Capítulo VIII

 

 

C A P I T U L O VIII

 

 

LOS PIURANOS Y LA VICTORIA DE PICHINCHA

 

 

 

-         Ascienden al marqués de Paredes

-         La acción de Riobamba

-         La batalla de Pichincha

-         La Capitulación

-         Consecuencias de la victoria

-         Composición de la División Peruana

-         Capitulación de las fragatas “Prueba” y “Venganza”

-         Traslado de Oficiales

-         Entrada de Bolívar a Guayaquil

-         El zarpazo de Bolívar

-         El encuentro de los colosos

 

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ASCIENDEN AL MARQUÉS DE SALINAS

 

El 13 de abril de 1822, el Ministro de Guerra, Tomás Guido, envió despachos ascendiendo o reconociendo grados militares a los oficiales del Escuadrón de Dragones acantonados en Amotape.

Muy meritorios serían sin duda los servicios prestado a la Patria por el marqués de Paredes cuando figura entre los ascendidos, lo mismo que su hijo.

 

Hay que aclarar sin embargo, que en esos tiempos, no llamaba la atención que muchos americanos que habían servido con gran lealtad a la Corona, se convirtieran luego en fervorosos y sinceros patriotas.

Entre los favorecidos con los despachos, enviados por el Ministro de Guerra, figuraba también el maestro-carpintero-albañil don José Antonio Vilela que tanto cooperó a la Independencia de Piura.

 

El cuadro de los jefes y oficiales, con sus respectivos despachos del Escuadrón de Dragones de Amotape quedó conformado de la siguiente manera:

 

De Comandante con grado de coronel a Don Francisco Fernández de Paredes.

-         De ayudante mayor, a don Domingo Talledo.

-         De capitán de la 3ra. compañía a don José Salazar

-         De capitán de la 4ta. compañía a don Sebastián Buitron

-         De capitán de la 5ta. compañía a don Teodoro de los Santos Fernández de Paredes

-         De capitán de la compañía Cívica de Pardos de Piura a don José Antonio Vilela

-         De subteniente de la compañía Cívica de Pardos a don Baltasar Vilela

-         De jefe de escuadrón de infantería Cívica a don Francisco Paillardelli

 

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LA ACCIÓN DE RIOBAMBA

 

Los ejércitos de patriotas salieron de Cuenca y se dirigieron hacia el norte. Desde el día 14 de abril, la vanguardia de los aliados tomó contacto con las fuerzas españolas, y el coronel Ibarra que mandaba las avanzadas tuvo que realizar entre Alausí, Tixán y Guamote, un poco al sur de la ciudad de Riobamba, una serie de avances y contramarchas para evitar ser envueltos por el grueso del ejército español. Fue en esas circunstancias que el Escuadrón Granaderos de los Andes constituido sólo por 96 soldados, todos argentinos, se encontró con cuatro escuadrones enemigos. El choque fue tremendo y los españoles retrocedieron amparándose en su infantería. Se rehicieron y atacaron a los patriotas los cuales resistieron valientemente el empuje hasta que llegó en su auxilio el Cazadores de Paita y un regimiento de Dragones de Colombia.

 

Los españoles retrocedieron y lo mismo hizo su infantería para evitar verse comprometida. Destacó por su conducta heroica el comandante del Escuadrón Juan Lavalle y el teniente Olmos. El enemigo tuvo 52 muertos contándose entre ellos 2 capitanes y un alférez y 40 heridos, mientras que los patriotas tuvieron dos muertos, un dragón de Colombia y un granadero argentino, además 2 granaderos heridos

 

La acción se desarrolló el día 21 de abril y el 22 los ejércitos patriotas, ocupaban Riobamba.

 

Sucre pudo continuar su avance con toda confianza y tomar rápidamente Ambato y luego Latacunga en donde permaneció unos pocos días, para el 12 de mayo reanudar su avance al norte.

 

La columna de Cazadores que iba a la vanguardia, ingresó el día 15 al valle de Chillo a tres leguas de Quito, que obligó a los españoles a un nuevo repliegue, lo que fue aprovechado por toda la división patriota, para ocuparlo dos días más tarde. Sucre trataba de precipitar la batalla ante el temor de que fuerzas españolas de Pasto, se unieran a las que defendían Quito.

 

El día 21 gracias a un movimiento estratégico de las fuerzas peruanas, el resto del ejército patriota pudo bajar a la llanura de Turubamba, y colocarse frente al enemigo, el que rehusó el combate. El 23 por la noche, las fuerzas peruanas de vanguardia tras fuerte lluvia y transitar por mal camino, se posesionan de Las Lomas de Pichincha. Al amanecer del día 24, el Batallón 2 compuesto por trujillanos y piuranos, el Cazadores N°2 de Paita y el batallón Magdalena, estaban frente al enemigo.

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LA BATALLA DE PICHINCHA

 

De acuerdo al Parte que el coronel Santa Cruz remitió al ministro de guerra y marina del Perú, Coronel Guido, el 28 de mayo, tenemos:

 

“El 23 por la noche, la vanguardia patriota al mando de Santa Cruz, trató de llegar a la llanura del ejido de Iñaquito (donde siglos antes habían combatido el Virrey Blasco Núñez de Vela y Gonzalo Pizarro). El propósito era, de permitir en ese llano el despliegue de la caballería que avanzaba por retaguardia y además impedir que socorriesen a los ejércitos españoles refuerzos procedentes de Pasto. Lo difícil del camino (muy abrupto y estrecho) y las intensas lluvias impidieron que se alcanzara el objetivo en el tiempo previsto, y sólo se llegó a las 8 de la mañana del día 24.

A esa hora y cansados de andar toda la noche, los patriotas se toparon con los 3500 españoles que mandaban Aymerich, Tolrá, López Aparicio y Francisco Gonzáles.

En el sitio llamado El Panecillo tenían 14 cañones.

De inmediato se inició la batalla. Santa Cruz dispuso que el Cazadores de Paita y el Batallón Trujillo 2 (formado por trujillanos, chiclayanos y piuranos) trataran de contener a las fuerzas realistas que buscaban desplegarse en perfecto orden de batalla. Durante dos doras se produjo un tiroteo entre ambos contendores, mientras que se le daba tiempo a Sucre para sacar al resto de sus fuerzas de la quebrada. Los realistas trataban de posesionarse de un terreno alto y los patriotas se lo impedían. En esta acción preliminar participaron también los batallones colombianos Alto Magdalena y Payá.

