Capítulo X

 

 

C A P I T U L O      X

 

 

PIURA EN 1823

 

 

 

-         Estudian la Corriente del Niño

-         El Crucero de la fragata La Coquille

-         En la casa de la familia Helguero

-         Paita en 1823

-         Colán

-         Las mujeres piuranas vistas por un francés

-         La caza de la ballena

-         La desastrosa Campaña de Intermedios

-         El Motín de Balconcillo

-         El marqués de Salinas pide permiso

-         La Punta pide rebaja de impuestos

-         Piden declarar a Piura ciudad heroica

-         Piura se queja de levas abusivas.

 

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ESTUDIAN CORRIENTE DE EL NIÑO

 

            La guerra de la Independencia que tenía conmovido a todo el territorio nacional, no constituyó un impedimento para que continuaran llegando misiones y expediciones de carácter científico.

 

            Don Víctor Eguiguren, en su obra “Lluvias en Piura” se refiere a la llegada a Paita de la fragata francesa “L Cloride” mandada por el Capitán M. Lartigue.

 

            Este barco científico estuvo estudiando los vientos y las  aguas oceánicas, haciendo también indagaciones con los pescadores y marinos de la región.

 

            Los científicos franceses recorrieron desde el Golfo de Guayaquil hasta el sur de Lambayeque.

 

            Don Víctor Eguiguren, refiriéndose a la  llamada “Corriente del Niño” que el capitán Fitz Roy que también la estudió y la describía como una corriente marina que va a lo largo de la costa de Ecuador y del Norte del Perú con dirección Sur a igual o mayor velocidad que la corriente de Humboldt a la que desplaza, metiéndose  como una cuña entre ella y la costa.  El citado marino no llegó a establecer la causa que  la motivaba, ni su periodicidad, pero aseguraba que su presencia  no dependía de las estaciones, ni de la edad de la luna (lunación), ni por otras causas que actúa en la costa. Ni los marinos de la región, así como tampoco los pescadores pudieron dar una causa de la corriente, pero como notaron su presencia en la época de Navidad, la llamaron del Niño.

 

            Sin embargo, ya desde esa época pudieron notar que ella se producía antes y durante  los vientos del Norte.

 

            Muchos años más tarde, un marino porteño el comandante Carrillo se expresaba, según el señor  Eguiguren del siguiente modo:

            “Los Marinos paiteños que navegan frecuentemente  cerca de la Costa y en embarcaciones pequeñas ya al norte o al sur de Paita, conocen esta corriente y la denominan  “Corriente del Niño” sin duda porque ella se hace más visible y palpable después de la Pascua de Navidad. Esta contracorriente me parece que tiene su origen -dice el Comandante Camilo  Carrillo- cerca o en el mismo Golfo de Guayaquil, de manera que en ciertas épocas, particularmente de verano, se encuentran en las inmediaciones de la costa norte del Perú, hojas de palmeras,  de plátanos, naranjas y otros muchos objetos que las aguas del río Guayaquil (por Guayas) y de Tumbes conducen al mar y que la “Corriente del Niño” suele  arrastrar hasta la latitud de Sechura y Pacasmayo”.

 

            Continúa el señor Eguiguren manifestando que se está ante la presencia de un fenómeno digno de estudio, como el que ocasionalmente se presenta frente a nuestras costas.

 

            En resumen, don Víctor, establece lo siguiente:

 

            - Que se trata de una contracorriente.

|           - Que baja de norte a sur.

            - Que tiene aguas calientes

            - Que llega generalmente en época de verano

            - Que su aparición coincide con los vientos del Norte.

            Sin embargo el señor Eguiguren no se atreve a señalar a esta corriente como causa de las lluvias, porque se pregunta ¿En la contra Corriente del  Niño estará tal vez la explicación de las grandes lluvias de la costa norte del Perú?

            En resumen, en determinados momentos había grandes calores, vientos, lluvias y se notaba la presencia de la “Corriente del Niño”.

            Se tenía por tanto que determinar, cuáles de estos fenómenos era consecuencia de los otros.

 

            Los científicos siempre se habían venido preguntando que causa era lo que ponía en movimiento constante a las  corrientes marinas que en la actualidad existen en los océanos.  La explicación de los científicos no satisfacía por cuanto, las  corrientes eran sólo masas superficiales sobre las cuales únicamente podían ejercer su acción los vientos.

 

            Se pensó más bien en que el sol calentaba en forma desigual  a la tierra, produciendo un desequilibrio de temperaturas, que eran extremas en el Ecuador y los Polos. Eso da origen a que el   aire atmosférico existente en las zonas tropicales tenga una mayor dilatación y ascienda en mayores volúmenes a las partes altas de la atmósfera, lo cual a su vez  ocasiona mayores presiones barométricas. Todo eso, produce a su vez un desplazamiento de grandes masas de aire, tanto en sentido vertical, como oblicuo y horizontal.

 

            Las mayores presiones barométricas en las partes altas de la atmósfera, sobre todo en la troposfera, crea como lógica consecuencia  una menor presión a nivel de superficie del mar.

            El científico Gaspard Gustavo de Cartolis,  expresa  hace pocas décadas, que esas fuerzas generadas por las diferencias  de presión atmosférica, hay que agregar otras motivadas por el movimiento de rotación de la tierra.

 

            Pero no sólo el aire se calienta por efecto de la energía solar, sino también las superficies marinas, modificando la densidad del agua a la cual torna más liviana.

            En lo referente a las corrientes que corren frente al litoral peruano hay que tener también en cuenta el fondo o lecho marino con su  sistema de  cordilleras, valles y crestas. Hay una cordillera cuyas crestas frente a Antofagasta se inician en el Meridiano 79-0 y va a rematar al departamento de Piura, en su parte sur, frente a punta Aguja.  Como es lógico suponer, las corrientes marinas, al igual que los ríos, prefieren seguir  las líneas de los valles.marinos.

 

            Hay también otra línea de crestas que corre al sur de la línea ecuatorial y paralela                                                                         

a ella.  Todo eso permite dar una determinada dirección a las corrientes marinas, pues actúan como diques submarinos.

 

            El científico peruano don Ramón Mugica Martínez, tiene una obra muy interesante llamada “Oceanografía del Mar Peruano” en la que trata Contra-corriente del Niño.  El Dr. Mugica era profesor de la Universidad Privada de Piura.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                          

            Expresaba que ha sido estudiada  en los años en que se ha presentado en forma más notoria y visible, como ocurrió  en 1891 que ha motivado un estudio de Schott realizado en 1931.  También las grandes avenidas y años lluviosos de 1926 los han estudiado Murphy; el año 1941 por Lobell; 1956-1957 por Wooster y por Bjerknes; y 1965 por  Guillén y por Flores. Ahora 1983 por el Dr. Mugica.

 

            Las manifestaciones más patentes del Fenómeno del Niño, son: la invasión de aguas cálidas, o sea  de temperaturas anormalmente altas, con avance en dirección contraria al de la Corriente Peruana y lluvias intensas en la costa norte.  Algunas alteraciones biológicas en el mar, como el aguaje, causa mortandad de aves guaneras y peces.

 

            Considera el autor que no se puede achacar a causas puramente meteorológicas la presencia del Fenómeno del Niño en las costas peruanas, pues hechos similares se producen en las costas de California, en las de Viet-nam, al sudoeste de África y al oeste de Australia sin que se reproduzcan las mismas condiciones meteorológicas existentes en la costa norte del Perú.

 

            Podría por tanto deberse a una concurrencia de muchas causas, como serían el debilitamiento en forma muy extraordinaria de los vientos alisios, acumulación de agua cálida en la zona ecuatorial, desequilibrios en la presión atmosférica en el trópico y otras más.

 

            El fenómeno se presenta en California de un modo periódicamente normal, cuando los vientos decaen, mientras que en  el Perú es un acontecimiento anormal.  No todos los años se presenta el Fenómeno del Niño, al menos en forma perceptible, no obstante que hay  algunos veranos especialmente cálidos.  Eso crea mayor desconcierto.

 

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EL CRUCERO DE LA FRAGATA  “COQUILLE”   

 

            Renée Lesson, científico y marino francés, hizo largos viajes alrededor del mundo en la fragata “La Coquille”, habiendo llegado a Paita en marzo de 1823.

 

            Su permanencia en Paita fue accidental, como parte del estudio del ecuador magnético que estaba haciendo.  También buscó aprovisionar su nave.

 

            Siempre es interesante saber, como es que nos ven personas extrañas, ya que resulta difícil que nosotros podamos precisar nuestros propios defectos, limitaciones y deficiencias.

 

            Hay que advertir, sin embargo, que Lesson era muy exagerado, malediciente y calumnioso cuando trata de calificar y describir el carácter de los piuranos, sobre todo de sus mujeres. Para muestra basta transcribir lo que opina de las limeñas: “El amor es, en el Perú, un hijo ciego de Pluto, y no conoce otra lengua, que la de la esterlina.   La tarifa de las tapadas más en boga, pertenecientes a las mejores familias, es públicamente  conocida.  Pero después de haber arruinado su bolsa, todavía debe uno descubrir que ha arruinado el bien más precioso del hombre: su salud, pues no se puede citar en Lima cien damas que estén libres de una enfermedad que se hace benigna por el calor del clima, y que entre ellas pasa bajo el nombre de fuentes, con la misma solicitud con que en Francia se piden detalles de un constipado”.

