Capítulo VII

 

 

C A P I T U L O VII

 

 

SUCRE Y BOLÍVAR NOS ARREBATAN GUAYAQUIL

 

 

 

-         La anexión de Guayaquil

-         Santa Cruz frena el abuso de los hacendados

-         Expulsan al obispo piurano

-         Se organiza la División Norte

-         Sucre pide ayuda a Piura

-         Contribución económica

-         Actualización de títulos

-         Miguel Cortés ingresa al ejército

-         El caso de Juan José Farfán

-         Olazábal hostiliza a los patriotas piuranos

-         Peruanos parten a libertar Ecuador

-         Arenales declina el mando

-         La Mar en Guayaquil

-         Revuelta pro-colombiana en Guayaquil

-         Actitud prepotente de Bolívar

-         Reacción peruana

-         Dilema de las fuerzas peruanas en Ecuador

-         La situación en Piura.

 

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LA ANEXIÓN DE GUAYAQUIL

 

La audiencia de Quito, había sido al terminar el Siglo XVIII y comenzar el siguiente, parte integrante del virreinato de Santa Fe (Colombia) pero Abascal consideró a la gobernación de Guayaquil como parte integrante del virreinato del Perú, para los fines de la defensa militar.

 

Cuando Guayaquil proclamó su independencia en octubre de 1820, la población de ese puerto estaba dividida en tres bandos. La mayoría deseaba que Guayaquil con el resto del territorio de la audiencia de Quito se constituyera en una nación independiente. Ese sentimiento prevaleció por mucho tiempo tanto en los guayaquileños como en el resto de ecuatorianos y al fin se materializó en 1830. Los partidarios de esta idea llevaban escarapela celeste. Había otro grupo, no tan numeroso, partidario de formar parte del Perú, que llevaba escarapela roja y un tercer grupo, en realidad insignificante, que usaba escarapela rosa era pro-colombiano.

 

Tan pronto como Guayaquil proclamó su independencia, elaboró un Estatuto, rigiéndose con autonomía total. Sin embargo, la junta de gobierno que tenía como presidente a Joaquín Olmedo, solicitó la protección de San Martín y éste le envió al general Luzuriaga y a Guido.

 

San Martín deseaba que lo guayaquileños decidieran su destino voluntariamente, pero Bolívar que triunfaba en Colombia, pensaba de otra manera. Su deseo era la incorporación de la antigua audiencia de Quito, incluyendo Guayaquil, como parte integrante de la Gran Colombia. Para cumplir esta meta, no le importaban los medios.

 

En la zona de Quito, Cuenca y Loja el presidente de la audiencia, Aymerich, y el brigadier Vicente Gonzáles controlaban la situación.

 

Bolívar, para ir adelantado sus proyectos, envió en mayo de 1821 a Sucre con 1800 hombres a Guayaquil.

 

Las primeras actividades de Sucre en Guayaquil fueron netamente políticas. La Junta de Gobierno, temerosa de la cercanía de los ejércitos españoles no tuvo más remedio que aceptar las exigencias de Sucre. Éste logró que se decidiera en el futuro la situación de Guayaquil mediante un referéndum y que mientras tanto se pusiera el puerto bajo la protección de Bolívar.

 

Logrados esto objetivos, Sucre inicia su ofensiva militar y logra un pequeño triunfo en Yaguachi el 19 de agosto de 1821. Sin embargo, posteriormente sufre una contundente derrota en Huachi el 12 de setiembre, viéndose obligado a replegarse precipitadamente a Guayaquil. Si Aymerich lo hubiera perseguido, hubiera sin duda, acabado de destrozarlo y tomado Guayaquil, pero no podía distanciarse mucho de Quito y dejarlo expuesto a los patriotas que lograban éxitos en la cercana provincia de Pasto en Colombia. Por eso, dejó en las puertas de Guayaquil, un ejército de 2.000 en Babahoyo y retornó a Quito.

 

Al frente de las fuerzas realistas de Babahoyo estaba el coronel Torlá que tras de su odisea de Trujillo y de la selva amazónica había retornado a Ecuador.

 

Sucre y Torlá celebraron un armisticio de 90 días a partir del 19 de Noviembre. Pensaba así Sucre, ganar tiempo mientras reiteraba a San Martín su pedido de auxilios. Sobre esto hay que decir que tan pronto como Sucre llegó a Guayaquil solicitó a Torre Tagle el envío de una División de Auxilio y en Junio vuelve a reiterarse, lo mismo que en Agosto.

 

Lo cierto era que en Trujillo, Lambayeque y Piura, ya se había iniciado la formación de una nueva División, pero no podía aún utilizarse. Las fuerzas pedidas eran 800 soldados de infantería, 200 de caballería y además 1500 fusiles y 50 quintales de pólvora. El plan de Sucre era que estas fuerzas avanzaran de Piura hacia Loja y Cuenca, para juntarse con las que partirían en el mismo sentido desde Guayaquil.

 

Tras el armisticio de Babahoyo que le daba algún respiro, Sucre solicitó el envío del antiguo Batallón Numancia, que estaba en el Perú había cambiado su nombre por el de Voltígeros, pero para esa fecha la División del Norte ya estaba formada y tenía su núcleo principal en Piura. Como se verá más tarde, esta fuerza se cubrió de gloria en Pichincha, pero por esa época, ya Sucre gobernaba a su antojo en Guayaquil. Prácticamente estaba anexado a la Gran Colombia y los esfuerzos de San Martín para impedirlo, resultaron infructuosos.

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SANTA CRUZ FRENA EL ABUSO DE LOS HACENDADOS

 

Las formas antisociales de explotación de la tierra, que más bien era la explotación del hombre del campo, que la reforma agraria de 1969 prohibió totalmente como yanaconaje, coloniaje, etc. existieron durante toda la colonia, como un rezago de las antiguas encomiendas.

 

Cuando Santa Cruz – por entonces coronel- llegó a Piura, se encontró con un cuadro verdaderamente deprimente, dado el grado de explotación existente.

 

Las personas que habían hecho la revolución en Piura, en gran parte eran hacendados y por lo tanto mal podían dictar disposiciones que afectaran sus propios intereses. Por eso vemos que un terrateniente hasta llegó a oponerse que José María Raygada fuera ascendido a capitán por el temor que luego llagara a mandarlos.

 

En Piura, a diferencia de otros muchos lugares del Perú, no se produjeron luchas, ni operaciones militares. El único lugar afectado fue Paita con la incursión de Cochrane.

 

La ciudad de Piura y las demás del Partido, vivieron sí, unos años tensos, no sólo por las informaciones que se tenían de terribles combates en otros lugares; sino también por los cambios políticos y de autoridades que se produjeron en todo el Partido, ya que salieron los elementos afectos al sistema colonial y fueron reemplazados por patriotas antiguos o de última hora.

 

Por eso, Santa Cruz -un boliviano descendiente de indios- al poco tiempo de llegar a Piura dictó un Decreto reprimiendo el abuso de los hacendados. Era el siguiente:

 

Don Andrés de Santa Cruz, Coronel de Caballería de los Ejércitos de la Patria y Gobernador Político y Militar de este Partido por la misma.

 

Por cuanto estoy informado de que existen abusos que conservando el carácter de despotismo oprimen aún a los infelices, sobre cuya suerte vela el Gobierno y deseando cortarlos en beneficio de la humanidad, cuyas leyes hemos jurado con los de la igualdad y filantropía.

 

Por lo tanto, declaro lo siguiente:

 

Art. Primero.- Todo hacendado está obligado a respetar la propiedad de sus colonos, como uno de los más sagrados derechos que asegura la de todos.

 

Art. Segundo.- En virtud de lo anterior, ningún hacendado podrá expeler por pretexto o motivo alguno a sus colonos, mientras éstos no hayan formalmente hecho y dispuesto de las cosechas de sus labores.

 

Art. Tercero.- Ningún colono tiene obligación de hacer servicios al hacendado de balde, siempre y cuando pague el precio justo y cabal de su arrendamiento, el que deberá de ser pactado por mutuo convenio entre hacendado y arrendador.

 

Art. Cuarto.- Todos los colonos pueden disponer de los frutos de su trabajo como y donde quieran sin reconocer obligación de vendérselos a personas determinadas.

 

Art. Quinto.- Los hacendados que quieran exigir servicios de sus colonos, deberán de pagárselos a los precios corrientes inmediatamente que los hagan.

 

Art. Sexto.- El colono que ocupe tierras de balde, está obligado por agradecimiento a manifestarse con su bienhechor.

 

Art. Séptimo.- Entiéndase generalmente que no hay más que una contrata entre hacendados y colonos y que conforme a ella, nadie puede exigir nada de obligación a más de lo estipulado en la contrata, y cualquiera que se resienta de ella puede reclamar al Gobierno, que está pronto hacer justicia a quien la reclame.

 

Art. Octavo.- Las infracciones serían penadas con doble precio de los daños reclamados.

 

Publíquese por bando y circúlese.- Piura, Noviembre veinte y ocho de mil ochocientos veinte y un años.- Andrés de Santa Cruz.- Manuel Revolledo, Secretario del Gobierno Público y del Cabildo.

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EXPULSAN A OBISPO PIURANO

 

Los prelados de las altas jerarquías eclesiásticas fueron en gran número fervorosos adictos a la monarquía española.

La Iglesia había sido en cierta forma el pilar sustentador del absolutismo real.

 

Los reyes alegaban que habían recibido el poder de Dios y que sólo a Él correspondía rendirle cuenta de sus actos. Era por lo tanto todo lo contrario a la Democracia.

 

En el Perú, varios religiosos mostraron más energía que los mismos militares en la defensa del régimen colonial. Algunos prefirieron ir al destierro antes que jurar fidelidad a las nuevas autoridades y al naciente sistema. Entre ellos estuvo el Obispo de Huamanga, el piurano Pedro de Gutiérrez de la Coz.

 

Cuando San Martín desembarcó en Pisco, envió de inmediato una División al interior al mando del Coronel Álvarez de Arenales. Cuando éste se aproximaba a Huamanga, el Obispo dejó la ciudad y se dirigió a Lima en donde permaneció más de un año.

 

Gutiérrez de la Coz no siguió el ejemplo del Arzobispo de Lima, las Heras que se plegó a la causa patriota, pero que de todos modos fue deportado.

 

Por lo tanto a fines de noviembre de 1821 se le dio ocho días de plazo para salir de su patria.

El 6 de diciembre el Director de Marina, pasaba el siguiente informe:

 

Ilustrísimo y Honorable Señor Ministro de Guerra y Marina.

 

Tengo el honor de transcribir a V.S.I. el parte que con esta fecha me da el Capitán de Puerto y dice lo siguiente: Señor Director General de Marina.- A las 3 de la tarde se dio a la vela la fragata inglesa Harleston, con destino a Guayaquil, su capitán David Proodfoos con 85 individuos a bordo de capitán a paje. Su cargamento, son efectos de la india y conduce de pasajeros al Señor Obispo de Huamanga don Pedro Gutiérrez de la Coz, con su Secretario don Hermenegildo Cueto, el capitán Francisco Alborina, doña María de Jesús Olasagarrí, don Isidro de Amesti y don José Vicente Landázuri, todos con sus licencias necesarias.