 

El comandante Félix Olazábal que estaba al mando del Batallón Trujillo 2 hizo prodigios de valor y hasta mandó a cargar la bayoneta.

 

En forma oportuna, Sucre apareció con el Batallón Piura y el Yaguachi pues ya al Batallón Trujillo se le habían agotado las municiones. Para los piuranos ésta era la primera acción, y jamás habían tenido oportunidad de disparar, fue por eso que en los primeros instantes se detuvo el avance y trató hasta de retroceder, pero de inmediato intervino Santa Cruz haciendo avanzar de nuevo.

Mientras eso sucedía en el sector de vanguardia, los españoles trataron de atacar a la retaguardia con dos compañías de infantería que tenía ocultas en un bosque, pero se interpuso entre ellos el Batallón Albión, formado en su gran mayoría por soldados ingleses. El joven coronel José María Córdova ataca también con el “Alto Magdalena” y la acción se generaliza. Por su mala ubicación, la caballería patriota no pudo intervenir en esta oportunidad, pero tampoco lo hizo la realista. A las 12 del día la acción se inclinaba francamente a favor de los aliados y los españoles empezaron a retirarse del campo de batalla, dejando una gran cantidad de muertos y de heridos. Unos se dirigían a la zona de Pasto y otros al fuerte Panecillo en donde estaba la artillería.

 

Santa Cruz informó que los españoles habían tenido 500 muertos y los patriotas 300, número que a la postre resultó exagerado. En realidad los muertos españoles fueron cerca de 400 y los heridos 300. Los patriotas tuvieron casi 150 muertos y un número igual de heridos. La mitad de esas pérdidas las sufrió la división peruana que registró 91 muertos y 67 heridos.

 

Al día siguiente los patriotas entraban a Quito y Aymerich capitulaba entregando también el fuete Panecillo en donde estaba emplazada la artillería y se habían hecho fuertes unos 600 soldados de lo derrotados en Pichincha.

 

Entre los muertos patriotas estuvieron el capitán José Durán de Castro y el alférez Domingo Mendoza del Batallón Piura.

 

Santa Cruz menciona como que destacaron en la lucha a 12 oficiales entre los cuales estaban Félix Olazábal, Francisco Machuca, Juan Espinosa y Domingo Pozo. También destaca al comandante del Batallón Piura Francisco Villa y al sullanero José Félix Jaramillo. Del mismo modo menciona a sus ayudantes de campo los tenientes Calixto Giraldez y al paiteño José María Frías Lastra que después llegaría a general.

 

En otro informe más extenso que Santa Cruz elaboró mencionó como combatientes que se distinguieron en forma especial a varios piuranos.

 

Del Batallón Trujillo 2 se menciona a los sargentos José Albújar, Manuel Espinosa, Francisco Chira, Manuel Mesones; a los suboficiales José Tomás Arellano, José de los Ríos, Juan José Castillo, José Calderón, el teniente Francisco Machuca y Juan Espinosa de los Monteros y el subteniente Juan José Gallo. Varios de estos salieron también heridos.

 

En el Batallón Piura fueron heridos José Trigoso; José Faustino Chávez, José Gamboa, José Roxas, Nicolás Yovera y otros.

Como comisario de guerra actuó el coronel José Ignacio Checa.

 

Cuando Sucre informa al Ministro Monteagudo la victoria de Pichincha el día 25 de Mayo dice que la jornada ha significado 500 muertos para el enemigo y 300 para los patriotas. Agrega que además se tomaron 1100 soldados prisioneros, 160 oficiales y jefes, 14 piezas de artillería, 1700 fusiles, fornituras, cornetas, cajas de guerra, banderas y otros elementos.

 

Melchor Aymerich, el jefe español había quedado ya sin fuerzas suficientes como para oponer ninguna resistencia a las fuerzas patriotas, por cuyo motivo concertó con los vencedores una capitulación honrosa.

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LA CAPITULACIÓN

 

Los términos de la mencionada capitulación fueron:

 

“Los señores don Melchor Aymerich, Mariscal de Campo del Ejército Español y Capitán General del Reyno de Santa Fe y Antonio José de Sucre General de Brigada del Ejército de Colombia y Comandante General de la División Unida al Sur de la República, convencidos de la necesidad de terminar la guerra que aflige estas provincias, después de la victoria obtenida ayer por las armas de la Patria las pone por consecuencia en posesión del territorio ocupado por las tropas españolas, atendiendo el primero a la falta de comunicaciones con la Península, la opinión general del país en favor de la independencia teniendo presente las instrucciones del Ministro al Excelentísimo General Murgeón el 3 de abril de 1821 y deseando conciliar su situación con el honor del ejército a mi mando y considerando el segundo, que la paz y el reposo de estos pueblos exige cualquier transacción que los cubra de los males de la guerra, convinieron en nombrar comisionados que suficientemente facultados, arreglasen una Capitulación, que posesione a la República de Colombia de estos territorios y salve el honor militar y los intereses del Ejército Español; y en efecto nombraron el Excelentísimo Señor General Aymerich, a los señores Coroneles don Francisco Gonzáles (el vencedor de Sucre en Huachi), Manuel María Martínez de Aparicio, Ayudante General de Estado Mayor el 1ro. y Jefe de Estado Mayor de la División Española el segundo y el Tnte. Coronel Patricio Bray ayudante del mismo cuerpo y el Señor General Sucre a los señores Coroneles don Andrés de Santa Cruz, Jefe de las Tropas del Perú y Coronel Antonio Morales Jefe de Estado Mayor de la División Libertadora, los cuales después de reconocer y canjear poderes convinieron en la siguiente Capitulación:

 

1ro.- Será entregada a los Comisionados del General Sucre la fortaleza El Panecillo, esta ciudad (Quito) y los almacenes militares existentes, con el territorio y todo cuanto esté bajo la dominación española al norte y sur de dicha ciudad.

 

Contestación de los patriotas:

 

1ro.- Concedido; el territorio al norte de la ciudad se entiende, cuanto esté comprendido en la demarcación del departamento de Quito.

 

2do.- Las tropas españolas saldrán de dicha fortaleza con los honores de guerra, y en el sitio y hora que determine el Sr. General Sucre entregarán sus armas, banderas y municiones.

 

2do.-Concedido; a las 2 de la tarde se recibirá la fortaleza, y en el Puente se entregarán banderas y municiones.

 

3ro.- Los señores oficiales conservarán sus espadas, caballos y equipaje.

 

3ro.- Concedido.

