Capítulo II

 

 

C A P I T U L O      II

 

 

LAS JUNTAS DE GOBIERNO

 

 

 

-         Las Milicias

-         Las Juntas de Gobierno

-         La Junta de Quito

-         El Padre Camilo Henríquez

-         Actividades del Padre Ayuso

-          Llegada de más esclavos

-          El Uti Possidetis

-          Las Cortes de Cádiz

-         Agradecen la abolición del Tributo

-         Bando por Instalación de las Cortes

-         Elección de Cabildo piurano de 1811

-         Problemas que se presentaron el 1ra. elección

-         Otros tratan de construir el panteón

-         Incursiones de Comodoro Porter.

 

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LAS MILICIAS

 

La palabra milicia viene de la voz latina milites, con que se denominaban a las primitivas legiones de mil soldados.

Con el tiempo, la palabra ejército se utilizó para designar a las tropas en servicio activo, mientras que las milicias constituyeron los efectivos militares en reserva.

 

En la Edad Media y Moderna, todos los países de Europa tuvieron milicias.

En la historia de España, las milicias jugaron un papel muy importante. Los famosos Tercios Españoles que destacaron tanto en las guerras que España tuvo en los Países Bajos, fueron milicias.

 

Las milicias sirvieron después para cuidar el orden interno en las ciudades de la Península. De ahí el nombre que se dio a muchas de ellas de Milicias Urbana.

Durante la guerra de liberación que España sostuvo contra Napoleón, fueron las milicias, las que inicialmente cargaron con el peso de la resistencia, y más tarde fueron elementos de apoyo de mucha importancia, cuando con ayuda de los ingleses se formaron ejércitos españoles para enfrentar a las huestes napoleónicas.

 

España que tenía como costumbre implantar en las colonias sus instituciones, creó en América numerosos cuerpos de milicias.

Como es fácil comprender, éstos eran cuerpos militares informales, que no tenían el rigor de la disciplina militar. Generalmente no estaban acuartelados, sino que se les convocaba cuando se les necesitaba, para lo cual se encontraban en situación constante de movilizables. Había milicias municipales, provinciales y nacionales.

 

Las milicias nacionales se organizaban, bajo el mismo modelo del ejército, y se daban también grados a sus jefes. Algunos de ellos se asimilaban a militares de carrera o graduados.

Frecuentemente se les confiaban misiones fuera de su localidad y se desempeñaban magníficamente.

En las colonias, los españoles utilizaron mucho a estas milicias como tropas de infantería para enfrentar a los piratas y también a los primeros estallidos revolucionarios.

 

Las milicias provinciales estaban destinadas a apoyar al ejército regular o activo en la defensa de una determinada circunscripción o provincia. Su organización interna, fue variando de acuerdo al tiempo y a las circunstancias. A sus oficiales se les llegó a dar hasta el mando de coronel. También la edad de los milicianos varió en relación a las épocas. La mínima fue unas veces 18 años, en otras oportunidades 20 y también 30 años. La máxima varió de 40 a 50 años.

 

Las compañías generalmente se componían de 200 milicianos. Se prefería a los solteros y a los que no tuvieran ocupaciones agrícolas, ya que en caso de necesidad era más fácil su acuartelamiento.

 

Dada la libertad de que gozaba el miliciano, que sólo en casos excepcionales tenía que hacer vida de cuartel, los americanos y también los peruanos, preferían este sistema a la vida de soldado regular, a su rígida disciplina y al acuartelamiento. Estos milicianos por hacer vida civil, se contaminaron con las ideas libertarias, y fueron muchos los que desertaron del servicio del rey, para unirse a la causa de la Patria. Así sucedió en Piura.

 

Las milicias, concejiles hacían generalmente el papel de policía en las ciudades. Sin embargo, en la Edad Media, cuando las ciudades o burgos tenían que luchar por mantener sus fueros, formaban con las milicias, verdaderas fuerzas de choque y estaban empeñadas en constantes acciones de guerra.

 

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LAS JUNTAS DE GOBIERNO

 

Después que Napoleón hizo abdicar en Bayona a Carlos IV y a Fernando VII, poniendo en el trono de España a su hermano José Bonaparte, el pueblo español se sublevó el 2 de mayo de 1808 y el 25 de setiembre del mismo año, se constituía en Aranjuez, una Junta Central de Gobierno que asumía el mando en abierta rebeldía contra los Bonaparte.

 

Tal como lo hemos manifestado, en diversas ciudades españolas se habían formado Juntas de Gobierno que asumieron el control político de cada región  y organizaron la resistencia armada.

 

También en las colonias se formaron estas Juntas, aparentemente con el mismo fin, es decir sostener la causa de Fernando VII al trono de España.

 

Hay que hacer notar que Napoleón, envió diplomáticos a América, con la finalidad de lograr la adhesión de estos pueblos, pero en todas partes fue rechazado.

 

Los ingleses que también eran enemigos de Napoleón, pensaron que la ocasión se les presentaba propicia, y como el Precursor Miranda, había estado solicitando su ayuda en la lucha de la independencia que trataban de iniciar, pensaron que era el momento de actuar, y fue así como una escuadra que al mando de Sir Pophan había estado actuando victoriosamente en África, en lugar de retornar a Inglaterra, se dirigió a Argentina y desembarcó en Buenos Aires, pero el pueblo en lugar de apoyarlo, con gran sorpresa de los invasores, se volvió en su contra y al mando del General Liniers, los obligó a capitular el 12 de agosto de 1808.  Una segunda escuadra, mucho más potente que se presentó después, corrió la misma suerte el 7 de julio de 1807.

 

Esto demostraba aparentemente que las Colonias se mantenían sumamente fieles y fuertes,  a los monarcas de España.

 

Fue en Chuquisaca (Bolivia), en donde se formó la 1ra. Junta de Gobierno.  Los vecinos convocados a un cabildo abierto el 25 de mayo de  1800, depusieron a las autoridades constituidas y se hicieron dueñas de la situación.  A nadie engañaba que en realidad se trataba de un acto de subversión.  Lo ocurrido con la ciudad boliviana de Chuquisaca (llamada hoy ciudad  de Sucre) se repitió en Julio con La Paz, pero los ejércitos procedentes de Lima y Buenos Aires, dieron fin  con estos brotes revolucionarios y Pedro Domingo Murillo, el alma de la rebelión en La Paz fue ajusticiado. Al morir, mirando hacia el cielo expreso: la tea  que hoy dejo  prendido  nadie la podrá apagar.

 

El 10 de agosto de 1809 se formaba en Quito, otra junta que deponía al presidente de la Audiencia.

 

En abril de 1810 se organiza en Caracas una Junta Suprema y el 25 de mayo en Buenos Aires una Junta Gubernativa.  El 20 de julio le tocó el turno a Bogotá  con una Junta Gubernativa, y  el 18 de setiembre otra de igual denominación en Santiago de Chile.

 

Sólo en el Perú, bajo el  fuerte control que tenía el virrey Abascal de la  situación, no se creó a ninguna junta y más bien el virrey se multiplicó para enviar a diversos lugares, tropas destinadas a reprimir los primeros intentos libertarios.

 

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LA JUNTA DE GOBIERNO DE QUITO

 

En la noche del 09 de agosto de 1809 fue depuesto el conde Ruiz de Castilla, anciano presidente de la audiencia de Quito, por la llamada Junta Gubernativa Conservadora de los Derechos de Fernando VII.

 

Como presidente de la junta fue designado el marqués de Selva Alegre, que asumió sus funciones el 10.

