Capítulo VII: LA VIDA DE LOS TALLANES

 

 

CAPITULO VII

LA VIDA LOS TALLANES

 

 

 

1.        El Trabajo.

2.        Las Costumbres.

3.        La Religión.

4.        La Diosa Luna..- El Culto al Sol.-Otros

5.        El Culto a los Muertos.

6.        El Dios Walac.- Los ritos

7.        El mito de Santo Tomás

8.        La lengua.- Voces tallanes

9.        La alimentación .- Ganados y animales domésticos

10.     Los vestidos

11.     Penas y Castigos

12.     La Pesca.- La navegación.- El Comercio

13.     El Arte.

14.     La guerra

15.     Las enfermedades.- el mal de ojos.- El paludismo- La verruga

16.     Curanderos y medicinas.-

17.     La viruela.- La sífilis.- Otras enfermedades

Gráficos.

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EL TRABAJO.

 

El trabajo estuvo perfectamente organizado en la tierra de los tallanes. Cuando fueron conquistados por los incas tuvo un carácter comunitario.

 

Los que vivían cerca al mar, tenían como actividad preferente la pesca y el comercio por mar. Los del interior, asentados en los valles eran agricultores.

 

Fuera de esos, habían otros que se dedicaban a la alfarería y entre estos habían simples artesanos que construían vasijas para el uso diario y corriente y otros que eran artistas, que hacían ceramios ornamentales. 

 

La orfebrería era otra de las actividades en que destacaban los tallanes. Ellos al igual que los mochicas adquirieron gran fama en todo el Imperio de los Incas por lo cual muchos de esos artesanos fueron llevados al Cuzco.

 

E1 trabajo de alfarería se hacía teniendo al trabajador tendido boca a bajo, sobre unos sofás de patas cortadas. Esta posición causó asombro a los indios del Tahuantinsuyo y de ahí que se denominase a la región tierra de los tallanes o sea de los hombres tendidos de vientre.

 

El algodón dio a los tallanes la fibra para telas que tejían y bordaban con gran primor, no sólo para cubrir las necesidades propias, sino también para comerciar al trueque.

 

Los primitivos piuranos, desde tiempos inmemoriales fueron diestros pescadores que utilizaron las redes. Es posible que primero emplearon el algodón para hacer sus redes que para los vestidos. El pescado no sólo lo consumían fresco, sino que lo conservaban secándolo, ahumándolo y salándolo, pescaban también, no sólo para las necesidades domesticas, sino para disponer de un margen que les permitían comerciar con los pueblos de la sierra.   

 

La sierra agrícola era de la propiedad de los grandes señores. Ellos la daban en arriendo a los agricultores, que pagaban con partes de su cosecha. A Cieza de León le causó asombro la forma como los tallanes cultivaron sus campos y decía: “para labrar sus campos son muy trabajadores y llevan grandes cargas, los campos labran hermosamente y con mucho concierto y tienen en él regarlos grande orden. El maíz da dos veces al año, de ello de habas y frijoles cogen harta cantidad cuando los siembran”.

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LAS COSTUMBRES.

 

Los tallan  eran gente muy hospitalaria. El viajero era siempre bien recibido. Si el recién llegado era persona notable, le hacías y celebraban en su honor comilonas, durante las cuales se bebía mucho.

 

Los tallanes eran gente dada a la bebida y a la buena vida.

 

Habían fiestas en que participaba todo el pueblo, en ellas se comía, bebía y se cantaba.

 

Como instrumentos musicales tenían tamborcillos, flautas, antaras y sonajas. Hay muchas piezas de cerámica que representan a  los músicos.

 

En lo que ahora es nuestro mes de Diciembre, se celebraba en toda la costa norte del Perú y también en la región tallán una fiesta que duraba siete días con sus noches. Eran una especie de fiestas saturnales, que perduraron aún cuando ya la Colonia llevaba muchísimos años de existencia. La parte central de los feste­jos era una fiesta a la cual Hermann Buse llama del goce  erótico. Hombres y mujeres jóvenes se reunían en una pampa completamente desnudos y las mujeres corrían hacia un cerro de poca altura. Después de un rato salían los hombres a perseguirlas y a la que alcanzaban, la poseían delante de todo el pueblo reunido.

 

Los religiosos trataron de erradicar esta costumbre y les costó mucho tiempo lograrlo. Tales festividades han sido objeto de estudio de Tschudi, Tello, Rebeca Carrión Cachot, que han querido más bien ver en ellas un fondo religioso, como sería el sacrificio de doncellas al Dios Sol, a la Diosa Luna y los dioses es de la fertilidad.

 

Fuera de las festividades religiosas habían otras en honor a la cosecha y a la pesca. Eran en realidad actos de agradecimiento por las bondades de la naturaleza, o de ruego para que se mostrase propicia.

 

Fuera de las festividades una costumbre que hasta la fecha ha perdurado en el ambiente campesino y popular, y era el corte de uñas y de pelo.

 

El primero se hacía a los niños de un año y el corte de pelo a los de años dando motivo a una animada ceremonia familiar. Hay que advertir que estas costumbres daban en toda la costa y también en la sierra, y perduran hasta hace poco.

En el corte de pelo, se reunían familiares y vecinos y cada uno cortaba un puñado de cabellos. A esos puñados les llamaban ñaca y como ofrenda se depositaba en las tumbas o huacas de loa allegados. Generalmente los padres del niño, ayunaban antes de la ceremonia, pero luego se comía y libaba en abundancia.

 

Como todo pueblo primitivo, eran profundamente supersticiosos. No practicaban la sodomía como, lo hacían sus vecinos de Ecuador.

 

Durante las fiestas, programaban luchas, al estilo de las grecorromanas, en donde los luchadores se agarraban por la cabeza  o la parte superior del cuerpo y trataban de derribarse.

 

Utilizaban a la llama para transporte, en especial de leña y agua.

Muchas de sus actividades, al menos en la zona de Vicús las harían sentados con las piernas cruzadas, pues hay una gran cantidad de ceramios que representan así a hombres de todo nivel social. Como se ha manifestado antes, la posición del tallán, para comer, era sentado pero de otra forma, con las piernas dobladas por delante en tal forma que las rodillas se quedan altas, a nivel de la barbilla. Es una posición que en la actualidad utilizan los indios mejicanos cuando están en actitud de esperar.

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LA RELIGIÓN.

 

Los primeros piuranos que se alinearon en las proximidades del mar, dependían de él para su vida. Peces, mariscos y lobos de mar servían para su alimentación.

 

Conocieron a la ballena, de la que se impresionaron por su gran tamaño y creyéndola pez, la consideraban el dios de ellos.

 

Los yungas llamaron al mar, Ni  y los quechuas conquistadores, le decían  mamacocha.

 

Los tallanes también adoraren al mar y le ofrecían sacrificios cuando se embravecía.

 

Todos los cronistas estaban de acuerdo en que los yungas y con ellos los talla­nes doraban al mar, dentro de  la multiplicidad de dioses que tenían. Así lo dicen Garci1aso cuando manifiesta: adoraban de común a la mar”, o el Padre Oliva que asegura: Los indios de la costa tenían por su dios a la mar. El padre Cobo, dice que adoraban a la mar por que los proveían del pescado.

El Padre Murúa dice: Los indios de los llanos reverenciaban y adoraban la mar, por que estuviese siempre manso y no se embraveciera contra ellos, y les diese mucha abundancia de pescado, y con esto le echaban harina de maíz banco, almagre y otras cosas.

El cronista Avendaño, en 1617 al referirse a las idolatrías de los indios decía que tenían unos dioses móviles bajo la forma de ídolos y otros fijos como el mar. 

 

También Polo de Ondegardo, aseguraba que el culto que los indios rendían al mar era para que no se pusiera bravo y les diera siempre pescado.

 

En plano virreinato, casi a 100 años de la conquista en 1614 al Arzobispo de Lima Pedro de Villagómez se condolía que no se hubiera extirpado la idolatría de los indios de la costa por el mar. En realidad, esa especie de reverencia de los pecadores por le mar nunca llegó a desaparecer totalmente, quedando como una superstición.

 

Todos los pueblos marítimos del mundo, en la antigüedad rindieron culto al mar. Ha existido por lo tanto su sentimiento generalizado por este elemento, que se mostraba tan tremendamente poderoso.

 

El culto al mar con los primeros pobladores de Piura; y aún cuando van incorporando con el correr del tiempo nuevos dioses a su mundo espiritual, el mar nunca dejó de tener lugar preferente. Y más bien se convirtió en morado de los dioses que se reverenciaron más tarde como lo fue Viracocha.

 

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LA DIOSA LUNA.

 

Los mochicas tuvieron como dios a Alec, pero este culto no llegó a extenderse en la tierra tallán. Se trataba de un dios terrible, vengativo y feroz.

 

Son rarísimas las piezas de alfarería de los antiguos piuranos, que representan a este dios, y en cambio se han extraído en grandes cantidades en la provincia de Trujillo.

 

Más bien, rindió culto a la Luna a la que llamaban Shi. Los tallanes representaron a la diosa luna, bajo la figura de una mujer pájaro. Seguramente vincularon la idea religiosa con la existencia de las aves marinas.

 

Tanto en las piezas de alfarería de Vicús, como de otros lugares del departamento hay numerosas representaciones ormito-antropo-morfas. Hasta en las joyas, era muy común los adornos bajo la forma de lunas en cuarto creciente.

 

Cuando habían eclipses de luna, sobrecogíales el temor, de que la luna estaba molesta o que era atacada, pero luego el reaparecer triunfante retornaba la alegría y se hacían fiestas por el triunfo de la diosa. Eso acrecentaba su prestigio como deidad.

 

La Doctora Rebeca Carrión; considera que el culto lunar se extendió desde las costas ecuatorianas de Manabí hasta Pachacamac. Frente al litoral, en la isla de La Plata, los españoles encontraron dedicado a una diosa con un niño en los brazos.

 

Para los pescadores, la diosa Luna era una deidad, protectora que las alumbraba por las noches en sus tareas marinas. Se dieron también cuenta que la Luna tenía influencia sobre el mar, al cual creían mandaba, en lo referente a las mareas.

 

Muchos de los hombres chimús parecen derivarse de la raíz Shi, y hasta podría decirse lo mismo de Shi-mú. 

 

Parece que en las islas del litoral, habían adoratorios para la diosa Luna, o cuando menos sitios para ofrecerle sacrificios humanos, en especial Doncellas que eran decapitadas en su honor. Nada hace suponer que las ceremonias rituales fueron llevadas a cabo por sacerdotisas, por que ninguna leyenda o pieza de alfarería la revela. En las islas se han encontrado esqueletos decapitados.   

 

 

El culto al Sol.

 

Fue introducido por los Incas, que levantaron grandes templos en su honor, así como casas para las escogidas.

 

Los Incas, no sólo construían fortalezas para asegurar la conquista, con soldados que en ellas se alojaban al mando de un jefe de importancia, sino también instalaban gobernadores y sacerdotes para el culto solar.

 

Eso fue motivo que en las tierras de los tallanes, hubieran dos dioses astros: el sol y la luna, algunos consideran que el dicho de La Luna de Paita y el Sol de Colán, se deba a la posibilidad de que hayan existido adoratorios en esos lugares para uno y para la otra. 

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OTROS DIOSES. EL CULTO A LOS MUERTOS.

 

Los dioses felinos, que eran reverenciados por los mochicas, tuvieron muy pocos adeptos entre los tallanes. Pocas son las piezas de arcilla que los representan. Eso es más frecuente en los ceramios de Vicús.

 

Es importante dejar notar este hecho, por que demuestra que ni aún en el plano religioso se sometieron los Tallanes a la influencia Mochica. El dios Ai-apaec, tan adorado como temido en los valles de Trujillo, casi era un desconocido en estos territorios. Los españoles le llamaron Alec.

 

Los Yungas, al igual que muchos pueblos antiguos, sin duda alguna que divinizaron a las fuerzas de la naturaleza, unas veces por temor y otras por gratitud, como por ejemplo el trueno y a la lluvia. De igual modo a ciertos animales como el puma y a la serpiente.

 

Pero aparte de todo eso, llegaron a intuir que la vida no terminaba en la tierra, sino que había otra más allá, por cuyo motivo en las tumbas pusieron lo necesario para que el difunto pudiera alimentarse y disponer de lo conveniente en esa otra vida. En los primeros meses al fallecimiento, la renovación de víveres era constante. El culto que recibían a los muertos, y que casi era general en los pueblos primitivos de todo el mundo; en los antiguos tallanes merecía una especial atención.  

 

Las tumbas eran por lo tanto consideradas como huacas o sea lugares sagrados. En algunos casos colocaban en ella idolillos familiares, para que actuaran como guardianes. Muchas veces no sólo miembros de la familia visitaban esas huacas, sino también amigos y relacionados y terminaban por convertirse en adoratorios. 

 

Durante la conquista, muchas huacas fueron destruidas o clausuradas, unas veces por la avidez de los tesoros que suponían se encontraban en ellas y para extirpar las idolatrías.

 

También habían sitios sagrados, como cerros que suponían encantados, o piedras con ciertos poderes a las que llamaban jírcas. En nuestro departamento abundan lugares como lagunas. Colinas y sitios a los que los lugareños atribuyen ciertos poderes, y los rodean de misterios.  

 

Los tallanes al igual que el resto de poblaciones yungas, creían en la existencia de una alma inmortal. Al respecto dice Cieza de León: “era opinión general en todos estos indios yungas, y aun en los serranos de este reino del Perú, que las ánimas de los difuntos no morían, sino que para siempre vivían, y se juntaban allá en el otro mundo unos con otros, donde creían se holgaban, comían y bebían, que es su principal gloria”.     

 

Los señores principales, eran enterrados con sus mujeres y servidores; unas veces en una sola tumba y en otros casos, en tumbas separadas alrededor de la tumba del señor. Parece sin embargo que la decisión era voluntaria. 

 

En la región de Tumbes, se han encontrado también tumbas en forma de bota al igual que las de Vicús.

Hay que aclarar sin embargo, que en el resto de la región Tallán, no se siguió el mismo procedimiento de cremar los cadáveres.

 

Los difuntos eran colocados en posición horizontal en tumbas que semejaban grandes pozas a bastante profundidad. 

 

El Padre Las Casas, relata, que cuando el muerto era un señor principal, se reunían todas las gentes del pueblo, y se daban un gran banquete con abundancia de comida y bebida. Se fijaba un día como el principal, y al momento de servir la comida y bebida como si la fuera a consumir y los que entraban la hacían reverencias. La madre – en caso de estar viva – y la viuda ocupaban lugares principales en la ceremonia del banquete. El cadáver, al cual generalmente se embalsamaba, se ponía luego algo apartado en un patio. Las comilonas duraban de cinco a diez días. Unas lloronas se encargaban de ponderar las virtudes del difunto y lanzar alaridos, sollozos y llorar continuamente. La música de flauta era continua sin interrupción, pues los músicos se turnaban. La viuda guardaba luto un año y se trasquilaba los cabellos.      