 

4to.- En consideración a la bizarría conducta que han observado ayer las tropas españolas, y a comprometimientos particulares que pueda haber en algunos individuos así europeos como americanos, se permitirá que los oficiales y tropas que quisieran pasar a España, lo hagan por los puntos que estime a bien el Gobierno de Colombia, pudiendo quedarse aquellos que gusten hacerlo, bien en la clase de ciudadanos, bien al servicio si son admitidos.

 

4to.- Se permitirá el pase a España de los Oficiales y Tropa que gusten hacerlo,

pero considerados como prisioneros de guerra, prestarán antes el juramento de no tomar las armas contra los estados independientes del Perú y Colombia en tanto no sean canjeados. Su viaje lo harán por Guayaquil y Panamá.

 

5to.- De cuenta del Gobierno de Colombia correrán los gastos para conducir a La Habana, o al primer puerto español, los oficiales y tropa que por artículo anterior sigan a Europa, siendo obligación del Gobierno Español, pagar estos gastos en el primer punto de su dominación, al Comisionado conductor de los Oficiales y tropa.

 

5to.- Concedido.

 

6to.- Como las tropas españolas que cubren Pasto y se hallan en todo el territorio desde esta ciudad a aquella, están comprendidas en esta capitulación y son prisioneros de guerra se nombran dos comisionados por el Excelentísimo Señor General Aymerich y dos por el Señor General Sucre, para que vayan a la entrega de las armas, municiones y almacenes de los prisioneros y de todo cuanto allí exista, pero en atención a las circunstancias de aquel país, el gobierno español no puede garantizar la obediencia de este artículo; y por lo tanto, en caso de resistencia; el de Colombia obrará según se dicte su prudencia y su justicia.

 

6to.- Se nombrarán, los Comisionados de uno y otro gobierno para entregar y recibir todos los artículos de guerra. Ya en la dirección de Pasto y en aquella ciudad, que llevarán las órdenes más circunstanciadas, terminantes para que todo se ponga a disposición del Gobierno de la República conforme al artículo propuesto.

 

7mo.- Se permitirá también que los empleados públicos y eclesiásticos y los particulares que quieran pasar a Europa, lo hagan costeándose de su cuenta.

 

7mo.- Concedido.

 

8vo.- El Señor General Aymerich queda en libertad de marchar cuando y por donde quiera con su familia para lo cual será atendido con todas las consideraciones debidas a su clase, representación y comportamiento.

 

8vo.- Concedido.

 

9no.- Se considera una amnistía general en materia de opiniones.

 

9no.- Concedido.

 

10mo.- Será ratificada esta capitulación en el término de dos horas y las tropas libertadoras se posesionarán de la ciudad a las tres de la tarde.

 

Este tratado se ajustó en el Palacio de Gobierno de Quito el 25 de mayo y fue ratificado por Sucre y Aymerich el mismo día.

 

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CONSECUENCIAS DE LA VICTORIA

 

Bolívar se encontraba inmovilizado en la provincia colombiana de Pasto enfrentando al valeroso Coronel realista Basilio García. El 7 de abril se había llevado a cabo la batalla de Bomboná que siempre se ha considerado una victoria de Bolívar pero no lo fue tal. La lucha se suspendió por la llegada de la noche cuando los españoles se retiraron del campo de batalla, lo cual hizo suponer una victoria. Sin embargo, las huestes del Libertador habían tenido 600 muertos o sea una tercera parte de sus efectivos, mientras que García sólo perdió 250. Con fuerzas tan debilitadas y en una región que le era completamente hostil -pues los habitantes de Pasto eran fanáticos del rey- , Bolívar se vio precisado a retirarse a los 8 días, dejando 300 heridos. Las guerrillas realistas lo atacaron por todas partes y despojaban a sus soldados de sus armas perdiendo así 500 fusiles. Recién cuando llegó a Patía se sintió seguro, pero al contar sus fuerzas sólo tenía la mitad con las que semanas antes había pasado por allí. Tras un merecido descanso, recibió un refuerzo de 2000 soldados colombianos, pero las epidemias le enfermaron y mataron a muchos soldados, inmovilizándolo. Mientras tanto, Basilio García había engrosado sus huestes y se mostraban más decididas que nunca a oponerse a Bolívar.

 

Así estaban las cosas cuando en el campo del Coronel García se conoció el descalabro de Pichincha. El valiente jefe realista se dio cuenta que estaba completamente aislado, y se decidió a capitular ante Bolívar. Era el 8 de junio de 1822.

 

De esta forma, y sin haber entablado el Libertador una batalla final, terminó la guerra por la Independencia de Colombia.

 

Si no hubiera sido por Pichincha, Bolívar hubiera tenido todavía un largo camino por recorrer. Pero a su vez la victoria de Pichincha se hizo posible por la presencia de la División Peruana de Santa Cruz, que tenía en sus filas a una gran cantidad de piuranos. Fue así, como Piura, no sólo contribuyó a la libertad de Ecuador, sino también y sin proponérselo ni quererlo a la libertad de Colombia y a la mayor gloria de Bolívar.

 

Con toda celeridad el Libertador se dirigió a Quito a donde llegó el 16 de junio tributándosele un gran recibimiento. Su ingreso triunfal, solo fue comparable al de los Cesares, cundo victoriosos ingresan en Roma.. Desde los balcones, gran cantidad de damitas, le arrojaban pétalos de rosas. Entre ellas estuvo Manuela Sáenz de Thorne, que mas tarde se convertiría en su amante y lo siguió en su marcha al Perú. Ella había nacido en Quito en 1797 y murió en Paita el 23 de noviembre de 1856 de difteria.

 

El 17 Bolívar se dirigía en comunicación a San Martín, expresándole el agradecimiento del “pueblo y gobierno de Colombia a los beneméritos libertadores del Perú, que han venido con sus armas vencedoras a prestar un poderoso auxilio en la campaña que ha libertado a tres provincias del sur de Colombia.

 

Como se aprecia, Bolívar aprovechaba la oportunidad para recalcar que Guayaquil era colombiano.

 

El 18 de junio, tras de reconocer a Santa Cruz como General de Brigada de los Ejércitos de Colombia, le escribí para agradecerle como Comandante General de la División Peruana, y terminaba: Suplico a Us. Se sirva transmitir los sentimientos de admiración y aprecio que me han inspirado los jefes oficiales y tropa de los batallones “Trujillo” y “Piura” y los Escuadrones de Granaderos y Cazadores Montados que tan gloriosamente sellaron con su sangre la libertad de Quito y la paz de Colombia.

