PERSPECTIVA DE LA GLOBALIZACION
(SEGUNDA PARTE)
Por Virgilio Ángel Galeano
Buenos Aires, Julio de 2011
FIN DE LA EXPANSION POST SEGUNDA GUERRA MUNDIAL
Apoyado en estas consideraciones teóricas vemos la última fase del desarrollo capitalista relacionado con la globalización de la producción y el principio del caos político, económico y social que estamos viviendo.
La globalización tiene su origen a causa de la caída de las tasas de ganancias que se produce a principios de los años de 1970. Por 25 años luego de la Segunda Guerra Mundial, el sistema capitalista tuvo el privilegio de gozar un período de expansión sin precedente. Muchos factores contribuyeron a esa expansión: Entre ellos, Los pactos políticos y económicos después de la guerra que EE.UU. inició bajo el Plan Marshall. La adopción de una política basada en las teorías de John Maynard Keynes. Este economista ingles abogaba a favor de los gobiernos capitalistas a intervenir directamente en la estimulación de la economía y en medidas para dar concesiones de bienestar social a la clase obrera, concedidas por el terror a un retorno de las condiciones económicas de 1930 y provocara grandes levantamientos sociales y luchas revolucionarias en los países capitalistas principales.
De esta manera, el período posterior a la guerra se apoyó en la expansión de acumulación de la plusvalía por toda la economía capitalista. Esta expansión fue posible cuando se desarrolló y popularizó la cadena de montaje en el resto de los países capitalistas avanzados. Este método de producción se inició en los EE.UU. durante 1920 y 1930. La maquinaría Industrial desarrollada durante la Segunda Guerra Mundial y la expansión posterior produjo la acumulación de capital que los métodos de producción le facilitaron.
Sin embargo este crecimiento acelerado y sin control apropiado los condujo rápidamente a la caída de la tasa promedio de beneficios a causa de la masa de plusvalía alcanzada en su momento de mayor realce, pero, no había sido lo suficiente y amplia para seguir expandiendo el capital a la misma velocidad del inicio de la expansión. Fue tan grande y tan rápido el crecimiento de la masa de ganancia que, no tuvieron la previsión de calcular las necesidades de capital del próximo período.
Las estadísticas que surgieron acerca de las ganancias para la economía de EE.UU. Muestran el proceso con mucha claridad. En 1946, la tasa de beneficios era aproximadamente 22%. En 1966 todavía era 21%, pero de ahí en adelante la tasa de beneficios declinó bruscamente. Para el año 1974 había bajado al 12%. En el año 1980 era 10%. Es decir, de 1966 a 1974, la tasa de beneficios declinó más o menos 45% luego de permanecer relativamente constante por casi dos décadas. Las estadísticas de ganancias en las otras economías capitalistas principales muestran un proceso idéntico. La caída en la tasa promedio de beneficios anunció su llegada con la recesión internacional de 1974/75, que fue la baja económica más severa desde la Gran Depresión, ocurrida cuarenta años antes. Lo que anunció la llegada de una nueva época fueron las condiciones económicas, que no retornaron al nivel anterior a 1950 y 1960. El fracaso de la tasa promedio de beneficios se reflejó al pronunciarse en las estadísticas mostrando muy bajo crecimiento, porque la economía por sus propios medios se negó a regresar a niveles previos y la llamada “estagflación”, creada como nuevo nominador para medir la combinación de las altas tasas de desempleo con altos niveles de inflación, no mostraba signos de recuperación, por el contrario se profundizaba.