 

El cronista Villagomez asegura que en muchos lugares de la costa y se presume que también en nuestra región, el difunto era sumergido tres veces en el río por la parentela, y luego lavaban la ropa del muerto. Se pasan la noche cantando y bebiendo y en determinaba hora le derramaban un poco de chicha para que apague la sed. Cuando llegan las horas del amanecer, creen que el alma ya ha salido del cuerpo y se va al sitio del eterno descanso.    

 

Como se puede apreciar, los yungas en general y los tallanes en particular, todo lo hacían comiendo y bebiendo. Hay que suponer que algunas costumbres, variaron de acuerdo a la época y también a los lugares.  

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 EL DIOS WALAC.  

 

El escritor cataquense, Jacobo Cruz asegura que la palabra Narihua1á, proviene de Ñari Walac que en el idioma tallán o Sec quiere decir ojo que avisora la lejanía.

 

Plantea la teoría que Narihualá con su fortaleza-templo, fue el centro religioso de toda la región tallán, y que hacia allí convergían los antiguos piuranos en peregrinación.

 

La base de esta suposición, es que la fortaleza-templo, se construyó muchísimos años antes de la conquista de los tallanes por los Incas, lo  que como es bien sabido, fueron estos los que mandaron a construir todas las fortalezas de la región, de lo que sería una excepción la de Narihualá.

 

De establecerse que dicha construcción se hizo en tiempos de los Imperio, toda la teoría del dios Walac quedaría sin sustento, al menos como deidad de los tallanes. Mientras tanto, y hasta que no se pruebe lo contrario, se debe aceptar.

Jacobo Cruz relata una leyenda no muy conocida, según la cual en tiempos muy remotos se aparecía en el cielo de Piura, un fenómeno luminoso al caer la tarde y que duraba toda la noche. Esto que bien podía ser un cometa, en realidad no lo era por que se repitió casi seguido por varios años considerando tal aparición con las buenas cosechas. Para los antiguos piuranos era como un ojo, que puesto en el cielo, lo veía todo. De ahí que los indios lo divinizaron y levantaron el tem­plo para rendirle culto, mandando a construir un ídolo de oro puro del tamaño de un hombre, que en sus manos sostenía un hato herbáceo que simbolizaba el maíz, del que pendían choclos robustos. Sigue diciendo Jacobo Cruz, que la cara era plana con pómulos salientes, y con un sólo ojo dentro de un triangulo, de cuyos bordes se veían como saliendo pequeños rayos a manera de pestañas. Junto al ídolo grande se encontraba otros idolillos de madera de charán, que significaban ofrendas de diversas comarcas o valles que se tributaban al dios por los agradecimientos fieles, por los favores recibidos, como las buenas cosechas. Eran como los ex-votos que ahora se acostumbra hacer con milagrosas imágenes en nuestro departamento.

Toda teoría sobre el pasado histórico de los pueblos es interesante por que invita al análisis y al intercambio de ideas de donde sale muchas veces la verdad o nos acercamos más a ella. Ante todo, hay que hacer notar que muchos arqueólogos y estudiosos  tanto del pasado del hombre peruano como del origen del hombre americano han plateado teorías contrapuestas, para explicar muchos misterios que se pierden en la noche de los tiempos. De donde resulta que toda teoría de gente estudiosa como lo fue Jacobo Cruz, es interesante y es respetable. 

 

Como cualquier teoría, tiene muchos puntos que le sirven de apoyo o basamento, pero hay también otros que pueden quitarle consistencia. 

 

Por ejemplo, en toda la huaquería tan abundante en cantidad y variedad de la región tallán que hay en los museos, no se ha representado a ese dios, que podría ser Wallac. Es bien cabido que mucho del conocimiento que se tiene de los Mochicas, de los Chimús y de las gentes de Vicús, se debe a que en las piezas de cerámica han representado todos los hechos de su existencia. Son como libros vivos del pasado. Si se trata de una divinidad, la reproducción tenía que ser necesariamente muy nutrida, como un homenaje a esa deidad. 

 

Por otra parte, en la región de Piura no ha habido abundancia de oro, al menos no tanto como para fundir un ídolo del tamaño de un hombre, y tampoco es posible que una pieza de tales dimensiones y tan valiosa, material y espiritualmente, se iba a perder tan fácilmente. Por otra parte ningún cronista ha mencionado al dios Walac.

 

El ojo dentro de un triangulo con rayos que le salen, es similar a la imagen que utilizaron los primeros cristianos para representar  Dios Padre, y aún se usa.

 

En cuanto al significado de la voz Narihualá, que indudablemente esta castellanizada, y que el escritor Jacobo Cruz descompone en dos voces Ñuri-wallac, podría también descomponerse de otra forma, como Nari-hua-lá o también en Nari-hua-la. Si se trata de palabras compuestas, lo mismo podría decirse con relación a los toponímicos de Ta-ca-lá; Vi-rri-lá; Puyun-ta-lá; Sin-bi-lá, etc. lo que nos hace pensar que la terminación “lá” bien pudiera ser lugar o sitio, en el idioma Sec.   

 

Sea lo que fuere, eso no descarta la posibilidad de que Walac, haya sido una deidad tallán, de la zona de Catacaos. Es también parte de la historia de los pueblos, el conservar y transmitir a las generaciones futuras los mitos y leyendas, que todos los pueblos del mundo las han tenido y más aún cuando se han referido a los dioses o fundadores de dinastías.

 

Por eso, la leyenda del dios Walac, debe ser conservada, como parte de nuestra historia.

 

Los Ritos.

 

Es incuestionable que antes de la llegada de los incas, los tallanes ofrecían sacrificios humanos tal como lo hicieron los Vicús.

 

Una estatuilla de Vicús, representaba a un sacerdote de cuerpo entero, cuyo rostro está cubierto con una máscara de feroz felino, que tiene un una mano una cabeza que acaba de cercenar, mientras que en la otra mano, mostraba un descomunal cuchillo.

 

También en las islas de Lobos, se han encontrado restos de doncellas con las cabezas separadas del tronco. Esto es común en todas las islas del litoral.

 

Los incas, al conquistar la región introdujeron en gran escala la llama. Este animal y otros fueron destinados en los sucesivo a los sacrificios.

 

En Aypate, se ha encontrado unas tinas destinadas a los sacrificios.

 

Los tallanes, como todo pueblo primitivo, eran profundamente religioso y supersticioso.

 

En la región tallán no se practicó la sodomía religiosa, como ocurrió en otros lugares de las costas y de la sierra. Habían jovencitos, tanto en Puerto Viejo como en la costa  sur, destinados al ayuntamiento carnal con los sacerdotes.

 

En términos generales, cuenta Cieza de León que en toda la costa ecuatoriana se practicaba la sodomía, y que el vicio nefando, era tenido en la sierra de Piura como algo muy sucio e indigno de hombres.

   

El cronista Padre de las Casas, dice que las ofrendas más preciadas en los templos y en las huacas, eran las chaquiras. También se ofrecían maíz,, chicha, frutos de la tierra, objetos de cerámica, tejidos, oro y plata labradas.

 

El cronista al que se le llama Jesuita Anónimo, asegura que en el Imperio Incaico, habían en algunas civilizaciones sacerdotes de gran jerarquía, uno de los cuales estaba en “Ayauaca”. Los otros estaban: el Collao, Chincha, Huaylas, Vilcas, Cassarca, Quito, Chimo, Cenas y Canchis.

 

Cerca de la isla de Puná, hay una pequeña isla que los españoles llamaron La Plata, en donde habían un adoratorio, en la que tanto los isleños de Puná como los Tumbesinos, ofrecían sacrificios. Las ofrendas eran joyas de oro, plata y bronce, mataban corderos y en algunos casos hasta sacrificaban niños. Esta isla era un lugar sagrado.

 

También en el golfo de Guayaquil, estaba la isla Santa Clara, en donde había un ídolo de piedra que los indios de Tumbes reverenciaban. Muchos señores principales eran enterrados en esta isla. 

 

Los indios de Sechura, Paita y Colán visitaban con frecuencia las islas del litoral. Entre las muchas piezas de cerámica de Vicús, hay una que representa una con dos barcas y varias personas.

 

Cieza de León dice por los tallanes: “eran estos indios muy dados a sus religiones y grandes sacrificadores”.

 

Francisco de Jerez, al hacer el relato del viaje de Pizarro de San Miguel a Cajamarca, tras se expresarse mal de los indios y decir que son sucios y que comen carne y pescado crudo, así como maíz cocido y tostado, asegura que ofrecen como sacrificios lo mejor de sus cosechas y que cada mes sacrificaban a sus propios hijos y con la sangre, untaban a los ídolos, en la puerta de los templos y en las sepulturas. De igual modo dice que entre risas, cantos y bailes sacrificaban llamas.

humanos, por eso los Incas no lo permitían, pero en cuanto a lo de sucios, hay que recordar que el Cronista Gutiérrez de Santa Clara, tenía un opinión  igual de los yungas en general a los que acusaban de sucios, groseros, inhábiles y nada políticos.        

 

No es creíble, lo referente a los sacrificios

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EL MITO DE SANTO TOMÁS.

 

Entre los indios del Cuzco y los Collas, así como de la costa central de Pachacamac al igual que en Amazonas y en la región Tallán, se narraba que en tiempos muy remotos había llegado un santo varón que había recorrido grandes extensiones de territorio, predicando una nueva religión y hablando de un Dios que había sido hecho morir en un madero similar al que portaba, el que era una cruz, la cual quedó en una zona de Puno llamada Carabuco. Los indios denominaron a este viajero como Tunupa unos y otros Tenepa, y aseguran que vestía larga túnica, era delgado y barbado. En muchos lugares como en Cuelap, Amazonas, dejó las huellas de sus pies y cuantas veces los indios idólatras quisieron ultimarlo por el fuego o ahogamiento, salió ileso. Santo Toribio de Morgrovejo creía era Santo Tomás y los indios de Frías en épocas de la Colonia, aseguraban que también en ese lugar, el Santo hombre, dejó en una piedra la marca de su pie. La leyenda dice que llegó por Porto-Viejo, navegando sobre una manta.      

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LA LENGUA.

 

Una característica más que diferencia a los Tallanes del resto de pueblos que conformaron el gran Impero Chimú, fue un lenguaje propio. En ese sentido y mostrando una vez más su carácter independiente, no adoptaron ni el idioma Mochica o Muchic ni el Quechua de los Incas.

 

Guaman Poma al enumerar los idiomas que existían en el imperio Incaico, menciona los siguientes: Aymara, Puquina, Cunti, YUNGA, Quichiua, Inga, Uanca, Chinchaysuyo, Yauyo, Andesuyo, Condesuyo, Collasuyo, Cañari, Ca llampi y Quito. 

 

Es decir, que bajo la común denominación de Yunga, comprende a todos los idiomas existentes en la costa norte del Perú.

 

Luis Valcárcel en su monumental obra “Historia del Perú Antiguo”, da los siguientes idiomas que se hablaban en el Imperio: el Quechua, Aymara, Puquina, Mochica o Yunga, el Sec, el Quingnam, el Culli, la lengua pescadora, el Chumbivilca, el Lupaca, el Tampu, el Kauki o Jake zuru y el Uru.   

 

Para este historiador el Muchic fue el cuarto en importancia y se hablaba desde Lambayeque hasta las proximidades de Lima. El Sec se hablaba de Piura hacia el norte; el Quingnam, “en un pequeño sector de la costa norte, lo mismo que la pescadora, en tanto que el Culli lo fue en el Callejón de Huailas”.

 

El cronista Oviedo, al referirse a la costa norte, asegura que “en cada provincia hay una lengua y un traje diferente. Así, la del valle del Chira es la llamada lengua de los tallanes”.

 

Es decir que centra en este valle, lo que podría llamarse el núcleo de la región tallán, posiblemente porque en aquel entonces era la más poblada de la región.

 

El cronista Gutiérrez de Santa Clara al referirse a los yungas, expresa que se hallaban muchos idiomas, pero que Tupac Inca Yupanqui, al conquistar la región impuso como oficial el Quechua, sobre todo entra los hijos de los curacas y de los grandes señores, que estaban destinados a servir al Inca. Pero, los 50 ó 60 años que estuvieron los tallanes sometidos a los Incas, no fueron suficientes como para imponer el Quechua en la región.   

 

Algunos han manifestado que los tallanes tuvieron dificultades para aprender el quechua, pero eso no que cierto. El hombre tallán era de viva inteligencia y muy despierto, y eso prueba que Filipillo, Martinillo y Francisquillo, no sólo denominaban el quechua norteño, sino además rápidamente lograron aprender el español y servir de interprete. 

 

Uno de los que aseguran que los yungas no pudieron aprender el quechua, es nada menos que Cieza de León. Lo que sucedió en realidad, es que  los mochicas y en especial los tallanes, no quisieron usar el quechua, símbolo de la opresión Inca.

 

El Padre Calancha, dice que el Chimú logró hacer tributaria toda la región comprendida desde Paita y Tumbes hasta Paramonga e introducir su lengua natural que se hablaba en Trujillo, y que era el quingnam, la que se generalizó entre los valles de Pacasmayo hasta Lima. Los demás valles norteños hasta Motupe hablaban el muchic, aún cuando eso escribía Calancha en 1650, había otra hablada en la zona de Olmos y siempre según el mismo cronista, también el Sec. Al idioma llamado “la pescadora” lo calificaba de bárbaro, desabrido y gutural.  

 

Contemporáneamente con el Padre Calancha, el P. Fernando de la Carrera y Daza, cura Lambayecano, en 1644 hizo una gramática, llamada “Arte de la lengua Yunga”, en la que consideraba a la lengua de los costa norte como una sola con diferencia locales.

 

El Obispo de Trujillo, Martínez Compañón y Bujanda, al hacer una relación de lenguas y dialectos de su diócesis y un vocabulario breve de los mismos, menciona al Culli que se hablaba en Huamachuco y otro dialecto en Sechura, que posiblemente fue el Sec. 

 

En 1864, Spruce hace una recolección de 37 palabras de la lengua de los tallanes. Luego en 1892 el arqueólogo e historiador Ernest Middendorf, se traslada a Eten, puerto en donde aún se hablaba Muchic, hizo un estudio más científico de esta lengua. Muy de lamentar fue la perdida de los cilindros de cera en los que Bruning grabó numerosas palabras mochicas.

 

En 1944 el chiclayano Jorge Cevallos Quiñónez, realizó otro estudio, logró reunir 1504 voces de los idiomas de la costa norte, basado en los trabajos de La Carrera, Middendorf y de Paul Rivet. Coincidiendo con el Padre Calancha, asegura que el Quingnam era originario del valle de Chimor y de ahí se extendió a toda la comarca.

 

La extinta arqueóloga piurana Josefina Ramos Cox, puso esfuerzo y dedicación en el estudio de la lengua de los tallanes, habiendo publicado en 1943 la obra: “Las lengua en la región Tallanca”.

 

Parece que el Sec, tenía además una característica fonética muy especial. Se expresaba con una especie d canto, que aún ha quedado en la “fabla” de los piuranos, lo cual los hace inconfundibles en el resto del Perú.

 

Es decir que le Sec, no murió del todo, ya que su entonación fonética se trasladó al castellano.

 

En los tiempos actuales, el escritor e historiador Carlos Robles Rázuri, ha sido un inquieto investigados de la antigua lengua tallán.