 

            No se puede decir nada más agraviante de parte de este marino.

 

            La “Coquille” llegó a Paita el 10 de Marzo y permaneció hasta fin de mes.  Lesson hace una descripción  de la bahía, del mar paiteño, del desierto piurano, del cerro llamado Silla de Paita, y de la importancia histórica del puerto.

 

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EN LA CASA DE LA FAMILIA HELGUERO        

           

            Lesson transcribe textualmente el relato que hace el contador de la fragata el señor Gubert, de una visita que hiciera a don Joaquín Helguero y Gorgoña, al que por error da como apellido materno el de Gomalla.

 

            Gubert visitó e 18 de marzo, la hacienda “La Rinconada”, en el bajo Chira en compañía del comandante de Puerto Manuel Gonzáles de Otoya y otro miembro de la tripulación Mr. Diurville.

 

            Tras de haber errado el camino, y haber estado perdidos en los arenales algunas horas, los miembros del grupo llegaron al fin a La Rinconada.  La impresión que tuvieron al transponer un portalón fue magnífica, pues se llegaba a una sombreada alameda, con glorietas  cubiertas de enredaderas y rodeada de gran cantidad de plantas en plena floración al mismo tiempo que multitud de pájaros de vistoso plumaje y melodiosos trinos revoleteaban de rama en rama, creando una situación de embeleso, lo cual significaba un prometedor descanso tras las  fatigas del abrasador arenal.

            Del señor Helguero, el contador hace el siguiente relato: “…nos hizo una acogida llena de cordialidad, rodeado de una noble familia, se nos antojó un patriarca de los primeros tiempos del catolicismo.  Primo hermano del General La Serna, a la sazón a la cabeza de un pequeño ejército realista que  marchaba sobre Lima; él hacía votos por el restablecimiento de la autoridad del Rey Fernando, y acogía en su casa a los desventurados defensores de esta causa.  La misma mañana, una familia entera, emigrada de Guayaquil, había encontrado refugio en su casa.  El aislamiento de su vivienda y la indiferencia de los habitantes de esta parte del Perú por la causa de la independencia le permitían cumplir sin mayor riesgo, los sagrados deberes de la hospitalidad para con los infortunados fugitivos”.

 

            Consideramos poco verosímil lo manifestado por Lesson y Gubert, con respecto a los supuestos  deseos de Helguero por el restablecimiento de la autoridad de Fernando VII en el Perú, porque si bien es cierto antes había sido un furibundo realista, ya había iniciado por ese tiempo su colaboración con los patriotas.  Eso de la apatía del pueblo piurano por la causa de la independencia, tampoco es verdad como lo demostró el hecho de haber proclamado la independencia  antes que Lima y el entusiasmo de la juventud por enrolarse en la División Norte.

 

            Sigue narrando Gubert, que la propiedad de Helguero estaba a cuatro leguas de la desembocadura del río Chira, siendo el cuerpo del edificio de ladrillo blanqueados con cal, de un solo piso, con una planta baja vasta y cómoda, y un balcón de madera toscamente trabajado, que da sobre un lado del río y donde la vista se extiende sobre un delicioso jardín.  En el mismo había cocoteros, platanares,  papayos, naranjos, limoneros, guayabos, granados, higos, sandías y melones.  La tierra parecía -a criterio del viajero- muy fértil.  La hacienda cultivaba  algodón, caña de azúcar, maíz y tabaco.  Se opinaba, sin embargo, que tales tierras entregadas a otras manos más industriosas podían haber sido como una rica mina.

 

            Frente a la casa y en un terraplén se habían colocado una gran cruz de madera en torno a la cual, las familias cercanas, sus parientes y servidumbre se congregaban mañana y tarde para orar largamente.

 

            La comida fue notable por la cantidad de los platos, pero no por la bondad de los guisos.  Luego de ella se dirigieron todos a reposar y fumar en un escampado, tendidos sobre unas esteras, a la sombra de los sauces y gigantescos algarrobos.

 

            Gonzáles Otoya contaba a los contertulios que el Chira nacía en las montañas de Huancabamba (el Quiroz, su principal afluencia nace en Pacaipampa, distrito de Ayabaca). “ Sobre el Chira decía que tenía 400 pies de ancho en su desembocadura y su mayor profundidad era de dos brazas y media (cada braza equivale a 6 pies y un pie a 30,5 cms.).  Es frecuentado por cocodrilos (lagartos) que tienen cuatro varas de largo, siendo muy abundantes en su desembocadura. Ascienden por el río y atacan a las bestias que se acercan a beber, haciendo víctimas a los jóvenes indígenas del lugar.  La venta de agua dulce en los poblados del contorno da origen a un lucrativo negocio.  El líquido lo transportan en grandes calabazas en asnos, formando generalmente recuas.  Las  aguas del río contienen algunos peces, sobre todo el chabot y el bagre.”

 

            “Gubert, conducido siempre por Gonzáles Otoya, surcó el Chira en una piragua que era manejada por un solo indio.”

 

            “En la canoa se dirigieron a Amosape (Amotape) aldea ubicada a tres leguas de la desembocadura del río.  “Está situada en el encajonamiento del rió, al pie de un manto que corona, las rocas del cual, cortadas y aisladas, parecen testimoniar algún antiguo derrumbe ocasionado, ya sea por el desbordamiento de las aguas o por los temblores de tierra.  Contiene una población de dos mil almas, la que esta compuesta casi enteramente por familias indígenas.  Las casas no son sino verdaderas cabañas construidas con cañitas y barro  techadas de esteras.  Algunas son  enjalbegadas con cal.  Las calles son derechas.  Hay una gran plaza  en la que se ve una Iglesia, la única construcción que llama la atención en un lugar tan miserable.  El pueblo sentado en los umbrales de las puertas, respirabas tranquilamente de la frescura de la tarde.  La bondad y la dulzura constituían el carácter dominante del rostro de estos pobres indios.  Extraños a todo espíritu de partido, lejos de los principales lugares en que resuenan los furores del despotismo y de la independencia, ellos viven apaciblemente  y en la simplicidad de sus costumbres, se encuentran satisfechos de su suerte”.

 

            Tal es  la descripción que hace un extranjero de Amotape, hace casi dos siglos y  a pesar de lo cual no se han producido mayores cambios en las costumbres, pues en todos nuestros pueblos, las gentes a la caída de la tarde, salen a sus puertas a descansar, mientras parvadas de chiquillos retozan y juegan en las calles.

 

            La narración prosigue:

 

            “La Guaja” (La Huaca), a cinco leguas de la desembocadura del Chira, con una población de dos mil almas y una iglesia parroquial atendida por un cura.

 

            “La Chira”, a seis leguas de la desembocadura del río que le da su nombre, con la población de mil almas, sin iglesia.  Los indios dependen de la aldea precedente, para todo lo que se relaciona con la religión.

 

            La Punta, a nueve leguas de la desembocadura, encierra alrededor de tres mil quinientas almas y posee una iglesia parroquial (Sullana).

 

            Todos los habitantes de estas aldeas, compuestas principalmente por indios, son agricultores.  Ellos efectúan un comercio con la pequeña ciudad de Piura, que sin enriquecerlos, les procura al menos, los tejidos que utilizan para sus vestidos y las necesidades comunes de la ciudad.  A ella  transportan algodón, maíz, arroz, bestias, productos de cacería, frutas, y hasta agua de la que carece Piura, por lo general durante la estación del verano, pues el río que se la proporciona está seco en esta época, en la que sus habitantes no pueden conseguir sino agua desagradable cavando pozos en el lecho.  También cultivan la caña de azúcar, pero no sacan gran partido de ella, ya que están desprovistos  de las máquinas indispensables para la fabricación del azúcar.  Ellos componen con el zumo de la caña, mezclada a una cierta cantidad de agua y anís, un licor (anisado) que es apreciado y buscado.  Lo he probado en casa del señor Helguero, es bastante fuerte y bastante agradable.  Sacan, asimismo, del maíz una bebida que llaman chicha, de la que hace mucho uso el pueblo.  Los indios de esta aldea son sobrios, tienen un temperamento seco y gozan en general de buena salud.  Como entre ellos no hay nadie que ejerza el arte de curar, ellos mismos son sus médicos.  Sacan de la cordillera y sobre todo de las montañas de Piura, una planta que en esta región se llama chininga (quinina), la raíz de la cual es un febrífugo excelente, y a juzgar por lo que se ha asegurado, es hasta un remedio  soberano contra la fiebre amarilla.  Yo he visto a una dama de Piura que me confesó haber sido atacada por esta última enfermedad, que privada de atención médica había utilizado la raíz de la chininga, con la que había sido curada radicalmente.  Esta raíz cogida fresca tiene una virtud más específica contra las fiebres.  En las mismas montañas se encuentra el chuquirao, que tiene las mismas propiedades que la raíz de la chininga.  Lo utilizan haciendo una infusión, tal como el té, con las hojas y la flor.

