Capítulo IV

 

 

C A P I T U L O IV

 

 

LA REVOLUCIÓN LLEGA A PIURA

 

 

 

-               El Batallón Numancia pasa por Piura

-               Paita prepara su defensa

-               La toma de Paita según un diario de navegación

-               Cochrane ataca Paita

-               El Parte de Casariego

-               Proclamas de Cochrane

-               Informes y opiniones sobre el ataque

-               La misión de José García

-               La captura de Sechura

-               La Rosa de los Andes

-               Hechos en el mar

-               El segundo crucero de Cochrane

-               Santiago Távara se une a Cochrane

-               Pezuela dispone que se forme una División en Piura

-               Casariego remite tropas a Lambayeque

-               El Ejército realista en 1820

-               La Independencia de Guayaquil

-               El “Numancia” se pasa a los patriotas

-               Informes de Villalba y Casariego

-               Desembarco de San martín en Paracas

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EL BATALLÓN NUMANCIA PASA POR PIURA

 

El virrey Samano de Nueva Granada, cumplió con enviar al Perú al batallón Numancia que estaba acantonado en Colombia. Pero como por la zona estaba merodeando los corsarios chilenos y argentinos, se resolvió enviarlos por tierra.

 

Ese recorrido de 10 000 kilómetros, constituyó una portentosa hazaña militar que duró 150 días. El batallón tuvo que subir por los Andes, pasar por muy difíciles terrenos, luego en pleno verano pasar por los arenales secos de la costa piurana, y todo lo realizó dentro de una admirable disciplina, y eficiencia militar.

 

El batallón Numancia se había formado en la ciudad de Brinas, en Venezuela en 1813, bajo las órdenes del comandante José Yañez que desempeñó tan importante papel en luchas contra los patriotas.

Sus soldados eran venezolanos y colombianos, lo mismo que la mayoría de sus oficiales, pero en los años de las guerras contra Bolívar habían sido muy leales a la causa realista, sobresaliendo en tal sentido.

 

Formaron parte de la tropa de represión del general Pablo Murrillo, constituyendo un cuerpo de élite, lo cual fue motivo de muchos privilegios del terrible general español.

En febrero de 1819 partió el batallón de Pasto, pasando por Quito y todas las ciudades de la sierra del Ecuador que están en la ruta al Perú; y de Loja entraron a Piura. Eran 1500 soldados.

 

Hizo su ingreso a la ciudad, al son de su magnífica banda de músicos con su lujoso uniforme, como nunca antes habían visto los piuranos. Su permanencia fue breve, solo lo necesario para reponerse de las fatigas, pues esos soldados estaban templados en las dificultades.

 

Don Germán Leguía y Martínez, dice que a su paso por Piura, quedó de guarnición en Paita la Quinta Compañía al mando del capitán Blas Cerdeña. Con el correr de los años éste se convertiría en un fiel soldado peruano, permaneció en nuestra patria hasta muchas décadas más tarde cuando murió. En Trujillo quedó la 2da. Compañía al mando del capitán José Pineda.

 

El 6 de julio de 1818 hizo su ingreso en Lima el famoso batallón que después se pasaría íntegramente a la causa patriota.

El historiador don Manuel de Mendiburu, discrepa con don Germán Leguía en cuanto a la forma y oportunidad de la llegada de la 1ra. compañía del Numancia a Paita.

 

Según don Manuel de Mendiburu, muchos oficiales españoles de Lima; al virrey le manifestaron su desconfianza sobre la lealtad del Batallón y se decía que si bien es cierto, inicialmente había sido un cuerpo muy leal al rey, ya eso se había perdido, porque el haber estado acantonado en Pasto por mucho tiempo, le había dado oportunidad de alternar con mucha gente adicta a la causa de los insurgentes. Había además otro hecho :y era que en sus filas y en condición de soldados rasos había muchos oficiales colombianos y venezolanos de los ejércitos patriotas que al ser tomados prisioneros, prefirieron el enrolamiento antes que enfrentar el pelotón de fusilamiento.

 

Fue entonces que el virrey -según don Manuel de Mendiburu- decidió deshabilitar al Numancia enviando compañías a diversos lugares y es así como remitió una a Paita y otra a Trujillo.

 

Indudablemente que más creíble es la versión de don Germán Leguía y Martínez, pues en esos momentos se tenía que cuidar todo el litoral y dispersas fuerzas, pero cuando se supo la intención de San Martín de desembarcar cerca de Lima, el virrey decidió concentrar sus fuerzas cerca de la capital para protegerla. Por eso dispuso que el barco de guerra “Prueba” que había salido en persecución del corsario insurgente “Rosa” comandada por Juane Illinwor a pasar por Paita recogiese a la Compañía de Numancia.

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PAITA PREPARA SU DEFENSA

 

La aparición de los barcos de la escuadra de Lord Cochrane ante el Callao y su manifiesto propósito de incursionar por toda la costa norte del país, creó una gran alarma en todo el país y eso justificó las precauciones que había tomado el virrey Pezuela para fortalecerlos.

 

El marino inglés, incursionó en los puertos del norte, pero en realidad no se comportó como un amigo, sino que su sed de dinero, lo llevó a cometer tropelía y media, desprestigiando la causa patriota.

 

El virrey envió de inmediato a los puertos del norte un barco aviso, para anunciar la presencia de la escuadra insurgente. Eso permitió al intendente y comandante general de la costa norte don Francisco Gil, a dictar disposiciones de defensa. En alta mar, el barco aviso se encontró con las fragatas mercantes españolas “Águila”, “Begoña” y “Peruana” a las que comunicó que el Callao estaba sometido a bloqueo. Las tres naves dieron marcha atrás y el 23 de marzo de 1819 ingresaban al puerto de Paita.

 

Los paiteños que ya estaban alertados de la posibilidad de un ataque insurgente, creyeron que eran naves contrarias y se alarmaron.

El comandante militar, Casariego puso a la pequeña guarnición en estado de alerta y los vecinos acudieron a ofrecer su ayuda.

 

Conocida la verdad; los barcos se avituallaron y al día siguiente siguieron viaje a Guayaquil.

La “Gaceta del Gobierno de Lima” que conoció estas incidencias, alabó en su número de fecha miércoles 7 de abril el comportamiento de los paiteños, que de inmediato se movilizaron en defensa del puerto y que los vecinos solicitaron ser empleados en la defensa, tal como lo habían hecho en 1818 en las noches del 25 de noviembre y 28 y 29 de diciembre en que ante la presencia de corsarios tomaron una actitud de verdaderos súbditos del rey.

 

Dice la información militar que el comandante del puerto les dio armas y se mantuvieron alertas al lado de las tropas hasta que hubo la certeza de que los barcos anunciados eran fieles.

 

Al final se condolía la Gaceta, de que si en Huacho y Huaura se hubiera hecho lo mismo, esos puertos no hubieran sido saqueados por Cochrane.

 

Cuando esto escribía la Gaceta, estaba ya muy cerca el ataque de Cochrane y ante sólo el anuncio de su llegada, el puerto quedó casi despoblado.

 

También las autoridades se encontraban totalmente engañadas.

 

Es así como el 25 de marzo, el comandante general de la costa norte, Francisco Gil, se dirigía al virrey Pezuela informándolo del estado de defensa y alerta en que se encontraban los diferentes puertos bajo su control y manifestaba que tan pronto como habían recibido los avisos del virrey, comunicó por expreso a los comandantes militares de Paita y Trujillo, todo lo que se consideró necesario, delegándoles funciones. Se guarnecieron los puertos de San Pedro y de Pacasmayo y se confeccionaron 200 lanzas para la caballería de Trujillo. Puso en estado de alerta a los dos regimientos de Ferreñafe y de Lambayeque, y se advirtió que tan luego se estimase había peligro se tocará generala y que los milicianos que no acudieran al cuartel a este toque, serían quintados y fusilados.

 

Afirmaba que sin embargo, cuando éstos fueron advertidos, que todos habían contestado con vivas al rey. Agregó que muchos oficiales de otros lugares habían pedido servir en los lugares de peligro sin ocasionar gravamen alguno al erario, recalcando que lo hacían a imitación de los de Piura, según lo había hecho conocer el comandante de Paita, Antonio Simón.

Sin embargo a la hora de la verdad que estaba ya cerca, todos desertaron.

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COCHRANE, SE ENTERA DE RICO CARGAMENTO EN PAITA

Antonio Álvarez Jonte, que actuó como secretario del almirante Cochrane, escribió desde el 14 de enero de 1819 cuando la escuadra chilena partió de Valparaíso para merodear en el Perú, un relato del viaje hasta el 28 de mayo del mismo año. Como Álvarez Jonte no gozaba de la simpatía del almirante, éste lo destituyó por haberse excedido en funciones abriendo correspondencia oficial.

 

El 10 de abril de 1819, anota Álvarez Jonte que se había tomado una goleta americana cargada con fusiles, provisiones navales y harina, pedidos por Pezuela a los Estados Unidos y remitido todo con recomendación del embajador de España en Filadelfia. En plata se había tomado de la poderosa compañía naviera de las Filipinas, nada menos que 200 mil pesos. Agregaba que ahora se dirigían a toda prisa hacia Paita donde había recalado el convoy de Guayaquil con 2 millones de pesos. Toda una fortuna que Cochrane tan amante del dinero no podía dejar escapar de sus manos. Ese día tomaron un bergantín francés con 60 000 pesos y a otro inglés le sacaron cacao, azúcar y arroz. Como se puede apreciar, la escuadra lucía el pabellón de la recién independiente república de Chile, más que corsaria, parecía pirata.

            El día 12 pasaron frente a las islas de Lobos.

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LA TOMA DE PAITA SEGÚN UN DIARIO DE NAVEGACIÓN

            El diario de navegación de Álvarez Jonte presenta el ataque a Paita en forma muy escueta y breve, como no podía ser de otra manera. Dice:

            “Día 13 (de abril). Sin novedad y con buen tiempo. A las 11 nos encontramos con el Galvarino (otro barco de la flota) dando caza al bergantín francés (parece que se les había escapado). A nuestra compañía apareció otra vela enfrente del puerto de Paita, que parecía española y no se le dio caza. El capitán del Galvarino vino a bordo y confirmó la ida del convoy (es decir, que se había escapado el convoy de Guayaquil con los 2 millones). Todo se dispuso para el combate y para entrar al puerto de Paita. A las 5 de la tarde llegamos a la boca de la bahía, se empezaron a divisar varios buques que después de haber entrado se tuvo el desconsuelo de ver que seis fragatas eran balleneras y sólo un paquebote había español. Se ancló ya al oscurecer. A prima noche se mandaron dos lanchones a reconocer y traer el paquebote. La batería de tierra empezó hacer fuego y se dejó por estar y no obedecer el oficial la orden que llegaba. Se determinó entrar al pueblo y tomar la batería a la madrugada del día siguiente.”

