Capítulo V

 

 

C A P I T U L O V

 

 

PIURA JURA SU INDEPENDENCIA

 

 

 

-         Rebelión del General Riego en España

-         Luzuriaga en Guayaquil

-         Pasquines en Lima

-         Independencia de Lambayeque

-         Independencia de Trujillo

-         Piura en 1820

-         El mensajero de la libertad

-         La noche del 3 de Enero

-         Piura Proclama su Independencia

-         La Jura de la Independencia de Piura

-         Independencia de Sechura

-         Independencia de Tumbes

-         Independencia de Paita

-         Independencia de Querecotillo

-         Aventuras de Casariego

-         La Odisea del coronel Francisco Valdés

-         Otras versiones

-         Torre Tagle dispone la jura en los pueblos

-         La parroquia matriz Jura fidelidad

-         Acatamientos y desacatos

 

ARRIBA

REBELIÓN DEL GENERAL RIEGO EN ESPAÑA

Cuando la revolución independentista había cundido por todas las colonias españolas, el rey Fernando VII tenía listo en Cádiz un ejército de 23.000 hombres para enviarlo a América al mando del conde Calderón, para aplastar a los patriotas americanos.

Capítulo 1

Pero sucedió un hecho providencial para la causa de la libertad. Uno de los generales de ese ejército, Carlos Riego, que era masón, de tendencia liberal y partidario de la Constitución de Cádiz, se sublevó el 1º de enero de 1820 y al poco tiempo varias guarniciones españolas hicieron lo mismo. El 7 de marzo un populacho rodeo el Palacio Real de Madrid y el rey Fernando se vio obligado a promulgar y jurar nuevamente la Constitución de 1812.

 

Los demás países europeos se alarmaron por este avance del liberalismo en España y encargaron a Francia la tarea de restablecer la monarquía absolutista en Madrid.

En 1823, un ejército francés de 100.000 hombres penetró en España. Eran llamados los “hijos de San Luis”.al mando del Duque de Angulema. Mientras tanto, Fernando VII en forma hipócrita, por lo bajo apoyaba a los invasores. El general Riego intento resistir en Andalucía, pero el 15 de setiembre fue traicionado y entregado a los franceses. Llevado a Madrid fue acusado de traición por querer establecer el sistema republicano en España, y el 7 de noviembre de 1823 fue ejecutado en la plaza de Madrid en medio de las aclamaciones del inconstante pueblo español que pocos meses antes también lo había aclamado .como a un héroe.

ARRIBA

LUZURIAGA EN GUAYAQUIL

 

Tras de Guayaquil, y ante el avance de los patriotas de este puerto, también proclamaron la independencia Cuenca y Loja. Poco duro esta situación pues el coronel Vicente Gonzáles, los derrotó completamente el 22 de diciembre de 1820. Los dispersos que llegaron a Guayaquil completamente desmoralizados, crearon gran zozobra en el puerto, y muchos que habían mostrado en fervoroso patriotismo, abandonaron la causa de la libertad, favoreciendo una reacción realista.

El general Toribio de Luzuriaga, ante el desastre de Ambato, trató de reunir fuerzas para resistir pero sólo logró 200 hombres. Con ellos avanzó hacia Babahoyo, y con los dispersos formó un frente estabilizado.

 

Vicente Gonzáles en realidad tenía el camino abierto para tomar Guayaquil, pero quizá no quiso dejar enemigos a la espalda y prefirió volver a someter a Cuenca y a Loja.

 

Guayaquil estaba no sólo sin tropas, sino que se encontraban las autoridades bastante desmoralizadas. De eso trataron de aprovecharse varios españoles y tramaron un complot que fue descubierto y los conjurados tuvieron que huir. Unos llegaron a Paita en diciembre y otros pasaron a Lambayeque en donde fueron mal recibidos, pues esa ciudad estaba ya en vísperas de sublevarse. Los que arribaron a Lambayeque fueron doce.

 

San Martín consideró que la misión de Luzuriaga en Guayaquil ya había terminado y solicitó su retorno.

El Protector, lo hizo en mal momento, pues precisamente Bolívar se había apresurado a enviar al puerto a un grupo de sus adictos para fomentar la adhesión de Guayaquil a la Gran Colombia que proyectaba formar.

 

Hizo conocer por lo tanto Luzuriaga su decisión de retirarse, y entregó el mando al coronel Torres Valdivia. El día 9 de enero de 1821, un grupo de conocidas damas de Guayaquil le dirigieron una comunicación solicitándole a Luzuriaga que se quedase.

 

Pero San Martín ya había decidido el retorno de Luzuriaga.

ARRIBA

PASQUINES EN LIMA

 

La situación en diciembre de 1820 era la siguiente:

 

El Callao y toda la costa estaban bloqueados por la escuadra de Lord Cochrane que impedía toda libertad de movimiento a los realistas. Los indios de la sierra central se habían sublevado tras del paso del general Alvarez de Arenales, de tal modo que los abastecimientos para Lima se habían cortado y en a capital el precio de los artículos de consumo habían subido enormemente.

 

El batallón Numancia se había pasado a los independientes, mientras que el general Álvarez de Arenales tras de salir de Pisco, y penetrar en la sierra hasta Tarma, volvía a descender al norte de Lima uniéndose nuevamente a las fuerzas de San Marín. En esa audaz expedición derrotó a todas las fuerzas que salieron a su encuentro y sobre todo a las muy importantes del brigadier O’Reilly.

Por todas partes habían surgido montoneras que hostilizaban a las fuerzas españolas. A fines de 1821 una división española al mando del general realista Richafort, recorrió los pueblos serranos sublevados haciendo matanzas de indios en Huamanga y Cangallo. Con posterioridad, el cura José Félix Aldao que había llegado en la escuadra de San Martín y había abandonado los hábitos para seguir la carrera militar, juntó a los indios y organizó guerrillas en la sierra central pero también cometió excesos y crueldades contra los españoles de esos lugares.

 

Guayaquil estaba en poder de los patriotas, y en Lambayeque y en Trujillo se hablaba sin recatarse de la pronta declaración de la independencia.

 

En Lima todo el mundo complotaba, y como no podía faltar, se hizo presente el ingenio criollo, con copias, epigramas, chascarrillos y bromas.

 

Fue así como un buen día apareció en la Catedral de Lima un documento clavado en la puerta.

 

Se trataba de una “Pastorial” supuestamente del Arzobispo con sello y firma, en la cual exhortaba a los fieles a rogar por la pronta entrada en la ciudad del general San Martín, la liberación del Perú y la “pronta liberación de la estúpida tiranía de Pezuela”. Se amenazaba con excomunión mayor al que osare quitar el documento. Por eso los fieles, sólo se limitaban a comentar muy sorprendidos. Recién por la tarde se enteró el Arzobispo de la existencia de esa falsificación tan bien hecha y mandó a retirarla.

ARRIBA

 

INDEPENDENCIA DE LAMBAYEQUE

 

En Lambayeque, capital del Partido de Saña, existía desde hacía mucho tiempo actividad conspirativa de parte de gente de mucha influencia. Se habían organizado bajo la forma de una Logia y sesionaban con gran regularidad.

 

Se habían entregado a la tarea de seducir y conquistar la causa de la independencia a todos los jefes militares que eran destacados a la ciudad. Desde mucho tiempo se habían dedicado a la tarea de acumular armas, labor en la que destacaba José Iturregui.

La proclamación de la Independencia de Lambayeque se hizo en dos actos.

En Lambayeque estaban acantonados: parte de una compañía del batallón Numancia al mando del capitán Antonio de la Guerra. Un escuadrón de Caballería al mando del capitán Antonio Gutiérrez de la Fuente.

Un Batallón de milicias comandado por el coronel Juan del Carmen Casos. Como sub-delegado y jefe militar del Partido don Manuel José Romero.

 

De estas fuerzas, sólo las que estaban bajo el mando de Gutiérrez de la Fuente no estaban comprometidas con la causa patriota.

El 27 de diciembre de 1820 a las 10 de la noche, los miembros del cabildo se reunieron en la casa particular del alcalde del 2do. voto don Melchor Sevilla. Lo hacían allí y no en la casa municipal, para eludir la vigilancia del sub-delegado Romero, tal como consta en la misma acta que se levantó. Muchos de los regidores eran militares. Así, el mismo alcalde Sevilla era teniente del escuadrón de Milicias de Pacasmayo, José María Muga, teniente de infantería de Milicias, Valentín Mondragón sub-teniente de Milicias de Infantería. Se leyeron varias cartas enviadas por San Martín (dos enviadas a don Mariano Quezada) y luego de deliberar, resolvieron jurar de facto la independencia absoluta del gobierno español, por si y a nombre de toda la población a quien representan, subordinándose totalmente al sistema de constitución y leyes que el supremo gobierno de la Patria estableciere. Los regidores firmaron el acta y resolvieron enviar copia al general San Martín.

 

El acto fue presenciado por gran cantidad de vecinos notables y por patriotas miembros de la Logia.

 

No se trató en realidad de un acto clandestino, porque afuera en la calle una gran cantidad de gente aguardaba impaciente noticias de lo que los cabildantes hacían. Tan pronto como se supo que los regidores acababan de jurar; vivas y una explosión de alegría invadió a todos.

 

Romero era el sub-delegado, mostrando prudencia se encontraba en esos momentos en el cuartel de Gutiérrez de la Fuente. Los efectivos del Numancia estaban en estado de alerta, pero ganados a la causa de la libertad. El pueblo impetuoso gritó ¡A los cuarteles, afuera los godos! Cuando la multitud avanzaba y todo hacía prever un horroroso choque, el coronel Casos hizo que el corneta llamara a reunión a los milicianos. Entonces el pueblo se congregó en torno a este oficial, el cual pidió calma y tranquilidad para evitar un derramamiento de sangre, solicitando antes al sub-delegado y a Gutiérrez de la Fuente, unirse a la causa de la libertad.

 

Ya estaba amaneciendo el día 28, cuando se decide enviar como parlamentario al capitán patriota Pascual Saco, el cual ingresa audazmente al cuartel. Afuera una gran masa humana, y con ellos efectivos de la Numancia y la Milicias. El tiempo pasa y la gente se impacienta. Nada se sabe de Saco que está dentro del cuartel. En repetidas oportunidades, Casos y otros oficiales patriotas logran desistir al pueblo de sus intentos de asaltar el cuartel. Adentro, muchos oficiales españoles se niegan totalmente a rendirse y el alférez Manuel Barriga es el más empecinado. En un momento crucial, los oficiales ordenan formarse a la tropa en posición de ataque. Pero los soldados del cuartel, se dan cuenta por las cornetas que afuera atruenan el aire y por el redoble de los tambores, que el resto de tropas se han plegado a la causa de la revolución. Los sargentos y sub-oficiales del escuadrón de caballería hacen saber a sus jefes que no dispararán contra el pueblo.

 

Los españoles ceden y Saco se presenta ante el pueblo tras de abrir las puertas del cuartel. Un clamoreo de júbilo brota del pueblo. Era el amanecer de un nuevo día.

Mientras tanto, por otra parte de la ciudad, el capitán Gutiérrez de la Fuente, con su escuadrón de caballería cabalgaba rumbo a Trujillo. No avanzará mucho. En Pacasmayo es detenido por el jefe de milicias José Andrés Rázuri. También Trujillo se había plegado a la causa de la libertad. Después de la batalla de Ayacucho, Rázuri se casó y radicó en Tambogrande.

 

No faltaron algunos que quisieron aprovecharse de la situación y entregarse al saqueo de los más empecinados españoles, que indudablemente los había en buen número. Juan Manuel Iturregui lo impidió imponiendo enérgicamente su autoridad.

 

El cabildo puede entonces sesionar con entera libertad el día 28 y en esa sesión se acuerda ratificar la Independencia para el 31, con intervención de las autoridades y personas notables. No se habla para nada del pueblo. La sesión fue presidida por don José Díaz de Arellano que asume el cargo de sub-delegado -que lo había retenido en 1818- ya que el titular Romero, había huido.

Comienza entonces lo que llamamos el segundo acto de la Jura de la Independencia de Lambayeque. Es él de la intervención del pueblo que se sintió marginado en los acuerdos del día 28. Es una situación tensa que se va incubando poco a poco hasta tomar forma y estallar incontenible el día 30 por la noche. Aparece un espíritu de clase, pues se critica, que las autoridades coloniales pretendan seguir es sus puestos políticos y municipales, y que los criollos lo estaban acaparando todo.

 

Los indios al son de sus tambores se reúnen también en el barrio del otro lado del río y al fin se movilizan. Gente del pueblo en actitud vociferante los siguen y se dirigen al domicilio del procurador y sindico Mariano Quezada Valiente, que es el personero legal de los derechos populares. En forma violenta entran en su domicilio y le plantean la queja. Afuera una gran poblada espera. Son las primeras horas del nuevo día, cuando se logra un entendimiento entre Quezada y el pueblo, de acuerdo a lo cual se elabora un acta en la que se va a proceder a Jurar la Independencia.

El acta comienza por ¡Viva la Patria! Y se hace constar que en casa del síndico se había reunido el pueblo bajo y medio a las 2 de la mañana, y cuando ya eran las 6 de la mañana, se procedió a jurara la independencia bajo la forma de un diálogo entre el síndico y el pueblo en la forma siguiente; ante una bandera roja y blanca desplegada.

 

_ ¿Qué queréis? Dijo el Síndico mostrando la bandera.

_ Jurarla, jurarla, respondió la multitud.

_ ¿Qué causa os mueve a esta determinación?

_ Nuestra espontánea voluntad y el bien de nuestra patria.

 

El síndico pidió que todos hicieran la señal de la cruz para proceder a la juramentación ante el Eterno y la bandera, diciendo:

 

_ ¿Juráis ante Dios seguir la sagrada religión católica que profesamos; juráis vuestra libertad e independencia y vuestra sumisión y obediencia a las leyes y mandamientos que dicten y puedan dictarse por el Supremo Gobierno cuando se forme y en el entretanto, por la autoridades respectivas?

_ Sí, juramos, respondieron a una voz.

_ Si así lo hiciereis, Dios os ayude, y si no, os lo demande.

 

Como lo habíamos manifestado antes, el síndico tenía correspondencia con San Martín y la bandera histórica que mostró el 31 al amanecer ante los pobladores de Lambayeque que es la roja y blanca que concibió en Paracas. Se trató pues de la primera bandera peruana que fue jurada.

Otras ciudades como Tarma, habían antes proclamado su independencia, pero no juraron ante la bandera.

 

El juramento que mencionamos se repitió tres veces y el pueblo se entregó a festejarlo en la misma Calle Real. Luego se improvisó una manifestación con la bandera y el síndico que recorrieron la plaza y las principales calles, en medio de vivas a la Libertad, al Libertador San Martín y a la Patria Peruana. Los vecinos de Lambayeque sorprendidos por el ruido salían a las puertas de sus domicilios y acompañaban con aplausos a los manifestantes uniéndose a ellos. Tras de un amplio recorrido los manifestantes retornaron a la casa del síndico y en sus balcones pusieron la bandera. La gente se estacionó frente a ese lugar en una especie de guardia masiva. A las 10 de la noche volvió a hacer un nuevo recorrido y al paso por los cuarteles fue saludada con disparos de salva.

 

Un total de 59 personas firmaron el acta y por los que no sabían firmar lo hizo el Presbítero Pedro Celestino Adán que en todo momento los acompañó.