 

            Los viajeros retornaron de Amotape a “La Rinconada” a la caída de la tarde.  Era la hora de hacer las oraciones y la familia Helguero y sus huéspedes estaban reunidos en torno a la cruz.  Había un gran parloteo y de repente se hizo un silencio absoluto.  Un instante más tarde todos se persignaban.  Uno de los hijos de Helguero recitó el Credo y el Confíteor, se cantó y se rezó el rosario, todo con el concurso de la asamblea.  La escena en la penumbra de la noche, pareció llena de misteriosa misticismo y de mucha solemnidad.

 

            De repente los rezos cesaron y la escena se transformó.  Un estallido de alegría y todo se puso en movimiento en medio de las risas de los jóvenes.  Cambio tan repentino llenó de asombro al viajero francés.

 

            El aire se inundó con canciones profanas y se formaron rondas para danzar.  De cuando en cuando algunas parejas aprovechaban cualquier oportunidad para cambiar un beso.  El francés encontraba todo esto encantador por lo natural como se hacía y pensaba que algo igual en Europa hubiera sido imposible.  A las nueve y media se sirvió la cena y luego cada cual se retiró a sus habitaciones.  Al día siguiente fue el retorno a “La Coquille”.

 

PAITA EN 1823

 

            Ahora es el propio Lesson el que hace la descripción del Puerto de Paita.  Por la narración anterior se ha podido establecer como era la vida de un hacendado piurano.

 

            La población de Paita sólo se estimaba en 1500 habitantes.  La aldea ocupaba un ángulo de la bahía y estaba construida en anfiteatro.  Las cabañas estaban construidas con caña brava, troncos de bambú de 15 a 20 pies de longitud por 5 pulgadas de diámetro, que según se aseguraba duraban un siglo sin sufrir deterioro.  Entre caña y caña, se rellena con barro o arena arcillosa.  Los techos de canalejas de las charcas que se llevaban de lejos, se colocaban sobre troncos de bambú (o cañas de Guayaquil), resultando ligeros pero sólidos.  Las viviendas estaban bien aireadas, y estaban desprovistas de muebles.  En las paredes colgaban toscos utensilios caseros.  Las casas de las personas principales tenían paredes con fragmentos de piedra arenosa y de conchas.

 

            Afirmaba Lesson que en las casas del pueblo, sólo había esteras sobre tarimas de madera mal pulida, que apenas se levantaba del suelo, que servía de lecho por las noches y sofá en el día.  No faltaban sin embargo las hamacas, algunas tejidas con gran finura y procedentes de Guayaquil.  De todas las casas de Paita, sólo la del Gobernador era una excepción en cuanto a mobiliario, pues en ella se encontraban butacas góticas y una sala de recepciones bien amoblada.  Dice Lesson que Gonzáles Otoya aseguraba que la sobriedad de los paiteños en materia de mobiliario se debía a que pocos años antes Lord Cochrane  había entrado al puerto y los había saqueado, y que los marineros se habían llevado los muebles.  Para Lesson resultaba increíble y un cargo gratuito de Gonzáles Otoya contra un europeo, pero la historia se ha encargado de confirmar que el saqueo de Paita fue un hecho cierto.

 

            El marino francés, afirmaba que la gente de Paita “se encontraba en la más grande miseria, en una profunda abyección y se mantiene dentro de una insigne pereza y un desagradable desaseo”. Consideraba que las viviendas de los indígenas de la Oceanía estaban muy por encima de las paiteñas.  Una caldera de fierro, vasos hechos con la corteza de calabaza (mates) y una tosca hamaca, es el mobiliario de la mayoría de los hogares.”

 

            Describe a las calles como derechas y las cabañas colocadas en dos o tres filas y juntas.  Sólo estrechos pasajes (callejones) las separan para formar los cuadros (manzanas).  Algunas tiendas se encuentran frente al mar y hay un cómodo desembarcadero, con pequeños talleres para arreglar los navíos y para construirlos.  En esos momentos se estaba construyendo dos pequeñas embarcaciones.

 

            Había dos iglesias, que Lesson consideraba muchas, para la escasa población. Tenían techo de paja pero comparadas con el resto de edificios resultaban suntuosas.  El altar mayor estaba cubierto con planchas de plata repujada y los confesionarios eran simples butacas, amplias y al descubierto que no permitían el anonimato del penitente, y Lesson imagina que en el acto de la confesión, el sacerdote actúa muy estrechamente oprimido con la penitente y “puede tranquilamente exultar los sentidos e inflamarlos, sin que ella pueda ocultar sus rasgos aún cuando tratase  de hacerlo, a las miradas de los curas lúbricos”.

 

            El fervor de las mujeres era muy pronunciado y rezaban sobre esteras que extendían sobre el suelo de la iglesia.   Aseguraba que el clero estimulaba que entre la gente pudiente se hicieran los entierros en las  iglesias.  A los pobres, a los que no se les podía sacar ningún dinero -dice el narrador- se enterraban sin ninguna ceremonia a un costado de la aldea.

 

            Una de las pocas cosas que alaba Lesson es el tañido de las campanas que no producen ruidos ensordecedores, sino armoniosos.   Había cinco sacerdotes y un cura teniendo como auxiliares algunos capuchinos.  El cura era joven, con rostro de querubín, con reputación de galante.

 

            Con respecto a la religiosidad en general del pueblo paiteño, sólo se concreta a formas externas del culto, con un fervor sólo aparente a pesar de rezos continuos, asegurando que la Iglesia era como un teatro, donde se van a distraer, a exhibirse  y adornarse con una máscara de hipocresía y donde las muchachas siguen cursos regulares de galantería, y donde reina con despotismo, la más absoluta ignorancia y el fanatismo más  egoísta”.

 

            No conocemos cuales puedan   haber sido las ideas religiosas de Lesson, pero en sus narraciones sobre otros lugares, es su norma arremeter contra la Iglesia Católica, de tal modo que su criterio no es imparcial, pero se consigna por respeto a la verdad histórica.

 

            Habla el marino francés -como no podía dejar de hacerlo nadie - del contrabando, que se hace en forma abierta y en el que ni las autoridades lo desdeñan, incluyendo a los sacerdotes. Se refiere a un navío norteamericano que arribó con el pretexto de proveerse de alimentos y agua, pero desembarcó telas y diversos artículos en gran cantidad, dirigidos muchos a Piura y a otros lugares del interior. El capitán distribuyó coimas entre las autoridades militares y de aduana y a la Iglesia regaló un Cristo y un Niño Jesús  de pasta de cartón, que motivó el agradecimiento de todo el pueblo, que hasta hicieron intervenir una banda de músicos en la recepción de las imágenes, así como lanzamiento  de cohetes y colocación de guirnaldas.

 

            Las familias de Paita estaban compuestas por peruanos descendientes  de familias incaicas o de mestizos, producto del cruce con negros procedentes del  África.  Los españoles que eran escasos en número, formaban una casta privilegiada, que menospreciaba al pueblo, pero que tenían en cambio todos sus vicios.

 

            Como máxima autoridad había -según Lesson- un Gobernador que tiene bajo su jurisdicción al Capitán de Puerto y a diversos empleados del fisco.   Por demás, no había ninguna fuerza armada, no obstante la existencia de un decreto que mandaba a formarse una Compañía de Guardia Nacional (milicia).

 

            No encontraba en la población mucha disposición como para integrase en el servicio militar.  Existía aún el fuerte pero abandonado y la última vez que tuvo cañones fue cuando llegó Lord Cochrane que se llevó los que no fueron destruidos.

           

            Los virreyes para evitar levantamientos indígenas, los exceptuaba del enrolamiento, y sumió a la raza en la sumisión y la docilidad de tal modo que ante la presencia de un blanco, el terror los mantenía dentro de los límites de la obediencia pasiva.  Los dominadores españoles se reservaron el ocio y el  oro, y les dieron en cambio trabajo y miseria, y han soportado ese yugo por muchísimos años, sufrimiento que los republicanos (los independientes) no han aliviado en absoluto, motivo por el cual echaban de menos al gobierno de la metrópoli, que les garantizaba la venta de sus cosechas, seguridad y reposo; nada de lo cual  tienen ahora a causa del permanente estado de guerra.

 

            Este criterio de Lesson no tiene base.  Si bien es cierto que Cochrane se portó muy mal con Paita, y que los independientes levaron gente, y exigieron muy onerosas contribuciones, a pesar de todo sintieron en su espíritu el llamado de la libertad y acogieron con  entusiasmo los ideales de independencia.  Santa Cruz, consiguió que una gran cantidad de paiteños se enrolaron en sus Cazadores a Caballo en forma tal que un regimiento tomó el nombre de Paita. Antes,  y con  Frías y Adrianzén habían proclamado la Independencia con gran entusiasmo. Mal podían por lo tanto añorar al régimen español.  Es posible que tal idea equivocada  la hayan obtenido de la conversación o contacto  con algunos pocos que  como   el señor Helguero aún podían ser fieles a los realistas.                                      

 

            Da una característica especial al comportamiento de los paiteños, su aislamiento, la infecundidad del suelo, la falta de industrias y de recursos comerciales. Para Lesson el paiteño sólo pensaba en la plata y todo su afán era la forma de procurársela de cualquier manera.