 

Pesa este buque 537 toneladas, según documentos que se entregaron.- Capitanía del Puerto de Callao, 6 de diciembre de 1821.- Francisco Erescano.- Dios Nuestro Señor guarde a V.S., muchos años.- Callao 6 de diciembre de 1821.- Luis de la Cruz Director General de Marina.

Tan pronto llegó a España, el rey premió al obispo entregándole la diócesis de Puerto Rico.

 

Pero el prelado piurano añoraba a su patria lejana y solicitó su repatriación, lo que le fue otorgada por la Junta de Gobierno un año más tarde.

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SE ORGANIZA LA DIVISIÓN DEL NORTE

 

Álvarez de Arenales se improvisó como un buen gobernante en Trujillo mereciendo la estima de todo el vecindario.

 

Pero una de las principales misiones que le habían sido encomendadas, fue la de acelerar la formación de la División del Norte que debía de tener sede en Piura. Este objetivo tuvo un eficaz colaborador en la persona del Coronel Santa Cruz, Gobernador del Partido de Piura.

 

Álvarez de Arenales puso verdadera pasión en crear milicias y unidades de caballería y de infantería en el norte del Perú en forma tal que al cabo de pocos meses ya tenía 13.182 hombres sobre las armas. De esa forma el norte se presentaba completamente sólido como baluarte de la causa emancipadora y pudo contribuir así en sellar la independencia de Ecuador en la decisiva batalla de Pichincha. Se envió también 1.200 soldados a San Martín y una gran cantidad de mulas y pertrechos militares..Las fuerzas que partieron de Chiclayo eran mandadas por el patriota Pascual Saco. que armó y vistió por su cuenta a 800 hombre.

 

En cuanto al partido de Piura, se disponía de los siguientes efectivos: a) el Batallón de Infantes de Piura con 590 soldados, recientemente formado, que primero tuvo como jefe al teniente coronel don Casimiro Silva y más tarde al comandante Francisco Villa. b) El regimiento de caballería de Chalaco bajo el mando de Luis Farfán de los Godos, que tenía 491 hombres y c) . El regimiento de dragones de Amotape con 390 soldados al mando del Marqués de Salinas, Francisco Xavier Fernández de Paredes. Este personaje como muchos otros durante los años de emancipación había sido un acérrimo realista, que hasta dejó oír su voz de oposición a la Proclamación de la Independencia de Piura . Sin embargo, al poco tiempo hizo un acto de contrición y abrazó la causa patriota, revalidó su título de nobleza, erogó sumas de dinero para la causa de la libertad, llegando a destacar en la actividad pública y política.

 

En Querecotillo había un batallón de 799 plazas, distribuido en diversos acantonamientos al mando del comandante M. Vargas Machuca.

 

Una compañía la mando del teniente José Segundo Roca -argentino que llegó a General- que había estado luchando contra los insurrectos realistas en Otuzco y Cajamarca, fue trasladada a Piura y sirvió de base para la formación del regimiento “Cazadores a Caballo del Perú”. Luego se formó el regimiento Cazadores de Paita.

 

De Trujillo llegaron unos por tierra y otros por mar los Batallones 1 y 2 del Perú y el Batallón Trujillo. Éste último se embarcó íntegro en el puerto de Huanchaco hacia Paita. Luego llegó el famoso regimiento argentino “Granaderos de los Andes”.

 

Por lo tanto, el segundo semestre de 1821 fue para Piura de grandes ajetreos militares. Las tropas desembarcaban en Paita, poniendo en movimiento a las autoridades y a todo el pueblo. De allí emprendían la marcha sobre el tablazo con dirección a la ciudad de Piura.

 

Santa Cruz se vio en la necesidad de multiplicarse preparando cuarteles y asegurando el abastecimiento de las tropas. Éstas se distribuyeron por diversos lugares. A las claras se veía que se preparaban esos contingentes para una gran operación militar y eso no podía ser otra que la de sellar la independencia ecuatoriana que no podía culminarse por la resistencia de Aymerich y Tolrá.

 

Bolívar no podía auxiliar a Sucre porque se encontraba envuelto en una lucha tremenda contra los realistas de Pasto. En abril de 1822 todavía estaba embargado en esos combates y no obstante haber logrado el 7 la victoria de Bomboná, no consiguió destruir al ejército enemigo.

 

El jefe realista Basilio García se disponía atacar a Bolívar, cuando recibió la noticia de la victoria peruano-colombiana de Pichincha y la capitulación de Aymerich. Eso suponía que se encontraba completamente sólo en un territorio enteramente patriota e independiente. Entonces desalentado capituló. Es decir que la victoria de Pichincha a la que tanto contribuimos, decidió también la lucha en Colombia.

 

Por lo tanto los ecuatorianos deben mucho, en el logro de su independencia a los peruanos y sobre todo a los piuranos, que pusieron el mayor contingente de sangre en la División de Santa Cruz.

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SUCRE PIDE LA AYUDA DE TROPAS DE PIURA

 

Álvarez de Arenales, desde Trujillo informó el envío de ayuda a Sucre, el que no obstante la victoria de Yaguachi se encontraba en precaria situación -pues fue luego derrotado en Huachi- por cuyo motivo demandaba urgentes auxilios. De Trujillo y Lambayeque, ya habían salido las tropas hacia Piura.

 

Sucre escribía el 14 de setiembre al Ministro de Guerra del Perú, General de las Heras, una comunicación haciéndole conocer que el 1ro. de Setiembre había recibido del general Arenales el anuncio de que se estaban embarcando en Huanchaco el batallón Trujillo y el escuadrón de Granaderos a Caballo, cuya fuerza unida a la ya existente en Piura excedería de los mil hombres, con lo cual el Coronel Santa Cruz podía ya brindar su cooperación a la campaña que proyectaba. Sucre. Decía Las Heras que con esas tropas se podría lograr fácilmente la ocupación de Cuenca, mientras las tropas de Colombia (de Bolívar) ingresaban a liberar a Quito. Iba a ser un movimiento de pinzas, pero los ejércitos de Bolívar jamás llegaron. En el mensaje, Sucre daba a entender que pensaba violar el armisticio pactado con Tolrá bajo el pretexto de que había llegado a Panamá un nuevo virrey para Santa Fe (Colombia), el general español Cruz Murgeón.

 

Anunciaba Sucre que estaba enviando un jefe a Piura para entrevistarse con Santa Cruz y acordar lo necesario para que la división peruana marchase sobre Loja, mientras él (Sucre) se dirigía a Cuenca.

 

Señalaba a Cuenca como sitio de reunión de los dos ejércitos para marchar juntos. Era interés especial de Sucre ocupar Cuenca en Enero, para evitar que el invierno dificultara la campaña. Creía el general venezolano que Alvarez de Arenales vendría comandando la División Peruana y dado su más alto rango hacía notar que entregaría a Arenales el comando general de los dos ejércitos.

El ministro de guerra de San Martín, general Juan Gregorio de las Heras, apremiaba a Arenales y a Santa Cruz para que cuanto antes estuviera en situación de actuar la División del Norte, para lo cual la integró con un brillante cuadro de oficiales.

 

En Lima había sido licenciado como comandante del Batallón Voltígeros, ex Numancia, el coronel Tomás Heres -colombiano- que desde mucho tiempo antes había estado intrigando, para que se “devolviera” el Batallón Colombia. Bien sabía este coronel que las fuerzas ofrecidas a Sucre eran otras, pero seguía insistiendo en el ex Numancia.

 

De Lima, Tomás Heres se dirigió a Guayaquil y se entrevistó con Sucre, tratando de convencerlo de que reclamase al Voltígeros o ex - Numancia. No quiso, sin embargo, Sucre meterse en problemas, pero de todos modos comisionó a Heres para se entrevistara con Santa Cruz y acordara lo necesario para el auxilio.

 

Heres salió de Guayaquil el 14 de diciembre, y llegó a Paita cuatro días más tarde. En el puerto se detuvo algún tiempo de tal manera que recién llegaba a Piura el 27 de diciembre de 1821. El comisionado venía con instrucciones estrictas de Sucre, contenidas en 10 puntos.

 

En el primer punto se le señalaba el itinerario de Paita y luego Piura. En el punto 2 le recomendaba se enterase de las órdenes que habían respecto a las fuerzas que habían sido trasladadas de Trujillo a Piura, y que hiciera conocer a Santa Cruz la exacta situación de las fuerzas patriotas en Guayaquil, los motivos por los cuales celebró el armisticio de 90 días, la posibilidad de quebrar el armisticio y los temores por la llegada del general español Cruz Murgeón como virrey de Santa Fe.

 

El punto 3, inducía a Heres a que estableciera bien si en el caso de que la división peruana cruzara la frontera entre el 15 y el 20 de enero, estaría en situación de llegar con 1000 hombres cuando menos a Loja.

 

El punto 4to. era para que en caso de no estar aún las tropas peruanas para movilizarse, estableciera bien cuando podrían estarlo.

 

En el punto 5to. planteaba Sucre la necesidad de una exacta coordinación entre los movimientos de los dos ejércitos.

 

En el punto 6to. decía Sucre que él marcharía sobre Cuenca con mil hombres que en la marcha aumentaría a 1400 pues esperaba varios contingentes, debiendo las tropas peruanas moverse con un itinerario tal que pudieran entrar en Cuenca el mismo día, tras un descanso en Loja.

 

El punto 7 establecía que en caso de venir el General Arenales tomaría el comando del ejército unido desde Cuenca.

 

El punto 8 decía: Si se exigiese al señor coronel Heres, que la república (Ecuador) abone los gastos que se causaren en esta empresa, lo hará con dificultad, conviniendo que, a la entrada a Quito se pagarán los gastos de la expedición, y que en Cuenca, se dará el entretenimiento de los cuerpos y el vestuario.

 

El punto 9 establecería que ante la posibilidad de que el coronel Heres tuviera que estar algún tiempo dilatado en Piura, llevará al capitán José María Gómez como asistente.

 

Como punto 10, se daba facultad a Heres para tratar cualquier punto no mencionado anteriormente.

 

Heres comprendió en Piura que las tropas aún no estaban listas para marchar a Loja, no obstante el entusiasmo puesto por Santa Cruz en la empresa en forma tal que hasta donaba la mitad de su sueldo mensual para la expedición, pero los problemas económicos y otros, eran muchos. Por eso, aprovechando Heres la ocasión, volvió a insistir en el envío inmediato del ex Numancia y hasta hizo un itinerario de su viaje como si fuera todavía su comandante.

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SANTA CRUZ EN SULLANA

 

Para cumplir en mejor forma el encargo de solicitar el enrolamiento de jóvenes en las filas del ejército patriota, el coronel Santa Cruz visitó varios pueblos de la región. Uno de esos fue La Punta donde se le tributó un gran recibimiento popular.

Eran unos notables, don Narciso Coloma y doña Natalia Maldonado, los que brindaron un almuerzo, en la casa de Coloma en ka calle llamada hoy Córdova. a su ilustre visitante habiendo concurrido numerosos vecinos varones y mujeres. Al momento de los brindis, doña Natalia, presentó a sus dos hijos adolescentes Idelfonso y Narciso, y solicitó a Santa Cruz lo admitiesen en las filas del ejército independiente. Ese rasgo, tan patriota impresionó al curtido y veterano coronel, por cuanto era una decisión propia de las damas de la antigua Roma, pero su asombro fue mayor, cuando, en forma sucesiva y con un asombroso contagio, otras catorce madres, también ofrecieron a sus hijos a la Patria. Eso quedó grabado para siempre en la mente de Santa Cruz y cuando años más tarde llegó a ser Presidente del Perú, elevó a La Punta a la categoría de Villa y le restituyó el antiguo nombre de Sullana.

