Capítulo III

 

 

C A P I T U L O      III

 

 

LA OLEADA REVOLUCIONARIA

 

 

 

-          Dejan hacienda para el Señor de Chocán.

-          Contrabando en Paita

-          El terremoto de 1814

-          Resumen de la situación entre 1811 y 1815

-          Rebelión de Pumacahua

-          La expedición de Brown

-          La muerte de la Pola

-          El retiro de Abascal

-          Los derrotados de Chile

-          Los Talavera

-          El barco correo

-          Corsarios y contrabandistas

-          Casariego se niega a enviar auxilio

-          Piura en 1818 y 1819

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DEJAN MEDIA HACIENDA PARA EL  SEÑOR DE CHOCÁN

 

El año 1812 era cura Párroco de Querecotillo el Presbítero Miguel del Caspio, que tenía como uno de sus asistentes en la Capilla de Huangalá y de Poechos al cura José Méndez Casariego.

 

Este religioso había contribuido en mucho a fomentar la devoción del señor de Chocán.  Fue él,  quien  logró que la propietaria de las haciendas Somate-Huangalá, la señora del Castillo, edificara una capilla para el señor de la Buena Muerte de Chocán, en Poechos en donde ejercía el Padre Méndez su sagrado Ministerio.

 

 

El buen cura fue el que estableció la celebración del Señor de la Buena Muerte, desde la Navidad, hasta el último día de Reyes, en forma tal que cada sitio en donde se le veneraba pudiera tener su día.  Al poblado de La Punta, también le correspondió su fecha y siguió sacando hasta hace poco en procesión, la imagen del Cristo Crucificado, en los días de Reyes.

 

El Padre Méndez murió en 1812.  En el archivo de Piura hay un documento que dice, que el Padre Méndez dejó la mitad del valor de su hacienda Poechos, para las cuatro capillas de la Parroquia de Querecotillo, en especial la de Chocán.  Eran 4218 pesos con parte de los cuales debía reedificarse la Iglesia de Querecotillo.

 

Eran dueños de Huangalá-Somate, así como también de Ocoto, Locuto, Chapairá y Casa-Tina, don Fernando Torcuato Seminario y Jaime casado con doña María Joaquina del Castillo y Talledo, dama muy religiosa que tenía un hijo que era Presbítero: Fermín Seminario del Castillo, oficiaba misa en la capilla de Huangalá y junto con su madre también difundieron la devoción al Señor de Chocán.  El Coronel Fernando Torcuato y doña María Joaquina fueron abuelos de Grau.

 

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EL RÍO PIURA CAMBIA DE CAUCE

 

En el Archivo Departamental de Piura, hay un expediente de nueve folios del año 1813 promovido por el Párroco de Sechura, Presbítero Miguel Ángel Villarán, en el que manifiesta que “el río Piura está desviándose  de su cauce y amenaza dejar la ciudad sin el líquido necesario para sus usos domésticos, y hasta hay el peligro de que vean afectadas –tal como así estaba ya ocurriendo- las mismas chacras”.

 

El religioso relata todos los esfuerzos que en forma personal había  hecho para evitar este mal,  y de la manera como  solicitaba el apoyo de los fieles, sin lograrlo, por cuyo motivo se tuvo que dirigir también a las autoridades de Lima para lograr ayuda, pero sin mejor resultado.

 

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CONTRABANDO EN PAITA

 

El 25 de febrero de 1813, el Virrey Abascal se dirigía al Secretario de Estado en el despacho de Hacienda del Consejo de Regencia que estaba en Cádiz para hacerle conocer la angustiosa situación fiscal del Virreinato.

Decía el Virrey que los gastos habían aumentado por tener que intervenir militarmente  para hacer frente a los sucesos de Quito y de Buenos  Aires.

Se refiere al clamor del comercio de Lima y las repetidas quejas del Tribunal del Consulado, que no podían verse con indiferencia y también por propio interés del erario, respecto al ilícito comercio proveniente de Panamá desde donde llegaba gran cantidad de mercadería de contrabando a los puertos de Paita y Guayaquil, desde donde se introducen al interior del país, perjudicando grandemente los derechos municipales del Consulado.  Agrega que desde estos lugares parte también contrabando de plata y oro procedente de diversos lugares del país.

Anunciaba el Virrey que iba a tomar drásticas medidas.

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TERREMOTO EN EL AÑO 1814

 

Cuando los piuranos se encontraban plácidamente entregados al sueño en el caluroso verano de febrero de 1814, se produjo un fuerte sismo.

Era el 1° de febrero, y a las 5 de la mañana cuando se sintieron los fuertes remezones que hicieron salir a las gentes en paños menores a las calles.

 

La cosa se complicó porque había llovido toda la noche y las calles estaban mojadas.

Los piuranos habían celebrado la noche anterior la víspera de la fiesta de la Candelaria y se habían acostado algo rendidos.

Muchas casas se derrumbaron y otras sufrieron daños. El sismo se sintió en todo el Partido y causó varias víctimas, sin que se pudieran establecer cifras.

A partir del sismo las lluvias se presentaron en forma torrencial y diaria por le resto del verano.

 

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PARROQUIAS DE PIURA DE 1816

 

De acuerdo a documentos encontrados por el P. Miguel Justino Ramírez, la Provincia Eclesiástica de Piura en 1816 comprendía las siguientes parroquias:

 

San Miguel de Piura, San Juan Bautista de Catacaos, San Martín de Sechura, San Francisco de Paita, San Nicolás de Amotape, San Nicolás de Tumbes, Santo Domingo de Olmos, San Julián de Motupe, San Mateo de Penacho, San Pedro de Huancabamba, Santa Ana de Huarmaca, San Andrés de Frías, Nuestra Señora del Pilar de Ayabaca, Santísima Trinidad de Sullana, San Francisco de Querecotillo, San Andrés de Tambogrande, San Isidro de Morropón y Yapatera, Santa Ana de la Huaca, Santa Rosa de Salitral, San Fernando de Chalaco, San Miguel de Sóndor, San José de Congoña y San Francisco de Cumbicus y Pacaipampa.