            “La clase rica, o por lo menos las que es tenida por tal, no tiene ninguna instrucción, ni ningún sentimiento de dignidad”.- Dice que “son descorteses y tacaños que sin cesar solicitan invitaciones para comer a bordo, pero llegado el caso serían incapaces de dar ni un vaso de agua.  Las mujeres se mueren por la toilette y se desesperan por las cosas confeccionadas en Europa, sobre todo si se trata de vestidos. No hay señorita paiteña que no sucumba ante el ofrecimiento de un vestido de seda. Las paiteñas son -sigue narrando Lesson- de tez tostada y una gordura precoz quitan a las piuranas en general, gracia y frescura.  Sus encantos se pierden rápidamente por los rigores del clima tórrido, se exhiben ampliamente, sin velos y tranquilamente. Su cabellera trenzada en largas mechas flotantes en la espalda y amarrada con nudos, apenas si están adornadas con algunas flores artificiales, o margaritas de rayas cuya blancura contrasta con el negro azabache de su cabello. Las criollas destacan más por la pequeñez de su pie y la largura y color de sus cabellos.

            No es raro el caso de damas cuyas extremidades lejos de haber sido favorecidas por el cielo, son pesadas y toscas, pero están apretadas y martirizadas en un pequeño zapato, pudiendo apenas caminar lo que recuerdan a las chinas.”

 

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            COLÁN…

 

            Lesson visitó también Colán y habla extensamente de ese lugar.  Se expresa así:

            “La aldea de Colán está construida en una llanura arenosa muy vasta, a más o menos tres leguas al norte de Paita.  Todo el verdor que se puede apreciar son unas mimosas de torcido tallo y débiles hojas.  Los indígenas han sido obligados a transportar sus cabañas a este lugar para evitar los pantanos.  Los alrededores del Chira en este lugar, están cubiertos de légamo, lo que hace muy fértil a esa tierra, siendo allí donde los indígenas de Colán han hecho sus cultivos y cuyos productos consumen y llevan también a Paita.  Las familias ofrecen un estado sanitario poco satisfactorio y las fiebres hacen grandes estragos.  La población está formada por peruanos de raza pura, habiendo permitido el gobierno español, que nombrasen un cacique, cuya jurisdicción es parecida a la de un alcalde rural.  Los caciques reciben su nombramiento por períodos limitados y no pueden ser reelegidos  en forma inmediata.  Son gentes los de Colán, de gran simplicidad de costumbres.  Para ellos sólo existen dos clases: los pobres dedicados a la pesca y los agricultores. Es de Colán o de Lambayeque (sic) que los habitantes de Paita logran verduras frescas, leche y agua para beber.  Sólo dos o tres familias de origen europeo y por ello muy orgullosas, viven en Colán rodeados del respeto de los nativos, pero cuidando de no contraer alianzas matrimoniales con ellos.”

 

            “Prácticamente todos los habitantes forman una tribu, que la ley (realista) los exime del servicio militar.”

 

            Lesson visitó Colán en pleno verano y el calor era sofocante, sin ser templado por ninguna brisa.  El termómetro marcaba cuarenta y seis grados centígrados (¿?) y el suelo estaba tan recalentado, que un perro de  abordo de Lesson expresaba con quejido el dolor que experimentaba el caminar sobre la recalentada arena.

 

            La población tiene todos los caracteres típicos de su raza y Lesson pensó que “esos eran los peruanos a los que Pizarro había vencido con el fierro y con el fuego  y que por mucho que los frailes fanáticos e ignorantes hubieran desnaturalizado su fisonomía moral, persistía en ellos una gran expresión de bondad y de dulzura, que convirtió a sus antepasados en fácil presa para ser degollados.  El cacique Mancharé fue el guía de Lesson.  Era un anciano de fisonomía grave y austera, que lo recibió en su cabaña con benevolencia y alegría, lo cual le causó al viajero una gratísima impresión y un profundo agradecimiento.  Cuenta Lesson que el permanecer en medio de una numerosa familia le causó un placer infinito y allí llegó a comprender como los indígenas de Colán respetaban al jefe de familia y la gran unión que reinaba entre  ellos. El venerable Matcharé, no  tenía nada de artificial y de lo que es común ver en los tiempos modernos.  Sus maneras graves y obsequiosas, su hospitalidad y hasta su tono sentencioso,  era muy natural.  Recibió la visita de todos los oficiales de “La Coquille”, que interesados y respetuosos quisieron conocer a este hombre, del que tanto les había contado Lesson.  El capitán Superrey, con el fin de que Matcharé tuviera un recuerdo afectuoso de Francia lo invitó a visitar el barco y allí lo atendió muy bien y le hizo obsequios.  Los oficiales también le regalaron objetos diversos que el cacique apreció mucho.  Como había que suponer, las gentes de Colán nada sabían de Francia.  Para Lesson los indios de Colán son dulces, tímidos e inofensivos mientras que los de Paita estaban enviciados por los europeos y por los contactos de las naves que comerciaban, que los hicieron interesados, resueltos y turbulentos.

 

            “Colán era una aldea más grande y más poblada que Paita, y se le estimó en dos mil el número de habitantes.  Sus calles bastante  rectas y frente a una iglesia que está al Sur, existe una amplia explanada que sirve de plaza en cuyo centro hay una cruz de madera.”

 

            “Las casas están cubiertas de esteras.  Las paredes también son de delgadas cañas que se mantienen en pie mediante estacas, de cañas de Guayaquil.  El aspecto es verdaderamente miserable. La vasta extensión de terreno arenoso en torno a Colán es de espantosa esterilidad, y los primeros vegetales que se aprecian recién están  a tres leguas más al norte en las proximidades del Río Colán (es el Chira). Este pequeño (sic) río pasa por un pueblo llamado La Punta a nueve leguas del mar, con mil habitantes; en seguida pasa por Laguay (La Huaca), riega Amotape donde cambia de nombre.  Este río provee de agua a las aldeas circunvecinas y a Paita a donde la llevan en calabazas a lomo de burro, siendo vendida muy cara, tanto como el vino de Francia.  Es un agua terrosa, con muchas sales en disolución, malsana, de difícil absorción y ocasiona diversas enfermedades.  La gente un poco acaudalada no la bebe sino  después de haberla filtrado a través de una piedra de alcántaras (se refería sin duda a las alcantarillas en donde se ponía a enfriar tras de filtrada en las piedras porosas).  Las alcántaras estaban hechas por tierra arcillosa, muy permeable al agua, la que  pasa a través de sus porosidades.  Se asegura que muchos caimanes viven en este río y los señores D’Urbille y Gubert que pasaron una noche en una habitación, creen haberlos oído”.

 

            “Colán posee una Iglesia bastante grande que fue derrumbada en parte por un terremoto hace diez años (Lesson se refiere al terremoto del 1ro. de Febrero de 1814).  La fachada destruida en su mitad, ha sido construida en madera, cubierta de yeso, en la que se han aplicado molduras y toscas pinturas.  El edificio tiene un techo de cañas en planos inclinados”.

 

            El interior es más rico de lo que acostumbra ordinariamente una Iglesia de aldea, notándose sobre todo en ella dos pequeñas estatuas ecuestres, de San Jacobo y San Felipe, vaciadas en plata maciza, cada una de las cuales pesa más de una arroba o alrededor de treinta libras.  Estos santos han sido cuidadosamente conservados en la sacristía y no aparecen sino en los días de gran solemnidad. Es entonces cuando los indios acuden a adornar la Iglesia, bajo la vigilancia de los ancianos de Colán dedicando el pueblo todo lo que puede al culto.  “Las funciones sacerdotales corren a cargo de tres curas quienes han contribuido un poco en mantener a la población  en la superstición y un fervor poco común.  Los hombres y las mujeres llevan amuletos al cuello, o collares de los que penden pequeñas bolsitas de cuero, en los que van guardadas apuntes con pasajes de las Sagradas Escrituras.  Les atribuyen toda clase de virtudes para curar enfermedades y conjurar maleficios”.

 

            Los habitantes de Colán muestran mucho interés en la adquisición de ciertas bagatelas a las que les dan mucho valor, como  collares de vidrio, espejuelos, cuchillos, pañuelos y más de un miembro de la tripulación logró por ellos pagos no confesados”.

 

            En esto reconoce Lesson que los tripulantes franceses, aprovechándose de la sencillez de los habitantes de Colán, los estafaron o los explotaron vilmente.

 

            “Los indios de Colán muestran un profundo respeto filial.  Esto se podía observar con los parientes y familiares de Matcharé.  Este decía que los había educado y atendido cuando eran jóvenes y ellos a su vez velarán por él en su vejez.  Ningún hijo de Matcharé se atrevía a sentarse a su mesa sin su permiso”. Matcharé llamaba a Lesson Don Tomás.  Cuenta que un día comía con el cacique, cuando se apareció José el hijo mayor de Matcharé, un hombre de 40 años y con hijos.  Al conocer Lesson quien era el personaje, lo invitó a sentarse a la mesa, a lo que José se negó con respeto.  Entonces el cacique tomando la palabra le dijo: “Don Tomás lo permite, siéntate hijo mío”.

 

            “Las mujeres tienen como misión la de preparar y servir la comida pero no se pueden sentar en la mesa del Cacique”.

