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  • El Anarquismo en la Ciudad de Rosario (Argentina)

    A lo largo de la historia argentina, la ciudad de Rosario albergó importantes movimientos sociales, por tal motivo la importancia de estudiarlos, como parte esencial para comprender la dinámica social rosarina. Entre estos movimientos se destacan los de índole contestataria hacia el orden establecido. A finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, donde aparece un combativo movimiento obrero y un influyente movimiento anarquista. Dos movimientos estrechamente vinculados desde sus orígenes y más aún cuando el surgimiento del sindicalismo de orientación anarco-comunista durante la primer década del presente siglo, tomó una importante vigencia en el movimiento obrero.

    El nacimiento y desarrollo de estos tempranos movimientos contestatarios se inscribe dentro del desarrollo capitalista agro-exportador que se percibe claramente desde mediado del siglo pasado y el cual se acelera a partir de 1880. Este tipo de desenvolvimiento, a partir del cual se construye la Argentina moderna, promover un notable crecimiento en la región de la pampa húmeda, donde se asentaron la mayor parte de los capitales y de la mano de obra (provista mayoritariamente por la inmigración europea, aunque también debe tenerse en cuenta el significativo flujo migratorio desde el resto del estado argentino hacia la zona pampeana).

    Al compás de este proceso, surgirán o se expandirán populosos núcleos urbanos, donde se alojarán los inmigrantes que no encuentren su lugar en el ámbito agrario, al no poder acceder a la propiedad de la tierra u obtener contratos de arrendamientos favorables. En estas ciudades, paralelamente al crecimiento de las actividades comerciales y de servicio durante las últimas décadas del siglo pasado, nacerán talleres, pequeñas industrias y algunas fábricas. La Ciudad de Rosario, en pocas décadas pasará de minúscula villa a segunda ciudad de la república, rivalizando con Buenos Aires en cuanto a la actividad económica y polo de atracción de la inmigración. Pilares fundamentales de esta mutación rosarina serán el puerto y los ferrocarriles que convergían hacia esa zona, transportando hacia el puerto rosarino la producción cerealera y, en menor medida, ganadera de la denominada "pampa gringa".

    De manera acorde al crecimiento económico y demográfico, se irán constituyendo las primeras organizaciones obreras (mutuales y sociedades de resistencia), tratando de canalizar las demandas de mejoras sociales para la naciente clase trabajadora local. Aparecen las primeras actividades de anarquistas y socialistas, que serán las corrientes ideológicas predominantes hacia fines del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX dentro del movimiento obrero añadiéndose a esta ideología el sindicalismo revolucionario desde 1905, que luego se expresará como sindicalismo, en términos simples. Rosario será la segunda concentración obrera del país y, también, la ciudad donde los conflictos sociales alcanzarán una magnitud similar o superior a los de Buenos Aires, relacionado con las condiciones de vida más duras que debían soportar los trabajadores rosarinos. En la Ciudad de Rosario tuvieron lugar las primeras huelgas generales, en el marco de una localidad y también del país. Las huelgas se registraron a fines de 1901, a raíz de un conflicto iniciado en la Refinería de Azúcar (que empleaba más de 1000 personas, siendo una de los establecimientos industriales más grandes del país), y a principios de 1902. Con el antecedente de haberse producido un conato de huelga general en 1896.

    La primera huelga parcial registrada en el país también se habría producido en Rosario. Se trata de la huelga protagonizada por los aguateros en 1877. Plácido Grela(1), en un artículo sobre los orígenes del movimiento obrero en Rosario, menciona además una serie de conflictos anteriores a la huelga de los aguateros, que se habrían registrado en la campaña próxima a Rosario.

    Por otra parte, la primera víctima mortal del movimiento obrero argentino fue Cosme Budeslavich o Budeslavich, un trabajador eslavo oriundo del Imperio Austro-Húngaro que trabajaba en la ya citada Refinería de Azúcar. Budeslavich encontró la muerte en un conflicto registrado entre los obreros y la empresa durante octubre de 1901.

    A principios de siglo, Rosario era denominada la "Barcelona del Río de la Plata" debido a la importante concentración obrera y al predicamento del anarquismo. La influencia alcanzada por esta ideología en Rosario durante el período en cuestión parece sólo comparable con la que logró el anarquismo en Barcelona, superando incluso -en términos relativos- a la ciudad de Buenos Aires. Existen al respecto testimonios elocuentes de personas no comprometidas con el anarquismo y que no tenían intención de agigantar su incidencia, como pudiera suceder entre los informadores libertarios. El médico catalán Juan Bialet Massé, por ejemplo, en su informe sobre la situación de los trabajadores en el interior del país a principios del siglo XX, expresa que el anarquismo "imperaba en las clases obreras de Rosario como único señor.