 

Todos los jóvenes que en La Punta ingresaron al ejército patriota, pelearon en la batalla de Pichincha el 24 de mayo de 1822, comportándose con tanto valor que Santa Cruz elogió el valor de muchos de ellos. La mayor parte eligieron el arma de caballería y estuvieron también en Junín, en Ayacucho y en el Alto Perú. No sabemos cuantos murieron en la larga, lejana y peligrosa campaña militar. Idelfonso Coloma llegó a ser general.

 

El 28 de mayo de 1988, el profesor José del Carmen Noel Sánchez, ya fallecido, escribía en el diario “El Norte” de Sullana, que al celebrarse en 1922 el primer centenario de la Batalla de Pichincha, hubo una ceremonia patriótica y recordatoria en la calle Córdova, donde se supone estuvo el domicilio de la familia Coloma Maldonado. El lugar exacto era el espacio hoy vacío, donde comienza la transversal Tarapacá, que en 1922 estaba ocupado por una casa ruinosa ubicada entre el domicilio que fue de don Santiago Calderón y las cocinas del antiguo mercado de abastos.

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LA CONTRIBUCIÓN ECONÓMICA DE PIURA

 

La presencia de tropas en Piura en tan gran cantidad, exigía un gran gasto en mantenerlas.

Como San Martín pasaba por constantes penurias económicas, el sostenimiento de los soldados recaía en las poblaciones de la región norte.

 

Ya se ha visto como él mismo Santa Cruz daba la mitad de su sueldo, gesto que fue imitado por muchos oficiales.

Constantemente se formulaban listas de erogantes. En diciembre (28) de 1821, el Secretario del despacho de la Hacienda de Trujillo, don Manuel Vásquez de Novoa informaba al Ministerio de Guerra para que se insertase en la Gaceta de Lima, la siguiente erogación:

 

Pesos

_ Juan Antonio Taboada (empréstito) 300

_ Antonio Palomino (empréstito) 300

_ Pío Garrido (empréstito) 500

_ Tomás Diéguez (aporte mensual) 25

_ Baltazar de Taboada 50

_ Coronel Manuel Carrasco 100

_ R.P. Antonio Romero 17

_ Antonio Ruiz 50

_ José Manuel Angeldonis 100

_ Miguel Seminario y Jaime 50

_ Marqués de Salinas (em préstito) 250

_ Cláudio Moreno (em préstito) 100

_ José Miguel Arellano (empréstito) 100

_ José Antonio López 200

_ Andrés Aguirre 150

_ Valentín Guerreo (empréstito) 100

_ Luis Valdivieso (prestó) 200

_ José Antonio Valdivieso (préstamo) 50

_ Narciso Espinosa (prestó) 50

_ Francisco Ugarte (prestó) 50

_ Francisco Camacho (prestó) 50

_ Luis Montero (prestó) 50

_ Manuel Silva (prestó) 50

_ Baltazar Taboada (prestó) 150

_ Manuel Aliaga (prestó) 50

_ Mateo Meneses (prestó) 50

_ José Moscoso (prestó) 50

_ Juan Manrique de Lara 100

_ Manuel Cruceta (prestó) 100

_ Pedro León (prestó) 200

_ Diego Escardón 100

_ Ignacio Checa y Salas 72

_ Cura Casimiro de la Sota 50

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_ Los préstamos fueron 1.928

_ Otras donaciones menores 3.052

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Total 4980

 

Como puede apreciarse, las personas que figuran arriba fueron muy importantes y conocidas.

 

Los sueldos por esa época eran:

 

Coronel …………………………………………. 240 pesos de 7 reales

Teniente Coronel ……………………………….. 160

Sargento Mayor………………………………… 110

Capitán…………………………………………. 90

Teniente………………………………………… 60

Sub-Teniente…………………………………… 45

Sargentos 1ros. …………………………………. 40

Sargentos 2dos. ………………………………… 36

Cabos…………………………………………… 11 a 13

Soldados ………………………………………... 10 a 11

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ACTUALIZAN TÍTULOS DE NOBLEZA

 

San Martín deseaba para el Perú un gobierno monárquico, o cuando menos que fuera una república aristocrática con muchas de las instituciones de un reino.

Al salir de Chile, el gobierno de ese país le recomendó mantuviera la existencia de la nobleza y de sus títulos, que no se alterase el sistema de castas y que esto se tuviera en cuenta aún en la organización militar, y que no se modificará nada lo referente a la esclavitud.

 

Por eso fue San Martín en su proclama del 20 de Julio de 1820, al partir del puerto de Valparaíso al Perú, hizo conocer que la revolución americana no iba contra los privilegios de la nobleza.

Como por otra parte muchos nobles abrazaron la causa de la libertad, San Martín se vio entonces favorecido en sus planes monárquicos.

 

Fue por eso que creó el Consejo de Estado, la Orden del Sol y dispuso la revalidación de los títulos de nobleza.

El 27 de diciembre de 1821 daba San Martín el siguiente Decreto:

 

1ro. Los títulos existentes en el territorio del Estado que antes se llamaban títulos de Castilla, se denominarán en lo sucesivo Títulos del Perú.

 

2do. Todos los actuales poseedores presentarán en el término de un mes los de esta capital, y en tres meses los de afuera, las cédulas de concesión que tengan, en el Ministerio de Gobierno, para que sean refrendados con la nueva denominación que cada uno elija, si quieren variarla. Las cédulas originales, se devolverán a los interesados, y quedarán archivados los testimonios de ellas. Los nuevos títulos se expedirán en el papel del sello mayor.

 

3ro. Los que no presenten sus títulos para ser refrendados, en término prefijado, perderán su posesión; y pasarán por el mismo hecho a sus inmediatos sucesores.

 

4to. El derecho de lanzas y medias anatas, subsistirá como hasta aquí.

 

No todos los nobles poseedores de títulos se presentaron para la refrendación.

 

Entre los que lo hicieron estaba el piurano Marqués de Salinas, Francisco Javier Fernández de Paredes, cuya revalidación el 22 de abril de 1822.

 

El Congreso Constituyente por acuerdo del 12 de noviembre de 1823 declaró que era incompatible con el sistema republicano la existencia de los títulos nobiliarios y los prohibió para los ciudadanos peruanos. De los que votaron para su anulación estuvieron dos nobles: el marqués de Torre Tagle (o de Trujillo como se le cambió) y el conde San Donás.

 

El 9 de marzo de 1825, el Congreso extinguió la Orden del Sol, en el mismo momento en que Bolívar se proponía establecer una nueva Orden que iba a llamar de los Libertadores.

 

Posteriormente se restauró la citada Orden del Sol, hasta nuestros días.

San Martín propuso al virrey Pezuela transformar al Perú en un reino independiente gobernado por un príncipe español, lo que aceptó Pezuela pro no así un grupo de altos oficiales realista bajo el mando del general La Serna. Fue entonces depuesto Pezuela y reempleado por La Serna.

 

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GUÍA DE FORASTEROS

 

Al igual que en la Guía que elaboró Hipólito Unánue, muchos lustros antes de la independencia, así también se hizo una el año de 1822. La tarea fue ejecutada por don José Gregorio Paredes, Catedrático de Prima de Matemática de la Universidad Mayor de San Marcos, Cosmógrafos del Perú y 7mo. miembro de la Sociedad Patriótica.

 

En dicha Guía aparecía una relación de todas las autoridades de Lima y de los Departamentos del Perú Independiente, así como de los profesionales.

 

Con respecto a las autoridades de Piura, aparecían las siguientes:

 

Gobernador, coronel Andrés de Santa Cruz, al cual también se le consideraba jefe de Escuadrón de Cazadores con acantonamiento en Lima.

 

El comandante Félix Olazábal, aparecía como jefe del Batallón N°2, comandante del Batallón de Infantería de Piura, el tnte. crl. Juan José Rengifo.

 

Jefe del Escuadrón de Caballería con acantonamiento en Querecotillo, el cap. Miguel Vargas Machuca.

 

Los Dragones de Amotape tenían como comandante al coronel marqués de Salinas y como Ayudante Mayor, a Domingo Talledo.

 

El Escuadrón de Caballería de Huancabamba, tenía como su jefe al tnte. coronel Juan Manrique de Lara.

 

Administrador de correos de Piura era don Juan Sánchez Navarrete, el que percibía una comisión del 20% sobre la recaudación.

Como administrador de correos de Paita figuraba don Manuel Gonzáles Otoya.

 

Oficial de contaduría era don Joaquín Helguero que había sido furibundo realista y acusador del Padre Ayuso, por sus actividades a favor de la Patria.

 

La aduana de Paita estaba bajo la administración de don José María León, que tenía como interventor a don Ignacio María Herrera, como Oficial de Entradas a don Manuel Reyes Ochoa, como Oficial de Salidas a don Ramón Romero, Teniente de Resguardo a Manuel Morante y 4 guardas.

 

Era Jefe de la Receptoría de Piura don Vicente Navarrete, Amanuense José Toribio Seminario y se disponía de un guardia.

 

Los Curas y Vicarios eran los siguientes:

 

Piura, Casimiro de la Sota, que tenía el cargo desde muchos años atrás.

Sechura, Miguel Ángel Villarán.

Catacaos, el Vicario Eclesiástico Tomás Diéguez.

Penacho y Salas (en la actual Lambayeque), Valentín Tagle.

Olmos, Manuel Checa.

Motupe, José Antonio Martínez Noriega.

Paita, Fray Luis Fajardo.

Amotape, Miguel Carpio.

Huancabamba, Tadeo Celis Montenegro.

Frías, Manuel José Arrunátegui.

Ayabaca, Manuel García Coronel.

Huarmaca, José Cáceres.

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MIGUEL CORTÉS INGRESA AL EJÉRCITO

 

La presencia de las tropas peruanas que se presentaban a marchar al Ecuador encendió la chispa del patriotismo de la juventud.

 

Adolescentes de toda condición social solicitaron su ingreso al ejército. Entre ellos, un jovencito de 18 años, Miguel Cortés del Castillo que iba luego a pelear en Pichincha y en Junín, cayendo en ésta última acción de armas.

 

El ingreso a filas de Miguel Cortés se establece con la siguiente comunicación, de Santa Cruz a San Martín.

 

Paita, 23 de enero de 1822.

Excelentísimo Señor Presidente del Perú don José de San Martín.

H.S.P.d.D.

Atendiendo a la buena disposición del joven don Miguel Cortés que desea unirse a las filas de la patria, y a las circunstancias que reúne a su favor por familia, y por los servicios que han hecho desde la jura de la independencia en esta ciudad, lo he admitido en la clase de cadete en el Batallón de esta ciudad, ofreciéndole proponerlo a Vuestra Señoría Honorable para el grado de Alférez, y habiendo asegurado antes las asistencias conforme al Reglamento. Espero que Vuestra Señoría Honorable, acceda a concederle dicha gracia para que lo contemple acreedor.

