segunda batalla de Tumebamba, logró una resonante victoria. En eso comparten un criterio generalizado Agustín de Zárate, Garcilaso, Juan Diez de Betanzos, Anello de Oliva y otros.

 

Agustín de Zárate asegura que Atahualpa mató por venganza 60.000 cañaris y destruyó Tumebamba, después de lo cual se dirigió a Tumbes y trató de conquistar la isla de Puná con una gran cantidad de balsas, fracasando en el intento, por cuyo motivo optó por dirigirse a Cajamarca.

 

Betanzos narra que tras su victoria en Tumebamba, Atahualpa hace matanza general, conquista a los paltas (vecinos de Ayabaca) y se dirige a Cajamarca conquistando los pueblos de la ruta. Entre ellos seguramente está Ayabaca, Caxas y Huancabamba que era huascaristas a los que indudablemente castigaría con ferocidad.

 

También Anello de Oliva coincide en que Atahualpa hizo una matanza tremenda de cañaris y paltos, después de lo cual se movilizó a Cajamarca.

 

Según el cronista Martín de Murúa, Atahualpa tras de vencer el General Atoc y al Jefe Cañaris Ulco Colla, los manda a matar a flechazos. En Tumebamba, el Gobernador Hualtopa, leal a Huáscar, huye pero manda avisar al Inca el descalabro que se ha sufrido. Envalentonado Atahualpa declara que su territorio empieza desde Pasto hasta Yanamayo a dos jornadas al norte de Cajamarca.

 

Cabello de Valboa, expresa que Atahualpa tras de sublevarse nombra a tres generales: Chalcuchimac, Quisquiz y Rumiñahui y les ordena atacar al ejército situado al norte de Tumebamba que manda Atoc y el cañari Ullco Colla, pero en Mocha es derrotado Chalcuchimac, que retrocede. Mientras tanto Atahualpa no se había movido de Quito y sale con un ejército de socorro venciendo a Atoc y a Ulco Colla que avanzaban, los que son tomados presos y llevados a Quito en donde se le ejecuta. Niega Cabello de Valboa la versión de los otros cronistas de que Atahualpa hubiera estado presente en la primera batalla en Tumebamba, que hubiera caído prisionero y fugado.      

 

Tanto Murúa como Cabello coinciden en que Huáscar al conocer la derrota de sus fuerzas en Tumebamba, manda un nuevo ejército al mando de Huanca Auqui, el cual ocupa nuevamente Tomebamba que aún no lo había hecho las fuerzas de Atahualpa.

El primer cronista, dice que el ejército cuzqueño se movilizó hacia el norte y tras de un pasajero triunfo, sufrió una derrota que lo obligó a retroceder abandonado Tomebamba y haciéndose fuerte en Cusibamba, localidad ubicada en la actual Loja. Es entonces cuando Atahualpa entra a la indefensa ciudad  de Tumebamba y sin hacer caso a la suplica multitudinaria de mujeres y niños, la destruye y hace matanza general, sólo quedan los cuarteles, que luego utilizó.. En Cusibamba se establece una nueva línea de frontera, y durante tres años hay una especie de armisticio. Los cañaris que escapan de la matanza se enrola en el ejército de Huanca Auqui.

 

Todos estos acontecimientos a partir de la segunda batalla de Tomebamba se relatan por Cabello de Valboa de la siguiente manera: Huáscar envía un nuevo ejército al mando de Huanca Auqui que tras de dejar una guarnición en  Tumebamba sigue avanzando al norte (la llamada segunda batalla de Tumebamba fue al norte de la ciudad y en ese momento las fuerzas atahualpistas no la llegaron a ocupar). Los primeros encuentros fueron favorablemente al General cuzqueño, pero luego tuvieron que enfrentar al grueso del ejército rebelde apostado en las cercanías del cerro Mullotoro, en donde resulta derrotado Huanca Auqui que retrocede hacia la misma ciudad de Tumebamba de donde es también desalojado. Las tropas de Atahualpa en esta oportunidad ingresan a la gran ciudad, la destruyen y pasan a cuchillo a la mayor parte de sus habitantes, sobre todo mujeres y niños, pues los hombre huyen con el ejército de Huanca Auqui que toma nuevas posiciones en Cusibamba en donde se formó lo que podríamos llamar un frente estabilizado. Entonces y siempre de acuerdo con Cabello de Valboa, los cuzqueños se entretienen en enviar expediciones contra los salvajes de Bracamoros. Una vez más Huancabamba fue ciudad de tránsito para las  huestes imperiales. Aún parece que esta ciudad serrana de Piura, fue centro de operaciones de una división al mando del general Pingo Ximi, desde donde atacó a los valles de Callanga, Tangoraca y Morocara. Todas estas acciones sin embargo fueron desafortunadas y motivaron la cólera de Huáscar, que trató de cobarde a Huanca Auqui y a sus oficiales. Auque no lo dice Cabello de Valboa, se supone  que la tregua entre los dos hermanos en el frente de Cusibamba, fue aprovechado por Atahualpa para incursionar en Tumbes y la isla Puná.