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RESUMEN Y SITUACIÓN ENTRE 1811 Y 1815

 

Cuando transcurría el año 1815, Abascal seguía rigiendo los destinos del Perú y se multiplicaba para detener la avalancha revolucionaria que en el norte y en el sur, había convertido a las colonias de América en sangrientos campos de batalla.

 

España se había convertido por esos años (1811 y 1815) en escenario de cruentas batallas. Por un lado luchaban como aliados los portugueses, los españoles y los ingleses bajo el mando del general Wellington y por el otro lado los franceses. Casi simultáneamente con las derrotas de Napoleón en Europa, se produce su derrota en España.

 

En 1812, el general inglés Wellington, con tropas de su país, había expulsado a los franceses que ocupaban el Portugal y penetrado en España, derrotando a los franceses  en Salamanca con los cual toda Castilla la Vieja, fue controlada por Wellington.. Ante tal situación José Bonaparte se vio obligado a evacuar Madrid y trasladarse a Valencia.

En 1813, los franceses evacuaron España y las Cortes que estaban funcionando en Cádiz se trasladaron a Madrid.

El 13 de Mayo de 1814, Fernando VII ingresó a Madrid y fue bien recibido por el pueblo. El indigno Rey Fernando, retornó más infatuado que nunca y uno de sus primeros actos fue desconocer las Cortes de Cádiz y a la Constitución liberal que había estado rigiendo. Se inició una resistencia subterránea contra Fernando VII y una gran cantidad de logias empezaron a funcionar

En 1814, la estrella de Napoleón había declinado totalmente. Tras de la desastrosa campaña de Rusia, todas las naciones se lanzaron contra él, siendo derrotado en la Batalla de Waterloo viéndose precisado a abdicar

Los diputados fueron perseguidos y se implantó una vez más el absolutismo en su forma más radical. Hay que reconocer sin embargo, que el equivocado pueblo español recibió al Rey en triunfo, quemó los libros y folletos donde figuraban la Constitución, derribó las estatuas de la libertad y saqueó los domicilios de los diputados liberales.

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EL CONGRESO DE VIENA

 

La derrota de  de Napoleón  significó en criterio de las potencias vencedoras, la derrota de la revolución francesa y de sus postulados liberales.

 

 

Para contemplar los nuevos cambios en el. mapa de Europa que tanto había alterado Napoleón se reunieron en 1815 en la ciudad austriaca de Viena, los representantes .de los pises vencedores.

 

Decidieron que las cosas volvieran a como había sido antes, es decir terminar con el sistema de monarquías constitucionales y volver a las monarquías absolutistas.

Se unieron todos los monarcas en un pacto que se llamó la Santa Alianza. Por la cual se comprometían apoyarse unas con otras.  Como representante de Francia concurrió el hábil negociados Talleyrand, en forma tal que Francia no apareció como potencia vencida, sino como vencedora.

España que tanto había contribuido en la derrota de Napoleón no logró ninguna ventaja política, pero Fernando VII se convirtió en un déspota absolutista.

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LA SITUACIÓN EN AMÉRICA

En América el panorama era muy diferente.

Bolívar que había logrado éxitos iniciales en Venezuela en los años de 1813 y 1814, se vio precisado en 1815 a llevar la guerra a Nueva Granada (Colombia).

En Buenos Aires el Gobierno Revolucionario estaba firmemente posesionado del poder, la pugna se desarrollaba sangrienta en el Alto Perú o Bolivia, en donde el General español Joaquín de Pezuela lograba brillantes triunfos sobre los patriotas.

En México la lucha seguía sangrienta, encabezada por el sacerdote Morelos.

El Perú sólo se había mantenido en relativa quietud a causa de la energía y sagacidad de Abascal. Fueron muchos los proyectos revolucionarios que abortaron y se frustraron casi en sus fases iniciales.

 

Entre ellos tenemos:

_ El de Francisco de Zela en Tacna en 1811.

_ Juan José Crespo y Castillo en Huanuco en 1812.

_ Enrique Pallardelle en Tacna en 1813.

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REBELIÓN DE PUMACAHUA

 

Muy diferente fue la rebelión del Brigadier Mateo Pumacahua y de los hermanos Angulo en Cuzco, que llegó a poner en peligro al Virreinato en 1814, habiéndose propagado hasta Huamanga, la Paz y Arequipa.

Fatalmente para los revolucionarios, el general Pezuela tenía en esos momentos bajo control la situación en el Alto Perú, por lo cual pudo enviar un ejército al mando del general Juan Ramírez, un brillante jefe militar, aunque muy duro, que dio al traste con la revolución.

En la noche del 3 de agosto de 1814, dos hermanos Angulo que estaban presos por haber defendido la Constitución liberal de Cádiz, lograron fugar y sublevar a la guarnición tuvieron el apoyo de los criollos, del pueblo y del clero. Depusieron a las autoridades y formaron una Junta de Gobierno, saliendo elegido el brigadier Mateo Pumacahua y como capitán general, José Angulo. El cura Ildefonso Muñecas y el joven poeta natural de Arequipa Mariano Melgar, fueron de los más entusiastas. Se formaron tres divisiones  de ejército.  La primera debía dirigirse a la ciudad de Huamanga al mando de Gabriel Béjar y Mariano Angulo. La segunda división estuvo al mando  de Pumacahua y Vicente Angulo y debía tomar Arequipa. Tomó preso al intendente  José Gabriel Moscoso y al general  Francisco Picoaga y los hizo fusilar iniciando la funesta guerra a muerte. Y la tercera división  al mando de José Pinelo y el cura Muñecas debía de tomar Puno.

 

La rebelión tuvo éxitos iniciales sorprendentes que inquietaron mucho al virrey Abascal. En Piura se conocieron los hechos muy prontamente y el incipiente grupo de patriotas que se estaba formando en las tertulias, se alegró mucho, pero no trascendió al pueblo.