Además se ha recogido el nombre de 130 personas que estuvieron presentes en todos los actos. Entre ellos los hermanos y la esposa del Dr. Quezada, Manuel Padierna que llegó a Vocal en Cajamarca, el Dr. José Navarrete, el Dr. Manuel Osoríaga, cuatro alcaldes indios, el regidor Valentín Mondragón y otras personas importantes (aparecen en la relación con el “Don” antepuesto).

Don Mariano Quezada se apresuró a llevar a San Martín el acta de esta declaración popular de la independencia.

 

El tercer acto se había iniciado a las tres de la madrugada del día 31 en el Cabildo reunido de urgencia, al tenerse conocimiento de los que estaba pasando en la casa del síndico.

 

El cabildo acuerda ratificar la declaración hecha el 27 y deciden los regidores renunciar a sus cargos y hacerlo conocer al pueblo.

 

A las 7 de la mañana del día 31, el secretario del cabildo José Manuel Otiniano, dio lectura desde los balcones del municipio del acta del 27 de diciembre y del acuerdo a que habían llegado en la madrugada del día 31 los regidores. frente al municipio se habían reunido una gran muchedumbre entre la que estaba la que había acompañado al Dr. Quezada.

 

El acta leída decía lo siguiente:

“En Lambayeque, a los treintiún días del mes de diciembre de mil ochocientos veinte, los señores que componen el cabildo patriótico, juntos y congregados en esta sala nacional, primeramente el señor Sub-delegado don José Díaz de Arellano, que preside, los señores Alcaldes Dr. Pedro Antonio López Vidaurre de primera nominación, abogado de la Real Audiencia del distrito y señor don Melchor Sevilla de segunda nominación y Teniente de Caballería de Pacasmayo; los regidores José María Muga Alguacil Mayor y Subteniente de Milicias del Regimiento de Infantería de Lambayeque, don Eugenio Crisanto; don José María Puémape, Depositario de la Caja de Propios; Subteniente don Valentín Mondragón Alcalde Provincial y Subteniente de Milicias de dicho pueblo; y el Síndico Procurador don Hilario Gil: dijeron, que penetrados del mismo entusiasmo y amor a la libertad e independencia, con que en reunión y en representación de todo este numeroso vecindario, juraron privadamente (se refieren a la jura del 27) en el acto que precede, por las razones que en ella expresan; ratifican su antecedente juramento, por sí y en nombre de todo este público, que congregado espontáneamente por las calles y plazas, desde las tres de la mañana, los precisó a que sin que se perdiesen momentos, se jurase y proclamase la libertad e independencia, con la solemnidad que exige la vehemencia de sus deseos, en cuya consecuencia, y de la interrupción que ocasionó uno que otro vecino que se introdujo en esta sala, hemos tenido a bien ratificar nuestro antecedente juramento, despojándonos, como nos despojamos, de los cargos que hasta este instante hemos tenido, suplicándole a este generoso pueblo, que en obsequio y consideración a nuestras fatigas y desvelos excesivos, que nos ha costado sostenernos en circunstancias tan críticas y delicadas, se sirven ahorrarnos en lo sucesivo, si fuera posible, de los onerosos cargos que hemos servido, resignando en sus manos la misma autoridad que de ellos recibimos para que disponga a su arbitrio, y que para satisfacción y conocimiento, se lea esta acta, como la antecedente. Así lo dijeron y lo firmaron, de que certifica: José Díaz Arellano, Pedro Antonio López y Vidaurre, Melchor Sevilla, José María Muga, Eugenio Crisanto, José Manuel Puémape, Valentín Mondragón, Hilario Gil. Ante mí, José Manuel Otiniano, secretario patriótico.”

 

Como se puede apreciar, en esta acta se deja traslucir un dejo de amargura y de desilusión en lis firmantes que manifiestan su deseo de ya no asumir ninguna función pública futura.

En el mismo acto y por aclamación fue elegido s

ub-delegado, Juan Manuel Iturregui, nombramiento sin duda justo y acertado.

El Intendente de Trujillo, Bernardo Torre Tagle se encontraba el 27 de Diciembre preparando lo necesario para la proclamación de la Independencia de Trujillo. Entre otras cosas, proyectaba las comunicaciones a enviar a las diferentes capitales de Partido dando instrucciones para que también en ellas se proclamase la Independencia. Muy lejos estaba de suponer que en esos mismos momentos Lambayeque se le había adelantado, por eso cuando lo supo, tuvo un gran disgusto. Fue así como los pliegos de Torre Tagle a Lambayeque enviados con José María Arellano llegaron tarde.

Con todo, el 14 de enero de 1821 hubo una nueva ratificación de la Declaración de la Independencia al estilo que planteaba Torre Tagle.

Se hizo en grande. Hubo Te Deum, parada militar, sesión solemne y lectura del acta del 31 de diciembre, luego juramentación de la independencia por la tropa, estacionada en la plaza de armas.

Lambayeque hizo una cuantiosa colecta en dinero y otra en efectivo, movilizó un batallón y con todo se comunicó Iturregui con San Martín (800 hombres de tropa).

 

ARRIBA

PROCLAMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA DE TRUJILLO

Al igual que la de Lambayeque, la independencia de Trujillo está vinculada a la de Piura.

Torre Tagle se encontraba en octubre entregado a una confusión de sentimientos y luchas internas propias. El virrey Pezuela le había dispensado amistad y confianza y como funcionario le debía lealtad, pero al mismo tiempo sentía el llamado de la sangre y del pueblo y los anhelos de la libertad.

 

En un diario de la Expedición Libertadora, se consignaba el 14 de diciembre lo siguiente: “Se han recibido comunicaciones oficiales de Trujillo las más lisonjeras: el intendente Torre Tagle, está de acuerdo en hacer la revolución y cuenta con la compañía del teniente coronel Borgoño con quién está de acuerdo, ofrece mandar 250 caballos y sólo pide que se le ponga en Santa alguna pequeña fuerza para recibir a los presos que él envía, y un buque para conducirlos hasta el ejército, asegurando que los primeros que deben prender son el obispo y todos los europeos, como más acérrimos enemigos.”

 

El obispo al que se refiere el apunte, es el Dr. José Carrión y Marfil, un anciano de 73 años, pero muy enérgico y acérrimo realista, que en sus mocedades había sido militar. El obispo llegó a escribir al presidente de la Real Audiencia de Quito , para que devolviera al coronel Vicente Gonzáles con tropas, para tomar a San Martín entre dos frentes. Pero en esos momentos Gonzáles estaba luchando contra los patriotas en Ambato y luego tenía le propósito de marchar a Cuenca y Loja, por cuyo motivo Melchor Aymerich, presidente de la Real Audiencia de Quito, sólo pudo enviarle al coronel de caballería José Tolrá militar muy competente, que llegó a Trujillo en noviembre, pero que nada pudo hacer, porque ya el ambiente estaba preparado para la renovación.

En meses anteriores Torre Tagle había enviado a Lambayeque algunas fuerzas de tal manera que en Trujillo quedaban muy pocas.

La fuerza de infantería al mando del teniente coronel Pedro Antonio Borgoña ya estaba catequizada.

Las milicias, estaban igualmente por la causa de la libertad y eran mandadas por le trujillano José María Lizarzaburu.

Parte de la compañía del Numancia parecía estar indecisa, pero en la cual no se podía confiar plenamente.

Por último había un escuadrón de caballería.

El golpe debió darse entre la noche del 24 al 25 pero se postergó para el 26 al 28 de diciembre.

El 26, el subteniente José Félix Castro Huerta (que algunos equivocadamente consideran piurano) que antes había servido en el regimiento Cantabría, tomó 35 milicianos y con ellos penetró audazmente en el cuartel del Numancia. En esos momentos el capitán Pineda celebraba una reunión con sus oficiales para contemplar la situación tirante que reinaba en la ciudad. Castro habló en nombre del Intendente y solicitó el apoyo de la compañía del Numancia. El capitán Pineda que era venezolano se opone, pero ante la actitud del resto de sus oficiales termina por entregar a Castro la pistola con que antes había querido victimarlo.

 

El Numancia no combatirá contra los independientes, pero tampoco se plegaba en su totalidad. Parte de él sale rumbo a Cajamarca hacia donde también ha escapado el coronel Tolrá.

Ya nada se oponía a la proclamación de la independencia, pero Torre Tagle trata siempre de guardar las apariencias. Convoca entonces a una junta de guerra el 27 y a ella asisten no sólo jefes militares, sino también políticos, civiles y el obispo.

Torre Tagle no había de proclamar la independencia por convicción libertaria, sino porque Trujillo se encuentra aislado y a merced del ejército de San Martín y habla de prudencia y de sometimiento obligado por las circunstancias. Se le opone el obispo en forma muy enérgica, pide levantar una colecta para oponer resistencia y ofrece cooperar con cuatro mil pesos. Pero la Junta resuelve proclamar la independencia en ceremonia pública a las 2 de la tarde del día 29 de diciembre. Ante esa situación, el obispo abandona Trujillo y se dirige a la sierra con intención de unirse a Tolrá, pero un piquete de caballería al mando del capitán Prudencio Zufrialátegui le da alcance y lo lleva a Huanchaco, donde con otros 16 realistas es embarcado en la goleta “Golondrina” rumbo al cuartel patriota en Huaura. San Martín, generoso como siempre, le tributa buen trato y de inmediato le da facilidades para que siga hasta Lima.

 

El 29 de diciembre de 1820 desde el medio día, la gran plaza de Trujillo era un hervidero de gente. A la 1 llegaron las fuerzas de Infantería y los milicianos formaron. Luego se reunieron en el cabildo todos los regidores y abierta la sesión por el alcalde don Manuel Muñoz y Cavero, se decide pasar invitación la intendente Marqués de Torre Tagle, que se hace presente con uniforme de brigadier y brillante comitiva, entre la que se encuentra a José María Arellano, de Piura. En la asamblea estuvo el capitán sullanero Félix Jaramillo.

Se le entrega el uso de la palabra a Torre Tagle en el cabildo y éste lanza una arenga y pide a los cabildantes proclamar la libertad y la independencia, previa deliberación.

 

Se lee también la correspondencia recibida de San Martín, y tras la corta deliberación se decide la proclamación inmediata de la independencia por unanimidad.

 

Entonces el alcalde, se acerca a los balcones y dirigiéndose al pueblo congregado, le pregunta:

 

_ ¿Queréis que la libertad y la independencia del Perú sean proclamadas como lo quiere el Municipio de Trujillo que acaba de expresar su decisión en ese sentido?

 

_ Sí, sí, fue la respuesta del pueblo reunido. ¡Que se proclame! Se toma nota, por medio de un Notario de esta decisión y se suscribe el acta correspondiente.

 

Luego Torre Tagle, se dirige al balcón con la bandera roja y blanca, igual a la que en Lima tremoló el 12 de julio del año siguiente y batiéndola dijo: “Trujillanos, desde hoy sois libres por acto de vuestra voluntad. Jurad serlo en todo tiempo y sacrificar vuestras vidas y vuestros bienes por sostener la decisión que será protegida por le cielo y por las fuerzas redentoras del General San Martín. ¡Viva la Patria! ¡Viva la Independencia!

 

En medio de un clamoreo, se arría la bandera española y se iza la roja y blanca.

Esta bandera fue hecha por doña Micaela Cañete de Merino, madre del pintor piurano Ignacio Merino y esposa de don Clemente Merino, que hasta hacía poco había sido subdelegado del Partido de Piura. Clemente Merino estuvo entre los que formaron la comitiva de Torre Tagle. La bandera fue hecha entre los días 26 y 29.

 

De inmediato se dispara una salva de 21 cañonazos, mientras las campanas de la Catedral y demás templos de Trujillo son echados al vuelo.

 

Desde los balcones del municipio, el Marqués de Torre Tagle lanza como capillo una gran cantidad de dinero sacado de sus arcas particulares.

 

A continuación, Torre Tagle se desprende de las insignias del mando para dejar en libertad al pueblo a elegir a sus propias autoridades.

 

Este gesto teatral del Marqués electriza a la multitud que en gran clamor grita: No, no, que siga, que siga.

 

El resto del día es fiesta y jolgorio.

 

En momentos en que se proclama la independencia de Trujillo, llegaba el refuerzo pedido a San Martín. Casi nadie reparó en ellos porque todos estaban entregados al regocijo. Era el joven capitán Félix Olazábal, argentino de sólo 24 años, que en la goleta “Golondrina” llegaba a Huanchaco con 100 soldados negros, pero casi desnudos y descalzos. En la misma goleta embarcaron rumbo a Huaura al obispo realista.

En poco tiempo y sobre la base de sus 100 negros formó Olazábal un batallón de 200 hombres a los que adiestró muy bien y tuvo como oficiales entre otros a José Félix Castro y Francisco Machuca.

 

Torre Tagle despachó luego enviados especiales con pliegos cerrados a los subdelegados de los diversos partidos de la intendencia de Trujillo. A Piura envió al joven Luis Ugarte, a Lambayeque a José María Arellano que como hemos manifestado llegó tarde y luego siguió viaje a Piura, su tierra natal.

 

Otros correos fueron a Huamachuco y a Cajamarca. Torre Tagle, envió el mismo 29 por la tarde, al comandante Lizarzaburú con 50 milicianos pasar a recoger los piquetes existentes en el valle de Chicama e incorporarlos a sus tropas. Luego proseguir hasta San Pedro y tratar de ganar al piquete Numancia que allí estaba al mando del capitán Salazar y que se resistía a someterlo. El Comandante Lizarzaburú cumplió a cabalidad su misión y el 1ro. de enero había dominado la situación. Pero luego imprevistamente se produjo una reacción de los numancinos que se dominó gracias a la presencia del joven José Andrés Rázuri y un grupo de voluntarios. Este mismo joven había logrado antes reducir a la pequeña fuerza procedente de Lambayeque que mandaban el capitán Gutiérrez de la Fuente, el teniente Barriga y el comandante Romero. Se dirigían a Trujillo.

ARRIBA

PIURA EL AÑO 1820

 

El Partido de Piura, que abarcaba lo que ahora son los departamentos de Tumbes, Piura y algunos distritos del norte de Lambayeque siempre había merecido la atención preferencial de los virreyes en cuanto a las fuerzas de seguridad por su posición estratégica.

 

Cuando la escuadra insurgente inició el bloqueo del Callao y de la costa peruana resultó de mucho riesgo la navegación y la movilización de tropas por mar, sobre todo el Callao y los puertos del norte más próximos, a donde después llegaron las huestes de San Martín.

 

Fue por tal motivo que Paita se convirtió en casi un puerto terminal para la navegación procedente del norte, es decir Guayaquil y Panamá.

 

El correo, los contingentes de tropas y los pasajeros, desembarcaban generalmente en Paita y luego seguían por tierra hasta Lima. Este flujo se vino a interrumpir cuando San Martín trasladó sus tropas de Ica al norte de Lima.

En el Partido de Piura había una mayor concentración de tripas que en Trujillo y Lambayeque. Por eso era más difícil un pronunciamiento en la ciudad.

 

Pero en la ciudad de Piura y en otras del Partido se habían ido formando una fuerte corriente a favor de la causa de la independencia y muchas autoridades y oficiales jóvenes mantenían en secreto esa adhesión.