 

El mismo día 18 Bolívar se dirigía al General San Martín para hacerle conocer que la División Peruana había sido declarada Benemérita de Colombia en grado eminente. Que el Coronel Santa Cruz gozará en Colombia el grado de general de Brigada, siempre que el Gobierno del Perú lo permitiese. Se recomienda a los demás Jefes y oficiales por su acción valiente y meritoria. Todos los integrantes de la División, inclusive los soldados se harán acreedores a una medalla; de oro los oficiales y jefes, y de plata los sargentos, cabos y soldados, con una inscripción que diría: “Libertador de Quito en Pichincha” y al reverso “Gratitud de Colombia a la División del Perú”. Se le reconocía al Perú como gestor de gran parte de la victoria de Pichincha. A los soldados se les reconocería como ciudadanos beneméritos de Colombia.

 

Bolívar dispuso en Quito que partieran hacia Guayaquil, 1657 soldados lo que se realizó a partir del 20 de junio. Se trataba del Batallón de Boyacá procedente de Pasto con 587 soldados, el Payá y el Magdalena que se habían unido para formar el Pichincha de 700 soldados y el Yaguachi de 370. El aparente propósito era de embarcarse para el Perú para ir en auxilio de San Martín, pero la precipitación de su partida era para apoyar con las armas las pretensiones colombianas sobre Guayaquil. Estaban al mando del General Solom.

 

Al mismo tiempo, maniobró Bolívar para que la División Peruana que mandaba Santa Cruz, recién partiese el día 24 de julio.

 

Mientras tanto San Martín había dispuesto que una división de barcos peruanos al mando del Almirante Blanco Encalada, partiese hacia Guayaquil para traer tropas peruanas y los refuerzos colombianos.

 

Los tres integrantes de la Junta Suprema de Gobierno de Guayaquil, al saber la llegada de Bolívar a Quito y el envío de tropas a Guayaquil, se llenaron de angustia y decidieron enviar ante Bolívar a un Comisionado, para en su nombre le presentara su saludo, y desvaneciera del ánimo del Libertador, toda idea de que la Junta era su enemiga.

 

Tan difícil encargo recayó en el General La Mar, al cual San Martín acababa de nombrar Jefe de Estado Mayor del Ejército del Perú en Lima y debía en consecuencia embarcarse.

 

La Junta de Gobierno de Guayaquil, envió comunicaciones al Supremo Delegado del Perú, Marqués de Torre Tagle, solicitando permiso para tal designación. Decía en esa comunicación el Presidente de la Junta don Joaquín Olmedo. V.E. debe de recordar la intimaciones del Libertador a este gobierno sobre la agregación de esta provincia a la República (de Colombia) y su derecho parecerá mas fuerte y sostenido por tras mil bayonetas”. Contaba Olmedo a Torre Tagle que gente parcial e interesada había engañado al Libertador asegurándole que toda la provincia estaba por la anexión y que sólo la Junta se oponía a eso.

 

Los demás términos de la comunicación mostraban que la Junta estaba francamente desalentada y que un sentimiento de derrota la invadía.

 

Bolívar salió de Quito el 1° de julio rumbo a Guayaquil y por el camino fue siendo recibido jubilosamente. El Libertador había ya salido de Ambato y llegaba a Guaranda, cuando lo encontró La Mar. Fue muy bien acogido por Bolívar, pero no pudo hablar sino en forma muy breve con el gran hombre, porque estaba rodeado por un numeroso séquito y una muralla de aduladores. De esa forma, La Mar sólo se convirtió en uno más de los acompañantes y su misión fue completamente estéril.

 

Mientras tanto Olmedo había recibido una nueva nota de Bolívar en la que éste prácticamente le daba órdenes como a un subordinado. Le decía que debían de llegar al puerto tropas colombianas y peruanas para embarcarse en auxilio del Perú y que “contamos con que ese Gobierno (la Junta), harán cuantos esfuerzos estén a su alcance para facilitarnos los medios de realizar una expedición tan importante. Mi edecán el Capitán Mosquera tendrá el honor de poner en manos de Ud. este pliego y va especialmente encargado por mí de suplicarle por el pronto despacho de las tropas que deben ir al Perú, como todo lo demás que sea necesario en víveres, marineros, etc. Mosquera, además manifestará a Ud. los sentimientos que me animan, de ver terminar satisfactoriamente los asuntos de Colombia en Guayaquil. Yo tendré la satisfacción de entrar a la cabeza de las tropas aliadas en esa ciudad y espero que seré recibido como Presidente de Colombia y Protector de Guayaquil”.

 

Esta carta había sido escrita pocos días del arribo de Bolívar a Quito, o sea el 18 de junio. Por esa fecha, la escuadra peruana al mando de Blanco Encalada, entraba a la bahía de Guayaquil.

 

Olmedo de inmediato lanzó un llamado angustioso al Supremo Delegado Del Perú, pidiendo su protección para una mediación amistosa. La nota llegó muy tarde a su destino. Tampoco nada se podía hacer ya a esas alturas.

 

El 11 de julio de 1822 hacía Bolívar su ingreso triunfal a Guayaquil., pues Sucre y el partido pro Colombia habían trabajado intensamente ante la población. .

 

Una de las personas que saludó con entusiasmo a Bolívar al ingresar al puerto, fue la joven Manuela Sáenz, esposa de un médico extranjero. Con el tiempo se convertiría en la amante del Libertador en influiría mucho en su vida y en el destino de los pueblos que se estaban independizando..

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COMPOSICIÓN DE LA DIVISIÓN PERUANA

 

El 31 de Mayo, en su Cuartel General de Quito, la División al mando de Santa

Cruz pasó revista a sus cuadros, después de haber llenado algunas bajas que había tenido en la Batalla de Pichincha y los resultados fueron los siguientes:

 

RANGOS

Bat.N°2

Bat. Piura

Granadero

Cazadores

TOTALES

Comandancia Genetal.

 

 

 

 

 

Coronel, Comandante General

 

 

 

 

1

Coronel, Comisario de Guerra

 

 

 

 

1

Rango Militar

 

 

 

 

 

Tenientes Coronales

1

1

 

1

3

Sargentos Mayor

 

1

1

1

3

Ayudantes

2

 

 

1

3

Abanderados

1

1

 

 

2

Médicos y Capellanes

2

2

 

 

4

Tambos Mayor

1

1

 

1

3

Capitanes

6

4

2

3

15

Tenientes

11

5

3

5

24

Alfereces

6

12

2

4

24

TOTALES OFICIALES

30

27

8

16

81

TROPA:

 

 

 

 

 

Sargentos Primeros

7

5

4

7

23

Sargentos Segundos

20

17

8

10

55

Cornetas y Otros

45

39

6

9

99

Cabos Primeros

27

40

7

24

98

Cabos Segundos

19

24

8

22

73

Soldados

594

352

90

220

1256

TOTAL CLASES Y SOLDADOS

712

477

123

292

1604

TOTAL GENERAL

742

504

131

308

1685

 

 

La mayor parte de los granaderos eran argentino, restos de aquel famoso Granaderos de los Andes que llegó con San Martín.