 

            “Día 14. A las seis de la mañana se estuvo desembarcando la gente por una parte mientras el Galvarino hacía fuego de frente para llamar la atención. A las 9 nuestra gente estaba sobre la batería. El enemigo en número de ciento y tanto se dispuso a resistir. Se le hizo un parlamento y lo despreció provocativamente. Se avanzó haciéndole otro y no cesando el fuego sobre el Galvarino, que se rompió primero desde tierra. Nuestra gente avanzó en todas direcciones, tomó las baterías ya clavadas y se posesionó de todo el pueblo de donde huyó el enemigo con todos los habitantes. Desde este momento comenzó un incontenible saqueo, por todos sin excepción de los que saltaron a tierra (se refería a la marinería y oficiales ingleses y chilenos). Sólo un soldado nuestro se cree muerto, los enemigos tuvieron cuatro entre muertos y heridos. El día se pasó en el saqueo de todas las casas y en tomar razón de algunas propiedades públicas para embarcarlas a bordo de la goleta y demás buques. No se notó ninguna otra novedad en el transcurso del día. Se mandó a circular una proclama. El bergantín francés fue devuelto al capitán en virtud de una certificación que dio.”

            “Día 15. Siguieron transportando a bordo todo lo que los marineros, oficiales y soldados tomaron y no destruyeron en el pueblo. En este estado se descubrió que también las iglesias habían padecido. Se ordenó en tierra un registro general de la tropa y no se encontró nada. Se fijó un papel prometiendo mil pesos para quien descubriese el robo o los ladrones de las iglesias. El almirante se fue a bordo a mandar a registrar los buques, lo que se efectuó y se encontraron los ladrones a bordo de la “O’Higgins” que eran cuatro ingleses (hay que advertir que la mayoría de los marinos de esa nacionalidad eran protestantes). Con este motivo se suspendieron los demás trabajos de embarque (del saqueo).”

 

            “Día 16. Continuó el embarque y equipo de la goleta Sacramento. Todo el día se empleó en este negocio.”

 

            “Día 17. Concluyó todo el embarque. Se hizo una carta manifiesto al eclesiástico más condecorado (de más jerarquía), sobre el robo de las iglesias, castigando a los delincuentes delante de la Merced (se refiere el diario, al templo) en medio de la tropa y en presencia de los vecinos que estaban reunidos. En el mismo tiempo, se dio a otro vecino delante de los demás una talega de pesos (de los mismos que habían robado, sin duda) para la indemnización de las pérdidas ocasionadas a los templos, además de restituirles los ornamentos encontrados. Estos actos fueron impresivos ( ¿?). Los efectos tomados en Paita son los siguientes: una goleta, tres piezas de 18 de bronce, dos piezas de campaña de a 4, once barriles de pólvora, doscientas cincuenta balas de 18, veinticinco cajas de municiones para los cañones de montaña, 165 panes de azúcar, 98 bultos de algodón, 25 pipas de aguardiente, 26 sacos de cacao, 16 barriles de alquitrán, 18 sacos de alquitrán, 16 bultos de zarzaparrilla.”

 

            “Día 18. Toda la mañana se empleó en embarcar a la tropa y acomodar al buque para darse a la vela. A las 5 ya estaba a la vela encontrándonos con uno de los balleneros que habíamos echado del Callao entre los fuegos enemigos.”

 

            Así es como ha relatado, Álvarez Jonte el ataque a Paita. Se desprende como conclusiones lo siguiente:

 

            1.- Que Cochrane, llegó a Paita ávido de dinero pensando encontrar una remesa de dos millones de pesos.

            2.- Que permitió el saqueo, y sólo por razones políticas y por que sabía que se le desaprobaría su conducta es que castigó los robos sacrílegos.

            3.- Trató a los paiteños como enemigos haciendo un mal servicio a la causa patriota.

            4.- Tras de la resistencia inicial por los defensores, se abandonó todo intento de contra ataque español.

            5.- La presencia de la escuadra chilena, causó pánico en la población que huyó en masa. La actitud de los expedicionarios justificó el temor.

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COCHRANE ATACA PAITA: RELATO DE MILLER

 

            Paita era una población de 4000 habitantes en 1819. Según el inglés Miller, que luego quedaría para siempre en el Perú, el puerto era la factoría del contrabando. Este se hacía con la complicidad de los funcionarios españoles del lugar y de Piura, y no era cosa del momento sino de siglos atrás.

 

Los productos de China eran llevados a México y también pasaban a Guayaquil, en donde confundidos con cargamentos de madera, cacao y otros productos de la región, llegaban a Paita para su distribución por todo el virreinato. Así lo creían Miller y el mismo historiador Torrente que narró la lucha de la independencia.

            Cuando los paiteños supieron que se acercaba Cochrane y conociendo lo que había hecho en otros puertos, abandonaron en masa la población llevándose lo de más valor y de más fácil transportación.

            Algunos solo se quedaron en Colán, pero una gran mayoría se trasladó a La Huaca, Amotape, Piura o simplemente a la parte alta del tablazo, tal como se hacía cuando llegaban los piratas.

            Desde Paita, Cochrane escribió al ministro de marina de Chile coronel José Ignacio Zenteno, justificando su actitud con el bergantín francés “Gazelle” al que recién en Paita dejó en libertad. Aseguraba que había violado el bloqueo que había impuesto la escuadra de Chile, y no había podido justificar la existencia de veinte cajones con plata con 60 000 pesos, ni tampoco quien era el dueño y que habiendo el capitán del bergantín firmado una certificación de que se le devolvía el barco sin daños, procedió a soltarlo.

            Al enderezar hacia la bahía de Paita, el almirante escocés encontró una chalupa tripulada por indios pescadores, de los cuales logró información, de que el convoy español, había partido en días pasados hacia Guayaquil. Allí sin duda -pensó- se fueron los dos millones de pesoos que pensaba capturar.

            La flota chilena estaba formada por la fragata “O’Higgins” y el bergantín “Galvarino”. Era la fragata un barco de gran porte, venido recientemente de España, como nave capitana de una flota de guerra, cuyo nombre había sido “María Isabel” y que habían capturado los patriotas en el puerto chileno de Talcahuano.

            Los barcos insurgentes penetraron rápidamente en la bahía de Paita sin dar oportunidad a escapar al único barco español que allí había: la goleta “Sacramento”. Al intentar tomar al abordaje dicha goleta, con dos lanchones, las baterías de tierra rompieron fuego, por lo cual tuvieron que desistir de la captura en esa noche.

            Otros barcos que estaban en la bahía de Paita, todos balleneros extranjeros, salieron libremente de la bahía ante la inminencia del combate.

            Cochrane escribió más tarde a Zenteno que decidió tomar una apreciable cantidad de artículos depositados en la aduana que eran de propiedad estatal, y castigar los fuegos recibidos; todo eso como compensación al frustrado viaje.

            También supo Cochrane que la guarnición no pasaba de 150 hombres, y se decidió a tomar Paita por asalto.

            Dispuso que el “Galvarino” se pusiera frente a la batería, contestando los fuegos, como una acción de distracción, a fin de favorecer el desembarco. El capitán Robert Foster, con una división de marineros, y Miller con soldados con un total de 120 hombres, desembarcaron ocultamente y haciendo un rodeo, cayeron por detrás sobre el cuartel y la batería.

            Cuando llegaron a tiro de fusil de la mencionada guarnición, los dos capitanes enviaron a un oficial con bandera de parlamento para solicitar la rendición, pero el oficial tuvo que desistir en su misión por haber sido recibido a tiros y herido. Ante esa situación, cargaron a la bayoneta, obligando a la fuga de los soldados de la guarnición.

            De inmediato los invasores se desparramaron por el puerto izando la bandera chilena en el cuartel, la aduana, el fuerte y el cabildo. Los incursores desvalijaron los almacenes de la aduana, y tras de beber abundante aguardiente que encontraron en los barriles, se entregaron a un desenfrenado saqueo de la población civil. Los soldados y marinos y aún oficiales, tanto chilenos como ingleses y los pocos argentinos de la flota, rompían a puntapiés las puertas de las abandonadas viviendas y robaban lo que consideraban de más valor, destruyendo a veces lo que no podían trasladar. Miller y Foster trataron de frenar los desmanes pero les fue imposible. Luego a hachazos rompieron las puertas de la iglesia Matriz y de la Merced, y robaron sacrílegamente los ornamentos y vasos sagrados. Los frailes que quisieron oponerse a tanto latrocinio, fueron befados y escarnecidos.

 

            Lord Cochrane trató de justificar en parte la conducta de sus marinos y soldados, escribiendo a Zenteno que se habían sentido ofendidos por la actitud asumida contra el parlamentario, y por el abandono que los pobladores habían hecho de la ciudad, considerándolos como enemigos.

 

            Escribía Miller que en la tarde del 14 algunos vecinos habían empezado a retornar lo cual era inexacto pues el saqueo duró todo el día. También aseguraba, que tenía la creencia de que los templos habían sido respetados por que había puesto centinelas. Nada dice Miller del saqueo y sólo se refiere al embarque de los efectos encontrados en la aduana y en la casa de correo.

 

            Cochrane- según Miller- se encolerizó cuando supo el asalto a los templos y ordenó una investigación, haciendo azotar a cuatro marinos ingleses (que resultaron culpables) ante la tropa formada. Devolvió los ornamentos y vasos, y entregó como indemnización mil pesos.

 

            Varios paiteños habían retornado el 15 y ante ellos se leyó y distribuyó una proclama de Cochrane. Sin embargo, el traslado de todo lo robado en las casas, tiendas y oficinas continuó a los tres barcos anclados, pues desde el amanecer del 14 la goleta “Sacramento” había sido abordada e incorporada a la flota.

 

            El castigo a los marineros ladrones fue en la tarde del 16 ante el templo La Merced. El 18 estaba saliendo de Paita la flota insurgente que tan ingratos recuerdos dejaba.

 

            En el informe del capitán Foster, se manifestaba que el desembarco se realizó al Oeste del fuerte, y que el mismo estaba defendido por 80 o 90 hombres, es decir, menos de los atacantes. Los defensores contaban con una pieza de artillería de campaña, y cumpliendo las instrucciones previas dadas por el almirante, envió un parlamentario a pedir la rendición, dando tiempo de 10 minutos para decidir, pues en caso contrario, Paita sería inmediatamente ocupada. Foster aseguraba que el parlamento fue recibido, pero que el fuego continuó de parte de los defensores, tras de haber respondido que no había propiedades públicas y que podían avanzar si querían. De inmediato dispuso Foster que un oficial del “Galvarino” con 14 marinos, avanzarían con dirección al fuerte y se ordenó el avance del resto. Ante eso los defensores se retiraron dejando abandonado el cañón. Luego se produjo el avance sobre la ciudad, y Foster (según informó en el parte) envió un segundo parlamentario, para pactar la entrega del pueblo, pero fue recibido con fuego se fusilera. Se dio orden de avanzar y los defensores abandonaron otro cañón que habían tratado de colocar sobre un cerro. Se inició un movimiento envolvente sobre el fuerte en la parte que aún era retenida, que fue desalojado por los paiteños que antes clavaron los cañones. Los marineros del “Galvarino” lo ocuparon. En el informe de Foster, se admite sólo un soldado herido.