    Testimonios parecidos pueden hallarse en las declaraciones de dirigentes socialistas coetáneos. Enrique Dickman, apreciando que la actividad libertaria se percibía más en Rosario que en la Capital Federal, la definía como la "Meca del anarquismo argentino". Adrián Patroni, otro de los principales líderes socialistas de aquel entonces, también testimonia dicho fenómeno en una carta dirigida al periódico socialista LA VANGUARDIA, publicada el 20 de noviembre de 1901.

    Las primeras actividades anarquistas en Rosario sobre las cuales tenemos conocimiento cierto se remontan a 1890, cuando aparece EL ERRANTE, grupo de propaganda anarquista. Ese año queda registrada la presencia anarquista en el acto del 1º de mayo celebrado en la Plaza López de Rosario, cumpliendo con lo establecido por el Congreso Socialista Obrero de París en 1889.

    Hacia 1893 aparece DEMOLIAMO, periódico comunista-anárquico, la primera publicación anarquista editada en Rosario quedando un documento directo. En efecto, el original del nº 2 de DEMOLIAMO se conserva en el Instituto Internacional de Historia Social de Ámsterdam, a donde llegó gracias a la donación efectuada por el historiador austríaco libertario Max Nettlau producto de su cuantiosa biblioteca, hemeroteca y archivo personales. Muy probablemente la presencia anarquista dataría de años anteriores a 1890. Así, en 1888 se habría editado la publicación EL OBRERO PANADERO, correspondiente a los lineamientos anarquistas. Este órgano, según Plácido Grela, perduró hasta mediados de 1890, contribuyendo a difundir las alternativas del acto de ese 1º de Mayo. Dos destacados anarquistas, Francisco Berri y Virginia Bolten, estuvieron ligados a EL OBRERO PANADERO, que además de ser un órgano libertario, según Grela, era el vocero de la sociedad de resistencia de los obreros panaderos rosarinos, uno de los gremios más activos en aquellos años y entre cuyos miembros solían reclutarse militantes anarquistas.

    Existiendo una presencia anarquista en Buenos Aires desde la década de 1870 y habiendo llegado tanta inmigración europea a Rosario desde mediados del siglo XIX no es aventurado pensar que, en la década de 1880 hubo algún tipo de actividad anarquista en esta ciudad del sur santafesino. Referencias literarias a estas actividades se pueden encontrar en un cuento de Alberto Campazas titulado "Venancio borracho", donde relata la vida de un obrero español de tendencia bakuninista que durante los años de 1870, trabajó en la construcción del ramal ferroviario Rosario-Cañada de Gómez y trató de organizar sindicalmente a los obreros que participaban en aquella empresa.

    Lo cierto es que en la última década del siglo XIX aparecen en Rosario una importante cantidad de grupos de propaganda anarquista, que editaron periódicos y folletos, efectuando variadas actividades culturales con la intención de orientar al movimiento obrero en actividades libertarias, que cristalizaron con el surgimiento de la FEDERACION OBRERA LOCAL, que hacia 1896 editó el periódico LA FEDERACION OBRERA. Respecto de la participación en las sociedades obreras se registró una dura polémica entre dos tendencias anarquistas denominada una "organizadora" y la otra "antiorganizadora" o "individualista". Los primeros eran partidarios de la actividad gremial en la medida que no se renunciara a los objetivos libertarios, mientras que los segundos se oponían al sindicalismo, pues definían a esas sociedades como reformistas y autoritarias, y por ende contrarios a los principios anarquistas. La preeminencia lograda por los organizadores dentro del anarquismo local en los últimos años de la década de 1890 definió el pleito a su favor del sindicalismo. A partir de entonces con la creación de la FEDERACION OBRERA ARGENTINA (F.O.A.), luego FEDERACION OBRERA REGIONAL ARGENTINA (F.O.R.A.) se orientó el sindicalismo de tendencia comunista-anárquica. De esa manera, los sindicatos impulsados por los libertarios se convirtieron en la organización privilegiada dentro del movimiento, desplazando de ese lugar a los grupos de afinidad o grupos específicos de propaganda.