 

Hasta ese momento, todas las acciones de guerra entre Atahualpa y Huáscar, se habían llevado a cabo en territorio del Reino de Quito – actual Ecuador – pero bien pronto, el mismo Huanca Auqui, completamente incómodo por su derrotas ante los bracamoros, trató de rehabilitarse en una maniobra desesperada rompiendo la calma en Cusibamba, al atacar a las guarniciones de Atahualpa y derrotarlas. En esto están  de acuerdo los dos cronistas. Ahora empieza otra fase de la guerra, que será en tierras del antiguo Imperio del Tahuantinsuyo.                      

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LAS BATALLAS DE TUMBES Y PUNÁ.

 

Los cronistas españoles y los historiadores peruanos y extranjeros, no tienen un criterio uniforme entre lo que sucedió en Tumbes y la Isla Puná cuando los ejércitos de Atahualpa se hicieron presentes en esa  región.

 

Lo realmente cierto, es que por siglos había existido una rivalidad permanente  y constantes guerras entre isleños y tumbesinos.

 

Lo que se ignora, es quienes fueron los aliados y los enemigos de Atahualpa durante el conflicto que tuvo con Huáscar. Es más, algunos cronistas, ni siquiera mencionan la presencia de los ejércitos de Atahualpa en esa región de la costa, pero es incuestionable que sí se produjeron esas acciones de guerra.

 

La otra cosa por establecer, es determinar el momento en que se produjo esa intervención, y parece que en eso no existe contradicción y que fue cuando el frente de lucha entre los dos hermanos se estabilizó en Cusibamba.

 

El escritor Juan José Vega en “La Guerra de los Viracochas”, sin referirse concretamente a una batalla entre las fuerzas de Atahualpa y las de Puná o Tumbes, expresa lo siguiente: “El curaca Cotoir, uno de los siete señores de la isla, recibió a Pizarro”....... “los curacas de Puná tras resistir tercamente a Huaina Capac, se rebelaron contra Atao-Huallpa. Ya vencidos por el usurpador quiteño, su agresividad los llevó a sublevarse por segunda vez, apenas aquel abandonó la costa para ascender a los Andes. Mientras Atao-Huallpa reiniciaba la lucha contra su hermano cuzqueño, los punaeños se alzaron contra la guarnición incaica. Luego pasaron  al ataque sobre Tumbes”.... “No obstante la rebelión contra Quito y la Dinastía Hurin (que apoyaba a Atahualpa), los jefes punaeños no devolvieron la libertad a varios orejones cuzqueños. Quizás trataban aquellos curacas de recobrar su autonomía al amparo de la prolongada lucha fratricida entre los hijos de Huaina Capac”. El mismo historiador Juan José Vega asegura que los atahualpistas de Tumbes estaban dirigidos por el Cacique Chiri-Masa, que la mayoría de los tumbesinos eran partidarios rebeldes y agrega que “no falta una facción inclinada a Huáscar Inca”.