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PARTE DE CASARIEGO SOBRE LA CAPTURA DE PAITA

 

            En 23 de abril el teniente coronel Casariego escribía desde Piura al virrey informándole de los sucesos de Paita.

            Expresa que estando en Piura atendiendo a su quebrantada salud, fue sorprendido a las 3 de la tarde del día 14 con la noticia de la ocupación del puerto de Paita por los insurgentes. Daba cuenta de que el ataque se había realizado con tres naves incluyendo a la fragata “Isabel”. Así llamaba Casariego a la “O’Higgins” y también comprendía como integrante de la flota al bergantín francés.

 

            Casariego da cuenta de que el municipio de Piura, se reunió de urgencia con las autoridades y vecinos a fin de tomar acuerdos en defensa de la ciudad, pues se temía que habiéndose conquistado Paita, podía intentarse un golpe sobre Piura. Eso daba sin duda la medida del pánico que había infundado Cochrane.

            Los cabildantes y autoridades encargaron a Casariego la defensa de la ciudad y éste confiesa que la decisión lo llenó de confusión porque no disponía de fusiles, ni municiones, ni tampoco de tropa.

 

            Esto significa que todos los ajetreos y bravatas de las autoridades superiores sobre las medidas de defensa, sólo existían en el papel y que llegada la hora de la verdad se hacían humo.

 

            Dice Casariego que para evitar la desmoralización y el abatimiento del pueblo, disimuló en lo que pudo su intranquilidad.

            Por bando municipal y a pedido de Casariego se hizo acoplo de armas blancas y de chispa, así como de las municiones existentes en las tiendas comerciales. Se dio toque de generala, se hizo la selección de los milicianos y a los que quedaron se les arengó. Todos se entusiasmaron y dieron vivas al rey.

 

            Luego mandó que el comandante de caballería del escuadrón de Amotape saliese a reclutar tropa, y que una compañía de Querecotillo pasara a reforzar Amotape. Al teniente Baltasar Taboada se le ordenó traer a Piura a la compañía que comandaba en Tambogrande y envió como observador y vigía al subteniente Manuel Gallo, para que se apostara en Colán y comunicase todos los movimientos de los insurgentes. También en los caminos se pusieron vigías para que actuaran bajo el sistema de postas, y evitar sorpresas.

 

            El comandante de Amotape, en sólo 24 horas consiguió gente de caballería en número que se consideró suficiente, y reunió a los soldados dispersos de Paita, enviándolos a Piura. Todos estos refuerzos llegaron a Piura con el comandante Paredes. Se reunieron así los 150 soldados.

 

            El pueblo entregó cinco mil cartuchos para fusil y el escuadrón de caballería fue armado con lanzas.

            Quedó por tomar una decisión. Unos opinaban por un contra-ataque, pero Casariego decidió mas bien prevenir cualquier posibilidad de ataque sobre Piura y en todo caso detener a los incursores en el valle del Chira, a donde se suponía irían por víveres.

 

            Como temía que por Sechura pudiera haber un desembarco, dividió las fuerzas en dos partes: una fue enviada a Colán y la otra a Sechura. Esto es cuanto a las tropas de caballería.

 

            La guarnición de Amotape a cargo del comandante Paredes fue reforzada. Sin duda Casariego se refería al marqués Fernández de Paredes.

 

            Casariego se quedó siempre en Piura con una buena dotación de tropa de infantería.

 

            Creía Casariego, o trató de hacer creer, que fueron esos preparativos, los que desanimaron el ataque contra Piura. Lo cierto es que Cochrane ni siquiera había pensado en tomar Paita, sino simplemente apoderarse de los dos millones de pesos que se suponía estaban en un convoy.

 

            Hasta llegó a insinuar Casariego que Cochrane inició un precipitado reembarque, abandonando cartuchos de cañón del fuerte de Paita que había pensado embarcar.

 

            El día 19 estaba Casariego con tropas de caballería e infantería a tres leguas de Paita, pero ya Cochrane se había embarcado desde el 18. El comandante español dice que recién supo eso el 19. El 20, cuando ya los insurgentes estaban muy lejos, Casariego hace su ingreso a Paita.

 

            El comandante describe el caos en que había quedado Paita con las puertas y ventanas de las casas destruidas a hachazos, los muebles rotos, los colchones desbaratados, las lozas y cristalería hechas trizas y en fin todo roto. También aseguraba -y eso no fue cierto- que antes de salir de Paita los insurgentes trataron de quemarlo.

 

            Casariego, recomienda al virrey que se premie al marqués Francisco Javier Fernández de Paredes, comandante del escuadrón de Amotape y al alcalde de Piura José Lamas, que donó 100 pesos para premiar a los soldados de Paita que tras atravesar el despoblado se reincorporaron al cuartel de Piura.

 

            Como se puede apreciar, sólo existía fanfarronería de parte de los jefes realistas, que eran valientes cuando estaban a distancia del enemigo.

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PROCLAMAS DE COCHRANE

            Dos proclamas hizo conocer Cochrane a los paiteños. Una tenía relación con los sucesos que se desarrollaron en el puerto y parece mas bien una burla. La otra se refiere al robo sacrílego de la Iglesias.

 

            Dice la primera:

            “Cuando me he acercado a vuestras playas, el sentimiento de vuestra amistad y conservación, dirigía todas mis miras. Sólo la conducta de vuestros opresores los esclavos de Fernando VII, podía haber concitado los furores de la guerra. Convencido de la debilidad de las fuerzas que podía oponer vuestro gobernador, le hice proponer un partido liberal que os pusiera a cubierto de los resultados de su obstinada y temeraria resistencia. La arrogancia española, siempre insolente en medio de su nulidad, contestó por un desafío. Un nuevo parlamentario repitió en obsequio vuestro un acto de generosidad, y los enemigos rompieron el fuego provocando la irresistible indignación de los soldados de la patria. ¿Quién será pues el que ha causado la calamidad en que inevitablemente habéis sido envueltos por su tenacidad? ¿Para qué abandonasteis vuestras habitaciones, cuando los ejemplos de Huacho, Supe, Huarmey, Guambacho y toda la costa norte os debieron haber persuadido que mis intenciones y promesas tienen más realidad que la ilusión de los mandatarios españoles? Estos son los únicos enemigos de América y el gobierno de Chile ha jurado su exterminio con la misma resolución con que ha protestado promover vuestra libertad e independencia.”

 

            La otra proclama, con relación al saqueo de la iglesia de La Merced decía que su alma se había llenado de amargura al conocer que algunas iglesias habían sido despojadas de sus ornamentos. Relata la investigación que ordenó y el castigo que se dio a los delincuentes, agregando que los ornamentos recuperados habían sido entregados al facultativo de Paita don Hipólito Villavicencio para que fueran restituidos a sus lugares, y que a la misma persona había entregado una indemnización para compensar a las iglesias de los daños sufridos. Esta proclama más que al pueblo va dirigida al superior de la congregación.

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INFORMES Y OPINIONES DIVERSAS SOBRE EL ATAQUE

            Con bastante tardanza informó el intendente Francisco Gil, comandante general de la costa norte, del ataque contra Paita, que la Gaceta del Gobierno de Lima, publicó el miércoles 12 de mayo de 1819.

 

            Relataba que el 13 de abril se habían aparecido el “María Isabel” (O’Higgins) y el “Galvarino” frente a la bahía de Paita y que ante los fuegos del fuerte, se pusieron fuera de tiro, hasta el día 14 en que desembarcaron por tres puntos con fuerzas superiores a las de la guarnición que comandaba don Antonio Simón, el cual tuvo por conveniente replegarse con todos sus soldados después de haber clavado la artillería y llevarse todo su armamento. Alaba al cabildo de Piura y a los jefes y oficiales de las milicias de la mencionada ciudad.

 

Don Manuel Torrente, español que editó una historia muy parcializada de la revolución de la independencia del Perú, se ocupa muy brevemente de este hecho de armas, diciendo: “…su guarnición compuesta de 100 hombres, se retiraron sin hacer la menor defensa, abandonándolo al saqueo de 120 marineros que desembarcaron con el capitán Foster…”

 

En Paita también estuvo Blas Cerdeña, capitán del Numancia y el brigadier Mateo Ramírez, un veterano jefe español que había luchado en Europa contra Napoleón. La presencia de este militar en el puerto fue incidental.

 

Mateo Ramírez había estado luchando en 1817 contra los patriotas porteños en el Alto Perú. En mayo se vio cercado por el coronel argentino La Madrid viéndose obligado a firmar una capitulación honrosa, siendo conducido prisionero a Buenos Aires de donde fugó al Brasil. El embajador español en Río de Janeiro logró embarcarlo rumbo al Perú vía Panamá, pero el barco que lo conducía cayó en poder del corsario argentino Mc Gregor. Tras varias peripecias logró nuevamente fugar y llegó a Panamá y de allí a Paita. En declaraciones de este oficial, se afirma que “su arribo al puerto fue cuando ya los marinos de Cochrane habían tomado Paita. En tales circunstancias -dice- se vio en la necesidad de tomar el mando de las fuerzas españolas dispersas que quedaron, y con ellas después de algunos ataques hizo reembarcar a Cochrane. Hizo montar una batería de cuatro piezas en Paita, situó de nuevo su guarnición y tranquilizó la región, por cuyo motivo se le dieron las gracias en nombre del Virrey.”- Lo cierto es que no hubo tal contra-ataque contra Cochrane y en ningún parte de guerra, ni el de Casariego, ni el del Comandante General de la Costa Norte Francisco Gil, mencionan la participación que el propio brigadier Mateo Ramírez, dijo tener.

Los soldados que habían ensayado defender Paita y que huyeron ante los insurgentes de Lord Cochrane, fueron los de la Compañía del Numancia a cargo del capitán Blas Cerdeña. Estos soldados, en nada justificaron la fama que tenían de valientes. Cerdeña fue después general de la república.

 

En sus memorias, el virrey Pezuela se queja amargamente de los responsables de los trágicos sucesos de Paita.

 

Narra que en el puerto había tres cañones de 18 y dos de a 14 de bronce, un oficial y 16 artilleros, así como 77 hombres de tropa con sus correspondientes fusiles. Otros 54 fusiles para milicianos, 48 sables, 35.000 cartuchos de fusil, 15 quintales de pólvora y otros artículos de guerra, de tal manera que le puerto -según criterio de Pezuela- se encontraba en muy buen estado de defensa, bajo las órdenes -toda la guarnición-, del teniente coronel Antonio Simón y prevenido ese jefe por el mismo Pezuela y por le Comandante General de la Costa Norte, Francisco Gil, de que habían corsarios en la costa, se le dijo que debía estar preparado.

 

Pezuela expresaba también que el 7 de abril había recibido comunicación del jefe general de la costa norte, asegurándoles que “no le daba cuidado dicho punto de Paita, no obstante las críticas circunstancias en que nos hallamos, pues está Simón mandándolas”.