La tercera división tras de tomar Puno cruzó el río Desaguadero y tomó la ciudad de la Paz causando conmoción en todo el Alto Perú. En este territorio se encontraba el general Pezuela combatiendo a los patriotas argentinos que habían invadido al Alto Perú por el sur. Pezuela  envió una fuerte división al mando del competente general  Juan Ramírez a enfrentar a los rebeldes de La Paz, a los que derrotó totalmente recuperando a La Paz y Puno.  De inmediato marcho contra Pumacahua, el cual desocupó Arequipa para atrincherase en Humachiri en donde el  11 de mayo de 1815, Ramírez derrotó totalmente a Pumacahua. Este fue ajusticiado en Sicuani y su cabeza colocada en un poste.

El joven poeta Melgar  fusilado en el  mismo campo de batalla de Humachiri.. El Cusco se sometió fácilmente a Ramírez.

Mientras tanto, Béjar  y los Angulo eran derrotados en los combates de Huanta y Matará.  Mariano Angulo murió en el campo de batalla; mientras que Béjar y los hermanos  José y Vicente Angulo, al caer prisioneros fueron fusilados.

 

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LA EXPEDICIÓN DE GUILLERMO BROWN

 

Era Guillermo Brown, un marino inglés de barcos mercantes radicado desde hacía mucho tiempo en Argentina, que por haber sufrido el barco de su propiedad, una incautación de las autoridades españolas, les tomó ojeriza.

Tuvo una gran actuación en la batalla naval del 16 de mayo de 1814 en que la escuadra española, fue destruida frente a Montevideo por la escuadra de patriotas argentinos.

 

 

En Argentina existía el criterio, de que había que atacar a Abascal en su propio fortín, para evitar que el estuviera tomando la iniciativa por todas partes. Además, muchos patriotas chilenos refugiados en Argentina también abrigaban la idea de que una flota pasara el Pacífico para atacar las costas chilenas y alentar la revolución.

Para tal misión, se eligió a Brown que a la sazón contaba 38 años y como segundo tomó al francés Hipólito Bouchard.

A fines de 1815 pudo salir de Buenos Aires una flota integrada por los barcos Hércules, Trinidad, Halcón y Uribe. En la travesía del estrecho de Magallanes se perdió esta última por estar muy cargada de cañones.

El 20 de enero de 1816, la flota de Brown se enfrentó a las baterías del Callao y a la escuadra surta en el puerto, logrando alguna ventaja. Burlando a la flota de Abascal, se dirigió al norte y en Febrero estaban frente a Tumbes. Habían llegado a ese lugar el día 9.

El mismo 9 de febrero, entró en Paita el barco de San Fernando español procedente de Tumbes y su Contramaestre Gutiérrez contó que habían avistado 5 fragatas, 3 bergantines y un pailebote que se dirigían a Tumbes. Estos hechos ocurrieron el día 5. Los barcos estaban tripulados por insurgentes de Chile y Argentina. También manifestaron que habían apresado al pequeño barco llamado Sacramento cuando viajaba en la ruta Guayaquil, a Eten y entre los pasajeros de dicha nave había 7 mujeres.

La noticia circuló rápidamente en Piura y se enviaron mensajeros a Guayaquil para alertar a las autoridades.

El San Fernando era un gran navío de la Compañía Naviera Filipinas, que hacía la ruta Manila, Callao, Panamá.

El día 9 los insurgentes -así los llamaban los españoles- habían anclado entre Tumbes y la isla Puná.

Brown, en forma por demás imprudente ingresó al estuario de Guayas, con los barcos Trinidad, Andaluz y La Negra, no obstante la oposición de su segundo Bouchard y del práctico que la decía había poco fondo.

Cuando Brown ingresaba a la ría, venía en sentido opuesto una goleta mandada por José Villamil de Nueva Orleáns (EEUU) que al ver los barcos argentinos, retrocedió. Este Villamil fue más tarde general de Ecuador. Cuando Brown vio que la goleta huía, cometió el desatino de perseguirla. Era ya de noche cuando los barcos pasaron frente a un pequeño fuerte en Punta de Piedras, que Brown tomó por asalto. La fusilería y el cañoneo se habían oído en Guayaquil y alertado a las autoridades. Esperó la marea para continuar y el día 11 a las 9 de la mañana apareció ante Guayaquil. La plaza estaba a cargo del Brigadier Juan Vasco Pascual, que esperaba al recientemente nombrado Juan Manuel de Mendiburu. Pero Mendiburu era prisionero de Brown.

guillermo+brown

Cuando la escuadra patriota se presentó ante le Callao, una de las capturas que logró hacer, fue el de la fragata “La Consecuencia” a la cual tomó al abordaje el 25 de enero. A bordo encontraron al Brigadier Juan Manuel Mendiburu y Medrano, que había sido nombrado jefe de la plaza de Guayaquil. Otro personaje que llegaba a bordo era el Dr. José Antonio Navarrete, diputado piurano que había sido ante la Corte de Cádiz y que llegaba como Fiscal de la Audiencia de Chile.

Brown, obligó al práctico a seguir adelante bajo amenaza de pistola, y al poco rato la “Trinidad” encalló. Preso de ira, el Capitán mató de un balazo al piloto acusándolo de traición. La nave quedó a expensas de los tiros que sobre seguro les hacían los soldados de tierra y en especial las tropas del Regimiento Real de Lima formado íntegramente por peruanos.

 

No le quedó más remedio a Brown que rendirse con 44 de los suyos.

Mientras tanto la “Andaluz” se percató de lo que estaba pasando, y retrocedió rápidamente, llevando la noticia a Bouchard.

El segundo comandante, en el momento propicio de marea alta, se presentó con el resto de la flota ante Guayaquil, amenazando reducirla a escombros, obligando a las autoridades coloniales a ajustar un canje. Trece años más tarde Bouchard al mando de una flota peruana ocuparía Guayaquil.

De esa forma Brown y los suyos fueron liberados a cambio de dejar en libertad a Mendiburu, Navarrete y varias decenas más que estaban en la fragata “Consecuencia”. También entregaron los atacantes el barco la “Candelaria”.

La flota de los patriotas se retiró a las Galápagos a donde llegaron el 27 de febrero, y allí permanecieron hasta el 1ro. de Abril, dirigiéndose Bouchard al Sur para retornar a la Argentina por el estrecho de Magallanes, mientras Brown se dirigía al Norte rumbo a México.