 

Sólo unos cuantos toponímicos parecen ser los rastros del antiguo Sec, como Casaraná, Pelingará, Huangalá, Narihualá, Cocongorá, Mocará, Chapairá, Tacalá, Virrilá, Tangarará, Puyuntalá, Simbilá, Huaypirá.

 

¿Cuánto tardó el pueblo Tallán para crear su lengua propia?.

 

Eso no es cuestión de unos cuantos años. Crear una lengua es un proceso de siglos y si logra hacerlo resistiendo influencias extrañas, habrán que admitir entonces que ese pueblo ha sido de una cultura propia.

 

Es decir, que el desierto marcó para el pueblo tallán una frontera en todo orden de cosas. Al ser incorporados primero por el Gran Chimú y más tarde por los Incas a sus respectivos imperios no logrados sin embrago asimilar a ese pueblo tan amante de su independencia. Fue necesario sólo que llegaran los españoles, para que el nuevo idioma se impusiera dentro de ese proceso general de transculturación.       

 

Alfredo Torero, en “Deslindes Lingüísticos en la Costa Norte Peruana”, se refiere también al Sec y da muy interesantes datos.

 

Expresa que bajo el genérico nombre de SEC se ha tratado de involucrar a todas las lenguas de la costa piurana, pero que habría que notar tres diferencias idiomáticas muy marcadas entre los lenguajes de los indígenas de Colán-Paita, Catacaos y Sechura. Entre los dos primeros  habían notables afinidades, pero muchas diferencias en canto al último.

El dialecto Sec que se hablaba en Colán, era el que usaban también los indios de Paita, Pa­riñas y demás pueblos del vallo del Chira.

 

El dialecto Sec que se hablaba en Catacaos, era también el que se hablaba en la región del Alto Piura, aunque con ciertas variaciones por  haber sido zona Vicús.

 

En cuanto al dialecto Sec de Sechura, se hablaba con alguna inflexiones y eso se debe a que los olmanos eran originarios de Sechura. Muchos siglos antes, grupos de sechuranos habían cruzado el desierto y se ubicaron en O1mos donde se dedicaron a la agricultura y al arrieraje.

 

Dice Torero que estudios hechos con el Sec, han permitido establecer las diferencias entre los diferentes grupos lingüísticos, y también con el Mochica y el quechua. Damos a con­tinuación un resumen:

 

-          Colán con Quechua, de 35 voces, es común sólo 1, lo que da 2.86 % de afinidad.

-          Colán con Mochica, de 33 voces, es común sólo 1, lo que da 3.03 % de afinidad.

-          Colán con Sechura, de 34 voces, es común sólo 10, lo que da 29.41 % de afinidad.

-          Colán con Catacaos, de 30 voces, es común sólo 26, lo que da 86.67 % de afinidad.

 

-          Catacaos con Quechua, de 32 voces, no hay ninguna común, no hay afinidad.

-          Catacaos con Mochica, de 32 voces, son comunes 1, lo que da 3.13 % de afinidad.

-          Catacaos con Sechura, de 31 voces, son comunes 10, lo que da 32.26 % de afinidad.

 

-          Sechura con Quechua, de 36 voces, no hay ninguna común.

-          Sechura con Mochica, de 36 voces, no hay ninguna común.

 

 

Esto muestra que el dialecto de Sechura, tiene bastantes diferencias con el de Catacaos  no obstante su cercanía; y un poco más de diferenciación con el Sec de Colán. Pero esto no se debe a una influencia  lingüística con el Muchic, pues ni con esa lengua ni con el quechua tiene afinidad alguna. Es pues una especie de isla idiomática.

 

El quechua, nunca se enraizó entre los tallanes. Doscientos años después de la Conquista casi nadie lo hablaba en la costa de la región Piura-Tumbes, mientras que todavía subsistía en Huancabamba. Los últimos censos nacionales muestran que los únicos departamentos en los que nadie usaba el quechua como lengua habitual, eran Piura y Tumbes.

 

Voces Tallanes.

 

El escritor cataquense Jacobo Cruz Villegas, ha reproducido un buen número de voces tal1anes que había conservado el Dr. Manuel Yarlequé Espinosa en el siglo pasado. Se refiere a toponímicos y patronímicos que a un subsisten pero castellanizados. Se da también su significado.

 

Voces referentes a pueblos:

 

Catac ccaos (Catacaos).- Llano grande y exuberante.

Ñari Hualác (Narigualá).- Ojo grande que avisora lejanía.-Fundador

2da dinastía.

Hualac o Walac   Dios tallán del valle del Piura.

Tangar-Arac (Tangarará).- Pantano Fluvial con peces.

Mocca-Arac .- Arquero certero, infalible.

Shimbi-Alac (Simbilá).- Curaca de trenzas largas.

Viccacac-Arac (Vicacará).-Casona con penas diabólicas.

Tampu Leroc (Tambolero blanco).- Tambo para viajeros dinásticos. Tampu Ccomer (Alto de Chiclayito).- Tambo verde.

Peña Alac (Peñalá).- Joven curaca rebelde.

Muño Alac (Muñuela).- Curaca experto en arco y flecha.

Puyuntu Alac (Puyuntalá).- Curaca partero.

Tingu (Tingo).- Alfarero.

Shima Achec ( Simache).- Orfebre.

Marcac Huilca (Marcavelica).- Bohemio, cantor.

Cusuc Cusuc ( Cusucuso).- Araña de muerte.

Macca Arac (Macará).- Curaca, hija de curaca.

Tum Pish (Tumbes).- Suelo plateado, rey de la cólera.

 

Todas  estas voces corresponden a la segunda dinastía.

Hay que hacer notar que algunas significaciones no corresponden a la realidad geográfica o a la realidad histórica. Así tenemos que los tallanes no usaban arcos, ni flechas. Ningún cronista se refiere a eso, ni en los ceramios se representan. En cambio los indios de la isla Puná si eran buenos arqueros. Los tumbesinos le dan otra etimología a la pala­bra Tumbes o Tumpiz e incluso hay una leyenda de personajes mitológicos con ese nombre. La voz Macará, también denomina una población fronteriza de Ecuador.

 

Son voces propias de la 1ra dinastía:

 

Poechío (Poechos).- Jefe de guerreros.

Chapac Yurac (Chapairá).- Espía blanco.

Chalac Alac  (Chalacalá).- Camisa corta.

Pucusuc Alac (Pucusulá).- Poncho corto.

Huangash Alac (Huangalá).- Bajada al río.

Pelingu Arac (Pelingará).-  Piedras que lloran.

Congosh Arac (Congorá).- Valle seco.

Yapater Arac (Yapatera).- Nube negra.

Paqcha  (Paccha).- Lluvia a chorros (quechua).

Amoctaje o Moctaje (Amotape).- Consejero anciano.

Coscomba (Coscomba).- Camino real.

Cuccung Arac (Cucungará).- Sembradores de camote.

Chatu (Chato).- Nariz corta, colina mocha.

Shas (Chaz).- Claridad nocturna, tumba de nobles.

Shinchao (Sinchao).- Soldado (quechua).

Cashano (Casano).- Tronco viejo.

Casharác Anac (Casaraná).- Colca de maíz.

Cumbir Arac (Cumbivira).- Casa quemada.

Yupic Atac (Yupita).- Redondo (hombre).

Tacac Arac (Tacalá).- Represa.

Beccac Arac (Becará).- Gordo simplón.

Chacquir Arac (Chaquira).- Collar de colores.

Letir Arac (Letira).- Racimo de frutas sabrosas.

Vic Cush (Vicús).- Salvador o colina do salvación.

Llic Qur (Llicuar).- Pintor.

Lengash .- Río  (río Piura)

Parics Añac (Pariñas).- Caverna, escondite.

Mincha Alec (Minchales).- Goma negra.

 

Voces tallanes que corresponden a personas y o parcialidades, son en cuanto a la primera dinastía que mitológicamente se atribuye fue fundada por Mec-Non, son las siguientes:

 

Mec-Non (Menón).- Pájaro errante, gritón.

Yarlec Aquec (Yarlequé).- Burlón, guapo (Parcialidad Menón).

Shusllón (Sullón).- Árbol frondoso (Parcialidad Menón).

Tinmac Anac (Timaná).- Botija (Parcia1idad Menón).

Adanac Aquec (Adanaqué).- Codicioso y débil  (Parc. Menón).

Tacllán (Tallán).- Diestro en el manejo de la taclla.

Mecchatu (Mechato).- Bailón y comelón (Parc. Mechato).

Cheroc Aquec (Chiroque).- Cantor ( Parc. Mechato).

Sirlu Apuc (Sirlupú).- (Parc. Mechato).

Yesquen (Yesquén).- ( Parc. Mechato).

Yamunc Aquec (Yamunaqué).- Mandón, grosero ( Parc.Menón).

Pash Achec (Pasache).- Sobrio, calculador (Parc. Mecache).

Cheroc (Chero).- Sediento ( Parc. Narihualá).

Laluc Apuc (Lalupú).- Obstentoso, trabajador (Parc. Narihualá).

Pulac Achec (Pulache).- Mañoso, precavido (Parc. Narihualá).

Sococ- Alac (Socola).- Esposa leal (Parc. Narihualá).

Mecca-Amo (Mecamo).- Irrigación.

Ancaj-Jimac (Ancajima).- Gavilán negro (Parc. Mécamo).

Ipanc-Aquec (Ipanaqué).-  (Parc. Mécamo).

Icanc -Aquec (Icanaqué).- Mensajero veloz (Parc. Marcavel).

Maccac- Apuc (Marcalupú).- Intrépido ( Parc. Mecache).

Nac Aquichec (Naquiche).- Arriero, caminate (Parc. Marcavel).

Payco (Paico).- (Parc. Marcavel).

 

En las voces que se expresan, se ha considerado como de origen tallán, la propia expresión “Tallán” pero resulta que en realidad es voz quechua que significa hombre echado de vientre, lo cual

después de todo era la forma corno los tallanes trabajaban su alfarería. Tampoco puede ser la definición de la voz tallán: diestros en manejo de taclla, por cuanto la taclla era un arado que los incas utilizaban en todo el imperio y también taclla es voz quechua.

 

Son voces correspondientes a la segunda dinastía:

 

Colpac hual (Colpagua).- Rey del desierto.

Cul Upuc (Colupú).- Guardián.

Changanc Aquec (Changanaqué).- Adulón ( Muññu-A1ac).

Rummi Achec (Rumiche), Cargador de litera (de Muññu-Alac o Muñuela).

Meccac Achec (Mecache).- Santulón.

Namuc Achec (Namuche).- Poeta (Parc. Mecache).

Chanduc Uvic (Chanduví).- Charlatan (Parc. Mecache).

Lupuc Achec (Lupuche).- Consejero (Parc. Mecache).

Puycon (Poicón).- (De los Naylamps pasó a los Amojtape).

Mec Len (Melén).- Agua mansa.

Lacchir Arac (Lachira).- Gran nadador.

 

El Sec, la antigua lengua de los tallanes, tenia variantes en el departamento de Piura según las localidades. Muchas voces eran de igual pronunciación fonética, pero otros se daban completamente diferentes. Sin embargo no se pueden hablar de dialectos dentro de la lengua tallán. Lo que indudablemente era común, y que aún persiste y hace inconfundible a los piuranos de ahora, esa dulce entonación con que se habla, ese especie de canto o dejo, que motiva en otros lugares tantas bromas, pero que también constituye una especie de sello de la piuranidad.

 

En Colán, Sechura y Catacaos, se producían esas variantes en el Sec y el Obispo de Trujillo , Martínez de Compañón, cuando hizo en el siglo XVIII una visita al departamento de Piura, tomó interesantes apuntes, los mis­mos que se reproducen en “Historia de Sullana” de Miguel Seminario, el que a su vez las obtuvo del Doctor Miguel Maticorena Estrada, historiador e investigador piurano.

 

Castellano             Sechura                 Colán                     Catacaos.

Hombre.                         Succla.                   Yatadlam.              Ascat.

Mujer.                    Cuctum                  Pim                         Pichim.

Corazón                 Chimsupunma      Ñessinim               Ñieseñichim.

Carne                     Colt                        Carne                     Ccol.

Hueso.                   Ruño                      Oladla-piram         Lalapechen.

Padre.                    Jaáchi.                   Mam.                     Pateri.

Madre                    Ñiña                       Nun                        Nichim.

Hijo.                       Ñosni                     Hicum                    Icuchim.

Hija                        Ñosni                     Hicu                       Icuchim Capuc

Hermano.              Sicanni                  Puam                      Puachim.

Hermana.               Bapueni                 Purum                    Pu uchim.

Comer                    Unue                      Agua                     Aguachim.

Beber                     Tutuc                     Gum                       Conecuc.

Reir                        Basur                     Chanor                  Chanac.

Llorar                     Nic                         Nar                         Ñaracnaquitutin

Morir                     Lactuc                   Dlacati                   Locatu.

Gozo                      Otmuc                    Chagasin               Gozo.

Dolor                     Punuc                    Masic                    Masic.

Muerte                  Lactuono              Dlacati                   Inataclacatu

Cielo                      Chuchucyor         Cutucnap              Cielo.

Sol                          Yoro                       Turinap                 Nap

Luna                      Ñangru                  Nag                        Nam.

Estrellas                Chup Chup           Chupu chup

Fuego                    Norot                     Huyur                    Guanararac

Viento                    Fic                          Culat nap              Vic

Pájaro                    Yaibab                   Yaiau                     Yeya

Tierra                     Loct                       Dlurum                  Durum.

Árbol                     Nusucha                                                              Chiguasam

Tronco                  Fucú                      Tucuram                Tuccicas.

Rama                      Rama                      Yabitiram               Yabique.

Flor                                                                                       Alhuaca.

Yerba                     Unntocol               Aguacol                                Taguacol.

Agua                     Tutu                       Yup                        Yup

Mar                        Rora                       Amum                    Amaum.

Río                         Tutuf                     Yup                        Yuru-yup

Olas                       Caph                      Llamas                  

Lluvia                    Purir                       Nug                        Guayaquinum

Pez                         Yum                       Llas                        Llac.

Como cualquiera puede apreciar, ni uno solo de los vocab1os que acabamos de mencionar ha perdurado en los tres pueblos tallanes

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LA ALIMENTACIÓN.

 

Los antiguos piuranos, no siempre tuvieron los mismos hábitos alimenticios. El desarrollo los fue cambiando.

 

Los primeros pobladores que no radicaron en forma fija en un lugar, fueron pescadores en la costa y cazadores, más el interior. En ambos casos también fueron recolectores.  

En la actividad pesquera parece que tuvieron desde el principio avanzados conocimientos; lo que se prueban con restos  de antiquísimas redes que se han encontrado en Sechura y en el Bajo Chira. 

 

También los restos de conchales en Tumbes y en la costa de Piura, prueban que las ostras fueron uno de sus alimentos preferidos.

 

En el interior se lograban alimentos mediante la caza del venado y del sajino, y se aprovechaban vegetales, como frutas y otros, por el simple sistema de recolección.