 

El historiador Hermann Buse, en su obra “Época Prehistórica del Perú” contenida en la colección “Historia Marítima del Perú”, sí se refiere concretamente a un combate naval de las fuerazas de Atahualpa contra la isla Puná. Dice Buse que Atahualpa decidió atacar la isla Puná que “estaba gobernada por un hombre de la entera confianza de Huáscar”, atacando con un gran ejército y con muchas balsas, habiéndoles salido al encuentro los isleños con una gran flota de balsas y se trabó un combate de miles de hombres, “en la batalla naval más grande de los tiempos prehistóricos” tal como lo expresa el escritor ecuatoriano Emilio Estrada en su obra “Los Huancavilcas”. Las huestes de Atahualpa fracasaron en su intento y al resultar herido el mismo,  en un muslo, dio la orden de retirada. Sobre esto, el Cronista López de Gómara dice que siguió a Cajamarca a curarse  y juntar su gente para ir al Cusco. Cuando el curaca victorioso de Puná supo su marcha, fue a Tumbes y lo saqueó, tomando a 600 prisioneros que más tarde Pizarro encontró en la Isla.                

   

El historiador José del Busto Duthurburu, en su obra “Historia Externa del Perú”, que forma parte de la Colección “Historia Marítima del Perú” dice que cuando Pizarro en su último viaje llegó a la Punta Santa Elena, envió por la playa a cinco jinetes para que indagaran algunos datos sobre los isleños, pero el caso es que en silencio y formados, los esperaban en la playa, frente a Puná una delegación de cien hombres con presentes y regalos al mando de un jefe llamado Cotoir, el que en nombre del Cacique Tumbala, les dio la bienvenida. Todo esto según relato del Cronista Pedro Cieza de León en su Tercera Parte de la Crónica del Perú y de Juan Ruiz de Arce en “Tres testigos de la conquista del Perú”. Del Busto, reproduce una versión de Pedro Pizarro y de Francisco López de Jerez, de acuerdo a la cual Pizarro recibió la visita del cacique de Tumbes, Chirimasa que llegó hasta el alojamiento del Conquistador en la isla Puná, y luego éste introdujo en el mismo lugar al rey de la isla Tumbala y como los curacas eran enemigos, casi se van a las manos, pero Pizarro puso orden y se inició el diálogo que fue violento, habiendo optado Pizarro por dejarlos solos y con gran sorpresa general, al cabo de un rato salieron en paz, aunque se veía que todo era forzado. Dice los cronistas, que en realidad, antes había en la isla un orejón representante del Inca (no dice si de Atahualpa o Huáscar) que dejó el lugar al momento en que los españoles arribaran a la isla, y que era en realidad el que mandaba y mantenía autoridad sobre isleños y tumbesinos y ese acuerdo forzado se había adoptado por orden de dicho orejón.                      

 

Más adelante, el historiador Del Busto dice refiriéndose a Tumbala y Chirimasa que “ambos se reconocían como súbditos del Inca, pero que no por eso habían dejado de ser antiquísimos adversarios y la paz pactada en la obediencia, no era en la sinceridad. Narra el historiador que al morir Huayna Capac y producirse la rivalidad entre sus dos hijos, Chilimasa se alineó en el bando de los vencidos (se refiere sin duda a Huáscar) y Tumbala estuvo con el vencedor. Sin embargo – siempre de acuerdo con Del Busto – Atahualpa ignoró los servicios y la adhesión de Tumbala, pero en cambio invadió el territorio de los tallanes tumbesinos mató a los príncipes jefes, y de su piel hizo tambores – como era su costumbre – al ser vencido, Chirimasa se rindió y le prestó vasallaje. Pero parece que el rencoroso Atahualpa no perdonó nunca a los tumbesinos al haber sido sus contrarios, y con el pretexto de que necesita sus tropas en otro lugar dejó a la ciudad de Tumbes si protección, lo que fue aprovechado por Tumbala para atacarla y destruirla. Luego volvieron la tropas de Atahualpa y los isleños tuvieron que retirarse, llevándose a 600 prisioneros y dejando a la ciudad en ruinas tal como más tarde la encontró Pizarro.           

 

El historiador Del Busto, explica así la conducta traidora que tanto Tumbala primero, como Chirimasa más tarde, siguieron con Pizarro al que le dieron primero muestra de amistad y después atacaron, todo por orden el orejón que había dejado Atahualpa como Gobernador.