De ahí Brown regresó y estuvo merodeando por las costas de Panamá, Colombia y Ecuador, realizando diversas acciones de guerra, y efectuando algunas capturas de barcos, para dirigirse nuevamente al sur, pasando por las costas de Chile, y ell estrecho, rumbo a la Argentina.

El retorno de Brown causó alarma, en las autoridades de Piura.

Al poco tiempo de los sucesos de Guayaquil y cuando los barcos se encontraban en las islas Galápagos, con frecuencia hacían  incursiones en la costa de Puná y Tumbes, en  búsqueda de agua dulce, de víveres y para arreglar sus barcos. Todo era detectado, y la presencia de los corsarios de Río de la Plata motivaba alarma. Además aprovechaban la oportunidad los incursores para dejar gran cantidad de volantes incitando al pueblo a plegarse a la causa de la libertad.

El 8 de marzo de 1816, el Administrador de Rentas de Paita don José Mujica, se dirigía al Virrey informándolo que Ciriaco Vilela mayordomo de la hacienda de Pariñas había sido a su vez informado por un vecino de Tumbes, dueño de una chata, apellidado Benavides que habían visto a los insurgentes en la isla Puná. Los marinos habían llegado hasta Tumbes a comerciar y entregaron una pieza de bretaña muy fina por cada carnero que podían conseguir. La vara de bayeta la vendían a 8 reales.

Don Manuel Gonzáles Otoya, Jefe de Correos de Paita, informaba al Administrador de la Oficina de Piura, que acababa de llegar de Panamá el barco correo “Abascal” y su capitán aseguraba que Brown se encontraba en Realejo.

Ruiz Mujica, escribía el 5 de junio nuevamente al Virrey, y le hacía conocer que había llegado del norte la fragata anglo-norteamericana “Minerva” al mando del capitán Jorge Gocharc, que el 20 de marzo había avistado cerca de las Galápagos a un pailebote de los insurgentes y que otras tres fragatas estaban en la isla de San Carlos de las Galápagos, faltos de agua. Que el 31 de marzo estando dedicados a la caza de la ballena, vieron pasar dos fragatas rumbo al norte mientras el pailebote permanecía en la isla.  Junto con Mujica firmaban la comunicación José María de Frías y Manuel Reyes Ochoa, que años más tarde tendrían activa participación en la jura de la independencia paiteña.

El 16 de julio llegó a Paita procedente del puerto de Mazatlán el bergantín “Mexicano” con su capitán Pedro Santander y el piloto Pedro José Bejarano.  Este último informó que el 6 había llegado a Mantas y teniendo noticias de la proximidad de los insurgentes, dejaron los caudales en tierra, haciéndose a la vela a Payta. Tuvo conocimiento que Brown disponía del pailebote “Goyeneche” muy bien armado y que había capturado una fragata española.

 

            El jefe militar de Guayaquil, Juan Manuel Mendiburu, escribió al Comando militar de Paita que había recibido comunicaciones del Presidente de la Audiencia de Quito haciéndole conocer que cuatro insurgentes tripulantes del pailebote “Goyeneche” habían desertado cuando el barco se encontraba anclado en Atacames. Por declaraciones de los prófugos se supo que Brown se encontraba en Chocó y que Bouchard desde Abril se había separado de la flota con la fragata “Consecuencia”, rumbo a Buenos Aires.

 

            Como los hechos lo pudieron corroborar más tarde, toda esta información era rigurosamente cierta. Los corsarios patriotas, mantenían a las autoridades españolas en gran tensión, sin que atinaran a inciar ninguna acción ofensiva.

 

            En Piura, la primera autoridad política militar era don Clemente Merino, que se desempeñaba como Sub-delegado. Fue padre de nuestro insigne pintor, que nació al año siguiente (Enero 1817) Ignacio Merino.

 

            En la ciudad,  las correrías de los corsarios porteños sólo fue materia de comentarios en las tertulias. Todos condenaban a “Brau” y manifestaban su encendido fidelismo. Algunos mostraban volantes que habían distribuido los insurgentes. Poco tiempo mas tarde, esos contertulios se convertirían a la causa de la patria.

 

            López Albújar al relatar los hechos de su novela “Matalaché” los sitúa precisamente en esa época; 1816 y refiere mucho a las tertulias piuranas. La Revolución de Pumacahua y la de los hermanos Angulo, era también aunque en menor grado, tema de conversación.

 

            En el Alto Perú, el General Pezuela, que más tarde llegó a ser virrey del Perú, alcanzaba resonantes y decisivas victorias.

 

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         MUERTE DE “LA POLA

 

            En la Plaza de Armas de Piura, hay una bella estatua de mármol que representa a la libertad. Está pisando a un león, que simboliza al “león ibero”. Los piuranos la conocen como “La Pola”.

 

            Antes de esta estatua, había otra, que en realidad si representaba a “la Pola” y fue cambiada en 1870 cuando se remodeló ese paseo público.  Era de madera, bastante tosca y fue obsequio de los residentes colombianos.

            La Pola, era -como se le conocía-  una patriota colombiana por los años de 1816. Doña Policarpia Salavarrieta fue fusilada.

            Producido el retorno de Fernando VII al trono español, se produjo en ese reino, una reacción absolutista y despótica que bien pronto se sintió en América. Fue la política del “terror blanco”.

 

            Fernando VII envió a América un ejército de más de 10.000 hombres, bien fogueado y veterano en las luchas contra Napoleón para ahogar los intentos revolucionarios Lo mandaba el joven General Pablo Morillo que en poco menos de cinco años había ascendido desde Teniente, por acción de armas.

 

            Morillo, inició en Venezuela y en Colombia (Nueva Granada), la guerra a muerte contra Bolívar, Páez, Piar y Mariño. Los realistas tenían como aliados a los llaneros del Orinoco al mando del feroz  Boves. Se enfrentaban pues hermanos contra hermanos.

 

            La llegada de Morillo, puso la ofensiva en manos de los españoles y en Mayo de 1816 entraron nuevamente y en forma triunfal los realistas en Bogotá reponiendo en el Gobierno al virrey Samano, el cual inició una política de represalia contra los patriotas.  Fue así como hizo fusilar a la patriota bogotana Policarpia Salavarrieta, conocida como La Pola.

