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A dos Kilómetros de Quintana Martín Galíndez, se encuentra Leciñana de Tobalina. Para llegar a este pequeño pueblo, hay que subir por la carretera que conduce a la Peña Aguila y que desde el pasado año, enlaza con el pueblo de Extramiana y conduce a Bilbao.
Después de abandonar Quintana Martín Galindez y dejar atrás el pueblo de Cormenzana , cogemos un devio a la derecha que nos lleva a Leciñana.
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Vista Aerea del pueblo, sacada desde la Peña Aguila.
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Vista de Leciñana desde el camino de Ranedo (Encima del pueblo se puede ver la carretera que conduce e Extramiana).
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Imagen de Leciñana sacada desde el Barrio de la Pocilla.
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Entrada a Leciñana por la carretera de Quintana Martín Galindez.
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Imagen de la plaza del pueblo el verano de 2004.
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Leciñana de Tobalina, aparece citada por primera vez en el año 1031. Antiguamente estaba formada por barrios como San Laurencio y Carrerio (Ya desaparecidos) quedando en la actualidad el Casco de Leciñana y el “barrio” de la Pocilla.
Antigua tierra de viñedos, la llegada de la filoxera, marcó a Leciñana y alrededores un futuro basado en el cereal. También son conocidas estas tierras por su cultivo del lino.
La Iglesia de Leciñana, está dedicada a Santa María Egipcíaca, y en ella pueden verse imágenes de San Juan Evangelista, San Roque y San Sebastián. También podemos observar en una de las capillas laterales, la imagen de la Virgen de Nuestra señora del Rosario.
Los cuadros y esculturas de su interior, se encuentran en pésimo estado de conservación, y piden a gritos un lavado de cara.
Cabe destacar también si hablamos de Leciñana, la existencia de las ruinas de un convento que probablemente fuera de monjes templarios. Estas ruinas se encuentran en el monte de la Cubilla, y en las cercanias de las mismas, se han hallado tumbas y restos humanos.
Este monasterio llamado Monasterio de San Torcaz, da nombre en la actualidad a nuestra Asociación.
Cuenta la leyenda que a mediados del siglo XIX, vecinos de Quintana, subieron a este Monasterio para llevarse de sus ruinas una de sus campanas, todo ello a pesar de que circulaba la creencia de que nada bueno sucedería al que de aquel Monasterio se le ocurriera sustarer bien alguno.
Al parecer cuando se encontraban bajándolas por el antiguo camino de la Cubilla, una increible tormenta se desató, por lo que los portadores de la campana, creyendo que se trataba del fin del mundo, y que estaba provocada por el Hurto, decidieron volver con sus bueyes al Monasterio y dejarla de nuevo en su lugar.
Al momento calmó la tormenta y los asustados agricultores, decidieron volverse a su pueblo con las manos vacias. De la campana nunca mas se supo, aunque cuentan que cayó en manos de algún desalmado que perecería a los pocos días.
Algunos libros, como el de Inocencio Cadiñanos titulado "EL VALLE DE TOBALINA", añaden la posibilidad de que este convento perteneciera a monjes Benedictinos.
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En la parte central de la imagen, podemos observar la "era". Centro de reunión de jóvenes y mayores, y testigo de infinidad de encuentros gastronómicos.
En ella se han cerrado muchos tratos, algunos de ellos incluso acabaron en boda.
¿Anecdotas? miles, pero cada verano nos encargamos de recordarlas al calor externo de la hogera e interno de un buen vinito de Rioja.
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Acceso a la plaza del pueblo desde la parte inferior del mismo.
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