 

No puede tampoco dejarse de admitir que habían en el grupo de partidarios del rey, mucha gente importante. López Albújar -en Caballeros del Delito- asegura que la Calle San Francisco llamada más tarde Lima, era un baluarte de godismo español. Sin embargo fue en el centro mismo de esa calle en donde se proclamó la independencia.

 

Muy importante eran las fuerzas que había en la ciudad de Piura, fuera de otros contingentes en Paita, Amotape, Querecotillo, Sechura y Huancabamba.

 

Los jefes de estas fuerzas eran españolas o criollos muy adictos al rey y muchos habían pertenecido al famoso batallón Talavera, lo que decía bastante de su energía.

 

Vicente Gonzáles, coronel, el jefe de más alto cargo era el Comandante de la Costa Norte, que por razones de conveniencia estaba actuando en Loja y Cuenca contra los patriotas de esos lugares.

 

En la ciudad de Piura estaba como subdelegado y jefe militar de todo el Partido, el coronel José Francisco Valdés, el “Barbirucho” Talavera también, que había reemplazado en el cargo a don Clemente Merino cuya fidelidad a la causa realista había resultado muy dudosa.

 

Los tenientes coroneles Joaquín Germán y José María Casariego, eran los otros Jefes militares.

 

En Amotape estaba el marqués de Salinas, Fernández de Paredes, que constantemente hablaba de su fidelidad al rey y en Sechura el joven teniente José María Rasgada, querecotillano que secretamente había sido ganado a la causa de la libertad por sus hermanos.

 

En Paita estaba el teniente Manuel Rejón Trilles ganado también a la causa de la independencia al igual que su padre, el comerciante del mismo nombre, no obstante que éste era español. A Rejón se le estaba siguiendo juicio militar.

 

Entre la joven oficialidad eran patriotas Manuel Diéguez de la Florencia, Nazario García y Coronel, subteniente de milicias y alcalde de 2da. Nominación; Francisco Vargas Machuca, José Manuel Garrido capitán de la 2da. Cía. de Cívicos, José Ignacio Checa teniente.. coronel de infantería, Tomás Arellano, José Santos Vargas Machuca Teniente Manuel Higinio y Matiz, comandante Miguel Vargas Machuca era Jefe en Querecotillo.

 

Entre los partidarios del sistema existente estaba el Marqués de Salinas, personaje influyente y adinerado, don Fernando Torcuato Seminario y Jaime, cuyo hermano Miguel Jerónimo era en cambio ardiente patriota. Don Joaquín Helguero y Gorgoña rico terrateniente. El Tnte. Coronel Manuel Carrasco envejecido al servicio del Rey, y otros.

 

En muchos hogares piuranos, en tertulias en donde se hablaba de los progresos de la revolución, se hacía abierta propaganda, se distribuían los volantes que dejaban los corsarios insurgentes y se leían periódicos patriotas llegados de Colombia, Francamente se conspiraba.

 

En el hogar de Escudero Valdivieso, fue la dueña de casa doña Chepita una de las primeras en plegarse a la causa patriota y ser cooperante económicamente. Mucho trabajo le costó ganar a su esposo Francisco a su causa, pues era un pertinaz realista. Tanto hizo doña Chepita que al fin logró hacer de Francisco Escudero un fervoroso patriota. Esta familia tenía entroncamientos en Loja y Guayaquil, por cuyo motivo recibía información de los acontecimientos de ese puerto, y hasta don Joaquín Olmedo les escribió.

 

El mismo sub-delegado Clemente Merino, o sea la autoridad política de mayor rango y su esposa doña Micaela Cañete de Merino, estaban secretamente identificados con la causa patriota, habiendo llegado a despertar desconfianza por cuya razón fue removido del cargo teniendo que emigrar a Trujillo en donde tomó parte activa en la proclamación de su independencia.

 

Otras autoridades también brindaban sus hogares para esa clase de reuniones que contribuyeron a crear un ambiente favorable, que sólo esperaba una oportunidad, para mostrarse a plenitud como ocurrió en enero de 1821.

 

Es así como don Pedro León y Valdez, alcalde provincial de la Santa Hermandad con su esposa doña Rosa Bustamante e Irarrazábal, don Nazario García y Coronel con su esposa doña Isidora Carrasco y Merino; don Miguel Diéguez de la Florencia, alcalde de 1ra. nominación casado con doña María López Merino; y otros hogares, constituyeron como pequeñas células conspirativas.

 

Por eso resulta injusto José María Arellano, participante e informador, de los sucesos del 4 de enero de 1821 cuando dice que por esa época “ se encontraba en “un estado de mayor abyección, inocencia o ignorancia, que eran muy pocos los adictos al sistema de la libertad e independencia, que generalmente se creía que los patriotas llamados entonces insurgentes, eran de otra especie, por lo que deseaban conocerlos; cuando nadie se ocupaba de las operaciones del Ejército Libertador en Huaura, sino que uno u otro joven, por instinto o por noticias vagas, y cuando generalmente se ignoraba el estado del Ejército y sus progresos, sino por medio de rumores sin datos; y aún sin el más pequeño antecedente, ni prevención de ningún género”, se produjo la llegada del enviado de Torre Tagle.

 

Es normal que Arellano trate de resaltar su participación, pero los sucesos que ocurrieron de inmediato, muestran que había en realidad una actitud de espera y de gran tensión que sólo necesitaba un detonante, para estallar. Si el espíritu revolucionario no hubiera madurado ya , todo hubiera fracasado. Por lo tanto Piura en enero de 1821 estaba ya preparada para dar el grito de libertad.

 

De la proclamación de la Independencia de Piura, casi no existen documentos. La única fuente es el relato breve que hizo uno de los protagonistas de los hechos, el amanuense de correos José María Arellano. De él han sacado la información que más tarde dieron enriquecida con algunos datos más, don Germán Leguía y Martínez y don Enrique López Albújar. Hay también documentos de un juicio contra don José Manuel López Merino en que se relatan algunos pasajes de la proclamación de la independencia y al cual se ha referido el historiador don Manuel Vegas Castillo, pero a diferencia de Trujillo y de Lambayeque no se suscribió ninguna acta. Al menos José María Arellano no se refiere a ninguna.

 

Hay otros relatos cortos de Marcos Valdivieso y Gabino Rivera. sobre los sucesos del 4 de enero de 1821.

 

ARRIBA

EL MENSAJERO DE LA LIBERTAD

 

Torre Tagle trató de propagar la revolución a todos los Partidos de su Intendencia y con tal fin envió numerosos mensajeros portando pliegos.

 

No sólo remitió tales mensajes a las ciudades capitales de Partido, sino también a los pueblos más pequeños. En estos últimos disponía que los pliegos se abriesen en presencia de los párrocos y vecinos del lugar, pero cuando se trataba de ciudades importantes, las comunicaciones iban destinadas a los sub-delegados o a los alcaldes.

 

Para Piura envió al joven Luis Ugarte perteneciente a conocidas familias de Trujillo y a Lambayeque a don José María Arellano. Los dos mensajeros salieron a caballo, tratando de evitar sorpresas en el camino, sobre todo en Pacasmayo y San Pedro que estaban muy movidos.

 

En Lambayeque encontraron que ya la Proclamación se había hecho y tras de permanecer lo indispensable, salieron rumbo a Piura.

 

Mucho habrán tenido que galopar los mensajeros para llegar a la ciudad de Piura el día 3 de Enero de 1821 a las 10 de la mañana. Habían seguido la ruta de Motupe y Olmos.

 

Al llegar a la ciudad, de inmediato se dirigieron a la oficina de correos en lugar de hacer la entrega de los diversos sobres a sus destinatarios. En esa decisión de los mensajeros tiene que haber primado el consejo de Arellano que era empleado de correos.

 

José María Arellano relata, la entrega de la documentación de siguiente modo:

“ Este conductor entregó en dicha administración (de correos) unos pliegos dirigidos por el nuevo gobierno, a las municipalidades de esta ciudad y de la provincia, con prevención en el sobre de que se abriesen en presencia de todo el pueblo y uno para el comandante militar de la misma que lo era a esa fecha el teniente coronel de los Talavera el coronel don José Valdez, sujeto de mucho carácter, de capacidad, de valor, integridad y buenas disposiciones y otro al comandante general de la costa el Sr. Abdón Joaquín Germán hombre inactivo y pusilánime. Germán era 2do. Comandante de la Costa Norte.

 

Lo cierto es que el coronel José Valdez, era sub-delegado y por lo tanto jefe militar de todo el Partido. En cuanto al teniente coronel Germán, era jefe del cuartel de caballería, mientras que Casariego lo era del cuartel de infantería. El comandante general de la costa norte era el brigadier Vicente Gonzáles que estaba dirigiendo las operaciones militares de la sierra central del Ecuador. Lo reemplazaba temporalmente, Germán.

 

El joven Luis Ugarte, entregó en forma personal la comunicación dirigida al alcalde Provincial Pedro León y Valdez.

 

Don Manuel Valle, Administrador de Correos, ganado también a la causa patriota, recibió el resto de la correspondencia como los sobres que Torre Tagle enviaba a los alcaldes de Tumbes, Paita y de otros lugares.

 

Las otras comunicaciones eran dirigidas al sub-delegado Valdez, pero aparte también habían para Casariego y para Germán.

 

Fue el amanuense Arellano el que se encargó de repartir las dos últimas. Nada se dice de la reacción de Germán ante la carta recibida.

Para buscar a Casariego, se dirigió Arellano al cuartel ubicado en la plaza de armas, cerca al cabildo, en donde actualmente está el municipio.

 

En esos momentos estaba Casariego reunido con sus oficiales presidiendo un Consejo de Guerra, que juzgaba la comandante de milicias son Pedro Seminario y Jaime, y se había dado orden de no ser interrumpido, pero Arellano insistió ante el oficial de guardia y Casariego se vio precisado a atenderlo. Demás está decir que el inquieto comandante suspendió el juicio e interrogó a Arellano enterándose que había más pliegos en el correo. Hacia allá se dirigió.

Don Germán Leguía y Martínez afirma que la comunicación destinada al sub-delegado, coronel Valdez fue rotulada y despachada a Sullana en donde estaba dicho jefe. Pero José María Arellano expresa que Casariego recomendó que la misma fuera entregada a don Pedro León, alcalde de la ciudad, que en ausencia del coronel Valdez asumía en forma interina el cargo de sub-delegado.

 

Posiblemente Casariego es engañó con relación a la lealtad del alcalde piurano a la causa del rey, y consideró que él podía controlar la situación en la ciudad, para lo cual disponía de un total de 700 hombres considerando sus propias tropas y las de Germán.

 

Más bien, dispuso que retuviera el Administrador los sobres destinados a otros lugares fuera de Piura, hasta nueva orden.

 

Resultó en realidad providencial que el coronel José Francisco Valdez no estuviera en Piura, sino que se hubiera ido a La Punta (Sullana). Si hubiese estado en su puesto, posiblemente el pronunciamiento habría fracasado. No se ha podido establecer qué hacía Valdez en Sullana en donde no había contingentes militares que más bien estaban en Querecotillo.

 

Posiblemente su presencia obedecía a la celebración de la festividad del Señor de la Buena Muerte de Chocán que en La Punta se celebraba por esa fecha y luego seguía la Fiesta de Reyes.

 

Otro misterio es el por qué no se avisó a Valdez lo que pasaba en Piura, pues Casariego recibió los pliegos antes del medio día del 3 y bien pudo enviar un mensajero a La Punta, que no estaba muy lejos. El resultado fue que Valdez recién se enteró de los sucesos en la tarde del 4, cuando ya todo había pasado y cuando apareció en Piura a las 7 de la noche, ya todo estaba consumado y las fuerzas reales habían sido desmovilizadas.

 

Casariego en realidad estaba desorientado y del momento no sabía que actitud tomar. Fue entonces que intercambió opiniones con el jefe de la oficina de correos. Dado su carácter, Casariego pensó de inmediato en asumir al control de toda la situación y adoptar medidas de fuerza, haciéndose cargo del poder político y militar del Partido dada las críticas circunstancias del momento. No obstante manifestó que no deseaba adoptar ninguna medida hostil contra el pueblo, pero que tenía que evitar sucediera lo de Trujillo.

 

Don Manuel del Valle, le recomendó que procediera con prudencia para evitar una tragedia, y que si tenía tan buenas intenciones para con el pueblo, que lo dejase actuar libremente, respetando su decisión y su opinión, cualquiera que ella fuera, y que en ningún caso debía de emplear las armas. El jefe de correos en realidad se llamaba Mariano del Valle y no Manuel.

 

Casariego replicó que Torre Tagle era un traidor, que las fuerzas del virrey eran muy poderosas en Lima, que San Martín estaba prácticamente acorralado, y que él alistaría a su tropa, para marchar sobre Trujillo y castigar a Torre Tagle, pues así se lo había pedido su batallón. Esta última aseveración hace suponer que Casariego antes de ir a la Administración de Correos había estado arengando su tropa.

 

Tras de conferenciar con Germán y cambiar ideas, Casariego se dirigió al cuartel del Carmen en donde funcionó por muchos años el Colegio San Miguel, y dispuso que la tropa formase. Las arengó, les hizo conocer que Torre Tagle había traicionado al rey y que él estaba dispuesto a marchar sobre Trujillo para castigarlo. La tropa lanzó vivas al rey y mueras a Torre Tagle. Casariego, puso a los cuarteles en estado de alerta, distribuyó municiones, declaró estados de inmovilidad, prohibió salidas y visitas, puso retenes y dio diversas recomendaciones a los oficiales. A las tropas dijo que estuvieran a la expectativa y que si el pueblo se decidía en favor de los insurgentes, tomarían el control de la ciudad y les prometió estupro libre.

 

Habiendo halagado los bajos instintos de los soldados y viendo las reacciones de estos, creyó que podía contar con al fidelidad de su tropa. Eso le dio una falsa seguridad que al final fue su perdición.

 

Como se puede apreciar, Casariego puso de lado a Germán que tenía mayor nivel. Casariego era sin duda un valiente milita pero un mal político y por eso pedió a la guarnición de Piura.

ARRIBA

PIURA EN LA NOCHE DEL 3

Mientras Casariego visitaba cuarteles y adoptaba precauciones de tipo militar, don Pedro León y Valdez, que como alcalde había recibido comunicaciones directas de Torre Tagle, tenía que decidir si actuar solo, aprovechando las circunstancias que le ofrecía la suerte, y en tal caso proceder también encargado de la sub-delegación, lo que le daba el primer poder político, o más bien comunicaba y esperaba al coronel Valdez.

 

Tomó por lo tanto, Pedro León la buena decisión de consultar con algunos de sus contertulios con los que con frecuencia se reunía en su propio domicilio o en el de otros, para determinar el camino a seguir. Indudablemente que León quería lograr un resultado favorable a la causa patriota, de la que era secreto adicto.

 

Es posible también que entre las muchas visitas que se hicieran a determinadas personas, por Casariego estuviera una al marqués de Salinas y otra la alcalde encargado de la sub-delegación. Del primero se sabe que después en un arranque de fanfarronada manifestó que mientras estuviera él presente se garantizaba la lealtad al rey.

 

De la visita a León, se habrá sacado como conclusión que era correcto el procedimiento de convocar a una reunión a las 8 de la noche a autoridades y personas notables. Posiblemente Casariego no estaba bien enterado de la vocación por la libertad que tenían las autoridades piuranas, y pensó que en la reunión se iba a producir una decisión favorable al rey. Eso sólo explicaría el por qué no envió una comunicación al sub-delegado, coronel Valdés.