 

            “La fisonomía general de cada peruano parece haber salido de un mismo molde.  Los rasgos de semejanza entre los hombres son asombrosos.  Su talla es ordinariamente mediocre y apenas si pasan de cinco pies y dos o tres pulgadas.  Sus miembros poco formados son generalmente débiles y redondeados.  Su color es el de bronce ligeramente claro o de cobre rojizo.  Su rostro es oval, la nariz ligeramente aquilina y muy rara vez achatada.  Las narices dilatadas, los labios un poco gruesos y la boca hendida, en conjunto todos sus rasgos son bastante regulares y revelan gran dulzura de carácter.  Su cabellera larga y lacia, en trenzas al estilo español que caen sobre las espaldas.  Las mujeres tienen una talla pequeña, la cara es abocadora en el sentido transversal, lo que  da a sus rasgos formas irregulares y masculinas.  Apenas vi. dos o tres que podían pasar por bonitas a pesar de que estaban en la época de la pubertad. Los hombres andan vestidos a la europea y no obstante estar en la  zona tropical están cubiertos de chalecos y pantalones de grueso casimir azul que compran en Paita.  Se cubren con anchos sombreros de paja y caminan con los pies desnudos.  El  arreglo de las mujeres es muy sencillo.  Consiste en una amplia sotana negra, de anchas mangas que flota sobre el cuerpo sin ceñirlo y al que protege sin necesidad de ropa interior o cualquier otra tela.  Las más pudientes adornan sólo la gorguera con una especie de camiseta bordada con hilos rojos o azules.  No llevan calzado y la cabeza casi siempre descubierta, la envuelven a veces en un pañolón negro.  El tejido que usan en sus vestidos es de algodón y lo fabrican en el Perú.  Asegura Lesson haber visto a varias mujeres tejer mediante procedimientos sencillos, esa tela que usan y que tiñen de negro mediante una vaina de una leguminosa llamada charán, que crece en los cerros y da un negro intenso y muy fijo.  Los niños andan completamente desnudos y expuestos al ardor del sol. El visitante francés asegura haber visto chicas de doce años, ya núbiles completamente desnudas y desplazarse sin malicia alguna, ni tener idea de indecencia por su desnudez”.

 

            Todos los indios de Colán, saben leer y escriben el español (dato indudablemente asombroso) y hay una escuela a cargo de religiosos a la que van todos los muchachos de la región”.

 

            “Los hombres de Colán son pescadores o campesinos y entre estos últimos hay también ganaderos. No hay ninguna industria, salvo la del hilado y tejido del algodón.  Como utensilios usan los que les proporcionan las calabazas (mates).  Los niños de tierna edad se acuestan en hamacas de fibra de pita, mientras sus padres duermen en esteras tendidas en el suelo (La costumbre de las hamacas para los infantes perduró hasta hace poco).  Sus comidas son simples, no comen pan, pero sí maíz tostado a medio machacar al que agregan mandioca  y camote.  Les gusta la carne de puerco, seca al sol o en salazón.  Para cocer la carne sólo lo hacen por el sistema de ebullición en una marmita de fierro (carne sancochada).  Su bebida ordinaria es el agua pura.  Al final de la comida toman chicha que es muy embriagadora.  El sabor -al criterio de Lesson- es pastoso con un agrio no desagradable.  Tiene una consistencia que se asemeja al café con leche y el mismo color.  En la preparación de las carnes usan ají largo y comen crudo, una especie de ají muy pequeño y redondo, acre y picante, de cáscara de color blanco-rosáceo.  Abundaban los plátanos y una variedad llamada guineos, que se comen cocido y sazonados con azúcar”.

 

            “La playa de Colán no es abordable para embarcaciones corrientes hasta la entrada del río a causa de una fuerte resaca.  Tampoco es fácil que lleguen a sus playas sin riesgos las embarcaciones de los navíos”.

 

            “Para facilitar el comercio por mar, los habitantes de Colán, construyen balsas, semejantes a los que en la India llaman catimarona, sólidamente amarrados entre sí.  Estos tablones forman un primer plano por encima del agua y soportan cuatro o cinco filas de tablones dispuestos como los primeros, que terminan en una plataforma sobre la cual ponen las mercaderías.  Un mástil asegurado por largas cuerdas, se levanta al centro, permitiendo manejar con vela estas toscas embarcaciones que poco temen a las encalladuras. Todos los aparejos pueden ser manejados por dos hombres.  Así transportan a lo largo de la costa la sal que abunda en Sechura y Cataké (Catacaos) en el camino a Piura, lo cual constituye el principal producto de comercio al exterior.  Con balsas más sencillas, de una sola plataforma, verdaderas almadías, los pescadores se aventuran  muy lejos de la orilla, utilizando redes parecidas en calidad a los de los pescadores europeos”.

A Lesson llamó la atención estas redes y lo hizo meditar en el hecho de que en todos los lugares del mundo que había visitado,  aún aquellos habitados por hombres casi primitivos, tales redes eran iguales, y que siempre constituyó la primera industria del hombre para buscar su subsistencia.

 

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LAS MUJERES PIURANAS VISTAS POR UN FRANCÉS

 

            Las mujeres de Paita y de Piura,  a las que Lesson  dice tuvo ocasión de ver en reuniones de danzas, “llevan gran ventaja a las de Chile y resto del Perú, por un no se qué de impávido en el movimiento, que mas que gracioso, es voluptuoso.   Las criollas y de origen español por carecer en absoluto de prejuicios morales, y entre las más devotas y sin cultura intelectual, estas mujeres que están entregadas al ocio y a la influencia de una temperatura que excita a los placeres de los sentidos; no sueñan, no piensan y no respiran sino para el amor.  De modo que han adoptado las bellas maneras de Guayaquil que consiste en balancearse valsando de la manera más libre.  Su conversación no resiste la gasa y la decente timidez de un hombre bien educado, viene a parecer una necedad ridícula. Sus gestos, sus ocurrencias, son sólo ligeros  arrumacos.  Se concibe que costumbres tan familiares sean del gusto de los marino que llegan navegando a estas playas, en las que su permanencia debe ser de corta duración, y aunque la belleza sea allí rara, la facilidad de los contactos, un abandono sin exigencias, una conversación ardiente, tienen un gran encanto para esta clase cosmopolita, que no podría ser compensado con otras ventajas”.

 

            “Hay una costumbre -continúa Lesson- que ojalá no la adopten jamás nuestras elegantes parisienses, que es observada universalmente por el bello sexo peruano, al menos en la provincia de Piura.  Hay que imaginarse una sala de baile llena de mujeres de toda edad con los trajes más rebuscados, cabezas adornadas con flores, cuerpos apenas cubiertos con telas sutiles, gargantas completamente desnudas, tanto como los brazos.  Más en vano la vista intenta contemplar el conjunto de las cuadrillas, todas las bailarinas, desde la niña más infantil, hasta las abuelas sentadas como en tapicería en torno al departamento, exhalan con  deleite columnas de humo que ascienden lentamente al cielo.  Una atmósfera de tabaco, que impregna con su nauseabundo olor los tejidos intercepta el rayo visual y embota el olfato.  Cada boca blande un cigarro, el fuego del cual, al paso de cada danzarina es como una centella que surge y se cruza en todos los sentidos.  Es evidente que los amorosos no tendrían  por que espantarse al ver que los labios bermejos dejan una hoja de tabaco enrollado para dar o recibir un beso”.

 

            “La vida de una mujer de la clase acomodada, transcurre pues en la siesta, el parloteo, la hamaca o el ocio más completo y aparte del sueño, el cigarro no deja la boca en otro momento.   Pero si las muchachas bien educadas  no fuman sino veinte al  día, las  mujeres no se contentan con menos de cuarenta.  Estos cigarros de tabaco bastante dulce, tienen una forma  semejante a los de Francia.  Se les lleva generalmente metidos en una especie de estuche muy adornado, que se coloca en medio del seno.  En cambio, los hombres no fuman sino cigarrillos de papel.  En cuanto a las mujeres, ellas tenían antaño una costumbre más chocante, la que no se ha extinguido aún del todo, ya que yo he visto a varias damas que la practicaban diariamente, no siendo esta costumbre otra, que la de mascar el tabaco en rollo, tal como lo practican los marineros europeos, llamándole a esto chiqué.  Una bolsita elegantemente adornada y suspendida a la cintura,  guardaba esta preparación, tan poco apropiada para la boca de una muchacha”.                              

 

            “La moda que se observa por lo general en el vestido de las mujeres, consiste en un traje tan descotado como sea posible y sin mangas, el que se sostiene en los hombros por un conjunto de cintas, de forma de la que el brazo está desnudo hasta la axila.  Envolver las formas de la belleza con un velo oficioso, aviva la imaginación que les presta sus prestigios.  El no tener nada que desear, los extingue completamente, de modo pues que esta desnudez no tiene nada favorable para el bello sexo con raras excepciones.  Las mujeres maduras, casi todas abundantes en grasa, debido a su vida muelle e indolente, por obra de una alta temperatura, son de una flacidez desagradable.  He dicho que la hamaca móvil, suspendida en medio  del departamento era algo permanente”.

 

            “Sirve para hacer la siesta y para abreviar gracias a sus dulces ondulaciones las horas  demasiado largas del día.  Es allí donde exhiben sus encantos en posturas que no son dictadas por la decencia.  Desde allí se conversa, extendida junto a un caballero favorito a quien los pliegues de la hamaca lo presionan con fuerza  contra la hija de familia, dueña de sus actos, ya que los padres y madres no encuentran nunca como oponerse a las preferencias, a las atenciones así no viniese el matrimonio a ser el resultado presumible de intimidades tan grandes”.