Los años de 1970 fueron una década de remolinos económicos y políticos, desde los eventos de mayo-junio de 1968, en Francia, a la expulsión del gobierno Tory en la Gran Bretaña a causa de la huelga de los mineros, y a los levantamientos revolucionarios en Portugal durante 1974 y 1975. Gracias a la colaboración de los partidos estalinistas y los reformistas socialdemócratas, la burguesía pudo controlar la situación. (Estas organizaciones traicionaron a la clase obrera) En los tan mentados países en desarrollo, las luchas obreras fueron aplastadas gracias a la colaboración de gobiernos y partidos burgueses locales. Contaban con el asesoramiento de la CIA, a través de las embajadas y cuerpos de ayuda a los pueblos del tercer mundo, esa vanguardia fue reprimida hasta la desaparición y la extinción de los cuadros revolucionarios. Luego de estabilizar la situación en las “colonias”, la burguesía de los países centrales, emprendió una ofensiva contra la clase obrera en todos los frentes.
Esta ofensiva contrarrevolucionaria se puede asociar a través de los gobiernos de Thatcher y de Reagan. Del punto de vista económico el evento más significativo fue la capacidad de Paul Volcker, para tomar el poder como presidente del Banco de Reservas de Los Estados Unidos en el año 1979 y la aplicación del programa de tasas de interés altas durante el año 1980. Esto fue un dictamen aplicado por el capital financiero, estableciendo nuevas medidas para aumentar la extracción de la plusvalía producida por la clase obrera. Bajo la recesión que el régimen de Volcker produjo, basado en altas tasas de interés, industrias enteras cerraron sus puertas y el capital industrial fue forzado a comenzar una vasta reorganización de la producción, que lo obligó a crear mecanismos ficticios utilizando la tecnología, para justificar su existencia y seguir creciendo.
LA BURGUESIA SE PONE EN MARCHA
Es sumamente ilustrativo el comportamiento de la burguesía en uno y en otro extremo de la cadena de explotación. En la metrópolis castiga al proletariado con la desocupación, obligando a los industriales a cerrar las empresas, por medio de la aplicación de correctivos económicos contra los empresarios que no supieron mantener el control sobre sus empleados. Estos correctivos son ocasionados por medio del alza de impuestos y la tasa de interés que a su vez lo obliga a buscar nuevos mecanismos de explotación.
En cambio en las colonias incentiva e impulsa a la burguesía nativa a masacrar a su propia clase obrera. (El papel de Kissinger en la región fue muy ilustrativo y demasiado tenebroso) Es indicativo que la burguesía está aprendiendo como aplicar esa metodología destructiva en las metrópolis para cuando llegue el momento del ajuste final de cuentas.
Como consecuencia de los movimientos políticos y económicos ocurridos durante este período histórico y las presiones ejercidas desde el poder público, en ese momento comienza la producción “globalizada” y el desarrollo de una serie continua de transformaciones en la producción basadas en la tecnología de las computadoras y en la robótica. Enfrentándose a tasas de ganancias decrecientes, que ha puesto en situación de pánico al mundo empresario. Por supuesto que el capital ha reaccionado con afán impetuoso para aumentar la productividad de la mano de obra y expandir la apropiación de la plusvalía que la clase obrera produce.
A la vez, la burguesía lucha por introducir tecnologías tendientes a la reducción de los gastos, pero además de todo el esfuerzo realizado en las metrópolis, los capitalistas avanzaron decididos para sacarle ventaja a la mano de obra barata en otras regiones del mundo. De este modo el liberalismo capitalista provocó la ruptura de la antigua unificación de procesos de producción que anteriormente funcionaban en conjunto dentro del mundo capitalista.
DOS TENDENCIAS
En el análisis sobre la tendencia de la tasa de beneficios tendiente a declinar, existen dos tendencias principales. “Una es, si la tasa de beneficios decrece el capital ejerce presión para que los capitalistas, con el perfeccionamiento de los métodos de producción, liberen el precio de las mercancías por debajo del valor corriente, entonces al venderlas al precio del mercado, logren beneficios adicionales. La otra surge a través de la estafa y creación de beneficios cuando se recurre a especulaciones frenéticas con nuevos métodos de producción, nuevas inversiones de capital, nuevas aventuras, un invento para asegurar ese pequeño beneficio adicional que es independiente de la pérdida general y le sobrepasa en su capacidad.”