 

Con todo, y a modo de intimidación, sacó los cuatro cañones que habían en el cuartel de la Plaza y los puso en cada una de la esquinas del parque, con su dotación completa de artilleros y con las mechas listas para actuar. Esa disposición la tomó en la tarde del día 3.

 

Hasta ese momento los ajetreos no habían trascendido a la población, pero lógicamente el emplazamiento de los cañones y lo que pasaba dentro de los cuarteles, atrajo primero la curiosidad del vecindario, y tras de una serie de conjeturas, se fue filtrando la verdad de las cosas, y se generó una reacción anti-española que fue creciendo poco a poco.

 

El alcalde León, se pasó toda la tarde convocando a una reunión, no en el cabildo que estaba cerca del cuartel de la Plaza, sino en su propio domicilio, para las 8 de la noche. Seguramente se cuidó de no olvidar a ninguno de los personajes de reconocido amor a la patria y a la libertad.

 

En la reunión estuvieron presentes los regidores, Casariego con algunos oficiales, los Seminario y Jaime, el marqués de Salinas, el vicario eclesiástico Tomás Diéguez de la Florencia, sus hermanos Miguel, Manuel y Nicolás, Santiago Távara y su hermano Juan Antonio, el sullanero Dr. Ignacio Sandoval, José Lama Sedamanos, José Antonio López y su hijo José Manuel López Merino y otros más. El Dr. Sandoval llegaría a Fiscal de la Corte Superior de Trujillo.

 

El primero en hablar fue el alcalde. Manifestó que no sabía cual podría ser la respuesta que se podría dar a Torre Tagle y que en su criterio consideraba conveniente convocar para el día siguiente al cabildo, dada la importancia del asunto. Se produjeron diversas intervenciones, en una gran mayoría en el sentido de seguir el ejemplo de Trujillo y de Lambayeque, y de que en lugar de abrir los pliegos se hiciera ante el pueblo todo, congregado en un sitio por acordar. Uno de los más vehementes fue Manuel Diéguez de la Florencia, que incluso criticó la medida de Casariego de emplazar cañones en la Plaza mayor y de incitar a la tropa contra el pueblo.

 

Casariego, se asombró mucho que personajes a los que creía fieles al rey, se manifestaran a favor de la Patria y dijo que había ido con ánimo conciliador, pero que como militar no sólo debía resguardar el orden sino garantizar la fidelidad al rey, y que si era necesario podría reducir con sus cañones y los fusiles de sus soldados, la población a polvo.

 

Esto fue replicado airadamente por Manuel Diéguez, que le gritó: “Puede Ud. señor coronel, con sus fusiles y sus cañones, reducir la población a polvo o cenizas, pero además de que con ello no ganaría Ud. la más mínima gloria y antes bien se cubriría con ignominia eterna, sepa que de todas partes, del infierno mismo, trotarán legiones vengadoras de la sangre de los ciudadanos como los de Piura, pacíficos e indefensos”.

 

Casariego, lleno de indignación solo atinó ase retirarse y muchos prominentes realistas hicieron lo mismo. Los que quedaron acordaron volver a reunirse esa misma noche a las 10 en casa del regidor Juan José Carrasco, y pasar la voz a otros patriotas, para preparar todo lo necesario para el cabildo abierto del siguiente día.. Mientras tanto la noche seguía avanzando y Casariego casi nada podía hacer y no atinó a llamar al coronel Valdez.

 

En esta segunda reunión se decidió que la convocatoria a todo el pueblo se hiciera en el convento San Francisco, que se encontraba en esa época desocupado. Se descartó el local del cabildo porque hubiera sido como caer en una ratonera, dada la proximidad con el cuartel y el emplazamiento de los cañones que amedrentarían al pueblo. La convocatoria sería para las 8 de la mañana, que para los piuranos de ese tiempo era una hora muy temprana. Se quiso sin duda adelantarse a la posible presencia del coronel Valdés.

 

Se dispuso la confección de carteles para ser pegados en las paredes convocando al pueblo, y se hizo una colecta de dinero para los primeros gastos. Algunos como José Manuel López Merino vaciaron sus bolsillos -donó cincuenta pesos-. El vicario Tomás Diéguez manifestó que el clero no podía concurrir a la cita del día siguiente y fundamentó sus razones, pero que iba a disponer una rogativa en todas las iglesias, en la mañana en los momentos en que se iba a desarrollar la reunión. Lo cierto es que el Vicario no podía garantizar que todo el clero apoyase la causa patriótica, no obstante que él en forma personal y todos sus hermanos naturales de Trujillo eran ardientes partidarios de la independencia.

 

Se comisionaron a varios jóvenes muy entusiastas para que en la misma noche fueran invitando de casa en casa, hasta donde se pudiera, a la población a la reunión del día 4.

 

Pero no faltaron en la reunión infiltrados y espías que tomaron nota de todo así como de las personas que habían concurrido y esa misma noche le pasaron una relación al teniente coronel Germán.

 

Casariego dispuso patrullajes por la ciudad y que en la Plaza Mayor se apostaran un piquete de caballería con 15 hombres al mando de los sargentos Estrada y Prada.

 

José María Arellano relata que a las 12 de la noche se presentaron en su casa José Manuel López Merino, Tomás Arellano (su hermano) y Ventura Raygada su primo, y otros jóvenes patriotas que habían principiado a moverse “unos a otros para promover modos de secundar el movimiento de Trujillo, pero sin plan y sin cabeza”. Lo invitaron a salir para tratar de ganar a la tropa y para invitar a los vecinos a la reunión, pero Arellano se excusó manifestando estar indispuesto. Recomendó vieran algunos viejos artesanos cuyos nombres dio y de los cuales aseguró, tenían gran ascendiente en el pueblo. En esos nombres, asegura que dio el del Sargento de Milicias José Antonio Vilela el cual hizo intensa labor entre los milicianos y soldados. Como se sabe, los milicianos estaban durmiendo en sus casas.

 

Según testimonio de Manuel Diéguez, fuel el joven José Manuel López Merino -abuelo de don Enrique López Albújar- el más entusiasta del grupo, y visitó a numerosos vecinos para solicitarles su concurrencia y su adhesión. También se entregaron a la tarea de pegar carteles eludiendo las patrullas de Germán y Casariego. Cuando López y sus compañeros recorrían las calles de noche, se encontraron con otro grupo capitaneado por Diéguez, éste los condujo a su casa y tomaron el acuerdo de conquistar a la tropa con dinero. Para cualquier emergencia Diéguez dio a López un revolver y éste además aprontó un caballo para poder huir en caso de emergencia. Ganar la adhesión de cabos y soldados en la milicia que estaba pernoctando en sus domicilios no fue difícil. En cambio sí lo fue el tomar contacto con los acuartelados, pero lo lograron habiendo gastado López Merino una importante suma de su propio peculio.

ARRIBA

PIURA PROCLAMA SU INDEPENDENCIA

 

La noche aparentemente tranquila, había sido densa. En las sombras se habían movido muchos con los más contrarios propósitos. Por una parte Casariego visitando periódica y sorpresivamente los cuarteles, verificando que los centinelas estuvieran cumpliendo y que las patrullas se mantuvieran vigilantes. Por otro lado, los patriotas tomando decisiones y tratando de movilizar a todo el vecindario.

Al amanecer el nuevo día, ya era de conocimiento de todos los piuranos, lo que estaba pasando y lo que iba a suceder. Los más madrugadores se aglomeraban en las esquinas para leer los carteles, y luego iban a desparramar la noticia entre los vecinos.

 

Desde antes de las 8 de la mañana, la gente convergía en grupos hacia la calle San Francisco, la calle de la aristocracia y de los “narigones” como se llamaba a la nobleza criollo-española. Hombres y mujeres, de todas las clases sociales fueron formando un grupo abigarrado, fuera del convento -desocupado- de San Francisco.

Poco a poco fueron llegando las autoridades. El alcalde Pedro León, algunos regidores -no todos-, personas importantes y simples vecinos. Estuvieron también Germán, Casariego, el marqués de Salinas y otros oficiales.

Tuvieron que transcurrir tres horas tensas para considerar que ya podía empezar el acto. Durante el lapso y por las diversas manifestaciones, conversaciones en voz alta y alguno que otro grito que se escapaba de los concurrentes, se podía apreciar que el sentimiento popular estaba masivamente por la libertad, y que se indignaban por las disposiciones de Casariego, que las tomaban como una coacción.

Según parece a presión de Casariego, el alcalde Pedro León dio por iniciado el acto. El primero en hablar fue el inquieto jefe militar Casariego, que expresó que como ya estaba reunido el pueblo se debía proceder a la apertura de los pliegos de Torre Tagle.

 

Una vez más salió al frente Manuel Diéguez, manifestando: “Señor coronel, las instrucciones dicen que se abra en presencia de todo el pueblo, los pliegos que se han enviado, y como los soldados también forman parte del pueblo, es necesario que estén presentes”.

De inmediato, Germán y Casariego se opusieron y manifestaron que la tropa no era deliberante y debía estar en sus cuarteles. Pero como por todas partes se oían voces pidiendo la concurrencia de la tropa como parte del pueblo, Casariego se vio precisado a ceder. Fue sin duda error de los dos jefes militares concurrir a deliberar en una reunión en donde nada podían ganar. Y también fue una debilidad de Casariego de permitir la concurrencia de la tropa. Sin duda era un mal político.

Se nombraron dos delegaciones para invitar a la tropa a concurrir. La que se dirigió al cuartel del Carmen la encabezaba el marqués de Salinas, acérrimo realista y la del cuartel de la Plaza, la presidía don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, oficial adicto a la causa de la libertad, al que acompañaban varios jóvenes.

 

La tropa del cuartel del Carmen recibió en forma hostil a la delegación no obstante que la presidía un realista. Los soldados estaban en el patio, y al mismo tiempo que lanzaban vivas al rey y mueras a Torre Tagle, a San Martín y a la independencia, procedieron a cargar sus armas. Se hubiera producido sin duda una tragedia y el curso de los acontecimientos hubiera sido otro, si los soldados hubieran llegado a disparar, pero se interpuso un capitán piurano, Ortiz que restauró la tranquilidad. Éste cuartel era de caballería.

 

El cuartel de la Plaza, de Casariego, hubo inicialmente también resistencia que la encabezó el Sargento piurano Miguel Navarrete. Al final se aceptó la concurrencia pero con fusiles y posiblemente en formación y bajo mando de sus oficiales. Eso constituía a todas luces un peligro., oque os delegados patriotas no podían aceptar.

Una serie de mensajeros llagaban de los dos cuarteles a la asamblea informando del curso de los acontecimientos. Como era lógico suponer, entre los asambleístas hubo temor y oposición. Se planteó a los dos jefes militares que los soldados vinieran desarmados.

 

Casariego y Germán debieron retirarse en esos momentos con cualquier pretexto, para sumir el mando de sus cuarteles; pero mas bien fueron cediendo poco a poco y la discusión se circunscribió si vendrían con las bayonetas o sin ellas. La polémica se prolongaba y fue entonces cuando el joven Buenaventura Rasgada, al igual que su hermano Eugenio que asistía a la reunión, con intrepidez pero también con mucha imprudencia, se levantó para dominar con su voz a la multitud y gritó: “Pues que vengan con bayonetas, porque nada nos van a hacer con ellas”.

 

Eso fue coreado por la multitud, que contestó: “¡Que vengan! ¡Que vengan!”.

Casariego y Germán, propusieron entonces ir a traer a la tropa en forma personal para que viniera desarmada, y alegaban que de lo contrario no iban a obedecer, ya que por costumbre y reglamento militar sólo obedecían a sus oficiales.

 

En una decisión extrañamente absurda, se aceptó la propuesta y los dos jefes militares y sus soldados, optaron por retirarse del convento.

 

En la mente de Casariego, ya estaba germinando el arengar al batallón para caer sobre la multitud y disolverla. Quizá si hasta proyectó hacer realidad su amenaza de marchar sobre Trujillo para castigar a Torre Tagle.

 

Ya habían atravesado el gran patio y estaba el grupo por franquear la puerta de salida, cuando una mente cuerda y perfectamente consciente de la realidad, se dio cuenta de la tremenda imprudencia que se estaba cometiendo y del riesgo en que se iba a poner la causa patriota, y uniendo al voz a la palabra se plantó con un pequeño grupo ante los jefes realistas, cortándoles el paso, al mismo tiempo gritaba: “¡Que no salgan!”. Era un humilde zapatero Manuel Mendiburo, el que con su oportuna acción salvó la independencia de Piura.

 

La multitud que siempre se deja impresionar, por las arengas, los desplantes, las imágenes y que no razona, coreó en esta oportunidad, repitiendo las palabras de Mendiburo.

Los oficiales tuvieron que volver a sus asientos, y terminaron por aceptar que la tropa llegase sin armas. Fueron pues los mensajeros llevando las órdenes de Casariego y de Germán y tan luego se supo eso en los cuarteles, gran cantidad de soldados que en el fondo eran patriotas, dejaron las armas en la prevención y sin escuchar las órdenes de sus oficiales, salieron tumultuosamente, pero uniformados a la calle y se dirigieron a San Francisco. Sin embargo, en el cuartel, quedaron aún muy importantes contingentes como retenes centinelas y otros servicios.

 

Las tropas llegaron al convento con los enviados que habían servido de mensajeros. El pueblo al verlos llegar los aclamó y de inmediato se mezclaron con la multitud haciendo una sola masa. Entre los civiles, los soldados tenían muchos amigos y familiares porque la mayoría era de la mima Piura. También los milicianos habían sido los primeros ganados a la causa y desde temprano habían concurrido. Se veía que la catequización llevada a cabo por le Sargento Vilela había dado frutos, y en cierto momento el propio jefe, comandante Manuel Carrasco, lo llamó para reconvenirlo y aconsejarlo.

 

De una sola mirada, Casariego comprendió que no habían llegado todos y que una buena cantidad de tropas aún quedaban en los cuarteles. Tiene que haber pensado que aún podía imponerse por medio de las armas y fue así que trató de lograr que el acto terminase sea como fuere. Sin embargo, también algunos patriotas habían notado que en los cuarteles aún quedaban muchos soldados. Entonces Casariego, tomando la palabra dijo: “Ya está toda la tropa, y en los cuarteles sólo quedan retenes y centinelas para su cuidado, por lo tanto pueden abrirse los sobres”.

 

Se volvió a discutir y se propuso que comisiones de civiles se encargasen del cuidado de los cuarteles para dar oportunidad a los soldados a concurrir.

Una vez más Casariego se opuso pero ya nada pudo hacer.

Se designó una comisión encabezada por Miguel Jerónimo Seminario y Jaime y José Manuel López Merino, Buenaventura Rasgada, Tomás Arellano y otros se dirigieron al cuartel del Carmen. Que era el que ofrecía mas resistencia

Antes de partir los comisionados, se preguntó a grandes voces a los soldados recién llegados, si concurrirían como soldados o como ciudadanos libres, y los interpelados respondieron llenos de entusiasmo y lanzando sus gorras al aire que lo hacían como ciudadanos. Ese gesto fue recibido con vivas y aplausos, siendo felicitados y abrazados por los concurrentes.