 

            Bogotá había estado tres años en poder de los patriotas así como toda la región sur de Nueva Granada.  Una ofensiva combinada de tropas del virrey Abascal con las de Morillo, aplastó a los patriotas colombianos, que buscaron la forma de huir.  Algunos lo lograron refugiándose en los barcos que el almirante Guillermo Brown tenía frente al puerto de Buenaventura.

 

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         EL RETIRO DE ABASCAL

 

            Indudablemente que el escollo más grande       que tuvieron los patriotas de América del Sur, para lograr la independencia de sus respectivas patrias, fue la presencia de Abascal en el Perú.

Hombre de fuerte personalidad y nacido para mandar, actuó como un verdadero rey y hasta nombró virreyes  y capitanes generales.

 

De acuerdo a las conveniencias del momento, modificó la geografía política en forma tal que comprendió bajo la jurisdicción del virreinato del Perú a la Audiencia de Charcas (Bolivia) que antes pertenecía al virreinato de Buenos  Aires y a la Audiencia de Quito, que correspondía al virreinato de Nueva Granada.  La capitanía general de Chile que se gobernaba antes independientemente, pasó a integrar al Virreinato del Perú bajo control de Lima.

La capacidad de organización de Abascal, era asombrosa y pudo formar y avituallar ejércitos allí donde se les necesitaban.

Como político fue sumamente sagaz, y sobre eso, de una gran fidelidad a la realeza española.

¡Qué diferencia tan grande entre este hombre y esos monarcas indignos como lo fueron Carlos IV y Fernando VII!

 

Su fidelidad a Fernando VII,  fue fatal para la causa patriota  en el Perú y retrasó la independencia total de los pueblos americanos.

Gobernó al Perú, desde 1806 hasta 1816.  El no podía engañarse y sabía que ya nada podía contener a la causa de la libertad americana.  Fue sólo gracias a su energía que en 1815 todo el territorio bajo su jurisdicción estaba bajo control.  Fue entonces, que pidió insistentemente al Rey de España su relevo.

 

En muchos momentos los destinos del Perú y de América del Sur estuvieron en manos de Abascal.  Todo dependía de su decisión.  Pero su integridad moral y su gran fidelidad a la Corona de España hicieron imposible, otros grandes planes.

 

Don José Antonio Lavalle  relata que el día crucial para Abascal y para el Perú, fue el 13 de octubre de 1808.

 

En esos momentos Fernando era prisionero de Napoleón, pero había renunciado sus derechos al trono a favor del Gran Corso, sintiéndose honrado de ser su amigo.  Su padre Carlos IV también había abdicado y estaba convertido en enemigo acérrimo de su propio hijo, por eso titulándose aún rey, escribió al virrey Abascal ordenándole que no aceptase órdenes en nombre de Fernando.  Por su parte Napoleón escribió al virrey haciéndole conocer que la monarquía española continuaba y que al igual que en otras oportunidades sólo cambiaba la casa reinante, pues los tronos no podían ser patrimonios de ninguna familia, ni de ningún hombre. Abascal decidió ser fiel al indigno Fernando VII.

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LOS DERROTADOS DE CHILE

 

En 1818 los españoles fueron derrotados en Chile.

Gran cantidad de jefes y oficiales se embarcaron a Lima.  El virrey Pezuela no sabía que hacer con tanto militar y los distribuyó en diversos puntos del territorio nacional.

La gente, sobre todo en los círculos de los afectados a la causa de los patriotas, se les conocía como los derrotados de Chile.

 

Fue así como al Brigadier Manuel Gonzáles se le asignó Pisco, al Brigadier Simón Díaz Rávago se le dio el mando de Ancón, al Brigadier Francisco Gil se le envió a Trujillo, al Brigadier Joaquín Alos a Paita en donde estuvo y al Brigadier Francisco Salazar a Lurín.

Todo eso para referirnos solo a la Costa norte.  Como se puede apreciar  eran puertos pequeños con guarniciones también pequeñas pero muy estratégicas como quedaría demostrado poco tiempo después.

 

Salazar debía de controlar un litoral de once leguas para lo cual sólo se le dio 25 hombres de los llegados de Chile y las milicias del Regimiento de Carabayllo.  Después sería general de la república.

 

De Miraflores hasta el Callao, o sea un litoral de cuatro leguas quedó al cuidado del coronel Manuel Quimper con 40 hombres de Caballería. Del Callao a Santa, que son 85 leguas, quedó bajo el control de Díaz de Rávago, el cual tenía a sus órdenes al coronel de Milicias Antonio Salinas que en Huaura estaba al mando de 20 hombres de caballería y dos regimientos.

 

Desde Sama hasta Paita, es decir, a 115 leguas  quedaba bajo el control de Francisco Gil, que fue Intendente de Trujillo, inmediatamente antes que Torre Tagle.

Díaz Rávago había sido secretario del virrey O’Higgins, pero en 1812 Abascal lo relevó del cargo y al año siguiente lo mandó a Chile en la fragata “Tomás” a combatir a los insurgentes.  El barco fue capturado por los patriotas en Talcahuano, y  Rávago quedó prisionero, pero más tarde fue liberado y retornó a Lima.  Durante la estadía de  Bolívar en la capital del Perú, fue notable la hermosura de su hija Rosa Rávago, que frecuentaba las fiestas del Libertador.

 

El general Manuel Gonzáles, designado a Pisco, aparentemente un puerto sin importancia militar, volvió allí a saborear el infortunio de la derrota.  Eso ocurrió en  noviembre de 1819 cuando el 7 de ese mes, el Almirante Cochrane hizo un desembarco con 400 hombres al mando de los capitanes Miller y Charles. Tenía Gonzáles, mas tropas que en 1817 y eran de las tres armas, pero no eran  veteranas..  Los insurgentes tras de un corto pero violento tiroteo, obligaron a Gonzáles a evacuar Pisco y replegarse a Caucato.  Sin embargo, en esta acción murió el Capitán Charles, mientras que Miller salió herido por lo cual los invasores se entregaron al saqueo.  Desde ese momento Miller siguió sirviendo al Perú hasta su muerte.