La noticia de la insurrección se conoció bien pronto en Piura, causando conmoción. Abascal tomó conocimiento de estos sucesos en Setiembre cuando estaba embargado en develar la revuelta de La Paz. Con todo, reunió un ejército de 400 hombres que al mando de don Manuel Arredondo se embarcaron de inmediato rumbo a Guayaquil. El primer punto donde hicieron escala fue en la isla de Puná.

 

Abascal que actuó como dueño absoluto de la situación, incorporó la región de Guayaquil al virreinato del Perú, segregándolo de la audiencia de Quito.

 

Abascal dispuso que José Ignacio Checa, gobernador de Jaén enviase armas a Loja y Cuenca. Este auxilio se juntó a las tropas que salieron de Piura, por Ayabaca rumbo a Loja.

 

El marqués de Selva Alegre comprendió que no podía resistir a esas tropas, y pactó con Arredondo el cual ofreció no tomar represalias, aunque redujo a prisión a los amotinados. En noviembre del mismo año la normalidad había retornado a Quito.

Sin embargo, las cosas se agravaron nuevamente al año siguiente, cuando el 2 de agosto de 1811 se produjo un motín en el cuartel en donde estaban los prisioneros políticos y como consecuencia de eso, algunos soldados de Arredondo resultaron muertos. Los famosos Pardos, que tenían a su cargo la custodia de los presos, reaccionaron salvajemente y masacraron al marqués de Selva Alegre y a sus oficiales también prisioneros, saliendo luego desaforadamente a las calles y cometiendo atrocidades de todo género.

 

Ante esta situación de completa anarquía, el conde Ruiz de Castilla reunió en forma urgente a un Cabildo Abierto, y los ofendidos vecinos plantearon la inmediata salida de los soldados de Arredondo, y la restitución en sus cargos, de los antiguos componentes de la Junta Gubernativa que aún sobrevivían.

Arredondo optó por retirarse con sus tropas a Guayaquil que era territorio del virreinato de Lima.

Mientras tanto, en setiembre llegaba a Guayaquil procedente de España de tránsito a Quito, Carlos Montufar, hijo del marqués de Selva Alegre que traía pliegos de las Cortes de Cádiz dando representación oficial al portador.

Se nombró a una nueva Junta Gubernativa  dependiente sólo de la Corte de Cádiz y no de ningún virreinato, siendo elegido presidente de ella el anciano conde Ruiz de Castilla, y como vice – presidente, y en realidad su principal conductor, Carlos Montufar.

Pero Abascal, pasando por encima de todo volvió a desconocer a la Junta iniciando operaciones militares contra ella. Ante esa situación la Junta declaró la independencia de Quito el 11 de diciembre de 1811 en actitud francamente subversiva.

Recién el 4 de noviembre de 1813, pudo ser tomada la ciudad de Quito cuando Montufar y muchos de sus seguidores habían muerto.

Los patriotas quiteños tuvieron que ceder ante la acción combinada de tropas del norte de Nueva Granada y del sur enviadas por Abascal.

Piura vivió con motivo de esta rebelión días de gran tensión por los movimientos de tripas. Se enviaron a Loja 300 fusiles por orden de Abascal.

En los primeros encuentros que tuvieron los quiteños contra las tropas procedentes de Colombia lograron ciertas ventajas y el general Miguel Tacón se vio obligado en 1811 a trasladarse a Paita.

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EL PADRE CAMILO HENRÍQUEZ EN PAITA

 

Camilo Henríquez, sacerdote Crucífero de la Buena Muerte había nacido en Chile en la ciudad de Valdivia en 1769. A Lima arribó cuando sólo tenía 14 años, siendo educado en el convento de San Camilo de Lelis en donde profesó, destacando desde joven como poeta, dramaturgo y muy aficionado a la lectura de los enciclopedistas y de cuestiones de la Revolución Francesa, gracias al dominio que tenía del idioma galo. Fue así como se tornó en un acérrimo partidario de las nuevas ideas y un difusor de ellas. Acusado ante la Inquisición, fue su celda sometida a un primer registro, encontrándose dentro del colchón, mucha propaganda cuando se le practico una nueva revisión.

 

En 1810 fue desterrado a Quito ciudad que estaba conmovida por la lucha de la Junta Gubernativa. No se sabe si por propia voluntad o porque lo obligaron, se desembarcó en Paita. Posiblemente se creyó que era inconveniente enviarlo a un foco de rebelión. Durante su corta estadía en Paita, difundió las nuevas ideas hasta en los mismos religiosos del pueblo.

Burlando la vigilancia de las autoridades, tomó una nave que pasaba por Paita rumbo a Valparaíso a donde llegó en 1811 tornándose en el alma de la Junta Gubernativa, pues redactó una Constitución Provisional y luego publicó un periódico revolucionario llamado “La Aurora”. Más tarde tomó parte en la lucha armada y se vio precisado a huir a Mendoza y Buenos Aires.

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LAS ACTIVIDADES DEL PADRE AYUSO

 

Cuando Quito se encontraba conmovido por los encuentros armados entre las tropas del virrey Abascal y los patriotas de la Junta de Gobierno, llegaba a Piura en 1811 el clérigo Fernando Ayuso, procedente de Colombia.

Era el Padre Ayuso, un español de ideas liberales, franciscano secularizado, lo cual le permitió pronta vinculación con las principales familias de la ciudad.

El mencionado padre había estado en 1809 en Panamá en donde había actuado abiertamente a favor de la causa de la independencia de los pueblos de América.

En su equipaje traía varios números del Diario de Caldas, en donde había artículos sobre los derechos humanos y a favor de la libertad de los pueblos de América.

 

En las tertulias que realizaban las familias piuranas, el franciscano propalaba las ideas de la libertad y leía el periódico, comentándolo.

Don Germán Leguía y Martínez, en su monumental obra Historia de la Emancipación del Perú, refiriéndose al Diario de Caldas del Padre Ayuso, se dice que: “en cierta ocasión se avanzó a leer al español don Joaquín Helguero, amigo ficticio de la libertad del Perú, el mismo que lo denunció como insurgente al sub-delegado del Partido, don Juan M. Monasterio”.

 

Dice el historiador que felizmente su condición de franciscano, a quien tanto apreciaban en Piura y a la religiosidad del Sub-delegado, se limitó a poner el caso a disposición del Superior del Convento de San Francisco, el cual por medio del P. Guardián Fray Ramón Lapido, reprendió al infractor y le impuso un enclaustramiento temporal.

El padre Ayuso que era también muy buen religioso, fue enviado a Lima y llegó allá a ser guardián en 1816, pero no por eso dejó de continuar en sus actividades políticas.

En la capital tomó parte en muchas acciones conspirativas con gente muy principal y para actuar con más libertad, solicitó su secularización permanente, en 1820.

El padre. Ayuso tuvo oportunidad de salvar la vida a 62 patriotas entre ellos Riva Agüero y a otro franciscano, que iban a ser juzgados por un Consejo de Guerra presidido por el general Monet.

            En 1821 solicitó nacionalizarse peruano para mejor servir a la causa de la libertad, y fundó el bisemanario llamado “El Consolador”, entrando en pugna con el poderoso ministro de San Martín, Monteagudo que para justificar su odiosidad se limitaba a decir que era fraile y chapetón. Muchas dificultades tuvo por tal motivo el padre Ayuso, y se vio en la necesidad de regresar a Panamá y Colombia, pasando una vez más pero en forma muy breve por Piura. En el país del norte volvió a los claustros y en 1831 retornó a Lima.

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         LLEGADA DE MÁS ESCLAVOS

 

            En los precisos momentos, en que toda América Española era sacudida por las ideas de la libertad y que se creaban juntas gubernativas con el aparente propósito de defender los derechos del inepto Fernando VII, en Paita, desembarcaba un grueso contingente de esclavos traídos del África.

