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  • INTERVENCION IMPERIALISTA EN LIBIA

    12 de marzo de 2011.-

    Virgilio Ángel Galeano

    Creer al día de hoy que la OTAN haya intervenido en Libia para defender los derechos humanos es creer que el Fondo Monetario Internacional presta plata a los países pobres para ayudarlos.

    ¿Quien puede creer que EEUU vela por el cumplimiento de los derechos humanos? En todo caso, ¿habrá que recordar de nuevo que estados unidos es un imperio devorador y necesita suministros de materiales energéticos?

    Quien tenga la oportunidad de hacer una visita no guiada a Irak y constatar personalmente el estado que vive ese pueblo después de 7 años de ocupación militar estado-unidense, revise las estadísticas se atraganten al comprobar la reducción de seguridad, de riqueza, de trabajo, y requerimientos mínimos a la población que tienen en comparación con la etapa Sadam. Es un reflejo futuro de como acabará Libia después de esta intervención neocolonialista.

    No se trata de buenos contra los malos, se trata de un conflicto provocado para facilitar la intervención de los Estados ávidos de petróleo, por apropiarse de un territorio que no les pertenece y se encuentra a miles de kilómetros de sus lugares de origen. El fundamentalista democrático utiliza al “pueblo”, el pueblo masacrado, el pobre pueblo, que siempre sufre por culpa de los genocidas.

    Los Estados Unidos y las potencias europeas se estaban preparando para una intervención militar directa en Libia. Ellos buscan aprovecharse de un legítimo levantamiento popular contra el gobierno dictatorial de 41 años de Muammar Gaddafi, con la idea y la acción de prevenir la posibilidad que un régimen más radical y revolucionario surja de la revuelta, entonces necesitan poner un sirviente de estilo colonial y aplastar la desacreditada dictadura que no le sirve. Para lograr esto las potencias industriales se han lanzado sobre la presa como perros hambrientos sobre la presa para devorarla. Sin darle tiempo a ninguna reacción.

    Es extraordinaria la rapidez como cambia la política estadounidense, que pasó de mantener un relativo silencio respecto al movimiento anti-Gaddafi a ubicarse en el principal proponente de una intervención “aliada”.

    Como en cualquier operación yankee en la región, las fuerzas motrices son de un carácter dual: primero, apropiarse de los recursos de uno de los mayores países productores de petróleo y, segundo, buscar los intereses más amplios del imperialismo estadounidense en el Oriente Medio y en el Norte de África. Las fuerzas militares imperialistas en territorio libio estarían en posición de influenciar el curso político futuro en Egipto, Túnez, Argelia y Marruecos, países que se encuentran en crisis, así como también a través del Sahara en Sudán, Chad, Níger y Nigeria.

    Nadie (sobretodo el mismo pueblo libio) puede tragarse que las pretensiones de preocupación humanitaria presentadas para justificar la entrada de fuerzas militares estadounidenses, británicas, francesas, alemanas, italianas y de otros países, se realizan para proteger la vida de civiles. ¡Mentiras!! Estas potencias se mantuvieron al margen cuando los dictadores de Túnez y Egipto, Zaire El Abidine Ben Ali y Hosni Mubarak, masacraban a manifestantes exigiendo trabajos, derechos democráticos y un fin al saqueo económico por corruptas élites gobernantes. Estas potencias “liberadoras” ofrecieron asistencia política, diplomática y, en algunos casos, asistencia directa de seguridad en un esfuerzo por apoyar estos regímenes serviles, para evitar el ascenso del pueblo.

    Durante las mismas dos semanas en las que las fuerzas de seguridad de Gaddafi acribillaron a manifestantes de la oposición, en esos momentos fueron cometidos crímenes idénticos por los aliados de los EE.UU. en Omán y Bahréin y por el régimen norteamericano en Irak sin ninguna reprensión pública por parte de Washington. En estos casos a nadie se le ocurrió en la organización de una campaña internacional por intervención militar en defensa de civiles.

    Un bombardeo masivo de propaganda se ha puesto en marcha, (tal como se hizo para allanar el camino para la intervención de EE.UU. y la OTÁN de Bosnia y Kosovo en la década de 1990) resaltando atrocidades cometidas por el régimen de Gaddafi para argumentar que se necesita una intervención conjunta por parte de las potencias imperialistas para "salvar" al pueblo libio.

    La secretaria de estado Hillary Clinton marcó la pauta el lunes, denunciando el uso de "matones" y "mercenarios" de Gaddafi y declaró que "No hay nada fuera de la mesa siempre y cuando el gobierno libio continúe amenazando y matando libios". El primer ministro británico David Cameron puso de su parte, declarando en la Cámara de los Comunes "De ninguna manera descartamos el uso de activos militares" en Libia.