El desarrollo de la producción internacional y la introducción de tecnologías basadas en la ciencia de las computadoras, ha revolucionado los procesos de producción durante las últimas dos décadas. Significa que el capital trata de seguir el primer rumbo indicado. Entonces cada rama y sector del capitalismo, de manera particular trata de incrementar su porción de plusvalía disponible, esa parte que le extrae a la clase obrera. Esta maniobra la hace desarrollando nuevos métodos de producción que reducen sus costos por debajo de la avería y pérdida social.
Pero el crecimiento que ha obtenido en la productividad de la mano de obra ha fracasado en los proyectos de establecer bases para una nueva era de expansión, que se identifique con el nivel alcanzado en los años 1950 y 1960. En Los Estados Unidos, por ejemplo, a pesar de la reducción general de los salarios reales y los trastornos que han ocurrido en todos los rincones de la industria, la tasa de beneficios sólo ha podido recuperar un tercio de su baja previa y sin embargo todavía sigue 35% a 45% por debajo del apogeo máximo, ocurrido con posterioridad a los eventos de la Segunda Guerra Mundial.
DONDE ESTA EL MISTERIO
El problema que aparece y le ha quitado la tranquilidad a todos los empresarios del mundo capitalista es así:
Pegunta 1°: ¿Es posible, que el capitalismo establezca un nuevo período de beneficios, empleos y salarios expansivos, si las innovaciones tecnológicas actúan y crecen ampliamente?
Pregunta 2°: ¿O existen contradicciones internas en el proceso de acumulación de la plusvalía que, por su característica los niveles de vida declinantes expresan una aberración temporaria, o es una característica permanente de la economía capitalista al comenzar el Siglo XXI?
Para contestar esas dos preguntas necesitamos penetrar dentro el proceso de la acumulación de la plusvalía mucho más profundamente y con cuidado.
Por ejemplo: Cuando la productividad de la mano de obra aumenta, aumenta la riqueza que se produce. Esta es una verdad que nadie puede negar, ni siquiera el economista más obtuso. Sin embargo para el capitalismo, el significado de la tecnología está reflejado en el impacto que la técnica tiene sobre la extracción de la plusvalía. Hemos visto que la plusvalía se origina en la diferencia que existe entre el valor de la fuerza de trabajo que el obrero le vende al capital en el contrato salarial y el valor que esta fuerza de trabajo le agrega durante la jornada diaria.
De acuerdo con este procedimiento, la jornada diaria también se divide en dos: Entre el tiempo que le toma al trabajador reproducir el valor de su fuerza de trabajo y el tiempo que le rinde al capitalista la mano de obra sobrante. El impacto de la tecnología sobre la acumulación de la mano de obra sobrante depende del modo cómo la tecnología afecta la división de la jornada diaria entre la mano de obra necesaria y la mano de obra que sobra.
Suponiendo que durante una jornada diaria de ocho horas, el obrero tarda en reproducir el valor de su fuerza de trabajo en cuatro horas, significa entonces que le entrega al capitalista las cuatro horas que le sobran. Luego, suponiendo que gracias a la innovación de la tecnología (en la sociedad en general), el tiempo que le toma al obrero reproducir el valor de su fuerza de trabajo se reduce de cuatro horas de trabajo a solamente dos horas de trabajo. Por lo tanto en una jornada de ocho horas, se amplía a seis horas de mano de obra el sobrante de producción, lo cual representa, para el empleador un aumento del 50% de la plusvalía.
Siguiendo en el camino de las suposiciones, la productividad de la mano de obra se vuelve a duplicar reduciendo de dos horas, a una hora, la recuperación de la fuerza de trabajo del operario. Entonces la mano de obra sobrante aumentará de seis a siete horas. Comparando el aumento anterior que fue del 50%, el nuevo aumento es solamente de 16%. Podemos observar a la luz de estas comparaciones lo que ocurre cada vez que la productividad de la mano de obra se duplica. Vemos que hay un aumento proporcional y porcentual cada vez menor en la plusvalía extraída al operador.