 

Raúl Porras Barrenechea en su obra “Pizarro” dice: “Los indios de la Puná eran enemigos de los de  Tumbes. Aquellos eran partidarios de Huáscar y éstos de Atahualpa. Este había pretendido pasar a la Puna el año anterior, pero había sido derrotado y el Gobernador de la Puná había pasado a Tumbes y había saqueado esta ciudad, llevándose 600 nativos a la isla. Pizarro liberó esos prisioneros y los envió a Tumbes a donde estos llevaron noticias aterradoras respecto a los españoles, preparando al pueblo de Tumbes, contra ellos”.     

    

Don Manuel de Mendiburo, en su monumental obra “Diccionario Histórico Biográfico del Perú” al ocuparse de la biografía de Pizarro, dice: “La isla de Puná tendría 12.000 habitantes y tocó a Huáscar rey del Cuzco, en la división del Imperio que mandó hacer Huayna Capac. Pero Atahualpa, nuevo soberano de Quito pretendió su dominio a causa de la sal, que río arriba se llevaba hasta Chimbo y se internaba en su territorio,  la deque no podía conseguir de otra parte. A los de Puná convenía depender de Quito y se declararon por Atahualpa, lo cual fomentaba la guerra con Tumbes”.

 

Esta versión la recoge Mendiburo del Cronista Antonio de Herrera, consignada en su obra “Décadas o Historia General de los Hechos Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano” publicada en 1601.

 

También toma esa versión el historiador Hermann Buse, el cual dice que el cacique Tumbala al final se llegó a someter a Atahualpa, considerando que eso le era ventajoso para poder atacar a sus enemigos de Tumbes y por tal motivo se declaró enemigo de Huáscar y partidario del ambicioso rey de Quito. Los indios de Puná se habían enriquecido con el comercio de la sal, y también con los asaltos de tipo pirata que practicaban contra los pobladores de la costa, sobre todo contra la gran ciudad de Tumbes. Casi en situación inexpugnable, por que no sólo aprovecharon su condición insular, sino que también amurallaron la isla y la protegieron con una flota de balsas y combatientes de mar; mantuvieron una guerra constante.

 

Las acciones bélica de Atahualpa contra la isla Puná se conocen como la guerra de la Sal.

 

Con todas las opiniones discrepantes que se han dado, pueden sacarse en conclusión, que tanto tumbesinos como puneños eran gentes amantes de su libertad y que cualquier sometimiento a uno u otro de los hijos rivales, de Huayna Capac eran sólo aparentes y siempre estaban listos a sublevarse o desconocer la autoridad. También es un hecho cierto, que lo único permanente era la rivalidad entre isleños y tumbesinos.

 

Hay que suponer que en Tumbes debió existir una guarnición de Huáscar y también buenos partidarios de ese Inca, lo que necesariamente tiene que haber opuesto resistencia a Atahualpa, el cual con su ejército mayoritariamente superior tiene que haberlos barrido. No sucedió lo mismo sin embargo con los Puná que resistieron y hasta presumiblemente repelieron a Atahualpa, por cuyo motivo este creyó prudente dejar esa guerra de desgaste y trasladarse a otros campos de lucha de mayor interés. Al quedar libre Tumbala, atacó a Chirimasa, destruyó Tumbes y capturó a 600 de sus habitantes.

 

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LA GUERRA DE ATAHUALPA CONTRA LOS TALLANES.            

 

El rencoroso Atahualpa, jamás perdonó a los cañaris, huancavilcas y tallanes haberse alineado e integrado los ejércitos de Huáscar cuando fue atacado por Atoc, por Mayta Yupanqui y por Huanca Auqui. Más aún por haber resultado herido en una pierna. También guardó profundo rencor contra los Guayacundos.

 

Por eso, en cuanta ocasión tuvo, los trató muy duramente y buscó de exterminarlos en el combate.

 

Cuando venció a los tallanes de Tumbes, mandó a fabricar tambores con la piel de los jefes que había tomado prisioneros y condenados a muerte.

 

Cuando de la región de Tumbes se encaminó a Cajamarca, tuvo que moverse en los caminos que había mandado a construir su padre, es decir de Tumbes a Huásimo, luego a la Solana y de ahí ganó la cordillera para tomar en Ayabaca el gran camino de la sierra.