 

Los primitivos piuranos llegaron a conocer el fuego desde el principio. Los alimentos eran asados. Pero el pescado se comía crudo o semi-crudo

 

En la etapa pre-agrícola, sus primeros alimentos logrados por su esfuerzo fueron los pallares y las calabazas.

 

Con el tiempo y el avance de la agricultura, la alimentación de los tallanes fue diversificándose.

 

El comer pescado semi-crudo perduró con el tiempo y don Antonio de Ulloa en 1772 hacía resaltar que en la costa de los yungas se comía el pescado crudo. En realidad eso no debe mayormente llamarnos la atención, por que el cebiche que en la actualidad es un palto preferido por los peruanos de la costa, es también pescado semi-crudo.

 

El arqueólogo e historiador alemán Horkheimer y Engel, estudiaron el régimen alimenticio de los yungas, desde 5.000 años antes de Cristo.

 

Según Engel, por el año 5.000 el alimento de los habitantes de la costa – comprendidos en ellos a los piuranos – fueron el pescado, los mariscos, el lobo de mar, el pallar y la calabaza. Eso era en la época Pre-cerámica, de la agricultura incipiente, de pueblos también cazadores y nómades.  

 

Por más de dos mil años no hubo casi momificación en los hábitos alimenticios de nuestros antepasados, pero a los alimentos anteriores agregaron el maíz y el zapallo. Si bien en hábitos alimenticios el progreso fue lentísimo para los hombres que vivían cerca del mar, eso no significa que en términos de cultura no hubieran avanzado pues se iniciaron en las técnicas del tejido, de la metalurgia, y en lo que se puede denominar la pre-alfarería. 

 

Por el año 1.000 A.C hace su aparición, un alimento que iba a tener gran importancia en la vida de los pueblos, no sólo de la costa sino también de la sierra. Nos referimos al maíz.

 

Quinientos años más tarde, ya la comida de los primitivos piuranos era bastante variada, pues se había incorporado la yuca y el camote. También algunas aves.

 

Posteriormente, es decir durante el desarrollo cultural y dominio o influencia, Mochica, Chimú o Inca, se agregaron la carne de llama y el cuy como alimento, así como muchas leguminosas. 

 

Los tallanes y los yungas en general, industrializaron el pescado, para lo cual lo salaban, o ahumaban y lo secaban al sol. De esa forma podían comercializarlo con los pueblos del interior. Para tal fin se aprovecharon salinas existentes cerca de Paita  que Juan Salinas de Loyola, en la Relación que hizo de Piura para el Rey de España, ponderó mucho.

 

Cieza de León, en “La Crónica del Perú” al hacer el relato de su viaje por Piura, decían que los indios cosechaban el fríjol y el maíz en grandes cantidades. El cronista se refería también a batatas dulces, a pan fabricado con harina de maíz, a la cría de muchos patos y a la industria de secar las frutas. 

 

Como es lógico suponer, la bebida del pueblo tallán fue la chica de maíz, que se consumía en gran cantidad. Este hecho, lo menciona el Cronista manifestando que siempre estaban con un vaso en la mano. Pizarro fue convidado con Chicha por la Capullana la hermosa Susi, y también por los caciques de Tumbes y de Poechos.

 

Los yungas adoptaban para comer una posición muy incomoda pero a la que se habían acostumbrado. Se sentaban en el suelo, con las piernas dobladas, y juntas y las rodillas a la altura de la barbilla. Esta costumbre subsiste entre los campesinos mexicanos.

 

Algunos utilizaban un banquillo, toscamente fabricado de madera, de patas cortas. Usaban, como aún se ve en lo hogares campesinos, batanes de madera, en donde reducían a polvo el maíz que utilizaban para hacer pan. Las ollas eran de barro cosido sin mayores adornos o motivos ornamentales. El maíz para consumo era tostado en callanas de barro agujeradas. Los platos eran también de barro cocido o de poto. Algunas de madera. 

 

Las comidas eran muy picantes, pues hacían mucho uso del ají.

 

Los caciques eran muy dados a las fiestas y a comer con muchas personas, consumían grandes cantidades de chicha.

 

Los tallanes eran gente muy hospitalaria y a todo extranjero agasajaban e invitaban a comer. Sólo la conducta abusiva de los españoles les hizo cambiar.

 

 

Ganados y Animales Domésticos.

 

El cronista Cieza de León, refiriéndose a Piura, manifiesta: “solía haber gran cantidad de ganado que llaman ovejas del Perú, en este tiempo hay muy pocas, por la priesa (sic), que los españoles les han dado”.

 

Se refiere al Cronista a las llamas. Estos aninales no obstante que prefieren los climas fríos y de altura, se aclimataron en la costa, cuando fueron traídos por los incas conquistadores.

 

Cuando los españoles desembarcaron en Tumbes, observaron rebaños enteros de llamas que llegaban cargadas con mercancía.

Los españoles les dieron muy mal trato, cargándolas con pesos excesivos y haciéndolas sacrificar para aprovechar su carne y su lana.

 

El mismismo cronista, dice que en las casan de los indios tallanes “se ven muchos perros diferentes de la casta de España, del tamaño de gozques, a quienes llaman chonos. Crían también muchos patos”.

 

Los gozques eran perro pequeños de los labriegos españoles. Parecen que la cría de patos estaba muy extendida en el suelo tallán y se le tenían en gran aprecio. Cuando Pizarro recibió a una embajada de personajes que en San Miguel lo saludaron en nombre, del Inca, como parte de los regalos que le hicieron le obsequiaron dos patos secos. Habían perros sin pelambre de los llamados viringos.

 

El cronista Oviedo, dice que desde Tumbes hacia abajo hay bastante ganado auquénido, muchas clases de patos y que la cacería la hacen con aves salvajes, venados, zorras y gatos de monte. También cazaban cóndores que desde los Andes bajaban a la costa para atacar a los lobos marinos.

 

Cieza afirma que en la sierra, desde la región de los Cañaris, no sólo habían llamas, sino también guanacos y vicuñas.

El mismo cronista menciona la existencia de puercos pecarís cuya carne ponderaba. Se refería sin duda alguna a los sajinos.

 

Habían unas especies de pavas domésticas, de las que una era un poco más grande que un pato y la llamaban zuta y otra parecida a los gallos y la llamaban maca. Posiblemente era la aliblanca especie casi extinguida que existe aún en la Reserva de Amotape.

 

En los campos vivían muchas perdices y tórtolas. Habían ratones pero no ratas.

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VESTIDOS

 

Los Cronistas españoles nos han dejado muchas referencias con relación al vestido de los tallanes, cuando recién llegaron los conquistadores.

 

Cieza de León, al referirse a los tallanes, dice: “Andaban vestidos con sus mantas y camisetas y traían en la cabeza puestos sus ornamentos, que era cierta manera redonda, que se ponían hecha de lana, y alguna de oro y plata o de unas cuentas muy menudas que ya tengo dicho llamares chaquiras”.  Luego dice: “Las ropas para su vestir son hechas de algodón que cogen por el valle lo que para ello han menester”.

 

Al referirse a la sierra piurana, dice el Cronista que antes de ser conquistados por los incas andaban desnudos, pero que al momento del arribo de los españoles, “usaba ropa de lana de sus ganados, que es fina y muy buena para ello”. Luego vuelve a recalcar que “Sus ropas son de lana de estas ovejas (las llamas) y de vicuñas, que es mejor y más fina y de algunos guanacos que andan por los altos y despoblados y los que no pueden tenerlas de lana, las hacen de algodón”.

 

Oviedo dice de los yungas que iban vestidos con camisetas sin mangas y hasta medio muslo y las mujeres con camisas largas hasta el pie, muy anchas y sin mangas y a manera de alba se las ciñen y andan. Ellos y ellas llevan los cabellos cortados, excepto las personas principales y sus mujeres que los llevan largos.

 

Pedro Pizarro al hacer el relato de la Conquista dice que los tallanes traen unas túnicas y mantas de algodón labradas de algunas labores con lana y llevan unos rebozos alrededor de la cabeza que les da vuelta debajo de la barba con unos ropacejos y las mujeres visten unos capuces que les llegan hasta los tobillos y ellas tienen horadados los labios y metidas en los agujeros unas puntas  de oro y plata redondas  que se las quitan y ponen cuando quieren”.

 

Fray Reginaldo de Lazárraga, asegura que las Capullanas debían su nombre al vestido que usaban, que era una especie de capuz, con que se cubren de la garganta hasta los pies, ciñéndose la cintura con bandas.

 

Zárate, relata que los tumbesinos vestían túnicas y pequeños paños. Hombres y mujeres lucían muchas joyas de oro. Las mujeres visten hábitos de algodón hasta los pies, a manera de lobas y los hombres traen pañetes y unas túnicas hasta las rodillas y encima unas mantas. Todos visten igual  y la diferencia está en el tocado de las gentes de cada pueblo, siendo lo común rodear la cabeza de cordones de lana de distintos colores. 

 

Gutiérrez de Santa Clara, hace un relato completamente diferente y extraño, que parece no concordar con la realidad. Dice que los yungas son groseros y sucios, andan desnudos, en cueros y apenas usan de algunas manta muy delgada para cubrirse. Manifiesta que también las mujeres andan desnudas y cuando más con unas pampanillas de lienzo delgado cuando son casadas, pues las solteras a las que llaman “chinas” no se ponen nada, traen los cabellos sueltos por la espalda, poniéndose un poco de bermellón en la cara que se la pintan de mil modos.

 

El mismo cronista, contradiciendo lo que dicen otros, asegura que los hombres usan cabellos largos al igual que las mujeres, y los trenzan  y atan a la cabeza con cintas de diversos colores. Para depilarse usan unas tenazuelas.

 

Gutiérrez de Santa Clara, tiene muy mala opinión de las “chinas” costeñas. Dice que si se lavasen podrían ofrecer un atractivo rostro. Es decir que en el criterio occidental se afeaban con los afeites y coloretes que usaban.

 

Gonzáles Fernández de Oviedo, en su obra “Historia General y Natural de las Indias”, cuenta lo que sigue: “En el río que llaman de la Pira (se refiere incuestionable a La Chira), que es a treinta leguas o llaméense tal1anes. Andan arrebozados los  hombres con unas tocas de muchas vueltas, e así traen las cabezas muy grandes con aquellos rebozos, e a los cabos sus ropacejos colgados que parecen barbas. Unos dicen que lo hacen por que diz que tienen en el colodrillo o cogote un rabo tan grueso e luego como el dedo mayor de la mano”.

 

Antonio Vásquez de Espinosa, en Compendio y Descripción de las Indias Occidentales, escribía: “El traje de los indios de loo llanos es ya todo españolado, y las indias se visten un saco grande de algodón negro, y las grandes o cacicas, les arrastra una vara de cola como canónigos de Sevilla o Toledo, y cuento más grande, más cola, por que tienen puesta en aquello su autoridad”.

 

Como adornos, usaban collares de chaquiras y brazales. Aretes y unos discos metálicos que les agrandaban las orejas al igual que los orejones cuzqueños. También usaban – al  menos la gente principal – narigueras, pues se han encontrado varias que tienen la forma de media luna, siendo unas de cobres y otras de oro. Los ves­tidos los adornaban con lentejuelas de cobre o con bordados de lana.

 

Los rebozos con que se cubrían la cabeza que todos los cronistas mencionan, también son representadas en los ceramios tanto de Vicús como los hallados en otros lugares del departamento. Eran verdaderas turbantes, y a los  españoles les llamó mucho la atención ver eso cuando desembarcaron en Tumbes, trayéndoles al recuerdo, esa  prenda que usaban los moros, que eran también de color un tanto oscuro co­mo los tumbesinos.

 

Como se puede comprobar, el llamar “chinas” a las indígenas sobre todo a las jóvenes, no es algo reciente, ni tampoco a causa de lo rasgado que pueden tener sus ojos, dándoles un aire un poco oriental, sino que fueron los propios indios los que la denominaron así, tal como lo cuenta Gutiérrez de Santa Clara.

 

La expresión “china” es castellanizada, y otra tiene que haber sido la expresión tallán.

Posiblemente se trate de dos voces shi-na. En el lenguaje la raíz shi aparece con mucha frecuencia. Shi se denomina por ejemplo a la Luna y la expresión Chimú es un corrupción de shi-mú. No nos podemos aventurar a buscarle un significado a shi-na, pero indudablemente, que la expresión actual de “china”, no es impuesta por los españoles.

 

Las chaquiras y los Spondylus.

 

En excavaciones que se han hecho en diversos lugares del Perú, pero sobre todo en el territorio tallán, se han encontrado primorosos collares confeccionados con pequeñas cuentas de color rojo, coral, rosado y blanco, al que llaman chaquiras.

 

La confección de collares y pulseras de chaquiras fue una de las principales actividades de los tallanes. Como materia prima utilizaban una caracola llamada Spondylus o Mullu de las que habían varias variedades. Se trata de una concha grande que vivía en las profundidades de las aguas cálidas de la costa norte a partir del litoral ecuatoriano, generalmente pegada a las rocas. También en Punta Pariñas en la actual provincia de Talara había un banco. Expertos buceadores, las arrancaban de las rocas y los cambios bruscos de presión, actuaba negativamente sobre su salud, pero los tallanes los consideraban personajes meritorios.

 

La Spondylus Princeps que existía en Ecuador era de color rojo coral y las llamaban conchas rojas. Se encontraban pegadas a las rocas a 10 ó 15 metros de profundidad. La concha Spondylus Calcifer, se encontraba en Pariñas entre 5 y 10 metros de profundidad. La Spondylus Pictorum era de las más usadas. Los tallanes, para lograr las caracolas se remontaban hasta las costas colombianas, y luego comercializaban con las chaquiras.

 

Los Spondylus triturados era conocido como Mullu. Esta labor eran realizadas por las mujeres tallanes en batanes y con grandes piedras de moler, como las que se usaban en los hogares piuranos hasta mediados del mil novecientos. Tanto el Mullu como las chaquiras eran también utilizadas en ceremonias del culto.

 

El cronista Sarmiento de Gamboa, decía: “Las conchas coloradas que estos naturales estimaban entonces más que la plata y el oro”. Las conchas tenían unas protuberancias o espinas que era las que utilizaban para hacer las chaquiras. Los Chimús y los Incas utilizaron las conchas Spondylus, para hacer incrustaciones en sus joyas. El hecho de haber sido utilizadas como adorno y para ritos religiosos y funerarios en todo el Imperio, da una medida del intenso comercio marítimo desarrollado por los tallanes que fueron los que trajeron esas conchas, desde tiempos inmemoriales. Fue en esas primeras épocas, cuando posiblemente los tallanes hacían sacrificios humanos, que se usaron estas caracolas.

 

Una variedad de estas caracolas fue el Strombus Galeatus que se traía de Colombia y se usaban en todo el Imperio de los Incas como trompeta de guerra para dar avisos. Era el pututu, que usaron también los tallanes pero que los Incas más tarde se lo prohibieron. Los Incas y también los sacerdotes del Cuzco, comían la carne de los Spondylus, sobre todo en las grandes fiestas o en ceremonias del culto. Por el sistema de chaquis, y guardados en depósitos especiales, las caracolas llegan vivas al Cuzco.