Observemos esta cuestión más de cerca para lograr entenderla. Mientras más y mejor se desarrolle la tecnología, la productividad de la mano de obra será menor. En este plano la productividad es inversamente proporcional a las fuerzas que intervienen. Es decir, mientras más se reduzca la mano de obra necesaria (que ha tomado lugar a lo largo de toda la historia del capitalismo), más difícil se hace a las nuevas tecnologías aumentar la tasa de plusvalía lo suficiente para restaurar la tasa general de beneficios y asegurar la expansión general del capital. No importa lo productiva que sean las máquinas, no importa cuanto y más rápido alcancen a producir. El capitalismo agota sus posibilidades a medida que va apropiándose de los beneficios. Esta es una ley del sistema de producción que le dio origen al capitalismo como forma de explotación social. En estos términos no se puede modificar.
LAS LEYES DEL REPARTO
Bajo la presión de la competencia, cada compañía capitalista, puede tratar de mantener o aumentar sus beneficios particulares por medio de la introducción de tecnologías que reduzcan sus costos. ¿Pero cuál es el efecto de este proceso sobre la acumulación de la masa general de la plusvalía? Nuevos métodos de producción reducen los costos por medio de la eliminación de sectores enteros de mano de obra. Pero la mano de obra es la única fuente de la plusvalía y de los mismos beneficios.
Como consecuencia, el desarrollo de estos métodos tiende a reducir la masa de la plusvalía dentro de la economía capitalista general. Por otra parte a esta tendencia le contrarresta, hasta cierto punto, el aumento de la plusvalía que se le extrae a la mano de obra que queda empleada. Sin embargo, como la mano de obra necesaria ha quedado reducida a una pequeña fracción de la jornada diaria que, es el resultado de todo el desarrollo tecnológico anterior, no puede, aunque quisiera, aumentar su volumen lo suficiente para asegurar la expansión general de la masa de la plusvalía.
Esa es la razón por la cual las tecnologías nuevas ya no producen la expansión de la masa de la plusvalía como lo hacían en el pasado. Las tecnologías producen en la actualidad el estancamiento y lo que es peor aun, agudizan la caída de los beneficios, lo que conduce de modo inevitable a incrementar la competencia, a incrementar la reducción de costos y la eliminación de mano de obra a límites más feroces, todo el incremento de estas medidas disminuyen la acumulación de la plusvalía general todavía más y más.
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Al desenmascarar las contradicciones del proceso de acumulación capitalista por medio de la plusvalía, podemos ver y entonces comprendemos las causa y las razones, por qué el capitalismo ha escogido el segundo rumbo: “El esfuerzo por contrarrestar la caída en la tasa de beneficios por medio de operaciones financieras que progresivamente se van divorciando del propio proceso de producción y reducen aún más la tasa de beneficios.”
Las estadísticas comprueban este desarrollo de las operaciones financieras y son increíbles. Por ejemplo, el volumen del comercio hacia finales de 1990 (en gran parte consagrado al esfuerzo por adquirir beneficios a través de cambios en la valorización de las monedas) fue aproximadamente 1.5 trillones de dólares diarios, lo que representa un aumento de 800% desde 1986. Por contraste, el volumen internacional de las exportaciones para 1997 (contando servicios y mercancías) fue 6.6 trillones de dólares, o sea, 25 billones diarios. Para mediados de 1990, la cantidad de capital en Los EE.UU. que asumió la forma de fondos mutuos, fondos de pensiones y otros tantos llegó a 30 trillones. O sea, 10 veces las cifras de 1980. Estas operaciones han sido un verdadero proceso internacional. Las transacciones de bonos y títulos (papeles solamente, nada de dinero) que han cruzado las fronteras internacionales entre 1970 y 1996, cuando se miden como porcentaje del Producto Bruto Interno, aumentaron por un factor de 54% para Los Estados Unidos, de 55% para Japón y de 60% para Alemania.