 

            “Los hombres son jugadores y libertinos.  La residencia del comandante del Puerto, en Paita, era un garito en el que gran número de personas de la calaña más vil jugaban grandes apuestas, noche y día sin descanso, pareciéndome que los más encarnizados de la banda, eran los capuchinos y aduaneros con más fondos, posiblemente que sus coasociados”.

 

            “Las damas ricas de Piura,  van todos los años a Paita a tomar baños de mar.  Allí se dan cita para satisfacción de este placer, con lo que la Aldea (Paita) resulta entonces animada por los visitantes”.

 

            “Los bañistas de uno y otro sexo se meten al agua  eso de las 9 de la mañana y a las cuatro de la tarde, pero sin ceremonia y sin grandes preocupaciones.  Se toman los baños en la playa arenosa, ante todo el mundo, hombres y mujeres reunidos.  Los primeros conservan un calzón y la clase más distinguida  no hace ningún melindre, es de concebirse que libertades se tomará el populacho aunque nada llama la atención de esta gente: su fisonomía es fea y marchita por la miseria”.

            Indudablemente que las piuranas de hace 180 años fumaban en forma más intensa que las de ahora, y no cigarrillos si no cigarros, pero no en el grado de exageración que lo cuenta Lesson.

            En cuanto a lo liviano del ropaje, eso era impuesto por los rigores del clima, es decir por razones de higiene y no de impudicia y menos por falta de prejuicios morales.                                                  

La malicia la tenía el observador que veía vicio en algo que no tenía la menor malicia. Podríamos decir en todo caso que las piuranas se adelantaron  a las normas modernas de mayor higiene en el vestir.  En cuanto a la conducta moral de las piuranas, ellas en realidad podían pasar por unas puritanas frente a las francesas que el científico francés Lesson parecía no conocer.

 

            El ataque sistemático que hace a la Iglesia católica y al clero, se explica por su anticlericalismo.

            Todo eso le resta veracidad y justeza a los relatos y juicios que emite, por hacerlo bajo la influencia de pasiones y prejuicios.

            De todos modos, interesa conocer como era la apreciación de las gentes de afuera, aún cuando  tal apreciación fuera a todas luces distorsionada.

 

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LA CAZA DE LA BALLENA

 

            También se ocupa Lesson en su relato, de la caza de la ballena, del cachalote y de los lobos marinos.  Dice:

La caza de la ballena

 

            “Los recursos de Paita eran casi nulos para atender a un navío de cierto tamaño.  Los balleneros  ingleses y americanos -que son los que más abundan, sólo hacen eescala para proveerse de algunos sacos de legumbres, cuyo precio es más barato que en otros puertos peruanos.  Además se encuentran a escasa distancia de Selango (¿?) a donde tienen la costumbre de dirigirse para renovar las provisiones de agua dulce”.

 

            “El número de navíos ingleses que cruza el Pacífico para esta caza, es considerable.  Al capitán se le da el doceavo de los productos capturados, al segundo 1/24, al tercer oficial 1/42 y los patrones 1/110.  Los marineros reciben por cada campaña un equivalente a 130 luises franceses”, que para la época era una elevada paga.

 

            Lesson dice que tuvieron que pagar a precio de oro en Paita, la carne fresca de cordero y las aves que necesitaban para su aprovisionamiento.

            “Por vía marítima se transporta desde Guayaquil a Paita, naranjas, limones y cocos”.

            “La caña de azúcar se cultiva en los valles piuranos.  Se elabora un rum (¿ron?) de calidad mediocre.  Esta parte de la costa regada por arroyos (por los ríos Piura y Chira) es fértil, por lo que se encuentran allí jardines como las viñas, las higueras, los granados, los naranjos, juntos a estos frutos de nuestros climas maduran los plátanos fundentes, los carasoles, las guayabas, los higos chumbos, las papayas y las ciruelas, que son una especie de azufaifas dulzonas y  sosas, de piel anaranjada -que Lesson dice- no haber encontrado en nninguna otra parte de los países por él recorridos” (se refiere a la agradable ciruela amarilla).

            “La orilla de las aguas parece pues un oasis, mientras que el resto ofrece una espantable desnudez. Pero sobre esas arenas sin humus y muy recalentadas, vegetaban calabazas y sandías.  Gracias a ello es que se alimenta en Paita a los pocos  caballos del puerto.  Algunas hierbas tostadas, por otra parte durante diez meses del año, no procuran nada de forraje (en la actualidad el ganado también consume pasto  seco).  No obstante de que crece abundante la verdolaga, no se hace de ella ningún consumo”.

 

            “En este miserable país, no hay siquiera madera para hacer cocer los alimentos y se tiene que ir a buscarla a seis leguas de Paita, vendiéndose a cincuenta centavos la carga de un asno (la carga de leña)”.

            “Sólo los pescadores sacan algún provecho de la salazón de los pescados, que despachan por los vapores caleteros; y los pastores de los alrededores de Piura confeccionan también para la exportación un queso blanco dispuesto en placas redondeadas, el que no tiene sino una calidad mediocre (se refiere a los quesillos). Los únicos artículos que se pueden buscar en Paita son los sombreros de paja blanca fabricados en Guayaquil con una gran fineza, pero de muy poca gracia en su forma”.

            Lesson cuenta que “los oficiales de la corbeta “La Coquille” al desembarcar en Paita, iban a la casa del capitán de puerto, Gonzáles de Otoya (que en otra parte de su narración dice era un garito de juego); “en donde sus dos hijas Panchita y Jesús hacían los honores de casa y recibían con la mayor sangre fría y en forma imperturbable las mil y una galanterías que les lanzaban los marinos franceses, ingleses y norteamericanos, unas cien veces al día; pero tales homenajes no llegaban al corazón, sino cuando los regalos les facilitaban el camino.  Para ellas el sentimiento era puro engaño.  Su prima, cuyo padre, antiguo oficial, había muerto en la guerra de la revolución (de la independencia), traficaba públicamente con sus encantos y a pesar de esto seguía siendo la mejor amiga de estas señoritas, Las señoritas sabían tocar la vihuela y  la “campanita del Bros.” Y  pasaban por muy hábiles en el rasgueo de ella. Muy  a menudo cantaban ellas las famosas cantatas republicanas del Perú, de Colombia y de Guayaquil”.

 

            “Los habitantes salen de día lo menos posible de sus casas por la elevada temperatura.  Permanecen recluidos recostados en sus hamacas o tendidos sobre las esteras en una absoluta inacción.  Por  este motivo las mujeres adquieren un estado de notable obesidad, que se mantiene por la costumbre de los repetidos baños calientes y el uso del chocolate como alimento principal.  Tienen también ellas la costumbre de depilarse completamente y la afición de fumar tabaco lo que deteriora sus dientes, siendo muy pocas las señoritas que los tienen blancos e intactos.  Las mestizas y las negras, el esmalte de cuyos dientes es por lo general tan puro en  todas partes, acaban por verlos corroídos a causa del abuso del cigarro, la mayor parte de las damas tienen cauterios en los brazos a los que le llaman fuentes, siendo este cauterio, una especie de medio profiláctico para arrostrar las afecciones pulmonares.  Allí son tan comunes las leucorreas, como tenaces por su naturaleza.  La moda que les prescribe vestidos escotados, las transpiraciones abundantes, las costumbres de respirar todas las tardes el   fresco hasta medianoche en el umbral de la casa; contribuyen a hacer crónicas las afecciones catarrales.  La clase pobre es devorada por la gusanera -y dice Lesson- que no pudo familiarizar a sus ojos viendo como las mujeres pasan noches enteras buscando en la cabellera de los maridos los piojos, que pululan en ella, y como los matan con una gracia y destreza, que sólo son propias de los españoles”.

            “No hay ningún médico establecido en Paita (estaba en La Huaca), pese a que la población es aniquilada frecuentemente por las enfermedades, es por eso que me hicieron muchas consultas de los pueblos vecinos (Lesson era médico) y aún de Piura.  Un capuchino era el único que ejercía en la región un empirismo primario.  Él trató de verme para ofrecerme una receta preciosa, la cual según sus propias palabras había descubierto para felicidad del género humano.  Este remedio era infalible para curar el dolor de dientes, los callos de los pies, la disentería  y en una palabra todas las enfermedades humanas.  El había obtenido de otro capuchino de la misma orden que insertó un extenso artículo apologético en la Gaceta de Lima.  Esta panacea se daba por la módica suma de 100 francos, en un pequeño frasco, pero el buen padre, al no encontrar de parte del francés mayor interés lo rebajó a 10 francos, aunque eso hubiera sido pagar por una droga peligrosa, diez veces más de lo que valía y que era un compuesto de Styrax y extracto de opio.  Expresa Lesson que el capuchino le decía: Sr. Físico, mi descubrimiento es el fruto de la inspiración divina y de la práctica, y no lo he buscado en absoluto en los libros porque no sé leer.  Agregaba el francés, que en Paita se le tenía por bruto.