Andrés Santa Cruz

 

En Paita se encontraba el regimiento de “Cazadores a Caballo del Perú”.

 

Cortés había nacido el 25 de setiembre de 1803, el día en que se bautizó a San Miguel el Santo Patrono de Piura.

Sus padres fueron don Antonio Cortés y Fuentes Zorrilla de la Gándara y doña María Paula del Castillo y Talledo.

Fueron sus tíos don Fernando Torcuato Seminario y Jaime casado con doña Marina Joaquina del Castillo y Talledo, Velásquez Tineo. Es decir que el parentesco era por parte de madre. Consecuentemente fue tío de Grau, pero no tenía parentesco con Miguel Jerónimo Seminario y Jaime.

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EL CASO DE JUAN JOSÉ FARFÁN

 

Mucho se ha especulado en torno al héroe sullanero Juan José Farfán, con relación a las acciones de guerra en que intervino y el grado militar que alcanzó.

 

En enero de 1822 cuando Miguel Cortés ingresaba al ejército, Juan José Farfán era un niño de apenas 12 años y 7 meses. Por lo tanto, no podría haber ingresado a la División Norte que organizaba Santa Cruz.

Pudo haber nacido el 10 de julio de 1809. y la batalla de Pichincha fue en 1822. Cuando vino Bolívar al Perú concentró su ejército en el Callejón de Huaylas en 1823 y por entonces Juan José Farfán solo tenia 14 años. Las batallas de Junín y Ayacucho fueron en 1824 y por entonces Farfán llegaba a los 15 años.

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La partida de bautizo, dice textualmente:

 

“El infrascrito Vicario Foráneo y Párroco de la Santa Iglesia Parroquial Matriz de la Santísima Trinidad de Sullana.

CERTIFICA, que en el Libro de Bautismos del Archivo Parroquial, que comienza el cinco de Junio de mil ochocientos ocho a folios 34, se halla al siguiente Partida que literalmente dice así:

“Año del señor de mil ochosientos y nuebe (sic) en dies días del mes de Sepe. Yo el inter Cura de este Partido de la Punta butisé puse óleo y Crisma aun párvulo sambo de edad de tres meses y puse pr. nombre Juan, hijo Legitimo de Matias farfán y de Margarita Zéspedes fueron sus Padrinos Polinario Salvador y Juliana Enri,z a qnes. advertí la obligasn. y parentesco y pa. qe. conste firmo.- Miguel Jaime.”

 

La presente Partida es fiel copia del original a que me remito de lo que certifico en Sullana 24 de octubre de 1978.- Mauro Monedero”.

 

Cuando Bolívar decidió tomar en 1823 la ofensiva contra los ejércitos realistas, concentró en Noviembre sus fuerzas en Pativilca para prepararlas y entrenarlas. Si Juan José Farfán se hubiera enrolado en esa oportunidad, habría que admitir, que en ese entonces tendría 14 años y 5 meses, y menos al momento de enrolarse.

 

Su participación en la Batalla de Ayacucho, es más posible, pues tenía 15 años y 6 meses. Sea lo que fuere, parece que Farfán no militó mucho tiempo en el ejército, pues sólo llegó a cabo.

 

En efecto, una comunicación de fecha 19 de febrero de 1979 (Oficio 013- SJEM-DH/a del Departamento de Historia del Cuartel General del Ejército, del Ministerio de Guerra, que firmaba el Jefe de Departamento de Historia, Coronel Hernán Benza Chacón, dice en un acápite:

“El Departamento de Historia a mi cargo, sensiblemente no encuentra mayores datos acerca de la actuación del Sargento 2do. Juan José Farfán Céspedes, como combatiente de las Batallas de Junín y Ayacucho en las filas del Ejército Libertador, a no ser la referencia que aparece en el depósito central del archivo de Ministerio de Guerra, cuya Resolución Ministerial de 23 de Mayo de 1897, a la letra dice: Se mandó archivar el expediente del Cabo Juan José Farfán Céspedes, pidiendo goces como vencedor de Ayacucho, por haber fallecido en Piura”.

 

Farfán, inició -según parece- demasiado tarde el trámite para que le reconocieran su participación en Junín y Ayacucho, pues murió el 13 de mayo de 1897 a las 3.30 p.m. a los 87 años, 9 meses y 10 días.

Su partida de defunción, inscrita por José Antonio Farfán, tiene un error, pues dice que murió de senectud a los 97 años de edad, sin asistencia médica. Según eso, Farfán habría nacido en 1800, y eso no es así de acuerdo a su partida de bautizo. Lo que pasaba, era que muchas veces, nadie se interesaba por la edad de las personas mayores. Firmaron como testigos de la defunción, Baldomero Farfán y José M. Cardó que por entonces era inspector de Registros Civiles. Es decir, testigo perpetuo.

Por lo tanto la inscripción en el mármol de su mausoleo a la entrada del Cementerio de Sullana que lo considera como Sargento Mayor es errónea.

 

Sobre el natural anhelo que a veces tiene los pueblos por encumbrar a sus hijos, y exagerar los hechos, debe prevalecer la verdad histórica y eso es lo que hago.

 

Juan José Farfán no fue un combatiente de Pichincha, ni de Junín. Posiblemente lo fue de Ayacucho. Tampoco fue Sargento Mayor, y ni siquiera Sargento 2do. sino simplemente Cabo, pero eso no disminuya un ápice los méritos que pudo tener. Hay que pensar en todo lo que significa, para un muchacho de 15 años, dejar su tierra cálida, para marchar con el ejército patriota a lugares lejanos y frígido para luchar allí por la Patria. ¡Honor al Cabo Juan José Farfán combatiente de Ayacucho!

 

En los archivos del Departamento de Historia del Ministerio de Guerra, se revisó la relación de los combatientes de Junín y no aparece allí el nombre de Juan José Farfán, pero sí el de otros sullaneros y del Departamento de Piura.

 

En los archivos aparecen los nombres de los sullaneros, José María Raygada Gallo, y José Idelfonso Coloma, que son tan conocidos. También Jerónimo Garrido del Castillo, que luchó en Pichincha, Junín, Ayacucho, el Alto Perú, los Castillos del Callao y la guerra contra la Gran Colombia. Los hermanos Eugenio y Ventura Raygada Gallo que lucharon en Pichincha, Junín y Ayacucho y el sargento Bernardo Mogollón que combatió en Junín, Ayacucho y el Alto Perú.

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OLAZÁBAL HOSTILIZA A LOS PATRIOTAS PIURANOS

 

Los patriotas piuranos que habían actuado en enero de 1821, habían logrado ganar para la Patria, no sólo el amplio territorio del partido de Piura, sino también eliminarlo como bastión realista y obtener el control militar de la región, sin que se hubiera producido una sola muerte.

Esas personas se creyeron pues con derecho -como era justo suponerlo- a intervenir en la reorganización de los asuntos políticos de la región, a la cual conocían mejor que nadie.

 

Grande fue por lo tanto su sorpresa, cuando al poco tiempo de lograr la Independencia de Piura, llegó el joven oficial argentino Félix Olazábal con documentos de Torre Tagle, que lo nombraba como Jefe Militar de toda la región.

 

Seguramente que Olazábal tenía méritos suficientes a pesar de su juventud para ser considerado un buen militar, pero indudablemente le faltaba tacto para ser un político, responsable de la administración de una región tan importante y extensa como el Partido de Piura.

 

Muy pronto se creó una especie de tirantez con la gente principal de Piura que había servido con tanto desprendimiento a la causa de la patria. En Olazábal, se veía a un extranjero (argentino) pues ni siquiera era peruano, completamente inexperto en asuntos administrativos, poco apto para el cargo.

 

Fue así como hemos visto que actuó con exceso de rigor con Frías. Luego entró en pugna con José Manuel López Merino, persona que no sólo había tenido una actuación decisiva la noche del 3 de enero sino que constantemente, al igual que su padre había contribuido a los gastos que había que hacer, pues era un acaudalado comerciante.

 

Olazábal lo acusó de traición, dispuso su apresamiento y la confiscación de sus bienes.

López Merino, temiendo por su vida, huyó a Ayabaca y luego a Loja.

A causa de las penurias, y por carecer por entonces de recursos, enfermó pero eso no impidió su fervor patriótico y por donde fue, se constituyó en un difusor de las ideas libertarias.

 

En setiembre de 1821, estaba López Merino en Loja, y fue uno de los que contribuyó a la proclamación y jura de la Independencia de esa ciudad, habiendo incluso firmado el Acta de Proclamación.

 

El 27 de octubre de 1823, el patriota don Manuel Diéguez, el mismo que se enfrentó a Casariego, al tener que prestar un testimonio con relación a un hecho judicial en que se vio envuelto López Merino, decía con relación a éste:

 

“… pero no obstante esta decisión y este patriotismo, don Félis Olasaban pr. sostener el atropellamiento qe. hizo a este benemérito patriota, y quisá pr. engrasarse también en sus bienes, le acusó de ser infiel a la Patria, entonces fue quando Lopes fugó pa. Loxa, temiendo qe. este exsaltado Gefe atentase su vida: más no fue inútil su aucencia de Lópes pa. ese pueblo pr. qe. supo con bastante ingeniosidad engañar al general Gonzáles qe. con su dibisión trataba de acometerlos (a los piuranos), pintándole unas fuerzas de las que realmente

carecíamos, y comunicándonos a su costa quantas medidas tomaba aquel

 

General, para que nos precabiesemos, de suerte que puedo asegurar que si ni es

por Lopes, Ntra. independencia fracasa …”

 

El testimonio de don Miguel Jerónimo Seminario y Jaime, muestra una opinión un poco tacaña y no muy generosa en reconocer los méritos ajenos, para no desmerecer los propios. A pesar de todo no puede eludir el puntualizar -aunque a regañadientes- la participación del abuelo del escritor López Albújar, y por eso al prestar testimonio el 21 de octubre de 1823, dice:

 

“Es berdad qe. en el día quatro de Enero de ochocientos veinte y uno, fue uno de los concurrentes a la junta de ese Pueblo qe. hizo en el Convento de San Frco. de esta ciudad pa. abrir un Pliego de la Intda. de Truxo, que lo fue entonces, y proclamar ntra. Independa. Qe. disfrutamos y tamvién es berdad fue asi mismo uno de los concurrentes al tiempo y. desarmé en aquel día quatro al Batallón del rey qe. necesitaban hacer ala seguridad de ntra. Independa. y efectivamente concurrió con siquenta pesos, así mismo como lo hizo todo este vecindario pr. l as erogaciones qe. según sus facultades les permitía hacer: siendo tamvién evidente qe. quando se halló en la ciudad de Loxa, me escribió unas cartas comunicándome los movimientos del Exto. (ejército) enemigos, contra esta ciudad qe. nunca se verificaron. Es todo lo que puedo informar en el particular y con atención al decreto marginal”.

 

Como puede apreciarse, este testimonio es muy diferente al dado por don Manuel Diéguez y también a la reseña de J. M. Arellano.

Por eso don Manuel Vega Castillo, expresa: “En primer lugar, resulta injusta por decir lo menos, la altiva referencia del Gobernador sobre la erogación de 50 pesos que López hizo a la causa patriota, porque esa entrega fue de carácter inmediato y al donante cumplió con su deber de entregar todo el dinero que llevaba en la cartera …”.