            Se perpetraba así una vez más en nuestra tierra, el mayor atentado que la humanidad ha cometido contra la Libertad del Hombre: el de la esclavitud. Eran males de la época.

Si bien es cierto que en el medio piurano los esclavos no eran tratados con la dureza que podía apreciarse en otros lugares, como Jamaica, EEUU, etc.; no dejaba sin embargo de ser muy triste la situación de esos infelices.

           

            En 1789 por Real Cédula, se había prohibido que los patrones aplicaran castigos mutilantes a los esclavos, pues se llegaba hasta cortar las manos a los ladrones. En lo sucesivo los amos sólo podían imponer 25 azotes como máximo a sus esclavos. Sanciones mayores sólo podían ser impuestas por la justicia.

            En 1810 desembarcaba en Paita un grueso contingente de esclavos procedentes de los mercados portugueses. Eran gentes del Congo, destinados en su mayoría a las haciendas del Alto Piura, pertenecientes a los Távara, gente muy adinerada y principal que tomó años más tarde, parte en los sucesos de la Gesta Emancipadora.

            Los Távara eran dueños de la hacienda Yapatera, que tenía cañaverales y trapiche.

            Los infelices desconocían el castellano, y no podían comunicarse con las personas que los rodeaban. Siempre era igual, por cuyo motivo permanecían mudos. De ahí el nombre que se dio de “bozales” a todo los esclavos recién llegados.

            Don José Vicente Rázuri, afirma que la hacienda Yapatera fue después de la familia León que los trató en forma muy caritativa, y que en la época, de don Ramón Castilla, cuando éste dio la libertad a los esclavos, los señores León, de la hacienda Yapatera, dieron las máximas facilidades. La mayor parte quedó en el mismo lugar como colonos libres.

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         EL UTI POSSIDETTIS

 

            Podríamos decir que el año 1810 fue la fecha de partida del movimiento insurgente en la América Española.

 

            En la mayoría de las capitales de virreinato, de capitanías generales y de audiencias, se habían formado juntas de gobierno.

            Sólo Lima fue la excepción y eso se debió a la genialidad y dominio absoluto de la situación que había logrado el virrey Abascal.

            A partir de 1810 se inicia por lo tanto la Gesta Emancipadora de América Colonial contra España, y tras un poco más de diez años de lucha, todo ese imperio que se había formado en esta parte del mundo logró su libertad creándose nuevas naciones.

            Inicialmente sólo hubo entre los precursores una conciencia americana y uniforme. El gran Francisco. de Miranda, pretendía la creación de un solo Estado desde Mississipi hasta la Tierra de Fuego, excluyendo al Brasil portugués y a las Guayanas.

            Más tarde, Bolívar tendría una concepción parecida pero más restringida.

            Pero la lucha por la libertad había engendrado una gran cantidad de caudillos lugareños, muy ambiciosos que deseaban el poder. Por otra parte, el sentimiento regionalista que en todas partes existe, se fue transformando en conciencia nacionalista, en forma tal que ya desde 1810 se plantea el germen de las nuevas naciones.

            Por mutuo acuerdo entre los grandes líderes de la libertad, se decidió respetar la situación imperante en 1810. No fue en realidad un tratado escrito, sino una especie de pacto de caballeros que siempre se respetó. Las fronteras serían por lo tanto para las nuevas naciones independientes, las mismas que tenían los virreinatos, capitanías generales y audiencias en 1810.

           

 

            Esto constituye el Uti Possidettis, locución latina que significa “como poseéis”. Se trata de una fórmula o principio generalmente aceptado en derecho internacional y el la práctica de la diplomacia de acuerdo a lo cual se aceptan como legales las posesiones territoriales existentes al iniciarse una situación de beligerancia.

            En 1810, el virreinato del Perú, tenía mando político sobre Guayaquil, la isla Puná, la parte sur de las actuales provincias ecuatorianas de El Oro, Loja y Zamora Chinchipe. También todos los extensos territorios de Quijas y Maynas que ahora constituyen el departamento de Loreto.

 

            Por oriente limitábamos con la posesión portuguesa del Brasil pero dada la situación inexplorada de esos territorios, no había una precisión en la demarcación y se consideraba a la selva como una región ignota.

 

            Puno formaba ya parte de la Audiencia del Cuzco, pues había sido segregada de la Audiencia de Charcas.

 

            Por el sur teníamos la capitanía general del Chile y  nuestro límite era el río Loa, pero no en realidad con esa capitanía, sino con la audiencia de Charcas que tenía también territorio marítimo, en lo que era el desierto de Atacama.

 

            La audiencia de Quito, era parte del virreinato de Santa Fe o Nueva Granada. Es decir que estaba constituido ese virreinato por las actuales repúblicas de Panamá, Colombia y Ecuador.

 

            Cuando toda la región se liberó gracias a la acción de Bolívar,  éste creó la república de Nueva Granada formada por las actuales repúblicas de Venezuela, Colombia, Panamá y Ecuador. Luego todo constituyó la Gran Colombia.

 

            Fue esta Gran Colombia a cuyo frente estaba Bolívar, la que entró en guerra con el Perú que tenía como presidente al ecuatoriano General La Mar, el año 1829.

 

            Al año siguiente, se derrumbó la Gran Colombia, separándose de ella primero Venezuela y más tarde Ecuador, para formar repúblicas independientes. Bolívar que  soñado con gobernar un gran estado, arrebató la región de Guayaquil al Perú durante el Protectorado de San Martín.

 

            Fue un golpe de mano, adelantándose a los planes del general Argentino, no obstante que la opinión pública de Guayaquil estaba en su mayoría a favor del Perú.

            Inclusive, José Joaquín Olmedo representó a Guayaquil en el primer congreso constituyente del Perú.

 

            Por lo tanto, y no obstante la participación posterior de Olmedo en las actividades de la República del Ecuador, se le debe considerar más como un personaje peruano que ecuatoriano.

            Jamás, por lo tanto, Tumbes fue de Ecuador. Tampoco parte de la provincia de Ayabaca situadas al norte del río Quiroz como alguna vez lo pretendiera .Ecuador.

 

            En realidad sólo la enemistad y odio que Bolívar sentía en el fondo por el Estado Peruano, fue lo que nos perjudicó, porque también hizo del Alto Perú o audiencia de Charcas un estado independiente.

 

            Fue precisamente Colombia, con Bolívar, la que estableció con Venezuela como límites entre una y otra el Uti Possidettis de 1810.

            Este principio jurídico proviene del Derecho Romano, como interdicto de retener la posesión de algo al momento que era poseído. Se supone de una posesión que no se originó por la fuerza sino en forma pacífica.

 

            La forma completa en latín es: Uti Possidettis, ita, possideatis, o sea, como lo poseéis, así poseáis.

 

            Este principio ha sido adoptado en la mayoría de códigos del mundo y es así por ejemplo como en nuestro Código Civil, se tiene la prescripción adquisitiva.

 

            También en el Derecho Internacional y todas las naciones que fueron colonias de España, lo utilizaron fijando los límites y posesiones que en 1810 tenían los virreinatos, capitanías generales y audiencias, los que correspondían a los nuevos estados independientes.

            Bajo ese criterio, Guayaquil y toda la región adyacente, eran y debieron seguir siendo parte del territorio peruano.

 

            Se ha querido alegar que la Real Orden del 23 de Junio de 1819 dejó la situación de los virreinatos de Santa Fe y del Perú, a la situación que existía antes del 7 de Julio de 1803, pero al respecto hay que aclarar dos cosas:

            1ro.- Que se trata de una situación posterior y el uti possidettis se refiere al estado de cosas del 1810.