 

Al Mullu lo usaban para espolvorear la ruta que iba a seguir el Sumo Sacerdote para ir al altar o para cubrir el recorrido del Inca para llegar al sitio de honor. A los Spondylus en su forma natural, o molidos bajo la forma de Mullu, se les suponían poderes sobrenaturales, capaces de producir lluvia, evitar sequías, curar enfermedades y hasta ser útiles después de muerto, porque en muchas tumbas han sido encontrados. Entre el pueblo, se usaban trozos de Mullu como amuletos. En el Imperio se conocía a estas conchas como Hijas del Mar.

 

Sobre los intercambios de mercaderías que se hacia entre los tallanes y los pescadores del litoral ecuatoriano, el cronista Fernández de Oviedo, dice: “Por el Spondylus dan todo el oro, la plata y la ropa que traen de rescate como objeto importante de comercio”. Los poseedores de Spondylus, chaquiras y Mullu, eran considerados como ricos.

 

De tanto ser utilizados para facilitar el trueque llegaron a convertirse en una especie de moneda, y por lo tanto su tenencia daba poder económico.

 

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PENAS Y CASTIGOS.

 

Los tallanes sin duda alguna aplicaban sanciones, por los delitos de homicidio, adulterio, robo, holgazanería, sacrilegio y desacato a la autoridad de los caciques.

 

Fue durante el dominio de los Incas, cuando se dictaron una serie de ordenes y leyes, cuya violación daba motivo a castigos muy rigurosos.

 

Oviedo, narra que en la costa de Guayaquil habitada por los Huancavilcas y en Tumbes, habían gran cantidad de indios e indias, sin los tres dientes incisivos tanto de la mandíbula inferior como superior, lo cual era un castigo del Inca Huayna Capac, por haberse sublevado. El cronista Zárate dice lo mismo, expresando que: “frente a la isla Puná habían unos pueblos que por cierto enojo que hicieron al Señor del Perú, les dio por pena que se sacasen los dientes de la mejilla alta, y así hasta el día de hoy, hombres y mujeres andan desdentados”.

 

En cambio Cieza de León, asegura que era una especie de ofrenda a los dioses el sacarse esos diente y que los padres se los estrían hasta a los niños.

 

Los incas introdujeron en la región tallán una justicia muy expeditiva y rígida. Los curacas que hacían de gobernadores o sea representantes del Inca, eran los encargados de administrar justicia. El reo concurría ante el curaca, los mismo que los testigos y a viva voz se hacían los cargos y descargos. En un mismo acto se juzgaba y sentenciaban, cumpliéndose la sentencia en forma inmediata.

 

Aun cuando había centros de detención, se usaban sólo antes de la condena, pues no existía la cancelación como sanción. Los delitos y faltas se castigaban con azotes y con la muerte. Esta se aplicaba de diferente manera según la magnitud del delito.

 

Se aplicaba la pena de muerte al homicida, ya sea que lo hubiera hecho por robar, a traición o mediante hechizos. Particularmente en el último caso, habían más rigor y hasta se extendía la sanción a la familia, para borrar toda posibilidad de que algún familiar que supiera hechicería pudiera practicarla. El hombre que mataba a su mujer adultera, no era penado. Sólo se desterraba al que mataba a otro que había causado la riña. 

 

El que violaba a una escogida, también se le condenaba a muerte y si la Virgen era cómplice, corría igual suerte. El sacrílego capitán de Atahualpa que en Caxas, sacó a las vírgenes del Accllahuasi, para obsequiar las que deseara Hernando de Soto, hubiera sin duda alguna sometido a muerte afrontose, si Huáscar hubiese sido el vencedor.  

 

Los reincidentes en delitos de estupro, de corrupción de menores, de alterar los linderos de las tierras,. En desobedecer los mandatos de los curacas, en mentir y ser perjuros, también eran condenados a muerte. Lo mismo le pasaba al mitimaes que se fugaba por tres veces del lugar a donde habían sido confinados.

Con golpes de piedra en las espaldas o azotes eran condenados los que por primera y segunda vez cometían delito que a tercera reincidencia merecían la pena de muerte.

 

Cuando era un curaca el homicida y la victima un simple súbdito, la pena sólo era golpes de piedra.

 

El adulterio entre el pueblo se castigaba con azotes, pero cuando se practicaba entre un hombre del pueblo con la mujer de un principal, la pena era de muerte. 

 

Cuando se estupaba a la hija de un curaca o de un noble, la pena era de muerte, pero si la victima era de la clase popular, el delincuente sólo sufría pena de azotes.

 

Durante el Imperio de los Incas, en la tierra de los tallanes no habían siestas, pues al que sorprendían durmiendo de día lo azotaban.  

 

El hombre deshonesto con mujeres soltera eran severísimamente castigado y si reincidía, se le condenaba a muerte.

 

Se castigaba severamente la Sodomía, vicio que no existía prácticamente en la tierra de los tallanes, ni en la sierra de Piura. Cieza de León dice que en Huancabamba se tenía por sucio y apocado a quien lo practicaba. Sin embargo, en la costa ecuatoriana, los Huancavilcas, practicaban la sodomía hasta públicamente, mala costumbre que los Incas no pudieron desarraigar a pesar de los castigos que impusieron, pues sobrevivió a los años primeros de la Conquista.  

 

ARRIBA

 

LA PESCA.

 

Los antiguos peruanos, sobre todo los que vivieron cerca al mar, tuvieron en las conchas, mariscos y peces su principal alimentación.

 

Eso los convirtió en pueblos de pescadores, desde los tiempos remotos, aun antes de conocer la agricultura.

 

Con el correr de los tiempos y aun cuando fue progresando en cultura y diversificando si alimentación, el antiguo poblador de Piura, nunca dejó el mar y más bien se convirtió en un dominador de todos sus secretos.

 

Illescas fue un pueblo de pescadores en su asentamiento, cuando aún no conocían la cerámica. León Kostritsky en su obra “Hallazgos Arqueológicos que demuestran la existencia de un antiguo pueblo pescador” editada en Lima en 1955, habla de una extensa y sorprendente ciudad arqueológica, situada en la parte occidental de la península de Illescas. En este lugar se han encontrado restos de redes y tejidos, pero no de arcilla. Las redes son de dos clases; unas que tienen la malla asegurada por nudos fijos y otras con enlaces corredizos. Las redes estaban teñidas de diversos colores, siendo asombrosos que ni el agua del mar, ni el tiempo, los haya desvanecido.    

 

Federico Engel, en “Algunos datos con referencia a los sitios Pre-Cerámicos de la Costa Peruana”, (editado en Lima en 1558), asegura haber descubierto en Talara en pleno tablazo, en donde muchos milenios pasados existiera una extensa laguna frente a Negritos, extensos bancos de conchas que sirvieron de alimento a primitivos pobladores, entre los cuales habían redes de pescar y algo que parecía pesas para redes. Este hallazgo al cual ha hecho frecuente referencia el arqueólogo alemán Horkheimer, corresponden a una época muy antigua, cuando un hombre piurano, no conocía la cerámica, y ni siguiera utilizaba el algodón – que crecía al natural – para hacer sus vestidos, pero sí para hacer sus redes. Se duda que hubiera fabricado en esos tiempos algunas baleas, para utiliza las redes, pero de lo que sí puede asegurarse es que utilizaban a la calabaza como flotadores para suspender un extremo de la red, mientras con pesas sumergían el otro extremo. De ese modo atrapaban peces de superficie. Hallazgos similares se han logrado en la bocana del río Chira.          

 

Con el correr del tiempo, aparece el anzuelo de hueso o de madera dura, lo mismo que los arpones y las balsas. El aporte de nuevos inmigrantes llegados por mar al suelo piurano, no sólo contribuyó a crear un hombre nuevo con rasgos étnicos muy propios que fue el tallán, sino que también sumó sus conocimientos sobre la pesca y el arte de la navegación, a los que ya habían logrado los antiguos residentes.   

 

La importancia del mar entre la gente de la costa, comprendida Piura, en ella, se puede apreciar que en el hecho de que fue deidificado y se le llamó Ni.

 

Pero hay que advertir, que para la pesca, los tallanes utilizaron posteriormente balsas pequeñas, con las que penetraban sin embargo profundamente en el mar, dejando las grandes para la navegación.

 

En 1528 al finalizar Pizarro su segundo viaje, recorrió por primera vez la costa peruana hasta Santa, y por todas partes encontró que de los pueblos le salían a recibir gran número de balseros y lo mismo los encontraba en el mar, entregados a las labores de pesca. Pizarro no sólo bajó en la costa de Lambayeque para atender a la cordial invitación de la Capullana, sino que también lo hizo en la costa piurana a la altura de Cabo Blanco, para tomar posesión de la región en nombre del Rey y evitar que otro se le adelantase. Este hecho histórico que fue en Mayo de 1528, representa la primera vez que el Conquistador pone sus plantas en tierra piurana. El desembarco lo hizo en balsa ayudado por los indios paiteños, pero como no estaban acostumbrados a los bruscos movimientos de ese medio de transporte, por poco pierden el equilibrio, pero no pudo evitar el perder su espada. Algunos cronistas aseguran que la Capullana fue la de Pariñas.

 

Cuando en el Siglo XVII en plena Colonia el corsario inglés Dampier llegó a Payta, en 1683, pudo observar la pericia de los hombres del puerto en la navegación y por eso años más tarde al escribir sus memorias, diría: “los indios de Colán son todos pescadores. Pescan en el mar en embarcaciones hechas con troncos de árbol”.

 

Los tallanes no sólo pescaron para su propia alimentación, sino también para industrializar el pecado y para comerciar con él.

 

El pescado que no utilizaban, lo salaban, secaban y ahumaban. De esa forma podían enviarlo a la sierra del Ecuador y del resto del Perú. Es decir, que la pericia que ahora tiene para conservar el pescado, data de milenios.        

 

Luis Valcárcel, en “Historia del Perú Antiguo”, asegura que de acuerdo a la leyenda de Viracocha, éste al llegar al mar, enseñó a los pueblos de Paita, Tumbes, la Puná y Puerto Viejo, el uso de la red y las técnicas de la pesca. 

 

Pero el mar no sólo les dio alimento bajo la forma de peces y animales marinos como los lobos de mar, o de mariscos; sino que también los proveyó de abundantes perlas. Los indios conservaron como un gran secreto el lugar de los asientos perleros y con el tiempo al morir ellos, se fue perdiendo noticias de su ubicación. Habían muchas perlas en Panamá, Ecuador y la costa de Piura- Tumbes.

 

Inca Yupanqui, al llegar al territorio tallán pudo comprobar la gran abundancia de perlas que se extraían del litoral, pero prohibió su pesca por que los hombres tenían que zambullirse, con gran riesgo de su vida y enfrentar a peligrosos animales del océano que los atacaban, como los tiburones, las tintoreras y la mantas. Los españoles restablecieron la industria de la extracción de perlas y la explotación del nacar, pero en lugar de indios utilizaron a los negros que eran mejor nadadores y zambullidores que los blancos. Juan Salinas de Loyola, en las últimas décadas del siglo XVI se refiere a estos ricos bancos de perlas. Los cronistas Cobo y Acosta a su vez hacen conocer el peligro que enfrentaban los negros al sumergirse en el mar, en donde gigantescas mantas los comprimían contra las roca o contra el fondo. Muchas veces, se producían una gran tragedia debajo de las aguas, cuando el negro nadador hacía frente a las mantas cuchillo en mano y a veces resultaba ganador.         

 

Dice Juan Salinas de Loyola, “hánse hallado muchas señales de que las costas  -  de Cabo Blanco, Puná, Tumbes, Punta Aguja y Paita – de haber habido pesquerías de perlas, lo cual han tenido ocultando los naturales después que los españoles entraron en la tierra y no se han podido saber ciertamente y las muestran han sido en las huacas y enterramientos que se han descubierto, haber hallado mucha cantidad de perlas de muchos grandor y riqueza”.

 

La Navegación.

 

La navegación supone el uso y construcción de embarcaciones. Se inicia con la balsa, pero hay que suponer que ésta no aparece en forma brusca en el panorama histórico de la costa tallán.

 

Nos referimos a la costa tallán en particular y no a toda la región yunga, por que ha sido en Piura, Tumbe y Ecuador, en donde la navegación pre-incaica alcanzó el más alto grado de desarrollo.

 

En la etapa pre-cerámica, la relación del hombre con el mar, fue la de un simple recolector. Sin necesidad de penetrar en el mar, este le arrojaba a la playa conchas y mariscos, o peces de los llamados de peña. Lo que ha constituido un misterio es que esos restos de conchales muy antiguos se han encontrado también trozos de lobos marinos, que han servido de alimento a los hombres primitivos del departamento. 

 

El hombre fue primero pescador y más tarde navegante. También aprendió a nadar y a zambullirse. Tanto el río Guayas, como el Tumbes y el Chira, arrastran hacia el mar, numerosos trocos de árboles en los tiempos de grandes avenidas. Esos troncos son como inmensos flotadores y resultaron sin duda alguna una invitación para el hombre primitivo que los veía cruzar desde las playas o en las bocanas de los ríos. Se tuvo que acercar a ellos y luego trepar y avanzar a horcajadas, avanzando bajo el ímpetu de la corriente, comprobando que no se hundían bajo el peso. Es así como tienen que haberse iniciado en el arte de navegar, sobre un solo tronco. Lo que al principio fue un acto fruto de la casualidad, con el tiempo se convirtió en intencional y se libró a los árboles de las ramas que frenaban su avance, dejando sólo e tronco. También por acción casual tienen que haber observado cuando a veces se juntaban varios troncos y la conveniencia que así fuera, surgiendo la idea de amarrarlos, naciendo de esa manera la balsa de sólo dos troncos, sobre los cuales el tripulante podía ir precariamente sentado, y no cabalgando.

 

Pero, aun cuando lo predominante fue el uso de troncos, para hacer balsas, no se descarta, el empleo del junco para balsas destinadas a la pesca. Es decir, que no sólo los mochicas utilizaron ese medio de navegación, sino también los tallanes. Por eso el  cronista Oviedo dice: “Las balsas se usan desde el río Chira, hasta la parte austral y son de juncos”.

 

En la Relación de Sámano-Xerez, hay una amplia referencia sobre las balsas de troncos. Dice el cronista, refiriéndose al navío que las naves españolas encontraron un poco más debajo de la línea equinoccial, lo siguiente: “Este navío que digo que tomó, tenía parecer de cabida hasta treinta toneles, era hecho por el plan y quilla, de unas cañas tan gruesas como  postes (¿cañas de Guayaquil?) ligadas con sogas de uno de otro, que dicen henequén, que es como cañamo, y los altos de otras cañas más delgadas, ligadas con las dichas sogas, a do venían sus personas y mercaderías en enjuto por que lo bajo se bañaba; traían  sus mástiles y antenas de muy fina madera y velas de algodón del mismo talle, de manera que los nuevos navíos y una buena jarcia del dicho henequén, que digo que es como cañamo, y una potales por anclas a manera de muelas de barbero”.       