Las bajas que tuvo la División Peruana fueron: Oficiales muertos 2 del Batallón Piura y soldados muertos 89, total 91. Los muertos fueron el Capitán José Durán de Castro y el subteniente Domingo Mendoza.

 

Las altas fueron: Oficiales de otros cuerpos 6, soldados prisiones 362 y soldados que se pasaron 6; total 374.

 

Como se puede apreciar de la comparación entre las bajas y las altas, habría aparentemente un saldo favorable, pero en las bajas no se han contado los heridos, que quedaron hospitalizados en Quito. En cuanto a las altas, a muchos prisioneros se les dejó libres por cuanto esta clase de soldados, tenían por costumbre desertar en la primera ocasión que se les presentaba.

 

Los oficiales destinados de otros cuerpos fueron: para el Batallón Piura, el Capitán Antonio Elizalde, Alférez Manuel Lara y el Alférez Toribio Segura. El Capitán Elizalde llegaría General en el Ecuador y vendría más tarde con Joaquín Olmedo a Paita, en procura de los restos del Mariscal La Mar, fallecido años más tarde.

 

Para el Escuadrón de Cazadores, se destinaron al Teniente Pabón y a los Alfereces Angel Costa y P. León Bolaños.

 

Los piuranos que pelearon en la Batalla de Pichincha, además de los mencionados en forma especial en el parte de Santa Cruz, estuvieron el Teniente José María Raygada, el Alférez Eugenio Raygada, el Subteniente Ventura Raygada, el Subteniente Andrés Garrido, José Idelfonso Coloma, Miguel Cortés del Castillo, el cabo Juan M. Aguilar (más tarde General), el Alférez Miguel Medina (también fue General), Juan José Gallo y otros.

 

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LA CAPITULACIÓN DE LAS FRAGATAS PRUEBA Y VENGANZA

 

Frente al poder marítimo que indiscutiblemente tenía Lord Cochrane en el Pacífico, sólo perturbaban esa autoridad las fragatas españolas “Prueba” y “Venganza”, de gran potencia de fuego, que por orden del virrey Pezuela se dirigieron del Callao a Paita primero y más tarde a Guayaquil. De este puerto enrumbaron al virreinato de México. A ellas se les unió la corbeta “Alejandro”que habiendo pertenecido a los patriotas colombianos se sublevó y se plegó al rey.

 

En enero de 1822 los barcos estaban en las costas de California y de allí retornaban al Sur para fondear frente a Guayaquil y bloquearlo, en donde se encontraban en esos momentos el General Francisco Salazar y el General La Mar ambos enviados de San Martín.

 

Cochrane había estado buscando en vano a estos barcos, para enarbolar en ellos el pabellón de Chile, país al cual servía.

 

El almirante había llegado en esos momentos al extremo de sus tiranteces con San Martín, al punto que éste pensó hasta ponerlo fuera de la ley. Era Cochrane un hombre sin duda atrabiliario, indisciplinado, desequilibrado, codicioso y muy amante del dinero, pero no se le podía negar que era muy conocedor de todo lo referente a la vida del mar y que era valiente, audaz y un ardiente defensor de las ideas de la libertad.

 

El 26 de setiembre de 1821, San Martín, ordenó a Cochrane abandonar las aguas jurisdiccionales del Perú. Fue el rompimiento definitivo, y muchos marinos ingleses que no compartían las ideas de su Almirante ni aprobaban su proceder, abandonaron la escuadra chilena y solicitaron su ingreso en la marina peruana. Fueron ellos Guise, Juan Spry, Robert Foster (el que desembarcó en Paita), John Esmond, Guillermo Prunier, John Young, Robinson, Price, Freeman, Robertson, Homand, Wickham, Bell, Reeding y Gull. El Capitán Carter tuvo por ese tiempo un incidente con el gobierno del Protector y también se le ordenó salir del Perú, pero después se le ve actuando en la escuadra peruana.

 

El 3 de octubre salió Cochrane del Callao rumbo al norte, al mismo tiempo que enviaba otras dos naves a Valparaíso. Trataba de apoderarse de los barcos españoles y con ese fin llego a Guayaquil y más tarde navegó hasta California sin encontrar a las naves españolas. Fue noticiado de que se encontraban en Guayaquil y regresó. Entró al estuario el 13 de marzo, pero ya era tarde.

 

El capitán José Villegas, jefe de la flotilla española, entró en tratos con el agente peruano coronel Manuel Rojas que actuaba bajo órdenes de los generales Salazar y La Mar. Las naves estaban sin víveres, los marinos sin paga y todos los puertos tomados por los patriotas mientras Cochrane los perseguía con saña. Por odio a Cochrane, los marinos españoles prefirieron capitular ante los peruanos. Se comprometía el gobierno peruano a pagar los sueldos adeudados a repatriar a los marinos que desearan volver a su patria. Para los que preferían seguir al servicio del Perú se les ofrecía un ascenso. Este acuerdo se firmó el 15 de febrero. De acuerdo al mismo, la fragata “Prueba” con su propia tripulación navegó al Callao a ponerse a las órdenes de San Martín, cambiaría su nombre con el de “Protector”. La “Venganza” quedó reparándose en Guayaquil.

 

Cuando apareció Cochrane en el puerto ecuatoriano, su furor fue grande pues consideraba que los barcos eran presas que le pertenecían. Ordenó que el Capitán Crosbie con gente de la “O Higgins” abordara a la “Venganza” y puso al tope en ella el pabellón de Chile. Protestó el G

gobierno de la Junta Suprema de Guayaquil y lo mismo los delegados peruanos, pero el marino inglés replicó con altanería. Entonces se aprestó para la lucha la flotilla patriota y los fuertes de tierra, y ante la posibilidad de un escándalo de esa clase, Cochrane cedió. Se acordó que la “Venganza” con el nombre de “Guayas” quedase como nave de Gobierno de Guayaquil y que la “Alejandro” que había sido antes un barco mercante, se devolviera a su dueño.