            2do.- Que por ese tiempo, ya el rey no tenía autoridad real y efectiva sobre los territorios, en los que debía aplicarse tal medida y en la ciencia del  derecho, las resoluciones no sólo deben ser dadas, sino aplicadas y consentidas.

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          EL VIRREY ABASCAL Y PIURA

En julio de 1806 el virrey Avilés entregó el mando al Virrey Abascal, que gobernó al país en diez críticos años, cuando los movimientos independentistas habían estallados en los virreinatos de Nueva Granada y de Buenos Aires. El virrey Abascal se impuso la enorme tarea de combatir esos movimientos libertarios, haciendo de Perú el centro del poder colonial español.

Cuando aun gobernaba Avilés, Inglaterra que esta en guerra contra España mando contra Buenos Aires una armada al mando de los almirantes  Sir Home Popham y William Beresford, que tomaron la capital de ese virreinato, haciendo huir al virrey Sobremonte, pero pronto se produjo una reacción popular de fidelismo a España encabezada por el marino Santiago Liniers, que obligó a capitular a los ingleses. Herida Inglaterra en su amor propio, envió una segunda expedición ya en tiempos de Abascal, a las ordenes de general Whitelocke, con 12 000 hombres, que ras de un éxito inicial también tuvo que capitular. Eso abrió los ojos al pueblo argentino que tuvo conciencia de su propio valer y pensó entonces en la liberación de España.

En el Perú, los sucesos de Argentina del virreinato de Nueva Granada donde también se producían movimientos independentistas, y lo que ocurría en la misma  España llegaban muy tarde y confusos. Llegó un momento en que Abascal no sabía que actitud tomar, pues por una parte la princesa Carlota de Borbón, que era esposa del Regente de Portugal, pretendía como hija de Carlos IV el trono de España y buscaba las simpatías de Abascal, también Napoleón envió delegados haciendo muchas promesa y ofreciendo concesiones y por último un numeroso grupo de patriotas peruanos, que deseaban un Perú independiente, le aconsejaban declararse rey del Perú.. En un determinado día se anunció que Abascal iba a anunciar al pueblo limeño su decisión.. Una multitud se convocó frente a palacio y gran cantidad de gente importante llenó Palacio. En medio de la estupefacción general, Abascal,  reconoció a Fernando VII como el legítimo rey de España  y le juró fidelidad.

De inmediato Abascal envió comunicaciones  a todos los pueblos principales para que se procediera a la juramentación de fidelidad a Fernando VII.

El 10 de Noviembre de 1808  el cabildo de Piura  hizo el juramento de fidelidad a Fernando VII cuando era alcalde del primer voto  Miguel Alméstar y alcalde del segundo voto el marqués de Salinas, don Francisco Javier Fernández de Paredes.

El acto de juramentación pública se llevó a cabo en dos lugares. En la Plaza Mayor  el juramento corrió a cargo del marqués de Salinas. Este personaje se mantuvo fiel al rey hasta el mismo 4 de enero de 1821 cuando se declaró la independencia de Piura, pero inmediatamente después se unió a la causa patriótica. El otro lugar donde se hizo el juramento de fidelidad fue en la plaza del Carmen  acto que corrió a cargo  del alcalde Alméstar. Después se realizó  una misa de Acción de Gracias en la iglesia matriz tomando parte el vicario Tomás Diéguez de la Florencia que luego se convertiría en ardiente patriota.. En la tarde se desarrolló una procesión que mas tenía el carácter de un mitin con mucha participación popular que recorrió las calles de Piura con vivas a Fernando VI el indignó nuevo rey. Actos similares se realizaron en La Punta, Querecotillo, Paita, La Huaca,  Tumbes y Amotape.

En los días siguientes se realizaron rogativas  y novenas.

Cumpliendo igualmente disposiciones del virrey , se efectuaron colectas  para ayudar a la defensa del virreinato y también para enviar a España dinero y mantener la lucha del puelbo español contra Napoleón.

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         LAS CORTES DE CÁDIZ

 

            Al ser invadida España por los ejércitos de Napoleón, el pueblo reacciona con gran patriotismo, identificando su fidelidad a los monarcas, como una muestra de ese patriotismo.

            La monarquía española, como casi todas las de Europa, era de tipo absolutista, pero la Revolución Francesa había sembrado por todas partes las ideas liberales.

            Había pues en España corrientes liberales, que no deseaban la vigencia del absolutismo, y fue de esa forma como el pueblo luchó por el restablecimiento de sus reyes, como símbolo del rechazo a los invasores, pero al mismo tiempo deseaban tener un gobierno liberal.

           

                      La invasión había creado un total desconcierto y por eso surgían la juntas de gobierno locales. Se necesitaba durante la prisión de los reyes, tener  un gobierno unificado y general para toda la nación y que además tuviera cierta representatividad.

            Fue de esa forma como se creó una Junta Central de Gobierno en Aranjuez, la cual entre otras cosas convoca el 29 de enero de 1810 a las Cortes.

 

            La vigencia de la Junta Central es corta, y se ve obligada a renunciar, siendo reemplazada por un Consejo de Regencia que se instala en la isla de León, frente a Cádiz. Este Consejo mantiene la convocatoria de las Cortes.

 

            La elección de Cádiz como sede, se debió a que era uno de los muy escasos lugares que no estaban invadidos por los franceses.

            Al igual que en Francia con lo Estados Generales, en España las Cortes habían estado formadas por tres elementos que eran la nobleza, el clero y el estado llano; pero no se optó por la convocatoria de una cámara única de diputados.

 

            Las elecciones en esa época, no eran universales ni constituían un derecho ciudadano. Las elecciones se hacían por un sistema indirecto y solo determinadas personas podían elegir y ser elegidas. Es decir, era prácticamente un privilegio.

            Se decidió que tuvieran representación en las Cortes, no solo España, sino las provincias de Ultramar, es decir América y Filipinas.

 

            Pero como era urgente el funcionamiento de las Cortes, y era imposible efectuar elecciones en el territorio invadido, se decidió nombrar a dedo a esos diputados, a los que se les llamó suplentes, mientras se podían realizar elecciones.

            Para América – española reservaron 28 curules y 2 para Filipinas. Se distribuían del siguiente modo: para el virreinato de Nueva España (México) 7 diputados, para el virreinato del Perú 5, para Nueva Granada 3, Buenos Aires 3, Guatemala 2, Cuba 2, Chile 2, Santo Domingo 1 y Puerto Rico 1.

            Los residentes en España que fueron designados por el Perú, fueron: Vicente Morales Duarte natural de Lima, el clérigo Blas Ostolaza de Trujillo, Ramón Olaguer y Feliz nacido en Chile, Demetrio Inca Yupanqui del Cuzco y Antonio Suazo de Lima. Los dos últimos eran militares.

            Las Cortes de Cádiz desde el principio mostraron una franca tendencia liberal, lo cual era contrario al absolutismo y espíritu arbitrario del virrey Abascal, el cual no obstante, a regañadientes cumplió con convocar a elecciones para designar a los diputado.a dichas cortes.

 

            Esto fue sin duda un hecho trascendental en América y la primera vez que se realizaba un acto de contenido democrático.

 

            Los diputados electos por el Perú debían ser 10 y representar a Lima, Guayaquil, Cuzco, Trujillo, Chachapoyas, Piura, Tarma, Arequipa, Puno y Huamanga. Como se ve, se incluía a Guayaquil.

 

            Los diputados debían pagar su pasaje y gastos de viaje a España y como no todos podían hacerlo, algunos simplemente se quedaron.