 

Es decir que se tenía la más absoluta confianza en Antonio Simón.

 

Fue le contador de la aduana, Gonzáles Tizón el que llevó a Piura el 14 de abril -es decir la día siguiente- la noticia de la toma de Paita. Cuando Francisco Gil, se enteró de este suceso, le escribió al virrey excusándose. Decía Gil que no habían tenido armas suficientes como para repeler el ataque, lo que Pezuela no aceptó, pues manifiesta que “se pusieron vergonzosamente en estado de impotencia por falta de ellas (de armas), cuando hacían muchos meses que habían estado prevenidos de poner en defensa toda la costa y sus milicias con cuantos auxilios pidió para ello…”.

 

Pezuela tuvo mucha razón en juzgar así los hechos, pues tanto Gil como Antonio Simón, se habían mostrado en extremo fanfarrones antes del ataque, y dado plenas seguridades. Luego del cobarde comportamiento, le sobraron excusas.

 

Disgustado el virrey con Gil, lo obligó a renunciar y envía como jefe de la costa norte al general Vicente Gonzáles, del batallón de Talavera, hombre sin duda muy valiente, pero cruel.

 

Vicente Gonzáles había estado sirviendo en esos momentos en la costa sur como segundo jefe. Su sede sería siempre Trujillo, pero el presidente de la audiencia de Quito, Aymerich pidió al poco tiempo su concurso, por lo cual se trasladó a Cuenca.

 

Gonzáles llegó al Perú en 1812 en el Batallón Talavera, en el navío “Asia”. El virrey envió con Osorio a Chile a una parte de este batallón y 150 quedaron en Lima a cargo del entonces tnte. coronel Vicente Gonzáles.

Cuando estalló la rebelión de Pumacahua en el Cuzco, el virrey Abascal envió a Gonzáles a detener el avance de los patriotas Béjar y Hurtado de Mendoza con 120 hombres del Talavera logrando resonantes victorias el 2 y el 3 de octubre en Huanta. Manchó sus triunfos con crudelísimas represalias y crímenes inauditos. Nuevas victorias le permitieron pacificar Huancavelica, Apurímac y Huamanga. Se dirigió al Cuzco y lo tomó el 6 de julio de 1815. El virrey se vio precisado a enviarlo con sus tropas al Alto Perú, porque en la antigua ciudad imperial cometía muchos abusos. Luego pasó a Chile y estuvo en el triunfo realista de Rancagua y de allí se trasladó nuevamente al Perú, siendo enviado a Arica, para guarnecer la costa sur, de donde se trasladó al norte, a Piura, como jefe de la Costa Norte en 1819.

 

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LA MISIÓN DE JOSÉ GARCÍA

 

Estando San Martín en Santiago de Chile a comienzos del año 1819, se presentaron ante él dos jóvenes militares limeños, llamado uno Francisco Fernández de Paredes y el otro José García solicitando ser enviados al Perú para cumplir misión secreta de enlace y catequización.

 

Fernández de Paredes era de distinguida familia y como capitán en el Regimiento Infante Don Carlos, fue enviado en la segunda expedición de Osorio a Chile siendo tomado prisionero en la batalla de Maipú. Fue entonces cuando solicitó su incorporación al ejército patriota. Era pariente del marqués de salinas.

 

García, era un hombre de muy buena presencia, enamorador y seductor, jugador y pendenciero, podía sin embargo hacer pronto amigos por su carácter. Muy impulsivo, era capaz de hacer las más nobles, como también las más ruines acciones, dejándose llevar por sus impulsos.

 

Por problemas de amoríos fue tomado preso en Lima y enviado como soldado realista en la fuerzas que luchaban en el Alto Perú en donde en la primera oportunidad se pasó a los patriotas argentinos. Formó parte del ejército de los Andes y rápidamente llegó a alférez de caballería.

 

San Martín los envió en la goleta “Montezuma” desembarcando en Ancón con los nombres de batalla de Carlo y Mario (García). San Martín antes de partir tuvo conversación por separado con cada uno y recomendó que uno vigilase al otro, dada la grave misión que llevaban.

 

Pronto se relacionaron con los patriotas que en forma secreta estaban desplegando intensa actividad. Recibieron diez mil pesos para que cumplieran una misión en el norte. A Fernández de Paredes le correspondió expedicionar en Supe, Huacho, Huarmey y Santa, mientras que a García se le dio misión Trujillo, Lambayeque y Piura.

 

Piura se encontraba en esos momentos muy alterada por las incursiones sobre Paita y sobre Sechura de los corsarios insurgentes, habiendo García tomado contacto con algunos principales, que tenían simpatías por la causa patriota.

 

Pero García, viéndose con dinero y sin el control de su compañero, se dedicó nuevamente a sus vicios: el juego y los amoríos. De retorno García de la misión que había desempeñado en el norte más mal que bien, fue sorprendido en Nepeña por un destacamento realista que lo apresó. Dio la fatalidad que ese destacamento lo comandaba un capitán realista, que era hermano de García por cuyo motivo lo invitó a retornar a las filas realistas a fin de evitarse el duro castigo que se le podía imponer. Llevado ante el virrey aceptó el indulto, denunciando a todos los patriotas que estaban actuando en forma oculta, por lo cual hubo una gran redada en la que cayeron numerosos religiosos y personas de figuración como Riva Agüero, pero Fernández de Paredes pudo salvarse a duras penas volviéndose a embarcar rumbo a Chile.

 

Así terminó, con una traición la misión de José García.

 

Francisco Fernández de Paredes, era homónimo de Francisco Javier Fernández de Paredes, Marqués de Salinas por mucho tiempo acérrimo realista, pero que tras la independencia de Piura abrazó la causa patriota.

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CAPTURA DE SECHURA POR LOS INSURGENTES

 

Don Clemente Merino, subdelegado de Piura, se encontraba tranquilamente en Sechura haciendo cobro de contribuciones el 11 de julio de 1819 y se había entregado al descanso para continuar su tarea al día siguiente, cuando a la 1 de la madrugada fue despertado por el vecino Juan Esteban Monasterio que le dio una alarmante noticia que la su vez le había sido dada en ese mismo instante por un indio pescador. Una fragata insurgente, estaba fondeada en la bahía de Sechura.

No se trataba en realidad de ningún barco de Cochrane por que el Almirante estaba en esos instantes a miles de millas de distancia, en Valparaíso.

 

El subdelegado Merino, dispuso que cinco indios a caballo fueran a la playa a observar qué clase de gente era, su número aproximado y los movimientos que desplegaban. Se dieron disposiciones para sacar de la rica iglesia las alhajas y as pusieran en un lugar seguro. Aún cuando se trató de actuar con la mayor discreción posible, bien pronto en el pueblo se supo la noticia y cundió el temor.

 

A la media hora retornaron dos de los vigías a caballo con la alarmante noticia de que el desembarco se había efectuado y que una columna marchaba sobre Sechura de la que sólo estaba a un cuarto de legua.

 

Aseguró el subdelegado Merino en su parte que con el fin de tener un mejor conocimiento de las fuerzas contrarias, encabezó un grupo a caballo que también integraron don Cipriano Muiño y dos de los ayudantes que el subdelegado había llevado. No pudo en realidad lograr una adecuada observación porque la luna se había ocultado y sólo pudo observar las sombras que avanzaban amparadas en la oscuridad de la noche. Ante esta situación y en vista de que no había absolutamente fuerzas para resistir optaron por dirigirse a Piura siguiendo el cauce del río Piura, seco en esa época. Como precaución dejó a un indio para que tratara de contar el número de asaltantes y le llevara el dato al otro lado del río en donde iba a hacer un alto. Años más tarde Merino se unió a la causa de la Patria.

 

Pronto se pudo apreciar que los insurgentes habían ingresado al pueblo pues hacían numerosos disparos de fusilería. El indio vigía informó que aproximadamente eran cuarenta los que habían llegado a Sechura. En estos momentos eran ya las tres de la mañana.

 

Clemente Merino avanzó dos leguas más y llegó a la Muñuela desde donde envió un expreso a caballo a avisar lo sucedido al comandante militar de Piura. A las 9 a.m., ya se conocía en Piura lo que pasaba y como los rumores magnificaban los hechos, volvió a cundir el pánico como tres meses atrás.

 

Estando en la Muñuela, el subdelegado fue informado que a las seis de la mañana los invasores se habían retirado tras de saquear la población. Fue entonces que Merino retornó a Sechura. Parece que no se obedeció la orden de Merino de retirar las cosas de valor del templo o no se tuvo tiempo de hacerlo, por lo que se repitió el robo sacrílego.

 

Se robaron una corona de la Virgen y de acuerdo al informe de Merino se vistieron con las ropas de hacer Misa y se exhibieron por la población haciendo burla.

 

Los invasores obligaron a los indios arrieros de Sechura a que en las mulas y asnos de sus piaras transportaran el botín a la playa. A los que resistieron, los golpearon.

 

Con el fin de conocer si aún el barco incursor estaba en la bahía Merino se dirigió a la playa con el señor Murillo, don José Palacios y sus dos ayudantes y allí encontraron a un insurgente que se había rezagado el que fue capturado y desarmado. En los ranchos de los indios de Sechura se encontraron también dos fusiles que habían dejado por olvido los invasores.

 

En el mismo día 11 por la tarde la fragata se alejó a mar abierto.

 

El aviso que Clemente Merino había enviado a Piura fue recibido por José María Casariego, el cual informaba que los insurgentes que habían entrado a Sechura eran 79. Aseguró Casariego que inmediatamente armó 50 soldados de las milicias con dos oficiales y al mismo tiempo envió aviso al capitán Cerdeña de Paita a fin de que estuviera prevenido. A las 11 y 30 de la mañana, el destacamento salía de Piura y lógicamente ya cuando llegaron, la nave corsaria se había alejado de la rada. Sin embargo, Casariego como tenían por costumbre los jefes españoles, aseguraba que los insurgentes tuvieron noticia de que llegaban las tropas del rey y que por eso precipitaron su retirada.

 

En el Parte hace mención al teniente Pedro León, al subteniente Pedro Torres, así como también a los oficiales teniente Agustín Navarrete y subteniente Manuel Gallo que voluntariamente se ofrecieron para ser de la partida.

 

Pezuela en sus Memorias, asegura que el ataque fue ejecutado por la fragata insurgente “Los Andes”. Sin duda se refirió a la “Rosa de los Andes”.

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LA ROSA DE LOS ANDES Y EL CAPITÁN ILLINGWORTH

 

El marino irlandés John Illingworth ingresó al servicio de la marina de Chile, antes del propio Cochrane. Armó la fragata (algunos dicen era corbeta) con 36 cañones y 135 infantes para trabajo a bordo y desembarco, los mismos que puso a órdenes del capitán francés Henry Dessiniers, estando los artilleros al mando del alférez de fragata de Chile Fierro Calvo.

En misión de corso, partió del Valparaíso hacia el norte en el mes de junio de 1818.

 

La audacia del marino irlandés, molestó a Pezuela que dispuso su captura o destrucción.