 

La misión se cumplió sin contratiempos en el cuartel de la Plaza pero en el cuartel del Carmen se presentó una novedad. Los comisionados habían ingresado a dicho cuartel y estaban tomando disposiciones para asumir su control, habiendo dejado al cuidado de la puerta como centinela a Tomás Arellano. Sobre éste, se abalanzó el cabo Macario Gómez pretendiendo ultimarlo con un sable. El atacado que tenía un rifle disparó pero erró el tiro y luego se defendió eficazmente pues tenía la bayoneta calada, infiriéndole una herida en el pecho al cabo atacante.

 

Fue así, como jefes tan experimentados como Germán y Casariego perdieron en forma tan fácil y extraña, todo el control militar de la tan importante plaza de Piura. El ejército realista había dejado allí de existir, y se tenía el control de los dos cuarteles y de todo su parque de guerra. Eso era más importante que una victoria lograda en le campo de batalla porque se había hecho sin pérdidas de vidas.

Desde ese momento, toda la costa norte del Perú, de Huaura hasta Guayaquil estaba bajo el control de los patriotas.

 

Mientras tanto en el convento de San Francisco la situación estaba llegando a su epílogo. Casariego comprendió que desde el punto de vista militar, ya nada tenía que defender.

 

Se procedió por lo tanto a la apertura de los pliegos de Torre Tagle en los que invitaba al Municipio y al pueblo de Piura a plegarse a la causa de la independencia.

El sub-delegado interino Pedro León, preguntó entonces si deseaban o no plegarse al movimiento revolucionario de Trujillo.

Tomados de sorpresa los concurrentes, nadie contestó. Se notaba desconcierto, fruto de la improvisación con que se había estado haciendo las cosas dada las angustias del corto tiempo del que se había dispuesto.

Fue entonces, que una vez más Manuel Diéguez haciéndose cargo de la situación hizo uso de la palabra: “¡Piuranos! Nos toca decidir si estamos por la libertad de nuestra patria, por la independencia como lo pide Torre Tagle, o seguimos en la opresión”.

 

El pedido así planteado facilitaba las cosas y fue fácil la respuesta. Unos se adelantaron a gritar: “¡Por la libertad con San Martín y Torre Tagle!”. Luego el clamor fue general.

De repente, de entre la multitud, surgieron voces discordantes. Se hizo nuevamente el silencio y creció la expectativa. Dos hombres avanzaron hacia la mesa directiva. Era gente adicta al marqués de Salinas, uno el platero Francisco Madrid y el otro el peluquero Bauza. Todos oyeron que dijeron que ellos seguían leales al rey y que estaban dispuestos a morir por él. Los soldados relistas del cuartel del Carmen no reaccionaron, pese a que la noche anterior habían sido arengados por Casariego y dieron vivas al rey y mueras a Torre Tagle.

 

Ese momento pretendió ser aprovechado por el marqués de Salinas, que dijo, que en vista de que las opiniones estaban divididas no se podían aceptar los pedidos de Torre Tagle.

Esa actitud enfureció a la concurrencia y levantó un clamoreo general de protesta. Alguien le preguntó que con qué derecho decía eso y el altivo marqués señalando sus galones de coronel de milicias, dijo: “Mi investidura acredita mi decisión”.

 

Fue la única resistencia.

Se procedió de inmediato a elegir a las nuevas autoridades políticas y militares.

Los cuarteles estaban ya ocupados por oficiales leales a la patria, por milicianos y civiles. Los soldados no retornaron a ellos.

Miguel Jerónimo Seminario y Jaime retornado a la asamblea ras cumplir su misión en lo cuarteles y fue en él, que se fijó el pueblo para nombrarlo jefe militar en lugar del coronel Valdés.

 

Seminario pensó sin embargo que había muchas tareas por realizar y solicitó que lo asociaran los alcaldes de 1ra. nominación Nazario García Coronel y el de 2da. nominación José Lamas Sedamanos.

 

 

De ese modo quedó integrado un triunvirato que se denominó Junta Gubernativa.

Tan pronto como se hizo esta elección se dio por terminada la asamblea, sin haber sentado acta alguna.. Entonces las campanas del templo de San Francisco se echaron al vuelo y momentos más tarde hacían lo mismo todas las demás campanas de las restantes iglesias de Piura.

 

Eso fue el anuncio de la gran noticia. La gente se desparramó por todas las calles lanzando vivas a la Patria y los soldados ya no retornaron a sus cuarteles. Se fueron a sus domicilios o a los de los amigos. a celebrar los sucesos.

 

Eran las tres de la tarde. Como repetimos, de tan importante acontecimiento no se sentó Acta.

Don José María Arellano que relata los hechos, al referirse a los jefes españoles, expresa: “Se retiraron con el sub-delegado a sus casas sin recibir siquiera el menor ultraje.”

 

Para Arellano, el sub-delegado Interino Pedro León pudo haber sido hostilizado, pero no había ningún motivo para eso..

Tal criterio podría justificarse sólo en el caso de que dicho personaje, hubiera abogado por la causa realista, pero no fue en realidad así. Todos los historiadores piuranos están de acuerdo en considerar que favoreció –dentro de lo que podía- la causa de los patriotas.

Seminario y Jaime, de inmediato entró en actividad y lo primero que hizo fue adoptar medidas para impedir cualquier reacción contraria.

Se desarmó al piquete de caballería que aun quedaba en el cuartel El Carmen, y se formó otro sobre elementos de probado patriotismo que se puso bajo el comando de José María Arellano, improvisado así oficial de caballería.

 

Se creó una Guardia Urbana, y se dispuso el patrullaje a pie y a caballo de la ciudad.

De esa manera y dado el civismo que demostró la población, todo transcurrió en el mayor orden el resto del día y de la noche.

 

Cuando eran las 7 de la noche ingresó apuradamente a la ciudad a caballo con varios oficiales el coronel José Valdés, sub-delegado y jefe militar del Partido. Llegaba ya demasiado tarde, nada se podía hacer, pues en esos momentos ya no existía fuerza realista. En sólo 24 horas las cosas habían cambiado profundamente. Lo único que hizo fue buscar a Germán y a Casariego para que le contaron lo sucedido.

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JURA DE LA INDEPENDENCIA EN PIURA

 

El cabildo se reunió el 5 y se acordó fijar el día 6 de enero que se celebra la festividad de los Reyes Magos, para la Jura de la Independencia de Piura.

 

La decisión del cabildo se dio a conocer al pueblo mediante un bando. Tan fausto acontecimiento fue anunciado por una salva de 21 cañonazos. En cada esquina se dio lectura al bando en medio de las aclamaciones del vecindario, que siguió a los heraldos en multitudinaria manifestación. Al término de cada lectura se disparaban 7 cañonazos.

 

Piura entera se entregó a los festejos y se hizo iluminación extraordinaria de la ciudad.

Para el día 6 se organizó un solemne programa.

Al rayar la aurora del 6, fue saludado el nuevo día con una salva de 21 cañonazos.

 

Una Misa Solemne de Acción de Gracias y Te Deum, fueron oficiados y como el templo resultó chico, la concurrencia se desbordó a la plaza mayor. No sólo las autoridades y vecinos notables concurrieron, sino también un gran número de oficiales.

 

En el relato de don Germán Leguía y Martínez, se asegura que la reunión popular fue en la plaza Santa Lucía. Quedaba esta, lo mismo que la iglesia de igual nombre, en lo que ahora es la avenida Grau, entre las calles Arequipa y Cuzco.

 

En el relato de José María Arellano no se indica en que iglesia se ofició la misa, pero se supone en la matriz.

 

Tampoco hay referencia alguna de ninguna sesión del cabildo, que se supone, sí la hubo.

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INDEPENDENCIA EN SECHURA

 

Los sucesos de Piura fueron prontamente conocidos en Sechura en donde había una compañía a las órdenes del José María Raygada.

Este que ya estaba previamente comprometido, procedió a arengar a las tropas a sus órdenes, y de inmediato marchó con ellas a sumarse a las fuerzas de los patriotas de Piura. Fue su hermano mayor Buenaventura e que lo ganó a la causa.

A su paso por la Muñuela y Catacaos, Raygada y sus soldados fueron aplaudidos por la población.

 

La llegada de Raygada alegró mucho a Seminario y Jaime y dispuso que sobre la base de esas fuerzas formase una Compañía de Línea, debiendo asumir su comando el mismo Raygada con el grado de capitán.

 

A ese ascenso se opuso un hacendado del grupo de los patriotas que manifestó: “Eso es mucho porque mañana llegará a ser jefe y ha de querer venir a mandarnos”. Por lo tanto sólo se le ascendió a Teniente. Con el correr del tiempo, Rayada llegó a ser general y hasta presidente interno de la república.

Con fecha 4 de Enero de 1983, el diario Correo publica un interesante artículo de un hijo de Sechura, el escritor Antonio Rumiche Ayala, sobre la Independencia de Piura.

 

En el mismo, da a conocer un documento que asegura existe en la Biblioteca Nacional y que es el siguiente:

 

“Comandancia de Armas de Sechura. –Sr. Don Jerónimo Seminario y Jaime, Comandante General en Comisión.

 

Ayer 4 del presente, a las diez del día se juró en esta plaza la Independencia por los indios y vecinos y de orden del Gobernador y Comandante General, más yo hasta hoy estoy sin saber, que he de hacer y sabiendo que en esa ciudad, se ha hecho lo mismo y que la Comandancia General ha recaído en VS. le dirijo este oficio para que me ordene si sigo en este destacamento con 20 hombres que tengo o me presento a esa. Dios guarde a VS. Sechura, 5 de Enero de 1821. José María Raygada”.

 

Tiene razón Rumiche cuando asegura que Sechura se adelantó a la Proclamación de la Independencia de Piura por horas. En efecto, la reunión del 4 en el convento de San Francisco se inició a las 8 de la mañana y terminó a las 3 de la tarde pero el Acto de la Proclamación o sea el momento en que se arrancó el juramento al pueblo, fue a las 12 m. Posteriormente se dedicaron a la elección de la autoridades provisorias.

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INDEPENDENCIA DE TUMBES

 

La Junta Gubernativa de Piura desplegó gran actividad y al igual de lo hecho por Torre Tagle con los diversos Partidos, también el Partido de Piura envió pliegos a las poblaciones más importantes disponiendo la proclamación y jura de la Independencia.

 

El mensajero despachado a Tumbes cumplió sin duda con gran diligencia su misión pues el día 6 de enero, arribaba a su destino.

 

El domingo 7 de enero de 1821 el alcalde José Jiménez convocó al Cabildo a Sesión Extraordinaria, a fin de proceder a la apertura de los pliegos llegados de Piura. Asistieron los regidores Juan Francisco Feijó, Antonio Abad Puell, Juan de Dios García y Francisco Ibáñez.

 

El Alcalde dispuso que el Secretario José Francisco Navarrete procediera a dar lectura al Oficio de la Junta Gubernativa de Piura en el cual se daba cuenta de que en Piura se había procedido a Proclamar la Independencia y ordenaba que en Tumbes se hiciera lo mismo.

 

Se incluía una copia de la proclama de Marqués Torre Tagle y se hacía un llamado final a los tumbesinos a jurar la libertad y la independencia y detestar el despotismo.

 

Tras la corta deliberación se procedió por unanimidad a prestar obediencia a lo que manifestaban eran órdenes superiores, pero a la vez expresando su voluntad y júbilo por tan importante acontecimiento.

 

Se acordó jurar en forma pública y solemne la libertad, fijándose el día 14 para hacerlo, y que eso se hiciera saber mediante bando.

Con el mismo bando se dispuso la iluminación de la población desde el 11 hasta el 15, entre las 7 y las 10 de la noche. Adornar (con cadenetas de papel), asear y regar las calles hasta el 14, día de la solemne festividad. Hacer la víspera de la Jura o sea el sábado 13, el velorio de la bandera, que se mandó a confeccionar de acuerdo con las indicaciones recibidas, y que la banda de músicos recorriera las calles de la ciudad.

 

Don Germán Leguía y Martínez, hace conocer que una copia de esta acta del día 7 se entregó como parte de los documentos que el Perú hizo llegar, casi un siglo más tarde, al rey de España, que iba a actuar como árbitro en el conflicto de límites que teníamos con Ecuador, pues se reclamaba a Tumbes como parte de su territorio.. Eso demostró la voluntad libre y soberana de los tumbesinos de proclamar su independencia al llamado que le hacía Piura y continuar ya independientes como parte del Perú.

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INDEPENDENCIA DE PAITA

 

El 10 de Enero de 1980, el diario Correo de Piura daba a conocer el hallazgo que había hecho el Inspector de Cultura del municipio de Paita, don Freddy Rospligiosi Valdez, del acta de la independencia de este puerto, hecho que se produjo el 14 de Enero de 1821.

 

Con motivo de la celebración del 162 aniversario de ese hecho, el mismo diario, dentro de un artículo del historiador Juan G. Paz, publica dicha acta que es la siguiente:

 

“El Puerto de San Francisco de Paita, en catorce días del me de Enero de mil ochocientos veintiún años. Yo don Francisco de Frías y Adrianzén Comandante Militar Patriota en éste, de mandato de la Junta Gubernativa de la ciudad cabeza de Jurisdicción para efecto de instalar el ayuntamiento Patriótico de este puerto, habiendo convocado a todos los vecinos de él, con asistencia general de todos en reunión de una sola sala que se le dio el nombre de Sala Consistorial, puesta con la mejor decencia, que conviene para el asunto toda la vecindad en masa unida a ella, a pluralidad de votos, hicieron la elección siguiente: a don Miguel Pizarro, Alcalde; a don José Baltasar Guadlupú, regidor decano; don José Chinga, don Cayetano de la Trinidad y don Bruno Enríquez, regidores y don Cipriano Mayno, Síndico Procurador de este Muy Ilustrísimo cuerpo. En cuyo estado, yo el Comisionado, atendidas las circunstancias de la presente elección y voto general de todos, conocido el mérito de cada uno en particular, la aprobó y ratificó en todas sus partes, mandando que dichos señores comparecieran inmediatamente en dicha Consistorial, para recibir y exceder sus cargos, encargándoles el buen desempeño de sus obligaciones y lo verificaron, jurando por Dios Nuestro Señor y esta señal de la Cruz se fieles en cumplir cuanto se les ordene por las superiores autoridades a las que están obligados reconocer, guardar y distribuir la justicia sin adulación y sobre todo defender los derechos patrióticos de unión y libertad que en el día conocemos bajo el concepto, que de no verificarlo así, le haría responsable de dicho juramento. Convencidos todos lo aceptaron con las palabras de: “Así sea, amén. Con lo cual se concluyó ésta, que firmaron dichos señores conmigo, expresando día, mes y año que certificó: Francisco de Frías Adrianzén, Miguel Pizarro, José Baltasar Guadalupú, José Chinga, Cayetano de la Trinidad, Bruno Enríquez. Ante mí, Mariano Velásquez. Secretario”.

 

Por esta acta se puede apreciar la decisiva participación de don Francisco de Frías en la Independencia de Paita; pero en las labores preliminares, de toma de decisiones y convocatoria del pueblo, para presentar los documentos recibidos de don Jerónimo Seminario y Jaime, también presentaron su decidida y eficaz colaboración Esteban Antonio Gómez, Juan Vega, Jobino Gómez y Juan Aguirre.

 

El domingo 21 el municipio dispuso la solemne juramentación de la independencia.

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INDEPENDENCIA DE QUERECOTILLO

 

Sobre la proclamación de la Independencia de Querecotillo han escrito muchas personas, mereciendo especial mención el extinto escritor paiteño Ricardo Vegas García (Diario “El Comercio” 27 de Abril de 1950) y Juan Paz (“Correo” 2 y 16 de Junio de 1982).