 

A Piura llego el Tnte. Coronel José María Casariego en 1818 y 1819 el Brigadier Vicente Gonzáles con el Tnte. Coronel Joaquín Germán, su segundo.

 

Eran estos tres jefes, hombres valientes pero crueles, abusivos y arbitrarios.  Habían llegado al Perú nada menos que con el famoso Batallón Talavera, tan temido.  La llegada de estos jefes hace pensar que Pezuela le había asignado a la región de Piura mucha importancia estratégica.

 

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LOS TALAVERA

 

El año 1813, se creó en España, en Andalucía, en pleno fragor de la ducha contra Napoleón, el Batallón “Talavera” con los restos de otros batallones diezmados en los campos de batalla.  Se escogió a los soldados más difíciles, para misiones especiales y como no se llegó a completar la dotación, se sacó a gente de las prisiones.  Era por lo tanto gente temible que una vez que terminó la lucha en España, las autoridades trataron de desembarazarse de ellos enviándolos a América.

Bajo el mando del coronel Rafael Moroto y teniendo como segundo jefe al coronel Vicente Gonzáles, llegó el regimiento al Callao en el navío “Asia”, el 24 de abril de 1814.

Estos soldados cometieron en Lima muchos abusos y tropelías por lo cual el Virrey Abascal, en atención a la queja de los vecinos, los envió a Chile a luchar contra los patriotas de O’Higgins (Bernardo) y de los hermanos Carrera.

Cuenta don Ricardo Palma, que los limeños aseguraban que los soldados de Talavera, eran verdaderos diablos y que tenían un pequeño rabo.

El 19 de julio del mismo año de 1814 Abascal los reembarcarcó en el mismo navío “Asia” a 550 talaveras con rumbo a Talcahuano bajo el mando de los coroneles Osorio y Moroto.

En Lima quedaron sin embargo 150 de esos soldados bajo el mando del coronel Vicente Gonzáles.  Cuando Pumacahua y los hermanos Angulo se sublevaron en el Cuzco, el virrey envió a  los Talavera a Huanta y Huamanga a contener a la columna rebelde que por allí avanzaba.  Gonzáles venció a los patriotas, pero se ensañó en los vencidos y con los pueblos de la región tomó tremendas represalias, incendiándolos, saqueándolos y asesinando.  A su paso dejó una estela de horror.  En el Cuzco, el Brigadier Gonzáles y sus huestes cometieron tales abusos, que fastidiado Abascal dispuso que fueran a combatir al Alto Perú.  En la lucha en Bolivia sufrió el regimiento tremendas pérdidas y en Chile fue diezmado.

De Gonzáles y  sus Talaveras podríamos decir: tal tropa para tal jefe.

Ese fue el hombre que llegó a Piura y más tarde en 1820  pasó al Ecuador a pedido del Presidente de la Audiencia de Quito, Aymerich, para reemplazar al coronel Calzada, que –pensaba- se mostraba excesivamente duro con los pueblos de esa región, motivando reacciones contrarias.

El Regimiento Talavera tenía tan mala fama,  que a lo que quedaba se le cambió el nombre y se le denominó “Victoria 39”.  Nominalmente siguieron siendo sus jefes Moroto y Gonzáles, aún cuando estos se encontraban ya en otros lugares.

Los ex-Talavera fueron enviados más tarde a Pasco bajo el mando del Brigadier O’-Relly y allí fueron deshechos por el general patriota Alvarez de Arenales el 6 de diciembre de 1820. Alvarez de Arenales había sido enviado por San Marín a la sierra tan pronto desembarco en Paracas.  Los pocos que quedaron sucumbieron en Ayacucho.

Por lo tanto, en 1820, en Piura había tres jefes Talaveras con bastante fama de malos.

Casariego llegó como capitán en el regimiento Talavera con el barco “Asia” que arribó al Callao y junto con Moroto  pasó a Chile.  Estuvo presente en la victoria realista de Rancagua el 2 de octubre de 1814 y más tarde en todas las acciones de guerra.

En junio de 1817,  el enérgico teniente. coronel José María Casariego que acababa de llegar de Chile, fue nombrado jefe de la pequeña guarnición de Tumbes, para que ponga freno a los abusos de las naves balleneras armadas, que merodeaban por esos lugares.

A comienzos de 1818, es trasladado a Piura, como jefe provisional de las fuerzas del Partido de Piura, debiendo tomar como base Paita, donde había una pequeña fuerza  al mando del tnte. coronel Antonio Simón.

En 1819,  tras la destitución de Francisco Gil, el coronel Vicente Gonzáles es nombrado jefe de la Costa Norte y como su 2do. El teniente coronel Joaquín Germán, los que establecieron como base de operaciones a Piura.  La Costa Norte tenía como base oficial Trujillo, pero Gil despachaba desde Lambayeque y Gonzáles desde Piura.

Según parte de fecha 1ro. de agosto de 1818, del comandante Casariego, la guarnición de Paita el 1ro. de agosto de 1818 era la siguiente:

     

          Cuerpo                                             Ofic. Clases     Soldados     Total

-Real cuerpo de artillería                                 0          1          15        16

-Compañía Veterana de Maynas                     1          6          29        36

-Infantería de Milicias de Piura                        0          1          27        28

-Dragones de Milicias                                     0          0          3         3

 

           

            Como se puede apreciar, las fuerzas eran sumamente modestas y la artillería era anticuada.  Bien pronto, Lord Cochrane iba a tomar con facilidad a este puerto.

            El 18 de noviembre de 1818 desde Lima el abastecedor militar Ignacio Gonzáles, enviaba a Paita 1.000 estopines,  100 lanzafuegos, un quintal de mecha, 8000 cartuchos de fusil con pólvora y balas, estas últimas de 17 libras, 500 piedras de chispa para fusil y 9 cajones de otros  materiales.

 

La batería de artillería la formaban tres cañones de 18 y dos de cuatro.

Casariego había nacido en el Ferrol en España.  Se inició como simple soldado el 11 de diciembre de 1805, peleando contra los franceses hasta 1815.  Desde el año 1813  sirvió en el Batallón Talavera hasta el 2 de diciembre de 1818.  En realidad desde muchos meses antes  ya había sido separado de ese cuerpo en donde al igual que otros jefes solo figuraba nominalmente.