 

En Piura se estaba al día con las correrías de Cochrane. En Paita no se le tenía a él y al capitán Crosbie buena voluntad, porque estaba aún fresco el recuerdo de que poco antes trató al puerto como enemigo.

 

Como se sabía de las desavenencias con San Martín, se le puso a Paita, en estado de alerta. Bien se conocía que el almirante no tenía escrúpulo alguno en apoderarse de los víveres que necesitaba.

 

El día 1ro. de abril, llegó a Paita la goleta “Estrella”, que la mandaba el capitán Thomas Carter. Este ya reconciliado con el gobierno de San Martín, trajo al puerto la noticia de que Cochrane se había apoderado de la “Venganza”. De inmediato escribió al general Guido, una nota redactada en inglés en la que le advertía y relataba todo lo que Cochrane había hecho en Guayaquil, así como la decidida actitud de La Mar, de Salazar y del gobernador de la plaza.

 

Ni en Tumbes, Paita, ni otro puerto del norte se le dio víveres a Cochrane, y ni siquiera agua, por lo cual irritado se dirigió al Callao para apoderarse allí de la “Prueba”. Al mencionado puerto llegó el 25 de abril. Nada podía intentar contra el barco que perseguía porque estaba el mismo bajo la protección de los cañones del Real Felipe, por lo cual, para resarcirse se apoderó del barco peruano “Montezuma”.

San Martín dispuso entonces fueran atacados los barcos de Cochrane, pero éste se hizo a la vela el 10 de mayo, alejándose del Perú para siempre.

 

De este modo, se cerró el capítulo turbulento que este marino impuso en nuestros mares, en donde prestó tan importantes servicios a la causa de la independencia, pero también cometió abusos y arbitrariedades.

 

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TRASLADO DE OFICIALES

 

Tan pronto como terminó la campaña del Ecuador con el triunfo de Pichincha, el coronel Santa Cruz, dispuso desde Quito el 7 de junio que se cumpliera una orden dada por el general Juan Antonio Alvarez de Arenales desde el 25 de abril, en el sentido de que el sargento mayor Juan Lavalle comandante del Escuadrón Granaderos de los Andes, viajara a Lima para hacerse cargo de un regimiento de caballería.

 

Algunos detractores de Lavalle han manifestado que en la batalla de Pichincha huyó con la caballería a su mando, cuando en determinado momento creyó perdida la acción. Eso es falso. Tanto la caballería patriota como realista se encontraban en una posición incómoda sin poder actuar, en vista de lo cual Lavalle la retiró a una nueva posición y fue entonces que por ese lado se produjo un ataque español. Con posterioridad, los famosos Granaderos de los Andes de Lavalle contribuyeron a afianzar la victoria, en la persecución del enemigo.

Lavalle tenía un amplio historial de valor y pundonor, y jamás dio espaldas al peligro. Precisamente, un poco antes de Pichincha en el triunfo de Riobamba, la victoria se debió a él y a sus 96 jinetes que enfrentaron a toda la famosa caballería realista.

 

El 25 de junio, Félix de Olazábal, ex-gobernador militar de Piura, salía de Quito rumbo a Guayaquil para de allí dirigirse a Lima. Iba al frente de su Batallón Trujillo 2 con el que se había cubierto de gloria en Pichincha y le había valido lograr el grado de Coronel, siendo aún sumamente joven.

 

Olazábal había asumido el comando del Batallón 2 semanas antes de la acción de Pichincha, reemplazando al comandante Luis Urdaneta que había viajado a Lima a ocupar otra colocación.

 

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ENTRADA DE BOLÍVAR A GUAYAQUIL

 

Un imponente recibimiento le fue tributado a Bolívar a su ingreso a Guayaquil. Salvas, tropas formadas que le rendían honores, arcos de triunfo y una multitud delirante que aclamaba al triunfador.

 

Sin embargo, dentro de todo ese festejo, había signos inequívocos de que en cuanto a su futuro destino, los guayaquileños no compartían los pensamientos de Bolívar. Es así como los barcos surtos de la bahía y que pertenecían a la Junta Suprema de Gobierno, no habían izado la bandera de Colombia sino la azul y blanca de Guayaquil Independiente.

 

En su recorrido triunfal por las calles, pasó por la residencia de don Manuel Avilés en cuyos balcones había 40 hermosas jovencitas que aclamaban y vitoreaban, lo que fue contestado por Bolívar con un cortés saludo. Fue entonces cuando a coro esas jovencitas gritaron ¡Viva Guayaquil Independiente! El disgusto del Libertador fue grande. El grito se hizo entonces casi general entre la multitud.

 

En el municipio se le dio un gran recibimiento no obstante que el alcalde del 2do. voto Manuel Avilés y el regidor Tama de mucha influencia eran autonomistas y el Co-alcalde Amador era peruanista. El discurso de bienvenida pronunciado por don José Leocadio Llona fue adulador y servil. Bolívar halagado, contestó haciendo resaltar los motivos de gratitud que Guayaquil tenía con Colombia y su integración con ella; al mismo tiempo que se expresó en términos sumamente hirientes para los miembros de la Junta Suprema de Gobierno que estaban presentes, los que en medio de un momento de gran tensión abandonaron la Sala en forma ostensible. Al terminar el acto, Bolívar dispuso que uno de sus edecanes buscara a Olmedo y le diera satisfacciones. Al serle preguntado al Libertador si se hacía lo mismo con los otros dos, respondió con altanería: A nadie más que Olmedo; en él no veo al gobernante sino al genio.

 

El 12 de julio fue de besamanos, de banquetes y también de entrega de un documento a Bolívar, firmado sólo por 193 en el que se pedía la anexión de Guayaquil a Colombia. Esto se hacía no obstante que la Junta de Gobierno, cumpliendo con lo dispuesto en el Estatuto de Guayaquil, había convocado desde el 19 de junio a un referéndum, para el 28 de julio. Como se presumía que el voto iba a ser contrario a la anexión, los peticionarios (los 193), expresaban en esa circunstancia no se le tuviera en cuenta.

 

Leocadio Llona, trataba de evitar en lo posible que se efectuara el referéndum y presionó al alcalde Avilés para que se convocara el 13 a sesión extraordinaria. De inmediato Llona presentó el memorial, pero fue debatido enérgicamente por los regidores Sáenz, Tama, Molina, Bodero, Terranova, Concha, Suárez Vera los que manifestaron que 193 no podían atribuirse la representación de todo el pueblo de Guayaquil, que se trataba de gente desconocida, que muchas firmas eran fraguadas y que se habían logrado en una reunión tumultuaria. Los alcaldes del 1er. voto Amador y del 2do. voto Avilés, fueron del mismo criterio. El documento fue rechazado y se puso el siguiente proveído: Guayaquil 13 de Julio de 1822. No siendo la expresión las ciento noventitrés firmas de las personas que suscriben la instancia, la que forma el voto libre de los vecinos de Guayaquil, devuélvase por inconforme al decoro y regularidad con que procede esta corporación”.