          

Gutiérrez de Santa Clara, el cronista que dice que los yungas eran sucios y andaban desnudos, al mencionar las balsas expresa: “Los indios de Payta, de Puerto Viejo de Tumbes y de la isla Apuna (sic), navegaban haciendo uso de unas balsas de madera liviana y seca y de cañas con unas velas latinas triangulares y timón en la popa; hacen uso de ellas para pescar entrando mar afuera más de cuatro leguas con las velas aprovechando el viento”. Agrega el cronista que era costumbre de los pescadores arrancar los ojos de los primeros peces y comérselos en la creencia que si no lo hacen, les faltará la pesca. La practicaban con redes largas, con arpones, con varas tostadas y después del medio día aprovechando el viento contrario a la marea, se vuelven a tierra con las velas tendidas. También cuenta la leyenda de que Viracocha enseñó a pescar a los hombres de la costa.   

  El relato anterior, muestra que los pueblos pescadores de  Piura, supieron aprovechar la fuerza del viento, de las mareas y de las corrientes marinas, no sólo para penetrar mar adentro, sino también para llegar a Panamá por el Norte y a Chan Chan por el Sur. Las grandes balsas y las velas recién se usaron en tiempo de los tallanes.

 

El corsario Guillermo Dampier que estuvo en Paita en 1683, al escribir sus Memorias años más tarde, deja conocer su asombro por la pericia marinera de los indios de Colán y de la forma como manejan sus balsas.

 

Dice Dampier, “Si la embarcación se usa para la pesca, será solamente construida de tres o cuatro troncos de madera liviana, de siete a ocho pies de largo, colocando unos cerca a los otros y ligados por medio de otros troncos colocados a través, fuertemente atados con cuerdas de bejucos. Estos troncos están dispuestos de tal manera que los del centro son más largos que los de los lados, principalmente en la proa, formando así una punta para cortar mejor el agua”. Construyen otras embarcaciones para transportar mercancías. Están  formadas por veinte o treinta maderos de 20, 30 ó 40 pies de largo amarrados de la misma forma arriba descrita y con el mismo perfil, o sea con proa proyectada hacia delante. Sobre estos trancos cruzan otros más pequeños, también fuertemente amarrados, entre sí como los de abajo. Este doble juego de maderos forma la plataforma de la embarca­ción, la cual es de considerables dimensiones. Sobre esta plataforma se levanta la casa, de cerca de diez pies, con hileras de troncos parados, los cuales soportan uno o dos pisos”.

 

“Entre las dos plataformas se acomoda el lastre de piedras y de ese modo la balsa navega medio sumergida. El segundo piso de la cámara está totalmente libre de la acción del agua y allí se ponen generalmente alimentos que se pueden descomponer por la humedad. En la popa hay lugar para el timonel y la cocina. De un gran mástil pende una vela de apreciable dimensión”. Para Dampier, las balsas impulsadas por el viento de sur a norte, pueden ir a Panamá pero no pueden regresar igual. Estas baleas pueden transportar mercadería hasta por 70 toneladas. La narración de Dampier es reproducida por Hermann Buse, en Época Prehistórica, , de Historia Marítima del Perú.

 

A despecho del avance tecnológico en la navegación, hasta 1930 habían en Payta, Colán y Sechura, gran cantidad de balsillas. El arqueólogo Bruning, estudió eso en el citado año y aseguraba que pescadores sechuranos al igual que de Pimentel y San José iban hasta las islas de Lobos en esas balsillas. De igual manera Clinton Edwards estudió las balsillas de Paita, y de un serie de pequeños caseríos portuarios ubicados al sur. Dice Edwards que los pecadores son gentes sumamente pobres que viven en condiciones infra-humanas y en chozas miserables. Relata su dura vida llena de peligros y como al atardecer van llegando en gran número las balsillas tripuladas por un solo hombre. Luego manifiesta Edwards: “De pronto  sin embargo, este ambiente del pasado es roto, por la llegada bulliciosa de un camión de Sullana o Piura, para recoger el pescado salado. Uno se ve obligado a recordar que a pesar de su apariencia primitiva, esta pesca está destinada a la distribución moderna del producto”.    

 

Con relación al número de tripulantes de la balsa que el piloto Ruiz avistó en el segundo viaje de Pizarro, los cronistas no están de acuerdo, pero sí,  de que habían algunas mujeres. Tampoco hay unanimidad de criterio con relación a su procedencia. En base a la Relación de  Sámano-Xerez, algunos historiadores como el ecuatoriano Emilio Estrada y también don Julio Tello, dicen que procedía de Salango: pero la mayoría de historiadores, afirman que era de Tumbes entre ellos Luis Valcárcel, Porras Barrenechea, Gustavo Pons Muzzo, Rubén Vargas Ugarte, Clemente Marakan y Hermann Buse.

 

El Comercio entre los Tallanes.

 

A diferencia de otros pueblos de la costa, los tallanes no sólo hicieron el comercio por tierra, sino que se aventuraron a largas distancias en el mar.

 

Fueron los tallanes, los mejores marinos del Perú y esa tradición se ha conservado en Sechura y Colán.

 

Mientras los tallanes fueron libres o estuvieron subordinados al Gran Chimú, comerciaron con quien quisieron. Había lo que podríamos llamar libre comercio. Pero cuando fueron sometidos a los incas, se implantaron regulaciones.

 

Antes de incorporarse el pueblo tallán al Imperio Inca, el comercio fue predominantemente marítimo, pero más tarde prosperó mucho al arriaraje, cuando los incas introdujeron en gran escuela la llamas. 

Cuando Candia desembarcó en Tumbes, se admiró que en su mercado, hubiera tanto movimiento comercial y que tropillas de llamas salieran e ingresaran cargadas de mercadería.

 

Los tallanes, más que con los pueblos del sur, mantuvieron un intenso comercio marítimo con los pueblos de la costa ecuatoriana, habiéndose aventurado con sus balsas no menos eximios marinos ecuatorianos de la región de Mantas.

  

Los tallanes que eran grandes orfebres, necesitaban oro para hacer sus primorosos trabajos de metal y eso lo conseguían en la costa de Chocó y del interior, en el Imperio del Tahuantinsuyo. Las esmeraldas también las solicitaban de Colombia. A cambio entregaban tejidos de lana, y piezas hechas de oro y cobre. A los pobladores de la sierra llevaban pescado, sal y ropa de algodón y en cambio recibían tejidos de lana.  

 

Cuando recién se iniciaba la conquista del Perú y el piloto Bartolomé Ruiz capturó en la travesía de Panamá a Tumbes una gran balsa con vela, con capacidad para 30 toneladas de carga, tripulada por veinte hombres, comprobó que en la carga habían muchas piezas primorosamente confeccionadas en oro y plata para adorno personal, como diademas, coronas, brazales, cintos, petos, cascabeles, sartas de cuentas, tazas y vasijas de fina cerámica, mantas y ropa de algodón de diversos colores, con bellos bordados. Todo eso era producto del trabajo del industrioso pueblo tumbesino. Merece mención especial, ya que causó el asombro de los españoles, que entre la mercadería encontrase pequeñas balanzas, de tipo romano, producto de la inventiva tallán.        

 

Cuando Bartolomé Ruiz capturó la balsa de la Bahía de San Mateo, se asombró de la gran vela cuadrada de tipo latino que portaban. Sólo los tallanes y los manteños usaban estas velas lo que les permitían navegar largas distancias. Conocían todos los secretos de las corrientes marinas y de los vientos. 

 

La balsa era de regular dimensiones, y construida con grandes maderos livianos de fácil flotación amarrados unos con otros con cuerdas de henequén. También tenían timón de dos mástiles. Los maderos se amarraban con otro atravesado, y constituían dos cubiertas, de tal manera que la mercancía no se malograba con el agua. Estas embarcaciones eran insumergibles.  

 

Cuando los españoles vieron a lo lejos la vela, tuvieron gran pesar pues creyeron que otro europeo se les había adelantado. Los indios, por su parte fueron presas de gran temor y 11 de ellos se lanzaron al agua, para huir. 

 

De todos ellos, el piloto Ruiz escogió a tres como los más vivaces para enseñarles el idioma español y que sirvieran de intérpretes.

A los tres indios capturados se les dio nuevos nombres. Ellos fueron Francisquillo en homenaje a Pizarro, Fernandillo en recuerdo del Rey Fernando de Aragón y Felipillo. De acuerdo a esta versión el famoso Felipillo sería de Tumbes, pero los demás cronistas dan opiniones diversas de tal manera que no se conoce a ciencia cierta de donde fue tan enigmático como nefasto personaje. Lo cierto es que fue indio tallán, y como tal enemigo acérrimo de Atahualpa, al cual contribuyó a ajusticiar.    

 

El cronista Cómara, dice que Felipillo, fue de Poechos y en tal sentido hay una casi coincidencia con lo que manifiesta Cieza de León que asegura era de la costa de Piura, y que tomado por Pizarro cuando regresaba por mar de Santa a Panamá. Según otra  versión, los caciques de Paita o de Tumbes, le entregaron al conquistador dos muchachos a los que pusieron por nombre Felipillo y Martinillo. También el cronista Zárate es de la opinión que Felipillo es de la desembocadura del Chira.

 

En cambio Gutiérrez de Santa Clara, dice que era de la isla Puná y Huamán Poma asegura que era de la zona del Guayas o sea indio huancavilca.

 

Eugenio Savoy, demostró en 1969 que en una balsa de totora como las confeccionadas en la antigüedad por los mochicas, se podía navegar de Salaverry hasta Panamá. En efecto, el 15 de Abril partió de ese puerto y el 25 ya había llegado a Talara, arribando a Panamá el 26 de Mayo.     

 

Años antes Heyerdaht había cruzado con la Kon Tiki, una balsa de troncos del tipo tallán, todo el Pacifico.

 

El encuentro que tuviera el piloto español Bartolomé Ruiz con la gran balsa tumbesina impulsada a vela, cargada de mercadería muy diversa y valiosa y con tantos tripulantes, no sólo demuestra lo avanzado que estaban los tallanes en lo relativo a la navegación, sino que también demuestra la existencia de un comercio marítimo de importación y exportación bien organizado. Por eso no sin razón se ha llamado a los tallanes, los fenicios de América del Sur. El investigador alemán Uhle, expresaba que en la balsa, habían una gran cantidad de conchas de color coral, lo que significaría que estaba de regreso a Tumbes.

 

Fue por lo tanto el dominio de las rutas de navegación, lo que impulsó a los tallanes a navegar hacia el Sur hasta las costas del actual departamento de Lima y por el norte hasta Panamá. Un punto donde llegaban con frecuencias eran las costas de Chocó en el extremo norte de Colombia. Eso explica que Pizarro llegase a tener en Panamá noticias del rico imperio de los incas, lo que era conocido entre los indios del istmo por los balseros tallanes que legaban. El gran navegante e investigador Heyerdaht, asegura que en tumbas antiguas de Arica se han encontrado conchas Spondylus ¿cómo llegaron allí?

 

Son muchos los historiadores, que aseguran que las grandes balsas se desarrollaron en tiempos de los tallanes, pero los habitantes anteriores de la región que aún no se podían llamar tallanes, también eran muy buenos marinos y en el Siglo II D.C. ya se aventuraban con balsas menores a navegar por las costas de Ecuador.

 

Para lograr los fines de ese comercio de exportación, habría que considerar que se tenía que cumplir con todo un proceso de hechos económicos bastante complejos, pero perfectamente sincronizados. Ante todo, los tallanes tenía que producir o lograr por trueque con  otros lugares, los artículos que tuvieran demanda en las poblaciones del litoral de Ecuador y Colombia. Luego el dueño de la mercadería debía de conectarse con los balseros, para acordar todo lo relativo al viaje y al pago de los servicios..

 

Hay que imaginar la serie de delicadas maniobras para colocar la mercadería a bordo y asegurarla. Cabe suponer también que el dueño de la mercadería o su representante, harían el riesgoso viaje para cuidar el desembarco de la mercadería en el puerto de destino, y luego de su traslado al mercado o donde los compradores, que bien podían estar en alguna región interior. Como no existía la moneda, todo tuvo que hacerse por trueque. Por tal motivo lo tallanes tenían que ser cuidadosos de lo que iban a recibir a cambio, lo que generalmente eran esmeraldas y conchas Spondylus, Para facilitar el trueque, usaban balanzas muy semejantes a las que por entonces se usaban en Europa. Con las conchas Spondylus de color coral hacían los tallanes las famosas chaquiras con las que confeccionaban pulseras y collares, que se han encontrado con profusión en sus tumbas. Con las esmeraldas, tanto los tallanes, como los Vicús antes, las usaron para hacer sus primorosas joyas.

 

Cuando los Incas conquistaron a los tallanes, gran cantidad de conchas Spondylus, se enviaban vivas en recipientes especiales al Cuzco. El molusco que estaba dentro de las conchas rojas, era muy apreciado por los Incas, que lo consumían en contadas ocasiones y las conchas blancas se usaban en las ceremonias del culto, lo mismo que el Mullu, que eran las conchas trituradas o reducidas a polvo.

 

Como es lógico suponer, los tallanes no tenían los instrumentos que usaban los marinos del viejo mundo, para orientarse en alta mar. Por eso, con mucha frecuencia navegaban con la tierra a la vista, pero en viajes largos se aventuraban mar afuera. La segundad de llegar al sitio deseado, se debía a que habían aprendido a orientarse por las estrellas, por el sentido de los vientos y por las corrientes marinas. Eran pues grandes observadores y los conocimientos adquiridos eran transmitidos de generación en generación a los del gremio.

 

Con las costas ecuatorianas de Manta (provincia de Manabí) y Esmeraldas (en la actual frontera con Colombia), el comercio marítimo con las tallanes fue intenso.

 

Con los mochicas y con los Chimús, el comercio se hizo por mar y tierra. Cuando los tallanes fueron sometidos por los incas, se desarrolló el arrieraje. Con grandes recuas de llamas, llevaban las mercaderías a todas las partes del imperio.

 

Los habitantes de la costa ecuatoriana eran también expertos y osados navegantes, lo cual hizo intenso el comercio con los tallanes y mochicas. Es admirable comprobar, como estos pueblos de la antigüedad se preocuparan tanto de establecer vínculos comerciales y de amistad sin habérseles ocurrido ideas de conquista.

 

Los tallanes también tuvieron un intenso comercio con las poblaciones serranas del sur del Ecuador, como los huancavilcas, chonos y paltos. De igual modo con sus vecinos de Ayabaca, los Guayacundos.

 

ARRIBA

 

EL ARTE DE LOS TALLANES.

 

Las excavaciones han permitido el hallazgo de gran cantidad de huacos negros y rojos, en los sitios en donde se supone ha habido asentamientos humanos. Junto con ellos, hay abundancia de vasijas para el uso diario.

Estas manifestaciones del arte cerámico, permiten notar influencia de las culturas ecuatorianas, pre-mochicas, Mochicas y Chimú.

 

No obstante que la región de Piura en ningún momento estuvo sometida al imperio Wari, sin embrago se han encontrado en el Bajo Piura, algunos ceramios parecidos a los que se han hallado en Cajamarca y en Chicama y que corresponden al período del apogeo del Imperio Wari. La presencia de tales huacos, es sin duda alguna el resultado del comercio y de la comunicación de los pueblos tallanes con sus circunvecinos. Es decir que fueron elaborados  en otros lugares y traídos a esta región.