 

Cuando Sucre logró el 19 de agosto de 1821 el triunfo de Yaguachi, se llenó de un exceso de optimismo. Como ese sitio está muy cerca de Guayaquil, en lugar de avanzar sobre le resto de fuerzas enemigas, retrocedió al puerto para comunicar la victoria y poder exigir un premio por ella. Reiteró entonces el pedido de la anexión de Guayaquil a Colombia.

 

Cuando creyó, Sucre, haber dado los pasos necesarios para asegurar tal propósito, reinició la campaña contra los realistas y se internó en la sierra de Ecuador rumbo a Quito.

La victoria de Yaguachi y la penetración posterior de Sucre, alentó a los patriotas de Loja y de Cuenca que quedaron a la retaguardia del ejército patriota, y es así como el 12 de setiembre Loja declaraba su independencia.

Para su mala suerte, el mismo día Sucre sufría la aplastante derrota de Huachi, y retrocedía con poquísimos soldados desmoralizados hacia Guayaquil.

El triunfador Aymerich, pudo tomar el puerto pero más bien envió al coronel Gonzáles hacia Cuenca y Loja.

El 19 de octubre, Sucre volvía a escribir a San Martín reiterándose el pedido de auxilios militares.

Sucre aseguraba que parte de las fuerzas enemigas habían marchado a Quito, pero que 2000 soldados estaban concentrados en Riobamba, al sur de Huachi y que suponía habían salido desde el 17 de Babahoyo, es decir al norte de Guayaquil donde pensaban llegar el 24 y que frente a esa situación se encontraba sin ninguna fuerza.

Sucre criticaba a los guayaquileños y decía que no se había logrado sino 200 hombres para soldados de línea, no obstante que en el puerto y la región había 60.000 habitantes. Ni aún la imposición de la Ley Marcial había tenido éxito, pues simplemente se consiguió formar un cuerpo de milicias, con las cuales no se podía contar con ellos, porque ante el enemigo -manifestaba Sucre- desertarán como siempre para cuidar a sus familias y propiedades.

 

Sucre revelaba que había recibido de Lima comunicaciones de los Oficiales del Batallón Numancia, que querían retornar a Colombia, y por lo tanto podría ser enviado a Guayaquil. Era en realidad el coronel Tomás Heres, jefe del Batallón el que escribía a Bolívar y a Sucre con tal fin, y fue por la poca disposición de este Jefe para someterse a las directivas de San Martín que se le sacó del mando y se le dejó en libertad, para dirigirse donde quisiera. El coronel Heres se dirigió a Guayaquil y aseguró a Sucre que el Numancia podría salir de inmediato de Lima.

 

En la parte final de su comunicación, Sucre decía lo siguiente: “El Coronel Gonzáles, habiendo perdido el Batallón “La Constitución” en la derrota que le infligí en Yaguachi, ha ido a Loja para levantar allí un cuerpo con los esclavos del país, sobre los restos veteranos del Batallón. Como puede molestar el territorio de Piura, a sublevar a los negros del departamento de Trujillo, creo importante se trate de destruirlo, si fuese posible, antes que organizado sea más difícil”.

Sí había por lo tanto un potencial peligro contra Piura por la incursión del coronel Gonzáles sobre Loja, pues lo anterior sucedió cuando el 12 de setiembre de 1820, lo patriotas guayaquileños sufrieron la 1ra. derrota de Huachi.

 

La nueva ocupación de Loja por Gonzáles fue indudablemente después de la proclamación de la Independencia de esa ciudad, y fue cuando Gonzáles estuvo en tal lugar, que López Merino -no se sabe en que forma- trató de disuadirlo de que no atacara Piura. Lo más probable fue haciendo correr rumores.

Los documentos que prueban las actividades patrióticas de López Merino en Loja, son los siguientes:

 

Constancia del Municipio de Loja, en que no pueden dejar de desconocer la participación de López Merino. Dice:

 

“Sala Capitular de Loxa y spte. veinte quatro de ochocientos veinte y uno.- Certificamos que el suplicante desde que vino de Piura a esta ciudad, se ha manejado decorosamente según su rango, por lo regular enfermo, sin salir de aquí a ninguna parte. No se le ha notado exceso en lo moral ni en lo político. Solo ha viajado a las fiestas del Cisne de donde regresó a esta ciudad y permanece hasta el día. Ignoramos si privadamente haya escrito cartas contra la opinión general de su Patria, pero luego que se juró la Independencia de esta Ciudad, firmó la Acta que celebramos en público, como consta de ella Y para que obre los efectos que convenga, firmamos la presente por ante el Secretario del Ayuntamiento.- José . Leguerica Governador Político.- Xavier Maldonado de Sn. Joan y Ramírez, Alcalde primero.- Fco. de Valdivieso- José María Palasio.- Mariano Riofrío y Valdivieso.- José Onofre Palacio.- Juan José Burneo.- Procurador Síndico 1a Pro. Secret.”

 

El vecino de Ayavaca, Manuel Acha, hace ante el tnte. gobernador de esa localidad, la siguiente manifestación:

 

“En el pueblo de Ayavaca, a los diez y ocho días del mes de Octubre de mil ochocientos beinte y uno pa. la información que, se solicita, yo el Tnte. de Gobernador don Pedro Calle, hizo comparecer a don Mnal. Acha, vecino principal de este pueblo, de quien recivi juramento que lo hizo por Dios Nto. S. y una señal de Cruz conforma adio del qual prolijamente examinado dixo: Que habiéndosele ocasionado viaje a la ciudad de Loxa, se encontró con don José con quien se contrajo intimante y en todas las conversaciones qe el hubo, descubrió un sugeto decidido al sistema patriótico; y qe también le consta haber sido declarante, conductor, qe, a remitido pr. su mano muchas cartas al Sor. Don Jerónimo Seminario, en las qe le a noticiado de todos los documentos de los enemigos de la Patria; y que también con su llegada a esta ciudad oyó decir de público y notorio qe. el referido don José López havía sido uno de los qe, estaba insinuando a todos los habitantes de esa ciudad, a que jurasen la Patria, a cuyo tiempo regresó para este pueblo, en donde a pocos días supo había tenido efecto sus diligencias. Y que habiéndose practicado, se vino inmediatamente a este pueblo en donde obtubo la noticia pr. los emigrados de Cuenca, que Gonsales se asercaba a Loxa con su exército y para descubrir la sertesa de esta noticia, se asoció del declarante y de don José María Peña y se partieron de incógnitos con intento de internar hasta la ciudad de Loxa y regresaron al pueblo de Cariamanga con noticias evidentes de no haber llehado hta.esa fecha. los enemigos.”

 

Don Raimundo Tineo, otro vecino de Ayabaca, declaró:

“Que ofreciéndosele un asunto particular ba la ciudad de Loxa, se partió para ella y llegó el dose de spe. a cuyo tpo. a todos los vecinos con el ente de jurar la Patria, lo que declaro a instancia y persuasiones de don José Lópes; y que sabe y le consta qe. el dho. López para que se verificase la Jura, se comprometió con todos ellos ofreciéndoles su persona y dinero, y firmar con ellos la Acta de la Independa.”

 

“Como en efecto se verificó inmediatamente en virtud de lo que les había prometido; y que a pocos días de haber pasado esto, se asoció del declarante y se vino a este pueblo (Ayabaca) en donde ha dado las más evidentes pruebas de su patriotismo, como lo acredita el viaje que hizo a Cariamanga en Compañía de Don Manuel Acha y don José María Peña, luego que supieron que Gonzales marchaba apoderarse de la ciudad de Loxa.”

 

Como se puede apreciar, está probada la intervención de don José Manuel López Merino -un piurano- en la Independencia de Loja.

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PERUANOS PARTEN A LIBERAR ECUADOR

 

Santa Cruz y el Coronel Heres, llegaron a un acuerdo y prontamente la División Norte de 1622 hombres estuvo en condición de marchar hacia Ecuador en la fecha que había solicitado Sucre.

Esos soldados en su gran mayoría eran peruanos y había también un regimiento argentino, pero hay que aclarar contra lo afirmado por algunos, que en las fuerzas expedicionarias, no iba un solo soldado chileno.

El Batallón Trujillo, lo mandaba Félix Olazábal ascendido ya al grado de Coronel, a los 25 años de edad. El Batallón Piura 4 lo comandaba el Coronel Luis Urdaneta, el Regimiento Cazadores de a Caballo Trujillo lo mandaba el Coronel Antonio Sánchez; quedando el Cazadores de a Caballo Paita, bajo el mismo comando. El Regimiento de Granaderos de los Andes, formado por un poco más de un centenar de soldados, en su mayoría argentinos, estaba bajo el comando del Tnte. Crnl.. Juan Lavalle.

El ejército partió de Piura el 15 de enero de 1822, a los pocos días de la celebración del primer aniversario de la Independencia de la ciudad. Todos los piuranos le tributaron a los soldados una calurosa despedida, y no pocos fueron los que siguieron a los soldados algunos kilómetros.

 

En medio del sofocante calor del verano, los soldados se movieron hacia Tambogrande, luego pasaron por las proximidades de Yuscay, avanzaron por Las Lomas y Suyo hasta llegar a La Tina el día 19 en donde descansaron un día para el 20 cruzar el río Macará.

Los otros pueblos que pasaron fueron Macará, Sabiengo, Cariamanga, Gonzanama, El Puente y luego se llegó a la ciudad de Loja en donde se repusieron de las fatigas algunos días. Hacía tiempo que los españoles habían evacuado la ciudad.

Luego la ruta fue Las Juntas, San Lucas y el 9 de febrero la vanguardia al mando de Urdaneta, llegaba a Saraguro. Se cumplía así con una precisión matemática con el plan de avance, pues horas más tarde los soldados de Sucre se juntaban a los peruanos.

El ejército comandado por Sucre era menos numeroso y estaba integrado por venezolanos, colombianos, ecuatorianos y un regimiento británico, de los que habían estado luchando en las filas de Bolívar.

A partir de ese momento, la División Peruana, tomó la vanguardia y el 21 de febrero arribaba a Cuenca, que era uno de los objetivos. Los ejércitos españoles que la habían venido ocupando al mando del Coronel Polrá, se vieron en la necesidad de evacuarla.

 

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EL GENERAL ALVAREZ DE ARENALES DECLINA EL MANDO

 

Con fecha 25 de Enero el Ministro de Guerra Tomás Guido, nombró al General José Antonio Alvarez de Arenales, como Jefe del Ejército Peruano que marchaba en el Ecuador.

Este nombramiento se había venido voceando desde mucho tiempo antes, pero no se conoció por que motivo se hizo después que partieron las tropas de Piura bajo el mando del Coronel Santa Cruz.

Cuando el enviado de Sucre Coronel Heres llegó a Piura para hablar con Santa Cruz, se encontraba el General Alvarez de Arenales en Lambayeque y desde allí le envió un cordial mensaje. En las instrucciones que Sucre entrego a Heres, se establecía bien claro que en caso de que la División peruana fuera mandada por Arenales, éste por su más elevado rango, mandaría todo el ejército unido.