    El ministro de relaciones exteriores de Australia, Kevin Rudd, declaró después de una reunión con Clinton que se debería imponer inmediatamente una zona de exclusión aérea. "Guernica es conocida en todo el mundo por el bombardeo de una población civil", declaró, refiriéndose a la masacre llevada a cabo por aviones de guerra nazi durante la Guerra Civil Española. "Hemos visto evidencia de aquello en Libia. No debemos simplemente permanecer de brazos cruzados mientras atrocidades similares son cometidas otra vez". Lejos de permanecer de brazos cruzados, Australia ha sido un socio mayor en las guerras de agresión estadounidenses en Irak y Afganistán, guerras que han producido atrocidades mucho más grandes.

    Hasta hace dos semanas, estas potencias coqueteaban con Gaddafi para obtener lucrativos contratos en la explotación de los recursos petrolíferos y gasíferos de Libia. Un desfile de pretendientes occidentales (Condoleezza Rice de EE.UU., Tony Blair de Gran Bretaña, Chirac de Francia, Berlusconi de Italia, Zapatero de España) siguió el olor de petróleo hasta Trípoli. Ellos no prestaron atención al estado policíaco de Gaddafi o a los gritos que salían de sus cámaras de tortura.

    Estados Unidos realizó una significativa inversión política y financiera en el cultivo de relaciones amistosas después de evaluar como un mayor logro estratégico el repentino acercamiento de Gaddafi hacia Washington y la política extranjera estadounidense después del año 2003. Hillary Clinton recientemente agasajó a uno de los hijos de Gaddafi en Washington y nombró al presidente fundador de la Asociación de Negocios Libio-Estadounidense, para ocupar el cargo de coordinador del Departamento de Estado para asuntos de energía internacional.

    Las potencias que ahora se están alineando para retornar a Libia, como los presuntos patrones de las fuerzas de oposición que han tomado control de la mayoría del país, están siendo impulsadas por los mismos apetitos de lucro y pillaje. Y a pesar de sus declaraciones de apoyo por el derrocamiento de Gaddafi, la entrada de fuerzas militares de los Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales europeas no será a favor de aquellos que verdaderamente luchan para derrocar a la dictadura.

    La intervención extranjera aumentará la hostilidad popular y quienes participan en el levantamiento en Benghazi ya han declarado su oposición a la entrada de las tropas norteamericanas y europeas. Esta intervención le daría a Gaddafi la oportunidad de reanudar su falsa postura como un líder anti-imperialista y dar a su régimen un nuevo aliciente político a su dictadura.

    Igualmente cínicas son las afirmaciones de preocupación por el futuro de los cientos de miles que han huido de Libia desde que empezó el combate el 17 de Febrero en Benghazi. Los voceros oficiales de los varios poderes imperialistas aseguran que sus compatriotas, muchos de ellos técnicos y otros funcionarios de compañías de petróleo, están en peligro y deben ser rescatados.

    Al mismo tiempo, aquellos países con una línea costera con el mediterráneo—Italia, Francia, España—han advertido de una avalancha de refugiados viniendo de la creciente guerra civil. Ambos problemas, por supuesto, tienen la misma "solución": ntervención militar, dentro de Libia y alrededor de su línea costera.

    Buscando diferenciar apoyo por la intervención en Libia , respecto de la guerra no provocada en Irak por la administración Bush, el Times declara que para dar legitimidad a una nueva aventura militar estadounidense en la región "un respaldo creíble por parte del mundo árabe parece absolutamente esencial".

    Para ese fin, el Times elogia al Consejo de Cooperación del Golfo, la alianza de las monarquías del Golfo Pérsico dominada por los saudíes, por su apoyo en imponer una zona de exclusión aérea en Libia. El consejo incluye a Bahréin y Omán donde la policía ha asesinado a manifestantes de oposición con impunidad, así como Arabia Saudita, donde las protestas son ilegales bajo pena de muerte. Todos estos regímenes a los que el Times recurre son dictaduras odiadas por sus propios pueblos.

    Lo que se cuida mucho de manifestar el TIMES, que la campaña anti-Libia es un ensayo delincuente para robar. La primera acción fue la incautación de 30 mil millones de dólares en activos libios mantenidos en las instituciones financieras de los EE.UU. y miles de millones más en las cuentas europeas, momentos más tarde que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobara las sanciones contra Libia. Aunque fue denominado como un "congelamiento" de activos, en realidad confiscaron los recursos que pertenecen al pueblo de Libia.

    Tan flagrante es el robo que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, hablando en una conferencia de negocios en Alemania, se vio obligado a objetar: "Los errores hechos por los gobiernos no deberían ser pagados por el pueblo", declaró. "Creemos que discusiones sobre una intervención en Libia o sanciones son preocupantes considerando al pueblo de Libia y a los extranjeros en ese país". Declaró que las potencias extranjeras deberían actuar en Libia "desde una perspectiva humanitaria y no por consideraciones de sus intereses petroleros".

