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TROTAMÓNS
els
corredors de fons de Benimaclet |
| I Subida a Los
Lagos de Covadonga |
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Pepe tiene cincuenta y un años, aunque conserva un aspecto joven y un espíritu emprendedor. Es el alma de la expedición; no para de ocurrírsele cosas que hacer en relación con el viaje, como la idea de las camisetas con la foto del cuarteto. Tiene los mejores tiempos en carreras despues de Mares, y a eso añade una fama de no necesitar mucha preparación para ponerse en forma, como aquella vez que en los
100 kms de Madrid llegó enterito a meta, mientras que Julián, que como siempre se había entrenado a fondo, las pasó moradas desde el kilómetro 20. |
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Todos se acuerdan de Luis al pasar por
Zamora, donde las cigüeñas hayan emplazamientos más ortodoxos para sus hogares. Es la tierra del padre de Julián, y hay un sitio donde la Virgen le pidió a cierta Inés que le atara el zapato. Varios túneles, el más largo el de
Negrón, cuatro kilómetros, donde se produce el milagro vegetal. Todos estusiasmados. Talavera, que no había ido nunca más allá de la meseta, sobretodo. Prados y bosques o bosques y prados. Las primeras vacas son saludadas con alborozo en la lejanía. Carbón extinto en
Pola de Siero. Y una central térmica boqueando quién sabe qué. Bellamente aparece y desaparece
Oviedo, Julián dice que es muy señorial. Talavera se leva alguna reprimenda por mirar más a las cumbres que a la carretera. Pepe, intuyendo lo que busca, le dice que
Los Lagos están más altos que todas esas montañas. |
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Llegada trompicada a Gijón. Julián no se localiza muy bien. Luego otro par de vueltas de más, como un perro viejo y cansado, para dar con la casa de los padres de éste. Sencillez y ternura en el padre de Julián, exultante de gozo por el reencuentro, le faltan algunos dedos de una mano porque un telar quiso degollarlo, pero se tuvo que conformar con lo que pudo. La madre sencilla y encantadora
tambien, pero estática, con las manos en los bolsillos del delantal y la mirada
hidiza; lleva cuarenta años de depresión. |
| A comer fabes con almejas al
Mesón del Cordero, cuando Julián se consiga volver a orientar. Julián nació hace medio siglo, tabajó hasta los veintitrés de mantenimiento, y luego se marchó a
Valencia, donde se casó y entró en la Ford. Es la voluntad inquebrantable y el espíritu de sacrificio materializados en la apariencia de un
Santa Claus demacrado. Si bien Pepe siempre está bien, Julián ahora en concreto viene muy fuerte, ha sido el que mejor ha estado subiendo el
Picaio, y además se siente que juega en casa. Volviendo a las fabes con almejas, exquisitas y multitudinarias, al exclente vino, al digestivo orujo, decir que Talavera está a punto de rematar la sobremesa con uno de esos aforismo que se repetirán durante todo este viaje: Uno puede perder la memoria, y esto no se le olvida. |
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