 

            Los que viajaron fueron: José Antonio Navarrete por Piura, Joaquín Olmedo por Guayaquil, Francisco Salazar por Lima, Juan Antonio Andueza por Chachapoyas, Pedro garcía Coronel por Trujillo, José Lorenzo Bermúdez por Tarma y Mariano Rivero por Arequipa.

 

            No viajaron los representantes de Cuzco, Huamanga y Puno.

 

            Las Cortes funcionaron cerca de cuatro años y los diputados se renovaron. Napoleón había dado en Bayona una nueva Constitución a España haciendo de ella una monarquía constitucional y liberal, por cuyo motivo las Cortes de Cádiz no se podían quedar atrás y promulgar una Constitución reaccionaria que hubiera motivado la protesta del pueblo que en forma tan sacrificada estaba luchando por sus indignos reyes. Por eso la constitución de las cortes fue muy liberal.

 

            En los casi cuatro años de su funcionamiento promulgaron a favor de las colonias muchas leyes y disposiciones reconociendo ciertas libertades.

 

            Cabe mencionar las siguientes:

            _ Supresión del tributo.

            _ Abolición de la mita.

            _ Libertad de prensa.

            _ Abolición del Tribunal de la Inquisición.

            _ Derechos iguales para los españoles y para los americanos.

            _ Apertura del comercio de América a Inglaterra.

            _ Abolición de las penas de tormento.

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         AGRADECEN LA ABOLICIÓN DE TRIBUTO

 

            El 10 de octubre de 1811, el cabildo de  Lambayeque, se dirigió a las Cortes para agradecer la supresión del tributo que se pagaba en señal de vasallaje. Los lambayecanos festejaron ese suceso con una misa de acción de gracias e iluminación de las calles.

 

            También llegaron mensajes de agradecimiento a Lima, de la Comunidad de San Juan de Catacaos que firmaban José Calixto Icanaqué, Juan Torres, Manuel Payco, Feliciano Ferrer y Nizama y por los que no saben firmar: Andrés Chandablo.

 

            Sechura no se quedó atrás y también enviaron comunicaciones de agradecimiento a Cádiz que firmaron Julián Temoche, Mariano Chunga Ayala, Nicolás Zeta Bancayán y Francisco Paula Collantes.

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         BANDO POR LA INSTALACIÓN DE LAS CORTES

 

            En atención a lo dispuesto por el virrey, el sub-delegado del Partido de Piura, dispuso en 1811 que se hiciera conocer al pueblo la solemne instalación de las cortes.

 

            Un pregonero dio lectura al bando y luego se pegaron carteles. Al año siguiente, el virrey envió a los diversos partidos ejemplares de la nueva constitución, disponiendo que fuera jurada.

 

            En Piura, la jura de la constitución dio motivo a una solemne ceremonia, habiendo hecho el mencionado juramento, las autoridades con el sub-delegado a la cabeza, los miembros del ayuntamiento y el clero regular y secular.

 

            La Real Cédula del 14 de febrero de 1810, que en nombre del Consejo de Regencia firmaba en Cádiz (Isla de León) don Javier de Castaños, establecía el procedimiento para la elección de los diputados de las colonias.

 

            Los diputados se debían de elegir por el ayuntamiento, cuyos miembros a su vez debían ser elegidos por el pueblo. Es decir, que el cabildo se convertía en el gran elector.

            Cada ayuntamiento o cabildo, designaba a tres personas, naturales de la provincia, que hubieran destacado por su probidad, talento e instrucción y que estuvieran exentos de todo demérito.

            Luego se procedía a un sorteo y el que saliera primero ese sería el elegido diputado para las cortes.

            Verificada la elección, recibiría el elegido testimonio de ella y los poderes del ayuntamiento elector.

           Luego debían dirigirse en la forma más breve a Europa y reunirse en la isla de Mayorga con los demás representantes de América.

            Tenía que resultar por lo tanto de sumo interés la elección del nuevo cabildo.

 

            Como se verá a continuación, la elección del cabildo de Piura se desarrolló dentro de un clima de mucha tirantez y de acusaciones de fraudes, que motivaron las consiguientes protestas.

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         ELECCIÓN DEL CABILDO PIURANO DE 1811

 

            Al finalizar el año 1810 era sub-delegado de Piura don Juan Ascencio de Monasterio, capitán de infantería de profesión.

 

            Como alcalde del primer voto y fiel ejecutor estaba el capitán de milicias disciplinadas don Manuel Luis Farfán de los Godos; regidor alférez mayor era don Miguel de Alméstar, alcalde del 2do. voto Miguel Serafín del Castillo y como regidores don Joaquín Adrianzén y Palacio, don Fernando Seminario y Jaime, don Diego Manuel Farfán de los Godos, don José Antonio López y don Antonio Cortés.

 

            Era alguacil mayor don Victorino Seminario y Jaime, cargo que ocupaba desde hacía 30 años.

 

            Como se puede apreciar, todos eran personajes muy principales, la mayoría de los cuales iban a tomar parte importante en los sucesos de la independencia. Estuvo ausente don Joaquín Helguero, alcalde del 2do. voto. El 1ro. de enero de 1811 se tenía que elegir nuevos alcaldes, portero, juez de solares y cartas, así como procurador-síndico general.

 

            La elección la hacía todavía el mismo personal edil con la participación del sub-delegado.

 

            Salió elegido don José Antonio López, que depuse sería uno de los firmantes del acta de independencia de Piura ( 1821). y antecesor del escritor Enrique López Albújar. También obtuvo votos el teniente coronel Manuel Carrasco que era jefe de las fuerzas militares de Piura.

            Como alcalde de 2da. nominación, resultó elegido don Carlos Ramos habiendo obtenido también votos don Nazario García.

            Como juez de los solares y secretario de cartas, se designó a don Fernando Seminario y Jaime, Coronel de Milicias, realista acérrimo que más tarde fuera abuelo de Miguel Grau.

            Por unanimidad se renovó el período de ejercicio en el cargo, al portero Manuel Revolledo.

 

            Como procurador general y síndico salió elegido el capitán José Morales en disputa con Diego Manuel Farfán de los Godos y Luis Godos.

            Este Cabildo, mantuvo su fidelismo al trono español en el turbulento año de 1811.

 

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         ELECCIÓN DEMOCRÁTICA DE UN CABILDO

 

            En cumplimiento con lo dispuesto por la constitución liberal de Cádiz y de las instrucciones que había dado el virrey Abascal, el sub-delegado del partido de Piura, el capitán de Ejército Bernardo Fernández Velarde, convocó con bando, el 22 de diciembre de 1811, a los ciudadanos a fin de que estos designaran electores, los que a su vez debían elegir a los miembros del nuevo cabildo.

            Los ciudadanos debían de concurrir al son de campana tañida a la casa consistorial.

            El día de la reunión acudió también el clero secular a cuyo frente estaba el Vicario Foráneo Tomás Diéguez el cual solicitó se reconociera derecho a voto a los integrantes del clero secular. Este planteamiento fue secundado por don Agustín Sánchez Navarrete quien dijo hablar en nombre del pueblo. Otros muchos aprovecharon la oportunidad para pronunciar sendos discursos.

            El sub-delegado como presidente de la reunión aceptó el pedido y a continuación se dio a conocer el padrón de electores para lo cual don Agustín Sánchez Navarrete procedió a dar lectura a la lista con el fin de que pudieran formular las tachas. Luego de la lectura se solicitó la inclusión de más votantes con los que se hizo una lista  especial.