 

Por coincidencia, la Independencia de Querecotillo al igual que la de Tumbes, fue proclamada el 11 y jurada el 14 de Enero de 1821. Era Querecotillo por entonces mas importante que La Punta (Sullana).

 

Los vecinos se reunieron para abrir los pliegos que también a esa localidad había enviado la Junta Gubernativa de Piura. Eran dos dichos documentos a los que se dio lectura en medio de un emotivo silencio y al terminar, todos al unísono gritaron ¡Viva la Patria! ¡Viva la Libertad! ¡Viva la Independencia! También se dieron vivas a San Martín. En las actas se hace constar que todo transcurrió dentro del mayor orden.

 

Acto seguido, se decidió dedicar el día 14 para la Jura de la Independencia y luego consultada toda la concurrencia para proceder a la elección de un nuevo cabildo, el criterio fue postergar esa decisión a fin de pensarlo mejor y poder hacer consultas. Se dispuso repique de campanas, iluminación de 8 a 10 de la noche y se dejó en libertad a los vecinos para que hicieran otras celebraciones y manifestaciones de regocijo.

 

El segundo documento era copia de la proclama de Torre Tagle, que la Junta Gubernativa había distribuido con profusión.

 

El acta de este Cabildo Abierto fue firmada por Juan M. Flores, Agustín Romero, Tomás Justo de la Vega y Villafranco (párroco), Francisco Orcacitas, Matías Flores, Gregorio Campos, Juan de los Santos Cisneros, Rafael Vinces, José María Gallo, Pedro Pablo Siancas, Vicente Severino Pascual Alvites, Faustino Infante, Simón García, Tomas Campos, Andrés Gallo, José María Aguirre, Manuel Alvarado, Pedro Infante, Mateo Vilela y otros.

 

Como ocurría en otros lugares, el párroco firmó por muchos que no sabían hacerlo y que en este caso pasaban de 150.

 

El día domingo 14 se reunieron en casa de Tomás Gallo y decidieron por unanimidad ratificar al personal edil que había estado sirviendo, y por lo tanto continuó como alcalde don Juan Manuel Flores y como regidores Pablo Carreño y Santos Carreño los cuales tomaron de inmediato posesión de su cargo, no así los restantes por estar ausentes quedando la ceremonia de ellos postergada para el 28 de Enero. Los cargos por adjudicar eran: alcalde del 1er. voto, un regidor y un procurador.

 

Luego se dirigió la concurrencia a la iglesia en donde se ofició un Te Deum estando el sermón a cargo del P. Francisco de Paula Vera.

 

En el templo se hizo ante Dios, el Juramento de los nuevos cabildantes principiando por el alcalde de naturales Juan Manuel Flores, que con voz clara y fuerte, dijo tres veces y con las manos sobre le evangelio: “Ser fiel a la Patria, conservar la unión, defender nuestra independencia y sostener nuestra libertad”.

 

Lo mismo hicieron los demás regidores, a los cuales se les hizo la pregunta anterior contestando en conjunto: “Sí, juramos”.

 

Todo esto está consignada en el acta que el escritor Juan Paz Velásquez dice que existe en el Archivo Departamental de Piura.

 

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AVENTURAS DE CASARIEGO

 

En el relato de José María Arellano sobre la independencia de Piura, se dice que se dejó a los jefes españoles retirarse tranquilamente a sus domicilios.

 

En realidad los hechos no ocurrieron así. Los tres jefes militares fueron arrestados. De ellos sólo de Germán no se conoce, lo que le haya pasado cuando llegó prisionero a Huaura. Parece que ya no tomó parte en ningún hecho importante. En cambio Valdez y Casariego pasaron verdaderas odiseas y al último le estaba aún reservado jugar papeles muy importantes en la lucha de la independencia del Perú.

 

Joaquín Germán, llegó en 1812 al Callao en la División Pereira desprendida del ejército realista de Colombia del general Morillo, como comandante de 4° escuadrón del Regimiento Húsares de Fernando VII. Con el coronel Vicente Gonzáles pasó a la sierra sur del Perú a combatir la revolución de Pumacahua portándose con valor pero con crueldad.

 

Miguel Jerónimo Seminario y Jaime y demás miembros e la Junta Gubernativa dispusieron varios arrestos entre civiles adictos al régimen virreinal y también hubieran sido remitidos al cuartel de San Martín, si no hubiera intercedido por ellos don Francisco Escudero.

En la foja de servicios del coronel Casariego, se lee que fue apresado el 4 de enero de 1821 cuando siendo comandante del Batallón Provisional de Piura fue envuelto en una “convulsión popular”. Tras de llegar a Huaura, fue enviado a Huarmey, en donde en cierto momento se dispuso su fusilamiento y se le puso en capilla. Estando prisionero con otros oficiales, sorprendió a la guarnición y escapó tratando de unirse al Ejército realista, y durante cinco días atravesó tablazos y luego la cordillera siendo al fin cercado por indios montoneros que le arrojaron gran cantidad de piedras, siendo nuevamente apresado. Cargado de grillos, fue sometido a un nuevo juicio y nuevamente estuvo a punto de ser fusilado.

De una a otra prisión fue llevado hasta que lo metieron en casas-matas del Real Felipe en el Callao.

Cuando el Sargento Montoya se sublevó en los Castillos, sacó de la prisión a Casariego, que era el oficial español de más alto rango y lo asoció al comando del Real Felipe el 5 de febrero de 1824. Durante dos meses estuvo dirigiendo la defensa de los castillos contra los patriotas hasta que Monet y Rodil se hicieron cargo de la fortaleza.

Después realizó acciones de guerra en Ica, en Yauyos y Huarochirí y tras de la batalla de Ayacucho se fue a España donde continuo en servicio como coronel ganando distinciones y condecoraciones.

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LA ODISEA DEL CORONEL VALDEZ

 

No se conoce a ciencia cierta si el sub-delegado, coronel José Francisco Valdez fue arrestado por los patriotas piuranos o había quedado en libertad de movimientos, pero sea lo que fuere, el hecho es que a los pocos días de proclamada la independencia piurana, estaba Valdez huyendo principalmente por Morropón y Huancabamba. En esa ciudad encontró a las autoridades españolas en sus puestos, a las que informó pormenorizadamente de los hechos y a fin de lograr ayuda continuó rumbo a Tabaconas.

El deseo de Valdez era unirse con el brigadier Torlá que se suponía estaba en Cajamarca después de huir espectacularmente de Trujillo. El coronel Valdez anduvo de pueblo en pueblo y a salto de mata, porque en muchos de ellos ya se había proclamado la independencia.

 

En el mes de mayo de1821, estaban el coronel Valdez en Jaén pero ya esta región estaba controlada por el patriota Juan Antonio Checa y en breve iba a formalizar la declaración de la Independencia, como parte integrante del Perú, por propia voluntad de sus ciudadanos. Ese sin duda es el otro legítimo derecho que tiene el Perú sobre el territorio de Jaén que Ecuador había estado ilusamente pretendiendo.

 

Engrillado, fue llevado Valdez a la presencia de Checa, que le decomisó cuanto llevaba y lo tuvo preso varias semanas, para luego dejarlo en libertad.

 

De Jaén, siguió avanzando Valdez en plena selva y así fue a dar al pueblecito de Pebas, ubicado en el margen izquierdo del Amazonas entre la actual Iquitos y la frontera con Brasil.

 

El hombre que llegaba a Pebas estaba muy distante de ser el altanero coronel sub-delegado del Partido de Piura. Estaba con la barba crecida, andrajoso, llagado, demacrado, enflaquecido y macilento. No era para menos. A los indios asombraba su gran barba roja.

 

Desde que salió de Piura había tenido que recorrer miles de kilómetros a pié, a caballo y en balsa. Pasó desiertos, la cordillera y la selva, enfrentando toda clase de obstáculos y in dinero.

 

Allí, en Pebas, se encuentra con el gobernador de la región de Moyabamba, el teniente . coronel Manuel Fernández Álvarez que desde 1816 controlaba toda la región. También estaba el obispo español de Moyabamba.

 

Este funcionario también estaba de huida por cuanto los patriotas ya tenían en su poder a Moyabamba. Otros militares presentes eran el comandante Mariano López Bermúdez y el capitán José Matos. Era éste un traidor que habiendo estado inicialmente al lado de los patriotas, se había pasado con sus fuerzas cuando salió a la captura de Moyabamba y a enfrentar a Manuel Fernández, a cuyo servicio se puso; pero al fin y al cabo, derrotado por otras fuerzas patriotas se vio obligado a huir. Los cuatro personajes efectuaron el 17 de agosto de 1821 una junta de guerra en Pebas para examinar la situación. La presidía Valdez por ser el de más alta graduación. Éste analizó fríamente la situación y expuso que Lima estaba en poder de San Martín mientras que toda la costa norte, Lama, Moyabamba y Tarapoto se habían sublevado. Que tampoco había ninguna esperanza de lograr ayuda de la audiencia de Quito, y no tenían armas, ni dinero, ni municiones, por lo tanto, su opinión era abandonarlo todo y seguir por el Amazonas al Brasil para de allí dirigirse a España. Tanto Fernández Álvarez como López Bermúdez fueron del mismo parecer, y más vehemente aún fue Matos López cuya cabeza había sido puesta a precio por los patriotas. El único que se opuso a este proyecto fue el obispo de Moyabamba Fray Hipólito Sánchez Rancel, franciscano muy beligerante que antes también había sido partidario de dar pelea en todo momento. Pero el obispo no formó parte de la Junta de Guerra y su consejo no fue oído.

 

Por lo tanto, todos salieron rumbo a Tabatinga, primer puerto de Brasil en el Amazonas y de allí se embarcaron a España.

 

En un pequeñísimo poblado de la selva había quedado un brillante oficial español. Era el subteniente Bernardo Quiles que luego se juntó con el sargento Santiago Cárdenas e iniciaron una contraofensiva con pequeñas fuerzas que aumentaron y de victoria en victoria pusieron en peligro la Independencia de Moyabamba, Chachapoyas, Jaén y Cajamarca.

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OTRAS VERSIONES SOBRE LA PROCLAMACIÓN DE LA INDEPENDENCIA

 

Por mucho tiempo la única versión que se conoció sobre la Jura de la Independencia de Piura, fue la de José María Arellano, uno de los portadores de los pliegos de Torre Tagle a las autoridades coloniales de Piura.

 

Cuarenta años más tarde de los sucesos, es decir en 1861, se dio a conocer otra versión de uno de los que tuvieron parte activa en los hechos y cuyo nombre no es mencionado en la relación de Arellano. Se trata de la versión de Gabino Rivera, un acomodado comerciante que negociaba entre Trujillo y Piura. Esta versión, con menos detalles que la de Arellano, sirve para llenar algunos vacíos de esta última. Como es fácil de suponer, cada autor trata de ponderar su participación y de minimizar las acciones de personas que no son de sus simpatías.

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VERSIÓN DE GABINO RIVERA

 

No conocemos si Gabino Rivera tuvo algunos apuntes o todo lo confió a la memoria. Tenemos una copia del documento original manuscrito, que reducimos, en la forma que sigue: Cuenta que el 24 de noviembre de 1819, se fue de Piura a Trujillo con un amigo de apellido Morales y Juan Arca. Para cobrar una deuda de 7.000 pesos que le tenía don Cayetano Fernández y se alojó en casa de Luis Ugarte en espera de Fernández, que estaba en Lima. Éste último envió como pago a cuenta 4.000 pesos, con un propio o enviado especial, él que a la altura del pueblo de Santa, fue detenido por gente armada, que decía obedecer al general San Martín, que estaba en Huaura. Esa gente, no obstante, conocía que llevaba dinero, el que había enterrado por precaución, no se le hizo daño y lo atendieron. Sigue narrando Rivera, que estando en Trujillo tenía reuniones secretas en compañía de los hermanos Félix y Manuel Castro, del español José Rodríguez, Miguel Arrunátegui, Agustín Amorós y otros, para comentar los avances del ejército de San Martín; pero fueron delatados ante el Intendente Torre Tagle, el cual para cubrir las apariencias, los hizo prender con gran aparato y tras de amenazarlos públicamente los soltó. Luego en forma reservada, Torre Tagle le encomendó que cuando regresara a Piura, preparase el terreno para la independencia, y que en su oportunidad enviaría a Luis Ugarte con instrucciones.

 

Dice Rivera que posteriormente, cuando estuvo en Piura, recibió el 3 de enero de 1821 a Luis Ugarte con un paquete y cartas particulares que enviaba Torre Tagle, y le contó todos los pormenores de la Independencia de Trujillo. Entonces Rivera optó por llevar a Ugarte a casa de Manuel Diéguez de la Florencia, el que los acompañó a casa de don José Lamas (Lama) y luego los cuatro se fueron a la casa de don Jerónimo Seminario, con el que conversaron. Rivera y Ugarte se retiraron y se convino que en caso de presentarse algún problema, de inmediato acudieran a la casa de Lamas. Preparó Rivera dos mulas y un guía llamado Francisco Morán, para huir en caso necesario. Pero esto no fue necesario, porque el día 4 de Enero se procedió a abrir el pliego, lo que se hizo en la Iglesia de San Francisco, donde se reunieron el Cabildo, el pueblo y los jefes españoles, aunque con bastante resistencia.

Como bien sabemos por el relato mas pormenorizado, de Arellano fue éste el que se hizo dueño de la situación, y tuvo contactos diferentes a los que se menciona tuvo Ugarte.

 

Dice Rivera que cuando retornó de Trujillo a Piura, lo primero que hizo fue pagar a don Pedro León un dinero que le debía. León. Notó que el dinero estaba con tierra y preguntó la causa de ello. Rivera contó el encuentro del propio con los soldados de San Martín en Santa y mostró su admiración de que no lo hubieran robado. Entonces León mandó a llamar al señor general (se refiere Rivera sin duda al coronel Valdez, jefe político y militar de Piura), ante el cual tuvo que relatar nuevamente el suceso, pero como no le creyeran, salió en su defensa León, asegurando que Rivera decía la verdad. Luego le recomendaron no dijera nada a nadie, pero como ya antes había contado el suceso, pronto se propagó y fue visitado por José Moscoso, Narciso Espinosa y otros partidarios de la libertad. Hasta este momento lo narrado por Vilela no tenía ninguna relación con la causa de la Independencia.

 

Asegura Rivera, que cumpliendo lo recomendado por Torre Tagle y mientras esperaba la llegada de Luis Ugarte, fue visitando a varios artesanos y ganándolos a la causa de la libertad. Habló con don José Antonio Vilela y con Pedro Alcedo y con el maestro Manuel Mariano Mendiburu alias Chibola el zapatero, a los que, dice Rivera, informó los pormenores y se logró preparar más de 200 hombres, los que estuvieron preparados hasta que llegó el día.