 

Con tal fin salieron del Callao las fragatas “Prueba” y “Venganza”, y el barco de apoyo “La Piedad”. Ésta última por ser más liviana revisaba todas las bahías y ensenadas del litoral en donde pudiera refugiarse la nave corsaria.

 

            Era fines de junio de 1819, cuando la “Rosa de los Andes” navegaba cerca de la isla Puná, con la bandera española. El 24 la “Piedad” navegaba por el Canal de Jambelí a un costado de la isla Puná, cuando sorprendió a la “Rosa de los Andes”, la nave española (La Piedad) le cerró el paso y atacó con su mejor armamento. Por varias horas duró el combate haciéndose grave daño los dos barcos. La “Rosa de los Andes”, tuvo muchos muertos y heridos y sufrió daños de consideración, pero pudo retirarse sin ser perseguida para hacer reparaciones de emergencia en la isla Puná. Luego se dirigió al sur posiblemente con el fin de llegar a las islas Lobos y hacer las reparaciones necesarias. Fue entonces que atacó Sechura con el fin de lograr abastecimiento, pero como no estaba en condición de empeñar un combate serio, de inmediato se retiró la tripulación que había desembarcado.

 

            El capitán irlandés resolvió dirigirse a las islas Galápagos en donde estuvo un mes reparando la nave. Cuando se consideró en condición de navegar, se dirigió a Panamá y atacó a la isla Taboga, capturando importante botín tras de vencer a la guarnición española. Luego bajó por las costas de Colombia alentando la insurrección de los pueblos.

 

             El 12 de mayo de 1820, la “Rosa de los Andes” fue sorprendida por la “Prueba” frente a las costas ecuatorianas. El barco español contaba con 50 cañones y era tripulado por 550 marinos.

            La “Rosa de los Andes” conociendo la superioridad del adversario trató de eludirlo, pero al ser acorralados sufrió el terrible cañoneo de la “Prueba”. Sin embargo, pudo escabullirse hacia el norte e ingresar a la ría del Iscuandé, en cuyo cauce encalló.

            Con sus marinos Illingworth se internó en territorio colombiano, a pesar de la dolorosa herida que tenía y se unió a las huestes patriotas de Bolívar.

            Desde entonces Illingworth militó a las órdenes del Libertador y fue enviado con Sucre a Guayaquil. En la batalla de Huachi, otro paisano suyo el coronel Mires comandaba el regimiento “Albión” formado por ingleses. Allí Sucre sufrió el 12 de setiembre de 1821 tremenda derrota y el audaz capitán Illingworth también conoció la derrota total a manos de sus enemigos españoles.

 

            Posteriormente se encuentra en la victoria de Pichincha en la guerra con Colombia, estaba al servicio de Bolívar contra el Perú. Al deshacerse la Gran Colombia, quedó al servicio del Ecuador.

 

            Con el tiempo él mismo castellanizó su apellido y se firmaba Illingort.

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DESTITUCIÓN DE MERINO

 

            El 11 de julio, un grupo insurgente del “Rosa de los Andes”, toma Sechura, cuando estaba en sus proximidades el subdelegado Merino, cobrando impuestos.

 

            En setiembre Merino fue a Chalaco en su misión de cobrar impuestos, siendo rechazado por la población y los milicianos. Más tarde los chalacos enviaron una delegación a Piura, la que fue apresada. El alcalde Manuel Farfán de los Godos y el jefe militar de Piura, teniente coronel José María Casariego, acusaron a Merino ante el virrey Pezuela, de arbitrario, de haber cometido desfalco, y de tener simpatías con los patriotas. En abril de 1820, Merino fue destituido y en su lugar fue nombrado Pedro León y Valdez. Entonces Merino se trasladó a Trujillo de donde era oriundo, y allí se unió a Torre Tagle en la Proclamación de la Independencia a fines de 1820. Su esposa, confeccionó la bandera peruana que flameó en el cabildo de Trujillo. Después retornó a Piura, donde nació su hijo Ignacio, el gran pintor.

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HECHOS DIVERSOS EN EL MAR

 

            Uno de los barcos que hacía el comercio entre Paita y los puertos de América Central sin haber tenido nunca problema alguno con los corsarios insurgentes fue el pailebot “Príncipe Carlos”. El viaje entre nuestro puerto y Mazatlán hacia en redondo, es decir entre ida y vuelta, entre 95 y 100 días. Pertenecía a don José Are, que la mayoría de los días vivía en Piura y tenía por capitán a don Joaquín Aicaida, uno de los hombres más conocedores de la ruta. Completaban la dotación tres oficiales de mar, cuatro marineros, cinco grumetes y un paje. El 1ro. de julio de 1816 siguió viaje al Callao tras permanecer 16 días en la bahía de Paita, llevando pacas de algodón, cascarilla, pabilo, barras de plata y mercadería en general.

 

            En marzo de 1817 salen del Callao la “Venganza” y el bergantín “Potrillo” a perseguir corsarios que habían sido avistados entre las costas de Paita y Tumbes. Lo cierto, es que el “Potrillo” que estaba al mando del teniente de navío Ramón Bermúdez, era un barco muy marinero y desde 1816 estaba dedicado a la tarea de ahuyentar a los corsarios. Su figura se tornó muy familiar en Paita.

 

            En marzo de 1817 habían llegado al Callao la fragata rusa “Suwarous” y el mercante “Kutusoff”, éste último se encontraba sin embargo, artillado con 16 cañones, y la tripulación contaba con 100 fusiles, 20 pistolas y 10 sables.

            No obstante que venían con buenas recomendaciones del embajador español ante la Corte Imperial de San Petersburgo, intentaron vender de contrabando algunas especies.

            Cuando meses más tarde llegaron a Tumbes y a Guayaquil hicieron ventas, en forma abierta motivando la protesta de las autoridades españolas de esas localidades que presentaron su queja al virrey Pezuela.

            La fragata “Prueba” y “San Telmo”, habían llegado de España también en 1819, pero habían sufrido averías en la travesía por cuyo motivo Pezuela autorizó recién la escala en Pisco para efectuar las reparaciones. El virrey no se explicaba como barcos a cargo de oficiales acreditados de la marina, no podían hacer una travesía que los mercantes cargados hasta los topes lo hacían sin novedad. Sin embargo, para seguridad de los barcos y en vista de que Cochrane bloqueaba el Callao, autorizó la arribada a Pisco.

 

            Pero la “Prueba” no se detuvo en Pisco, sino que fue a dar a Paita en donde estuvo varios días y luego se dirigió a Guayaquil a donde llegó el 14 de octubre de 1819. En Guayaquil al igual que en el Callao había astilleros, para reparar barcos.

            La “Prueba” tenía 50 cañones, y su intención había sido ingresar al Callao, pero fue avistada por la escuadra de Cochrane, que al principio la tomó por un ballenero de EE.UU., pero una pronta maniobra del navío que viró en redondo y fugó, evitó su captura. La nave estaba bajo el mando del capitán de fragata Melchor Pérez de Camino que al aproximarse al Callao, despachó un bote a la altura de Chorrillos para explorar la bahía, conviniendo las señales para el caso de que el Callao estuviera bloqueado. Por eso advertido a tiempo el capitán pudo virar y ganar distancia de sus perseguidores.

            El 23 de octubre del mismo año (1819), el virrey envía a la goleta “Alcance”, con armas para la costa norte y socorros para la “Prueba”.

            La “Alcance” estaba artillada con seis cañones de montaña y tenía por capitán a don Manuel Loro, un marino muy capaz. Llevaba con destino a Lambayeque y a Piura 300 fusiles, y otras armas por lo cual debía anclar en Paita. A Guayaquil conducía al capitán de Fragata Pardo que debía traer a la “Prueba” al Callao. Llevaba galleta fina, tocino y otros artículos alimenticios para 460 hombres durante 60 días y 4000 pesos para cancelar sueldos de los marinos y reparar las averías del barco. Fuera de eso, transportaba también armas y municiones para Guayaquil.

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2DO. CRUCERO DE COCHRANE

 

            En Guayaquil, tan pronto como se tuvo conocimiento de la toma de Paita por Cochrane, se hicieron aprestos de defensa.

            Las fragatas “Águila”, “Begoñia”, “Peruana” y “Palafox”, todas artilladas, retornaron a Guayaquil a guarecerse al conocer que el Callao estaba bloqueado y que la escuadra de Lord Cochrane, merodeaba por el norte.

            Pero como se sabe, no tuvo el almirante irlandés la intención de atacar Guayaquil en este viaje, y tras los sucesos de Paita, retornó al Callao y se dio allí con la ingrata sorpresa de no encontrar a las naves del almirante Blanco Encalada que había quedado a cargo del bloqueo.

            Por lo tanto, Lord Cochrane enfiló a Valparaíso.

            Las autoridades navales de Chile deseaban hacer el mayor daño posible a la escuadra española, con el fin de evitar que pudiera constituirse en un peligro para la invasión que proyectaba hacer San Martín.

           

Fue así que la escuadra que inició el segundo crucero se componía de los siguientes barcos:

La fragata de guerra “O’Higgins” de 48 cañones, nave almirante en donde iba Lord Cochrane.

El navío “San Martín” con 64 cañones a cargo del cap. navío Walkinson. La fragata “Lautaro” de 50 cañones bajo el mando de José Guise.

Fragata “Independencia” con 28 cañones comandada por el cap. Foster, el bergantín “Victoria” destinada a brulote lo mismo que el “Jerezana”; la fragata “Galvarino” de 18 cañones a cargo del cap. corbeta J. Spry; fragata “Araucano” de 16 cañones comandada por D. Crosby.

 

El 2 de octubre estaban ya en el Callao.

El 12 de noviembre salió una división de esta escuadra rumbo al norte bajo el mando del mismo Cochrane. Deseaba capturar la fragata “Prueba”.

 

El 26 del mismo mes la flota anclaba frente a Paita. Esta vez eran cuatro los barcos: “O’Higgins”, la “Lautaro”, y los bergantines “Galvarino” y “Puerreydón

 

Es de imaginar la zozobra que experimentó el capitán Blas Cerdeña, comandante de la compañía de numantinos. Los mensajes llegaron una vez más a Piura y nuevamente Casariego se vio en apuros. Pero a las pocas horas la escuadra levantó anclas, al ver que no había en la bahía presas por capturar. En esta oportunidad el almirante quería tomar al abordaje a la magnífica fragata española “Prueba” que se suponía en Paita o Guayaquil. El 27 llegaba a la isla Puná y luego penetraba a la ría del Guayas sin utilizar práctico. Pero no encuentra a la “Prueba” que había subido río arriba protegiéndose en los 3 fuertes. Sorprendió en cambio a la fragata “Begonia” que se entregó con sus 20 cañones sin combatir y luego capturó a la fragata “Águila” tras media hora de combate. Esta última tenía 30 cañones. El abordaje de este barco se realizó gracias al heroísmo del cadete peruano Vidal. Los magníficos cañones de bronce de la “Begonia” fueron a reforzar a la “Lautaro”.