    El hecho de que Rosario ocupara un sitio de primer orden en cuanto a la magnitud y radicalización de las luchas sociales no parece ajeno a la hegemonía alcanzada por el anarquismo dentro del movimiento obrero local, pues los anarquistas trataban de obtener el máximo de las concesiones en cada conflicto y aspiraban a convertir la huelga general en la antesala de la revolución social por ellos preconizada. Para visualizar como se fue dando esta preeminencia resulta imprescindible estudiar los medios que se dieron los anarquistas para llevar adelante sus propósitos, difundiendo las propuestas libertarias, promoviendo la organización de los trabajadores y oprimidos en general, canalizando demandas de mejora social y ofreciéndoles actividades para el tiempo libre. En suma, debemos estudiar la manera en que estas organizaciones se adecuaron a las necesidades de una gran parte de los trabajadores.

    El estudio del anarquismo rosarino es de gran valor tanto para una mejor comprensión del anarquismo argentino como para la del temprano movimiento obrero de estas latitudes. Por supuesto, una mejor comprensión de estos fenómenos nos permite una más adecuada consideración de la sociedad rosarina y argentina de la época.

    A pesar de la importante significación de estos temas para el conocimiento de la realidad histórica local y nacional, no ha existido, hasta mediados de la década de 1980, una gran preocupación por la historia social rosarina y de los sectores trabajadores en particular. Existían sí algunas obras relativas al movimiento obrero y a la clase obrera argentinas que brindan algunos datos sobre la organización obrera y la actividad anarquista en Rosario. Tenemos así, por un lado, los trabajos clásicos sobre el movimiento obrero argentino, escritos por Sebastián Marotta (sindicalista), Diego Abad de Santillán (anarquista), Jacinto Oddone (socialista), Martín Casaretto (socialista) y Rubens Iscaro (comunista).

    Estos autores abordan la historia del movimiento obrero argentino desde sus respectivas orientaciones ideológicas. A esta bibliografía se agregan las producciones bibliográficas más tardías de Alberto Belloni, Julio Mafud, Hobart Spalding, Samuel Baily, Julio Godio, José Panettieri, Jorge Solomonoff y otras más recientes de Ricardo Falcón, Edgardo Bilsky, Antonio López, Leandro Gutiérrez y Ricardo González. Varios de estos autores centran su interés en la relación establecida entre los anarquistas y la organización sindical. Por otro lado, se encuentran las obras dedicadas específicamente a los anarquistas. En esta categoría figuran las obras de Ernesto Gilimón, Enrique Nido, Diego Abad de Santillán, Max Nettlau, Fernando Quesada (los cinco eran militantes anarquistas), David Viñas, Hugo del Campo, Iaacov Oved, Gonzalo Zaragoza y Dora Barrancos. Todas estas producciones, en mayor o menor medida, privilegian lo acontecido en Buenos Aires, el resto del país actúa como telón de fondo.

    Hasta los últimos años, existían muy pocos escritos referidos a la historia de los trabajadores rosarinos. Los pioneros en estos estudios han sido Daniel Maquirrian, Roberto Marrone y Plácido Grela. Desde 1984 se ha registrado un mayor interés por este tema. Han salido a la luz, de esa forma, una serie de investigaciones. Un trabajo dirigido por Ofelia Pianetto trata acerca de las condiciones de la vida obrera y de la formación del movimiento obrero en Rosario. Debido a su carácter general, esta obra vale más por su índole pionera que por las precisiones aportadas. Diego Armus y Jorge Hardoy se han dedicado al estudio de las condiciones de vida de los sectores populares locales hacia fines del siglo XIX y principios del presente.

    Un conjunto de investigaciones específicas realizadas por historiadores de la Universidad Nacional de Rosario. Ricardo Falcón, Alicia Megías, Alejandra Monserrat, Agustina Prieto, Maricel Bertolo, Adrin Ascolani, realizaron trabajos referidos a los intentos estatales por disciplinar y moralizar a los sectores populares rosarinos, con la finalidad de adaptarlos a las condiciones de vida y a las actividades de anarquistas, socialistas y sindicalistas en el lapso comprendido entre las postrimerías del siglo XIX y las primeras décadas del XX Una característica relevante de la producción literaria sobre el anarquismo argentino es la concentración de los estudios en torno al papel desempeñado por los anarquistas en el ámbito sindical, relegando a un lugar secundario otras cuestiones esenciales realizadas en la práctica de los libertarios: la educación libertaria, la literatura creada por los escritores anarquistas (Alberto Ghiraldo, Alejandro Sux, Florencio Sánchez, Félix Basterra, Antonio De Carlo, y otros), que se conjugan con diversas manifestaciones artísticas (cuadros filodramáticos, coros, payadores libertarios, tangos sociales) y recreativas (veladas, picnics), los centros de estudios sociales, bibliotecas y Casas del Pueblo, la propaganda oral y escrita desarrollada por los grupos de afinidad, con la consecuente proliferación de periódicos, folletos, libros, manifiestos, ensayos cooperativos, además de intentar establecer comunidades libertarias (como la experiencia frustrada de Macedonio Fernández y el padre de Jorge Luis Borges en Paraguay).