LA LOCURA FINANCIERA
Una de las expresiones más dramáticas del proceso de expansión, producidas por el esfuerzo de expandir el capital con manipulaciones y transacciones puramente monetarias, (valores documentados) fue el surgimiento de las bolsas de valores internacionales. A partir de la gestión Reagan-Tacher, los países capitalistas se obligaron a poner en funcionamiento las bolsas de valores en todo el mundo. Basta recordar en Argentina, la gestión económica de Martínez de Hoz, quién recibió un adelanto de 9.000 millones de dólares para abrir la “Timba” financiera local.
Al respecto de la locura financiera, el escritor estadounidense Robert Schiller, en su libro más reciente, “La exuberancia irracional”, detalla de la siguiente manera como el mercado estadounidense se ha intensificado: “La Avería Industrial de Dow Jones estaba por los 3600 a principios de 1994. Para 1999, había sobrepasado los 11,000, triplicándose en cinco años, lo cual significó un aumento total de más de 200% en los precios de la bolsa de valores. A comienzos del 2000, la Dow había pasado los 11,700. Sin embargo, durante el mismo período, los índices económicos básicos ni siquiera se acercaron a triplicarse. El ingreso personal y el Producto Interno Bruto de Los Estados Unidos aumentaron menos de 30%; casi el 50% de este aumento resultó de la inflación. Los beneficios de las corporaciones aumentaron menos de 60%, lo cual provino de una base que había sido temporariamente deprimida por la recesión”.
¿Qué pueden explicar estos desarrollos tan extraordinarios? ¿Qué insinúan para el futuro desarrollo del capitalismo internacional?
Normalmente se piensa que la función del mercado de divisas en acciones es suministrar capital nuevo para invertir en la producción. Esa tarea es parte de la función del mercado de valores, cpn esa finalidad fueron creados los papeles accionarios en los orígenes del capitalismo. En la actualidad esa no es la función principal. Es así cómo entre 1981 y 1987 en Los Estados Unidos las corporaciones no financieras retiraron acciones por un valor de 813 billones de dólares. Se llevaron más dinero del valor emitido, resultado de absorciones y operaciones de rescate. Realizaron una estafa “legal” a través del artificio de la venta de papeles negociables y de este modo se apoderaron de dinero ajeno, que no fue utilizado para la producción.
El mercado de acciones en la bolsa de valores, en tiempos actuales, tiene muy poca relación con la recaudación de nuevos capitales para la industria y la producción. Se trata solo del comercio de títulos de propiedad que, sube o que baja de valor conforme a la oferta y la demanda, son, en última instancia, reclamaciones sobre los ingresos y beneficios que se producirán a futuro. En términos reales, las acciones y los bonos son capital ficticio; es decir, no es capital productivo que se relacione de manera directa con la extracción de la plusvalía que la clase obrera produce con su trabajo. Estos valores son los títulos de ingreso y de propiedad que los tenedores reclaman sobre la plusvalía que se produce en otros sectores del sistema capitalista.
El desarrollo del sistema de crédito y el surgimiento del capital que se apoya en el mercado de acciones que ha tenido tanto eco durante los últimos treinta años, luego de haber probado sus efectos en el mundo empresarial, tiene una cualidad particular que los especialistas del sistema capitalista lo consideran una basura innecesaria y parasitaria que crece sobre el cuerpo sano del capitalismo. El hecho es que el surgimiento de varias maneras de capital ficticio se arraiga en el proceso de la acumulación de la plusvalía y ha nacido como un embrión del desarrollo histórico del sistema capitalista, que se encuentra angustiado por la necesidad de mantener activa la ganancia. Y aún cuando es repudiado por muchos economistas y tecnócratas, es inevitable por la dinámica que le dio vida al sistema.