Entonces, se le trasladó en 1818 a servir en el Regimiento Provisional de Piura. Acá lo sorprendió la jura de la Independencia.

 

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EL BARCO CORREO

 

El virrey Abascal en sus memorias relata que con motivo de la insurrección  de Buenos Aires quedó interceptada la vía estrecho de Magallanes-Océano Atlántico, para la correspondencia a la Península, por lo cual fue preciso establecer un correo marítimo entre Paita y Panamá, servido por dos Pailebotes para transportar la correspondencia  destinada a la audiencia de Quito, el virreinato de Lima, la  capitanía de Chile y las provincias del virreinato de Buenos Aires, aún sujetas a la autoridad del rey.

Por lo tanto se estableció una coordinación con Portobello para que allí no faltase un barco correo mensual que partiese a España.

Desde entonces se incrementó el tránsito marítimo en Paita.

 

Cuando Abascal dejó el virreinato y se intensificó la actividad corsaria de los barcos insurgentes de Argentina y Chile, el correo marítimo cobró mayor importancia aún.

 

Los barcos de Panamá llegaban hasta Guayaquil y de allí a Paita, dejaban toda la correspondencia en este puerto y retornaban llevando lo que acá encontraban.

Desde Paita, la correspondencia se enviaba por tierra a Lima, dada la inseguridad en el mar.

 

Desde Filipinas, floreciente colonia española en Asia, llegaban barcos de la Real Compañía de Filipinas.  Estos hacían un largo recorrido atravesando todo el océano Pacífico y llegaban a las  costas de México de allí pasaban a Panamá y luego a Guayaquil y Perú. Traían abundante contrabando de mercadería china.  Los buenos barcos de esta compañía se convirtieron en codiciada presa de los corsarios insurgentes.

 

Los barcos correos, debían de tener mucho cuidado, porque también andaban tras de ellos los enemigos.  Generalmente, se libraban por su gran velocidad.

La audacia de los corsarios no tenía límites, y atacaban a sus presas en la misma bahía, no obstante la protección de los cañones del fuerte.

 

Fue así como el 25 de setiembre de 1817 había ingresado  el Pailebote “Abascal” a Paita y se había detenido en el  puerto para avituallarse y en espera de la correspondencia que debía de llegar de Lima.  El 8 de octubre hizo su aparición una fragata que ancló y del pailebote se envió un bote con cinco hombres para reconocer al barco recién llegado, siendo capturados.                                                                                                                                        

De inmediato, la nave insurgente se acercó al barco correo y tras  un corto cañoneo, la tomó al abordaje con toda su tripulación a bordo.

 

Las autoridades militares de Paita que presenciaron el hecho,  nada pudieron hacer para impedir el audaz golpe.

 

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CORSARIOS Y CONTRABANDISTAS

 

Durante el gobierno del virrey Pezuela, los españoles habían perdido el dominio del mar y los corsarios insurgentes y los contrabandistas de diversas nacionalidades hacían de las suyas. Muchas veces los corsarios atacaban a las naves extranjeras acusándolas de haber roto el bloqueo o de no identificarse debidamente. Eso como es lógico motivó muchas reclamaciones.

 

En las costas había muchos barcos balleneros armados con cañones, de nacionalidad rusa, norteamericana e inglesa, que no sólo hacían contrabando, sino que informaban a las naves insurgentes de los movimientos de la flota española.

 

Fue así como Pezuela se vio obligado a retener en el puerto del Callao a dos balleneros ingleses, hasta varios días más tarde que hubieran zarpado dos fragatas de guerra españolas, que se dirigían a Paita y Panamá. Uno de los balleneros era la “Wildman” con 16 cañones al mando del capitán Juan Lig.

 

El 29 de enero de 1817 entraba al Callao la fragata ballenera inglesa “Hydra”.  Meses más tarde la fragata española “Tagle” la detiene en aguas del norte por practicar el contrabando sobre todo en la región de Tumbes.

 

La fragata “Tagle” había salido del puerto español de Cádiz el 6 de mayo de 1817 integrando una flota que la componían la “Esmeralda”, la “Minerva”, la “Primorosa Mariana”, la “Vigarrena”, “San Juan Bautista”,  “Comercio”, Reina de los Ángeles”,  “Castilla”, “Cleopatra” y “San Fernando”. Venían a diversos puertos de América y con ellos el Segundo Batallón Burgos, que Morillo lo dejó combatiendo en Colombia contra Bolívar. También vino en estos barcos el general Canterac.

El 30 de setiembre de 1817 salen rumbo a Paita las fragatas “Tagle” y “Cleopatra” que cada una disponía de 24 cañones y tenían 120 marinos y 25 soldados. Traían al puerto de Paita armamentos. Sus capitanes eran José Villegas y José Pareja, respectivamente. Habían llegado al Callao en Agosto. Fue en su primer viaje a Paita, que la “Tagle” capturó a la “Hidra”. Después de este suceso y estando el 12 de Abril de 1818, anclada la “Tagle” en la bahía de Paita, ingresó una nave corsaria francesa y la atacó. La “Tagle” contaba con 121 hombres de tripulación. El bergantín enemigo disponía de 90 hombres a bordo, con 6 cañones de a 8 y un cañón giratorio. El combate naval frente a Paita duró media hora, al cabo de la cual la nave francesa se retiró a toda vela.

 

El primer viaje del Callao al norte, de la “Tagle” y la “Cleopatra” fue con el fin de dar protección a las fragatas mercantes “Resolución”, “Preciosa” y “Bretaña” que desde Mayo estaban en Panamá esperando a los 2.000 soldados de los dos Batallones de Burgos, así como dos regimientos de lanceros y al coronel Canterac, que debían desembarcar en Arica. Canterac era un francés al servicio de España.

 

Pezuela envió de inmediato un pailebote de correo anunciando previamente el viaje de las tres fragatas mercantes, que salieron del Callao, el 17 de abril de 1817.