 

De todos los regidores sólo Llona había votado a favor. Bolívar al conocer ese suceso estalló en cólera. Ni su presencia en Guayaquil, ni el prestigio de sus victorias, ni el hecho de estar en el ejército presente doblegaban a Guayaquil. Fue el mismo Llona el que enteró de todo a Bolívar. Se decidió entonces actuar en forma violenta.

 

El hombre que se llamaba Libertador, consideró que no podía esperar a que el pueblo expresase su libre determinación.

 

Se decidió a utilizar la razón de la fuerza y movilizó al ejército colombiano, que en Guayaquil, mandaba el General Salom.

 

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EL ZARPAZO DE BOLÍVAR

 

Bolívar dispuso que el general Salom y el ejército a sus órdenes asumieran el control político y militar de Guayaquil. Las tropas armadas principiaron a controlar la ciudad, mientras un bando anunciaba a la población que había perdido su libertad en manos del Libertador. El bando decía lo siguiente:

 

Bartolomé Salom, del orden de los libertadores de Venezuela y Cundinamarca, condecorado con la Cruz de Bocayá, General de Brigada de los ejércitos de la República de Colombia, Jefe de Estado Mayor General. A los habitantes de Guayaquil. Salud.

 

Art. 1ro.- S.E., el Libertador; ha tomado la ciudad y la provincia de Guayaquil; bajo la protección de Colombia.

 

Art. 2do.- El pabellón y la escarapela de Colombia, las tomará la provincia; como el resto de la Nación.

 

Art. 3ro.- Todos los ciudadanos, de cualquier opinión que sea, serán igualmente protegidos y gozarán de una seguridad absoluta.

 

Art. 4to.- Colombia será vitoreada en todos los actos públicos, así militares como civiles.

 

Art. 5to.- La autoridad de S.E. el Libertador y sus subalternos, ejercerán el mando político y militar de la ciudad y la provincia de Guayaquil.

 

Art. 6to.- Se encarga a los ciudadanos el mayor orden, a fin de evitar las disensiones que han ocurrido.

 

Art. 7mo.- Las antiguas autoridades han cesado en sus funciones políticas y militares, pero serán respetados como hasta el presente y hasta la convocación de los representantes de la provincia.

 

Por orden de S.E.-el Libertador, publíquese por bando -Guayaquil 13 de Julio de 1822. Firmado Baartolomé Salom.

 

A continuación, Bolívar dispuso que la bandera Colombia fuera enarbolada en los cuarteles, muelles y en todos los edificios públicos.

 

Bolívar lanzó una proclama a los guayaquileños expresando que había traído el escudo de la libertad y de las leyes, y sacado a Guayaquil de la situación ambigua y de anarquía en que estaba, y que había oído sus clamores porque eran colombianos de corazón.

Luego hizo enviar una nota a Olmedo haciéndole conocer que oyendo el clamor general y para salvar al pueblo de la anarquía, los acoge bajo la protección de la república y que dejaría, que no coartaría de ningún modo la absoluta libertad del pueblo para emitir franca y espontáneamente su voluntad en la próxima congregación de la representación.

También envió Bolívar comunicaciones a San Martín y a O’Higgins haciéndoles conocer la situación, pero la primera no llegó al Protector porque éste había partido en ese día de Lima hacia Guayaquil.

 

Olmedo resignadamente aceptó los hechos consumados y dio como terminadas las funciones de la Junta Suprema de Gobierno. Tal decisión se la comunicó a San Martín en brevísimo mensaje.

Los plenipotenciarios peruanos generales Salazar y La Mar, se retiraron a la escuadra peruana que al mando del almirante Blanco Encalada estaba en el puerto. Los miembros de la Junta, Olmedo, Roca y Jimena, este último con su esposa se refugiaron en la escuadra. Lo mismo hizo el alcalde Amador, el regidor Tama y otras personalidades. Comprendían que no había garantías, Jimena llegó a ser Ministro de Guerra en el Perú.

 

De hecho, Guayaquil quedó incorporado a Colombia. Bolívar hizo una parodia de acto electoral bajo la custodia de bayonetas colombianas obligando a la airada protesta del pueblo que veía coactada su libertad pero de nada valió. El fraude, el temor y el entreguismo de algunos sirvió para llenar las formas y que al final, mediante un acta hicieran el 31 de julio la entrega “oficial” de Guayaquil a Bolívar.

 

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EL ENCUENTRO DE DOS COLOSOS

 

El 13 de julio escribía San Martín a Bolívar anunciándole que partiría a Guayaquil antes del 18. La carta iba dirigida a Quito porque creía San Martín que allí se encontraba el Libertador.

 

Pensaba San Martín que Bolívar se iba a detener en Quito atendiendo festejos y en los asuntos políticos, y creía poder llegar antes a Guayaquil para imponer condiciones.

 

El 14 de julio, al medio día, partió del Callao en la goleta de guerra “Macedonia” en compañía de sus asistentes el coronel Rufino Guido, hermano de su Ministro de Guerra y Marina, y del Tnte. Crl. Simón Soyer.

 

Rufino Guido, al hacer tiempo más tarde un relato de este viaje, aseguraba que junto con San Martín partió el resto de la escuadra que estaba fondeada en el Callao y que transportaba dos batallones, para apoyar sus pretensiones.

 

El “Macedonia”, se adelantó a la escuadra y el 22 de julio llegó a Paita en donde fondeó. Las autoridades del puerto subieron a bordo y saludar al Protector. En el puerto recogieron a un piloto alemán a quien confiaron en adelante la conducción del barco sobre todo en lo referente al ingreso al estuario del Guayas.

 

El 25 por la noche llegaba San Martín al estuario del Guayas. Parece que los paiteños no conocían los últimos sucesos de Guayaquil, porque nada le informaron a San Martín.

 

Al amanecer la “Macedonia” estaba cruzando el Canal de Jambelí y luego se encontraron con la escuadra peruana que tenía a su mando Blanco Encalada. Una lancha fue a dar la bienvenida a San Martín y de inmediato le contaron que Bolívar se había apoderado de Guayaquil, y que los generales Salazar y Carrillo, así como La Mar se encontraban a bordo de los barcos peruanos.