 

            La viruela cuando se presenta hace estragos, sobre todo entre los niños y la gente no gusta de vacunarse.  Sólo los descendientes de los europeos la aceptan, pero en Paita es donde se ignora la vacuna, no es raro encontrar niños que han perdido la vista por efectos la plaga o personas en las que han dejado huellas tremendas.

 

            Lesson está equivocado.  Lo cierto es que desde 1805 la vacuna se usaba en Piura cuando la introdujo el Dr. Salvany.  Luego los padres Betlemitas la continuaron aplicando y si bien es cierto inicialmente hubo desconfianza en utilizar ese novedoso sistema, sin embargo, miles recurrieron a él.

 

            Continúa Lesson: “Una fecundidad poco común, repara las pérdidas diarias de la población, habiendo madres que han tenido veinte hijos.  El esmero que la familia pone por educar a los hijos no es muy grande.  Los dejan correr completamente desnudos, revolcarse en las arenas, juntándose a esta indolencia por su bienestar material, la más completa indiferencia por sus enfermedades.  Si su vida está amenazada por una grave afección, se les abandona en un rincón de la casa, hasta que sanan o se mueren.  Los habitantes de Paita tienen las mismas costumbres que los chilenos en cuanto a los enterramientos, celebran con danzas y fiestas la exposición del cadáver en un estrado en las encrucijadas”.

 

            “La reverberación del sol en las arenas, produce inflamaciones muy vivas en los ojos (al igual que en la época de la Conquista) y el uso  de aguas terrosas y salinas causa retención de orina”.

 

            “Se presenta frecuentemente la fiebre con tipos intermitentes como en Europa (el paludismo o terciana) y se le combate con infusiones de cuquirao y chinininga, plantas amargas, muy apreciadas al igual que la quinina.  Hay otra enfermedad más asquerosa y más inveterada que predomina en Paita.  (No da mayores datos Lesson). Finalmente la disentería viene a coronar este conjunto de dolencias y más de una persona de la tripulación de la fragata, vio su salud comprometida con una de estas enfermedades”.

 

            “La temperatura durante la permanencia de La Coquille en Paita fue constantemente cálida.  Los vientos reinantes comenzaban en las mañanas con calmas y algunas veces con ligeras brisas desiguales del S.S.E o también del E.S.E.  Al medio día, el  viento tomaba consistencia, viniendo a refrescar la atmósfera abrasada.  A las seis de la tarde, el aire dejaba de agitarse.  La mar en la rada era pareja y apenas una arruga ondulaba la superficie. Un sólo día se volvió chapaleante.  Muy a menudo se presentó el fenómeno que se había visto ya en el Callao de aguas rojas y durante la noche el mar relumbraba con la más viva fosforescencia.  El cielo era notable por su serenidad, aún cuando la bóveda azul esmaltada de estrellas, se oscurecía por las noches con nubes grises y sueltas.  La lluvia cae rara vez en la costa, pero cuando llueve en forma de aguaceros súbitos y abundantes, se forman grandes torrenteras.  Los temblores se producen con una frecuencia, que comprueba la existencia en el Perú de grandes grietas subterráneas.  La presión barométrica es de 28 pulgadas al medio día, la temperatura es de 26 a 28 grados centígrados y el calor se mantenía hasta medianoche a 23 o 25 grados, mientras que a las tres de la tarde y bajo el sol, era de 48 grados.  La temperatura del agua del mar era de 20 a 23 grados al medio  día y de 18 a 21 grados por la noche.

 

            Lesson termina hablando de la Silla de Paita, de un buitre parecido al urubú, de un cóndor que vio admirado, de los alcatraces, de las miríadas de gaviotas, de flamencos de alas rojas, de la gran abundancia de peces y de las riberas llenas de conchas, así como también de la gran cantidad de crustáceos.  

 

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LA DESASTROSA CAMPAÑA DE INTERMEDIOS

 

            Al dejar San Martín el Perú, todo el poder quedó concentrado en el Primer Congreso, que utópicamente pretendió gobernar hasta en asuntos que eran en verdad minucias.

 

            La Junta Gubernativa que desempeñaba funciones ejecutivas y era presidida por La Mar, estaba en exceso dependiente del congreso y atada de pies y manos.

 

            Antes de dejar el Perú, había concebido San Martín una operación ofensiva contra los realistas que de haberse podido llevar a cabo en la forma en que fue planificada, hubiera logrado un éxito aplastante.

 

            La ofensiva debía desarrollarse en dos direcciones.  Una por el sur, conectada con los patriotas del Alto Perú, para atacar a las fuerzas del general Jerónimo Valdez, y otra a Cerro de Pasco, para neutralizar a Canterac   que estaba en Jauja.

 

            Una fuerza de 3000 hombres partió entre el 1ro. y el 17 de octubre de 1822 del Callao en forma sucesiva al mando del general Rudecindo Alvarado.  También iba el competente general Miller.  Las fuerzas la componían soldados peruanos, argentinos y chilenos.  Alvarado era un argentino de 31 años.

 

            El general Alvarado, era un jefe valiente y eficiente, pero no tenía el don de mando suficiente como para imponerse a subordinados indisciplinados.  Desembarcó en Iquique y marchó hacia el norte, perdiendo mucho tiempo en Arica, por cuya razón Miller fastidiado en la inactividad en que estaba solicitó 120 hombres con los cuales incursionó hasta Caravelí.

 

            Mientras tanto la División Peruana que debía desplazarse de Lima a Cerro de Pasco bajo las órdenes del competente General Alvarez de Arenales no se movió.  La base de este ejército era la División del Norte que había luchado en Pichincha y la fuerza auxiliar colombiana de dos mil hombres que estaba al mando del general Paz del Castillo.  Fatalmente, la que fuera aguerrida División Norte estaba desmantelada y el congreso nada había hecho por remediar la situación  no obstante los reclamos de Alvarez de Arenales.  Además, Paz  del Castillo, sólo había creado problemas, se negaba a subordinarse a ningún otro jefe, y anunció que no integraría con sus fuerzas, la operación sobre Cerro de Pasco.  De esa  forma pagaba Colombia y Bolívar, la cooperación del Perú en Pichincha.   El gobierno se vio entonces obligado a reembarcar a Guayaquil a esos dos mil hombres que no habían servido para nada y que más bien habían causado ingentes gastos al erario nacional.

 

            Canterac se dio cuenta de que los independientes no iban a atacar por el centro y entonces voló en socorro de Valdez llegando a tiempo cuando éste en Torata, resistía a las fuerzas  de Rudecindo Alvarado.

 

            Al duplicarse el número de combatientes españoles, la victoria se decidió por los realistas el 19 de enero de 1823.  Los patriotas tuvieron que batirse en retirada y el 14 de febrero fueron alcanzados por los españoles en Moquegua, dándose una nueva batalla con igual resultado.

            El resto del ejército patriota, muy mermado ya no fue perseguido y pudo reembarcarse al Callao.  Los soldados argentinos, incluyendo el famoso Regimiento Granaderos de los Andes, cometió actos de indisciplina en Torata, negándose a combatir, pero en Moquegua se portaron heroicamente.  El Regimiento quedó diezmado.

            En Enero de 1823, la causa de la libertad en el Perú se encontraba muy comprometida.

            Ante problema tan grave, algunos diputados pidieron en el congreso que se solicitaran tropas a Bolívar, pero esto no era bien visto tras los problemas que había causado Paz del Castillo y por  lo tanto sólo se quería armas.

            El 20 de febrero de 1823, el congreso renovó su mesa directiva.  Para presidente  fue designado Nicolás de Araníbar que logró 33 votos contra 20 de Ramírez Arellano, su más cercano oponente.- Como  Vice-Presidente resultó electo Tomás Diéguez con 33 votos contra 18  votos de Cuellar y para Secretario salió designado Fco. J. Mariátegui, con 29 votos contra 15 de Ferreyros.  Los demás tuvieron menos de 10 cada uno.

 

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EL MOTÍN DE BALCONCILLO

 

            Como ocurre siempre, se trató de buscar una cabeza de turco para descargar la responsabilidad de los fracasos militares.  Esa fue la Junta Gubernativa presidida por La Mar.

 

            El ejército tenía su campamento en Balconcillo, en Miraflores y allí donde se reunió el alto mando, y decidió dirigirse al congreso para solicitar la  deposición de la Junta Gubernativa, y la designación  del coronel de milicias don José de la Riva Agüero como Jefe Supremo.

 

            Firmaban el documento-que tenía fecha 26 de febrero de 1823- el general Santa Cruz, los coroneles Agustín Gamarra, Ramón Herrera, Félix Olazábal Brandsen y los tenientes. coroneles Eléspuro, Salvadores, Gutiérrez de la Fuente, Ventura Alegre y también otros jefes como J.M. Plaza, Soyer, Garzón y Martínez.

           

            No firmó el general José Antonio Alvarez de Arenales, que hasta ese momento había sido el Comandante General del Ejército porque renunció al mando y pidió autorización para retirarse del Perú.  Este valiente jefe, era sin duda, el más competente que en esos momentos había en el Perú y no había querido comprometer su limpia foja de servicios con un motín.