El capital no es un objeto; es una relación social. Es un fenómeno surgido de la naturaleza social humana. Es un valor que se expande por su propia energía, y a través de varias etapas adquiere la forma de dinero, para circular desde los medios de producción de mercancías hasta el intercambio y otra vez de dinero para resumir el ciclo de expansión de valor.
En este proceso eterno de acumulación, el capitalismo como fuerza social, se vio obligado a vencer todos los obstáculos. Durante la infancia de su historia, chocó contra las barreras que la riqueza y los ingresos personales de los estados le imponían a la acumulación de las mercancías. Para romper las restricciones de las empresas familiares o de las sociedades en comandita, el capitalismo requería acceso a los recursos de la sociedad en general. El desarrollo del crédito y de las compañías por acciones fue el medio a través del cual logró este objetivo. Pero en el tiempo estos medios se convirtieron en su contrario. En este proceso económico del mismo modo a todos los procesos de la naturaleza, la aplicación de tesis, antitesis y síntesis, han sido siempre el método para encontrar la respuesta a través del materialismo dialéctico.
A medida que la producción capitalista se expandía en todos los sentidos el capital productivo adquiría mayor concentración. Las inversiones que se realizaron en el capital fijo (las tecnologías, los edificios, la maquinaria pesada, los vastos procesos químicos y los procesos de refinamiento) sólo pueden desempeñar funciones como medios de producción para extraer la plusvalía de la clase obrera por un largo período.
Esto significa inevitablemente que, el proceso de producción requiere capital para poder permanecer de esta forma durante un largo período. A su vez el capital también necesita la capacidad para moverse libremente de una zona de la economía a otra zona, para poder aprovecharse de las oportunidades que se presentaban en la lucha permanente por la apropiación de la plusvalía.
Esta contradicción existente y que aparecía como medida insalvable, entre los requisitos de la producción capitalista para inversiones a largo plazo por una parte y por la necesidad del capital para moverse rápido en el otro extremo, se resolvió con la aparición y expansión de las acciones. A partir de ese momento el capital se abastecía a través de la emisión de acciones que entraban en el proceso de producción. La existencia de la mercadería de acciones facilitó que los accionistas, inclusive aquellos que pudieron haber contribuido al capital inicial, movieran su capital a otras zonas cuando vendían las acciones, sin liquidar realmente el capital productivo invertido. Por lo tanto, el desarrollo de la compañía por acciones y las mercaderías de acciones fueron los medios históricos a través de los cuales el capital resolvió la contradicción primaria entre la necesidad de tener a mano grandes cantidades de capital fijo y la necesidad de moverlo hacía otros campos.
El capital ficticio aparece como una aparente solución y un medio para resolver la contradicción emergida durante el proceso de la acumulación de la plusvalía. A la vez esta contradicción también se convierte en fuente de una nueva contradicción. Este proceso se parece a la mentira, que aparece para tapar otra mentira. La aparición de un mercado que consiste en títulos de propiedad, que a su vez son reclamaciones efectuadas por el “tenedor” sobre la plusvalía, hace posible que el capital pueda expandir su valor a través del comercio dentro de este mercado de valores.
Cuando introdujeron este mecanismo y se produjo este fenómeno por primera vez, creó resultados tan poderosos que, ese prospecto se volvió más y más atractivo con cada reiteración, aunque en realidad más que atractivo se hizo necesario cada vez que el capital productivo le imponía restricciones a la acumulación de la plusvalía. Entonces ocurrió que bajo condiciones donde la tasa de beneficios declinaba o se estancaba, el capital, para expandirse de nuevo, llegó a depender de especulaciones aventureras. Se transformó en la droga de los economistas. Con la globalización se alcanzó el pico más elevado y en este nivel de desarrollo de la necesidad del capitalismo para sostener y aumentar la tasa de ganancia por la plusvalía incrementará con más exigencia el cumplimiento de obligaciones contraídas por países capitalistas deudores al sistema financiero internacional.