 

Alvarez de Arenales declinó por enfermedad, pero esa razón no es valedera porque luego pasa a la sierra central del Perú, donde asume el mando de fuerzas militares, menores que las de Piura.

El día 1° de Febrero, Alvarez de Arenales le envía a San Martín la siguiente comunicación.

“Por haberme postrado con una efectiva carencia de Salud, y cada día más enfermo, había dictado mi renuncia de esta Presidencia días antes de recibir la Suprema Orden que con fecha 24 de Enero último se sirvió V.I.H, impartirme relativa a que pase a encargarnos del mando de las fuerzas que van a penetrar a la Provincia de Cuenca, y a proporción a que había deseado antes salir a campaña porque creía que mi servicio podría ser más útil al Estado en un destino puramente militar, que en este de Gobierno menos análogo a mis escasos conocimientos, y aún mi genio, no alcanza mi expresión a significar como quisiera, el sentimiento que me causa el no poder aceptar y cumplir la citada Suprema Orden por la poderosísima razón que forma mi imposibilidad no solamente para el desempeño de mi encargo activo como el insinuado, sino también de apersonarme a Piura o Paita, según se me previene, a recibir órdenes o instrucciones o advertencias del Excelentísimo Protector Señor San Martín. En este seguro concepto, y de que no sería yo capaz, como no lo he sido nunca, de excusarme a ninguna clase de sacrificio, sin un impedimento tal como el presente, he dirigido comunicación al nominado excelentísimo Señor San Martín, informándole así y me veo en la forzosa necesidad por lo mismo de impartirlo a V.I.H. en la brevedad posible, a fin de que se sirva elevarlo al Superior conocimiento de su Excelencia el Supremo Delegado, para que en su vista se digne determinar lo que considere más conveniente y de su justificado agrado, haciendo presente igualmente de que en este Departamento no conozco individuo de mi confianza que crea capaz de desempeñar y responder debidamente a este Gobierno.

 

Tengo la honra de repetir a V.I.H., mi mayor consideración y aprecio con que lo distingue. Juan Antonio Alvarez de Arenales.”

 

Como se puede apreciar, el General Alvarez de Arenales expresa que no cuadraba a su carácter ni a sus conocimientos el cargo administrativo que había estado desempeñando, ya que consideraba que le eran de su agrado y conocimiento, cargos puramente militares.

 

Por otra parte, emite una opinión muy desfavorable para todos los jefes militares, políticos o personajes de los Partidos de Piura, Lambayeque, Trujillo y Cajamarca, al manifestar que no encuentra hombre de confianza como para sucederle en el cargo de Presidente del Departamento de Trujillo.

La renuncia de Alvarez de Arenales privó al Perú de haber ganado en forma más amplia, los méritos de la victoria de Pichincha que selló la Independencia no sólo de Ecuador, sino también la de Colombia.

Hubiera evitado también determinados manejos políticos de Sucre y sus prepotencias.

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LA MAR EN GUAYAQUIL

 

Cuando después de la derrota de Huachi el 12 de Setiembre de 1821, Sucre se vio expuesto a ser destrozado por las victoriosas tropas españolas de Aymarich, volvió a renovar su angustioso pedido de tropas a San Martín ruego al cual se unió la Junta de Gobierno que presidía Joaquín Olmedo y otros dos personajes.

 

Sin embargo, Sucre seguía intrigando para lograr la anexión de Guayaquil a Colombia.

San Martín creyó entonces conveniente enviar una misión diplomática al mismo tiempo que disponía se acelerasen los preparativos para hacer efectivos los auxilios militares desde Piura.

Como agente diplomático ante el Triunvirato Gubernativo de Guayaquil envió San Martín a don Francisco Salazar y Carrillo, al cual se le unieron el General José de La Mar, el Coronel argentino Manuel Rojas que iba como secretario de la misión y como adjunto el Sargento Mayor Julio Deslandes, todos los cuales salieron del Callao el 1° de Diciembre.

Al pasar por Paita tuvieron una entrevista con el Coronel Santa Cruz, que se encontraba preparando las fuerzas expedicionarias. Luego siguieron viaje a Guayaquil y llegaron cuando el Coronel Tomás Heres enviado de Sucre ante Santa Cruz ya había abandonado el puerto.

 

La Mar era natural de Cuenca y tenía parientes en Guayaquil. Su viaje a ese lugar tenía carácter particular, pero San Martín aprovechó eso para incluirlo dentro de la misión. Era la primera actividad que desempeñaba La Mar para la causa patriota, pues pocos meses antes había capitulado como jefe español de los Castillos del Callao.

 

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REVUELTA PRO-COLOMBIANA EN GUAYAQUIL

 

En Guayaquil, el pequeño grupo pro-colombiano se vio alentado por la presencia de Sucre primero y del Coronel Heres, que llegó del Perú después de ser obligado a dejar el mando del batallón Numancia.

Sucre se cuidaba sin embargo de actuar abiertamente porque no quería disgustar a San Martín, de quien necesitaba urgentes auxilios. Todo lo hacía en forma disimulada y encubierta.

La Junta Suprema que gobernaba Guayaquil estaba formada por Olmedo, Jimena y Francisco Roca. Los dos primeros deseaban la autonomía, aún cuando Olmedo consideraba eso como conveniente en forma temporal para no molestar a Bolívar, pero con el posterior objetivo de unirse al Perú. En cuanto a Roca como el resto de toda la familia de este prominente político eran peruanistas. El historiador Germán Leguía y Martínez transcribe una opinión del historiador ecuatoriano Roberto Andrade que decía: “Olmedo prefería al Perú, pero que entonces por no suscitar discordias intestinas, estaba por la autonomía, siquiera fuese transitoria”. Jimena en 1829 fue Ministro de Guerra del Perú.

 

El día 2 de diciembre, con los ejércitos realista de Tolrá a las puertas de Guayaquil y mientras reiteraba su súplica al Perú, Sucre escribía al Vicepresidente de Colombia General Santander, quejándose de la Junta Suprema, diciendo que el proceder de la misma lo tiene muy fatigado y que Olmedo y Jimena aprovechaban el influjo que tenían en la ciudad para aumentar su partido autonomista, olvidando que la decisión debe ser sometida a plebiscito. Se burlaba Sucre al decir que se pensaba formar una pequeña república de sesenta mil almas bajo la protección de dos estados (Colombia y Perú). Asegura que la facción pro-peruana es pequeña, pero que tienen como caudillo a un miembro de la Junta (a Roca) de quien dice que es un exaltado y le causa mucho perjuicio.

 

El grupo pro-colombiano, elaboró en Guayaquil un documento y en forma muy secreta lo envió al Cabildo Parroquial de Portoviejo. Se trataba de un Acta mediante la cual dicho cabildo se pronunciaba por la anexión a Colombia y solicitaba que toda la provincia y gobierno del Guayas hiciera lo mismo. El Cabildo de Portoviejo que era pro-colombiano y por eso había sido elegido; en forma precipitada y casi oculta, se reunió, aprobó el 16 de diciembre el Acta, y se la envió a Sucre y no a la Junta Suprema.

Eso tácitamente lo reconocía como superior o jefe de la facción colombiana y oficialmente lo enteraba del pronunciamiento. Sucre, como es natural, lo envió a la Junta Suprema.

Sucre creyó que la Junta Suprema, obligada por las circunstancias iba a someterse, pero no fue así. Y en forma oficial hizo conocer su profundo rechazo a la osadía de una fracción pequeña e insignificante de la provincia, tratando de imponer su voluntad a una mayoría, dividiendo a la familia ecuatoriana y creando la discordia cuando el enemigo estaba a las puertas. La Junta tomó una decisión que Sucre no pensó se iba a hacer: la de someter por la fuerza y las armas si fuera necesario a los disidentes.

La Junta Suprema ante la negativa de Portoviejo de someterse por el diálogo, dispuso en la noche del 20 de diciembre que desde el puerto de Mantas, se embarcasen tropas rumbo a la zona rebelada.

En Guayaquil, estaban los regimientos Albión (formado por ingleses) y Paya, ambos colombianos que al saber la partida de esas tropas iniciaron desórdenes en las calles del puerto. Esta reprobable conducta motivó una queja de la Junta Suprema ante Sucre.

 

En Guayaquil había otro batallón recientemente creado que era el “Vengadores” de cuya oficialidad, cuatro eran colombianos. Estos habían iniciado desde el principio un proceso de concientización de sus tropas. Por eso a las 2 de la mañana del día 24 de diciembre, la oficialidad sacó a la tropa a campo raso, la formó y la arengó sublevándola. Con vivas a Sucre y a Bolívar exigió la anexión a Colombia.

 

Un intento de tomar el cuartes de artillería y de los Cívicos fue frustrada, lo mismo al tratar de apoderarse de barcos surtos en la bahía.

La reacción de la población fue contraria a los sublevados, y la esperanza que tuvieron los amotinados de que el pueblo los secundara, se desvaneció bien pronto, cuando más bien tuvieron enfrentamientos en las calles con ciudadanos que habían acudido a armarse.

Los miembros de la Junta no se engañaron y haciendo comparecer a Sucre le enrostraron su proceder. Este se manifestó aparentemente condolido de los sucesos y dijo no conocerlos en sus inicios y no poderlo impedir más tarde. A esto le replicaron los triunviros, que de aceptarse tales excusas habría que aceptar, si no complicidad desdorosa, un tremendo desorden e indisciplina de la tropa auxiliar, así como descuido, tolerancia y hasta debilidad de Sucre, como jefe de esas fuerzas.

Los sublevados se vieron precisados a ceder, y en formación así como al redoble de tambores entraron a la ciudad, sin haberse oído ni vivas ni aplausos a su paso.

Tan pronto como ingresaron a Guayaquil los del “Vengadores”, la mayoría de sus oficiales; (con excepción del reducido grupo colombiano) se presentaron ante Olmedo, para expresar que ellos no se hacían solidarios con la actitud de rebelión.

 

La Junta entonces, dispuso la formación de un nuevo batallón que se llamaría “Voluntarios de la Patria”, y se autorizó a los soldados y oficiales del “Vengadores”, que desearan hacer su pase, lo solicitaran.

 

En masa se pasaron 300 soldados y sólo quedaron 96 en el antiguo batallón, y lo mismo sucedió con la Oficialidad, quedando sólo 5 colombianos en el “Vengadores”.

 

Por último, la Junta nombró al General La Mar, como comandante general de las fuerzas de Guayaquil, quedando Sucre al mando de las fuerzas en campaña, estacionadas en el Babahoyo. La Mar, pidió autorización de San Martín para aceptar el cargo y éste se la dio.

 

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LA ACTITUD PREPOTENTE DE BOLÍVAR

 

Mientras tanto, Bolívar llegaba con sus fuerzas a la ciudad colombiana de Cali para de allí abrir campaña contra las fuerzas españolas de Pasto, en donde estaban muy fuertes. El día 2 de enero de 1822 le escribía a Sucre anunciándole el envío de refuerzos y le expresaba en forma textual:…”Ud. se pondrá de acuerdo con el Gobierno de Guayaquil, pero si éste rehusare algo de cuanto Ud. le pida, Ud. está autorizado para hacer por sí mismo aquello que conceptúe preciso. Para llenar las bajas de la división, no debe Ud. ahorrar medio alguno. Lo tomo sobre mí la responsabilidad de cuantas providencias tome Ud. activas, eficaces y aún violentas. El tenor de estas órdenes, debe Ud. comunicarlo al Gobierno de Guayaquil, manifestándole verbalmente que mis intenciones son llevar a cabo la libertad de Colombia, desde Tumbes hasta las bocas del Orinoco…y finalmente que yo espero que, para cuando yo entre a esa ciudad, ya el Gobierno de Colombia, habrá sido reconocido por ella, no pudiendo yo hallarme sin faltar a mi deber y a mi decoro, fuera del territorio de la República.”