 

            Este jefe, con Santa Cruz y otros más habían solicitado el 18 de enero a la Junta de Gobierno, que dispusiera de inmediato una ofensiva sobre Cerro de Pasco para evitar que Canterac se uniera a Valdez y advertía que de no hacerlo, la expedición de Alvarado en el Sur, ya en completo abandono, sería aniquilada.  Por desgracia, los hechos dieron la razón a esta advertencia, pero la Junta, ni siquiera contestó a los militares.

 

            En el congreso, fue leída en sesión secreta, en la mañana del 27 la comunicación del ejército y no cayó bien en la mayoría de los diputados sobre todo en Luna y Pizarro, muy celoso de sus fueros.  Se decidió entregar el poder al militar de más alta graduación mientras se resolvía lo necesario y el elegido fue Torre Tagle al cual se invitó al recinto de la asamblea pero no se le llegó a entregar el poder, porque los acontecimientos se precipitaron.  Los militares avanzaron sobre Lima y alarmado el congreso, capituló aceptando la imposición de los militares.  Fue ese el primer  golpe de estado y la iniciación de ese mal tan arraigado en nuestra Patria.  Varios diputados  votaron en contra de la aceptación del planteamiento del ejército y manifestaron que el congreso había perdido su libertad.  El patriarca Luna Pizarro dijo que bajo tales circunstancias no podían seguir desempeñando sus funciones y pidió autorización para retirarse a Chile.

 

            Riva Agüero ascendido a Gran Mariscal, fue nombrado Presidente de la República.

 

            La Mar que estaba bajo arresto por Santa Cruz, fue liberado.

 

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EL MARQUÉS DE SALINAS PIDE PERMISO

 

            Riva Agüero contaba con la adhesión del  ejército y del pueblo cuando inició su gobierno.

 

            Ascendió a general de división a Santa Cruz y también promovió a otros jefes y nombró jefe de la marina al almirante Guise.  Tanto los cuadros del ejército como la marina fueron reorganizados y la disciplina  y el orden retornó a las fuerzas armadas.  Se decidió movilizar nuevas fuerzas y formar más cuerpos de ejército.

 

            Riva Agüero quiso aprovechar los conocimientos militares del marqués de Salinas y le pidió que organizara el reclutamiento militar en Piura.  Para eso tenía que pedir permiso al congreso.

 

            El 22 de marzo en el congreso se lee un oficio del ministro de guerra en el que se manifiesta que es necesario que el diputado don Francisco Javier Fernández de Paredes saliese a Piura para que activase la recluta de gente que se había pedido a esa provincia. También se dio lectura a otra comunicación  del mismo diputado  marqués de Salinas en la que pedía licencia por dos meses, para pasar a Piura y atender el encargo que le había hecho el presidente Riva Agüero, en  cuanto al reclutamiento de hombres y de caballos.  El asunto fue discutido ampliamente y se denegó.  El diputado Fernández de Paredes insistió manifestando que a lo anteriormente expuesto había que agregar la dilapidación de sus intereses, por cuyo motivo se acordó tratar el asunto en sesión secreta que se iba a celebrar el mismo día.

 

            En la noche se volvió a poner el asunto sobres el tapete y se acuerda aplazar el debate para otra fecha.  Sin embargo, Fernández de Paredes no se dio por vencido y como la principal objeción era  que un diputado no podía dejar de ejercitar su alta función para ser un simple comisionado del gobierno, expresó que deseaba arreglar en Piura  sus asuntos particulares.  Por tal motivo se le dio permiso y se comunicó al ministerio de guerra, que se autorizaba al diputado cumplir el encargo.

            El 7 de junio en sesión secreta se leyó un oficio del marqués de Salinas proveniente de Piura, en que manifestaba que estando próximo a expirar su licencia, había sido atacada su salud por una enfermedad que lo tenía postrado e incapaz de emprender el regreso a Lima y que ni siquiera podía establecer el tiempo que iba a necesitar para restablecerse, por lo cual pedía la benignidad del soberano por no extrañar su falta.  El congreso quedó enterado.

 

            En la misma sesión se leyó otra comunicación del diputado García Mancebo que se encontraba en Tacna cumpliendo por parte del gobierno un encargo de formar un cuerpo de caballería, lo que estaba bastante adelantado, pidiendo una licencia adicional porque si dejaba la labor, el escuadrón se podía disolver.  Se produjo un acalorado debate y se le hizo conocer que si no podía abandonar la comisión militar, debía renunciar a la diputación. Es decir se le dio un trato diferente.

 

            El marqués de Salinas, don Francisco Javier Fernández de Paredes, ya no se reincorporó al Congreso.

 

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LA PUNTA PIDE CATEGORÍA DE PUEBLO

 

            El sábado 15 de marzo de 1823, en sesión de congreso se dio cuenta de un pedido procedente de Piura, que mereció el apoyo de la representación del departamento de Trujillo.  En el acta de sesiones  aparece lo siguiente:

 

            “Así mismo se hizo presente, el recurso de la municipalidad de La Punta, del partido de Piura, en que por las razones que se alegan, solicita se declare a la población el título de pueblo.  Mandóse a pasar a la Comisión de Legislación para que formule una minuta de decreto sobre el particular, que sirva de norma en lo sucesivo”.

 

            El sábado 19 de abril, se dio lectura por tercera vez, a un pedido del diputado por Trujillo don Antonio Rodríguez por la que se aprueba gracias y preeminencias que solicitan algunas ciudades, pueblos, cuerpos y clases del departamento de Trujillo.

 

            La Punta logró su condición de pueblo  y tres años más tarde, la de Villa con el nombre de Suyana(sic).

 

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PIURA PIDE REBAJA DE IMPUESTOS

 

            La municipalidad de Piura se dirigió  al congreso, solicitando la rebaja de impuestos. En sesión del 24 de mayo, del Primer Congreso Constituyente, figura la siguiente  Acta:

 

            “Dióse cuenta de la petición de la municipalidad de Piura, sobre que se le concedan  las siguientes gracias:  1ro. de que se rebajen los censos del 5% al 3% y 2do. la de un 2%  de derechos en los efectos  de aquel país,  en recompensa de los méritos y servicios hechos a favor de la independencia.  Después de haberse discutido  la materia se mandó a pasar a la Comisión de Justicia la primera parte y sacándose copia de la segunda, se pasó a la Comisión de Comercio.

 

            La expresión “aquel país”  se refiere al partido de Piura.

 

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PIDEN DECLARAR A PIURA CIUDAD HEROICA

 

            Muchas fueron las ciudades a las que el congreso confirmó el honor de ser declaradas heroicas por su participación en la lucha de la independencia.

 

            Trujillo  y Lambayeque, por su pronunciamiento en el norte, lo habían logrado, y sólo faltaba Piura, donde habían existido fuerzas  realistas más poderosas que en las dos ciudades antes mencionadas.

 

            Correspondió a Tomás Diéguez presentar la moción para que se otorgase a Piura el título de “Muy Heroica y Generosa”.

            Para eso era necesario que el pedido se sustentara en tres sesiones y fue así como el 31 de mayo de 1822 se hizo la primera propuesta.

 

            La segunda fue el 2 de junio y la  tercera  el día 5.  El diputado Diéguez que había tomado parte activa en la proclamación de los hechos que llevaron a la Independencia de Piura, fue el que fundamentó el pedido.  Tras ligero debate, se consideró que el punto había sido suficientemente debatido y se admitió para que pasara a informe de la Comisión de Premios.

 

            Por esos días los realistas volvían a  amenazar Lima y tanto el Presidente de la República como el congreso vivían  momentos de tensión y zozobra y el 16 de junio se tomó la decisión de dejar Lima.  Tres días más tarde, los congresistas listos para embarcarse en el Callao, sesionaban de emergencia en el puerto.  Se olvidó el pedido de Piura.

 

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PIURA SE QUEJA POR LEVAS ABUSIVAS

            Los trujillanos, lambayecanos y piuranos habían prestado una gran contribución  a la formación del ejército patriota.  La División del Norte que luchó en Pichincha, estaba integrada en un 90% por soldados de estas provincias.

 

            Pero además de eso, también se cooperó para conformar el personal de tropa de las guarniciones existentes en Piura, Amotape, Huancabamba, Paita, Tambogrande, etc.

 

            Para formar el Batallón de Infantería 4 decretado por San Martín  después del triunfo de Pichincha, el coronel Rojas  cometió muchas exacciones que fueron denunciadas al congreso por el diputado Diéguez.

 

            Posteriormente, tras el fracaso de la Primera Campaña a Intermedios que terminó con las derrotas de Torata y Moquegua, el presidente Riva Agüero dispuso la recluta general en todo el Perú para rehacer el  ejército.

 

            A Piura fue enviado el mayor Ramón Castilla, que al encontrar oposición en la recluta, cometió no pocos abusos.  Cosa parecida pasó en Lambayeque, por cuyo motivo, se levantó un clamor general de protesta, de lo que hizo eco el diputado por el departamento de Trujillo, Dr. Fausto Figuerola (chiclayano) el que  el 17 de mayo denunció ante sus cámaras las extorsiones que cometían en  los partidos de Piura y Lambayeque, los comisionados del reclutamiento.  La resistencia fue tal, que se llegaron a producir desórdenes y protestas populares, de todo lo cual Figuerola hizo una amplia exposición el día 26 de mayo.

 

            Otro de los encargados del reclutamiento de  soldados y caballos  en Piura, fue  el marqués de Salinas.

 

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