 

San Martín comprendió que todos sus planes se venían abajo y que debía variar su plan. De inmediato dispuso San Martín, que una lancha saliera al encuentro del resto de la escuadra peruana que aún no había ingresado al estuario del Guayas, para que retornasen todos los barcos al Callao. Este acontecimiento es relatado por el coronel. Guido.

 

Fue pues tremenda la sorpresa de San Martín al comprobar que Bolívar se le había adelantado. Para Bolívar fue también motivo de asombro el saber que ya tenía a San Martín en Guayaquil, cuando lo creía aún en Lima, pero ya tenía toda la partida ganada.

 

San Martín pasó la noche del 25 a bordo y recibió a Santa Cruz, a Blanco Encalada, La Mar, Salazar y Carrillo, a Olmedo, Jimena y Roca.

 

Al día siguiente, Bolívar en persona se trasladó a bordo a dar la bienvenida a San Martín. Esto lo dicen el biógrafo de Bolívar, el coronel Thomas Rourke en su obra “Simón Bolívar”, también lo asegura Germán Leguía y Martínez, pero Bartolomé Mitre lo mismo que el coronel Guido afirman que San Martín desembarcó en medio de los vítores y júbilo del pueblo y se dirigió al Palacio en donde moraba Bolívar en el que éste esperaba con su estado mayor vestidos de gran parada y al pie de la escalera.

 

Los dos grandes se abrazan y Bolívar como siempre, hace en voz alta un fino y pomposo cumplido que San Martín contesta con modestia y sencillez.

 

Empiezan a llegar representantes de las corporaciones para saludar al Protector. En determinado momento, un grupo de bellas damas se acerca a cumplimentar al recién llegado, y una de ellas, Carmen Garaicoa, pone en las sienes de San Martín una corona de oro y esmalte que el gran hombre de inmediato y en medio de gran rubor la retira.

 

El historiador Germán Leguía y Martínez asegura que todo este acto fue planeado por Bolívar para agasajar a su huésped, agregando además que la bella Carmen era una enamorada de Bolívar. El coronel Guido no lo cree así y manifiesta que Bolívar presenció la escena completamente lívido, lleno de rabia y despecho. San Martín dijo que no merecía tal distinción y que más bien otros presentes, eran más acreedores a eso.

 

Después que los visitantes se hubieran retirado, quedaron los dos Libertadores solos, y durante hora y media conversaron a puerta cerrada. Posteriormente, se dirigió San Martín a su alojamiento. Las multitudes se reunían frente al alojamiento en manifestaciones espontáneas y enfervorizadas.

 

El 27 a la una de la tarde San Martín volvió a la residencia de Bolívar. Antes preparó San Martín su equipaje para retornar al Perú. Una nueva conferencia, encerrados y sin testigos, duró cinco horas.

 

El municipio tenía preparado un gran banquete. Bolívar siempre arrogante y lleno de gran vanidad, brindó: “Por los dos hombres más grandes de la América del Sur, el General San Martín y yo”. El Protector con la modestia de siempre hizo su brindis del siguiente modo: Por la pronta conclusión de la guerra, por la organización de las diferentes repúblicas del continente y por la salud del Libertador”.

 

Los temas tratados en las reuniones secretas fueron sin duda tres: la situación de Guayaquil, el modo de terminar lo más pronto posible la guerra contra España y la forma de gobierno que debían de tener las naciones nacientes.

 

Thomas Rourke, biógrafo de Bolívar dice al respecto del primer punto que San Martín estaba derrotado de antemano y sabiéndolo perfectamente Bolívar, se manifestó dispuesto a dejar el problema para ser solucionado por “el voto popular del pueblo de Guayaquil, elección que por los demás había sido previamente arreglada”.

 

En efecto, las elecciones que después se efectuaron fueron una burda farsa.

 

Con relación al envío de fuerzas colombianas para ayudar al Perú, Bolívar se mostró dispuesto a enviar sólo tres regimientos bajo el mando del general Paz del Castillo. Para San Martín esas fuerzas eran insuficientes y considerando que la vanidad de Bolívar podía ser halagada, le ofreció el mando de los ejércitos unidos de Perú y Colombia y el ofrecimiento de militar bajo sus órdenes. El asombro de Bolívar ante tamaño rasgo de desprendimiento de San Martín, apenas le permitió titubear un débil rechazo y decir que no podía trasladarse fuera del territorio colombiano.

 

Con relación al tercer punto, San Martín era de opinión de que se formase una monarquía constitucional, buscando como rey a un príncipe europeo, ya que en su criterio sólo eso podía evitar la anarquía en los primeros años. Bolívar defendió ardorosamente el sistema republicano, con presidentes vitalicios y como San Martín le manifestara que el sentimiento limeño y peruano estaba por una monarquía constitucional, el Libertador -según asegura Rourke- le entregó para que se enterase, una carta que había recibido recién del coronel Juan María Gómez, agente de Bolívar en Lima, en la que contaba que durante la breve ausencia de San Martín, la oficialidad del ejército peruano había planeado una revolución contra los planes políticos de San Martín.

Esa lectura silenciosa desarmó al Protector que abatido exclamó: “Si eso es cierto ha terminado mi vida pública. Me iré a Europa para vivir en absoluto retiro. Espero antes de cerrar mis ojos que celebraré el triunfo de los principios republicanos que Ud., defiende. El tiempo y los acontecimientos dirán quien de nosotros dos, ha visto en el futuro con más claridad”.

 

En América Latina se formaron dos imperios, uno que fue el mexicano con Itúrbide que tuvo un trágico fin y otro en Brasil, que permitió una transición larga y pacífica del sistema colonial al independiente. En cambio, el Perú, tal como temía San Martín fue presa de la anarquía militar.

 

Tras del banquete que se ofreció en honor de San Martín vino el baile durante el cual el Protector se sintió fastidiado, al punto que a la 1 de la madrugada, se acercó a Guido y le dijo: “Esto hastía, vámonos”. Tras de despedirse de Bolívar, salió disimuladamente del salón, y de allí se dirigió a bordo, retornando toda la escuadra al Callao. Era el 28 de julio, 1er. aniversario de la Independencia, cuando el “Macedonia” levó anclas. Allí le dijo a Guido refiriéndose a Guayaquil: “¿Qué le parece a Ud. como nos ha ganado de mano el Libertador?”.

 

A bordo iban los exilados ecuatorianos Roca y Jimena los triunviros de a Junta Suprema, desembarcaron en Paita, querían estar cerca de la Patria amada.

 

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