 

 A medida que avanzaba con sus ejércitos iba haciendo escarmientos en los territorios, y sometiéndolos. Parece que en Poechos encontró cierta resistencia y que posiblemente el que la capitaneó fue el Cacique Huachu Puru, el mismo que un año más tarde se presentó a Pizarro en esa localidad, asumió el mando político de la región, le ofreció obediencia, le proporcionó víveres, le dio información y lo acompañó en el viaje de Cajamarca con varios miles de auxiliares tallanes.   

 

En el resto del Valle del Chira, ya sea de grado o de fuerza, tuvo Atahualpa mejores adherentes para su causa como lo iba a demostrar un poco más tarde la resistencia que ofrecieron los Caciques de Amotape y La Chira, a Pizarro.

 

Fue sin embargo en la región de Caxas, en donde se realizó una resistencia en forma, que fue vencida  por medio de las armas. Auque no hay noticias de una batalla, parece que esa se produjo y las huestes del Inca Huáscar fueron derrotadas. Sólo así se explican las tremendas represalias que se produjeron y que según se contó a los españoles capitaneados por Hernando de Soto, significó la muerte de varios miles de habitantes de Caxas. Como testimonio de la verdad de toda esa masacre, los  Conquistadores pudieron apreciar que en las afueras de Caxas habían  cientos de hombres muertos colgados de los árboles por los pies.       

 

Atahualpa debe haber dejado como Jefe militar y político al orgulloso y soberbio Maica Huilca que se presentó a Soto primero y luego a Pizarro como embajador de su Inca. Más tarde sería uno de los que cayeron en Cajamarca en la celada que tendió Pizarro Atahualpa. Fue uno de los fieles que formó una muralla en torno a la litera real para proteger al augusto personaje.

    

En Atahualpa el enojo contra los tallanes se acrecentó a causa de Felipillo, el intrigante personaje que tanto odiaba al Inca cautivo. Por eso cada vez que el Inca cautivo,  que se refería a los habitantes de estos lugares, brotaba como un latigazo de cólera y desprecio, la frase de “perros tallanes”.

 

La región tallán quedó por lo tanto bajo control de Atahualpa, el cual dejó en diversas zonas pequeñas guarniciones que poco tiempo después iban a intentar resistir a los españoles. Así en la Solana y Poechos, grupos atahualpistas intentaron oponerse a los exploradores que desde Tumbes había adelantado Francisco Pizarro, al mando de su hermano Hernando y de Benalcázar. También sucedió igual cuando los españoles en su ruta a Cajamarca llegaron al Alto Piura y la caballería, española se desplazó como fuerza de vanguardia y de exploración. También la conspiración del curaca de Amotape, se supone de inspiración atahualpista.

 

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LA BATALLA CONCHA-HUAILA.

        

Cuando Huanca Auqui rompió la tregua y atacó a la guarnición atahualpista de Cusibamba, el Inca rebelde montó en cólera y lo trató de traidor, apostrofándolo en la misma forma que antes lo había hecho Huáscar. De inmediato mandó un ejército al mando Tito Atauchi y de Quilaco Yupanqui, que derrotó al general cuzqueño y lo hizo retroceder primero a Huancabamba y de inmediato a Cajamarca.- Este Tito Atauchi era hermano de padre y madre de Atahualpa, homónimo de otro general y hermano de Huáscar que fue capturado por Chulcuchimac en las últimas acciones de guerra y ejecutado. En cuanto a Quillaco Yupanqui, era el joven general que presidió una de las embajadas de buena voluntad que Atahualpa envió a Huáscar.

 

Estando Huanca Auqui en Cajamarca recibió la ayuda de 10.000 chachapoyanos convertidos ahora en fieles aliados de Huáscar, al cual apoyarían hasta el final. También llegaron los empecinados cañaris y no pocos tallanes de Piura y de Lambayeque. El indesmallable general cuzqueño volvió a tomar la ofensiva y se dirigió al Norte, por el camino tantas veces transitado. El general quiteño Quisquiz había asumido en esta oportunidad, el mando del ejército de Atahualpa que era mucho más numerosos que el enemigo. Habiéndose aprovisionado y descansado en Huancabamba, salió al encuentro de Huanca Auqui. Los dos ejércitos se encontraron un poco al norte de Huambos (Chota) y ahí se trató una acción sumamente sangrienta.