    

En el capítulo que se ha dedicado a Vicús, hay referencias concretas a la cerámica de los pobladores de esa zona.

 

En cuanto al trabajo en metal, los peruanos de esta región manipularon el oro, la plata y el cobre. Como todo pueblo antiguo, también llegaron a dominar el bronce.

 

De bronce, no sólo hacían adornos, sino también azadas pequeñas con mangos de madera para la agricultura, pectorales para los soldados y armas para la guerra, como remates para sus mazas o porras. También al bronce dieron un uso igual.

 

Los tallanes llegaron a ser muy buenos orfebres, posiblemente por haber recibido la técnica, para el tratamiento del oro y de la plata, de los Chimús que fueron los mejores joyeros del antiguos Perú, por cuyo motivo los Incas llevaron a muchos de esos artesanos al Cuzco.

 

Aun cuando, en muchos lugares del departamento se han encontrado platos y vasos de oro, hay que recalcar que  fue en Frías en donde se realizaron los mejores trabajos. Las joyas, las combinaban con perlas, con esmeraldas y con turquesas. Ya se ha dicho de donde obtenían los tallanes las perlas. En cuanto a las esmeraldas, ellas abundaban en las zonas costeras ecuatorianas de Puerto Viejo y de Mantas, de donde se lograban mediante el intenso trueque existente. El oro, lo obtenían los tallanes del comercio que hacían con los habitantes de la sierra. En Sechura extraían perlas negras.    

 

En la talla de la madera no sobresalieron los antiguos piuranos, posiblemente a causa que la mayoría de las madera, sobre todo el algarrobo que dominaba el paisaje antiguo, al igual que el de ahora, no se presta para el desarrollo del arte del tallado por su dureza y naturaleza rugosa y fibrosa.

 

Los primeros piuranos utilizaron el algodón cuando este crecía en forma espontánea y con su fibra construyeron redes. Posteriormente lo cultivaron, y aprendieron el arte e industria del hilado, en que sobresalieron, para posteriormente avanzar en el arte del tejido. Como el clima era cálido, utilizaron en la costa el algodón para hacer sus telas, que también les servio para construir velas de sus barcos. En la sierra, usaron la lana de la llama, de la alpaca y del guanaco para hacer sus telas, arte que según Garcilaso Inca de la Vega, les fue enseñado por los Incas cuando fueron conquistados. Los vestidos de la gente principal de la costa estaban adornados con bordados de lanas de colores, sobre todo en las orlas de las mangas y de las faldas o faldones               

 

En arquitectura no pudieron demostrar mayor técnica ni iniciativa, por que las viviendas fueron sin duda algunas de caña y barro, como lo son las actuales de los campesinos. Se han encontrado muchos cementerios, huacas y vestigios de asentamientos humanos, pero no de viviendas, lo cual muestra la precariedad de las mismas. En la costa no hay restos de ciudades, como en otros lugares y el adobe se utilizó en tiempo de los Incas para levantar templos para el sol, fortalezas, mansiones para las escogidas y en algunos lugares, palacios para el Inca o los grandes dignatarios del Imperio. En la sierra, se utilizó la piedra y de eso quedan restos. De los poblados de Poechos que parece fue una de la más importante población – y no una ciudad en el exacto sentido de la palabra – del valle del Chira, que es mencionado por los cronistas, no queda ningún rastro y hasta su fortaleza permanece aparentemente desconocida de nuestras miradas.     

 

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LA GUERRA.

 

Cieza de León en la Crónica del Perú dice: “En los tiempos pasados, unos indios de éstos tenían con otros sus guerras y contiendas, según ellos dicen y por cosas livianas se mataban, tomándose las mujeres y aun afirman que andaban desnudos y que algunos de ellos comían carne humana, pareciendosew en esto y en otras cosas a los de Popayán”. Esta referencia del cronista es a los indios de Huancabamba antes de ser conquistados por los Incas.

 

Los tallanes de Tumbes  fueron gente muy belicosa y constantemente estaban en pie de guerra con los indios de la Isla Puná, pero a decir verdad, los que más comúnmente tomaban la iniciativa en esta guerra, fueron los isleños.

 

Los tallanes de los valles del Piura y del Chira, no fueron propiamente conquistadores y como tal no disponían de ejercito en el sentido de la palabra, y de acuerdo a la época, como los tuvieron los Chimús y los Incas. Sin embargo si disponían de bandas armadas en las constantes luchas intestinas que tenían entre sí.  

 

La comprobación de que disponían de armas de guerra, prueba que había gente armada y la representación de ceramios con prisioneros atados de las manos y en actitud humilde y de sometimiento de hombres en cuclillas, nos dice a las claras de que existieron prisioneros y por los tanto guerras.      

 

Las guerras se las hacían indudablemente entre ellos, y serían de corta duración por que ningún régulo llegó a imponerse a los demás para crear un estado sobre toda el área geográfica de los departamentos de Piura y Tumbes.  

 

Si se habla que el Imperio Chimú abarcaba desde Tumbes por el norte, eso no significa en modo alguno que hubo una  guerra de conquista en el sentido exacto de la palabra. Fueron  simplemente  choques esporádicos y una sistemática   infiltración que terminó en  el reconocimiento como Señor del Chimú-Capac, lo cual bien pudo conseguirse por negociaciones, y compulsadas la ventajas que en cuanto a comercio, y contribución técnica podrían lograr; les resultó entonces más ventajosa la amistad del gran señor del Sur. Si a todo eso se agrega que los tallanes conservaban su autonomía, su religión, lengua y costumbres, entonces los reyezuelos de los valles del Chira, del Tumbes y del Piura que seguían como tales y se les reconocía su autoridad sobre los antiguos vasallos, y nada tenían que alegra.     

 

Hay ceramios tallanes que representan guerreros con una especie de casco en la cabeza, par defenderse y alguna arma ofensiva que en unos caos es una maza, y en otros un cuchillo largo que semeja una espada. También hay algunos, que posiblemente se trate de oficiales o jefes de grupos armados, que tienen pectorales. En esto se parecían a los Vicús.

 

Se han encontrado numeroso cabezas de porras o macanas, fabricadas de cobre que semejan estrellas o discos, que colocaban en entremos de palos de madera muy dura.  También hachas, para el trabajo y para la guerra. Los prisioneros eran sin duda alguna convertidos en esclavos, cuando no entregados para sacrificarlos a los dioses.     

 

Pese al gran ejercito que tenían los Incas y a lo afirmado por Garcilaso de la Vega; los tallanes del medio Piura y del Bajo Chira, resistieron a los 40.000 hombres de Huayna Capac. Cuando Pizarro llegó a Pabur, el curaca, le dijo que el Cuzco Viejo había quemado 20 pueblos. Los curacas de Amotape, Payta y Colán resistieron ferozmente y en venganza, el Inca formó con el corazón de cinco mil vencidos una pirámide. Por eso, posteriormente, el nuevo curaca de Amotape, guardó eterno rencor a los del Cuzco, y más tarde se plegó al bando del usurpador Atahualpa. Los tallanes antes del imperio, no usaron ni arcos, ni dardos arrojadi­zos porque no los representan en los ceramios.

 

Atahualpa, quiso vengarse de la adhesión de la y mayor parte  los tallanes a Huáscar legítimo sucesor de Huaina-Capac y trató muy durante a los antiguos piuranos, lo cual no impidió que muchos principales de estas tierras se pronunciaran a favor del usurpador, siendo los que más resistieron a los conquistadores.

 

Todo lo dicho queda confirmado con el relato del cronista Santillán, que al referirse al estado en que se encontraba la costa peruana antes del dominio de ella por los Incas, expresa: “Cada valle o provincia tenía su curaca o señor principal o varios otros jefes dependientes de ellos”.

 

En la costa sur, cada valle o curacazgo , tenia conflictos  con sus vecinos y por esta causa se afectaba al comercio y la comunicación. Las frecuentes guazábaras daba como resultado,  que los vencidos quedaran sujetos a los vencedores y obligados a trabajar en sus sementeras de maíz, coca y ají y en el cuidado de sus llamas. De esta suerte algunos curacas llegaron a someter a varios valles y provincias como es el caso del Chimú-Capac que enseñoreóse en la mayor parte de los yungas. 

 

Sin duda alguna, que el reino más importante y organizado que los Incas conquistaron, fue el Imperio Chimú. Por tal motivo, y para evitar sublevaciones como la que tuvieron que enfrentar después del primer sometimiento, prohibieron que los indios de la costa norte tuvieran armas. Eso fue el motivo por el cual en cierta forma se explica que los tallanes no pudieran resistirse a los ejércitos de Atahualpa primero y Pizarro más tarde, aun cuando a los antiguos piuranos, más les importaba su autonomía que estar cambiando de señor. Como la región fue ocupada por ejércitos incaicos, fueron estos los que se encargaron de hacer la guerra o de organizar la resistencia. Los antiguos tallanes no tenían armas arrojadizas y por eso los combates los hacían cuerpo a cuerpo y fue el ejercito incaico el que introdujo la honda, el arco y la flecha, que sin embargo no tuvieron efectividad ante las armas de los conquistadores.

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LAS ENFERMEDADES.    

 

Por muchísimos años, para los habitantes de la sierra, la costa fue un sitio de muerte a donde sólo se enviaban como castigo, a los que habían delinquido. Esto sin duda alguna desfavorece la teoría de que el poblamiento de esta región yunga haya sido por la llegada masiva de gente de la sierra. Sin descartar el aporte andino, es posible que la mayor parte de la primitiva gente costeña llegó por mar, a cuya orilla se afincó alimentándose al principio de conchas y mariscos, en una dilatada etapa en que el hombre fue un simple recolector.

 

La costa resultaba un grave riesgo para le gente serrana, por la existencia del paludismo que había en sus valles, los que eran por otra  parte los lugares más propicios para vivir. Los mismos españoles recibieron el impacto de ese diminuto enemigo que era el zancudo, que les causó más bajas que los mismos indios sublevados. Por eso los conquistadores decían que eran sitios enfermos.      

 

El Mal de Ojo.

 

El cronista Oviedo dice que los tallanes del Chira, “andan arrebozados con unas tocas de muchas vueltas, apareciendo así son las cabezas muy grandes, con aquellos rebozos y los rapacejos colgados que parecen barbas. Dichos tocados se usan para preservarse de enfermedades de los ojos tan generales que cuando se ve venir dos indios, puede apostarse que uno es tuerto”.

 

Fray Reginal Lizárraga que visitó a la segunda sede del gobierno español en el valle del río Piura, decía: “era muy enfermiza de accidentes de ojos, quedando mucho ciegos. Apenas vi en aquella ciudad, hombre que no fuera tuerto”. El mismo cronista afirma que la enfermedades oculares eran muy comunes en los valles de la costa y manifiesta su asombro por la gran cantidad que había de mosquitos, que mortificaban a los vecinos y a los viajeros.

 

El cronista Agustín de Zárate hablando de la segunda gobernación, manifestaba: “La región no era muy sana a causa de una enfermedad natural de la tierra que da en los ojos a los más que por allí pasan”. Luego sigue manifestando que por tal motivo un gran  número de pobladores, que eran los tallanes, eran tuertos y los primeros conquistadores se llegaron a contagiar. Blas de Atianza, el primer alcalde que hubo en el Perú, estando en la segunda gobernación quedó casi ciego, lo cual le obligó a emigrar a Trujillo y lo mismo hizo el español Antón Cuadrado, que perdió totalmente la visión. 

    

Al final los mosquitos lame-ojos terminaron por correr a los españoles de la localidad de Piura, ubicada en el valle del mismo nombre, obligándolos a trasladarse al puerto de Payta, que existía desde remotos tiempos y que luego fue residencia de un buen número de españoles, los que la habían dado el nombre de San Francisco de la Buena-Esperanza.

 

El Paludismo.

 

El valle del Chira, al igual que el de Tumbes, estaba infectado de zancudos trasmisores del paludismo. Los tallanes, no obstante su aclimatación de siglos, era un pueblo palúdico. No se sabe si al llegar los conquistadores estos indios al igual que en el Ecuador ya utilizaban la corteza de la cascarilla, que se conservaba como secreto de la medicina india y que sólo se reveló siglos más tarde cuando enfermó la Condesa de Chinchón, esposa del Virrey.

 

Los españoles menos aclimatados, fueron fácil presa de los amófeles y muchos enfermaron, por cuyo motivo no pudieron acompañar a Pizarro en su viaje a Cajamarca. Pero fueron posteriormente muchos los que alentados por la sed del oro y sintiéndose mejor, dejaron el sitio de Tangarará que decían era insalubre, para seguir a la caravana conquistadora de Pizarro.

 

Cieza de León, que muchos años después de la fundación, visitó San Miguel dijo que ella había estado antes en Tangarará, de donde se pasó por ser sitio enfermo, en donde los españoles vivían con algunas enfermedades. Cuando en Mayo de 1534,  visitó Tangarará, otra vez Almagro con don Pedro de Alvarado, pudo constatar que una gran cantidad de vecinos se habían trasladado a la localidad indígena de Piura, en el otro valle, por cuyo motivo autorizó el traslado de autoridades y vecinos.

 

La Verruga.

 

En su tercera expedición, los españoles desembarcaron en la Bahía de Caráquez ubicada en la costa de la provincia ecuatoriana de Manabí. De acuerdo a la versión del Cronista Pedro Pizarro, allí encontraron unos colchones de ceibo, que utilizaron  los expedicionarios por encontrarse muy cansados. Pero sucedió que muchos españoles que en ellos se acostaron amanecían tullidos y sin poder desdoblar brazos no piernas. Para muchos de los viajeros, la enfermedad que denominaron la verruga, se debía a esos colchones.      

 

Según el cronista, la enfermedad era “tan mala y congojosa que tuvo a mucha gente muy fatigada y trabajaba con muchos dolores como si estuvieran con bubas, hasta que les salían grandes verrugas por todo el cuerpo y algunas tan grandes como huevos y reventando el cuerpo les corría materia y sangre,  que tenían necesidad de cortárselos y echarse en la llaga cosas fuertes para sacar la raíz; otras habían tan maduras como sarampión de que se hinchían los hombres todo el cuerpo. Pocos se escaparon que no la tuvieran, auque a unos dio más que a otros. Otros quisieron decir que se causó esta enfermedad, de unos pescadores que comieron en la Provincia de Puerto Viejo, que los indios dieron de malicia”.

 

El cronista Anello de Oliva, describe esta enfermedad de la siguiente manera: “Tubieron (sic) unas rigurosas berrugas (sic) que como piedras les nacían a muchos de ellos en la cabeza, por el rostro y por todo el cuerpo, tan grandes y monstruosas que eran como brevas, que destilando mucha sangre les causaban intenssimos dolor y un excesivo horror, lastimándoles cualquiera con que les tocara por pequeña que fuese. Pusieronse felissimos los deste contagio, por que unas verrugas colgaban de la frente otras de las cejas, otras del pico de la nariz, de las barbas y de las orejas, de suerte que no sabía que hacerse ni remedio para tan rigurosa enfermedad que solo tenía de alivio la trisca y burla que los uno hacían a los otros....murieron muchos y otros sanaron y auque el mal fue general y corrió por todo el Perú. Con trabajos tan grandes y enfermedades tan molestas y con muertos de no pocos compañeros, nunca desmayó don Francisco Pizarro”.              