 

En esta parte del relato de Rivera, hay diferencia por lo dicho por Arellano, que asegura que todo se hizo en la noche del 3, lo que sin duda no es creíble. Otro dato nuevo e interesante, es según Rivera que los artesanos concurrentes se presentaron con armas ocultas y que se instruyó a Vilela y a otros dos jovencitos, para que gritasen y vivaran cuando les hicieran una indicación, lo que cumplieron. Entonces irritado el jefe español, se levantó para hacerlos callar y luego en varias ocasiones trató de salirse de la asamblea, lo que le fue impedido, hasta que por fin tuvo que firmar la orden para que llegasen a la iglesia los soldados y oficiales desarmados. Y quieran o no llegaron, menos una compañía que se quedaron con las armas con bala en boca en el cuartel del Cabildo ( Arellano dice fue en el cuartel del Carmen). Cuenta Rivera que los patriotas tenían sus espías y que ellos avisaron que la tropa había salido pero con armas. Se les mandó a detener y que llegaran a la asamblea sin armas, por lo que tuvieron que retornar a los cuarteles, dejando las armas pero saliendo con bayonetas. Dice Rivera que él, dio la alarma a la asamblea, y entonces se obligó al general (se refiere Rivera al teniente coronel Casariego) el que muy irritado dio la orden que dejaran las bayonetas. En el cuartel de la Plaza sólo quedaron los oficiales y soldados que hacían guardia, sin embargo, en el Cuartel del Carmen, quedaron todos los granaderos.

 

Se abrió entonces el pliego y se leyó tomándose el parecer del pueblo al que se le preguntó varias veces, entonces fue el momento en que los jovencitos preparados empezaron a gritar y luego todos hicieron lo mismo. Se obligó entonces que el jefe militar firmase una orden para que entregasen las armas y los cuarteles y se formó una comisión integrada por Rivera, Narciso Espinosa, Tomás Arellano, José Moscoso, los señores Rasgada (Ventura y Eugenio), menos José María que estaba en Sechura con un piquete de soldados. Cuenta Rivera que se hicieron cargo del cuartel del Cabildo y que él personalmente se apresuró a ir al domicilio del general (del tnte. coronel Casariego) y de sus ayudantes para recoger las armas que allí habían. La artillería y el material de guerra lo trasladaron al Cabildo, acción en la que colaboraron don Pío y don José Garrido y un catalán que se encontraba de huésped en casa de Pío. Luego Rivera y Manuel Rejón organizaron a las nuevas guardias, centinelas y patrullas. Rejón había estado arrestado, y se hizo cargo de la situación tomando como ayudante a don José María León.

 

Dice Rivera, que como se desconfiaba de los súbditos españoles que andaban juntos y armados, comunicó sus temores al gobernador, procediéndose a disponer que todos los españoles fueran recluidos en la primera pieza de los altos del cabildo, del lado derecho con una guardia formal y para desvanecer temores que pudieran haber por el paso dado, se les dijo que era para evitar que fueran insultados o atropellados y que podían vivir seguros de que no les sucedería nada, y que no podían pedir sus comodidades a sus casa, ocupando algún hombre de la guardia, para que los sirvan sin recelo alguno, y si lo quisiera podían irse donde les convenga y lo quisieran hacer, para lo cual podían pedir su pasaporte, que se les dará y se irían con todos sus intereses y seguridades.

 

Inmediatamente se dispuso el envío de una fuerza a Sechura y a Tumbes. Dice Rivera que como él estaba enterado de la buena disposición del entonces señor capitán (era Teniente) José María Rasgada, por lo cual Rivera les hizo conocer que en breve llegaría con su segundo teniente Francisco Rivas y sus soldados, y cuando llegaron los tributaron muchos aplausos.

 

Como era necesario hacer algunos gastos, tanto para pagar lo que se había prometido a la gente que concurrió a la Asamblea, y que en parte dice Rivera pagó él, solicitó a don José María León que gratificase a los 200 hombres que tenía acuartelados a razón de una peseta diaria. Recuerda Rivera, que ese día a las 6 de la mañana se le descargó a León la pistola que traía en la cintura y por milagro no salió herido.

 

Dice Gabino Rivera que permaneció en el Cuartel (de la Plaza) hasta que se tomaron disposiciones más formales, para que el cuartel fuera ocupado por voluntarios y por el teniente Francisco Vargas Machuca, porque era reconocido su patriotismo y el de toda su familia. Menciona como personas que colaboraron mucho, a las familias de los señores Lamas, Diéguez, Seminario, León, Raygada, Arellano, Cortés y otros que no recuerda. Manifiesta que en la gente plebe la adhesión fue general, pues todos se prestaron voluntarios, con sólo el interés de la comida y que todo fue una obra milagrosa, y no se extorsionó a nadie. Rivera dice que él siguió organizando patrullas. Recuerda que el día de la independencia hubo muchas fatigas y después muchas celebraciones, repiques, misas de gracias, etc. Al firmar al final esta información en Piura, pone fecha 1° de julio de 1861.

 

El manuscrito de Rivera está escrito con mala ortografía y difícil caligrafía. Menciona nombres que omite Arellano, como los de Pío y José Garrido, Narciso Espinosa, José Moscoso y al teniente Francisco Rivas. Confirma la participación del carpintero Antonio Vilela, del zapatero Mariano Mendiburu, de los Rejón, de los León, de los Lama, de los Raygada y de Miguel Seminario y Jaime. También hace la reivindicación del entonces Alférez Francisco Vargas Machuca (luego Teniente), que el día 14 era integrante del Regimiento de Infantería de Querecotillo que mandaba su padre el comandante Miguel Vargas Machuca, y que por error de apreciación, los querecotillanos habían declarado personas no gratas a la causa de la libertad.

El escrito de Rivera se redactó veinte años de transcurridos los hecho por cuyo motivo pueden darse omisiones y errores, pero contribuyen a confrontar los relatos.

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VERSIÓN DE DON MIGUEL JERÓNIMO SEMINARIO Y JAIME

Era don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime en enero de 1821, un capitán de los ejércitos del rey que había abrazado secretamente la causa de la libertad y en el cuartel de la Plaza donde estaba, trató de ganar a la causa de la libertad a varios oficiales, entre ellos al teniente paiteño Rejón. Era Seminario de muy distinguidas familias realistas.

 

El 4 de enero de 1821, tuvo participación decisiva en la toma de los cuarteles del Carmen y de la Plaza por cuyo motivo fue nombrado jefe militar del Partido de Piura.

 

El 2 de Noviembre de 1826, don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, era Intendente y Comandante Militar de la provincia de Piura, pero no se le había reconocido el grado de coronel que le dio la Junta Patriótica. Entonces presentó una solicitud al gobierno del Perú, para que le fuera reconocido el grado mencionado.

 

Inicia su petitorio manifestando que nunca había aspirado a un cargo público, por ningún otro interés que no fuera por un espíritu de verdadero patriotismo, motivado por la fidelidad y el ardiente amor al suelo patrio, para verlo libre de opresores, pero como todo tenía un límite se veía obligado a hacer llegar una breve narración de sus servicios, para que en su mérito, si se tiene a bien, se atienda su solicitud.

 

Luego con un exceso de retórica ampulosa, trata de dar a conocer que desde que se incorporó de capitán a la compañía de granaderos del Batallón Provisional que guarnecía la ciudad con 600 plazas, con oficiales europeos, no perdió sin embargo momento para persuadir e invitar a los soldados y con gratificaciones, para que aceptaran los ideales de la Independencia, haciendo lo mismo con algunos oficiales de su confianza como fueron Antonio María Ugalde y Manuel Rejón. Fue bajo ese principio -sigue diciendo don Miguel Jerónimo- apenaas se esparce en la ciudad la noticia de que habían llegado de la ciudad Bolívar (así se llama la ciudad de Trujillo en 1826) pliegos para los jefes del Batallón, decide asociarse con sujetos honrados de la ciudad y concurrió a la convocatoria que por carteles y bando publicado con ese fin, se señaló en el convento de San Francisco el día cuatro de enero del pasado año de mil ochocientos veinte y uno.

 

Dice Seminario y Jaime, que habiendo llegado el caso (a una situación en que) fue necesario arrostrarlo todo, por lo cual no trepidó en decidirse por el partido que debía de tomar, y entonces ante el auditorio de la asamblea, habló con entusiasmo diciendo que la independencia de la metrópoli era lo único que podía constituir la felicidad de todos, lo cual fue aplaudido por le numeroso vecindario reunido allí presente, que lo designó para que desarmase al referido batallón y asociados con paisanos tan llenos de patriotismo como él, sin temor a la muerte y a todo peligro se lanzó a intimidar la rendición, estando los cañones cargados, las mechas encendidas y el expresado batallón (del Carmen), con bala en boca y con la oferta que les había hecho (por Casariego) de permitir cinco horas de saqueo (de la ciudad). Vencida la resistencia y producida la rendición por convencimiento y en parte por amenazas puso la guardia necesaria (la guardia patriota) en la prevención del cuartel del Carmen y luego se dirigió al expresado convento, donde se enteró de la terquedad con que estaban resistiendo en el cuartel Principal (cuartel de la Plaza), entonces se dirigió hacia allá en donde practicó iguales diligencias venciendo las bayonetas con que se trataba de impedir su paso, hasta que consiguió su rendición y dispuso que se colocase la guardia (patriota) correspondiente, tras lo cual retornó otra vez al Convento, “donde plausiblemente se proclamó nuestra gloriosa emancipación”.

 

Sigue diciendo Seminario y Jaime, que “el pueblo todo, lo condecoró con el nombramiento de Comandante de Armas con repetidas vivas que demostraban su gratitud por los servicios que acababa de brindar y fue por esta muestra de confianza, que no se puso en reposo, sino dispuso de asegurarla todo y arreglarlo, trasponiendo armas y pertrechos y gratificando con dinero, a los que se habían empeñado en sus acarreos, y pagando el precio de cuatro reales a los que formaban la guardia, a lo que contribuyó por algún tiempo con una compañía de cien hombres, para cuyo acontecimiento se formaron en el vecindario tres listas de quinientos pesos cada una, de las cuales se realizaron sólo dos.”

 

Para establecer la tranquilidad pública, convocó por la noche a sujetos honrados de la ciudad al cuartel general y se acordó dirigir partes a la ciudad de Guayaquil, y puertos de Tumbes y Paita, igual que al pueblo de Sechura, por hallarse en éstos, piquetes al mando de oficiales, corriendo él con todo el gasto que causaran los mensajeros. Enseguida dispuso que por patrullas a pie y a caballo, se resguardase la ciudad precaviendo todo riesgo, hasta la llegada del comandante don Félix Olazábal a quien le entregó el mando por orden superior que traía el mencionado oficial, habiendo en esa oportunidad Seminario y Jaime, manifestado los sentimientos de gratitud al pueblo que lo había distinguido generosamente. A dicho señor comandante ( a Olazábal) y a su oficialidad prestó todo auxilio y por lo expuesto se le confirió por don Bernardo de Tagle (Torre Tagle), que era presidente del departamento, el título de sargento mayor con sueldo de tal, confirmándolo después el Excelentísimo don José de San Martín, pero como no correspondía a los sentimientos propios, el percibir sueldo, nunca lo ha pedido, sino que al contrario, cediéndolo, ha contribuido como el que más, de este vecindario. En esta clase (de Sargento Mayor), lo encontró en su venida el Excelentísimo Señor Gran Mariscal don Andrés de Santa Cruz (entonces era coronel), cuando organizó la División Auxiliar de Quito. Habiéndosele llamado la atención (por parte de familiares) de reparar la hacienda que estaba en abandono, le fue preciso retirarse a ella, y apenas había empezado su labor, cuando con un expreso que se le envió, se le pide su retorno a Piura, para entregarle el mando militar de la provincia. (Santa Cruz, Olazábal, y otros altos Jefes se habían incorporado a la División Norte y marchado contra los realistas de Ecuador).”

 

En el encargo, puso mucha atención en la captura de los desertores y con la ayuda de los cívicos, detuvo a 120 y los envió a la ciudad de Bolívar (en 1826 así se llamaba a la ciudad de Trujillo). Concluida con toda felicidad la campaña de Ecuador, regresó el expresado Gran Mariscal Santa Cruz, a quien devolvió el mando que le había confiado y regresó a su hacienda hasta que llegó a Piura el nuevo comandante militar y gobernador político, coronel don Manuel Roxas, que le envió un expreso para que de inmediato se constituyese ante él y le hiciera la entrega formal de los mandos político y militar. Así lo hizo y a continuación llevó a Paita y embarcó rumbo a Trujillo al batallón que había formado con los desertores y cívicos de Piura. Todo eso se hizo a satisfacción del entonces Ministro de Guerra don Juan Salazar, colectando además 200 mulas aparejadas y varios donativos voluntarios, que habían sido colectados por su esposa doña Manuela Váscones. También ayudó a la organización y formación del Escuadrón de Coraceros, entregando a su comandante don Ramón Castilla, 200 hombres de buena talla, quien le dio oficialmente las gracias por su pronto despacho y por el auxilio de 500 pesos, para su conducción, tal como lo dieron a conocer los vecinos cuando él (Miguel Jerónimo) fue removido del cargo. Agrega que como no trata de hacer un alegato difuso, se puede comprobar todo lo dicho con los testimonios de los ilustres Salazar y Santa Cruz, y del Dr. Francisco Valdivieso vocal de la Corte Suprema de Justicia.

 

Pide que no se cumpla en él, el Decreto del 10 de marzo, que extingue todo empleo conferido por don José de la Riva Agüero, pues éste, en atención a sus servicios y sin haber mediado pedido de su parte lo ascendió a teniente coronel (del ejército) y por lo tanto había estado usando las insignias de este grado y sería ahora muy bochornoso por hallarse a cargo de la intendencia y comandancia militar,- elección que aprobaron cuarenta congresistas, - lo que fue confirmado después por el propio Santa Cruz., que prácticamente lo degradasen.

 

Como se puede apreciar, el presidente José de la Riva Agüero, lo ascendió de sargento mayor a teniente coronel y Seminario y Jaime, había estado usando las insignias de tal, en Piura. Cuando Riva Agüero fue depuesto, se anularon todos los ascensos hechos por él. Por lo tanto, Seminario y Jaime consideraba desdoroso en momentos en que era autoridad, volver a usar insignias de Sargento Mayor, y no sólo pedía la restitución de su grado de teniente coronel, sino un ascenso a coronel.

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TORRE TAGLE DISPONE JURA EN TODOS LOS LUGARES

 

Tan pronto como Torre Tagle proclamó la Independencia de Trujillo envió mensajeros especiales a cada una de las capitales de Partido y así fue como llegó el joven Ugarte a Piura.

 

Posteriormente y a manera de confirmación envió otra comunicación, no sólo a las capitales de partido; sino también a los pueblos; haciendo intervenir al clero en la celebración de la independencia de cada lugar.

 

En Trujillo había sido reemplazado el Obispo Carrión y Marfil, acérrimo realista, por un Gobernador Eclesiástico, cargo que cayó en el Dr. José Cleto Gamboa.

Fue por intermedio de éste, que Torre Tagle dio disposiciones para la celebración de la independencia.

 

Como en Piura tales hechos ya se habían efectuado, correspondió hacer la proclamación de fidelidad a la patria en el plano puramente eclesiástico.

 

El documento que a continuación se transcribe, no tiene la fecha bien precisada. Se supone que fue expedido por Torre Tagle el sábado 30 de diciembre de 1821, al día siguiente de la proclamación de la independencia de Trujillo. Trascrito el 3 de enero de 1821 por el notario mayor del obispado Fernando Perantes y firmado por el gobernador eclesiástico José Cleto Gamboa.