A continuación se nombró una junta secreta de 9 miembros integrada por 3 eclesiásticos 3 miembros del ayuntamiento y tres ciudadanos que debían revisar la lista especial y el padrón o adicionar nombres.

A propuesta de don Joaquín Suárez se decidió excluir del padrón a los menores de 25 años.

El acto se suspendió momentáneamente a las 3 de la tarde para proseguirlo hora y media después.  Don Francisco Fernández de Paredes propuso que se aceptase la concurrencia y votación de los españoles indios  de la parroquia de San Sebastián, afirmando que de acuerdo a los privilegios que tenían se les consideraban como un cuerpo colegiado unido.

            Se acordó que los vecinos de la parroquia hicieran ante don Ignacio Cruzeta la elección de un elector.  Este Fernández de Paredes era el famoso Marqués de Salinas que luego tuvo destacada actuación en los hechos de la Independencia de Piura.

            La reunión terminó con el acuerdo  que el día 28 de diciembre se efectuase el acto electoral.

            En la mañana del día señalado, se reunió el tribunal electoral en las galerías de la casa consistorial, bajo la presidencia del sub-delegado capitán Bernardo Fernández y al son de campana tañida se reunieron los ciudadanos votantes para elegir a 16 electores.  En realidad debían ser 17, pero la parroquia San Sebastián, ya había elegido a Don Andrés Ayala.

            Los ciudadanos votantes solicitaron el nombramiento de dos escrutadores y que se sometiese a la decisión de la asamblea, si podía continuar como secretario del acto, el capitán don Ildefonso Morales, tal como lo había venido haciendo hasta ese momento.  Fue confirmado.

            Como escrutadores se designaron al vicario foráneo don Tomás Diéguez de la Florencia y a don Ignacio Cruzeta.

            Don Tomás Diéguez cumpliría años más tarde un importantísimo papel en los actos de la Independencia de Piura.

            Se distribuyeron cédulas entre los electores y se dispuso que el voto fuera secreto y que en el mismo no se pudiera identificar al votante.

 

            Es decir, que en ese acto electoral, se procedió en la misma forma como se hace en un régimen democrático actual. 

            Al hacerse el escrutinio, los 16 grandes electores designados fueron los siguientes:

            Tomás Diéguez de Florencia, con 43 votos.

            Ignacio Cruceta, con 42 votos.

            Joaquín Adrianzén y Palacio, 42 votos.

            Capitán Jerónimo Seminario y Jaime, 35.

            Comandante de Dragones, Juan Cristóbal de la Cruz, 30 votos.

            Capitán Francisco Méndez Pabón, 46 votos.

            Capitán Gregorio Muñoz, 44 votos.

            Teniente de Dragones, Joaquín Helguero y Alva, 41 votos.

            Manuel Diéguez, 57.

            Victorino José Seminario y Jaime, 30.

            Manuel Seminario, 30.

            Carlos Ramos, 54.

            Comandante de Caballería Manuel Farfán de los Godos.

            Teniente de Granaderos, Pedro León Valdez, 42.

            Presbítero Carlos Cáceres, 30.

            Teniente de Infantería, José Merino y Robledo, 35.

            Andrés Ayala, por la parroquia de San Sebastián.

            Como se puede apreciar, todos eran gente muy importante, entre los que predominaba  el elemento militar.

            La lista se publicó para conocimiento del pueblo. 

            Los elegidos fueron citados para el 31 de diciembre,  debiendo reunirse  al son de campana tañida, para que concurrieran a la casa consistorial para elegir 2 alcaldes ordinarios, 8 regidores y dos síndicos procuradores que debían regir los destinos de Piura en 1812 y además designar una terna para diputados a la Corte de Cádiz y de ellos elegir a uno mediante sorteo.

            La elección de los nuevos miembros del cabildo debía hacerse con votación a viva voz, lo cual fue un inconveniente pues algunos electores al momento de emitir su voto hacían declaraciones, advertencias o impugnaciones, lo cual contribuyó a cambiar el curso de la votación y suscitó situaciones sumamente tirantes, así como denuncias de fraude.

            Algunos votantes, ejercían sobre los demás una notoria influencia y por eso, no pocos votaban diciendo: al igual que fulano de tal.

            La votación para alcalde del 1er. voto se había iniciado favorable a don Victorino Seminario y Jaime, cuando le llegó el turno a votar a don Juan Cristóbal de la Cruz, su oponente.  Al hacerlo afirmó que la elección de don Victorino Seminario y Jaime en caso de triunfar, violaría la constitución, por haber sido regidor cesante.

            Como era de suponer, desde ese momento  la votación se volcó a favor del denunciante Cristóbal de la Cruz, que se veía contaba con el apoyo de importantes electores y del sub-delegado presidente del Tribunal Electoral.  Otros pocos votos se dispersaron.

            El resultado fue, de que Cristóbal de la Cruz sacó 8 votos, Victorino Seminario 5, y un voto los siguientes: Joaquín Helguero, Manuel Camino, Nazario García y Juan Manuel Diéguez.

            Para acalde  de segunda nominación, fue elegido don Francisco Méndez Pabón, seguido muy de cerca por don Joaquín Helguero y Gorgoña, habiendo logrado un voto, don Manuel Camino y Pedro Angeldonis.

            Los regidores salieron elegidos en el siguiente orden: como Decano Carlos Ramos, después Nazario García, José Fernández de Córdova, Manuel Camino, Baltazar Taboada, Julián Farfán de los Godos, José Ildefonso Morales y Andrés Ayala.

            Tuvieron también buena votación para regidores pero no llegaron a ser elegidos Pedro León, Jerónimo Seminario y Jaime y Gregorio Muñoz.

            Para procuradores-síndicos la votación favoreció a José Merino y Antonio Guerrero.  Tuvo también buena votación sin llegar a ser elegido Manuel Diéguez.

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IMPUGNAN LA ELECCIÓN

 

            Tan luego se dio por terminado el acto del escrutinio de votos y que era ganador oficial el comandante Juan Cristóbal de la  Cruz; solicitó el uso de la palabra el vicario foráneo don Tomás Diéguez, hizo presente  al tribunal electoral, que de ser proclamado De la Cruz, se estaría violando la constitución.  Hizo conocer que los jueces de la Junta Unida de Diezmos de la ciudad de Trujillo, en donde estaba el obispado, le habían dado comisión desde hacía seis meses de exigir a don Cristóbal de la Cruz, el pago de 5000 pesos que adeudaba al ramo de diezmos y que en caso de no pagar, se procedería a embargar bienes del deudor y de sus fiadores.  Consideraba que al momento de la votación, De la Cruz era deudor de fondos públicos y que el artículo 317 de la constitución establecía que para ser elegido se debía estar en el ejercicio de todos sus derechos, condición que no tenía don Juan Cristóbal de la Cruz pues la constitución suspende en el ejercicio de sus derechos a los que adeudan caudales públicos, y que por lo tanto su elección sería nula.

            El aludido De la Cruz, dijo que Diéguez como elector no tiene otra representación o poder que dar su voto, y no podía poner reparos a los candidatos aceptados por la Junta Electoral, y que por otra parte Diéguez ni siquiera podía ser elector en Piura, por ser natural de Trujillo y cura de Catacaos de donde es vecino y no es ni puede ser vecino de Piura, ni menos elector.  Negó que los diezmos fuesen fondos del erario público haciendo presente que la Cédula Real del 13 de abril de 1777 lo dejaba bien en claro.  Al final, dijo que él no había solicitado los votos, ni intrigado para obtenerlos.

            Diéguez replicó que era ciudadano de Piura por ser Vicario de esta ciudad desde hacía 10 años.