En la Puná permanece medio mes y dispone que la “Lautaro” salga a Valparaíso, con los barcos capturados. También llevan a Miller que estaba enfermo. El “Puerreydón queda patrullando a la costa entre Puná y Paita, mientras el “Galvarino” hace lo mismo con la costa de Santa y norte de Lima. Eso demostraba la confianza que tenía Cochrane de estar dominando ya el mar.

 

Luego el almirante con la “O’Higgins” se interna en el mar con rumbo desconocido. Se dirigía directamente hacia el sur de Chile, objetivo: la captura del Fuerte Valdivia, que se suponía inexpugnable, pero lo logró En la acción se distinguió el cadete peruano Francisco Vidal que llegó a ser presidente del Perú.

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SANTIAGO TÁVARA SE UNE A COCHRANE

 

Cuando Cochrane puso nuevo bloqueo al Callao en su segundo crucero, era profesor de Anatomía y Filosofía en el Real Colegio de San Fernando, el bachiller Santiago Távara, piurano de 29 años que se había dejado ganar por las ideas libertarias.

 

Por estas razones y por haber estado practicando en un barco extranjero, fue confinado en el mismo plantel que se le dio como prisión por orden del virrey Pezuela.

 

Fue entonces, que burlando la vigilancia, se presentó a la escuadra de Lord Cochrane, en donde de inmediato se le tomó, pues se necesitaban médicos en la flota.

 

Santiago Távara, destacó más tarde como escritor y político.

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PEZUELA DISPONE SE FORME DIVISIÓN EN PIURA

 

Gran contrariedad tuvo el virrey Pezuela cuando se enteró de la captura de Paita, disponiendo la destitución de Antonio Simón de la jefatura militar de Paita, y de Francisco Gil de la jefatura de la costa norte, en reemplazo del segundo designó al coronel Vicente Gonzáles y como a su segundo a tnte. coronel Joaquín Germán, los mismos que fueron encargados de llevar tropas a Piura, donde Gonzáles asumió el mando militar de la región que interinamente tenía Casariego. A éste, Gonzáles lo nombró jefe del Batallón Provisional de Infantería del cuartel de la Plaza (en 2006 era el Municipio) y a Germán se le dio el mando del Regimiento de Caballería ubicado en el ex convento del Carmen. (después colegio San Miguel)

 

Al poco tiempo de estar en Piura Gonzáles, pasó al Ecuador a requerimientos de Aymerich, y en su lugar interinamente quedó Germán como Jefe de la costa norte. En lugar de Pedro León y Valdez, fue nombrado sub-delegado del Partido de Piura, el coronel José Francisco Valdez, al que decían el “Barbirucho” por su barba espesa de color rojizo. Sería el último sub-legado de Piura.

 

El virrey Pezuela dispuso que en Piura se formase una División Volante de 1500 hombres de las tres armas.

 

Mariano Torrente, español que relató los hechos de la independencia en “Historia de la Revolución de la Independencia del Perú”, manifiesta que la finalidad de este cuerpo militar era cubrir la costa norte y auxiliar a Guayaquil en caso de una invasión de los corsarios chilenos. Se dio también orden para que salieran rumbo a Paita las fragatas “Venganza” y “Esmeraldas” llevando los cuadros de oficiales y clases, así como el armamento necesario, lo mismo que 50 mil pesos para atender los gastos que demandase la formación de esa división. De igual modo iban a auxiliar a la “Prueba” cuyo comandante la tenía prácticamente inactiva en la ría de Guayaquil.

 

Pero a causa de que el 22 de marzo de 1820 hubo una reunión de alto mando con asistencia de los generales La Serna, La Mar, Llano y Vacario, se modificó la estrategia del virrey y entre otras cosas se dispuso la paralización de los proyectos de formar la División de Piura.

 

Mientras tanto en Colombia, la lucha se había intensificado entre patriotas y realistas, siendo por lo tanto la Audiencia de Quito, una especie de valla contra la marejada revolucionaria. El presidente de la audiencia; general Aymerich no estaba contento con los servicios del coronel Calzada, por cuyo motivo fue designado para reemplazarlo el brigadier Vicente Gonzáles, jefe de la Costa Norte, que en esos momentos estaba en Piura.

 

Se creyó también conveniente que continuara el proyecto de formar la división piurana.

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VIRREY PIDE AYUDA PARA FORTIFICAR PAITA

 

El 22 de junio el virrey Pezuela se dirigía por escrito al obispo de Trujillo, José Carrión y Marfil, furibundo realista, solicitando la contribución del clero para fortificar Paita. Pondera el general Pezuela el riesgo en que quedarían las “propiedades si se abandonasen al enemigo los puertos por falta de fortificación, siendo el de Paita el más expuesto por aquella parte del territorio.”

 

Agrega que con ello se excitaría el celo de los vecinos y cuerpos seculares.

 

El obispo ofreció hacer el pedido por todo el obispado y para tal fin envió circulares a todas las parroquias. Agrega: “ Vuestra Excelencia conoce que el clero de la Diócesis y su pobre Obispo han hecho cuanto han podido en las críticas circunstancias que han mediado, no dudará un punto en procurar excitarlos a todos y concurrir por mi parte a manifestar la obligación en que estamos de concurrir del modo posible a la subsistencia y alivio del Estado.”

 

El historiador piurano, Don Juan Paz Velásquez que tanto ha venido destacando en la investigación histórica sobre hechos de nuestro departamento, publica el 4 de enero de 1983 en el diario “Correo” un artículo sobre las erogaciones que por orden del virrey Pezuela hizo el cabildo de Piura, lo que consta en acta del 21 de octubre de 1820.

 

Era alcalde en ese entonces don Pedro León y Valdés, el mismo personaje que presidió la reunión de cabildo abierto en la que se abrieron los pliegos de Torre Tagle y se proclamó la independencia de Piura, el 4 de enero de 1821.

 

Don Juan Paz Velásquez, transcribe una interesante relación de donantes. La colecta se hizo preferentemente entre españoles residentes en Piura pero por los resultados, se puede apreciar que muchos de los contribuyentes fueron peruanos de nacimiento. La mayoría -como siempre- pretextó estar en mala situación económica para no dar su ayuda, o para darla en forma muy modesta.

 

Los aportes podían ser en dinero o en especies.

 

Así por ejemplo, don Nicolás Aguilera, acaudalado comerciante español aportó botijas de aguardiente. Expresa el articulista, que el Administrador de Correos don Mariano del Valle, envió comunicación remitida al subdelegado y dice: “Haré ahora el último sacrificio de exhibir 100 pesos que remito por vía donativo, sin cargo de reintegro ni responsabilidad, con sólo la calidad de que se me considere como un buen español, buen ciudadano, siempre fiel y sumiso al rey y a las autoridades que gobiernan a su nombre.”

 

Como se puede apreciar, parece que el señor del Valle ya antes había contribuido y con la donación de 100 pesos anuncia que pone punto final a las contribuciones. Por otra parte dona y no presta los 100 pesos que no eran poca cosa; pero bien sabía el Administrador de Correos que los préstamos jamás se devolvían y por eso trató de quedar bien.

 

Hace protestas de fidelidad al rey, pero cuando llegaron meses más tarde los pliegos de Torre Tagle a su oficina, trató de convencer a Casariego que no actuara con violencia, porque ya nada se podía hacer.

 

Según José María Arellano, amanuense de correos e informador de los hechos de la Independencia de Piura, su jefe se llamaba Manuel Arellano y no Mariano. En 1825 aparece como regidor como don Mariano.

 

Don Diego Escandón, no da ayuda pretextando su mala situación económica, don José Ignacio Checa, dona 50 pesos y no más, también por su escasa fortuna, pero ofrece el contingente de su persona. Don José Ignacio era coronel graduado y tomó parte activa en la proclamación de la Independencia de Piura, fue comisario de Guerra de la División del Norte que el entonces coronel Santa Cruz llevó al triunfo en Pichincha y sucedió en la gobernación de Piura a don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime.

 

Don Francisco Zavala es otro español que dice no poder dar ayuda económica y que también ofrece su persona.

 

Don José Joaquín de Irondo dona 50 pesos, don Francisco Landaveres obsequió 100 y don Francisco Távara aportó 25 pesos, agregando: “mi oferta es un esfuerzo de fidelidad por ayudar con alguna cosa por mi parte a sostener el equilibrio de nuestro antiguo y feliz gobierno, contra las fuerzas que lo combaten”. Era don Francisco, terrateniente en el Alto Piura, importador de negros y estuvo emparentado con los esclarecidos patriotas Antonio y Santiago Távara.

Francisco Ugarte dona 4 pesos, Antonio Palomino 12 pesos y don Antonio López 50 pesos. Con el tiempo, don José Antonio López fue un rico comerciante que se convirtió posteriormente en el principal erogante de la causa patriota y su hijo José Manuel López Merino, fue prócer de la Independencia de Piura.

 

Don Pío Garrido donó 25 pesos y reafirmó su adhesión al rey. En total se llegó a reunir 396 pesos, suma que sin duda alguna fue muy magra, y que más que falta de entusiasmo por sostener la causa del rey, demostraba cicatería.

 

Muchos de estos, aparecen también como donantes a la causa de la Patria -voluntarios o forzosos- en una lista del 28 de diciembre de 1821. Se tiene a:

 

Pedro León Valdez                                                     200 pesos

Diego Escardón                                                          100 pesos

Ignacio Checa y Salas                                     72 pesos

Antonio Palomino                                                       300 pesos

Francisco Zabala                                                        50 pesos

Francisco Ugarte                                                        50 pesos

Pío Garrido                                                                 500 pesos

Antonio López                                                300 pesos

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CASARIEGO REMITE TROPAS A LAMBAYEQUE

En 1820 como intendente de Trujillo se encontraba el Marqués de Torre Tagle. En muchos círculos allegados a Pezuela se dudaba de la lealtad de este noble trujillano a la causa del ry, pero no había ninguna prueba que lo pudiera incriminar. Más bien continuaba tomando medidas destinadas a impedir cualquier brote revolucionario.

 

Fue así como dispuso que parte de las compañías de Batallón Numancia que había quedado en Trujillo, pasara a Lambayeque con el capitán Antonio de la Guerra. Este se pasaría después a la causa patriota y llegaría a ser general en el Ecuador y antepasado de los Miró Quesada de la Guerra.

 

En Lambayeque había gran actividad entre los grupos patriotas que cada vez actuaban con mayor audacia. Juan Manuel Iturregui que el año anterior había sido alcalde, era quien encabezaba la conspiración y hasta había venido acumulando armas en haciendas de su propiedad.

Antonio de la Guerra se hospedó en Lambayeque en casas de Pascual Saco, un patriota decidido que catequizó al joven oficial.

Este envío de tropas de Torre Tagle, trastornó todos los planes de Iturregui.