 

Dice el documento:

 

Este Gobierno ha resuelto que el segundo sábado próximo siguiente al de la Proclamación solemne de la Independencia, se celebre por todas las corporaciones, el Juramento de Fidelidad a la Patria y obediencia a las autoridades a nombre de ella. Igualmente (está roto) … que el viernes, se presenten todos en público, tanto eclesiásticos como seculares, con una cucarda de fondo blanco y centro dorado en el pecho los primeros cuando lleven vestidura talar y en el sombrero, siendo éste redondo, en manifestación de patriotismo, y finalmente el domingo 7 se verifique es esa ciudad y pueblos de su Partido, el juramento solemne de todos los particulares del vecindario. Se le participa a vosotros, para que se sirva dar las órdenes consiguientes a las corporaciones y demás personas eclesiásticas de su inmediata jurisdicción y prevenir a los curas de todos los pueblos, canten la Misa de Acción de Gracias y Te – Deum en el Día de la Proclamación solemne en sus respectivas Doctrinas. Dios Guarde a vosotros. -Trujillo Independiente. En 30 de diciembre de 1820. El Marqués de Torre Tagle.

 

El vicario eclesiástico Tomás Diéguez de la Florencia, recibió el documento y procedió a transcribirlo a las diversas doctrinas y parroquias por intermedio del notario José Romero.

 

También se recibió copia del documento que el obispo saliente de Trujillo José Carrión y Marfil, envió a Cleto de Gamboa, al momento de ser enviado por mar a Huaura.

 

Sr. Dr. José Cleto Gamboa.- Arcediano de la Iglesia de Trujillo.

 

En este día que me participa el Señor Intendente, con fecha del de ayer, que ha resuelto mi salida para Lima, aunque no sé la causa, más como la asistencia espiritual del Obispado exige la atención más escrupulosa, he resuelto por este motivo comunicar a vosotros, todas mis facultades delegables como las bulas especiales y las de solitas en que no intervenga la sagrada unción. En cuya virtud, servirá este Oficio de bastante Título, que manifestará vosotros al Cabildo, para que le sea constante, en el concepto de que no teniendo quien autorice despachos, es indispensable corra en esta disposición, mayormente cuando desde Ascope se me trajo a este puerto con una escolta, que no fue otra cosa que prisión. Pero aunque no sé los motivos, estoy resuelto a continuar para mi destino sin dar la menor nota, como he procurado hacerlo hacia el presente. Dios Guarde a Ud. muchos años. A bordo de la Goleta “Constancia” en el puerto de Huanchaco, diciembre 30 de 1820. –José Carrión y Marfil, Obispo de Trujillo.

 

El obispo había sido capturado en Ascope- a poca distancia de Trujillo- cuando huía hacia Cajamarca para unirse a Torlá y seguir la resistencia, pues era un fanático realista. Sin embargo, se tiene que admitir que era piadoso y antes había sido muy querido por los fieles.

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LA PARROQUIA MATRIZ PRESTA JURAMENTO DE FIDELIDAD

 

En Piura se recibieron con cierta tardanza las comunicaciones, pero de todos modos, las autoridades eclesiásticas del Partido decidieron dar cumplimiento a las disposiciones aún en fechas diferentes a las indicadas.

 

En Piura, la mayoría de los religiosos estaban por la causa patriota, otros se mostraban indecisos y algunos pocos eran realistas.

 

En Piura las diversas órdenes religiosas y parroquias hicieron en forma individualizada la Proclamación de la Independencia y el Juramento de Fidelidad.

 

En la iglesia matriz, el acto se realizó el 25 de enero con participación del vicario Diéguez, del cura párroco Casimiro de la Sota que hacía mucho tiempo tenía ese cargo, y otros religiosos. Con tal motivo se levantó el acta correspondiente. Tal acta dice lo siguiente:

 

“En la ciudad de Piura Independiente, a los veinticinco días del mes de Enero de mil ochocientos veintiuno, en cumplimiento del mandato de la Superior Orden que procede, habiéndose congregado es tesa Vicaría el Señor Cura Rector y demás individuos, que al presente componen el venerable clero de esta ciudad, pasaron todos unidos formando un cuerpo, a la Iglesia Matriz, y constituidos en su sacristía, por ser el lugar más aparente para el acto, puestos los asientos respectivos, y sobre una mesa el libro de los Evangelios, como a las nueve de la mañana que mandó el Señor Vicario Dr. Tomás Diéguez, que yo; el presente Notario Público de la provincia; leyese la Orden Superior citada y las copias de los oficios del Señor Gobernador Político y Militar de Trujillo, Marqués de Torre y Tagle, habiendo hecho presencia de una multitud de seglares patriotas, que concurrieron a este acto, se dio principio al juramento prevenido por el propio señor Vicario, quien poniendo la mano derecha sobre el libro de los Santos Evangelios que toco con mi mano, defender la independencia de la América que se ha proclamado. Juro sostener los derechos de la Patria y coadyuvar a este sagrado objeto con todas mis fuerzas, sacrificando si fuese necesario la propia vida. Juro guardar obediencia a las autoridades legítimamente constituidas por la Patria.

 

Si así lo hiciere, Dios me ayude, y de no; me lo demande.- A su conclusión, dijo: Amén. Enseguida el Sr. Cura Rector de la Iglesia Matriz otorgó en la propia forma su juramento, y después lo fueron haciendo por su orden y bajo la misma forma y palabras, de uno en uno, todos los demás eclesiásticos; que abajo suscribirán y concluido este acto, verdaderamente grande, con toda la seriedad y circunspección que de suyo exige, al que asistieron todos con sus cucardas (escarapelas) puestas en el pecho al lado izquierdo sobre sus sotanas, en señal de decidido Patriotismo, y quedando advertidos por el Señor Vicario de que esa debía ser en lo sucesivo la divisa de su libertad e independencia, se procedió a la Misa Solemne de Acción de Gracias y Te Deum, no obstante que otra igual y con toda solemnidad que permite ésta población, se había celebrado en la misma Matriz el 7 del corriente, cuando por el ilustre Cabildo y pueblo, se prestó dicho juramento. Y para que todo conste, se extendió la presente Acta que firmaron el señor Vicario con todos los demás señores. Ante mí, de que doy fe.- Firmado: Dr. Tomás Diéguez –Casimiro de la Sota –Carlos Cáceres –José de Adrianzén –José Mercedes Espinoza –José Antonio Sierra –Juanario Cortés.

 

Ante mí –José Romero. –Notario Público.”

 

En el relato de José María Arellano, sobre la independencia de Piura, dice: “… el día de Reyes 6 de enero, en que se juró la independencia en esta ciudad, fue saludada a la aurora con otra salva de 21 cañonazos y solemnizado al juramento con una suntuosísima Misa de Acción de Gracias solemnizada con Té Deum”.

 

Hay que suponer que esos festejos duraron dos días: sábado 6 fue la Jura de la Independencia y el domingo 7 la Misa de Acción de Gracias y Té Deum.

 

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ACATAMIENTOS Y DESACATOS

 

No todos los religiosos eran adictos a las ideas patriotas. Por eso se produjeron no pocas resistencias.

 

Fue así como el guardián del convento de San Francisco, se negó a acatar la disposición del Vicario Diéguez, de prestar juramento de fidelidad a la Patria.

 

Por eso, desde la víspera de la jura de la iglesia matriz ya los franciscanos habían hecho conocer su posición.

Por tal motivo se cursó la siguiente comunicación:

 

Sr. Vicario Eclesiástico.

 

La adjunta copia certificada no contiene orden alguna que autorice a Ud. para mandar a jurar a los eclesiásticos. Solamente incluye un Oficio del Señor Intendente, con un decreto suyo adjunto, dirigido al Señor Provisor, para que Su Señoría, en fuerza de la jurisdicción eclesiástica, que ejerce; mande a los eclesiásticos, que hagan el juramento de fidelidad a la patria. De esto se deduce que la voluntad de dicho Sr. Intendente, que ha procedido como debe, sin entrometerse en la jurisdicción eclesiástica, ha sido obligar a los eclesiásticos por medio de su superior prelado. Para que Ud. pueda proceder a tomar dicho juramento, según derecho y según la intención arreglada del Gobierno Político, es necesario que Ud. manifieste, orden del Señor Provisor. –Dios Guarde a Ud. Fray Francisco Miranda. –Piura 24 de enero de 1821”.

 

El argumento del padre guardián, era sin duda inconsistente. Las órdenes habían llegado por conducto regular. El intendente de Trujillo Torre Tagle se las había enviado al gobernador eclesiástico Cleto Gamboa y él s había trascrito sin objeción alguna a sus subordinados.

 

No se puede suponer que el Dr. Cleto Gamboa, se lavaba las manos y simplemente se limitaba a enviar las comunicaciones, para que cada cura o congregación religiosa asumiera su propia responsabilidad y decidiera si juraba o no.

 

La firma del gobernador eclesiástico era un visto bueno, y por lo tanto manifestaba su acuerdo con lo dispuesto por Torre Tagle. Por otra parte el vicario Diéguez, a su vez, cumplía con lo recibido por su superior en el obispado. Claro está que Diéguez era partidario de la causa patriota y se esmeró en cumplir con la mayor solemnidad el encargo.

 

Por tal motivo, el 25 tan pronto como los oficios de la iglesia terminaron, se abocó a resolver el problema de los franciscanos y convencer al padre guardián lo que al fin logró.

 

Por eso, el 26, se realizó en el convento de los franciscanos el Juramento de Fidelidad a la Patria. Firmaron el acta, el propio padre guardián Fr. Francisco Miranda, Fr. José María Rovira y Fr.ay Simón Castro.

 

Resultaba en verdad una ironía que hubiera sido en el convento de San Francisco en donde se proclamó la independencia de Piura, precisamente uno de los baluartes del godismo., luego los a se negaran hacerlo. No se conoce como el Alcalde León, consiguió las llaves para utilizar patios y ambientes.

 

Otro que se negó a jurar fue el párroco de Amotape. Seguramente influenciado por el marqués de Salinas que era jefe del regimiento de dragones, acantonado en ese lugar, hasta el 4 de Enero. El vicario comunicó esto al obispado y el Dr. Cleto Gamboa envió una llamada de atención al párroco.

 

En las otras parroquias no hubo mayor problema.

 

El 25 de enero se efectuó en forma solemne, y con el mismo ceremonial que se había desarrollado en la iglesia matriz, el juramento de fidelidad del convento–hospital de Belén ubicado en la Plaza de Armas.

 

Firmaron el Acta, Fr. Benito del Carmen, Fr. Manuel de San José, Fr. Francisco de la Natividad, Fr. Juan del Carmen y Fr. José de la Angustias.

 

También el día 25 se hizo la jura de fidelidad de lo mercedarios. El acto que tuvo lugar en su convento contó con la presencia de Fr. Antonio Romero, Fr. Juan Ferrer, Fr. Juan de los Santos Carbajal, Fr. Felipe Guillén, Fr. Pedro Romero y Fr. Santiago Noblecilla.

Los mercedarios de Paita, hicieron también la jura en forma solemne el 28 de enero, en domingo. Sólo había dos religiosos: Fr. José María Robira y Fr. Simón Castro.

 

En Sechura, la jura fue el 4 de febrero. El acta fue firmada por le presbítero Miguel Villarán y el presbítero Pedro José Arriaga.

 

En Querecotillo, el acta de la jura, se hizo bajo la dirección del párroco Francisco Paula de Vera. Este religioso ya había participado el 14 en la solemne jura de la independencia de esa localidad y había tenido a su cargo el sermón que se pronunció en aquella ocasión. En el acto estuvieron presentes el Vice-párroco de Querecotillo Tomás Justo de la Vega Villafranca, ardiente patriota, y el Vice-párroco de La Punta (Sullana) P. José de los Santos Vargas Machuca, futuro diputado.

 

En Huancabamba, la Independencia fue jurada por el párroco Celis, en fecha no precisada. Ni por el P. Faustino Ramírez que ha tenido oportunidad de estudiar tanto archivo de la Iglesia de ese lugar ha encontrado dato alguno. Hay que advertir sin embargo que los pueblos de Huancabamba no fueron muy devotos de la causa patriota, y como vemos más adelante dieron más de un dolor de cabeza. Por eso no extrañó que el coronel Valdés hubiera encontrado tanta facilidad en su fuga de Piura a Jaén. Como se recordará, el comandante militar Olazábal había prohibido la salida de todo español europeo de los límites del Partido.

 

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EL MARQUÉS DE SALINAS Y LA PROCLAMACIÓN DE LA HUACA

 

Don Francisco Javier de Fernández de Paredes, marqués de Salinas, era sin duda un personaje muy importante en Piura.

 

Dueño de extensas tierras en el Valle del Chira, era además coronel de milicias, y aún cuando eso no le daba opción al mando de fuerzas efectivas del ejército regular, se le había confiado el comando del regimiento de dragones que tenía acantonamiento en el pueblo de la Huaca.

 

Los patriotas piuranos, sobre todo el elemento representativo, trató de ganar a la causa de la libertad al marqués de Salinas, que en un arranque de godismo trató inútilmente de frustrar la independencia de Piura en el acto mismo de su proclamación.

 

Es posible que tuviera una pronta percepción de la situación, y que viera que la causa realista estaba ya completamente perdida, o quizá también por el llamado de la tierra y el ejemplo de tanto piurano -ya sea que del pueblo como de los grupos aristocráticos- que con gran fervor habían volcado sus entusiasmos y sus afanes por la causa de la independencia. Lo cierto es que no pasó mucho tiempo, y el empingorotado marqués de Salinas, se sumó al bando de los patriotas con tan vehemente voluntad, como antes había servido al rey.

 

Ante esta nueva situación, se le volvió a confiar el mando de las fuerzas acantonadas en La Huaca. Bien pronto hizo los méritos suficientes como para demostrar su patriotismo.

 

Sonia Cánova Delgado ha hecho conocer un interesante documento existente en el Archivo Departamental de Piura, sobre la instalación del cabildo patriota de La Huaca.

 

Fernández de Paredes era mandamás en la pequeña población. Fue entonces que aprovechando de éste ascendiente, logró que don Manuel Diéguez de la Florencia en nombre de la Junta Gubernativa Revolucionaria de Piura, lo nombrase como delegado, para que instalara un cabildo patriota en La Huaca.

 

El acto se realizó el 1° de abril de 1821 y ante el pueblo todo reunido, se conformó el cabildo que quedó integrando por don Matías Talledo como alcalde, como regidores fueron elegidos Concepción Herrera y José Torres y como secretario José Vargas.

 

En el mismo acto y dándole gran solemnidad, el marqués de Salinas, los juramentó en nombre de Dios y de la Patria.

 

Firmaron el acta que aún se conserva en el Archivo de Piura, los ciudadanos Francisco Fernández de Paredes, marqués de Salinas; Matías Talledo; Domingo Talledo; Juan de la Cruz Morales, Juan Francisco de Saldarriaga, Sebastián Buitrón, José de Vargas, Francisco Zavala, Andrés Morales, Pascual López, José Vicente García y Bernardino Morán.

 

Desde entonces, el marqués de Salinas fue un fervoroso patriota. Contribuyó pecuniariamente a la causa de la libertad, se le reconoció su grado militar como miembro efectivo del ejército logrando hasta un ascenso, representó a Piura en el Primer Congreso Constituyente, revalidó su título nobiliario, fue en muchas ocasiones miembro del Cabildo de Piura Independiente y construyó el Cementerio de San Teodoro.

 

Residía unas veces en Piura y en otras ocasiones en su casa hacienda de Tangarará cuyos vestigios todavía existían en 2000.

 

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