 

Quisquiz, decidió dejar pasar la noche para atacar al amanecer, pues no era costumbre efectuar combates nocturnos. El general quiteño dispuso que el peso del ataque se concentrase contra los Chachapoyas que demostraban mucha belicosidad y fue así como se mató a más de la mitad de ellos. El resto, al verse diezmado se retiró por diversos caminos al interior. Más tarde se les verá luchando en las proximidades del Cuzco, siempre con los ejércitos de Huáscar.

 

Huanca Auqui, con un pequeño resto de su ejército, se retiró precipitadamente y no se detuvo en la meseta de Bombón, en Junín.

 

El avance de Quisquiz fue arrollador. Detrás con otro gran ejército se movía Atahualpa, que consideró conveniente quedarse en Cajamarca por que tenía noticias que los españoles estaban ya en Tumbes y se desplazaban hacia el Sur.

 

 

En cuestión de unas cuantas semanas, todo el panorama político iba a cambiar y se abría un nuevo capitulo en la Historia de nuestra Patria. Dos civilizaciones se ponían frente a frente, y tras de un baño de sangre, surgía y se plasmaba ese nuevo pueblo que es el Perú mestizo de hoy.                        

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LOS TALLANES CONVERTIDOS EN MITIMAES Y YANACONAS.

       

La venganza de Atahualpa contra los tallanes no se detuvo en la destrucción de sus campos de cultivos y poblaciones, sino que a un gran numero de ellos los redujo a la esclavitud y en la condición de mitimaes fueron conducidos a Cajamarca y puestas a su servicio. Allí les encontró Pizarro, con otros procedentes de la tierra de los cañaris y demás pueblos vencidos, y al ser libertados por los conquistadores tras la captura del Inca usurpador, tomaron feroz venganza contra sus antiguos opresores.

 

Maica Huilca, el duro capitán que Atahualpa nombrado como gobernador de la región tallán, dispuso el traslado masivo de pobladores del valle del Chira al valle del Piura, siguiendo la política que había utilizado los incas, o sea la de los mitimaes. De esa forma evitaban las rebeliones, desarraigando totalmente a los más levantiscos y enviándolos a otra regiones. Cosa igual en otro lugar del mundo, habían hecho los romanos contra los judíos sublevados a los que desparramó por el mundo conocido de entonces.

 

Tupac Yupanqui, Huayna Capac y Atahualpa y hasta posteriormente Pizarro, desparramaron a tallanes y Guayacundos por diversos lugares del territorio nacional y en Ecuador.

 

Tupac Inca Yupanqui,  envió a gran cantidad  de tallanes y Guayacundos a  los valles de Pachachaca, valle regado por río del mismo nombre, afluente del Apurímac, donde repoblaron tierras andinas  en la margen derecha del río antes mencionado  en el pueblo de Ninamarca. Por eso, cuando los españoles llegaron a ese lugar se admiraron que existiera una comunidad de rasgos tallanes que hablaban el sec.

 

El historiador cataquense J. Jacobo Cruz Villegas, recoge esta versión y narra como las parcialidades de Poechios y Parí-Añac (Pariñas), se trasladaron a Catacaos, otro importante centro tallán. De acuerdo a la versión de ese escritor, la parcialidad de Catacaos fue fundada por un personaje mitológico llamado Mec Nom.

               

En el valle del Chira, algunas parcialidades como Motape (Amotape) y Marcavilca, se alinearon con Atahualpa y fue por eso que al llegar Pizarro intentaron  sublevarse haciendo el Conquistador un feroz escarmiento, confinando a otro grupo numeroso..

 La gente de Poechos retornó a su terruño con la llegada de los españoles con los que se aliaron.

 

Aun cuando cabe suponer que Pizarro hubiera vencido toda resistencia que hubieran intentado oponerle los tallanes en otras circunstancias; el hecho real y concreto es de que el conquistador vio grandemente facilitaba su labor por el odio que los tallanes de Piura tenían contra Atahualpa.

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GRÁFICOS

 

PRIMER ESCENARIO DE LA

GUERRA FRATICIDA

 

 

LOS EJÉRCITOS INCAS ESTABAN MEJOR

ORGANIZADOS QUE LOS TALLANES

 

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