 

            Luego de estas discusiones, el sub.-delegado, presidente de la junta, confirmó la elección y dejó en libertad a De la Cruz y a Diéguez, así como a Victorino Seminario y Jaime para que presentaran sus reclamos en otra dependencia.

            El 13 de enero de 1813, el sub.-delegado, informó –por cierto a su manera- de todos los incidentes de esta elección.

            Juan Cristóbal de la Cruz, que era capitán de Dragones, también envió comunicación al virrey, llamando cura  déspota al vicario Diéguez al mismo tiempo que se hacía un auto-elogio diciendo ser comandante de la guarnición de Amotape y haber sido condecorado por sus buenos servicios prestados en Cuenca con ocasión de la rebelión de Quito.

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DESACATAN AL VIRREY

 

            Se inició entonces en Piura un período de larga y tensa actividad política, que se vio dividida en dos bandos.  De un lado, los Seminario y Jaime, familia que por una centuria iban a gravitar en los destinos de la región,  y por otro lado, los que secundaban al sub-delegado y al nuevo alcalde.

           

            Muchas situaciones de franco desacato se produjeron al negarse los partidarios de los Seminario y Jaime, a reconocer la autoridad de De la Cruz.

            Fue este municipio el que nombró una terna que sirvió para designar por sorteo antes las  Cortes de España, al primer diputado que tuvo Piura en la persona de don José Antonio Navarrete.

 

            Los papeles acusatorios pasaron en Lima de una instancia a otra hasta que en febrero de 1813 el Fiscal de Lima emitió un informe en el sentido de que los diezmos eran fondos públicos, pero que el ser deudor de los mismos no impedía ser elegido.  También afirmaba que los eclesiásticos son ciudadanos y que tenían voz activa y pasiva para elegir y ser elegidos, pero señalaba que los párrocos solo pueden tener una sóla residencia legal en su propia parroquia.

            Como se puede apreciar, el fiscal daba para unos y para otros, pero evaluando la situación y tomando peso  a su dictamen, al final favorecía a De la Cruz.

 

            El virrey Abascal no vio así las cosas y el 8 de marzo de 1813 sentenciaba que no debió llevarse a cabo la elección de don Cristóbal de la Cruz por deudor del fisco, que por otra parte, la constitución no impedía la elección de Victorino  Seminario y Jaime y que en ese sentido había remitido oportunamente normas.  En consecuencia fallaba que la vara de la autoridad municipal debía recaer en José Victorino Seminario y Jaime.

 

            A lo que se refería el virrey, era al Decreto de la Real Corte de Cádiz el 10 de junio de 1812 que disponía el cese en sus cargos de los regidores perpetuos –como lo era Seminario y Jaime- así como a los elegidos que al momento estuvieran desempeñando, pudiendo ser nombrados en la próxima elección que se convocaba con participación vecinal.

            También sentenciaba el virrey en contra del Vicario Diéguez, afirmando que no tenía residencia legal en Piura y por lo tanto no podía votar allí.

 

            El correo con tan importantes noticias llegó  a Piura el 20 de marzo de 1813 a las 3 de la tarde.  Era día sábado, y no se sabe como de inmediato se esparció la voz en toda la ciudad de que el virrey sacaba del cargo  a De la Cruz y ponía a Seminario y Jaime.

 

            Los sobres venían para el sub-delegado,  presidente del tribunal electoral el cual debía abrirlos ante el  concejo municipal, pero ya sea porque los abrieron previamente en privado o porque ya les habían adelantado noticias, lo cierto es que se conoció pronto,  el contenido de los sobres y las “bolas” sumamente distorsionadas y abultadas fueron el sábado y el domingo el motivo del comentario general en Piura.

            El domingo 21 fue de grandes ajetreos y hubo reuniones en casa del regidor José Ildefonso Morales, para encontrar la forma de burlar la orden del virrey.  En última instancia tratarían de dilatar su cumplimiento un mes, lo que les permitiría viajar a Lima para realizar gestiones.

 

            El día 22 de marzo fueron citados los regidores, para una reunión inusitadamente muy temprana para la costumbre de la época.  Se simulaba cumplir con lo  dispuesto por el virrey, para abrir el pliego.  Como hasta las 10 de la mañana no había quórum, el sub-delegado  que presidía la sesión dijo que ya era muy tarde, y que postergaría para otra oportunidad  que no fue señalada, la apertura del sobre.  El proceder tan arbitrario del sub-delegado, causó una división entre los mismos seguidores del alcalde y fue así como Andrés Ayala, Carlos Ramos y Baltazar  Taboada solicitaron que el sobre fuera abierto ante los presentes, ya que para una cuestión tan rutinaria, no se necesitaba contar con mayoría.  El sub-delegado no atendió razones, lo que motivó la airada protesta de Taboada y su amenaza de presentar su queja al virrey.

            Tanto Taboada como José  Victorino Seminario y Jaime enviaron sendas     denuncias de los sucesos ante el virrey.  Además de eso, Seminario envió una protesta al sub-delegado, que se la devolvió.

            El pueblo no permaneció impasible ante esta primera elección que teniendo la intención de ser la primera auténticamente democrática que se iba a realizar en Piura, se frustró  por la viveza criolla y los trapicheos políticos.

            Una gran cantidad de personas, se había reunido frente al cabildo el día lunes 22 al tener conocimiento que se iban a abrir los pliegos del virrey.  Cuando trascendió que no había intención de hacer eso, la multitud se inquietó y principió a dar gritos de protesta.  El secretario del cabildo, don Agustín Sánchez Navarrete salió a calmarlos y se entabló un diálogo con los más intranquilos, como consecuencia de lo cual hicieron al secretario portador ante la junta, del pedido de que se abrieran los sobres.  El secretario cumplió con comunicar eso, pero el sub-delegado lo tomó a mal.  En esos tiempos no se permitían tales desplantes democráticos.

            El 10 de abril el virrey Abascal, envía al Concejo de Piura una comunicación conminatoria, ordenando la apertura de la disposición de fecha 6 de marzo y el cambio de alcalde que en ella se disponía.

            No hubo más remedio que convocar al cabildo el 8 de mayo, pero el sub-delegado en esta oportunidad no concurrió, ni tampoco el alcalde del primer voto porque se ventilaba su situación, en forma tal que la sesión fue presidida por el alcalde del segundo voto, Francisco Méndez Pabón.

            Nuevamente se reunió frente al cabildo una gran cantidad de gente ávida de conocer los resultados y una vez más los allegados al alcalde trataron de darle vuelta al asunto.

            Ante las maniobras de Méndez se produjeron airadas protestas del regidor Carlos Ramos y de Baltazar Taboada.  El alcalde del segundo voto, le apostrofó diciéndole que su condición de pariente –era primo hermano- con Victorino Seminario y Jaime, era lo que le llevaba a la ardorosa defensa de éste y no el sentido de justicia.  La reunión se suspendió a las 12:30 en momentos en que se presentaba más agitada y se reanudó al día siguiente 7 de mayo y se terminó sin llegar a ningún acuerdo, todo lo que fue comunicado al virrey.

 

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CONSTRUCCIÓN DEL  CEMENTERIO

 

            En la sesión del 5 de agosto de 1808, los regidores escucharon lo relativo al valor de la construcción y también un informe del cura rector de la iglesia matriz, el cual manifestaba que anualmente se producían 160 fallecimientos, incluyendo los del hospital de Belén.

            Como se puede apreciar, el coeficiente de mortalidad era bastante alto, pues para una ciudad de siete mil habitantes, pasaba del 2%.  Los que pagaban por enterramiento eran entre 48 y 50 pesos al año abonando 5 pesos como promedio lo cual representaba unos 240 pesos anuales.