He ahí el origen del fantástico aumento en los valores del mercado de acciones que se ha visto desde el principio de 1980, en un proceso que se ha acelerado durante dos décadas y hemos visto con el enorme aumento en el mercado de acciones relativas a la economía en general.
EL REGRESO DE LOS ALQUIMISTAS MODERNOS
En la religión cristiana, según los clérigos, el alma abandona el cuerpo y asciende al cielo. En el caso que tratamos, los sumos sacerdotes del mercado predican una doctrina similar. Sostienen que el dinero puede separarse a si mismo del proceso de producción y pueden ingresar en una gloria celestial financiera donde el dinero eternamente engendra dinero y más dinero.
Los alquimistas del mundo antiguo y del mundo medieval se caracterizaron por su capacidad de transformar el metal en oro. La capacidad de transmutación de los objetos era la virtud de estos científicos, convertidos en semidioses a los ojos del vulgo popular y perseguido hasta la extinción por el poder terrenal y la iglesia. Ahora bien, observando lo que ocurre en las esferas de la economía moderna, es posible que en tiempos actuales, cuando los tribunales de la santa inquisición han desaparecido devorados por la razón y los Estados modernos inducidos por hombres y mujeres del mundo empresario, fueron convencidos por los nuevos alquimistas de un fenómeno aplicable a nuestros días, ¿Que el capital puede realizar su sueño de convertir el dinero en más dinero indefinidamente? Habrá sido esta la propuesta.
Pero a su vez, tengo el atrevimiento de pensar que, tal vez, solo tal vez, por supuesto ¿Este proceso tiene restricciones internas que lo inhiben?
Es en este momento luego de analizar todas las proyecciones donde encuentro que, aún cuando los valores de las acciones pueden seguir aumentando, mucho más que el capital productivo hasta empequeñecer su capacidad, el capital ficticio, que surge de las “acciones” no puede escapar a sus orígenes. Surge de inmediato su contrario. En algún punto del recorrido tiene que enfrentarse con el resultado innegable de todo cuanto a creado es simplemente un reclamo sobre la plusvalía y que esta plusvalía, en realidad, todavía tiene que extraérsela a la clase obrera. No hay otra manera de explicar el lugar de donde aparece la capitalización.
Aprovechando la oportunidad que nos brindaron, cuando fuimos invitados a un congreso de trabajadores en 2002, organizado por la CLIO norteamericana hicimos una entrevista a un grupo de economistas destacados, a quienes tomamos de improviso en una visita guiada, al centro de convenciones de economía política en la ciudad de Columbia, EE.UU. Nos encontramos con una explicación que, en ese momento nos dejó perplejos: Según estos defensores de la “nueva economía”, los valores que arroja el mercado de acciones no son para nada “irracionales”, solamente son una mera anticipación del aumento en la productividad y los beneficios ocasionados por las nuevas tecnologías, sobretodo aquéllas tecnologías relacionadas con las redes de la Internet y que gracias a las tecnologías modernas los empresarios podían reclamar las ganancias futuras.
No cabe duda que las nuevas tecnologías está produciendo, y no cabe duda que seguirán produciendo en el futuro y en ese futuro que imaginan, producirán grandes incrementos en la productividad de la mano de obra. Pero, como ya hemos visto, a través de la experiencia realizada en los últimos treinta años, que esos incrementos no proveerán ninguna salida positiva, porque el valor que surge de la plusvalía se restringe en cada período histórico. Entonces como consecuencia de este proceso ficticio la estructura del capital internacional adquiere la forma de pirámide invertida a medida que la masa del capital ficticio que reclama su porción de plusvalía crece a pasos agigantados, en relación al capital productivo que, a fin y al cabo tiene que satisfacer en algún momento del proceso de producción.
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