 

Como se puede apreciar, a Bolívar no le interesaba el sentimiento de los guayaquileños, ni pensaba tampoco en ningún plebiscito. Sólo su voluntad debía tenerse en cuenta.

Al Presidente de la Junta de Gobierno, don Joaquín Olmedo le decía: “Yo me lisonjeo Ecmo. Señor, con que la República de Colombia, habrá sido proclamada en esa capital, antes de mi entrada en ella. V.E., debe de saber que Guayaquil es completamente territorio de Colombia, que una provincia no tiene derecho a separarse de la asociación política a la que pertenece y que sería faltar a las leyes de la naturaleza y de la política, el permitir que un pueblo intermedio viniese a ser un campo de batalla entre dos fuertes Estados, y yo creo que Colombia no permitirá jamás que ningún poder de América enzete su territorio.”

 

Como se puede apreciar había una clara amenaza en la nota y una referencia al Perú, así como una decisión incluso de ir a una guerra entre naciones, que aún no habían logrado su libertad.

 

Uno de los miembros de la Junta Suprema de Gobierno, don Francisco Roca, había escrito el 24 de diciembre desde Guayaquil a Porto Viejo a un amigo, dándole a conocer la rebelión del batallón los “Vengadores” y criticaba a los cabecillas expresando: “…anoche cuatro tunantes oficiales han sacado al batallón de Vengadores y lo han hecho proclamar a Colombia…”

 

Esta comunicación cayó en poder de Bolívar, el cual montó en cólera y con fecha 16 de enero de 1822 escribía al Presidente de la Junta don Joaquín Olmedo, en la que le incluía una copia de la comunicación manifestando que eso probaba que don Francisco Roca era un declarado enemigo de Colombia y de la Libertad de Guayaquil, que se complacía en la disolución de los cuerpos (se refería a la formación de “Voluntarios de la Patria”). Mostraba su enojo porque se había llamado tunantes a los oficiales colombianos que se esforzaban por la incorporación de Guayaquil a Colombia. Luego decía: Ese gobierno sabe que Guayaquil no puede ser un estado independiente y soberano; ese gobierno sabe que Colombia no puede ni debe ceder sus legítimos derechos y ese gobierno sabe en fin que en América no hay poder humano que pueda hacer perder a Colombia un palmo de la integridad de su territorio.”

 

Como se puede apreciar, Bolívar no dejaba alternativa a la Junta Suprema de Gobierno. La ambición y prepotencia del Libertador fue el germen no sólo de nuestro primer conflicto en 1830, sino también de todos los problemas que a lo largo de la vida republicana se ha tenido con nuestras fronteras del norte.

 

Estas intrigas de Bolívar, se producían cuando precisamente las fuerzas auxiliares peruanas, se movilizaban de Piura hacia el norte para ir en socorro de Sucre que clamaba desesperadamente por ellas, mientras que por lo bajo se conspiraba contra el Perú y también contra la libre determinación del pueblo de Guayaquil.

 

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LA REACCIÓN PERUANA ANTE LAS COMUNICACIONES DE BOLÍVAR

 

Mientras las cartas de Bolívar viajaban hacia su destino, las fuerzas peruanas al mando de Santa Cruz, penetraban en Ecuador, pasaban a Loja y el 9 de febrero se unían a las de Sucre.

 

Sucre recibió el 24 de febrero la carta de Bolívar fechada el 2 de enero y la Junta Suprema de Gobierno de Guayaquil, recibió la suya unos días antes.

Las reacciones en Sucre, en la Junta y en la delegación diplomática peruana que estaba en Guayaquil fueron diversas, pero muy pronunciadas.

Sucre de inmediato se tornó prepotente y se envalentonó al extremo de enviar al Ministro de Guerra del Perú, una comunicación haciéndole conocer las intenciones de Bolívar sobre Guayaquil, y llamaba pretensiones infundadas tanto al deseo de ser independientes de algunos guayaquileños, como de unirse al Perú, de otros.

En Guayaquil, también el partido Pro-Colombia, se tornó audaz e insolente, no faltando insultos contra la delegación diplomática del Perú, lo cual obligó al General Salazar y Carrillo, a informar al Gobierno de Lima.

 

El 22 de febrero, el General La Mar, en su condición de Comandante General de la Provincia de Guayaquil, había lanzado una proclama a los pueblos de Quito y Cuenca, anunciándoles su pronta liberación ante ejército combinado de peruanos, colombianos y guayaquileños. Nada en la proclama hace traslucir la crisis que ya se estaba desarrollando.

 

Bernardo Monteagudo, el todopoderoso Ministro de San Martín que entre otras cosas manejaba los hilos de las relaciones internacionales, envió de inmediato instrucciones muy delicadas y drásticas a La Mar.

 

La carta fechada el 3 de marzo hacía conocer el enojo de San Martín ante la actitud de Bolívar, que calificaba de abierta hostilidad al Gobierno de Guayaquil, y de la situación desairada en que quedaba el Perú, que por medio de su delegación diplomática había asegurado a la Junta Suprema del Gobierno que apoyaba y garantizaba la libre determinación del pueblo guayaquileño mediante plebiscito. Monteagudo le hacía conocer a La Mar que si el Gobierno y el pueblo de Guayaquil solicitaban la protección de las armas peruanas, para conservar su independencia de Colombia; se debería apoyar con todas las fuerzas peruanas a su orden, tal deseo de la voluntad general.

 

Para el caso de que el Gobierno Provincial de Guayaquil y el pueblo decidieran u incorporación a Colombia; debía La Mar constituirse de inmediato al Departamento de Trujillo, para asumir el Comando General de la Costa Norte, hacer regresar la División de Santa Cruz a Piura, y aumentar los efectos de esa división al máximo, y que podía tomar las decisiones de emergencia que creyese conveniente, en el caso de que se produjeran hechos imprevistos.

 

Como se puede apreciar, la comunicación de Monteagudo planteaba una situación muy difícil y se preparaban para un posible enfrentamiento entre patriotas colombianos y peruanos. A esa situación había hecho llegar las cosas, la ambición y la prepotencia de Bolívar.

 

El mismo día 3 de marzo, San Martín escribía a Bolívar una extensa nota en la que entre otras cosas decía “…por copia que me ha dirigido el Gobierno de Guayaquil, tengo el sentimiento de ver la seria intimidación que le ha hecho V.E. para que aquella provincia se agregue al territorio de Colombia. Siempre he creído que en tan delicado negocio, el voto espontáneo de Guayaquil sería el principio que fijase la conducta de los estados limítrofes, a ninguno de los cuales compete prevenir por la fuerza la deliberación de los pueblos. Tan sagrado ha sido para mi este deber, que desde la primera vez que mandé mis diputados cerca de aquel gobierno (de Guayaquil), me abstuve de influir, en lo que no tenía una relación esencial con el objeto de la guerra del Continente.”

 

Bolívar, sólo contestó esta nota, casi cuatro meses más tarde, el 22 de junio, tras la batalla de Pichincha y cuando se encontraba en Quito y había dado todos los pasos que le aseguraban el control de Guayaquil. Manifestaba el Libertador, que dentro de ese criterio de respetar la voluntad de los pueblos, no se podía consultar la opinión de una provincia cuando ya había un pronunciamiento nacional y que no creía que Guayaquil tuviera derecho para exigir de Colombia, permiso para expresar su voluntad de incorporarse a la República Colombiana.

 

Que no podía tolerar el espíritu de facción que existía en la Junta Suprema de Gobierno, que había retardado el éxito de la guerra, y que amenazaba crear desorden en el sur de Colombia (así consideraba a Guayaquil), por lo cual había tomado la resolución de no permitir más tiempo la existencia inconstitucional de una Junta que es el azote del pueblo de Guayaquil.

 

Como se puede apreciar, Bolívar se aprovechaba de la victoria de Pichincha, lograda gracias al concurso de los peruanos, y se reafirmaba en su intención de apoderarse de Guayaquil.

 

La Junta Suprema de Gobierno presidida por Olmedo, anonadada por las comunicaciones del 2 y del 16 de enero de Bolívar, no reaccionaba de ninguna manera, ni defendía sus principios e intereses. Eso mortificaba grandemente a San Martín que exclamaba: ¿No tiene nada esa gente que decir a Bolívar?”.

 

Monteagudo mandó una segunda comunicación, reiterando la orden de que Santa Cruz dejase de avanzar, y retrocediera de inmediato, ya sea a Guayaquil para defender su independencia o a Piura, a resguardar la soberanía nacional.

 

San Martín dispuso que el Marqués de Torre Tagle en su carácter de Supremo Delegado, enviase a los amedrentados triunviros de Guayaquil, una nota para que se decidieran el camino a seguir, y que de esa forma el Perú también pudiera optar por un rumbo definido.

 

Decía Torre Tagle en su nota a la Junta, que se había tomado conocimiento de las intimidaciones de Bolívar contra una provincia que había logrado su independencia sin auxilio extraño y que juró sostener tal independencia por medio de los votos del Colegio Electoral que procedió a la instalación de la misma Junta de Gobierno; pero que no obstante eso, y las notas que la Junta envió al Perú en 1821 haciendo conocer que Guayaquil seguiría independiente, hasta que el pueblo por medio de su voto decidiera a qué país deseaba pertenecer, el Gobierno peruano había visto que la Junta había dejado pasar en silencio las notas del Libertador, afirmando la unión a Colombia. Luego expresaba Torre Tagle que deseaba conocer el Perú si la Junta siempre tenía el mismo pensamiento primitivo de preservar la libertad en cuyo caso debía hacerlo saber al Libertador y que por su parte ofrecía apoyarla con las fuerzas de los generales Santa Cruz y La Mar pero si habían variado de parecer, deseaba también saberlo.

 

Olmedo contestó con una larga carta. Expresaba que en su oportunidad habían enviado a Lima copia de la comunicación de Bolívar intimando la incorporación a Colombia, y que creían que ese documento era suficiente para que San Martín comprendiese que era llegado el momento de cumplir el solemne voto de sostener la libertad del pueblo de Guayaquil.

 

Olmedo hace conocer que Colombia trataba de justificar la anexión por el hecho de haber formado parte del Virreinato de Santa Fe, pero que el mismo rey -decía Olmedo- “nos había separado últimamente”. En este caso se refería a la unión de Guayaquil al Perú dispuesta por cédula real. Es decir que los mismos guayaquileños, en aquel entonces reconocían ser parte del Perú. Manifestaba Olmedo su reconocimiento por el frecuente envío de armas, municiones y tropas por parte del Perú y expresaba su esperanza de que con las notas que San Martín había enviado a Bolívar se “conjurase la tempestad”. Más adelante manifestaba: “…nuestro ardiente deseo de dar la libertad a nuestros hermanos de Quito y Cuenca, nos hicieron franquear a las tropas de Colombia, el paso por esta provincia; y nuestros recursos y la ambición han formado agentes que reuniendo alrededor de sí las pasiones de lo más contentos, que es imposible dejen de existir, han tocado y favorecido todos los medios de trastornar el orden, desacreditar al gobierno y desconocer los esfuerzos y sacrificios públicos, ya sea protegiendo a los díscolos y mal intencionados, ya persiguiendo o desconceptuando a los que no entraban en sus miras aunque se tratasen de honrados y ardientes patriotas y ya autorizando en la oscuridad, un partido que hiciese vacilar la autoridad pública.”