            El problema de financiar no solo la construcción sino el mantenimiento del cementerio era lo que más preocupaba al cabildo.

            Se pensaba recurrir al arbitrio de propios, pero se encontraban con que aún los municipios no podían disponer de ellos y que por otra parte apenas llegaban a 400 pesos al año.

            Se planteó la conveniencia de solicitar prestado a la Caja de Censos previa anuencia del señor obispo.

            Aunque no veían con mucha simpatía el hacer cobro por los enterramientos, consideraron que no quedaba más recurso y que los familiares de los difuntos que apreciasen la cenizas de sus deudos, gustosos  contribuirían por el derecho exclusivo de sepultura.  Los fondos a recaudar serían para cancelar el préstamo a la Caja de Censos.

            El regidor Luis Anastasio de Valdivieso, opinó en contra porque a las rentas de la Iglesia no se les podían dar otros destinos, sino al culto y no a obras de salubridad como las que se proyectaba.

            Opinó en el sentido que por tratarse de un cementerio provisional podría construirse con sólo doscientos pesos,  para lo cual bastaba una tapia (cerco periférico)  de dos varas de alto  y cuarenta cuadras.

            Se acordó asignar de inmediato 100 pesos para iniciar la construcción el 12 de agosto, fecha en que se cumplía el mes designado por la Real Orden.

            El informe que había pasado el párroco Casimiro de la Sota al Cabildo sobre el número de muertos en los últimos 5 años  a  partir del 2 de agosto de 1808 era  el siguiente:

            Pudientes:

            - Españoles y otras castas                                           163

            - Indios                                                                         76      239

            Pobres:

            - Españoles y otras castas                                           273

            - Indios                                                                       97       370     

                                                                                              __________

            Total en 5 años                                                                     609

 

            No se considera en ese número los fallecidos en el Hospital de Belén que llevaba cuenta aparte, pero que quedó estimado en 200 en los últimos 5 años.

            Por ese motivo, resultaba un promedio de 160 muertos por año.

 

            El presupuesto que hizo el agrimensor Francisco Games, por la obra del cementerio a construirse por José Antonio Vilela, era el siguiente:

 

            -Por la apertura de cimientos de una vara de hondo en sitio duro         12 pesos

            -Por 15 mil adobes, de a dos tercios de largo y uno de ancho  a

             8 pesos el millar                                                                                 120 pesos       

            -Por la fábrica de las paredes en 3 varas y media de altura, inclu

             so el dicho cimiento con su albardilla de adobes parados con su

             enlucido de barro con pelambre para que corra el agua de lluvias

             incluyendo herramientas, maestro oficial de mano,  aguateros  y

             peones, que se tasó en                                                                      138 pesos

            -Por la portada llana y ancha, con su proporción de altura, con  -

             sus umbrales y cornisas, dos pirámides  y cruz en medio que  a-

             dorne la fachada, tasé en                                                                   16 pesos

            -Por la puerta de dos golpes, de roble, chapa y llave con clava-

             zón de fierro                                                                                      60 pesos

            -Por un cuarto que sirva de hospicio a un cuidante, paredes del

             mismo material, techo a media agua, portada y puerta llana de

             madera con su llave                                                                           75 pesos

                                                                                                                      ________

                                                                                                                    421 pesos

 

Vilela figuró en enero de 1821 en la proclamación de la independencia de Piura.        

            El problema del cementerio subsistió y doce años más tarde ya en la Piura independiente se volvió a poner sobre el tapete sin lograr resultado positivo.  Pasaron nuevamente los años hasta que el Marqués de Salinas construyó el Cementerio San Teodoro, nombre que dio en recuerdo  a su  único hijo.

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INCURSIONES DEL COMODORO PORTER

 

            El Comodoro David Porter de la armada de los Estados Unidos, recorrió entre los años 1812 y 1814 las costas de Brasil y Argentina y  tras de pasar por el Cabo de Hornos, llegó a las costas de Chile y el Perú para dirigirse luego a la Oceanía.

            En todos los lugares por donde pasó, enfrentó con éxito a barcos ingleses. Comandaba la fragata “Essex” a la que hizo famosa. Al llegar a las islas Galápagos, tomó posesión de ellas en nombre del Gobierno Norteamericano, pero contando con tan pocos hombres no pudo establecer en ese lugar una guarnición teniendo que abandonarlas.

            Hizo escalas en Paita, Tumbes y Guayaquil, capturando una docena de pesqueros ingleses en la región y con ellos formó una regular   flota.

            En su viaje a la costa norte, Porter pasa por la Isla de Lobos y le llama la atención la gran cantidad de focas que rodean sin temor a la nave.  Se refiere igualmente a la abundancia de pelícanos, de atunes y delfines.           

            Con relación al Cabo Aguja en Sechura, dice que el agua estaba muy tranquila y los  vientos suaves.  También había abundancia de focas.  Se refiere a un remolino de aguas que notaba cerca a la costa y que la superficie estaba aparentemente en ebullición sin haber logrado determinar la causa de este fenómeno, pero que suponía podía ser causado por el movimiento de muchos peces y focas de gran tamaño atacándose mutuamente.

            En Paita el ambiente estaba nublado.  Hacia el sur había una montaña en forma irregular que parecía una silla de montar (La Silla de Paita).  A lo lejos vieron dos velas que salían del puerto y al acercarse a ellas se percataron con asombro que eran grandes balsas tripuladas por seis hombres cada una.  No se trataba de embarcaciones pesqueras porque estaban siete leguas mar adentro.  Al tomar contacto con sus tripulantes Porter se dio cuenta con asombro que provenían de Guayaquil, habían dejado carga en Paita y seguían con cacao, rumbo a Huacho.  No tenían  depósitos,  ni reservas de agua dulce, ni alimentos, salvo algunos plátanos podridos.  Se notaban sin embargo restos de peces sobre la superficie de las balsas, lo que hacía suponer que les servía para aplacar el hambre y la sed.  Las balsas estaban formadas por 8 maderos de 25 a 30 pies cada uno con las cortezas casi salidas y tres pedazos atados con una especie de cordel de fibra vegetal para formar el piso; cada lado estaba formado por dos palos puestos uno sobre el otro, y la cubierta se componía de maderas rústicas, cruzadas sobresaliendo 4 a 6 pies hacia los lados y todos amarrados.  Hacia delante y atrás, había unos pedazos de madera de tres a cuatro pies de longitud colocadas entre las praderas que formaban el piso, sirviendo de sustituto de una quilla.  Un mástil se elevaba entre las maderas del piso y en vez de soportes estaba asegurado con amarres de lado a lado, teniendo como seguridad adicional un puntal  y un tirante que podía ser desviado hacia el costado de barlovento para levantar la vela hecha de algodón.  El aparejo principal consistía en unas cortezas amarradas en forma de nudo, que servía como ancla.  La embarcación estaba timoneada por un remo; llevaba su carga sobre las maderas que forman la cubierta y tenían como sustituto de un fogón, una pequeña cantidad de tierra esparcida sobre las maderas que sobresalían a ambos lados.

            Porter confiesa que su admiración creció cuando se informaron que los indígenas, acostumbraban a realizar estos viajes de Guayaquil al Callao, en una distancia de 600  millas, contra vientos y correntadas.  El viaje que demora 8 meses, y la pérdida de barcos no es frecuente.

            Es decir que Porter sintió la misma admiración que tuvo el Piloto Bartolomé Ruiz cuando tres siglos antes se toparon con la balsa tumbesina y también la misma sorpresa de piratas y corsarios por la gran pericia marinera de los tallanes.

 

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