 

Poco tiempo antes habían pasado por Lambayeque rumbo a Piura, 400 soldados que enviaba desde Lima el virrey Pezuela, 300 soldados de caballería y 4 piezas de artillería, todos bajo el mando de don Joaquín Germán. Para preparar todo lo referente al desplazamiento de esos efectivos, también estaba en Lambayeque el comandante José María Casariego, jefe militar de Piura. Este militar, pudo darse cuenta de que la situación estaba muy inestable en Lambayeque y decidió dejar un escuadrón de caballería al mando del capitán Antonio Gutiérrez de la Fuente, futuro Gran Mariscal del Perú.

 

Había por lo tanto una regular guarnición en Lambayeque, pero de todos modos los patriotas planearon levantarse en armas y asaltar tanto al cuartel de los efectivos del Numancia como a la caballería de Gutiérrez de la Fuente, el 12 de setiembre.

 

Otro hecho imprevisto obligó a una nueva postergación.

Tanto el subdelegado de Lambayeque don José Romero, como el capitán Gutiérrez de la Fuente, habían pedido refuerzos a las autoridades militares de Piura y estas se los enviaron.

 

El comandante Joaquín Germán, ( Jefe encarado de la costa norte), salió con otro contingente de las tropas llegadas de Lima y a la altura de Olmos envió mensajeros anunciando su próximo arribo a Lambayeque. El historiador don Germán Leguía y Martínez en “Historia de la Emancipación del Perú” expresa que no hay seguridad de que la ruta hubiera sido la de Olmos, y que bien pudo haber pasado por Catacaos, Sechura, el desierto y Morrote.

 

La proclamación de la independencia lambayecana, la primera en el Perú, tuvo lugar el 27 de diciembre. Para esa fecha ya se habían ganado la adhesión de los soldados del “Numancia”.

 

Por entonces San Martín y su ejército estaban en Huaura al norte de Lima.

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EL EJÉRCITO REALISTA EN SETIEMBRE DE 1820

 

Entre el 9 y 11 de setiembre, San Martín desembarcó en Paracas con 4118 soldados.

En esos momentos los efectivos del Virrey Pezuela eran los siguientes:

 

ACANTONAMIENTO                                                        SOLDADOS

                                                                                  Artill.    Infant.    Caball.   Total      Artill.

                                                                                                                                                                            (piez.)

En Lima a órdenes de Pezuela                                    463      4641   1161    6265    22

Callao: Brig. Juan Fco. Sánchez                                  224      740     40       1004    72

                                                                                  ------------------------------------------

SUB TOTAL:                                                             687      5381    1201    7269    94

Lima-Pisco, Crl. Manuel Quimper                               42       298     128     468     6

Lima-Santa, Crl. Agustín Otermin                                ----      340     51       891 ----

Arequipa, Crl. Mariano Ricafort                                  38       1037    397     1472    5

Provincia de Puno                                                       32       119     20       171     8

Provincia de Cuzco                                                     7         286     49       342     4

Provincia de Huamanga                                               17       234     ----     251     10

Provincia de Huancavelica                                           3         99       ----     102     ----

Trujillo (Provincia)                                                      62       934     279     1275   4

Provincia Guayaquil                                                    166     868     115     1149   59

                                                                                  ------------------------------------------

TOTAL:                                                                     1054    10090  2240    13390  190

 

            Además en el Alto Perú, había 9800 soldados empeñados en una sangrienta lucha con patriotas bolivianos y argentinos.

            Fuera de Lima, se puede apreciar los mayores contingentes en Arequipa, en la provincia de Trujillo y en Guayaquil.

            Eso no iba a impedir que días más tarde, Guayaquil proclamase su independencia.

            Considerando las fuerzas de la Provincia de Trujillo la mayor concentración de tropas estaba en el Partido de Piura.

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NUMANTINOS DE PAITA HACEN DE MARINOS

            Estando el capitán Blas Cerdeña en Paita, recibió orden de reforzar la dotación de la fragata española “Prueba” para salir a dar caza a la nave patriota “Rosa de los Andes”, que al mando del Capitán Juan Illingworth, estaba merodeando por la costa de Chocó. Esto sucedía en mayo de 1820.

           

La “Prueba” bajo el comando de Pérez de Camino, había estado bastante tiempo inactiva en la ría del Guayas, protegiéndose con las baterías de tierra. Su dotación era de 46 cañones y la tripulación completa.

            El virrey Pezuela en sus Memorias, critica al marino comandante de la “Prueba”, diciendo que no obstante su superioridad en armamento fue burlada por “Rosa de los Andes” que tenía 30 cañones.

            El virrey asegura que la tripulación de la fragata española fue reforzada con soldados del Numancia que estaban apostados en Guayaquil. En este aspecto don Manuel de Mendiburu, discrepa asegurando que el refuerzo fue con gente del Numancia que había en Paita.

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SAN MARTÍN DESEMBARCA EN PARACAS

 

La Expedición Libertadora al mando de Lord Cochrane, se apareció sorpresivamente frente a los costas de Ica, en Paracas. Y las fuerzas libertadoras al mando de don José de San Martín, con un ejército de 4,118 hombres de las tres armas, inició el desembarco

 

Tal fuerza estaba compuesta por 2,313 argentinos, 1,805 chilenos y peruanos, entre los que destacaba el general nacido en Huaraz don Toribio de Luzuriaga, se embarcaron en el puerto de Valparaíso en Chile, el 20 de agosto de 1820, Después de navega sin haber sufrido contratiempo alguno, al atardecer del 7 de setiembre de 1820, la expedición Libertadora, hacía su ingreso a la bahía de Paracas en las costas de Ica, y al día siguiente 8 de setiembre, las tropas desembarcaban ocupando el pueblo de Pisco en donde San Martín estableció su Cuartel General,

Para el virrey Pezuela fue esto una gran sorpresa. En Piura se conoció la llegada de San Martín, relativamente rápido y eso estimuló a los grupos patriotas que actuaron en forma mas osada convocando a reuniones mas frecuentes, bajo la forma de tertulias para intercambiar noticias que luego eran difundidas entre el pueblo..

 

El sorprendido Pezuela pactó en Miraflores con los enviados de San Martín un armisticio el 20 de setiembre y trataron de llegar a u entendimiento sin conseguirlo.

El 5 de octubre San Martín se decide a iniciar as hostilidades y dispone que el General Juan Antonio Alvarez de Arenales con una división de mil hombres, penetre en la sierra. Lo primero que hicieron los patriotas fue tomar Ica, lo que significó un golpe psicológico para los realistas. Al Ingresar Alvarez de Arenales en la sierra recibió el apoyo de grupos guerrilleros de Tarma y de Jauja; y al llegar a Cerro de Pasco batió y capturó al brigadier español O’Reilly que contaba con una división bien armada.

Las noticias iban llegando a Piura creando gran entusiasmo entre los patriotas y mucha preocupación entre los realistas.

 

El 21 de octubre San Martín da un decreto creando la bandera del Perú independiente, que de acuerdo a la tradición se inspiró en una visión de flancos cuando volaban. La bandera tenía dos colores como hasta ahora, pero los campos eran rectangulares y en los vértices iba el escudo.

El 30 de setiembre San Martín se reembarco con sus fuerzas y se ubicó en Ancón al norte de Lima y más cerca de los pueblos norteños. Este hecho perturbó más a los realistas y causó regocijo entre los patriotas de la Intendencia de Trujillo, es decir, los partidos de Trujillo, Lambayeque y Piura.

 

La situación de desconcierto entre los españoles se pudo apreciar cuando el 29 de enero de 1821, las fuerzas realistas de Lima acantonadas en Anazpuquio, deponen al virrey Pezuela y colocan en ese alto cargo al jefe del ejército General La Serna.

 

San Martín creyó conveniente ubicar a sus fuerzas más al norte y se volvió a reembarcar para establecerse definitivamente en Huaura.

 

Eso le permitió a San Martín una comunicación más directa con los patriotas de Trujillo, Lambayeque y Piura y precipitó el pronunciamiento de Torre Tagle.

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INDEPENDENCIA DE GUAYAQUIL

 

            En Guayaquil había una importante guarnición, en cifras, tal como lo hemos hecho conocer antes. Los 1.150 hombres se distribuían así:

 

            _ Regimiento Granaderos de reserva                           600 hombres

            _ Milicianos del Escuadrón de Caballería Daule                       150 hombres

            _ Milicianos                                                                            200 hombres

            _ Brigada de artillería                                                              200 hombres

 

            Jefe militar de la plaza era Pascual de Vivero y capitán de puerto el brigadier Joaquín Villalba.

 

            Las fuerzas del “Numancia” ya no estaban por que se habían embarcado en el “Prueba”.

            En Guayaquil se encontraban otros oficiales del “Numancia” llegados de Lima, que habían sido dados de bajo por suponérseles partidarios de los patriotas. Eran estos el capitán cuzqueño Gregorio Escobedo, Miguel Letamendi, León Febres y Luis Urdaneta.

 

La principal fuerza de Guayaquil, el regimiento de Granaderos, estaba formado en su mayoría por cuzqueños y sobre ellos se inició en forma más intensa la catequización.

 

            Los militares recién llegados se vincularon con los elementos patriotas del puerto, entre los que estaba Joaquín Olmedo, y resolvieron dar el golpe. La decisión se tomó en una reunión efectuada en la vivienda del general Villamil, durante la celebración de un baile que éste ofreció el 1ro. de octubre.

            El lunes 9 de octubre a las 2 de la mañana, los complotados se distribuyeron por todo el puerto y sorprendieron a las autoridades y jefes militares realistas durmiendo, apresándolas.

 

            El único que no estaba en Guayaquil era Villalba que había ido a la isla Puná para remitir un preso a Lima.

 

            Los granaderos que estaban previamente comprometidos dieron apoyo militar a los complotados, para tomar las otras fuerzas militares, surgiendo en el escuadrón Daule un contratiempo cuando el capitán Magullar intentó resistir, siendo muerto en un tiroteo.

 

            Estando Villalba fuera de Guayaquil, pudo darse cuenta de la situación y movilizó cinco lanchas cañoneras, pero habiendo ido a pedir protección a la goleta artillada “Alcance” se dio con la sorpresa cuando estuvo a bordo, de que se había plegado a la revolución, quedando prisionero, y viéndose obligado a rendir la flotilla de lanchas.

 

            El 10 de octubre de 1820, el ayuntamiento proclamó la Independencia de Guayaquil, suscribiéndose la correspondiente acta. Se eligió como efe militar a Gregorio Escobedo y como jefe político a Joaquín Olmedo.

 

            Se acordó enviar aviso a San Martín, para lo cual se comisionó al mismo Villamil, el cual con el capitán Letamendi, se embarcaron en la goleta “Alcance” y partieron el 11 de Octubre, llegando a su destino el 31 del mismo mes, pero como las noticias volaban, cuando los comisionados llegaron, ya se conocían los sucesos de Guayaquil.

 

            José Villamil, cuatro años antes había contribuido al fracaso de la expedición del almirante Brown, pero después abrazó la causa patriota.