    El impulso hacia la intervención militar se está acelerando. El gobierno de Berlusconi en Italia (la antigua potencia colonizadora en Libia y el mayor comprador de su petróleo) oficialmente repudió su pacto de no agresión con el régimen de Gaddafi. Esta es la preparación legal necesaria para la acción militar italiana dentro de Libia y la intervención de aviones estadounidenses en Aviano y otras bases aéreas de la OTÁN en Italia.

    Luego, la administración Obama confirmó que ha empezado a redistribuir equipos navales en el Mar Mediterráneo, posicionándolos dentro del rango de Libia. El Pentágono fue tomado desprevenido por la rápida propagación de disturbios dentro de Libia, habiendo despachado al portaaviones USS Enterprise a través del Canal de Suez hacia el Mar Rojo el 15 de Febrero, en una demostración de fuerza, cuatro días antes del derrocamiento del presidente egipcio Mubarak. El grupo de combate del portaaviones continuó hacia el Mar Arábigo, "mostrando la bandera" en apoyo de Saleh, el asediado dictador pro-EE.UU. de Yemen, y los emiratos petroleros del Golfo Pérsico.

    Un portavoz del pentágono anunció: "Tenemos planificadores trabajando y varios planes de contingencia y estamos reposicionando fuerzas para ser capaces de proveer la flexibilidad una vez que las decisiones sean hechas". El Enterprise y un porta-helicópteros, el USS Kearsage, se han trasladado ahora hacia el Mar Rojo, para que tomen posición ya sea de volver a transitar el Canal de Suez o lanzar ataques aéreos contra objetivos libios. La operación bajo discusión varía entre esfuerzos de "rescate" como aquellos montados por comandos británicos y alemanes, a las de una zona de exclusión aérea, o las de un desembarque total de los infantes de marina.

    Una preocupación adicional de los EE.UU. es el rol de China, el cual está montando su primera operación militar en el Mar Mediterráneo. Pekín ha despachado la fragata Xuzhou de su patrulla anti-pirata en Somalia hasta la costa libia, cruzando el Canal de Suez, para asistir en la evacuación de 30 mil ciudadanos chinos, la mayoría de ellos trabajadores de construcción, atrapados en la lucha.

    Hay un elemento de desesperación y extrema imprudencia en la campaña anti-Libia. Esta erupcionó tan sólo unos días después que el Secretario de Defensa de EE.UU. Robert Gates en un discurso a una audiencia militar declarase: "En mi opinión, cualquier secretario de defensa en el futuro que le recomiende al presidente enviar de nuevo un gran ejército de tierra estadounidense a Asia o hacia el Oriente Medio o a África debería ‘tener su cabeza examinada', como el General MacArthur tan delicadamente lo dijo".

    Gates expresaba el pesimismo producido por la insoluble oposición de la población afgana a la larga ocupación militar estadounidense, así como a las preocupaciones de los altos mandos militares por la menguante condición de la fuerza de voluntarios después de 10 años de constantes despliegues ultramarinos.

    A pesar de tales temores, sin embargo, hay una lógica detrás de las acciones del imperialismo y la administración Obama. El objetivo final de los EE.UU. y la intervención europea es el de llenar el "vacío político" en Libia, como el New York Times lo denominó su edición dominical, al convertir el país en un protectorado de los países imperialistas.

    Un experto estadounidense en Libia, escribiendo en la revista Newsweek, comparó directamente una intervención en Libia al prolongado rol de los EE.UU. en los Balcanes. La situación política en Libia, escribió, "sugiere la de los Balcanes en vez de la del vecino Egipto o Tunisia como posibles precursores para la construcción de estado en Libia. Como con el caso de los Balcanes, la comunidad internacional podría tener un rol largo y positivo para jugar al proveer pericia y, temporalmente, fuerzas de seguridad".

    En otras palabras, Libia se convertirá en una semi-colonia, gobernada por los Estados Unidos y sus compañeros depredadores de Europa Occidental, quienes tomarán control de las reservas de petróleo y transformarán su territorio en una base estratégica de operaciones contra los alzamientos en masa que ahora barren con el Oriente Medio y el Norte de África.

    Echando una mirada hacía el horizonte político, económico y social sobre las tierras y posesiones de la América del Sur, podemos imaginar, la perspectiva de nuestro próximo futuro. La gira de Obama, presidente de Estados Unidos de Norteamérica, que llega a Brasil y luego a Chile, están marcando donde ha puesto los ojos el imperio, para garantizarse su futura reserva de “calorías” y también de agua potable. Argentina, los países del Plata tendrán que empezar a preparar sus defensas para la próxima invasión.







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