     

Garcilaso Inca de la Vega, describe la enfermedad con las mismas palabras que el anterior cronista y agrega que él vio en el Cuzco a tres o cuatro españoles con las mismas enfermedades y que habían sanado. Dice también Garcilaso, que esa enfermedad no eran antes conocida acá.

 

Todo hace suponer que los indios habían creado inmunidad en su organismo, y por eso no era atacados y los que sufrían se les presentaba en forma tan benigna que pasaba desapercibida. Lo que si es seguro, es que muchos españoles enfermos con el mal, llegaron no sólo a Tumbes sino también a Tangarará por que Pizarro no podía detenerse en sus planes de conquista, ni tampoco dejar abandonados a sus compañeros. Alfonso de Mesa, fue uno de los que llegó enfermo a Tumbes.

 

Todos los cronistas mencionan en sus relatos esta enfermedad. Zárate dice que era peor que las bubas conocidas en Europa. Para Gómara, era una enfermedad nueva que no sabían como tratar y por lo cual los pacientes renegaban de la tierra y de Pizarro. El Conquistador Jerónimo de Aliaga, decía muchos años más tarde en 1548, que era una  epidemia. El cronista Miguel de Estete, hablaba de calenturas (paludismo) que mataba en 24 horas y de una verruga que le parecían era como viruela, inutilizando y lisiando a la gente que no podía ni siquiera buscar su alimento. Creían muchos, que haber estado en Coaque inmediatamente debajo de la línea equinoccial, era la causa.

 

En la Crónica Rimada de 1538, se asegura que 60 personas murieron por su causa, pero Ruiz Hernández de Briceño sólo da entre 30 y 40 hombres.          

 

Para muchos la alta mortalidad y complicaciones de la enfermedad se debió a la presencia simultánea de la verruga y del paludismo.

 

Mucho ha interesado a los modernos investigadores esta enfermedad y en 1899 Pablo Patrón y Ernesto Odriosola, se pronunciaron por una forma de verruga, que hoy ya no existe. Pero Julián Aore, no compartía en 1918 esa opinión, por que la verruga no es una enfermedad que pueda matar al paciente en sólo 24 horas de haber aparecido, ni tiene tan elevado grado de contagiosidad. Respaldado esta opinión, en 1931 el Dr. Angel Maldonado, creía era pian o cuchipe, complicado con paludismo. Raúl Rebagliati en 1940 suponía un ataque simultáneo de verruga y paludismo. Daniel Mackhenie opina por una clase de verruga eruptiva y del mismo criterio es Pedro Weiss, en 1953. todas estas opiniones figuran en la obra titulada “La Medicina en el Descubrimiento y Conquista del Perú” de Juan B. Lastres (año 1956).     

 

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LOS CURANDEROS Y LA MEDICINA.

 

Como en todo tiempo y lugar, en la región tallán y en el Imperio de los Incas en general, la curación de los enfermos estaba ligada con practicas y ceremonias religiosas. Por tal motivo, muchas veces los curanderos o hechiceros y brujos, eran también sacerdotes.

 

La practica mágica-religiosa, en la medicina, era lo que se imponía y lógicamente abundaban las supersticiones, lo cual no  debe llamar la atención, por que los conquistadores, también eran supersticiosos y muy poco pudieron aportar en el campo de la medicina científica.

 

Los hechiceros, al decir del Padre Murúa, sobaban el cuerpo del enfermo, sobre todo las partes adoloridas o donde se suponía estaba el mal, con sebo, o con trozos de cuy, lagartijas o sapos. Esto de pasar batracios sobre vientres enfermos son prácticas que aún se han conservado en las zonas campesinas. El que hacía de hechicero, practicaba una pequeña incisión en el lugar afectado y chupaba sangre. Luego mostraba al paciente la sangre malograda, o también piedras o gusanos. Demás estar decir que de todo se había proveído anticipadamente al curandero. En la Edad Media, en Europa y hasta los primeros años de la Edad Moderna, las sangrías eran muy utilizadas para curar los males y hasta se usaban sanguijuelas.

 

Algunas veces se hacían ofrendas a los dioses, con las mismas especies que se utilizaban como remedios, es decir hojas de coca, sebo y restos de carne de cuy.        

 

Las dolencias podían ser originadas por diversas causas según el criterio de los hechiceros tallanes. Así, podía ser ocasionada por otros o sea estar hechizados, o también ser presa de espíritus malignos a los que había que extirpar con prácticas mágicas en uno u otro caso. No se descartaba  que el paciente estuviera sufriendo por haber pecado. Como se puede apreciar, no había mayor diferencia entre las supersticiones de los españoles que llegaron hasta tener un rey al cual llamaban y suponían hechizado y  sólo era un demente.

 

En algunos casos se utilizaba el maíz que se molía y el polvo se frotaba en el cuerpo. A las conchas les atribuían efectos curativos, lo mismo que a las esmeraldas. En Porto-viejo los indios decían que tenían escondida una esmeralda de gran tamaño que tenia efectos maravillosos por lo cual se le adoraba como una diosa. Los indios se negaron mostrarla a los españoles porque creían firmemente que al ser tocada por un hombre blanco se perdía el mundo.       

 

Se utilizaba muchos brebajes para tratar de curar a los enfermos. Como es dable suponer, algunos al estar contraindicados mataban al enfermo, pero en gran cantidad de casos los sanaban porque se conocía el poder curativo de muchas yerbas, que se mantenían en secreto de generación en generación. Entre los Chimús había la práctica de que cuando un médico o hechicero dejaba morir a un paciente, era condenado a muerte. Este uso se extendió a los tallanes, y por tal motivo no se aventuraban a prácticas que pudieran – en su criterio – resultar ineficaces.

 

Cuando una dolencia era causada por un hechizo, es decir era un “daño”, se tenía que lograr descubrir el contra-hechizo. Esto, dividió a los brujos como hasta ahora en blancos o buenos y en malos. El hechizar a una persona era sancionado en la época del Imperio con la pena de muerte, que muchas veces se extendía a la familia del hechicero para extirpar de raíz la práctica.

 

Era casi una costumbre, que al iniciarse  la curación de un enfermo se hiciera ofrendas a loa dioses para tenerlos favorablemente. En algunas circunstancias era necesario purificar el ambiente, ya sea con aspersiones de líquido o sahumando. En otras oportunidades la purificación tenia que hacerse al enfermo, al que se llevaba al río más próximo y se le bañaba, al mismo tiempo que se le frotaba polvo de maíz. Si el enfermo no podía trasladarse a un río, se le hacía el baño a domicilio.

 

A los médicos se les pagaba con comidas, ropas, o recipientes. Algunas veces se les obsequiaba ganados.

 

A veces se buscaba de antemano adivinar si el enfermo se iba a curar o no. Habían en la costa diversos adoratorios y hombres que actuaban como oráculos. No se descarta que en la región tallán existieran muchos de éstos. Famoso como oráculo era Pachacamac con templo, y con sacerdotes. Fue uno de esos el que vaticinó que Huyana Capac se iba a curar, pero murió a causa de las viruelas. Por eso cuando Atahualpa avanzaba por Huamachuco, tuvo intención de hacer prender al sacerdote de Pachacamac para hacerlo morir por haber fallado.

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LA VIRUELA.

 

Esta enfermedad se presentó sin duda alguna en el Perú bajo la forma de grandes epidemias que causaban gran mortandad. 

 

Pedro Pizarro cita al Tesorero Riquelne diciendo al llegar a Tumbes que era tierra pobre y enferma.

 

El cronista Jerez relata que en 1525 cuando Pizarro recorría por primera vez la costa peruana, ancló frente a Tumbes, al que encontró muy despoblada a causa de una gran pestilencia que en ellos dio”. Era la viruela que azotaba al Imperio, y que hizo también presa del Inca Huayna Capac que se encontraba en el Reino de Quito, causando presumiblemente su muerte, por cuyo motivo se le llamó Enfermedad de Huayna Capac. Las huellas de la viruela se podía apreciar en el rostro de muchos indios tallanes, que lo tenían picado, es decir habían quedado “borrados”.     

 

La viruela continuó presentándose durante la época de la Colonia y diezmando a la población indígena.

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LA SÍFILIS.

 

En los primeros años de la Conquista se establecieron en Lima primero don Hernando de Sepúlveda y más tarde don Merco Corzo, con autorización de la Corte de España para curar. Estos proto-médicos podían atender el mal de bubas, es decir la llamada verruga, llagas, tumores y dolores. También curaban la sífilis que se presentó en forma alarmante en Lima.

 

Algunos supone que fueron los españoles los que la  trajeron de Europa y le daban un tratamiento equivalente al pian y a la cuarta venérea. Otros, consideraban que la

sífilis propiamente dicha tiene origen americano. Esto último, por que antes del descubrimiento de América, no se había notado su presencia en Europa, y que a fines del Siglo XV, es que aparece como tremenda epidemia en el Viejo Mundo. Sin embargo, estudios hechos con más precisión llegan a la conclusión que antes de 1492 ya había sífilis en Europa.

 

Pero la falta de conocimientos hacía considerar como variedades sifilíticas, los que en realidad eran otros males venéreos.      

 

Tampoco se puede decir que los españoles la trajeron de Europa, por que el mal ya existía en el Nuevo Mundo. Es decir que esta temible enfermedad era universal.

 

Durante mucho tiempo se ha polemizado sobre el origen de este cruel azote. Los cronistas Fernández de Oviedo y Ruiz Díaz de la Isla, aseguraban que era propia de América, simplemente por que ignoraban su existencia en Europa. De ello se valió Astrue para plantear su tesis de origen americano del mal.

 

Por otra parte Karl Sudholl afirma que la sífilis se presentó en Europa antes del año 1492 del descubrimiento.

 

La Puente Mateos, Lían Entralgo y Padre Martir de Anglería afirman también la procedencia europea y que en Lima se apareció por haber sido traída de España y la propagación se debió a las bajas condiciones higiénicas de la ciudad de los Reyes y la elevada concentración poblacional.   

 

Para muchos, la llama es un animal que padece del mal y se lo trasmite a los indios pero otros, piensan que el proceso infeccioso esa la inversa por que los indios practicaban el vicio de la bestialidad.

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OTRA ENFERMEDADES.

 

Una dolencia muy extendida en el imperio era la sarna o roña que en quechua se denomina caracha y que se ha castellanizado.

 

Esta dolencia atacaba por igual a los hombre, como a los animales es especial a las llamas. Cuando una de estas era  atacada, de inmediato se la sacrificaba y se enterraba a la enferma en hoyos profundos. De esa forma práctica se evitaban las epizootias.

 

En los indios de la costa, había mucha de esta enfermedad, que se propalaban a causa de las bajas condiciones de higiene en que se vivía y el poco aseo personal.

 

En la zona tallán las dolencias muy frecuentes eran de tipo estomacal o gastrointestinales a causa del agua llena de gérmenes. De igual manera existían muchos indios con parásitos intestinales. La mortalidad infantil era sumamente elevada, y los niños morían en gran cantidad antes de los ochos días por la infección umbilical. 

 

Hay muchos huacos que representan a hombres padeciendo de dolores de muelas, con parálisis facial o con defectos físicos.

 

Algunos aparentes defectos como la falta generalizada en algunas regiones, de los dientes incisivos, parece que se debió a un castigo que impuso Huayna Capac a poblaciones rebeldes.

 

En los primeros años de la Conquista se esparció entre los españoles la especie que los Tallanes tenían en el colondrillo o nuca un apéndice, que como un dedo les colgaba y que ellos lo ocultaban con especie de bufanda.

 

El cronista Fernández de Oviedo, transmite un relato del piloto Juan Cabezas, según el cual, en “el río que llaman de la Pira (Chira) pues a treinta leguas, e llámanse tallanes, andan arrebozados los hombres con unas tocas de muchas vueltas, e así traen las cabezas muy grandes con aquellos rebozos, e a los cabos sus ropacajes colgados que parecen barbas. Unos dicen que lo hacen por que diz que tienen en el colodrillo o cogote un rabo de carne tan grueso o lenguo como el dedo mayor de la mano”. La circunstancia de que los tallanes usaban una prenda de cabeza parecida al turbante que pocas veces se quitaba, fue lo que hizo circular la especie, al iniciarse  la conquista, sin reparar en que los niños andaban sin ropa y no tenían el tal apéndice.

  

Cuando los españoles llegaron a las costas colombianas y ecuatorianas fueron atacados por el mal de bubas.  Parece que después en el Perú ya no sufrieron el mal. Hasta ahora no se ha podido precisar de que dolencia se trató.

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GRÁFICOS

 

MUJER TEJIENDO

(Guamán Poma)V

 

 

DIBUJO DEL DIOS WALAC

 

CULTO AL SOL

(Guaman Poma)

DIBUJO DE UN ENTIERRO

(Guaman Poma)

 

VENADO

 

MUJER PRINCIPAL

(Guaman Poma)

 

 

PESCADORES TALLANES

INDIO PESCADOR

(Guaman Poma)

DIBUJO DE CERAMIO CON

PESCADOR

 

 

 

 

DESCAMANDO EL PESCADO

 

El ceramio representa a un pescador, que con un cuchillo especial y valiéndose de las dos manos saca las escamas de un pescado en la misma embarcación.

Tiene un gorro que remata con un moño, y sujeto con una cinta bajo el cuello.

La técnica del descamado y el gorro, aún lo usan los pescadores de la región Grau.

La embarcación es un típico caballito de totora. El ceramio pertenece a lo que Tello llamó estillo tallán, pero que otros historiadores, cuando pretendían ignorar la cultura Tallán llamaban “Chimú último”

 

HISTORIA MARÍTIMA DEL PERÚ

Epoca Prehistórica

(Hermann Buse)

 

BALSA DE TOTORA

 

Con dos pescadores uno que rema valiéndose de un canalete y otro cogido en su remo, trepa por la popa de su embarcación. En el gollete el característico monito.

Este ceramio según Tello es de procedencia Tallán.

 

Historia Marítima del Perú

Época Prehistórica

(Hermann Buse)

BALSA ACTUAL, IGUAL A LA

TALLÀN

 

FOTOS DE CERAMIOS TALLÀN

Vasija de pasta, roja, sin decoraciones. Con una sola asa para sostén y dos asas pequeñas constituidas por las orejas del personaje cuya cabeza se representa.

Tiene una especie de bonete y la nariz desmesuradamente grande y ganchuda semejante a la de un loro. La barbilla aguda y los ojos representados por unas líneas que dan la impresión de estar semicerrados: son dos detalles poco frecuentes en los ceramios tallanes.

 

 

 

 

 

Vasija globular pequeña, de pasta negra, con asa lateral en el gollete, que remata con una cabeza de ave.

No tiene decoración.

 

 

 

 

 

Vasija globular, con decoración de animales en su parte superior. Es de color rojo y esta rematada por un asa y un pico, que en conjunto forma un estribo.

 

 

HECHICERO

INVOCANDO AL

DEMONIO

(Guamán Poma)

 

 

SACRIFICIOS CON

HECHICEROS

 

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