 

            El historiador español Mariano Torrente dice que los rebeldes de Guayaquil, llegaron con Villalba a un acuerdo, según el cual los prisioneros relistas, debían ser enviados a territorio ocupado por las autoridades adictas al rey. Los detenidos eran 500 y estaban en al goleta “Alcance”, pero hay que suponer que muchos preferirían quedar en el puerto, junto a su familia e intereses.

 

            Torrente dice: “Más la misma facilidad con que fueron otorgadas las reclamaciones de Villalba, arrojaba las mayores dudas sobre su cumplimiento; tardó poco en descubrirse este nuevo acto de falsedad e hipocresía; lejos de dar la prometida libertad al gobernador y demás presos, fueron colocados en la goleta ”Alcance”, para ser remitidos a disposición del general San Martín, quien usando de la mayor generosidad, los envió al virrey de Lima, sin exigir por ellos más rescate que el del teniente coronel Tollo…”.

 

            Contrariando lo dicho por Torrente, podemos asegurar que Villalba quedó prisionero en Guayaquil hasta los primeros días de diciembre pues el 12 de ese mes, pasó por Paita a bordo de una fragata inglesa, dejando al jefe español Joaquín Germán, un relato de los sucesos del 10 de octubre y posteriores.

 

            En Piura se conocieron muy pronto los sucesos de Guayaquil por comerciantes y marinos llegados del puerto. También arribaron algunos prófugos españoles.

 

            San Martín nombró entonces al general Toribio Luzuriaga y al crl. Tomás Guido, para que asumieran el control del puerto, con la orden de que se abstuvieran de iniciar ninguna operación de guerra contra los realistas de Quito. Estos dos personajes partieron de Ancón el 14 de noviembre y llegaron el 27, pero ya era tarde. Algunos imprudentes habían actuado precipitadamente, emprendieron una campaña y fueron totalmente derrotados en Ambato.

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EL “NUMANCIA” SE PASA A LOS PATRIOTAS

 

            En la madrugada del 3 de diciembre de 1820 el batallón “Numancia” considerada una fuerza de élite, se pasó a los patriotas. En realidad, desde hacían muchos días que esta acción era esperada. El capitán Cerdeña, jefe de compañía del batallón, parece que se encontraba en Lima con su batallón, mientras que su compañía seguía en Paita.

 

            En efecto, el historiador Germán Leguía y Martínez, dice que el oficial Herrera del “Numancia” fue hecho teniente coronel por San Martín y que había sido este jefe el que se encargó, a última hora de conquistar al capitán Blas Cerdeña, llegando de Paita con su compañía”.

 

            Don Manuel Mendiburu, expresa: “Cerdeña tuvo gran parte en la obra de propaganda patriótica entre los soldados de ese cuerpo, y el general San Martín lo premió extendiéndole el despacho de sargento mayor el 13 de diciembre de 1820.”

 

            El día 4 de diciembre se celebra en Lima una Junta General de Jefes presidida por el virrey Pezuela, actuando como secretario el general Lóriga.

 

            El punto 2 del acta, dice textualmente: “Se leyó el parte del Señor Comandante General de Vanguardia, en que comunica la deserción del Batallón “Numancia” a los enemigos y se determinó que el pailebote “Aranzazu” a su viaje a Panamá, tocase en Paita, llevando orden para que una compañía del mismo batallón que está allí, pase a Trujillo, para evitar igual acontecimiento y que se avisase reservadamente a las divisiones, comandantes de armas y subdelegados, este accidente para que no fuesen sorprendidos. Y que los oficiales y tropas del “Numancia” que habían quedado (los que no plegaron a la deserción andaban dispersos por el campo), se presentasen al Señor Sub-inspector, para que destinase, los blancos al Infante (Don Carlos) y los de color al “Arequipa”. “

 

            Como se puede apreciar, la compañía “Numancia” seguía en Paita aún cuando el batallón que estaba en las proximidades de Lima, se pasó a los patriotas, estando Cerdeña en él.

 

            Cuando días más tarde se proclamó la Independencia de Trujillo, las tropas del “Numancia” que se encontraban en esa localidad, no se plegaron a la causa patriota, sino que se dirigieron a Cajamarca.

 

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EL CAPITÁN VILLALBA INFORMA DESDE PAITA

            El capitán de fragata y capitán de puerto de Guayaquil, Joaquín Villalba, permaneció prisionero de los patriotas de ese lugar, hasta los primeros días de Diciembre, en que fue embarcado con su familia en la fragata inglesa “Inspector”, la que arribó a Paita el 12 de diciembre. Desde este barco, Villalba envió un informe de los sucesos del 10 de octubre, al comandante Joaquín Germán.

 

            También informaba Villalba, que el día 23 de octubre, los insurgentes de Guayaquil, organizaron una fuerza de 700 soldados de infantería, 150 de caballería y 30 artilleros con dos cañones, los que marcharon con destino a Quito para batir a la fuerzas del rey. Iban como jefes, los capitanes Urdaneta, León y García, ascendidos por los rebeldes al grado de coroneles. El día 9 de noviembre habían llegado a Guaranda y poco tiempo después fueron completamente batidos cerca de Ambato por le coronel Calzada. El batallón de Granaderos de Reserva quedó diezmado. Mientras tanto en Guayaquil, ocurrían también novedades, pues dieron un golpe interno, deponiendo a Escobedo y enviándolo en el bergantín “Águila” a disposición de San Martín. También informaban que San Martín había enviado a los coroneles Guido y Luzuriaga.

 

            No obstante que el teniente coronel Joaquín Germán era en Piura el militar con más alto cargo como encargado de la Jefatura de la Costa Norte, “Pezuela prefería” tratar con Casariego, por que era mas eficiente.

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EL INFORME DE CASARIEGO

El 27 de diciembre, como jefe militar de Piura, José María Casariego informaba a Pezuela que una fuerza insurgente de mil hombres había sido deshecha cerca de Ambato por una división de Quito. Decía Casariego que este suceso había servido para aquietar a Cuenca, que se encontraba revolucionada por un individuo chileno de apellido Novoa hijo espurio de un fraile dominico. Hace conocer Casariego, sus sospechas del Intendente de Trujillo Torre Tagle, y menciona una serie de hechos que lo obligan a pensar de ese modo. Relata la llegada a Paita de la fragata inglesa “Inspector” con el capitán Villalba a bordo, que viajaba en compañía de un francés apellidado Pití. Decía Casariego que trató de lograr mayor información del capitán, pero que le barco, sorpresivamente se dio a la vela.

 

            Da cuenta Casariego de haber cumplido con el encargo de Pezuela de haber lanzado volantes en Guayaquil.

 

            Muy lejos estaba Casariego de suponer que en ese día Lambayeque estaba proclamando su independencia, que luego lo haría Trujillo y que él mismo, se vería envuelto en el huracán revolucionario en Piura, en los próximos días. Pero en Piura todo era tranquilidad y no se movía una paja.

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Desembarco de San Martín en Paracas

El 20 de agosto de 1820, partió de Valparaíso,  con destino al Perú, la Expedición Libertadora del Perú al mando del generalísimo José de San Martín. El jefe de gobierno chileno,  Bernardo O'Higgins, realizó grandes esfuerzos para hacer realidad esta costosa y arriesgada empresa.

El vicealmirante Thomas Cochrane condujo la flota de once naves de guerra de alto bordo y 15 transportes, conduciendo 4.000 efectivos de nacionalidad argentina, peruana y chilena, adecuadamente uniformados y pertrechados. La escuadra navegó bajo bandera chilena.

. Un hito clave de la estrategia era tomar Lima, hasta entonces llamada Ciudad de los Reyes, y proclamar la independencia, nombrándose San Martín Protector del Perú, para desde esta posición llamar a sumarse a la causa patriota al resto del Perú.

El desembarco se produjo sin novedad en la bahía de Paracas en la mañana del 8 de septiembre. Tomó varias horas el cuidadoso arribo a tierra de las tropas, municiones y artillería. Al momento del arribo un pelotón de caballería del virrey que custodiaba el lugar huyó hacia el norte. En la ciudad de Pisco hizo otro tanto el jefe militar español de la plaza, coronel Químper.

Mientras se realizaba el desembarco de todo el ejército, un escuadrón de caballería y una compañía de infantería con artillería ligera se adelantaron a tomar posiciones en las inmediaciones de Pisco. El Ejército Libertador, con el propio San Martín al frente, entró a la  ciudad en horas de la tarde. A su paso, muchos lugareños vivaron a las tropas patriotas y hubo jóvenes, incluidos algunos esclavos, que se ofrecieron como voluntarios

San Martín instaló su Estado Mayor en una antigua casona ubicada a menos de 50 metros de la plaza mayor. Allí trabajó y residió durante algunos días,  vislumbrando lo que sería la primera bandera y el primer escudo del Perú independiente.

Allí, fueron aceptados gran número de voluntarios peruanos.

Antes de caer la noche del 8 de septiembre, mediante una imprenta portátil perteneciente a su ejército, San Martín emitió su primera proclama desde suelo peruano.

Para el virrey Pezuela, el desembarco de San Martín fue una gran sorpresa. En Lima tenía 7.000 soldados y en el resto del Perú y en el Alto Perú otros 17.000 soldados. Pezuela quiso ganar tiempo y propuso a San Martin  una conferencia que se realizó en Miraflores con delegados, el 14 de setiembre de 1820en la que no se llegó a ningún acuerdo.

El 5 de octubre, San Martin envió a una división al mando del general Alvaro de Arenales a Ica, a la que tomó pacíficamente y luego  ingresó a la sierra .pasando por  Huamanga, Huanta, Izcuchaca, Huancayo, Jauja, Tarma, Cerro de Paco y de allí bajó a  Huara. A su pasó incorporó a gran cantidad de voluntarios, derrotó algunas fuerzas realistas como las del brigadier O.Relly.

Mientras tanto, entre el 24 y el 26 de octubre, San Martín se reembarcó  rumbo al norte y el 29 apareció ante la bahía del Callao causado gran alegría entre miles de patriotas que creían iban a desembarcar al mismo tiempo que cundió el pánico en las fuerzas del virrey.

El 12 de noviembre llegó San Martín al puerto de Huacho, donde desembarcó y por tierra se dirigió al pueblo de Huaura donde instaló su  Cuartel General.

En Piura se conoció el desembarco de San Martín en Paracas varios días mas tarde gracias a volantes que distribuían barcos insurgentes que merodeaban  entre Sechura y Tumbes. La noticia, estimuló el espíritu patriota que ya había en Piura desde que se conoció la independencia  de Guayaquil.

La llegada de San Martín  era comentario general en las tertulias y entre el pueblo. A los piuranos no importa que en la ciudad hubiera dos cuarteles llenos de tropas, pues era tal el entusiasmo que con frecuencia  el grito de la ente del pueblo de  ¡Viva la Patria¡ que las autoridades españolas para evitarse problemas no castigaban.

Piura estaba ya madura para la independencia y para la libertad, al igual que toda la costa norte y eso quedó demostrado cuando pocos  meses mas tarde Lambayeque, Trujillo y Piura, declararon la independencia antes que Lima.