 

Pezuela estaba exasperado por la larga espera, más aún cuando conoció que corsarios insurgentes recorrían la costa norte y se podían topar con el contingente de tropas. Por tal motivo envió a la “Tagle” y a la “Cleopatra” con orden de que siguieran las huellas de los corsarios y trataran de encontrar a los tres transportes para darles escolta hasta el Callao en donde debían desembarcar. También dispuso una espera prudencial en Paita y en caso dado desembarcar allí las tropas para que llegaran por tierra.

 

Cumpliendo las disposiciones del virrey, las dos fragatas de guerra, llegan a Paita el 6 de octubre y tras de tomar información de que por allí no han pasado los transportes, se dirigen a Panamá a toda vela.

El 7 de octubre detienen a la “Hidra” frente a Tumbes y la envían con escolta al Callao.

Al arribar a Panamá las dos fragatas españolas, se encuentran con la desagradable noticia de que el general Morillo había tomado las tropas recién llegadas para su lucha contra Bolívar y sólo estaba disponible el Coronel Canterac.

En forma enérgica, el capitán José Villegas exigió indemnización a las autoridades de Panamá que por orden del virrey de Santa Fe, habían impedido regresar a los tres transportes, causándoles daños en el velamen, en el casco y un gasto innecesario en atender a la tripulación en la larga inmovilidad.

El 4 de noviembre la “Cleopatra” y la “Tagle” están de regreso y llegan a Paita el 1ro. de diciembre y al Callao el 31. La cólera de Pezuela no es para describir. Los transportes mercantes fueron regresando al Callao, vacíos en enero, febrero y marzo de 1818.

Los barcos insurgentes continuaron durante todo el año 1818 merodeando por la costa del Perú haciendo capturas.

En 1817, el “Abascal”, fue sorprendido en la bahía de Paita por un corsario argentino.

Desde ese momento se redoblaron las medidas de precaución, y fue así como el 22 de octubre de 1818 el Administrador General de Correos comunicaba desde Lima, que no saldría el pailebote “Guadalupe” por las razones arriba expresadas y que más bien iba a reforzar una flota que preparaba el virrey.

Esos barcos correos iban del Callao hasta Panamá haciendo siempre escala en Paita.

 

Casariego había informado, que por esa fecha iba a zarpar de Paita con destino a Panamá el pailebote correo “Sacramento” y que con eso se llenaban las necesidades de servicio.

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CASARIEGO SE NIEGA A ENVIAR AUXILIOS

 

Pezuela abrumado por la derrota de las tropas de rey en Chile, empezó a solicitar refuerzos de todas partes.

En tal sentido se dirigió al virrey Juan Samano de Santa Fe de Nueva Granada, para que el general Pablo Morillo que tenía soldados veteranos europeos, le proporcionase ayuda.

Samano se dirigió entonces al capitán general de Cuba en donde los españoles tenían el control total de la situación y con urgencia pidió cuatro mil fusiles, mil tercerolas, mil pares de pistolas y dos mil sables, que debían embarcarse en el bergantín “Andaluz” que se enviaba a fin de que le cargamento desembarcarse en el puerto colombiano de Cartagena en el Atlántico y de allí transportarlo a Lima.

También dispuso el virrey Samano que el Batallón Numancia de 1.200 plazas que se hallaba en Popayán, saliese rumbo a Quito y de allí a Lima.

 

A esto, Pezuela respondió que temía que tales refuerzos pudieran llegar tarde dada la actividad de los insurgentes, por cuyo motivo pedía acelerar los envíos. También expresaba la esperanza de que legaran 2.000 soldados desde España que le habían sido ofrecidos. El virrey Pezuela tenía proyectado de resistir en Talcahuano en donde se habían atrincherado los restos del ejército realista de Chile.

Pezuela también solicitó a diversos lugares del Perú, el envío de contingentes a Lima.

Al jefe de milicias de Piura, pidió 200 hombres, el 23 de julio de 1818.

 

Casariego que tenía su base de operaciones en Paita, se dirigió a Piura y se entrevistó con el comandante accidental, para agilizar el envío de ese contingente, pero éste se limitó a contestar, la respuesta que había dado el sub-inspector general, que habiendo reunido a la junta de capitanes, éstos expresaron que era imposible enviar ese contingente porque quedaría desguarnecida esa importante región.

 

Agregaba Casariego en su respuesta al virrey, que alguna gente había hecho correr rumores alarmantes entre el pueblo, causando en éste terror al traslado a Lima, por cuyo motivo, mucha gente huyendo de la leva se refugió en el campo. Al final decía Casariego que eso había impedido que ni siquiera pudiera enviarse gente voluntaria.

La respuesta de Casariego fue el 23 de agosto.

 

A Pezuela molestó mucho esta negativa y así lo hizo conocer en una nueva comunicación, con un llamado de atención al comandante general, al gobernador intendente y al propio Casariego, y les manifestaba que hubieran atraído a los voluntarios ofreciéndoles condecoraciones y medallas.

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 PIURA EN 1818 Y 1819

 

El año 1819 fue pródigo en acontecimientos para Piura.

 

El cabildo lo conformaba don Manuel Farfán de los Godos y Sedamanos, como alcalde, y lo integraba José Lama Sedamanos, su pariente; Miguel Almestar, Joaquín Adrianzén Palacios, José Antonio López, Pedro León, Manuel Diéguez y Juan Bautista Otero. El alcalde era descendiente de don Diego Farfán de los Godos Espinoza de los Monteros que llegó a Piura en el siglo XVIII. Por otra parte, don Pedro León y Valdez, Manuel Diéguez, José Lama y José Antonio López, iban a jugar el 4 de enero de 1821, un papel protagónico en la independencia de Piura.

 

Era sub-delegado de Piura o sea la máxima autoridad política, don Clemente Merino.

 

El 14 de abril de 1819, el almirante Cochrane toma Paita, estando en ellas el Tnte. coronel Antonio Simón, jefe de la plaza; el brigadier Mateo Ramírez, jefe de la Comisión Litoral de Paita y el capitán Blas Cerdeña, jefe de una compañía de Batallón Numancia. Todos estos eran personas que en otras oportunidades habían mostrado mucho valor pero en esa oportunidad nada pudieron hacer. Con el correr de los años  Blas Cerdeña llegaría a general en la república.

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