 

Olmedo daba a conocer al General San Martín, la manera como el partido pro-colombiano estaba actuando en forma tan prepotente, alentado por las cartas de Bolívar. También se refiere a las injustas expresiones que el Libertador tiene para el miembro de la Junta don Francisco Roca cuyo patriotismo estaba bien probado. Expresaba también Olmedo que su deseo era evitar una guerra civil que daría el triunfo a los españoles. Al final reclamaba la protección y también la mediación del Perú.

 

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DILEMA DE LAS FUERZAS PERUANA EN EL ECUADOR

 

La Mar, al recibir la orden de asumir el mando de las fuerzas peruanas en campaña y disponer su repliegue del frente de lucha, se alarmó sobremanera por las consecuencias que eso podría traer. Sin embargo, como buen soldado, remitió una comunicación al Ministro de Guerra Tomás Guido, que había reasumido su cartera.

 

Pero no sólo habían llegado pliegos a La Mar, sino también a Santa Cruz remitidos por intermedio del General Arenales desde Trujillo. En esos momentos, el jefe de las fuerzas peruanas en campaña estaba enfermo en Cuenca, mientras nuestros ejércitos avanzaban como vanguardia de los patriotas. Optó entonces por enviar una comunicación a Sucre enterándolo de la situación, y remitió otra de respuesta al general Alvarez de Arenales. A éste le decía que había llegado ya muy tarde estaban marchando hacia el enemigo, y que no podía detener ese avance para esperar a La Mar, pero que si éste se presentaba, cumpliría con entregarle el mando. Luego, un tanto mortificado y herido, se expresaba: “me persuado que esta medida sea dictada por miras políticas del Gobierno y no por un desaire a mí”.

 

A Sucre le cayó como una bomba, la comunicación de Santa Cruz y de inmediato le respondió, de que consideraba la medida como hostil y que esa acción con el enemigo al frente significaría el descalabro total de las fuerzas patriotas. Consideraba por otra parte que siendo él (Sucre), el general en jefe, se oponía a la partida de las tropas peruanas, más aún cuando éstas no habían sido enviadas graciosamente sino en reemplazo del Numancia que estaba siendo retenido en Lima. Por último, utilizando la amenaza, aseguraba que si era necesario emplearía la fuerza para impedir se cumpliera la orden de Lima.

 

Santa Cruz había marchado rápidamente, para volver a hacerse personalmente cargo de sus tropas, y en el camino recibió la respuesta de Sucre y como era natural, lo preocupó sobremanera. El 2 de abril se entrevistó Santa Cruz con Sucre y éste se manifestó contrario a que el jefe del ejército peruano convocara a una reunión de jefes. La Junta de Guerra de todos modos se llevó a cabo, y en ella se vio que ya era imposible retroceder y que la actitud del Perú sería considerada como una traición a los ideales des la libertad de América y condenada por todos los pueblos hermanos. Se vio también que había existido falta de previsión del gobierno de Lima al no haber demandado como cuestión, previa al envío de la división peruana, que se respetase la independencia de Guayaquil.

 

Por lo tanto, la Junta de Guerra decidió que el ejército peruano siguiera en la campaña, lo cual al ser conocido por Sucre le causó enorme regocijo, pero no por eso se detuvo en sus planes de expansión política. En forma deliberada, Sucre perdió una gran cantidad de días de Cuenca, con el propósito de dar tiempo a que Bolívar avanzara y tomara él sólo con fuerzas colombianas la ciudad de Quito, cosa que perfectamente podía hacer ahora Sucre con el ejército aliado. También empezó a intrigar -tal como lo había hecho en Guayaquil- para que la recién liberada Cuenca se pronunciara a favor de Colombia.

 

Mientras tanto Olmedo, se alarmó sobremanera con el giro que tomaban las cosas, y escribió a San Martín dejar sin efecto las órdenes dadas y que Santa Cruz continuara al mando del ejército peruano.

 

Hacía ver lo inconveniente del nombramiento de La Mar, en esos momentos pues tenía más rango que Sucre y le correspondería el comando general de las fuerzas en campaña, lo que en estos momentos desagradaría a Sucre, no obstante que éste había ofrecido ese comando antes de iniciar las operaciones. El mismo La Mar estaba de acuerdo con ese criterio expuesto por Olmedo. Tampoco al general Alvarez de Arenales escapaba la gravedad de la situación que se iba a crear y al igual que Olmedo escribió también a San Martín.

 

Pero mientras todos estos ajetreos sucedían en Trujillo, en Guayaquil y en el frente de batalla; San Martín en Lima por propia iniciativa revocaba el 12 de marzo la orden dada de retorno de la división peruana y disponía siguiera en campaña.

 

El General La Mar, informaba al Ministro de Guerra y Marina Tomás Guido, que se habían cumplido las órdenes de San Martín, remitiendo la siguiente comunicación:

 

Guayaquil 29 de marzo de 1822.

 

Ilustrísimo y Muy Honorable Sr. Don Tomás Guido Ministro de Guerra y Marina.

Instruido de las dos notas del 12 pasadas al coronel Don Andrés de Santa Cruz, que se sirve V.S.I. transcribirse de orden de su Excelencia el Supremo Delegado, he prevenido con esta fecha a dicho jefe, con conocimiento de este Gobierno (la Junta Suprema), que continúe las operaciones como hasta aquí, bajo las órdenes del Señor General Sucre.

Sírvase V.S.I.M.H. ponerlo en noticia de su Excelencia, recibiendo todas mis consideraciones.- José de La Mar.

 

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LA SITUACIÓN EN PIURA

 

La situación tirante que existía entre San Martín y Bolívar y todos los problemas de Guayaquil así como las intrigas de Sucre, no fueron ignoradas en Piura.

Había acá gran preocupación ante la osadía de Bolívar, pues se desconocía si la frontera que pretendía de Colombia, iba a llegar hasta los límites de Tumbes o también lo comprendía. Los piuranos tan vinculados a Loja y a Guayaquil, sintieron como en carne propia las ambiciones del Libertador. Mientras tanto, al movimiento de tropas y de abastecimientos militares continuaba en flujo incesante, manteniendo el estado de tensión.

 

A fines de febrero, llegaba a Paita la fragata “Havins” con el capitán Pedro José Roca, que traía 500 fusiles, 50 quintales de pólvora, 300 sables y dos cañones de montaña. Por la vía de La Tina-Loja pasaron a abastecer al ejército de Santa Cruz. El capitán Roca estuvo luego presente en la batalla de Pichincha.

 

Las levas continuaban en forma intensiva. Se trataba de aumentar los contingentes de las fuerzas locales, así como cubrir bajas en los ejércitos que enfrentaban a los realistas en el centro del Perú.

 

Hay que considerar, que el ejército de operaciones en el Ecuador estaba formado en una gran proporción por soldados provenientes de la región Piura-Tumbes, muchos de los cuales se habían presentado voluntariamente.

También la naciente marina necesitaba gente. Muchos pescadores o marineros que hacían el comercio del litoral, antes se enrolaron, sobre todo de Sechura, Paita, Colán y Tumbes. Pero ya los tiempos de los voluntarios habían pasado y se empezó a tomar por la fuerza.

 

Es así como el 31 de enero de 1822, el capitán de puerto de Paita don Manuel Gonzáles y Otoya, se dirigía a su superior el general Juan Antonio Alvarez de Arenales, comunicándole que en cumplimiento de superior orden del 22 de diciembre de 1821 estaba embarcando en el bergantín “Santa Rita” a 16 marinos de 20 que habían sido solicitados al gobernador de Piura, pero que no se habían encontrado a más, que fueran aptos para el servicio de la marina.

 

Hay que hacer notar que ninguno de los 16 eran piuranos, pues había 6 de Chile, 1 inglés, 1 de Moquegua, 1 de Portugal, 1 francés, 2 españoles, 2 de Ecuador y un negro llamado Luis Congo Bosal y un centroamericano. Eran marineros de barcos mercantes desembarcados en Paita.

 

A mediados de febrero el gobernador de Tumbes enviaba al comandante militar de la provincia de Piura, la siguiente comunicación:

“El día de ayer, han llegado de Guayaquil un bote que trafica en éste, y el dueño de él, Isidro Martínez, me ha dado parte de la llegada diciendo: que estando fondeado a la vista de esta barra, vio una goleta que venía de Lima, la que preguntó si había en Guayaquil y le contestaron que no, por haberlo dejado tranquilo; siguió dicha goleta para su destino. A poco de esto, divisaron dos fragatas y un bergantín, que despacharon de ellos dos botes sobre la goleta, que abordaron a babor y estribor haciendo fuego de fusilería, y al parecer apresada, fue conducida hacia dichos buques que están bloqueando en cuyo estado se introdujo dicho bote a este río sin poder dar razón demás. Más habiendo llegado en este día a las 5 de la tarde otra chata procedente de Guayaquil, asegura que vio a dichos buques en la barra del puerto y con una fragata a sotavento de Pallares, una corbeta en derecho de la Cabeza del Muerto, un bergantín por los cimas de la Fragata y otra vela que no se sabe si es pailebot, y goleta a barlovento de esta barra; todos fondeados, y que a las 8 de la mañana se hicieron a la vela con dirección a Guayaquil y como en esta misma hora de las 5 de la tarde, en que acaba de llegar el correo de la capital, se me avisa de Piura por una misiva, que el Excelentísimo Señor Protector del Perú está al llegar a Paita con destino a Guayaquil, por las sospechas que estos buques manifiestan con andar bloqueando dos días, me ha parecido de muchísima necesidad, hacer dos expresos, uno por mar a efecto de dar el presente aviso a cuantos buques encuentre y el otro por tierra hasta que ponga éste en manos de V.S.y el de mar en las del señor comandante de Paita para lo que estime conveniente. Con cuyas precauciones, si fuese conveniente la bajada del Excelentísimo Señor, se pondrá a salvo tan interesante persona, y de ello resulta también beneficio al comercio, lo que participo a V.S. para su conocimiento y para que a los buques que van a zarpar de este puerto con dirección al Norte, les haga V.S. las prevenciones consiguientes de precaución y seguridad.”

 

San Martín había en efecto partido de Lima rumbo a Guayaquil el 8 de febrero en donde pensaba entrevistarse con Bolívar, pero en Huanchaco supo que el Libertador quedaba retenido luchando contra los realistas de Pasto, por cuyo motivo retornó al Callao donde arribó el 3 de marzo.

 

San Martín, sin la osadía de Bolívar, o quizá demasiado honrado, no quiso aprovechar la ausencia del Libertador en Guayaquil, y lograr así una decisiva ventaja política.

 

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