    También permanecen en un segundo plano o directamente no se tratan cuestiones claves en el discurso y la práctica anarquista, como el papel de la mujer a nivel de su participación en el movimiento anarquista, la imagen y las propuestas que tenían los anarquistas respecto de las mujeres, el internacionalismo, el antimilitarismo, el pacifismo, la cuestión religiosa (aquí aparece de modo acendrado, la prédica anticlerical y atea, y sin embargo subyacen en la ideología anarquista elementos asociados a las cosmovisiones religiosas, a creencias escatológicas, mesiánicas y apocalípticas, también se observa el tratamiento de la cuestión indígena y los "salvajes" en general, las consideraciones naturistas y eugenésicas, la defensa de una lengua internacional privilegiando el Esperanto).

    Es importante profundizar el análisis de las diferentes concepciones sobre los medios y los fines dentro del movimiento anarquista local. Diego Abad de Santilln rescató en sus obras la importancia de algunas de estas cuestiones y lo mismo se observa en las memorias redactadas por Miguel González, Laureano Riera Díaz y Juana Rouco. En estos últimos años, Dora Barrancos, Mabel Bellucci, Jean Andreu, Mauricce Fraysse, Eva Golluscio de Montoya y Hernán Diaz han dedicado valiosas investigaciones acerca de algunas de las cuestiones mencionadas.

    Otra cuestión a tener en cuenta es la importancia que tuvieron los crotos, más conocidos con el nombre de linyeras en la propagación del anarquismo, sobre todo a fines de la segunda década del siglo XX y hasta principios de 1930. Estos trotamundos que usaban sus piernas y los vagones del ferrocarril a modo de alas, son los protagonistas de varios artículos de Hugo Nario y Alicia Maguid y libros de dos crotos: Beppo Ghezzi y Angel Borda. Referencias acerca de ellos hallamos en los recuerdos de los viejos libertarios, José Fernández y Miguel González. En la medida del avance que el lector interesado se introduce en esta temática, descubre lo mucho que le queda por leer para precisar la incidencia de los crotos libertarios en el surgimiento de sindicatos rurales o pequeñas poblaciones, en el establecimiento de bibliotecas obreras, en la organización de huelgas en los pueblos y en el campo, en relación directa con la difusión de las ideas anarquistas, y es necesario profundizar las investigaciones y extenderlas hacia áreas temáticas y geográficas no suficientemente exploradas.

    Dos problemas fundamentales se han presentado a los investigadores del temprano movimiento obrero y anarquismo rosarino o argentino en general, por un lado la pérdida de gran cantidad de testimonios escritos, que fueron elaborados por las organizaciones que conformaban el movimiento anarquista y por otra parte la dispersión y mal estado de la documentación restante.

    De todos modos los buceadores de la historia han adoptado el recurso de otro tipo de documentación (diarios o publicaciones de carácter general, registros estadísticos, memorias y cartas de antiguos protagonistas) y la consulta de todo tipo de bibliografía que pueda brindar algún dato, incluyendo obras de literatura, todos estos son instrumentos de gran valor que nos permiten avanzar en la tarea heurística. Dentro de este conjunto debe brindarse especial atención a los trabajos ligados a la historia rosarina y Argentina.

    Otro recurso lo constituye la consulta de publicaciones obreras elaboradas en otros países cuyos movimientos laborales estaban estrechamente vinculados básicamente por cuestiones migratorias o por vecindad geográfica con argentina. Entre ellos sobresalen España, Italia, Francia, Uruguay, Chile y Brasil. Además, por el carácter fuertemente internacionalista del anarquismo y, en menor medida, del socialismo argentino, no sería extraño hallar referencias acerca de la situación local en publicaciones de tendencias esparcidas por América y Europa.




    PARA NO PERDER LA MEMORIA

    LA UNICA LUCHA QUE SE PIERDE
    ES LA QUE SE ABANDONA



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